Sexo con mis profesoras favoritas: Araceli y Marisa

Empezaba un día como otro cualquiera: por la tarde tuve clases particulares como cada semana. Llegué el primero antes que ellas.
Araceli llegó antes que Marisa, mientras que me saludaba, se puso en cuclillas para abrir la trampilla de la academia, cuando llegó Marisa y me saludó.
Ese día estaba yo y tenía dos horas seguidas clases particulares si ningún alumno, así que tanto Araceli como Marisa me dieron las clases en la misma aula.
Pasada una media hora de clase más o menos, Araceli se levantó de la silla, y me quedé mirándola varias veces de arriba a abajo. Llevaba unas sandalias, unos shorts y una camiseta de tirantes mientras que Marisa, llevaba un vestido con estampados. Nada hacía presagiar que tendría sexo con mis profesoras favoritas, así que hicimos un pequeño descanso cuando llegamos a la hora de clase cuando Marisa se levantó a buscar mi ficha y se puso en cuclillas, entonces, inmediatamente, le pregunté que si alguna vez Araceli le había tocado el culo inconscientemente, me dijo que por qué le preguntaba eso y le respondí que simplemente era mera curiosidad. Al cabo de unos segundos entró Araceli de nuevo a la clase y dejamos el tema, no dejaba de darle vueltas a esa pregunta, así que dejé la clase y hablé con las dos aprovechando que estaban en ese momento conmigo en el aula. Me levanté de la silla cuando, tanto Araceli como Marisa, se fijaron disimuladamente en que tenía el pene erecto. Más tarde, me dejaron las dos y se fueron al almacén. Entonces, escuché toda la conversación, pudiendo oír a Marisa:
¿Has visto cómo tenía Raúl el pene? -No pude escuchar la respuesta porque acto seguido empezaron a imprimir una hoja.

Sexo con mis profesoras favoritas sin esperármelo

Cuando ya me iba a mi casa, me dijeron que si podía hablar con ellas un momento y les dije que no tenía prisa. Me dijeron que entrase en el almacén y esperase. Araceli entró en el baño junto con Marisa, algo que me extrañó un poco. Cuando salieron las dos del baño, se sentaron cada una a un lado mío y me dijeron que si estaba cómodo. Me puse de pie cuando me dijeron que me quitara toda la ropa, les hice caso e hice lo que me dijeron.
Unos segundos más tarde, ambas se quedaron asombradas y me empezaron a tocar el pene, tanto Marisa como Araceli. Araceli se quitó los shorts y la camiseta de tirantes, y se quedó en ropa interior; me preguntó que si me gustaba lo que estaba viendo, y le dije que me encantaba, entonces, acto seguido, Marisa hizo la misma operación que Araceli.
Una vez que las dos estaban en ropa interior, se quitaron lo que le quedaba, Marisa aprovechando que Araceli se había puesto en cuclillas para hacerme una mamada, le hizo un dedo por la vagina mientras que Marisa me daba un beso. Más tarde, le metí el pene a Marisa por la vagina no sin antes mirarle de arriba a abajo y sonreírle, tenía la vagina completamente depilada y me preguntó que si me estaba gustando lo que veía, contestándole yo muy sorprendido que me encantaba. Un rato después de estar teniendo sexo con mis profesoras favoritas, Araceli y Marisa se pusieron las dos en cuclillas frente a mí, mientras que me hacía una paja. Finalmente, terminé de tener sexo con mis proresoras favoritas eyaculando sobre la cara de Marisa y sobre los pechos de Araceli para terminar dándome un beso tanto Marisa como Araceli.

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Trío con mi suegra y mi cuñada

Hola, mi nombre es Matías de la ciudad de Durango. Bueno, esta experiencia sexual con mi suegra y mi cuñada comenzó hace un año, cuando me casé. Mi suegra es una mujer muy religiosa y tímida, al igual que mi cuñada. Son muy conservadoras.
Cuando nos casamos, mi esposa y yo nos fuimos a vivir con mi suegra, que está soltera y donde vive mi cuñada, que también es soltera. Pues bueno, nos fuimos a vivir con ellas donde yo era el único hombre en esa casa.
A mi mujer y a mí nos gusta tener mucho sexo casi todos los días. El cuarto donde nos quedamos no tiene puerta, por lo cual se escuchan sus gemidos. Una noche no se encontraban mi suegra y mi cuñada, por lo que nos pusimos a tener sexo desenfrenadamente por lo cual no escuchamos cuándo llegó mi suegra.
Se dirigió a nuestro cuarto y nos vio teniendo sexo. Se quedó como unos 3 minutos viéndonos y después se fue. A la mañana siguiente se fue a trabajar mi esposa, y yo entraba más tarde. Mi suegra fue a mi cuarto y me dijo que a su casa se la respetaba, a lo cual le pregunté que a qué se refería, y me contestó que nos había visto teniendo sexo.
Pasaron varios días después de lo sucedido y una tarde llegué bien casando de trabajar, subí a mi cuarto y mi suegra se estaba bañando. Se le olvidó la toalla y en ese momento yo me dirigía a la cocina, cuando nos encontramos. Ahí estaba ella, completamente desnuda, sin decir ni media palabra. Corrió a su cuarto, yo me quedé en shock, pues al mirarla completamente desnuda y con su cuerpo mojado, me di cuenta de que mi suegra tiene un cuerpazo, pues hace ejercicio y tiene unos grandes pechos, unas nalgas de fantasía y, al momento de verle su panocha bien peluda, se me puso firme el pene, tras lo cual subí a mi cuarto a masturbarme.
Pasaron como dos horas cuando me habla mi suegra, que si podía ir a su cuarto, a lo que respondí que sí. Llegué de volada, a lo que ella dijo que de lo que había pasado en la cocina nadie debería de saberlo, yo le contesté que no se preocupara y la estaba mirando con mi más cara de deseo, justo como la miré al verla desnuda. Ella me preguntó que por qué la miraba así, y yo contesté que porque no se me había borrado su imagen desnuda, y le empecé a decir el gran cuerpo que tiene y que ella podría hacer feliz a cualquier hombre en todos los sentidos.
Nos sentamos a platicar, y mi suegra se soltó y me empezó a decir que ella nunca había tenido suerte con los hombres; que nada más la querían para coger y se puso a llorar. La abracé y le empecé acariciar la espalda. Le di un beso, y con palabras suaves me dijo que eso no estaba bien porque era el esposo de su hija, y le contesté que de eso nadie sabría y que se dejara llevar.
Así lo hizo, se dejó llevar: le quité la blusa, y como no traía bra, le empecé a chupar los senos. Gemía muy fuerte y me decía “más, más, no dejes de hacerlo”. Le toqué su panocha y estaba bien mojada; le quité toda la ropa y fui bajando lentamente hasta llegar a su panocha, a la cual la empecé a chupar sin que ella dejase de gemir. Me levanté dispuesto a metérsela, pero ella me dijo que esperara, que ahora le tocaba a ella, y me la empezó a mamar ya cuando terminó me dijo “ahora quiero que me cojas como a mi hija”.
La empecé a coger y mientras más le daba, más gemía. La puse a cuatro patas y se la empecé a meter fuertemente, ella gritaba “¡más, más!”. En eso que estaba a punto de venirse y entra mi cuñada… nos dice que qué estábamos haciendo, y mi suegra le contesta “¡cierra la puerta y únete!”. Me sorprendió ver que mi cuñada le hizo caso y llegó hasta donde estaba yo, empezándome a besar; se desnudó, se puso enfrente de mi suegra y se empezaron a besar, a lo que mi suegra me dice “ahora nos tendrás que coger a las dos, y no te preocupes porque ella no dirá nada, nosotras lo compartimos todo”. Entonces, continué con mi suegra y me vine dentro de ella. Mientras que mi suegra y mi cuñada seguían manoseándose, yo descansé, y después seguí con mi cuñada. Ella me dijo:
-Cuando te vengas, me avisas, que quiero que te vengas en mi boca.
Y así fue, con toda mi leche dentro, mi suegra y mi cuñada se besaban como putas. Cabe resaltar que mi cuñada también tiene buen cuerpo, pero el de mi suegra está mejor.
Desde esa vez, me sigo cogiendo a mi suegra y a mi cuñada, pero ya por separado. Es algo cansado porque también tengo que cogerme a mi esposa, que no sospecha nada. Y de las personas religiosas y conservadoras de tímidas no tenían nada, sino que son bien putas, pero eso a mí me encanta. Esto es todo lo que pasó con mi suegra y mi cuñada, y aún sigue pasando. Espero que les guste.
Tengo otro relato porno sobro lo que pasó con mi maestra de economía forestal pero ese relato porno lo contaré en otro momento.

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Una mamada de mi madre con mi tía

Acabábamos de comer cuando mi madre y mi tía hablaban de salir por la tarde a dar una vuelta para despejarse y tomar el aire. Mi madre se estaba cambiando cuando mi tía Amparo le dijo a mi madre que se iba a cambiar de ropa interior, y que si le importaba. Pilar le dijo a mi tía que por qué le iba a importar y que si no estaba cómoda que lo normal era que se la cambiara, mi tía se quedó completamente desnuda mientras que mi madre también decidió cambiarse las bragas que llevaba en ese momento. Mi tía estaba ya con la ropa interior cambiada mientras que mi madre se fue al baño sin las bragas puestas; mi tía le dijo a mi madre que adónde iba sin bragas y le dijo que iba a hacer pis, al momento Amparo le dijo a mi madre que pensaba que iba a salir sin bragas a lo que mi madre le mostró una sonrisa malvada.

Cuando mi madre salió de la habitación, yo salí detrás de ella sin que me oyese, mientras que ella rápidamente se metió en el baño para evitar que yo la viese, pero la vi. Según entró al baño, le di un azote en el culo y me dijo que estaba un poco cansada de que todos los días estuviese igual, queriendo verlas tanto a mi tía como a ella desnudas, masturbándome, espiándolas, etc.

Del enfado a la mamada de mi madre

Por la noche, encendí la luz de la habitación donde estaban mi madre y mi tía, que se acababan de dormir, las desperté y rápidamente se levantaron de la cama, Amparo salió corriendo junto a mi madre pero las cogí, estaban en bragas y sujetador las dos. A mi madre le bajé las bragas con fuerza, y a mi tía le quité el sujetador. Mi madre se puso en cuclillas mientras que mi tía se excitaba al ver a mi madre desnuda y le hacía un dedo.

Después de todo eso, mi madre y mi tía se ducharon juntas y las pude observar cómo se tocaban la una a la otra mientras que yo me metía con ellas y me hacían una paja.

A continuación recibí una mamada de mi madre mientras mi tía orinaba a mi madre y me besaba. Mientras que mi madre estaba en cuclillas haciéndome la mamada y una vez que había hecho pis mi tía, le metió un vibrador a mi madre por la vagina haciendo que eyaculase; después de la mamada de mi madre, mientras que mi madre me masturbaba, eyaculé en los pechos de mi madre dándole un beso y diciéndole que había que repetir.

 

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Mi gran sorpresa: de voyeur a un trío bisexual

Últimamente mi esposa salía mucho por las noches con sus amigas, o al menos eso decía ella, se arreglaba  y  vestía de forma muy sexi, minifalda blanca  y muy corta, tacones altos, camisetas muy ajustadas y con escotes  de vértigo, siempre llegaba de madrugada y cansada de bailar. Yo siempre me imaginaba que se habría follado a algún que otro tipo de los que van a las discotecas de moda. Sabiendo que mi esposa está muy bien, y que es caliente como un horno, era probable que alguien quisiera montarla en las noches calurosas de Santiago, pero para nosotros no era ningún problema, ya que siempre hemos sido muy liberales y respetamos nuestros gustos y nuestros deseos.

Yo aprovechaba su ausencia y hacía lo que últimamente más me gustaba hacer: practicar de voyeur. Me había comprado hacía unas semanas unos prismáticos de alto alcance, y me dedicaba a espiar a un vecino mulato que siempre tenía visitas de mujeres espectaculares,y por su puesto siempre acababa follando en la pieza que justo daba enfrente de mi salón. Uff era una máquina follando, era un chico joven y esbelto, musculoso y con una polla enorme, podía follar 4 horas sin parar; normalmente las mujeres acababan agotadas e incluso a alguna la vi cómo le gritaba que ya no podía más, que parara, pues estaba al borde del desmayo. Yo disfrutaba muchísimo viendo esos cuerpos agitarse, con las piernas bien abiertas y en mil y una posturas. Había mujeres de todo tipo: rubias, altas, bajas, blancas, negras, casi todas tenían unos senos grandes y curvas muy pronunciadas, aunque también las había delgaditas y casi planas. Me pasaba las tardes-noches disfrutando otra forma de hacer sexo, acababa masturbándome como un loco, me hacía hasta 5 y 6 pajas viendo ese cuerpo moreno taladrando a jovencitas y no tan jovencitas durante largas horas. La verdad, y no lo voy a ocultar, me gustaba mucho aquel hombre. Siempre me han atraído un poco los hombres, pero este me daba mucho morbo, sobre todo cuando le veía desnudo con su enorme tronco erecto dentro de las bocas, culos o coños de sus amantes. Era una auténtica máquina de follar.

Cuando llegaba mi esposa de sus fiestas, yo ya estaba en la cama feliz; cansadito, pero feliz y con mi verga relajada de tanto placer. De esta manera, ya casi no follábamos, pues ella llegaba cansada y yo ya había tenido mi buena ración de sexo. Esto hizo que la relación perdiera color y calor, ya todo había cambiado y estábamos más distantes.

En las últimas semanas, mi querido vecino tenía a diario la visita de dos mujeres: la primera siempre era distinta, rubias, morenas , altas, bajas etc., pero la segunda, que siempre iba sobre las 12 de la noche, era la misma, una mujer morena con pelo negro  y largo y con muchas curvas, es decir entradita en carnes y que estaba muy bien, pero que muy bien. Siempre que aparecía por la ventana en la habitación de mi amigo estaba de espaldas, es decir, que nunca le podía ver la cara, y eso me traía por el camino de la desesperación. ¡Deseaba tanto verle la cara y las tetas, y ese conejo que se tragaba la batuta del mulato sin contemplación!, pero nada, era imposible, la veía montar a mi amigo y cabalgarle como una fiera salvaje, gritaba de tal forma que podía oír sus gritos entre el dolor y el placer, siempre con la ventana abierta y sin cortinas, era mejor que ver una película porno. Llegué a pensar que a mi vecino le gustaba que le vieran follando, e incluso pensé que él me veía desde su cama y eso le ponía más cachondo y apretaba más fuerte a sus amantes.

Yo, de todas mis aventuras nocturnas, no contaba nada a mi esposa, más que nada porque me apetecía tenerlo como un secreto o mejor como mi tesoro escondido, no porque le sentara mal que yo me masturbara viendo cómo otras parejas follaban, como dije somos muy liberales y no tenemos prejuicios con el sexo.

Un día, mientras observaba cómo mi amigo se follaba por el culo a su segunda amante, me fijé en algo que no sé cómo expresar, pero que me sobresaltó y me puso tenso. La mujer tenía un pequeño tatuaje a la altura de la cadera… al principio no le di mucha importancia y pasó casi desapercibido, pero después, afinando mis prismáticos, llegué a distinguir claramente el dibujo: era un sol y una luna idéntico al que tiene mi mujer en el mismo lugar. Después me fui fijando en más detalles de la mujer y…claro, ¡no podía ser! ¡Aquella amazonas que se trajinaba al mulato era mi mujer! Incluso en un breve instante en el que por primera vez se giró y pude ver el rostro entre el enredado cabello lo vi claramente, aquella devora hombres era mi querida esposa. Al principio no sabía qué hacer, tenía muchos sentimientos encontrados y contradictorios, pero después de un rato en el que me tranquilicé un poco, volví a observar lo que hacían; y claro, lo que estaban haciendo era follar y disfrutar como auténticos animales salvajes. Mi esposa lo montaba, se tragaba aquella magnífica polla hasta el fondo de su garganta e incluso se tragaba toda la leche que él le vertía cuando se corría entre espasmos de locura. Lo que me resultó más raro es que, viendo esto y sabiendo quién era ella, me excitaba mucho más. Aquella noche tuve cerca de diez orgasmos, algo que nunca me había pasado, me corría casi sin tocarme, me apretaba los huevos y mi leche salía sola, era una locura y desenfreno, no sé muy bien cómo explicarlo,  probaron todas las posturas imaginables y, después de casi 5 horas de sexo sin control, terminaron tumbados en la cama riendo y fumando.

Cuando vi que ella se vestía para salir a la calle, yo me duché y limpié todo el semen que salpicaba el suelo del salón, e inmediatamente me metí en nuestra cama. A los 15 minutos llegó mi mujer y cuando sentí que se acercaba a la habitación yo no sabía cómo iba a reaccionar. Para mí equello era algo nuevo y estaba confuso, pero lo más sorprendente es que mi reacción fue, que  cuando se metió en la cama, me lancé contra ella y comencé a follarla como un poseso. M e sentía más excitado que nunca y quería solamente darle con mi polla más placer, lo  que también me sorprendió fue su respuesta, que fue la de montarme y follarme como gata en celo. Mientras nos besábamos y nos follábamos mutuamente, pensé que mi esposa sí que era una máquina de follar y que realmente estaba en forma…

Proponiendo un trío bisexual a mi mujer

Al día siguiente estuve todo el tiempo pensando en qué decirle y en  qué hacer. No sabía si contarle todo lo que había visto la noche anterior y por lo tanto que sabía todo sobre su aventura o no decirle nada y seguir espiándola cada noche. Al final opté por no decirle nada y solamente cuando llegó la hora y me dijo que iba a salir a tomar unas copas y a bailar con sus amigas no pude más y le dije: “¿vas a salir con tu amiga mulata?”. Ella me sonrió con una sonrisa totalmente cómplice y no dijo nada, sólo abrió la puerta y se fue.

Aquella noche follaron como siempre, es decir, como unos hambrientos de sexo, pero con la peculiaridad de que ella en todo momento estuvo de cara a la ventana, como queriéndome dejar ver su cara de placer y de vez en cuando una sonrisa cargada de picardía. En ese momento me di cuenta de que ella sabía que yo estaba escondido en la oscuridad observando sus “bailes” nocturnos, y eso me calentó más todavía y tomé la decisión de no esconderme ni de estar a oscuras para que ella también pudiera ver cómo me masturbaba viéndola disfrutar con mi vecino.

Esa noche no llegó a dormir conmigo ya que se fue directa al trabajo desde la casa. Cuando llegó la noche apareció por casa y se sentó a mi lado mientras yo veía una película porno. Ella me besó como si nada y yo comencé a hacer comentarios de la película y sobre todo del tamaño de las vergas de los actores.

Yo: mira qué pollas tan grandes tienen estos actores, ¿verdad?

Esposa: sí, no están mal, aunque a mí no me parecen tan grandes.

Yo: claro, hay muchachos de la vecindad que la tienen mucho más grande…

Esposa: sí, mucho, mucho más grande y gruesa.

Escuchando esto ya no pude más, la miré a los ojos y le dije:

Yo: Claro y hay vecinitas egoístas que las quieren para ellas solas y no las comparten ¿verdad?

Entonces mi esposa dio un salto en el sofá y me miró con una mirada entre incrédula, pícara y lasciva mientras se le escapaba una pequeña sonrisa entre sus labios.

Esposa: No me digas que quieres follarte al vecino…no me lo puedo creer.

Yo: A nuestro vecino se lo folla la mitad de la ciudad y tú también, entonces no veo cuál puede ser el problema por probar conmigo… Ya sabes que a mí los hombres en algunos momentos también me gustan.

Esposa: Jajajaja no te puedo creer, además este mulato es muy hombre no creo que quiera contigo…

La corté tajantemente.

Yo: bueno, o al menos podríamos hacer algo los tres juntos, me apetece unirme a tus fiestas de noche.

Esposa: Está bien, vente esta noche, a ver si te atreves, ¡jajaja! no te creo nada.

Esa noche salimos los dos bien vestidos y sexis: mi mujer con su ropa ajustada y yo con mis pantalones de cuero y mi camisa negra a medio abrochar. No puedo negar que estaba un poco nervioso, pero cuando llegué y conocía a Tony me relajé bastante, era muy simpático y tranquilo, mi mujer nos presentó y ninguno de los dos tuvo una mala actitud para con el otro, él vio como algo muy normal tener enfrente al marido de la amante que se follaba todas las noches tomando unas cervezas y charlando. La charla sólo duró un rato hasta que él me preguntó directamente qué es lo que yo quería hacer, si quería masturbarme mientras ellos follaban, si quería follarme a mi mujer a la vez que él también se la follaba (doble penetración), o qué. En ese momento me sentí tímido y no me atreví a decirle la verdad, que era que quería que él me follara mientras yo me follaba a mi esposa para hacer un trío bisexual, lo cual era un sueño que toda mi vida había tenido, y acabé diciéndole que quería que nos folláramos los dos a mi mujer.

Esto le gustó mucho, ya que su cara se iluminó y sonrió, y en unos instantes ya estábamos los tres en la cama, yo comencé comiendo coño y él puso en la boca de mi esposa aquella tremenda herramienta. Cuando la vi de cerca me quedé con la boca abierta; era mucho más grande de lo que yo podía percibir desde mi departamento con los prismáticos, ella comenzó a hacerle una mamada increíble. Era capaz de metérsela entera hasta casi vomitar, la tragaba con ansias como si realmente se la fuera a comer y estuviera hambrienta. Esta escena me puso supercaliente y saqué mi verga que con sus buenos 23 cm parecía de juguete al lado de aquel tronco moreno. De una sola vez se la metí entera por el coño y comencé a empujar mientras ella lamía el pollón desde los huevos hasta la punta del glande. Ufff, era demasiado, eso era una locura de placer y de morbo, después de estar un buen rato así, cambiamos de postura y él comenzó a follarle el coño y yo comencé a meterle mis dedos por el culo. Mi esposa empezó a gemir como una loba, después le metí mi polla en el culo y ya comenzó a gritar entre placer y dolor. Aquel majestuoso cuerpo se estaba tragando dos buenas vergas a la vez. Así seguimos un rato hasta que Tony se salió al baño y yo seguí rompiéndole el culo con toda mi fuerza. De pronto, y por sorpresa, noté los dedos de Tony en mi culo impregnándome con algo grasiento el agujero de mi culo, metiendo seguidamente sus dedos en él. Esto casi me hace correr instantáneamente, me giré y le sonreí y diciéndole dos palabras: “Por fin”. Entonces, él se tumbó en la cama y puso su cabeza entre el culo de mi esposa y mi verga, que entraba y salía del mismo, sacó su lengua y comenzó a lamerme el culo y la verga, cosa que a mí me encantó hasta tal punto de que saqué  mi polla y se la metí de un golpe; Tony la empezó a mamar y a lamer de una forma maravillosa, era capaz de tragarla entera hasta los huevos y yo comencé a gemir y casi a correrme. Antes de llegar al orgasmo me lancé a su cipote y lo comencé a mamar, era genial, grandioso, me llenaba totalmente la boca y la garganta, mi mujer mientras tanto dejaba que Tony le comiera el coño, que ya lo tenía encharcado de sus flujos. Yo, después de un buen rato, me fui a lamer el culo de Tony, que se dejaba fácilmente penetrar por mi lengua.

De un trío normal a un trío bisexual

Pasado un buen rato cambiamos de postura y comencé a follarme a mi mujer a cuatro patas, y entonces pasó lo que yo más esperaba, noté la cabeza gorda de la polla de Tony llamando a la puerta de mi ano; enseguida dilaté y con un poco de esfuerzo comenzó a entrar en mí. Eso me volvió loco, su pollón entraba poco a poco y me llenaba entero por dentro hasta que, en un momento y de forma inesperada, dio un fuerte empujón y la metió entera. Yo solté un fuerte grito de dolor que me hizo quedar inmóvil; comencé a respirar fuerte y rápido como para soportar el dolor, parecía que me habían reventado por dentro. Tony entonces intentó salir de mí, pero yo le puse la mano en el culo y le empujé contra mi ano y le dije, “no, no te salgas, quiero que me folles bien el culo, pero hazlo despacio, por favor”, él se untó de vaselina la polla y mi culo, y comenzó a moverse despacito, al rato mi dolor se convirtió en placer y comenzamos a follar los tres de nuevo; a todo esto, mi esposa ya estaba encharcada, mi polla entraba y salía de ella con mucha facilidad y comenzamos a gemir los 3 a la vez. Yo estaba en el paraíso, follando por delante y follado por detrás, por fin cumplía mi sueño de hacer un trío bisexual.

Después de unas horas nos corrimos los tres, bueno mi mujer se corrió 5 o 6 veces seguidas; nosotros sólo una vez, pero fue maravilloso, compartimos todos nuestros flujos, la mayoría del semen de Tony acabó en mi boca…

Después de este primer trío bisexual seguimos durante algunos meses teniendo sesiones imparables de sexo, hasta que Tony se tuvo que ir a su país. Esto nos dejó muy tristes a mi esposa y a mí, pero contentos por haber disfrutado esta experiencia inolvidable. Desde entonces, la relación con mi mujer mejoró mucho y ahora andamos buscando nuevas experiencias.

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Así es la vida, a veces se gana, a veces se pierde y muchas otras solo se ve

Todo es cuestión de encontrar el punto adecuado para mejorar cualquier dolor – decía la Sra. Lola a sus prospectos y clientes tratando de convencerlos de pasar a su sala de masajes terapéuticos que recién había abierto en una colonia de clase media.

La renta era cara y ella esperaba tener la suficiente clientela para afrontar los gastos, sobrevivir y generar algunos ahorros que pudieran garantizarle unos años seguros. Estaba en trámite de divorcio y su esposo no aportaba económicamente al destruido hogar. Nunca se llevaron bien pero supieron sobrellevar su relación. Lola había sido una mujer voluptuosa y preciosa cuando joven, blanca, alta, ojo color miel y muy simpática. Aun conservaba esos atributos físicos aunque era claro que el tiempo comenzaba a labrar huellas de cansancio en su rostro. Tenía facilidad para hacer amistades y a lo largo de sus años de matrimonio difícil había aprendido muchas labores para ganar dinero;  lavaba salas y alfombras, cocinaba, vendía ropa de buen gusto, daba consejos y ahora le había dado por meterse de lleno a la parapsicología, lo esotérico y lo naturista. Había estudiado un libro que compró en una feria y ahora estaba segura que era una experta en masajes. La reflexología era su fuerte. Ella mentía y juraba haber aprendido todas sus artes en sus múltiples viajes a oriente. Presumía que hablaba fluidamente árabe y yidish. Sabía expulsar demonios y sanar con sus manos y su voz. Se hacía llamar doctora. Era una pitonisa.

La música new age armonizaba su salón en penumbras sumergido en penetrantes aromas de sándalo y pachuli que salían de un dorado incenciario ovalado. Baratas alfombras “persas” decoraban las paredes y una espesa cortina “egipcia” daba paso a una pequeña habitación ocupada en su totalidad por una vieja y gastada cama de masajes. Esperaba impaciente en el umbral del edificio, el día era muy caluroso y sentía bochorno y fastidio pues no había trabajo. Las vecinas se pasaban de largo respondiendo apenas a sus calurosos saludos pues de todos era conocida su abundante plática. No era conveniente detenerse a charlar con La Doctora Lola.

¡Estos productos se venden solos! – le había dicho Patty a Pedro Luis cuando lo enganchó en el negocio de cosméticos, suplementos alimenticios y alimentos nutritivos. – Te ganas el 50% de lo que vendes y además obtendrás  un porcentaje de la red que vayas creando hasta la tercera y cuarta generación. Lo importante de este bussines es conseguir más gente que venda aunque eso sí, tú debes seguir comprando y vendiendo y apoyar mucho a tu grupo. Todas las compras te dan puntos. Si eres listo y acumulas 20 mil puntos mensuales por 9 meses te ganaras un viaje internacional por una semana; pero eso no es nada, tu cheque mensual irá creciendo y serás independiente económicamente – ; – además, sobra decirlo,  eres un hombre muy atractivo y veras que muchas señoras te agradecerán que les abras las puertas a este gran negocio – Ayudaras familias. Estaba demostrado que los hombres también podían vender artículos para damas.

Pedro Luis lamentaba haberse dejado convencer. Ya había invertido 10 mil pesos que no le sobraban en mercancía que no conocía, no creía que funcionará y no tenía ni idea de a quien ofrecerla. Sus amistades se reducían a hombres y mujeres adictos al gym.

Hacía más de 4 meses que no tenía un trabajo fijo desde que la empresa de plásticos en que trabajaba había cerrado. Aunque gastos personales no eran muy altos, no podía permitirse el lujo de dejar de entrenar y echar por la borda el trabajo de años. Ahora tenía que ir a un gimnasio público pues ya había vendido todos sus aparatos y pesas para sobrevivir. Hasta las playeras de compresión y sus trofeos y medallas había malbaratado en un tianguis.

Alguna vez había sido un hombre solvente que ganaba grandes sumas en comisiones de ventas pero ahora andaba volando bajo sin un quinto en la bolsa. Se transportaba en camión o a pie cuando las distancias no eran tan largas. Traía consigo un lujoso maletín de piel con muestras que bien hubiese podido atraer a algún asaltante pero él no temía pues su cuerpo de Hércules mantenía lejos a cualquier tipo que quisiera dañarlo. Su ceñida camisa colorida parecía explotar con cada movimiento que hacía, sus músculos relucían bajo la tela y hasta las venas de sus poderosos brazos podían distinguirse. Su mujer e hijas lo habían despojado de todos sus bienes y estoicamente él lo había permitido pues siempre había considerado que casas y autos eran el patrimonio de su familia. No era materialista en absoluto, se consideraba un buen hombre. Algún día recuperaría trabajo, familia y dinero. Estaba seguro.

En la angosta carretera a Zacatecas un destartalado camión rojo estaba parado a la orilla. Con el cofre humeante levantado daba la apariencia de ser un gran dragón herido y en proceso de muerte luego de ser abatido por un caballero medieval. – No puede ser – pensaba con desgano Jesús Antonio – Otra vez este maldito motor. Llevaba por lo menos 6 descomposturas fuertes en los últimos cinco meses. No tenía dinero para cambiarlo por uno menos viejo. Afortunadamente ya había entregado la mercancía e iba de regreso a casa. Era el tercer viaje de la semana y apenas era miércoles, se sentía muy cansado.

– Tomaré dos semanas de vacaciones – decidió e imaginó a su esposa Rossy y sus dos pequeños hijos corriendo en la playa. Rossy no gustaba de usar bikini pues era una mujer muy pudorosa, su estricta educación religiosa la había moldeado como una mujer virtuosa y muy temerosa de Dios. Nunca faltaba un domingo a misa y con frecuencia rezaba el santo rosario. A Jesús Antonio no le importaba que su mejor fuese una “santita” pues él tenía la dicha de verla desnuda cada que hacían el amor, no con la frecuencia que a él le gustaría pero estaba bien. A Rosa no le gustaba follar con las luces encendidas así que Antonio debía recurrir a su imaginación para mirar a su mujer en la penumbra. Rossy podía presumir de tener un cuerpo perfecto, ninguna otra mujer en la colonia tenía unas nalgas tan perfectas y una cintura tan breve como ella. Hubiese sido interesante ver  la envidia que Rossy desencadenaría entre las mujeres en una playa si se decidiera un día a usar una tanga. Sería el blanco de todas las miradas, eso sí – pensaba – El calor se disipó en su mente y una fresca brisa le alboroto el cabello bajo su gorra de base ball.

Tuvo que caminar hasta una cuesta para “agarrar” señal y entonces llamó a su esposa para avisar que no llegaría a comer. Ella comprendería pues era tan tierna y cariñosa. Se sentía un hombre feliz, jamás imaginó tener una esposa tan preciosa, tan linda y además tan buena. Se había sacado la lotería. Si no tardaba mucho el mecánico  su unidad estaría lista por la tarde y podría estar en casa al anochecer. Al siguiente día lo esperaba un largo viaje a Puebla, llevaría un cargamento de láminas de asbesto remanente de una tlapalería de un conocido. ¿No causa cáncer el asbesto? –pensó –

Era un viaje barato pues con los amigos se brindaba.  El dinero de ese flete no lo tocaría, sería el inicio del ahorro para las vacaciones.

Pedro Luis se armó de valor y se acercó a Lola para ofrecerle sus productos. La mujer era imponente, más alta que él y con tanta seguridad que lo hacía sentir un niño. – Hola, buenas tardes- dijo, – ¿No estará interesada en conocer algunos productos naturistas que vengo ofreciendo? Traigo vitaminas, proteínas y cosméticos – dijo nerviosamente

¿Compras o vendes? – Le respondió hoscamente Lola, – pues yo me dedico a lo mismo. Pedro Luis no supo que responder, era su primer intento y fallaba. Lola ojeó un catalogo y decidió que eso no servía, era pura química. – No me interesa- espetó. Él sacó fuerzas de la nada y le ofreció incorporarse a su red. No tenía porque usar los productos, lo que debía hacer era meter la mayor cantidad posible de señoras al negocio. Le platicó de los premios, de los viajes y de los cheques. Le prometió que no tenía que invertir ni un quinto. Lo único que debía hacer era presentarle mujeres interesadas en trabajar. Lola se pensó la cosa dos veces.

El teléfono sonó en casa de Rossy, era su marido que le avisaba que no llegaría a comer. – Que bueno- se dijo Rossy. No tenía ni la mas mínima idea de que hacer de comer. Ese día sus dos hijos irían a casa de unos amiguitos así que no tenía que ir a la escuela por ellos. Le sobraba toda la tarde para hacer lo que quisiera. Tenía muchos pendientes en casa; estaba muy retrasada en el quehacer. No tenían dinero para una sirvienta, así que entre ella y Antonio limpiaba la casa los fines de semana. Eso del hogar no era para ella. A veces se lamentaba no haberse casado con Ricardo, aquél buen amigo de la prepa que tanto la cautivaba; pero no. Era un mujeriego el tipo. Prefería a Antonio, no importa que no estuviese enamorada. Era trabajador, buen hombre y se dejaba manejar. Comería quesadillas, decidió.

Estaba por salir de casa cuando sonó el timbre. Subió al cuarto de arriba y vio que era la Dra. Lola acompañada de un tipo fortachón embutido en una playerita negra. Lola la aburría pero le caía bien. La escuchaba y le daba muchos consejos que nunca escuchaba. -¿No sé porque te casaste con ese hombre? – Le decía la señora, – Tu mereces algo mucho mejor, ve nomás que mujerona eres.

Lola necesitaba dinero, mucho dinero. No importaba como lo consiguiera y ese negocio parecía fácil y limpio. Pensó en Rossy; le hacía falta una distracción, además sería la más convincente prueba viviente de que los productos que venderían funcionaban. Su cuerpo de modelo y su cara de diosa convencerías a mil señoras obesas y viejas buscando su belleza y juventud perdida. El tipo no le era agradable. Apenas hablaba y su cuerpo era ofensivo para alguien como ella, natural al 100%. Seguro que se metía esteroides y estaría enamorado de sí mismo. Escuchó a Rossy bajando las escaleras y le dijo a Pedro Luis, -Aquí viene nuestra primer asociada, ya verás-

Pasen – dijo risueñamente Rossy – ; -tomen asiento  y disculpen lo humilde de mi pobre sala – Sus destellantes muebles Luis VXVI que su esposo le había comprado endeudándose hasta a la coronilla lucían fabulosos. Saludó de beso a la Dra. Lola y cuando quiso hace lo mismo con Luis, él se echó para atrás rudamente. No estaba acostumbrado a esas cosas. Pedro Luis y Lola se sentaron en un love seat y Rossy en un sillón individual frente a ellos. Les invitó un café y escuchó atentamente el plan de negocios. Se imaginó viajando por Europa del brazo de un hombre apuesto que no era su esposo. Se vio a si misma conduciendo una camioneta roja muy grande y lujosa. – Suena bien- dijo, – me interesa –

Lleno unos formatos y sirvió mas café. Ya estaba inscrita y acudiría todos los martes a juntas de capacitación en un Sanborn’s de una glamurosa plaza. El ambiente se relajaba cada vez más. La música de Tiziano Ferro se escuchaba en el fondo. Platicaron sobre sus vidas y las de sus familias y amigos; del clima, de la situación económica del país y el rato pasaba sin que se dieran cuenta. A Pedro Luis se le soltó la lengua y les contó un par de chistes que hizo que las damas se desternillaran de risa. Comenzaron con chistes de gallegos, Lola contó uno subido de tono. Rossy no paraba de reír. Que bella era. Entonces, Lola muy ocurrente dijo que los “ponchados” solían tener el pene chiquito. – Ja ja ja – , no paraba de reír Rossy. Vestía un entallado pantalón formal color beige claro y una blusa azul sin manga. El cabello suelto oliendo a shampoo y el rostro sin maquillar. Aún así se veía preciosa. Sus piernas y su hermoso culo sobresalían bajo su pantalón, incluso si entrecerrabas los ojos y echabas a volar la imaginación pareciera que estaba desnuda. Pedro Luis se sonrojo y sintió como su miembro comenzaba a henchirse bajo su bragueta. Era una broma de mal gusto, pero a él le gustaba.

Lola por su parte se sentía muy a gusto. Estaba pasando un rato muy agradable. – A ver, a ver – dijo Rossy, – que Pedro Luis nos baile -, – Siii, que nos modele su playerita- dijo Lola. Jamás lo había hecho pero Pedro Luis se puso de pie dubitativamente. Lamentaba no ser más alto, pero eso no importaba, su cuerpo era casi perfecto y eso compensaba cualquier defecto. Sus poderosas piernas eran de acero y a través del pantalón se transparentaban unos muslos y unas pantorrillas de jugador de soccer. Sus brazos bronceados daban la impresión de ser recorridos por férreas serpientes que se movían arriba y abajo. Su cuello de toro exponía sus venas y su manzana de Adán. Su pecho parecía irreal. Las balas le rebotarían. Era tan varonil. Lola y Rossy voltearon la mirada casi al mismo tiempo a la entrepierna del hombre. Un monstruo comenzaba a crecer dentro de él. Ellas sintieron como sus vaginas se mojaban automáticamente. Rossy temió haberse orinado. – ja ja ja – dijo Rossy; – Siii, los “ponchados” lo tienen pequeño- Lola se carcajeó ruidosamente, era imposible no hacerlo ante la cara de impavidez del hombre que intentaba bailarles sensualmente. Pedro Luis no sabía qué hacer. Se sentía como un ratón acorralado. Recordaba una burla similar que en su niñez había sufrido por parte de un grupo de chicos mayores, en aquella ocasión no pudo hacer nada y lloró.

Automáticamente se paso visiblemente la mano sobre su miembro acariciándolo como si fuera mayor de su tamaño real. Las chicas emitieron un gritillo que a él le pareció como el de un estadio animoso que lo impulsara a desechar su timidez. Tomó la mano de Lola que era la más cercana y sorprendido por su docilidad la pasó a lo largo de su pierna llegando apenas a tocar su más preciado órgano. A lola le fascinó el gesto de Luis y como cobra se lanzó sobre su presa tomando aquel enorme y duro palo desde su cabeza hasta los testículos. Sus blancas manos adornadas con unos largos dedos rematados en vistosas uñas rojas subían y bajaban por el pene del muchacho. Rossy estaba muda. No sabía que decir pero se le antojaba acompañar a Lola en sus caricias. – Sácatela – dijo Rosa con una voz temblorosa que se convertía en un placentero gemido, – sácatela-  -muéstrala – , – presúmela- ; – por favor-.

Luis se volvía loco, su cabeza daba vueltas y su corazón latía como licuadora intentado remoler hielos para un cocktail. Pudo más el instinto que el pudor y se bajó locamente la cremallera, se podía ver sus bóxers de color azul eléctrico mojados por la rica sacudida que Lola le había dado en unos cuantos segundos. Un negro pene salió a relucir. Rossy notó que Pedro Luis se afeitaba y se maravilló ante semejante miembro, era más grande que el de su marido. Y se veía mucho más firme. Su cabeza era violácea y redonda como una gran cereza. Se le antojó metérsela a la boca aunque ella rara vez aceptaba hacer sexo oral a su marido a menos que estuviese a punto de pedirle un regalo caro. La verga carnosa expuesta mediría unos 18 cm y una gruesa vena parecía sostenerla como si fuera un cable de acero. Era brillante y sin un pelo. La vista de Lola estaba atrapada por el movimiento autónomo del tremendo sable de Pedro Luis; se movía sola, estaba viva. La tomó con las dos manos y le dio unos suaves jalones que parecieron hacer que el volumen se incrementará al doble. En un instante que paso desapercibido para los tres la escena había cambiado y Lola tenía el gran pito de Luis en su boca. Lola babeaba como nunca lo había hecho; ¿Qué motivaba tal salivación? No lo sabía. Ella se consideraba experta mamadora y le complacía hacerlo. Esa cualidad había contribuido en gran manera a prevenir el desmoronamiento de su matrimonio.  Como si fueran piedras preciosas, Lola acurrucaba los testículos de Luis entre sus bellas y cálidas manos masajeándolos con ternura y dando pequeños tironcitos a su escroto. A la vez se metía la verga de Luis poco a poco en su húmeda boca, daba pequeñas chupaditas a la cabeza y de repente se la introducía completamente hasta tocar su profunda garganta uniendo sus labios a los huevos rasurados del chico. Con movimientos circulares llevaba de paseo aquel negro miembro entre sus mejillas y su paladar como si fuera un cepillo de dientes apenas rozándolo con sus perfectos dientes. Hacía girar su lengua enroscándola alrededor de su preciada presa que bramaba de placer. Succionaba con suavidad y luego lamía aquel el sabroso falo de arriba abajo atragantándose con la mezcla de líquidos que se derramaban en su boca amorosa. En el piso se había creado un pequeño charco de saliva y liquido preseminal. Luis estaba en éxtasis. Sus ojos iban y venían dentro de sus cavidades. Rossy seguía atónita y las ganas de orinar aumentaban. Estaba viendo en acción a la más grande maestra de la felación.

-Es tu turno de tocar corneta- le dijo Lola bromeando a Rossy mientras sacaba a relucir su par de enormes y magnificas tetas pálidas. Sus pezones eran grandes y de un color café claro. Comenzó a masturbar a Luis con una Rusa que hizo que el hombre no pudiera evitar emitir un grito de placer. – Shhhhh- dijo Rossy, – ¡hay vecinos! – Pedro se imaginaba penetrando por el culo unas nalgas de quinceañera güerita al ver como su reata desaparecía entre los senos de Lola y volvía a reaparecer una y otra vez. Estaba mojadisimo.

Rossy despertó de su embelesamiento, tomó a Luis de la camisa y le plantó un apasionado beso en la boca metiendo su lengua entre los labios del macho que algún dios les había mandado. No era virgen cuando llegó al matrimonio, pues un aventajado compañero de prepa le había hecho el favor de desvirgarla y solo con él había cogido antes y después de casarse. No se sentía culpable de engañar así a Antonio, de hecho pensaba que se lo merecía por tibio. Había salido con más hombres pero solo aquel amigo de la adolescencia se la había cogido. El beso de Rossy y Luis fue muy largo, Rossy le acariciaba los músculos del pecho y de la espalda con gran admiración. ¡que hombresote! – pensaba- y seguía besando mientras le apretaba con sus manitas el trasero. Le incomodaba un poco el delgado bigotito de Luis pero el placer del momento era mayor. Mientras tanto, Lola seguía mamándole la verga. Luis separo su rostro de Rossy quién quedó atónita ante el rechazo del macho. Él acercó su boca al oído de ella, con sus labios le quitó hábilmente el arete y lo lanzó al piso y con melosa voz le dijo; -¿quieres saber cómo coge un “ponchado” de pene pequeño?-

Rossy y su bravío pirata entraron al reducido baño de la sala mientras Lola se quedaba con las ganas de seguir comiendo hombre. – ¡Por lo menos déjenme ver! – gritó Lola cuando ellos cerraron quedamente la puerta. No se escuchó que le pusieran el seguro. Lola se bajó el pantalón negro hasta las rodillas y su mano diestra comenzó a juguetear con su dilatada raja rosita, acariciando con delicadeza un clítoris más grande de lo normal. Había puesto su bata blanca cubriendo el sillón, no fuera a ser que dejara huella de su pecado. El dedo medio de su mano derecha la penetraba expertamente. Lola se imaginaba estar cogiendo con Pedro Luis. ¡Que rico era ese momento! El mundo podía detenerse allí no importaba que todo lo demás se fuera al demonio.

Luis puso a Rossy de espaldas, recargada sobre el lavabo y de frente al espejo. Era una mujer preciosa. No esa belleza de telenovelas, ¡era una belleza real!, de nuestro pueblo mexicano. Un rostro apacible, altivo, perfecto dentro del concepto de belleza de mujer morena de nuestra raza.  Metió sus manos entre su blusa y sacó un rico par de pequeñas tetas duras. Su brasiere que por cierto le quedaba flojo cedió fácilmente. Masajeaba esas lindas gemas frías a la vez que su boca recorría el largo cuello de Rossy. Su lengua lamía y relamía su piel salada, tal como lo hubiera hecho Lola con su pene hacía un rato. Las manos de Luis bajaron por el abdomen den Rossy como si fueran dos autos deportivos recorriendo una amplia carretera en una pradera recién regada por la lluvia. Rossy ya había desabrochado su ceñido pantalón de mezclilla que cayó al suelo formando una pirámide azul. Un apretado bóxer blanco casi transparente cubría el culo de Rossy que de inmediato quedó al descubierto. Rossy misma se lo había quitado ya que Luis no pudo por su nerviosismo. El culo de Rossy era el mejor que había alguna vez visto Luis, ya fuese en persona, en película o en revista. Era grande, fabuloso y bien formado, ovalado en los costados y en forma de corazón visto desde atrás. Era una mujer caderona aunque contradictoriamente muy delgada. Un olor a coco y canela salía del cuerpo de Rossy. Luis no paró de acariciar, tocar y retocar las nalgas de Rossy. – ¡Mételo, yai!- musitaba Rossy con voz apenas audible: – ¡Cojeme, yaaaa! – Por favooor. Luis le abrió las piernas como hacen los policías a los malandros utilizando sus rodillas para abrir un poco más y acomodó su bultosa verga entre las nalgas de Rossy. Como una reptante oruga le verga encontró su camino hasta la ardiente panocha de la damisela. En ese momento Lola abrió la puerta del baño de par en par y pudo observar el paraíso. Un verdadero macho follando a una mujer casi perfecta en un sitio incorrecto pero en el momento más preciso. Luis comenzó a moverse rítmicamente sacando y metiéndole la verga a Rossy quien fue traicionada por la emoción y comenzó a llorar de placer. “Movía el culo con un swing que derretía el hielo de las cubas” tarareaba Luis con voz entrecortada. Rossy estaba exprimiendo a Luis y de repente se le vino a la mente la imagen de su esposo parado en la carretera tratando de reparar su camión bajo un sol abrasador. Borró su mente y volteó el rostro a la sala. Las lágrimas fluían por sus mejillas nublando su visión.  De reojo Veía a una Lola excitadísima a quien apenas tenía un par de semanas de conocer. Enseñando un pedacito de su lengua entre sus labios rotos, Lola no podía dejar de observar aquella pareja meciéndose rítmica y eternamente dándose una cogida de película. Rossy cayó en éxtasis cuando Luis le metió en el ano un dedo lubricado en su propia saliva; Su boca temblaba de placer y estaba segura que no podría aguantar las ganas de orinar por más tiempo. Luis bufaba mientras entraba y salía del cielo cogiendo febrilmente a Rossy. El tiempo se había esfumado en una espiral de colores, el espacio también. Casi en la cumbre del orgasmo Rossy creyó ver a Antonio mirándola fijamente con tristeza a los ojos reprochándole no ser tan complaciente con él como ahora lo era con Pedro Luis. Cerró los ojos. Los abrió nuevamente y vio a Lola en el lugar de Antonio. Repentinamente sintió como un fluido caliente inundaba su interior; Luis se estaba corriendo sin condón a la vez que emitía graciosas risitas y daba las gracias una y otra vez a Rossy jurándole amor eterno. Rossy no pudo más y dejó que su vejiga se descargara. Oleadas de un orín incoloro y sin olor corrieron entre sus piernas salpicando el pecho y mojando los pies de un Luis desnudo que había volado al espacio. Rossy estaba muy avergonzada pero el triunfo que embargaba su espíritu diluía cualquier sentimiento negativo. Ahora tocaba rogar a Dios que no quedara embarazada. No dijo nada. Lola se acercó como loba a Luis para seguir mamando y bebiendo la leche remanente. Era una depravada, lo reconocía y le encantaba.

Por la noche llegó Antonio a casa, los niños dormían plácidamente y con sigilo abrió la puerta de su habitación. Llevaba un hermoso ramo de flores para su esposa y un caro perfume de regalo para compensar su ausencia. Pensaba sorprenderla con un beso de yerbabuena pero el sorprendido fue él. Su esposa lo esperaba totalmente desnuda salvo una minúscula tanga apenas perceptible. Se le dejó ir a los brazos y lo besó una y otra vez. – Te amo Antonio; te amo- musitaba; – Sin ti la vida no vale la pena-  expresó pícaramente cerrando un ojo, -Y mira que eres malvado y me dejas sola muy a menudo-, -¿Qué tal que viene un lobo y me come?

Yo soy tu lobo – respondió gruñendo Antonio.

Rossy lo tomó de las mejillas, lo beso sonoramente y poco a poco fue quitándole la ropa y

– Esta noche es tu noche cariño –

Si quedaba embarazada iba a ser de Antonio, que él estuviera seguro de eso – pensó – mientras imaginaba como sería su próximo martes por la tarde en compañía de Pedro Luis pero sin la Dra. Lola.

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Relato erótico: sexo con la prima de mi amigo

Mi primer relato erótico real de sexo con la prima de mi amigo, espero les guste.
Fue hace aproximadamente 4 años, estaba de visita donde un amigo que no veía hace años y que por casualidades de la vida nos pillamos en la calle. Justo ese día era sábado, y cuando llegué (como a las 6 pm) me di cuenta habían hecho un almuerzo familiar; estaban tíos y parientes de mi amigo. Entré en un grupo de hombres, el típico club de toby, a conversar y tomar unas cervezas. Ya a las 10 estaban todos ebrios, pues venían bebiendo desde el medio día. Mi amigo se fue a dormir y me quede ahí jugando cartas y aplicándole a unas píscolas. Ya a las 12 aproximadamente se fue gran parte de la familia, quedaron 2 parejas de tíos de mi amigo y sus hijos: 3 primos, 2 hombres y 1 mujer. Ya a las 2 todos se fueron a dormir, y el papé de mi amigo me pasó un sofá cama y una frazada para tirarme en el living. Apenas me acomodé, me quedé dormido, pero de repente me despertó el peso de la frazada, en eso escucho unas risas a mis espaldas, no quise abrir los ojos por el cansancio y entre murmullos escucho la siguiente conversación de 2 mujeres:
– Lo viste?- Sí, lo tiene parado…
Apenas escuché eso supe lo que pasaba: andaba con buzo y en la posición en que me encontraba se me notaba la típica erección nocturna que uno tiene. No sabía qué hacer, tenía mucha vergüenza de que me hubieran notado. De repente sentí movimiento en el sofá cama, pensé que me iban a arropar nuevamente, pero una mano me toco la entrepierna cerca de mi pene. Temblé y la mano se apartó, pero unos segundos después volvió a tocarme, para luego sobajear mis testículos, mi erección fue más en aumento. Una risa de más lejos me hizo sentir incómodo, era la voz de la mamá de mi amigo y por su risa la reconocí, entonces comprendí que quien me estaba tocando era una de las tías y su mamá miraba. La mano entró a mi buzo y pasó directa a mi bóxer, para tocar directamente mi pene: lo agarró fuerte y no hizo nada más por unos segundos. Una voz llegó a mi oído y dijo: “Sé que estás despierto, si quieres que te la chupe, dímelo”.
Abrí lentamente los ojos… no dije nada y para mi sorpresa no era una de las tías… sino la prima de mi amigo, de la cual no me había fijado lo linda que era. Me miró, se rió, y bajó a mi pene. Lamió mi glande por mucho rato, no podía ver su cara pero se sentía espectacular, adecuándome a la luz busqué a la mamá de mi amigo pero no la vi. La prima de mi amigo continuó y sentí que eyacularía pronto, estaba muy excitado y entonces se apagó la luz… Sentí que se acercaba alguien más, se sentó a mi lado y me empezó a besar, era la madre de mi amigo. Con sus manos recorría mi pecho y luego chupó mis pezones, luego de un rato bajó a mi pene y entre ella y su sobrina empezaron a chupar mi pene en forma alternada. Iba a acabar pronto y se lo dije; ambas pararon y la madre de mi amigo se fue diciendo algo en voz baja. La prima se acercó a mi cara y me preguntó si quería penetrarla. Le dije que sí, pero en eso me dice “goloso, para la próxima” y empezó a masturbarme, luego de unos minutos no aguanté más y me vine en su mano. Con su otra mano me limpió, se levantó y se fue, quedé sin rastro de semen en mí. Arreglé mi ropa y me tapé… No sabía qué había pasado, y entre pensamientos me quedé dormido. A la mañana siguiente me desperté y no había nadie. Fui a la cocina a buscar agua y pillé a uno de los primos, me contó que solo quedaba su papá y él en la casa, que todos los demás se habían ido. Al rato baja mi amigo y más atrás su madre, quien me miró con cara de “no digas nada”. Le dije a mi amigo que me tenía que ir, que era muy tarde, pero en verdad solo tenia vergüenza y aturdimiento. Me fui rápidamente solo despidiéndome de él. Esa noche en mi casa, me llaman de un celular desconocido, no contesté, como es mi costumbre; pero al 3 llamado decidí contestar: era la prima de mi amigo. Después de presentarse me pregunta que si se le conté a alguien, le dije que no, que nadie más sabía, y me dice que este es un secreto que debería guardar, pero que quería que nos juntáramos a hablar del tema, que podía salir beneficiado…
Aquí es donde empezó una historia bizarra para mí que duró 3 meses, y que tuvo un final feliz después de todo.
Pero eso lo dejaré para otro relato erótico real.

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Familia Perfecta 3

La situación se había tornado gélida y extraña y ninguno de los tres reaccionó inmediatamente.

– Javi… Esto no… – Dije separándome de Sandra lentamente. Ella corrió a vestirse rápidamente mientras yo daba un paso hacia él para evitar que saliera del cuarto a contárselo a nuestros padres, pero me detuve enseguida al recordar que estaba semidesnuda. Tapé mis tetas cruzando mis manos sobre el pecho y miré a mi hermano con rostro de culpa y miedo.

– Javi escucha po-por favor… No… No se lo digas a mamá y papá… Porfa. Hacemos lo que quieras, de verdad. Te lo prometo. No volverá a pasar. Sólo a sido una vez… Ha sido un error ¿vale? ¡Solo eso!… – Le suplicaba desesperadamente en susurros. Mi hermano nos miraba a las dos con un rostro que al principio reflejaba sorpresa pero ahora reflejaba asco y desprecio.

– Alucino con vosotras dos – Dijo mientras se volvía para marcharse. Mientras, yo intentaba agarrar su brazo y frenarle tratando inútilmente de mantener mis tetas ocultas.

–  ¡Javi! ¡Javi escucha! ¡No se lo digas! – pero fue inútil. Era más alto y más fuerte que yo y prácticamente me arrastró hasta el pasillo donde no tuve más remedio que soltarle y seguir suplicándole en voz baja mientras descendía por la escalera.

Volví al cuarto de Sandra con las manos en la cabeza completamente desesperada. Quería patalear, gritar, llorar y refugiarme en mi cuarto mientras mi hermana por fin vestida con su camiseta y un pantalón de pijama largo temblaba junto a su cama a punto de echarse a llorar. Se mordía las uñas y las frotaba unas con otras de forma compulsiva.

– ¿Se lo va a decir? – Me preguntó nerviosa.

– ¿Yo que sé?. ¡Esto es por tu puta culpa! ¡No quiero que te acerques más a mí!. Ni me mires cuando nos crucemos ¿Te enteras? – Me puse mi camiseta de tirantes completamente fuera de mis casillas mientras Sandra se quedaba inmóvil mirando al suelo.

Llegué a mi cuarto y tuve que esforzarme por no dar un enorme portazo. Me tumbé en mi cama demasiado asustada como para llorar mientras esperaba que en cualquier momento mis padres entraran dando gritos. Pero lentamente los minutos pasaban y no escuchaba ningún grito en la planta de abajo y mis padres no habían subido a regañarnos. Comencé a convencerme de que Javi no se lo había contado.

Pasado un rato mi madre ya nos había gritado un par de veces desde el pie de la escalera para que bajásemos a comer. Sabía que el tercer aviso sería el último pero aún así me resistía a abandonar la seguridad de mi cuarto.

– ¡Como tenga que subir a por vosotras os vais a enterar! – Su último grito hizo que me levantara de la cama, me pusiera un pijama morado de pantalón y camisa largos y saliese del cuarto apresuradamente. Mi madre me miraba visiblemente enfadada y aquello hizo que me temblasen las rodillas. Con cada escalón que bajaba, más rápido me latía el corazón y más temía que en cualquier momento mi madre comenzara a gritarme por lo que había hecho con Sandra. Escuché a mi hermana salir de su cuarto y bajar tras de mí.

– ¿Se puede saber qué os pasa hoy? Ni siquiera os habéis aseado. ¿Hasta que hora os quedasteis despiertas? –

– No sé mamá… – Le dije al pasar por su lado. Ella puso la mejilla para que le diese un beso y enseguida me lamenté de no haberme aseado. Aún así no se me ocurrió otra cosa que dárselo y volverme nerviosa para ver a Sandra hacer lo mismo. Me miró un segundo como pidiendo ayuda y luego le dio un rápido beso para después entrar en el salón a paso ligero. Yo la seguía de cerca y acabé por arrollarla cuando se frenó en seco al hacer frente a la mirada de Javi que estaba sentado en el sofá.

– Buenos días niñas – Dijo nuestro padre sentándose en la cabecera de la mesa sin perder de vista la Fórmula 1 que daban en la tele.

– Buenos días… – Dijimos casi a la vez. Nos sentamos en nuestros respectivos sitios en la mesa que era una frente a la otra, pero evité mirarla para que no pudiera refugiarse en mí. Javi se levantó del sofá y se sentó junto a Sandra haciendo que fuese yo quien buscara refugio Mirándola.

– Huy… Parece que las princesas han tenido mala noche – Dijo mi padre divertido.

– O muy buena… – Soltó Javi dejándonos heladas. Junté las palmas de mis manos como si estuviese rezando y le supliqué en silencio que se callara mientras Sandra se escondía bajo su melena revuelta.

Por suerte la comida transcurrió en paz y Javi no volvió a lanzar indirectas aunque sus miradas eran continuas y punzantes. Ambas escapamos a nuestros cuartos tras terminar y nos mantuvimos alejadas de la actividad toda la tarde.

El ambiente en casa era tenso cada vez que coincidíamos entre los tres durante la siguiente semana. Rechacé hablar con mi hermana dos veces que se me presentó en mi cuarto a media noche y llegado el sábado siguiente al que nos había pillado nuestro hermano besándonos, su estado era lamentable. Estaba pálida, apenas comía, se aseaba lo justo y su pelo era un desastre. Era evidente que la situación la superaba porque sus ojos estaban casi siempre rojos y húmedos como si hubiese estado llorando. A mí cada vez me costaba más seguir enfadada y no preocuparme por ella.

Aquella noche pensando en Sandra y su estado, se me hizo tarde en el sofá del salón viendo un canal de música. Nuestros padres habían salido a cenar y tomar algo y como siempre que lo hacían, no esperábamos que volviesen antes de las 05:00 de la madrugada. Javi había salido de fiesta y mi hermana como de costumbre permanecía atrincherada en su cuarto. Yo aprovechaba para darme mi fiesta particular bebiéndome unos cubatas del mueble bar de mi padre a sabiendas de que si me pillaban se me caería el pelo. No estaba para nada acostumbrada a beber ya que eran pocos los sábados que me dejaban salir de fiesta y hacer botellón a escondidas con mis amigos, así que tres cubatas y medio eran demasiados para una chica de mi edad y constitución.

Sobre las 00:40 escuché a Javi entrar en el jardín discutiendo con alguien. Lo cierto es que me pareció más pronto de lo habitual para que volviese a casa, pero luego recordé que mis padres nos habían dejado a su cargo.

Me asomé por la ventana y le observé moverse de una forma extraña discutiendo por el móvil en voz alta. Rascaba la puerta  con la llave sin acertar a meterla dentro de la cerradura así que después de un rato y temiendo que despertara a todo el barrio corrí a abrirle.

– Mira Alba, no te pongas pesada ¿vale?. Son mis amigos – Yo le hacía gestos para que hablase más bajo pero el me ignoraba abiertamente. Se sentó en el sofá mientras yo cerraba la ventana y la puerta del salón.

– Pues piensa lo que quieras. Tus amigas a mi me parecen unas estúpidas y tú te vuelves igual cuando estás con ellas… – Me sorprendió que mi hermano diese ese tipo de contestación a Alba y deduje que la cosa iba en serio.

– ¿Cómo? ¿Me echas eso en cara?. Pues que te vayan dando por el culo payasa… No, que te den. Para lo poco que te mueves en la cama me la suda… Ale adiós – Y colgó. Yo estaba de pie frente a él incapaz de reconocer a mi hermano bajo esa actitud enfadada y extraña.

– ¿Y tú qué coño miras? – Me dijo furioso.

– Nada… Es que me preocupa verte así… – El olor a alcohol que desprendía su aliento me llegó de golpe y supe enseguida que estaba casi tan bebido como yo. Era una sensación extraña y me daba un poco de miedo ya que era la primera vez que le veía así.

– Pues a mi me preocupa ver a mis hermanas desnudas comiéndose la boca después de dormir juntas y no te he dicho nada ¿No? – Debí habérmelo imaginado.

– Eso fue un error… De verdad. Sólo pasó una vez… – Me senté a su lado para hablar bajito y de paso ver si así las cosas se movían menos a mi alrededor. Pero entonces me di cuenta de que se me había olvidado deshacerme del cubata.

– ¿Y crees que eso les va a parecer mejor a papá y mamá cuando se lo diga? –

– ¡Javi por favor! Tú no lo entiendes… – El miedo a que mis padres se enterasen me puso muy nerviosa y mis ojos se empañaron enseguida.

– Pues ayúdame a entenderlo – Se quedó esperando una respuesta pero ¿Qué podía decirle?. No podía explicarle que Sandra estaba enamorada de mí y mucho menos que yo lo estaba de él.

– Fu-fue… Por… curiosidad. Por probar… – Javi me miraba con los ojos entreabiertos y el rostro impasible. Había cogido mi cubata y lo olía tratando de averiguar qué contenía.

– ¿No eres demasiado pequeña para beber esto? – Dijo antes de pegarle un buen trago haciendo que un escalofrío recorriese mi espalda.

– ¿Te gustó? – Yo negué insegura pero sus ojos me intimidaban tanto que por un momento pensé que detectaría la mentira.

– Bueno… Si. Pero… – Contemplé como vaciaba el cubata de un segundo trago.

– ¿Eres lesbiana o bisexual? – Tanta pregunta estaba empezando a crisparme y me limité a encogerme de hombros incómoda.

– Mira Javi… Ya te he dicho que fue un error que no va a volver a ocurrir… ¿Podemos olvidar el tema y seguir adelante? –

– ¿Olvidarlo? Tú estás loca. Quiero verlo – Dijo con rotundidad.

– ¿Qué? –

– Que quiero veros follar – O yo estaba demasiado borracha o se había vuelto loco de repente.

– Déjate de chorradas Javi… –

– Lo digo en serio. Vamos a llamar a Sandra – Aquella situación se me estaba yendo de las manos y traté de impedir que se levantara del sofá. Obviamente no lo logré.

– ¿Qué?… Pero Javi… ¿Ahora? – Mi corazón se aceleró por el pánico.

– Si. Cuando os pillé dijiste que haríais lo que fuera para que no lo contara. Tú decides…

– Me dejé caer sobre el sofá tapándome la cabeza con las manos tratando de encontrar alguna salida. Cuando comenzó a subir la escalera llamando a mi hermana salí disparada detrás de él.

– ¿Donde vas? ¡Joder! ¿Se te ha ido la olla? – Me colgué de su brazo y logré detenerle a media escalera más por su falta de equilibrio que por mi peso.

– ¡Sandra! !Sandra! – Traté de taparle la boca con las manos pero fue inútil. Mi hermana salió de su cuarto apresuradamente hasta llegar junto a la escalera.

– ¿Qué pasa? – Preguntó sobresaltada. En ese momento los dos nos quedamos mirándola en silencio. Era evidente que Javi dudaba y que yo estaba temblando y cuando ella lo notó, bajó un par de escalones y preguntó con más insistencia.

– ¿Pasa algo? –

– Si. Que voy a decirle a mamá y papá lo que os pillé haciendo – En medio segundo ella se puso pálida y tensa y se quedó tan clavada en el sitio que parecía una figura de cera.

– Javi tío… ¡No seas así por favor! – Le supliqué.

– Hacer lo que he dicho y me olvido del tema… – Su determinación comenzaba a enfadarme.

– ¿Que hagamos el qué? –  Me pregunto ella confusa.

– Nada Sandra. No le hagas caso que ha bebido más de la cuenta… –

– Mira quien habla… ¿Sabe papá que te estás cargando la botella de ron?. Que guay. Cuantas cosas tengo para contarle… – Su expresión era maliciosa y me dolía que fuese tan dañino conmigo.

– ¡Jolín Javi! ¿Qué te hemos hecho para que nos hagas esto? Lo que hagamos nosotras es asunto nuestro y no te tienes que meter tío… – Le gritó Sandra en un arranque de coraje.

– Entonces me callo y dejo que mis dos hermanas sigan haciendo la tijera ¿no?… Claro – Dijo en tono sarcástico.

– Vale. Vamos a calmarnos y lo hablamos mejor mañana tranquilos los tres… – Dije a la par que Sandra asentía dándome su apoyo.

– ¡Qué no! Que no me vas a liar. O hacéis lo que te he dicho o aquí va a arder Troya… – Sandra me miraba sin entender a que se refería pero tras ver que yo me angustiaba y no quería decírselo buscó la respuesta en Javi.

– ¡Jolín, Vale! hacemos lo que tú quieras. ¿Qué quieres? ¿Nuestras pagas? ¿Que recojamos o lavemos los platos cuando te toque? ¿Que limpiemos tu cuarto todos los días? –

– ¡Quiero veros follar! – El silencio era tan denso que apenas me permitía respirar. Sandra se sonrojó al instante y se puso echa un manojo de nervios sin dejar de mirarme en busca de salvación.

– ¿No? Pues vosotras lo habéis querido. Mañana sabremos lo que les parece a ellos – Me apartó de un empujón y subió la escalera. Mi hermana se apartó de su camino para no llevarse otro empujón. Cuando se perdió por el pasillo y se encerró en su cuarto me senté en el sofá desquiciada. Ella también estaba fatal y se sentó a mi lado.

– Lo siento Sonia… Todo esto es mi culpa… – Dijo deshecha en lágrimas.

– No… Tú no tienes la culpa. No me obligaste a nada. Te culpé yo a ti por qué estaba asustada y no supe cómo reaccionar… – Besé su mejilla y agarré sus manos para tranquilizarla.

– A lo mejor no le creen… – Dijo tras unos minutos y algo más calmadas.

– Da igual, aunque no le crean se va a liar gorda y no volverá a ser como antes. Además, ¿Tú no crees que de vez en cuando no les entrarán las dudas? ¿Por muy absurdo que les parezca? Por qué yo creo que si… – Ella se quedó pensativa.

– ¿Por qué quiere mirar? ¡Jolín, No lo entiendo! – De nuevo apareció ese tic que hacia que se mordiese las uñas y se las raspase unas con otras.

– No se… Por qué está borracho. O por morbo. Vete a saber… – Su pierna izquierda no paraba de temblar y puse una mano en su rodilla para calmarla. Mi vaso del cubata estaba vacío pero aún le quedaban hielos así que me eché un poco de ron y un poco de Fanta limón y comencé a beber.

– ¿Y qué hacemos? – Su mirada de nuevo demandaba auxilio.

– Buuuf. No sé Sandra… Tú… ¿Lo harías? – Se lo pensó unos segundos y luego asintió insegura.

– Me da cosa hacerlo delante de Javi… Pero si no hay otra solución, creo que si podría… ¿Y tú? – “Buena pregunta” pensé. Pero lo cierto es que en mi interior no tenía ninguna duda de que si. Acostarme con ella de nuevo no era un problema mayor que el echo de que él nos estuviese mirando mientras lo hacíamos. Pero tal vez mi instinto de supervivencia fuese mayor de lo que pensaba. Asentí con resignación.

– ¿Entonces…? – No terminó la pregunta pero me la imaginaba.

– Si. Vamos a hacerlo y ya está. Nos olvidamos de esto de una puta vez. Pero después quiero que volvamos a estar unidas. No voy a dejar que te vengas abajo otra vez y menos por Javi – Asintió esbozando una pequeña sonrisa y me quitó el cubata para beber ella.

– ¡Puag! – Dijo con una mueca de asco. Traté de coger el vaso pero ella volvió a beber y beber y beber hasta que se lo terminó. “Que beba, así será más fácil para ella” pensé. Volví a llenarlo con el poco ron que quedaba y le eché limón. De nuevo tras beber un poco, ella cogió el cubata y bebió apresurada.

– ¡Hey hey hey! Te va a sentar mal cielo. Que tú no bebes… – Luchamos entre risas por el cubata y finalmente ganó ella debido a mi estado.

– Si me lo bebo yo no te lo bebes tú. Que ya vas bastante mal – Dijo volviendo a ponerse seria. “Lo hace por mí” pensé dejándola beber.  A veces me costaba no verla como una niña e incluso hay quien diría que aún lo es, pero lo cierto es que si yo podía tomar mis propias decisiones, estaba segura de que ella también.

Con dos cubatas en el cuerpo bebidos a toda prisa, mi hermana decidió darse una ducha antes de ponernos con lo que nuestro hermano quería a cambio de su silencio. La verdad es que ese respiro me vino bien para mentalizarme con lo que estaba pasando y mantener a raya mi estado de embriaguez.

Casi 30 minutos más tarde ella salió de la ducha envuelta en una toalla blanca, yo me había puesto un pantalón de pijama azul clarito y fino y una camiseta de manga corta azul marino bastante vieja y que utilizaba para estar cómoda en casa. Debajo no llevaba sujetador.

Nos reunimos frente a la habitación de mi hermano.

Su pelo estaba mal secado y revuelto y por su piel resbalaban un sinfín de gotitas brillantes. La veía más entera que antes quizás por los dos cubatas que se había tomado, pero seguía notablemente nerviosa.

– ¿Me pongo algo de ropa? – Preguntó inquieta. Negué con la cabeza. Era inútil ya que le iba a durar poco. A continuación cogí su mano y la traje hacia mí sorprendiéndola con un tierno beso. Acarició mis mejillas, mi cuello, mis hombros y mi espalda con sensualidad, reencontrándose con mi cuerpo después de una semana. No podría decir los minutos que nos mantuvimos unidas pero fue tan bonito y tierno que hasta a mí me dio pena dejar sus labios consciente de que corría peligro de volverme adicta a ellos.

– Este ha sido sólo para nosotras – Le dije.

– Buuuf Sonia… Estoy muerta de miedo… No paro de darle vueltas… ¿Qué quiere? ¿por qué nos hace esto? –

– No lo sé cielo, pero yo voy a estar contigo. No vas a estar sola ¿Vale? – Noté sus dudas bajo esa expresión triste y me propuse hacer lo que fuera para impedir que se me viniese abajo. La besé de nuevo para obligarla a mirarme.

– Vamos a acabar con esto Sandra, luego estaremos solo las dos. Sólo nosotras… Siempre que tú quieras. Si aún me quieres claro… – Dije guiñando un ojo con expresión picarona. Ella sonrió profundamente haciendo que sus ojos se iluminasen y tras un fuerte abrazo decidimos no demorarlo más. ¿Se lo había dicho en serio o fue cosa del alcohol? A día de hoy aún no lo sé.

Respiré hondo, llamé a la puerta y entré seguida de mi hermana que no perdía el suelo de vista. Javi estaba tumbado en su cama a oscuras escuchando música y se incorporó enseguida con cara de pocos amigos.

– ¿Qué coño queréis? – El tono de su voz asustó a Sandra que retrocedió un paso hasta que agarré su mano y la hice mantenerse cerca mía.

– … Hemos estado hablando y… Bueno… Que si. Que vamos a hacerlo… – El rostro de Javi reflejó su sorpresa al instante y poco después dibujó una sonrisa maliciosa observándonos de arriba a abajo.

– Muy bien. Aquí tenéis la cama… Toda vuestra – Dijo mientras salía de ella y se sentaba en la silla de escritorio. Al encender su lámpara de estudio para vernos bien llevé a Sandra conmigo junto a la cama, pero nos costó empezar.

Después de un par de minutos tan sólo estábamos acariciando los brazos y manos de la otra por lo que Javi decidió “ayudar”. Se levantó de su silla y arrancó la toalla del cuerpo de Sandra de un tirón dejando al aire su cuerpo desnudo. Ella trató de recuperarla y después de cubrirse con las manos desesperadamente pero agarré su rostro e hice que me mirara.

– ¡Mírame! Sandra cariño escucha… Mírame… – Ella me miró a los ojos con los suyos empapados.

– Tú mírame. Así. Eso es cariño… Concéntrate en mí. Aquí sólo estamos las dos solas. Sólo tú y yo – El beso que le planté hizo que cerrara los ojos y se calmase poco a poco mientras yo lanzaba a nuestro hermano una mirada fulminante. Él la percibió y borró su sonrisa maliciosa al sentarse de nuevo en la silla.

La respiración de ella era agitada y sus movimientos tensos y torpes, aunque poco a poco con mis manos acariciando sus tetitas y su torso conseguía que se metiera en el papel olvidándose de que nuestro hermano nos observaba.

Conduje sus manos bajo mi camiseta y ella la levantó haciendo que me la quitara. Me esforcé por evitar que la vergüenza me invadiera y decidí imaginar que él no estaba tal y como yo le pedía a ella. Pero la verdad es que me resultaba bastante difícil hacerlo ya que continuamente me asaltaban imágenes de mi hermano haciéndome el amor provocando que me excitase por segundos.

– Eso es, cielo… Lo estás haciendo muy bien – Mis palabras de ánimo hacían que se mantuviese concentrada y se empleara más a fondo mientras yo no le quitaba ojo a Javi.

Él nos contemplaba pasmado e inmóvil sin perder detalle.

Pronto llegó el turno de mi pantalón cuando ella comenzó a acariciar mi entrepierna suavemente, por lo que me lo quité sin mucha floritura seguido por mis braguitas. Aquello hacía que Javi se agitara en su silla nervioso ya que la visión de sus dos hermanas en esa actitud era nueva para él y quizás también excitante.

No perdía detalle de nuestros cuerpos desnudos mientras sus ojos permanecían abiertos como platos.

Hice que mi hermana se tumbase en la cama boca arriba mientras la mantenía distraída con besos en su cuello y caricias entre sus piernas. Comenzaba a estar húmeda pero su actitud aún era muy tensa y con frecuencia tenía que guiar sus manos por mi cuerpo.

Lo cierto es que poco a poco mi vergüenza iba desapareciendo e incluso estuve tentada de acariciar el cuerpo de Javi cuando se puso de pie para poder vernos mejor. Pero lo saqué de mis pensamientos por qué para mí era más importante que Sandra no se me viniese abajo. Era mi hermana y la quería. Y ya que Javi nos obligaba a estar en esa situación no iba a permitir que saliese de ella con un trauma incurable.

Cuando mis dedos comenzaron a penetrarla lentamente ella esbozó una mueca extraña y no supe si era de dolor o placer.

– ¿Te gusta? – Pregunté mientras mis labios dejaban un rastro húmedo que descendía desde su barbilla hasta su cuello. Ella se limitó a asentir mientras yo seguía descendiendo por su cuerpo y atrapaba uno de sus pezoncitos con mis dientes sin llegar a apretar. Recordaba que ese juego le había excitado mucho la última vez y decidí explotarlo de nuevo rozando con cuidado la línea entre dolor y placer. Ella se fue soltando cada vez más hasta el punto de emitir leves gemidos de vez en cuando.

Yo no tenía mucha experiencia y no se me ocurrían muchas más formas de provocarla placer y tampoco me apetecía mucho practicarle sexo oral. Pero una vez más fue mi hermano quien decidió “ayudar” cuando puso su mano en mi cabeza y tras un par de caricias comenzó a empujar obligándome a descender.

Sandra le miraba asustada y notaba como iba retrocediendo su actitud dejándome pocas opciones.

Temiendo que en cualquier momento se echara atrás, la obligué a mirarme torciendo su rostro con la mano y le dediqué la mirada más lasciva que jamás le he dedicado a nadie mientras mi lengua descendía por su cuerpo.

Me coloqué a cuatro patas para estar más cómoda de modo que mi culito resaltaba en contraste con mi cabeza que lentamente descendía hacía su entrepierna.

No sabía si me daría asco lamer su sexo, nunca antes lo había hecho pero lo cierto es que estaba bastante excitada y no me paré demasiado a pensarlo cuando mis labios encontraron los primeros rastros de bello. Era suave, escaso y débil.

Enseguida noté el aroma que desprendía su interior y aunque no me agradaba mucho, tampoco era excesivamente desagradable.

Mi lengua no tardó en llegar a su sexo y sin tener mucha idea de que tenía que hacer comencé a lamer.

El sabor agrio de su interior inundó enseguida mi paladar mientras mi lengua recorría sus labios vaginales arriba y abajo deteniéndose cada vez en su clítoris. Mientras, mis dedos seguían dando un lento pero metódico masaje a su vagina.

La respiración de Sandra se aceleró en poco tiempo a la par que se mantenía concentrada en la situación olvidándose de Javi por el momento. Pero ¿Y Javi?. Preocupada por dar placer a mi hermana me había olvidado de él, así que proseguí masturbándola pero levanté la cabeza para buscarle.

Para mi sorpresa, mi hermano se había colocado detrás de mí para tener una visión más completa de mi “parte trasera” mientras escondía su mano bajo su pantalón vaquero acariciándose. Al principio se quedó cortado por haberle pillado, pero en los segundos siguientes mi mente fabricó un montón de situaciones ficticias en las que en la totalidad de ellas ambos estábamos teniendo sexo de todas las formas y colores, disparando mi excitación aún más. Tal vez él lo notó o lo vio reflejado en mi rostro, porque desabrochó lentamente su pantalón vaquero, lo dejó caer hasta sus rodillas y luego hizo lo mismo con su ropa interior.

Su pene no era de un tamaño descomunal, pero desde luego a mí no me parecía pequeño. Había visto pocos en mi vida. A algunos incluso los chupé y a otros solo los masturbé, pero ninguno era de ese tamaño. Aunque también era verdad que Javi era ligeramente mayor que cualquiera de los chicos con los que había estado. En cualquier caso era todo lo que yo deseaba en ese momento pero… Sandra, la situación… Todo estaba en mi contra.

Mi hermano se masturbaba lentamente sin dejar de alternar su mirada entre mi “parte trasera” y mis ojos con la melodía de los leves gemidos que Sandra trataba de ahogar en su garganta.

Para mi sorpresa, Javi posó su mano izquierda en mi trasero y lo comenzó a acariciar cada vez con más descaro. Mi corazón estaba a punto de colapsarse cuando se arrodilló en la cama y su pene quedó a pocos centímetros de mis labios. No hizo falta que lo acercara más porque en un rápido movimiento lo introduje todo lo que pude en mi boca.

Sandra seguía absorta en el placer que mis dedos la provocaban y permanecía con los ojos cerrados ajena a lo que yo estaba haciendo. “¿Qué leches estoy haciendo?” me pregunté. Pero en ningún momento me planteé parar por que por primera vez, podía expresar mi deseo libremente.

El sabor salado de su pre-semen se mezcló en mi boca con el regustillo amargo del interior de mi Hermana y no tardé en sentir mi saliva densa y abundante. Para mi desgracia Javi sacó su pene de mi boca y me condujo de nuevo a la vagina de Sandra, quien estaba bastante caliente a esas alturas y presentía que cada vez estaba más cerca de acabar. Resignada, volví a lamer su sexo sin dejar de pensar que los fluidos de nuestro hermano ahora cubrían su entrepierna. Extrañamente eso me provocaba cierto morbillo, que se disparó cuando él comenzó a acariciar uno de mis pechos.

Durante los minutos siguientes fui alternando entre la vagina ella y el pene de él haciendo que la temperatura en el cuarto se disparase. Ambos éramos conscientes de que Sandra estaba al borde del orgasmo porque ni siquiera se dio cuenta de que Javi frotaba sus pechitos. Hasta que finalmente sucedió.

Mi hermana inspiró profundamente tensando su cuerpo y arqueándolo sobre un costado. Cuando soltó todo el aire de golpe, un profundo gemido escapó de su interior mientras sus manos agarraban la mía obligándome a penetrarla a toda prisa para poco después tratar de detenerme entre quejidos y contracciones. Mis dedos quedaron empapados en su interior que se derramaba levemente resbalando hasta su ano.

Mientras tanto, mi hermano había recogido mi pelo entre sus dedos y me obligaba a volver a practicarle una felación de forma más agresiva. Su excitación quedaba reflejada en la erección de su pene que parecía a punto de estallar en mi boca, pero pasaron unos largos segundos y mi hermano no se corría.

Para entonces, mi hermana Sandra recobraba el aliento medio incorporada mientras observaba asustada cómo yo atrapaba con mis manos el pene de Javi y lo devoraba despiadadamente.

Desesperada, por que tal vez esa iba a ser la única forma de poseer su cuerpo antes de que se impusiera el sentido común que el alcohol había ocultado.

Una vez más, él retiró su pene y me condujo junto a Sandra para que la besara. Ella trató de resistirse y apartarse pero mi insistencia tuvo resultado. Su gesto se torció con desagrado al saborear el semen de mi boca y más aún cuando Javi comenzó a acariciar sus pechos. Trató de apartar su mano pero él insistió.

– Tranquila cielo… Sólo estamos tú y yo… Tú y yo… Concéntrate en mí… – Mi grado de excitación era imposible de imaginar, hasta el punto de dirigir la mano de Sandra a mi sexo mientras la continuaba besando y con la mía masturbaba a Javi. No era consciente del egoísmo que mostraba al arrastrar a mi hermana a aquello. Antepuse mi placer a su bienestar y no pensé en el daño que la podía estar haciendo.

Ahora era yo quien estaba a punto de correrme cuando los dedos de mi hermana asediaban mi clítoris sin muchas ganas pero Javi se acercó a nosotras y separó nuestros labios con su pene que comenzaba a gotear lentamente. Ella dio un respingo asustada mientras yo me lanzaba a lamer con avidez.

Fuera de mí, en una actitud de la que no estoy orgullosa, atraje a Sandra hacia el pene cuando Javi se lo acercó de nuevo a los labios.

– Hazlo… – Le susurré.

– No… – Dijo al borde de las lágrimas.

– Hazlo por mí… Porfi… – Ella estaba visiblemente nerviosa y decidí guiar su cabeza hacia el pene de Javi.

– Me dijiste que me querías Sandra… Si quieres estar conmigo, hazlo… – Le susurré al notar que se detenía en el último momento. Su rostro se ensombreció por mis palabras y las lágrimas resbalaron por sus mejillas mientras me dedicaba una mirada de tristeza y decepción. Si sentí algo en aquel momento, lo enterré en el fondo de mi alma y aguardé su decisión mientras yo misma me daba placer.

Su decisión no se demoró mucho y abrió su boca para acabar atrapando el pene de nuestro hermano entre sus preciosos labios. Era torpe e inexperta y estaba nerviosa, asqueada y triste. Pero observé la expresión de Javi y por mal que nuestra hermana se la chupara, le estaba dando un placer inmenso.

Mientras tanto, yo seguí masturbándome a toda prisa deseando correrme lo antes posible. Javi me acariciaba el cuerpo y de vez en cuando me permitía relevar unos segundos a Sandra chupando su miembro para que se recobrara. Luego, guiaba su cabeza de nuevo para que prosiguiera.

Después de unos pocos minutos yo ya no podía más. Mi hermano estimulaba mi clítoris mientras mis dedos ya entumecidos lograban su objetivo provocándome un orgasmo como jamás imaginé. Espasmos descontrolados contraían mis muslos y mi estómago mientras un enorme chorro salía disparado para perderse entre las sábanas. Mis gemidos retumbaban en las paredes y provocaban en Javi un placer añadido. Sujetaba la cabeza de nuestra hermana follandose su boca que estaba roja por el esfuerzo mientras ella trataba inútilmente de separar su cuerpo entre quejidos. Su cara estaba empapada en sudor y lágrimas tanto como su boca y su barbilla lo estaban de pre-semen, que escapaba por la comisura de sus labios en espesos y pegajosos hilillos blanquecinos.

A medida que mi tremendo orgasmo desaparecía, culpa, vergüenza y miedo comenzaban a asediar mi pecho mientras observaba como Sandra escapaba por fin de Javi, echándose encima de mi pecho y escupiendo sobre él semen entre tos y arcadas. Nuestro hermano había empezado a correrse en su boca.

Un segundo chorro salió disparado contra la mejilla de ella y mi pelo y un tercero más débil pero mejor dirigido se estrelló en mi boca entreabierta. Hubo algún chorro más que se perdió entre las sábanas, entre los jadeos de mi hermano.

Ella sollozaba con su frente apoyada en mi hombro, abatida, humillada, inconsolable, mientras que yo saboreaba el semen que me acababa de tragar. Comenzaba a darme cuenta de lo que acabábamos de hacerle. Incluso él debía de estar pensándolo porque nos contemplaba sorprendido y asustado.

– Sandra cielo… Ya está… Se acabó – Y tras escuchar esas palabras se puso en pie tapándose el cuerpo como podía y escapaba del cuarto a la carrera. Yo la seguí de cerca llamándola desesperada y me la encontré frente a la puerta del baño vomitando en el suelo de rodillas y orinándose encima.

Sujeté su cabeza arrodillándome junto a ella en el charco de orina y apartándole el pelo.

“¿Qué hemos hecho? ¿Qué coño le acabo de hacer?” pensaba desesperada mientras la obligaba a levantarse. La senté en el váter mientras abría la ducha con agua caliente y esperaba a que se regulase la temperatura. No dejé de tratar de calmarla y consolarla ni un segundo mientras ella mantenía su rostro hundido entre sus manos haciendo que su llanto sonase distorsionado.

En cuanto comprobé el agua y estuvo a una temperatura correcta agarre a mi hermana por la cintura  rodeándola con un brazo y la obligué a entrar conmigo en la ducha.

Al notar el agua ella dio un gritito y se dejó caer hasta quedar sentada en el suelo. Yo me arrodillé a su lado.

– Ya está mi niña… Ya se ha acabado… ¡Joder! Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento… Lo siento muchísimo… ¿Qué he hecho?… Esto es culpa mía – Le susurraba desesperada limpiando a conciencia su cara con mis manos.

No me dirigió ninguna palabra. Ni una sola mirada, ni tan siquiera un grito o golpe. Tan solo se quedó inmóvil apoyada en mi cuerpo ahogando contra él un llanto que me partía el alma.

Durante casi una hora permanecimos sentadas bajo la ducha dejando que el agua caliente limpiara nuestras lágrimas y nuestro dolor. Sintiéndome mal por lo que había pasado y porque ahora más que nunca, era una niña que se aferraba a mi cuerpo desconsoladamente.

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