La verga de mi negrito me hizo swinger

Me encantó verte, gracias por darme el mail y poder seguir en contacto. Me gustó mucho tu novia, muy maja. Sé que cuando dijiste que te contase con pelos y señales todo lo que me ha pasado desde que dejamos de estar juntos, no te referías a cosas banales, sino a sexo, sexo y sexo, en fin, sé lo que tienes en la cabeza constantemente, pues estuve contigo mucho tiempo.
Vamos al grano. Como dirían los antiguos, yo sólo te tuve a ti como hombre hasta que nos separamos. Sólo te probé a ti, como te gustaba decir a ti, sólo probé tu “rabo”. Al que adoraba, por cierto, al principio de mi soledad echaba muchísimo de menos tenerlo dentro de mí, dentro de mi boca, adoraba su olor, su sabor, todo.

Pasado un tiempo de pura agonía de dolor, en un viaje a Madrid por trabajo decidí contratar un scort que me quitase mi necesidad de sexo. Contraté una habitación doble y por internet conseguí el tf de un negrito al que ponían por las nubes sus clientas, le llamé y quedé con él antes de ir al hotel, le contraté la noche entera, un pastón. Apareció muy elegante y subimos a la habitación. Yo me quise dar una ducha y estar limpita, me metí en el baño y al poco rato apareció él sin que yo le dijese nada y se metió conmigo. Me estuvo enjabonando y acariciando, sobre todo las tetas, esas de las que tanto presumías con los amigotes “todo natural”, estuvo dedicado a ellas el mismo tiempo que yo me dediqué a tener en mi mano su creciente sexo, tenía el aparato más grande que había pasado por mis manos. Lo lavé y aquello fue creciendo y creciendo. Me lo metí en la boca allí mismo, una sola vez y casi no pude. Acabamos de ducharnos agarrados. Nos servimos una copa del minibar desnudos y luego pasó lo que tenía que pasar, me devoró el coño (seré un poco grosera, me cuesta poner palabras suaves para describir esto) hasta que me hizo rebotar del colchón como si me estuviese dando un ataque de epilepsia. Me corrí de una forma deliciosa. La primera vez acompañada desde que me dejaste. Por cierto, esa época de soledad me estuve masturbando compulsivamente mientras estaba en casa. A lo mejor dos veces antes de ir a currar y luego otras dos veces cuando volvía a casa. Tengo unos cuantos aparatitos (ahora ya no los uso sola) empecé con un consolador y acabé con unos vibradores extraordinarios. Hubo un sábado que me masturbaría unas diez veces.

Sigamos con mi primer negrito. Después estuvimos un rato abrazados, mientras él me volvía a magrear las tetas. Me comí un rato la verga de mi negrito y me puso a vivir con su martillo pilón, impresionante, se corrió dentro de mí y gocé extraordinariamente.

Descansamos otro rato, medio dormidos, y mi negrito me volvió a martillear con su cosa descomunal. No se corrió y nos dormimos. Al levantarnos le pregunté si en el precio venía un polvo mañanero, me dijo que sí y me puse a comerle la polla, quería que se corriese dentro de mi boca pero me quitó, me puso encima de él y me sugirió que le cabalgase. Me corrí muy pronto porque puso uno de sus dedos en mi clítoris y no pude más. Le sugerí que se corriese con una comida de polla pero me dijo que no, que mejor dentro de mí. Volví a la carga y se corrió. Una delicia. Nos duchamos juntos otra vez y me estuvo magreando las tetas constantemente. Incluso dentro del ascensor, por dentro del sujetador metió sus manos imparables. Fin del primer encuentro.

Tuve encuentros parecidos a éste cada vez que salía por trabajo fuera. Tuve que pasar una semana en Madrid por una convención y contraté cuatro de los cinco días que estuve allí a cuatro chicos, miento, contraté a tres porque repetí domingo y jueves con el mismo, con el negrito de mi primer encuentro. En el encuentro del domingo me propuso ir con él para una fiesta que quería hacer una pareja, le contrataban a él con una pareja, o sea, a mí. Como nos íbamos a ver el jueves le dije que me lo pensaría. Me dijo que debería acostarme con el señor por lo menos, el resto era cosa mía. Me habló fenomenal de la pareja.

El domingo merece una especial mención, cuando le llamé le dije que quería probar el sexo anal, suavecito le dije. Me dijo que perfecto, que a él le encantaba hacerlo. Seguía siendo la polla más grande que me había comido y con la que se había divertido mi vagina, y fue la polla primera que me rompió el culo. Él me llevó fenomenal y cuando estaba supercaliente le dije que si quería dejar de ser suavecito que podría hacerlo como a él le gustase. Y le gustaba rapidito y fuerte. Me corrí como en mi vida bajo su dedo constante en mi clítoris mientras me martilleaba el culo. Mi negrito es un cielo.

Le dije que sí a su proposición de hacer un intercambio de parejas.

Me llamó a la semana siguiente y me dijo que el encuentro con la otra pareja sería en un chalet de la sierra de Madrid, la noche del sábado. Me fue a buscar al AVE y me llevó en su coche hasta el sitio acordado. Yo me imaginaba que abrirían la puerta y estarían medio desnudos y en ropa interior con mucho encaje, pero nada más lejos de la realidad. Estaban los dos en camiseta y vaqueros, muy informales. Nos propusieron picar algo y darnos un baño después. Como estábamos contratados no había más cáscaras. Cenamos y nos fuimos a tomar una copa en la piscina de la casa, donde hacía una temperatura perfecta. Nos desnudamos todos y ya no volvimos a ponernos la ropa hasta que salimos de su casa después de comer el domingo. Eran encantadores. Él era un tanto regordete con una pequeña tripita cervecera y ella era directamente gordita, con unos pechos inmensos. El momento inicial fue dentro de la piscina como cabía esperar. Después de un baño previo, el señor de la casa se acercó por detrás y me cogió las tetas sin decirme ni mu. Se acercó un poco más y pegó toda su entrepierna en mi culo. Mi negrito ya estaba fuera de la piscina, tumbado en la hierba y la señora de la casa estaba haciéndole una mamada. Yo, de la forma más natural del mundo, me di la vuelta y le agarré el sexo a mi pareja, acariciándolo. Nos empezamos a besar. Al rato estábamos fuera viendo cómo le hacía un perrito mi negrito a la señora. Se conocían mucho de otras veces porque él la cogía con dureza del pelo forzándola a mirar hacia arriba y la taladraba sin piedad. Hice lo que me salió de dentro, le cogí el sexo al señor y me le meti en la boca. Estuve mamándole hasta que me quitó y me dio para el pelo a perrito también, parecía que era la norma de la casa. Me encantó la cabalgada del señor. Una verdadera delicia, sabía qué teclas tocar en cada momento. Después de corrernos los cuatro volvimos al salón a tomarnos otra copita y charlar. Mi negrito estuvo todo el rato magreando las tetas de la señora y el señor no paró de hacer lo mismo con las mías entre sorbo y sorbo de alcohol.

Vi que el miembro del señor volvía a despuntar, así que empecé a acariciarlo. Al rato estaba completamente erecto y le hice una mamada que trajo como recompensa semen para mi estómago, no le dejé gotita por limpiar. Los otros dos continuaban follando cuando les volví a mirar. Ella le cabalgaba suavemente hasta que se corrió. Nos dijeron que nos quedáramos a dormir y aceptamos.

Inesperadamente sólo dormimos. No tuvimos sexo durante la noche. Me desperté y bajé a la cocina, la mujer se estaba tomando un café. Como no había más tazas limpias, decidí fregar algunas para poder desayunar. En estas estaba cuando bajó el señor totalmente erecto. Saludó a su esposa: ¡buenos días cariño¡ y se puso detrás de mí, me acarició intentando lubricar mi vagina y me ensartó la polla. Su mujer acertó a decir que era una estampa perfecta y un ¡Me gusta verte disfrutar, cielo¡ Cuando se corrió dentro de mí, yo no me conseguí correr, ella dijo que estaba recaliente y que iba a despertar al negrito. Al poco se la escuchaba gemir (por no decir gritar) como una loca disfrutando de la verga de mi negrito.

Mientras desayunamos el señor y yo, me dijo que ellos solían hacer fiestas con otras parejas, sin pagar, claro, y que si me apetecería ir a alguna de ellas. Así comencé a entrar en el mundo swinger, en el que vivo desde hace unos cuantos años ya. El final de fiesta fue tomando el sol, mi negrito me hizo volar bajo la dictadura de su lengua. Luego el señor me estuvo comiendo el sexo otra vez mientras los otros hacían lo mismo. La señora me comió la boca y ciertamente me gustó. Nos corrimos casi a la vez enganchadas nuestras lenguas. Luego antes de comer me subí a duchar a la habitación, la señora entró también sin avisar y estuvimos disfrutando un buen rato de nuestros sexos mientras ellos hacían la comida. Nos secamos, nos tumbamos en la cama y nos estuvimos comiendo el coño mutuamente hasta que nos corrimos.

Mi negrito me dijo que si volvía de vez en cuando a ir con él a estas sesiones que no me cobraría cada vez que esté con él. De hecho, a la semana siguiente me llamó y vino a verme, fui a buscarle a la estación y lo llevé a mi casa. Le dije que a partir de ahora, sin dinero de por medio, no debía hacerse lo que yo quisiera únicamente. Desde que le dije que me lo hiciese como quisiera (cuando lo del suavecito) mis relaciones con él fueron más placenteras si cabe. Era lo que queríamos hacer los dos, no yo. Empezó a tener fijación con darme por el culo, pero es que a mí ahora me encanta. Dice que eyacular dentro de mi culo es lo más placentero del mundo y eso a mí me encanta porque dedicándose a lo que se dedica es un gran cumplido. Cuando viene por aquí suelen ser dos tipos de días, si viene a principios de semana está conmigo normal, con esa tranca grande y recta que tiene me suele llenar todos mis orificios dejando su semillita en cada uno de ellos (a veces está de lunes a jueves en mi casa) y si es antes del fin de semana suele cuidar mucho su eyaculación, pero con su lengua mitiga realmente mi necesidad de tener su sexo dentro de mí. En estas ocasiones me lame el coño constantemente, sin parar. Algún jueves he contado yo que me he corrido seis veces sobre todo con su lengua.

He ido con él a otros encuentros con parejas de cierto nivel, sólo me ha invitado a cosas que sabe que me gustaría. Gente maja y me avisa de si la señora quiere también guerra. Tiene llave de mi casa y viene cuando quiere. Digamos que con él yo sólo lo hago entre semana y si es fin de semana es que hemos ido a alguna fiesta, aunque pocas veces lo hacemos entre nosotros porque cada uno suele estar con uno de los clientes. Cuando voy a Madrid me suelo reservar con él un lunes para que se pueda ocupar de mí su inmensa, gorda y recta verga. Me muero por la verga de mi negrito, que lo sepas, pero tengo muchas más pululando a mi alrededor.

Exactamente me muero por su verga en mi vagina, para el culo prefiero la de un amigo de mis amigos de Madrid, inglés, negro también, la tiene grande, no como la de mi negrito, pero es inmensamente ancha y adoro como me lo rompe, según le veo en una fiesta me pego a él y no paro hasta que me taladra el ojete. Mi otro negro tiene además una peculiaridad y es que me presiona los botoncitos de mis areolas a la vez mientras me da por el culo subiendo de intensidad según se va poniendo a tono. Eso provoca en mí una intensidad superpotente, pues estoy a la vez repleta de su ancho miembro con un ligero atisbo de dolor que va desapareciendo, mientras en el que me provoca en los pezones va subiendo. Me corro que no veas.

Para hacer lamiditas la de mis negros no suelo abarcarlas y prefiero otras más pequeñas que me las pueda comer enteritas y que se me corran como locos, como la de mi amigo de la sierra. Para comerme a mí, prefiero una chica, mi amiga de la sierra me lo hace fenomenal.

Te contaré uno de mis episodios con esta señora y otra tipa estupenda, levantina ella, con la que nos embarcamos en una aventura un tanto peligrosilla pero que al final no lo fue tanto. Con mis amigos fui a una fiesta en Alicante, a bordo de un yate de unos amigos suyos. Follamos a saco como casi siempre y acabamos comiendo al día siguiente en la casa de esta nueva amiga levantina con su marido, mis amigos, un conocido ruso y yo. El ruso nos habló de que tenía que preparar una reunión con unos exmilitares rusos en una visita que harían a Mallorca. Vendrían chicos, alguno con alguna jovencita rusa, pero sobre todo casados sin esposa, serían unos quince en total y querían chicas que sólo hablaran español, pero que no fuesen putas. Nos invitaba a ser esas chicas. Entre el señor de la sierra y el de la amiga levantina nos animaron, el ruso nos prometió que nos tratarían muy bien. Sería un fin de semana en un yate en el que ellos harían negocio y nos follarían y nosotras tomaríamos el sol y follaríamos. Fuimos al yate, al final fueron dos rubias escuálidas de tetas operadas y nosotras tres, 5 para 15. Sólo podríamos vestirnos si teníamos frío y tendríamos que obedecer cuando quisieran tener sexo. Para ponerte un ejemplo, nos tocó hacer una mamada a tres rusos, los más gordos, mientras ellos veían un partido en la tele con una copa en la mano. Nos follaron a saco, las pobres jovencitas estuvieron recibiendo casi todo el tiempo. A una no la recuerdo sin estar follando. Con alguno de los más jóvenes, totalmente fibrosos y musculosos, fue realmente delicioso, disfruté mucho con aquellos tipos. A mí me eyacularon los 15, mis compañeras de fatigas estuvieron con alguno menos, pero casi todos. Fue como un maratón.

A fuerza de ir entrando en el mundo swinger he ido conociendo a mucha gente, y ahora ya selecciono muchísimo con quién voy. Normalmente tengo la agenda ocupada de reuniones de este tipo, casi todos los fines de semana me apunto a un festival y si no lo tengo me voy con las amigas que andan un tanto mosqueadas. A veces se creen que tengo novio y otras que no me como una rosca, yo sólo les digo que he quedado con unos amigos. No digo ni mú.

Soy bastante requerida, porque saben que suelo ir sola a las reuniones, que doy buen aspecto, que mis enormes tetas enamoran a los chicos, que no tengo prejuicios a hacérmelo con quien sea y que me lo paso bomba con el sexo anal.

Bueno, esto es todo, seguro que te has relamido leyendo cómo la verga de mi negrito me hizo swinger.

Un beso

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