Regalo


Hacía mucho, pero que mucho tiempo que Covi pensaba en regalárselo a su marido.

Su relación era buena, llevaban muchos años casados, otros tantos juntos y ambos sabían que tanto el uno como el otro habían tenido algún escarceo extramatrimonial. Nunca quisieron saber hasta donde, pero ambos lo sabían.
La pareja de trentaitantos, como tantas otras, era absolutamente normal, con sus bajones, sus alegrías y sus penas. Con respecto al sexo, que es lo que nos ocupa en este blog, las cosas comenzaban a enfriarse. Cuando lo hacían, lo hacían bien, sin prisa y disfrutaban los dos, pero la rutina y quizás el cansancio hacia mella y sus encuentros sexuales no pasaban de uno o dos al mes.

Covi tenía la persona ideal, era una amiga del trabajo, Bea. Una chica muy atractiva, más joven que ellos, 25 años y muy fogosa.

Covi lo había comprobado en un par de ocasiones en las cenas de empresa, por como bailaba tanto con chicos como con chicas, por como salía de los baños de alguna disco despeinada y limpiándose la comisura de los labios.

Covi sabía de sobra que no salía de beber agua del grifo.

El plan era dar una sorpresa a su chico. Una noche en su casa, vendarle los ojos y hacer que pasara Bea.
Pero no os confundáis, ella no quería un trio no, eso era peligroso y confuso. Ella quería regalarle una felación a dos bocas, cuatro labios y un par de lenguas. Una de las fantasías más típicas y excitantes de todo hombre.
Con esta idea se ahorraba que su marido metiera su polla en el coño de otra mujer, confusiones y celos. Covi lo tenía todo planeado, al milímetro: Su marido atado, vendado y boca arriba en la cama. Primero comienza Covi, luego hace pasar a Bea, las dos le maman la verga hasta que noten que va a explotar, deja ver al marido lo que pasa en sus bajos y luego Covi y solo Covi se lo folla, mientras Bea mira y hace lo que le de la gana, luego si todo va bien, otra mamada doble y se repite el cuento.
Ese era el plan a grandes rasgos.

Pero como en todo plan hay un preparativo, y el primero era decirle a Bea lo que tenía pensado.
Se conocían desde hacía 5 años, tomaban el café de las 10:00 juntas y hablaban de sus cosas, pero pocas veces intimaron, con lo cual la conversación iba a resultar violenta y difícil.

En el café del lunes Covi comenzó a preguntarle cosas a Bea más personales: Si tenía novio, novia, si salía muchas noches. Covi sin sospechar nada, le respondía confiada

En el café del martes Covi sacó el movil y fingiendo que mensajeaba a su marido acabó por enseñarle una foto del susodicho a Bea, la cual elevó las cejas en una señal de aprobación muy típica de las mujeres.

En el café del miércoles Covi le dijo a Bea que ella y su marido habían tenido sendas aventuras extramatrimoniales hacía ya bastante tiempo, pero que ambos las sabían y que se habían perdonado. Bea, para satisfacción de Covi, quiso saber en que habían consistido dichas relaciones, a lo que Covi respondió inventándose ambas, ya que como os había comentado antes, no las sabía.

En el café del jueves Covi le dijo a su amiga que le había enseñado su foto del Facebook a su marido y que este la había dicho que "tenía una amiga muy, muy atractiva". A lo que Bea, divertida y ligeramente ruborizada, contesto "dile que su mujer también es muy atractiva... como el"

 En el café del viernes Covi le soltó la bomba:

-Bea, quiero proponerte algo, no espero que me digas que sí, y tampoco espero que te enfades o te parezca mal. Te conozco, eres muy bonita y si te ofrezco esto es por que confío en ti y sé que entenderás mi propuesta.
-Huyyy, Covi, me estás poniendo nerviosa, ¿qué necesitas?
-Quiero hacerle un regalo a mi marido..... y te necesito. Bea abrió los ojos mucho, y de su boca igualmente abierta no salió ni una palabra.
-No, no es ni un trio, ni que tu te acuestes con el - Aclaró Covi Bea se relajó.
-¿Entonces?
-Quiero hacerle..... una felación.... contigo - Logró decir Covi roja de vergüenza y no pudiendo mirar a su amiga a la cara. Después de varios segundos de incómodo silencio, Bea reacciono.
-Pero estás loca? El lo sabe? Te parezco tan puta como para aceptar?-

Covi no sabía donde meterse, no había sospechado que la reacción de Bea pudiera ser tan mala.
-Perdona, perdona, de verdad, lo siento, pensé que.... no sé que pensé, perdóname, lo siento en el alma-

Y con estas palabras se levantó de la mesa y se fue con un paso más que ligero.

Covi se metió en su despacho y no salió de allí en toda la mañana, no quería por nada del mundo cruzarse con Bea. Pensó que lo mejor sería enviarle un mail pidiendole perdón y discreción a partes iguales, que ella olvidaría el tema y que entendería que no le volviera a dirigir la palabra nunca más. Justo cuando estaba abriendo el programa de correo electrónico, le sonó el móvil. Desbloqueó la pantalla y allí aparecieron las palabras que por nada del mundo esperaba:

"Nuevo mensaje de Beatriz"

Suponiendo que le diría de todo menos palabras bonitas abrío el mensaje y allí aparecieron otras palabras que esperaba mucho menos:

"Lo harémos. Quiero que estés conmigo todo el rato. No me dejes a solas con el"

Escueto y claro. Covi no sabía como actuar, así que locura por locura:

"Acepto todas tus condiciones. Muchas gracias de corazón. Mañana a las 20.00 en mi portal"
Y escribiéndole la dirección de su casa cerró el móvil.

A las 15.00 ambas chicas se cruzaron en la puerta de salida de su trabajo. Covi no sabía como reaccionar, pero Bea le lanzo una leve sonrisa.



El marido de Covi era un chico de estatura media, buen físico y atractivo, llevaba bien la edad que tenía y atraía a las mujeres.
El sábado se levantaron los dos sobre las 9 de la mañana y Covi tenía un brillo especial en los ojos.
Hicieron vida normal, rutina de fin de semana, prepararon un desayuno copioso, salieron a hacer compra, comieron, pequeña siesta y.... justo en ese momento toda la rutina del sábado se fue al traste.

-Quiero que hoy no salgamos, quiero darte placer esta noche... como nunca lo he hecho - Le espetó Covi a su chico.

-Wow, suena bien - Dijo torpemente su marido.

Covi le tomó de la mano y se lo llevó a la habitación. Le ordenó que se desnudara delante de ella que, sentada al borde de la cama, le observaba sin perder detalle. Cuando se plantó delante de ella, completamente desnudo, Covi le tomó la ya semi erecta polla con las manos y se la llevó a la boca.
Un leve "MMMMMHHH" hinundó la habitación.

Covi sabía lo que le gustaba a su chico y sin soltar la polla de este, comenzó a quitarse la ropa que podía. Pantalones, calcetines, tanga. cuando quiso quitarse la parte de arriba solto la verga ya durísima de su chico y se deshizo de camiseta y sujetador.

El cuerpo de Covi era muy bonito, cintura delgada, unos pechos pequeños y muy elevados, y un culo grande pero en su sitio.

Ya desnudos los dos, Covi hizo tumbarse a su marido en la cama, boca arriba. Con su lengua recorrió de arriba a abajo el cuerpo de su chico. Sacó de debajo de la almohada dos cinturones de los dos albornoces que usaban ella y su marido y con un rápido movimiento, ató a su chico las manos a la cama. Este no pudo más que abrir los ojos y sonreír nervioso, excitado... preocupado?
Una vez bien atado, Covi miró el reloj de mesita que tenían en la habitación. Marcaba las 19:58 Por un momentos y durante 3 minutos, mientras estaba sentada, perdida en sus pensamientos, masturbando lentamente a su marido, sin mirarle.... supo que Bea no vendría.
"Hubiera sido demasiado fácil" pensó Covi. Volvió a mirar el reloj: 20:01 y el timbre de la puerta sonó.
Su marido sobresaltado, bufó quejándose, pero solo tuvo unos segundos de realidad. Los justos para darse cuenta de que Covi le dejaba allí, desnudo, atado y empalmado, mientras ella se levantaba de la cama, se ponía su albornoz (sin cinturón) y se dirigía a abrir la puerta.

Con un "Pero Covi vístete...." la chica desapareció de la vista de su marido.

En el recibidor, Covi abrió la puerta y allí estaba Bea. Vestía un vaquero cortado muy arriba, con sandalias, una camiseta blanca casi transparente y gafas de sol.

-Gracias por venir - Susurró Covi dándole dos besos
-De nada... esto es una locura Covi, yo...-

En ese momento, de la otra parte de la casa las interrumpió la voz del marido diciendo "¿Quien es?"

Covi tomó de la mano a Bea y la llevó a la habitación contigua al dormitorio.

-Está desnudo y atado. Yo también creo que es una locura. Ya no sé qué hacer- Reconoció una nerviosa Covi tomando las manos a Bea
 -Está bien, tranquila, todo es cosa tuya, si quieres dejarlo, me voy sin hacer ruido- Bea bajó la cabeza, estaba nerviosa, asustada
-Verás... yo... tu... no sé...- Covi le levantó la cabeza y con un pequeño beso en los labios le susurró "Vamos a hacerlo".

Bea sonrió.


Covi apareció en el dormitorio de nuevo. Sonriente se sentó en la cama al lado de su maniatado marido

-Tranquilo, solo era una vendedora-

Sin más abrió el armario y sacó una corbata, con un suave beso en los labios se la colocó a su marido alrededor de la cabeza a su marido, cegándolo. La respiración de este volvió a ser rápida, la excitación había vuelta tras la interrupción.
Covi bajo parándose en cada poro de su cuerpo, besándolo, hasta que se volvió a encontrar con la polla de su hombre. La tomo con la boca, sin tocarla con las manos. Movimientos profundos pero suaves, hasta el fondo de su garganta.

Covi levantó la cabeza y vio a Bea, en la puerta, con sus braguitas blancas y su sujetador a juego. Mirando nerviosa, con un dedo en sus labios.
La imagen era de una niñita asustada.

Covi dejó la polla de su marido y se acercó a ella. La tomó por la mano y la acercó a su chico. Este levantó la cabeza, extrañado por la desaparición de la boca de su chica en su abrazo a su verga.

Las dos se arrodillaron delante de los pies de la cama, con la visión de los huevos y la dura polla del chico delante suya. Covi no dejaba de masajearla, mientras que Bea no miraba la polla, miraba las manos, la cara, los brazos de su amiga.
Covi en una mezcla explosiva de celos y sobre excitación, tomo la polla por su base y se la ofreció a Bea con una sonrisa nerviosa. Bea reaccionó de una forma sorprendentemente cómica: se llevó la mano a la frente en un gesto de sorpresa y humor, sonriendo y negando con la cabeza.
La complicidad de las dos chicas se vio interrumpida por el "Covi, ¿Que haces? Me estás volviendo loco" que dijo su marido con las manos atadas y con los ojos vendados.
Covi volvió su vista a Bea que, mordiéndose el labio inferior, se acercaba peligrosa y lujuriosamente a la polla del hombre.

Los celos iban en aumento exponencialmente según se acortaban los centímetros de la polla de su marido a los labios de Bea. La excitación apareció potentemente cuando esos mismos labios rodearon el glande de su marido y Bea cerró los ojos. El "MMMMMHH" de su chico hizo que a Covi su entrepierna le vibrara.

Bea solo se había metido el glande en la boca, pero lo besaba, succionaba con cuidado. Covi sabía que esa maniobra a su chico le volvía loco y eso la volvía loca a ella también.

El chico no sospechaba nada, el solo sentía placer, mucho placer.

Fue justo en el momento en que entrecerró sus piernas levemente en torno al cuello de Bea cuando comenzó a sospechar algo, ya que es un movimiento que a su mujer le encanta y que responde con sus manos rodeando el abdomen de su amante. Pero en este caso no.

Ahora los labios de Bea bajaban ligeramente y volvían a subir. Lo hacía muy despacio.
Covi se estaba dando cuenta de que su amiga era una experta mamadora. Sin usar dientes, solo labios y lengua. Su marido levantaba las caderas (signo inequívoco de que le estaba volviendo loco) Covi estaba muy excitada, demasiado. Decidió actuar y levemente tomo la nuca de Bea, por debajo de su pelo y le marco un ritmo suave, despacio, practicamente el mismo que llevaba su amiga... pero Covi quería tocar, sentir.

La imagen de una chica mamandosela a su marido, este retorciendose de placer y ella ayudando a la "extraña" hacía las delicias de su coño.

Bea subió la boca y dejó al aire la más que brillante y dura polla. Tuvo la elegancia y el valor de pasar su mano por la polla del hombre para limpiar su saliva de la misma y tomando por la nuca de la misma manera que se lo había hecho a ella, hizo que Covi bajara a mamar la polla que por papeleo le pertenecía. Allí la tomó.
En ese momento en la cabeza de su marido una chispa saltó. no sabía decir que pasaba, pero pasaba algo, extraño, inusual... pero no sabía decir que era. Solo pudo esbozar un "Uuuuf, nena me estás matando" Covi mamaba deliciosamente la polla de su hombre, mientras que Bea miraba, sin parar de morderse nerviosamente los labios.
Ahora su marido tenía las piernas totalmente abiertas, dejándose hacer, entregándose al placer de la boca de su esposa. Esta mamaba con avidez, jugaba con la lengua sobre el glande de su hombre, con las manos en sus testículos..... y con los ojos buscaba a Bea. Bea se había colocado de rodillas al lado de la pareja, viendo la escena comenzó a despojarse del poco algodón que ocultaba levemente su cuerpo.
Braguitas y sujetador abandonaron su piel y su bonito, pequeño, voluptuoso y redondo cuerpo se mostró en todo su esplendor. Con su mano derecha comenzó una suave masturbación, despacio, disfrutando de el porno en vivo que le ofrecía la pareja de amigos.
Con la otra mano comenzó a acariciar la espalda de Covi, que con su mano derecha busco el contacto tranquilizador y cómplice con su amiga.

Covi sabía que la polla de su chico estaba ya al 100% de dureza y excitación y decidió pasar a la segunda parte del regalo. Saco de su boca el pene e incorporándose se sentó al lado de la cabeza de su marido, aún ciego. Covi miró a Bea y esta asintió, nerviosa, excitada. En un rápido movimiento la esposa quitó la corbata que cegaba a su marido. Este, aún atado de manos, tardó unos segundos en acostumbrar su mirada a la nueva situación. Cuando por fin lo consiguió, levantó la cabeza dirigiendo su mirada a su entrepierna, la cual notaba la suave masturbación que le estaba ofreciendo unas pequeñas manos.

No pudo articular palabra, simplemente su cerebro se colapsó al ver dos cabeza, dos caras bonitas entre sus rodillas flexionadas. Su mujer.... y otra chica, más joven, le sonaba la cara, pero en ese momento no se fiaba de su memoria, no se fiaba de nada.

-Míranos- Le dijo Covi.

Así lo hizo.



El chico vio como las dos chicas bajaban sus cabezas y comenzaban a jugar con sus lenguas y labios. La polla la tenía sujeta por la base Covi, la cual después de dos lamidas en el glande, se la cedía a la otra chica, la cual besaba, lamía y chupaba con ternura la dura y sorprendida polla.

-Pero Covi... yo- Trató de decir el chico.
-Míranos, mira como te la chupamos las dos- Sentenció Covi.

Así continuaron.

Las mamadas cada vez eran más largas entre una y otra, la sed se apoderaba de las chicas.
Las dos bocas jugaban a la vez con la carne dura y venosa. Juntando sus labios, sus lenguas sobre el glande del hombre, el cual miraba y se retorcía de placer.
Fue Bea la que en un impulso de lujuria, se animó a levantarse y soltar las manos atadas del chico. Covi al verla solo pudo sonreirla... con la polla de su marido dentro de la boca, en un gesto cómico y cómplice. El hombre no quitaba ojo de la "invitada", le gustaba, era muy atractiva, se la estaba chupando muy bien... y su mujer estaba allí.

Cuando Bea volvió a la entrepierna del hombre, Covi le pasó la polla, Bea la agarró con cuidado y comenzó a chuparla, mecánicamente, despacio, con el mismo ritmo, igual que un robot. Labios cerrados sobre la base y el tronco, lametazos en el glande y vuelta a empezar.
Covi vio que la polla de su marido estaba perfectamente cuidada y decidió darse placer por primera vez aquella noche. Se subió a la cama, abrió las piernas sobre la cara de su marido, se arrodillo sobre ella y con sus manos se abrió los labios vaginales, poniéndolos sobre los labios de su hombre. Este no pudo más que tomar con sus manos las nalgas de su mujer y comenzar a lamer todo el sexo que ella le ofrecía, le regalaba.

La respiración de su marido chocaba contra la entrepierna de Covi, mientras que su lengua penetraba y buscaba el clítoris.
El placer no podía ser mayor.

Covi se corrió entre temblores y gemidos de placer, arañando el pecho de su marido entre gemido y gemido.
Bea observaba toda la escena sin soltar la polla de su amante con los labios. Excitada como estaba decidió jugarse el tipo y arriesgarse a una nueva maniobra. Soltó la verga y con su lengua buscó los huevos del hombre, que encontró calientes, los lamió para, acto seguido, seguir bajando con su lengua hasta el ano del chico, el cual, cuando comenzó a notar que una lengua comenzaba a hurgar en ese lugar, dio un respingo, un grito ahogado de placer.

Covi se percató del movimiento a sus espaldas, se liberó de la lengua de su marido y bajó a ver como su amiga le daba placer a su chico. Bea cuando vió que había público asistente, dejó de lamer el ano del hombre y, avergonzada, se quedó mirando a la esposa de este.

-Me encanta como eres, ¿me dejas hacérselo a mi?-
-Claro... es tuyo-

Las dos chicas sonrieron divertidas y excitadas.
El marido no daba crédito, estaba en el cielo, la polla no bajada de su erección, el calor, el placer, todo le daba vueltas. La lengua de Covi comenzó a trabajar el ano de su chico y sus manos a pajear la dura verga. Entonces fue cuando Bea decidió dar rienda suelta a sus instintos más ocultos.

Con el marido boca arriba en la cama, con las rodillas flexionadas y Covi de rodillas, entre sus piernas, con el culo en pompa y las piernas ligeramente separadas, Bea se lanzó a lo que había estado deseando toda la velada.
Con leves caricias relajó a Covi, que estaba absorta dando placer anal a su chico. Las caricias en la espalda se hicieron más precisas, más largas.
Con sus manos fue bajando hacía las nalgas de su amiga. Cuando llegó a ellas se aseguró de que su acto no perturbaba a Covi y se colocó justo detrás de ella. Ahora eran las dos manos las que acariciaban ya sin ningún pudor las nalgas de su amiga. La respiración de Covi se estaba acelerando, el movimiento de su espalda así lo delataba, "buena señal" pensó Bea. El siguiente paso era más complicado, Bea acercó sus manos donde las dos nalgas se juntan y comenzó a acariciar la raja del culo de Covi... despacio, suavemente.
No había noticias de que a su amiga le desagradara este nuevo paso. Bea de vez en cuando daba rienda suelta a su furor y, sin que nadie se percatara, pasaba su mano por el coño húmedo, recogiendo alguno de sus jugos y llevándoselos a su boca, donde su lengua los devoraba con avidez.

Bea ya no podía más. Se percató de que Covi había dejado el culo de su marido y volvía a centrarse en su polla, mamándola como una loca.
El hombre la tenía tomada por la cabeza y le marcaba el ritmo. cuando covi bajaba la cabeza para casi llegar a tocar los huevos de su marido, Bea veía como este la miraba.
Bea en un segundo de locura le sonrió y sacó la lengua, retorciendola hacia arriba con lujuria y locura juntas, en un gesto lleno de morbosidad.
Ya no podía esperar más.

Abrió las nalgas de Covi y sin miramientos, sacó esa lengua juguetona. Abrió con sus manos el coño de su amiga y sin pensarlo, como le gustaba a ella, como lo había hecho con sus diferentes novias y amantes ocasionales, comenzó a lamer, comer, succionar, penetrar y jugar con el coño de Covi. Esta solo pudo jadear con la polla de su marido en la boca.
El hombre que sabía que pasaba, tomó a su esposa por los pelos y, literalmente, comenzó a follar a Covi por la boca.
La escena siguiente era devastadora.

Covi se corrió con un alarido animal en la boca de Bea que, experta bisexual, no paró de lamer el mojado sexo, hasta que las convulsiones de su amiga cesaron. El marido no pudo más que correrse cuando su mujer gritaba como una loca por las embestidas de su amiga.

La corrida acabó en su abdomen, blanca, caliente.... Cuando Bea notó que ambos acababan de orgasmar, se incorporó y sin preguntar a nadie, se acercó a las gotas de semen que descansaban en los abdominales del chico, tomó a Covi por la nuca y las dos comenzaron a limpiarle con las lenguas las gotas del blanco y caliente liquido.

Un beso apasionado y húmedo entre las dos chicas, cerró la sesión de limpieza.


Veinte minutos más tarde, mientras el marido de Covi se duchaba, el silencio finalmente se rompió.

-Espero que no te haya molestado nada- Dijo tímida Bea
 -Me has sorprendido, no sabia que tu... que eras...- Trató de decir Covi

Las dos chicas sentadas en la cama una al lado de la otra, desnudas y confesándose. La imagen era tierna, más que erótica.

-Siempre me has gustado mucho Covi. Me ha encantado ayudarte en tu regalo, he disfrutado muchísimo-

La velada termino con silencios incómodos y con castos besos entre los tres integrantes.

Solo un "Te llevo en coche si quieres" fue el preludio a un último "no gracias, quiero ventilarme un poco caminando".


Covi y su marido no se dijeron nada, en sus mentes estaban aún muy frescas todas las emociones y placeres de la velada.
Se durmieron abrazados uno al otro y apenas soñaron nada.


A la mañana siguiente, fue Covi la que bajó a por los periódicos, mientras su chico preparaba los desayunos.
Se habían levantado cariñosos y solamente habían hablado mientras se duchaban juntos.

-Lo pasado pasado es, es un regalo, hemos disfrutado los dos y espero que esto no afecte a nuestra relación- Dijo Covi
-Por supuesto que no- Atajó su marido
-Te quiero-
-Te quiero- Respondió el dándole un suave beso en los labios

De camino al kiosco, en el móvil de Covi sonó el tono de mensaje.
Supuso que era su chico para recordarle algo.

Mensaje de Bea: "El jueves tengo cena con amigas en mi casa Me gustaría que vinieras y las conocieras"

Covi sintió que el fuego la devoraba por dentro y comenzó a teclear en su móvil:

"Donde vives?........."

Pero… ¿Qué haces?

Ania no estaba convencida en absoluto de dos cosas:
No estaba convencida ni de que seguir con Sergio era buena idea; ni el ir a un festival donde solo habría actores porno y chicos con espinillas y salidos con teléfonos haciendo fotos y vídeos.

Pero Sergio, como siempre, no daba opción: "Ya verás, lo vas a pasar bien, aprenderás cosas nuevas. Además estás muy buena; ¡Igual te confunden con una actriz porno!".
Estos momentos eran los que Ania se preguntaba por que estaba saliendo con este chico desde hacía ya 3 años. La respuesta era siempre la misma: "pobrecito, estaría perdido sin mi".

Las cosas hacía unos cuantos meses se habían puesto difíciles para ella. Sergio había entrado a trabajar en una fábrica y su temperamento y personalidad habían cambiado. El achacaba ese cambio a los turnos de noche, largos, tediosos. Ella sabía que allí los compañeros eran unos zafios sin escrúpulos. Lo supo cuando en una cena con mujeres se dio cuenta de ella y otra mujer de unos cincuenta eran las únicas mujeres que se habían atrevido a ir. Los piropos más o menos ofensivos hacía Ania volaban por encima de las patatas bravas y las raciones de pollo al ajillo. El se reía con cada tontería que salía de la boca de los compañeros. Quería ser uno de ellos y, Sergio que siempre fue muy débil mentalmente, se dejaba llevar por ese ambiente.

Ania es una chica bajita, morena, con el pelo liso y por la nuca. Una cara muy bonita. Nunca ha sido de las que se visten rompedoras, pero tiene un cuerpo muy bonito, con un culo rellenito pero respingón y unos pechos muy generosos y bien altos... un bombón.
Sergio la había conocido en la discoteca de moda de la ciudad, iban a la misma universidad y se conocían de vista. Se enrollaron una noche y hasta hoy.... justo hasta hoy.

Y así llegamos al sábado en cuestión. Sergio rogó a Ania que se pusiera su ropa más sexy. Su chica le dijo que no, que no pretendía que la confundieran con "una de esas furcias". Al final para el regocijo de Sergio, Ania se puso unos pantalones de algodón elásticos muy cortitos, que solía llevar con medias, unos zapatos negros sin tacón y una camiseta ajustada con un ligero escote. Sergio se relamía viéndola a su lado en el coche.

El aparcamiento del recinto estaba a reventar, eran las siete de la tarde y de los coches de alrededor, salían grupos de chicos, hombre solos, algún grupo de chicas en plena efervescencia alcohólica de despedida de soltera y, para tranquilidad de Ania, algunas parejas que "parecían muy normalitas".
En la entrada unos gorilas pedían la acreditación y se dedicaban a mirar a fondo, sobre todo a los jóvenes que entraban ya dando botes y comiéndose las uñas. A Ania los dos seguratas ni la miraron, si percibió unos cuantos pares de ojos de un grupo de chicos que estaba esperando en la cola justo detrás de ella.

- Sergio, controla no vaya a ser que aquí me metan mano o algo peor - Trató de preocupar a su chico.
- Tranquila mujer, que no pasa nada - Dijo Sergio sin mirarla.

El recinto era enorme, lleno de stands pequeños y de varios escenarios más grandes. En muchos de los stands había chicas muy ligeras de ropa entregando folletos o ejemplares gratuitos de revistas eróticas o pornográficas. Sergio se puso en la fila donde había más gente. Mientras Ania trataba de no soltarse de su mano, Sergio trataba de zafarse de ella, para sacar su móvil y hacer foto a la azafata en cuestión. Ania se pensó que quizás la fila era la más larga no por la calidad de la revista, si no por que la chica que las entregaba solo llevaba puesto una pequeña braguita negra de latex y unos zapatos de tacón muy alto. Dos pechos extrañamente firmes apuntaban a todos los chicos que recogían la revista de sus manos. La joven se dejaba fotografiar con ellos e incluso algunos agachaban la cabeza y sacaban la lengua cerca de los pezones de la azafata. Le llegó el turno a Sergio el cual, ante el asombro de Ania, tomó su revista, saco su móvil, lo enfocó a los pechos de la chica y... "Click" les hizo hizo una foto.

Ania no se lo podía creer... "Delante de mis narices" pensaba mientras sus ojos se clavaban en las tetas de la chica.

Nuestra amiga comenzaba sentirse algo avergonzada, su bonito cuerpo no pasaba desapercibido a los ojos de los cientos de chicos y hombres que deambulaban como zombis por el recinto, con cámaras de fotos, cámaras de vídeo y teléfonos móviles de última generación, buscando carne al aire. Se percató que algunos objetivos la seguían y ella trataba de bajarse el pantalón corto y de subirse lo que podía el escote.
Sergio hacia ya unos minutos que la había soltado de la mano y ella apenas se podía fijar en nada, puesto que lo único que buscaba era la espalda de su chico para no perderse en ese mundo.
Llegaron al stand donde dos chicas estaban sentadas detrás de una mesa, firmando vídeos, posters, y tarjetas con su foto. Foto, la cual, las retrataba en pleno sexo oral de una a la otra. Sergio tomó una de esas postales del montón de la mesa y guardó pacientemente su lugar en la fila. Ania trataba de agarrarle del brazo o darle la mano, pero los gestos de Sergio daban a entender que el ahora mismo no tenía novia. Cuando llegó el turno de su novio, este les dio la tarjeta para que se la firmaran y cuando las chicas, sonrientes y en sujetador de encaje, le dijeron algo, Sergio se giró buscando a alguien. Su objetivo estaba a solo un palmo de sus narices; era Ania, que asombrada solo pudo coger el teléfono de su novio y apretar el botón de hacer foto cuando su chico se colocó detrás de las dos mujeres apoyando sus brazos en los hombros.

"Esto ya me parece una falta de respeto" Pensó Ania mientras apretaba el botón del móvil.

- No pasa nada tontona. Son recuerdos. Tu eres mi única actriz - Le dijo Sergio al ver la cara de Ania.

Pero a Ania no le consolaban nada ni las palabras, ni el tierno apretón de nalgas que su chico le estaba dando.

- Además, no has visto como te miran algunos chicos?. Estás tu más buena que muchas de estas tías - Trató de complacer Sergio.

Pero no, Sergio no estaba consiguiendo su objetivo, y menos cuando soltó el culo de su chica y con un "Walaaaa" salió corriendo a un escenario donde cientos de personas se arremolinaban en sus aledaños.

Antes de echar a correr detrás de el a Ania la pararon dos chicos. Eran jóvenes, quizás demasiado jóvenes.

- Hola... nos podemos hacer una foto contigo? - Dijo uno de ellos
- Creo que te equivocas - Trató de explicar Ania
- No, sabemos que no eres actriz, pero estas muy buena - Respondió el otro.

Ania por primera vez en toda la tarde, se sintió alagada y con una sonrisa inocente y paternalista, accedió a hacerse la foto.
El más bajito la cogió de la cintura mientras el otro les sacaba la foto.
En su turno, el alto, con una mano le rodeó la cintura y con la otra hizo que le agarraba un pecho. Ania se sobresaltó, pero se dio cuenta de que el chico solo estaba posando.
Cuando acabó el posado, el chico bajó su mano que descansaba en la cintura de Ania, hacia su culo, el cual acarició levemente. Ania no se atrevió a decir nada, puesto que el gesto fue tan natural que no sabía si fue premeditado o no intencionado.

Ania se encaminó hacia el tumulto que había en torno a un escenario circular donde había corrido su novio. Nuestra amiga estaba decidida a decirle que ella salía de allí y que tomaría el metro hasta casa y que allí le esperaba y....
Un griterío de júbilo y de excitación rompió los pensamientos de Ania. Esta levantó la cabeza y vio como de las cortinas que había en la parte trasera del escenario salían dos chicas. Los flashes comenzaban a aparecer, los "click, click, click" a sonar... y los apretones para ir más hacia el show eran más que evidentes.

Ania notaba que detrás de ella y a sus lados los chicos (todos eran chicos) comenzaban a apretujarse demasiado. Nadie se fijaba en ella. Todos miraban al escenario y a las dos chicas que, con una silla por acompañante, daban rienda suelta a caricias y a morreos muy eróticos.
Una de ellas se hizo con un micrófono y con estas palabras: "necesitamos un voluntario" se acercó al borde del escenario. Ania pensaba que todos levantarían la mano, pero para su sorpresa, vio que solo había unas diez levantadas.

"Vamos valientes" Jaleaba la chica del escenario, mientras que la otra miraba el "ganado" con las manos levantadas.

Con la excitación del momento y el morbo de la situación, Ania no se percató de que los chicos de su alrededor sí se habían percatado de que ella estaba allí: Chica, con ropa agradable, con cuerpo agradable y agradablemente sola...
Una furtiva mano acarició una nalga de Ania. Esta se dio cuenta, pero rezó para que solo fuera un movimiento inocente. La segunda mano que la tocó en su brazo izquierdo si que le pareció que ni era accidental ni inocente, puesto que la estaba acariciando sin pudor alguno. Ania comenzó a sentirse muy incomoda y nerviosa.

Antes de hacer una escena donde ella saldría perdiendo, trató de buscar a su chico. Levantó la cabeza como pudo, entre una mano acariciando su brazo y otra descaradamente en su culo, Ania apenas tenía capacidad de movimiento.
No hizo falta buscar demasiado. Entre gritos de júbilo de los presentes, Ania logró dar dos pasos hacia delante, zafándose así de sus "captores" y logró ver que las dos chicas subían al escenario a un chico... ligeramente familiar.


Era Sergio.

A Ania no le importó que de nuevo una mano le acariciara a modo de prueba su trasero. Con cara de no creérselo trató de avanzar hacia el escenario, consiguiéndolo con mucho esfuerzo. Nuestra amiga acabó por llegar al borde donde pudo ver que sí, efectivamente, era su chico el que se sentaba en la silla.

- Creéis que se le va a levantar? - Preguntó la morena entre la aprovación del respetable.

Ania no se lo creía.

Las dos chicas comenzaron a morrearse a escasos centímetros de la cara de Sergio, el cual no sabía donde dirigir su mirada. Después de esa demostración de amor lésbico, las dos se volvieron hacia Sergio y poniéndose cada una a un lado de su cabeza, sacaron sus lenguas y con la punta de las mismas, comenzaron a lamer la cara del novio de Ania. Esta a su vez, con una mano ya totalmente posada en su nalga derecha, comenzó a sentir un calor que no sabía decir si era, enfado, celos, excitación... o todo mezclado.

Una de las chicas se separó de la cara de Sergio y mirando al público con cara de pícara, se arrodilló delante del chico, le abrió las piernas y, bajo un griterío ensordecedor, le desabrochó el pantalón, le bajo la cremallera y el vaquero acabó en los tobillos de Sergio.

Ania, entre todas esas sensaciones no se percató de que ahora su otra nalga estaba ocupada por otra mano... ambas extremidades masculinas estaban apretando y sobando a conciencia el culo de nuestra amiga.
La rubia no bajó el slip de Sergio aunque el público la animaba a ello, pero sí que bajo su cabeza e hizo en inequívoco gesto de una buena mamada. Ania no sabía si solo se la hacía al aire o si sus labios se pegaban al ya gran bulto que Sergio tenía en su entrepierna.
La gota que colmó el vaso, fue que mientras la mamada al aire (o no) se realizaba, la morena, se subió encima de la silla, poniendo sus pies en los reposabrazos y acercó su tanga a la boca de Sergio, el cual no dudo en tomar por las nalgas y restregar los labios por la parte de alante del tanga de la actriz.

Ania no podía más. Con un gesto de rabia se separó de las dos manos que la sobaban y esquivando a todos los chicos que se encontró en su camino salio de las inmediaciones del escenario con la idea de tomar el primer taxi que viera, llegar a casa, hacer las maletas y marcharse a casa de alguna amiga a llorar sus penas y su experiencia.
Casi lo agradecía, esta demostración de estupidez le ponía las cosas más fáciles para dejar al zafio de Sergio.

Vio a los dos jovencitos que paseaban atónitos entre los stands, mirando a las azafatas que en ocasiones les reclamaban para darles algún folleto y en otras se dejaban fotografiar como hizo Ania al principio de la tarde.

Justo cuando pasaba al lado de otra masa enfervorecida de hombres, a los que apenas vio, de nuevo las voces atronadoras sonaron sobresaltándola. Ania giró la cabeza en dirección al griterío. En otro escenario dos chicos buscaban una chica entre el público para hacerla subir. A Ania se le pasó por la cabeza vengarse subiendo al escenario y dejándose hacer para que su chico se enterara de lo que ella también era capaz de hacer.... pero no.
Se quedó a unos 6 metros del escenario, creyéndose a salvo detrás de varias filas de hombres. El mazas del stripper/actor con el micro en la mano pedía voluntarias. Ania lograba ver algunas chicas que forzejeaban con sus novios, el grupo de la despedida de soltera que, debido a su nivel de alcohol en sangre no se estaban enterando de lo que pasaba.
Justo cuando Ania se giró para proseguir su huida, decenas de ojos se fijaron en ella... y una voz repetía "Tu, tu, sí, tu, la morenita sexy, ven aquí" Ania se giró y vio como el mazas le señalaba y le hacía gestos con la mano.
Los chicos de alrededor la tomaron por las manos y los brazos y, en un abrir y cerrar de ojos, Ania se encontró al pie del escenario y subiendo los pocos peldaños que lo separaban del suelo.

Ya no había vuelta atrás.

Ania estaba arriba, de pie, con dos chicos semi desnudos uno a cada lado y perdida.
Lo primero que hizo fue buscar el escenario donde estaba su novio. Se sorprendió al ver que estaba relativamente cerca y se sorprendió aún más cuando vio que su chico estaba tumbado boca arriba, con los slips puestos, pero con las dos chicas totalmente desnudas, una frotándose como una loca contra su entrepierna y la otra dándole los pechos. Ania no pudo averiguar si su chico se los estaba comiendo o....

De repente cuatro manos se posaron sobre ella, la levantaron del suelo como si no pesara más que una pluma y acabó sentada en la silla. Mientras uno de los chicos dejaba el micrófono, el otro se abrió de piernas y sentándose encima de las de ella, le susurró al oído: "Llegaremos hasta donde tu quieras llegar, preciosidad".

Ania no daba crédito. Allí estaba sentada y rodeada de piel musculosamente desnuda.

Unos labios se encontraron con los suyos, solamente sintió calor, no hubo humedad. Pero todo su cuerpo se estremeció al ver los ojos del chico clavados en los de ella. Cuando se concentró en su situación y dejó de pensar en la de su novio (ya ex a todos los efectos) se percató de que el publico rugía y de que los flashes de las cámaras volaban por los aires. Un leve mareo se apoderó de ella, justo cuando notó dos manos reptando hacia sus tetas, por encima de la camiseta que llevaba. Los alaridos del público masculino la despertaron del letargo y con suavidad apartó con las suyas las furtivas manos de sus tetas.
Cuando volvió a subir la mirada se encontró delante, a escasos centímetros de sus labios un slip negro y lleno de carne bailaba. Con las defensas bajas las manos del chico de su espalda, volvieron al ataque pasando de nuevo a sus pechos. Ania ya no tenía manos para apartar brazos y paquetes.
El de su espalda en un hábil y rápido gesto bajó sus manos hasta el final de la camiseta y en un abrir y cerrar de ojos, Ania se encontró tapándose el sujetador blanco que ocultaba sus generosos pechos. El público enloquecía. A Ania le pareció distinguir en las primeras filas a los dos jóvenes de la foto.
Mientras que ella dudaba de si eran ellos o no, las manos del chico de su espalda de nuevo se posaban sobre su sujetador, esta vez con los dedos abiertos estos tocaban algo de carne de la parte superior de sus pechos. Ania lo sintió con mucho calor. Giró la cabeza en un movimiento instintivo para ver si su chico seguía en el escenario con las dos actrices, pero solo vio un escenario vacío y muchas gente caminando hacia el que ella estaba.

Algo va mal.....

Ania nota como sus pezones ya no tocan algodón con encaje.
Ania mira hacia sus tetas.
Ania ve que entre su bonito sujetador reafirmante y sus pezones hay un par de manos.


"Pero...¿Qué haces?" Se pregunta a ella misma. La respuesta se la da su novio, que en primera fila y con el flash de su móvil echando chispas, jalea la escena como si fuera uno más de los cientos de chicos que hay mirando el espectáculo. "Será gilipollas".

Aprovechando que el chico rapado (llamémosle así puesto que no sabemos su nombre) ha dejado de bailar y ha bajado su cara a la altura de ella y que parece que quiere besarla, esta abre su boca en un gesto instintivo. El muchacho no se lo piensa y ambos se funden en un morreo considerable. El chico J (debido al tatuaje que exhibe en su antebrazo), diestro en el manejo de ropa femenina, aprovecha la situación libre de los brazos de Ania para, en otro rápido movimiento, que su bonito sujetador vuele por los aires.
Ania está atrapada por los labios del rapado, el cual sabe perfectamente cual es el plan a seguir.

Los pechos de Ania están escondidos tras las manos de J. El rapado se separa de su boca y mirando al público se quita su slip, dejando a las pocas chicas presentes boquiabiertas y a los chicos esperando un gran espectáculo con la joven amateur.

Se gira y Ania ve una polla de un tamaño considerable... para estar aún ligeramente flaccida... y se está acercando. El de su espalda logra después de varios minutos que sus pezones comienzen a endurecerse. En un esfuerzo titánico, Ania busca de nuevo a su chico, que esta vez la mira con gesto de preocupación.

"Por fin" Piensa aliviada.

Pero el alivio le dura poco. El rapado toma su verga con una mano, ahora Ania se siente señalada por algo. En apenas un segundo tiene un apetecible trozo de carne a tres centímetros de su boca y no sabe que hacer.

La gente se vuelve loca: "CHUPA... CHUPA... CHUPA" Gritan enfervorecidos.

La polla se acerca tanto que nuestra amiga nota el calor que desprende. En un momento de confusión piensa en abrir la boca y disfrutarla, pero esa gente, ese desconocido... el que la está volviendo loca acariciando sus pezones...
Cuando abre la boca para dejar escapar un suspiro el rapado aprovecha para que su glande toque los labios de la chica. Esta hace un gesto de negación con la cabeza de desaprobación, es algo instintivo, pero el público es soberano y esa soberanía está presente en forma de excitación de jaleamiento... Ania no puede más.

Abre la boca, levemente, casi con timidez sin la forma que ponen las mujeres para chupar o mamar, como si fuera su primera vez la abre esperando que algo entre y salga. Pero nuestra protagonista no es primeriza y en cuanto nota la carne en su paladar, aprieta los labios contra la verga que la está invadiendo. El rapado la señala y mirando al público hace gestos de aprobación.

J suelta sus pechos, ya ha conseguido lo que quería y ahora le toca a el disfrutar de la vista. El rapado saca su polla de la boca de nuestra amiga. Esta ya tiene una considerable excitación... la polla también.
Como en trance los dos chicos levantan a Ania de la silla. Ella trata de tapar sus grandes pechos con las manos, pero sus manitas son muy pequeñas y sus pechos muy grandes. Mira a su chico que ya le devuelve la mirada atónito. La chica se da cuenta y con un gesto de "jódete" baja sus brazos. La visión de las tetas hace que el público se vuelva más loco, las cámaras y móviles trabajan a destajo.
J se pone de nuevo a su espalda, la toma por la cintura y con otro rápido y felino movimiento, le desabrocha el pantaloncito y en dos segundos Ania ya solo está en tanga.
Ania no para de mirar a su novio (ex, como ya hemos hablado) aguatándole la mirada.




El rapado la levanta y se la pone en la cintura, colocando las piernas de la chica rodeandolo. Se dan un húmedo beso.
El chico se sienta en la silla, con ella encima. J la vuelve a levantar y la gira, para que le de la espalda al rapado y la cara al público.
El rapado comienza a sobarle las tetas, no es tan excitante como J pero a Ania ya no le importa, cada mano, dedo o piel es placentero.
J se quita también el slip y aparece una polla de las mismas dimensiones que la de su compañero. Este tambien se acerca a la chica y ella ya sin dudarlo abre la boquita y se la traga entera.
Aún no está concienciada de lo que está haciendo, pero un calor desconocido la está invadiendo por momentos.
En el público ya no hay tanto griterío y sí mucho murmullo y respiraciones entrecortadas.
Mientras Ania chupa la verga del joven musculoso, el rapado va deslizando sus manos hasta ponerlas dentro de su tanga, en laparte de delante y da con el coñito depilado de nuestra amiga.
A Ania se le escapa un gemido por primera vez, el rapado la está masturbando y ella ya no puede negar que esto se le ha ido de las manos.
Cuando se quiere dar cuenta esta desnuda, siendo calentada por dos chicos desnudos tambien. Esa sensación de calor, de perversión, de saber que esta entre dos actores porno, que se han follado a decenas de tías...

"Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhh"

En su coño algo se abría paso.... "Diosssss, me la está metiendoooooohhhh"
No se lo podía creer. Durante el pequeño grito que había dado, la polla de J comenzaba a abrirse paso por su boca de nuevo.

"Dios, Dios, qué placer..." Ania era ya solo un cúmulo de sensaciones.

En un minuto, se vio botando sobre la polla del rapado, mientras J le follaba la boca. El placer le invadia todo su bonito cuerpo y las expertas manos de su follador le estimulaban el clítorix de tal manera que el orgasmo se anunciaba raudo.

Su primera corrida la encontro con la polla de J en su boca, apenas la pudo gritar, solo apretó las nalgas del chico con fuerza.
Como si fuera una muñeca, los chicos la cambiaron de postura. Esta vez la tumbaron en el suelo, encima de una toalla. J le abrio las piernas y casi sin miramentos, bajó su cabeza y comenzo a masajear con su lengua el sexo de la chica, a los pocos segundos y asegurándose de que la chica estaba más que humeda, se incorporó y le metio su verga en el empapado y palpitante coño. Ania se dejaba hacer, pero ese primer orgasmo había acabado con los nervios y la timidez, con lo cual tomó de nuevo las nalgas de su "follador" para ayudarle a metersela. El rapado abrío las piernas y en una postura muy acróbata se colocó encima de Ania, con la polla a la altura de su boca. A la de tres los dos empezaron a follarsela. Nuestra amiga ya se contoneaba como una serpiente, el placer la inundaba y el silencio sumamente erótico que reinaba a su alrededor la ayudaba a concentrarse en el placer que sentía.
Pasó sus brazos por debajo de las piernas del que estaba taladrándole la boca y posó sus manos en su culo.

- Más, más, más.... Dios, como me gusta... como me gustan vuestras pollas!!! - Logró decir en un momento en que su boca no estaba ocupada.

J comenzaba a moverse más rápido aún... Más, más.. Ania notaba como su sexo empezaba a calentarse demasiado. Sin dejar de chupar comenzó a gemir con la polla del rapado dentro de su boca.... hasta que el orgasmo le sobrevino.
Soltando la verga el segundo orgasmo la atrapó con la boca vacía y pudo gritarlo a los cuatro vientos.
Un "ME CORROOOO" atronador sonó en toda el recinto.
Con los ojos de Ania entrecerrados los dos chicos la levantaron con cuidado y la volvieron a sentar en la silla.

"Es nuestro turno, preciosa, a ver si nos haces corrernos en tus tetas" Le susurró al oido J.
Ella despertó de su letargo y tomó las pos pollas duras y calientes con sus manos. Comenzó a masajearlas, a masturbarlas. El rapado le tomo la cabeza y ella pensó con agrado que se la llevaría a su polla, pero no... se la llevó a la de su compañero. Ania abrió la boca y la comenzó a tragar y a mamar. Así de polla en polla deleitó al público y a sus dos amantes. Pocos segundos con cada una. La sensación era realmente excitante y asi lo demostraban sus piernas abiertas y con su sexo a la vista de todo el público.

Los dos chicos, comenzando a gemir y respirar más entrecortadamente, no tardaron en avisar de sus intenciones. Ambos se separaron de su boca y se pusieron a masturbarla. Los dos a la vez, comenzaron a correrse sobre los pechos de Ania. Esta acercaba las vergas para no derramar nada. Entre gemidos ambos hombres acabaron y con sendos besos en la mejilla, la ayudaron a levantarse y le dieron la toalla para que limpiara sus pechos. El rapado tomó el micro de nuevo y le preguntó:

- ¿Y como te llamas, preciosidad?

- Ania - Respondió nuestra protagonista en lo que le pareció lo mas vergonzoso que había hecho en toda la tarde.

- Amigos, Ania la mejor amateur de toda la feria! -

El aplauso fue atronador, el griterío ensordecedor.

Con un piquito a cada uno Ania se metió detrás de las cortinas para volver a vestirse.

No hace falta decir que allí fue abordada por varios "directores" del género que le ofrecieron sus tarjetas.

No hace falta señalar que durante la distancia del escenario a la puerta de salida, acabó con todas las tarjetas de memoria que había en el festival de todas las fotos que se tomó.

No hace falta decir que tomó el primer taxi que vio... sola.

La experiencia es un grado II

Pasaron los días y por suerte a Adri el morbo de la historia que la había contado su compañera había desaparecido. Entre otras cosas por que nuestra amiga había evitado con total éxito a los tres viejos de la historia. Otra de las razones de su aparente normalidad mental y emocional fue que se auto convenció de que la historia era falsa y que su amiga le quería meter el miedo en el cuerpo. El tercer y último motivo fue que le había llegado a casa una carta para hacer una entrevista de trabajo en un laboratorio en el centro de la ciudad.
"Horario fijo, buen sueldo, comisiones... Perfecto" pensó Adriana durante toda la semana.

Pero por desgracia para Adri, la semana del turno de mañana acabó y la siguiente le tocaba el soporífero y largo turno de noche.

E iba a ser una gran desgracia.

Era la primera vez que lo hacía completo y estaba un poco preocupada por si le surgía algún problema, pues era la única asistente en el turno junto con el chico que estaba en la zona de los ancianos incapacitados y eso estaba lejos y si mantenía una atención más seria que su zona.

Sólo en el exterior, en la zona de entrada, había también un vigilante nocturno, pero sin responsabilidades sobre la atención de los ancianos, de manera, que estaba sola.

Ella y los ancianos.

No obstante, en prevención de posibles incidentes, Se hizo una pequeña "chuleta" con todos los teléfonos de emergencias necesarios por si llegaba el caso. Incluso su ya amiga y confidente, África, le había dejado el propio, por si necesitaba consultarle alguna cosa.

La noche entró calurosa.
Se dio una vuelta por las habitaciones. Tenía algunos medicamentos que distribuir, dispuestos en una bandeja con vasitos de plástico, que tenían anotado los nombres, habitación y la hora de administración.

A las 24.00 y Adriana buscaba alguna corriente dejando abiertas las ventanas de su despacho y la del pasillo, pero allí apenas corría ninguna ráfaga de viento.
Miró el reloj y vio las dos agujas una sobre otra al norte de su esfera. Era la hora de la ronda.

El sudor le corría entre los pechos solamente por el esfuerzo de caminar esos pasillos, oscuros, casi entre tinieblas. De pronto se vio tentada a actuar como esos carceleros malvados de ciertas películas e ir golpeando con el gran manojo de llaves las puertas de las habitaciones de los ancianos. La sola idea de hacerlos le arranco la primera sonrisa de la noche.

Volvió a su pequeña habitación y encendió la televisión, nada, programas de cotilleos, películas infumables y debates varios. La volvió a apagar. Encendió el Pc que tenía en la mesa, el ruido que emitía no presagiaba nada bueno, la máquina tendría por lo menos diez años. De pronto un "Hola?" sonó desde su walkie talkie. Adri apretó el botón del suyo y respondió con un lógico "Andrés?". Andrés era el compañero de la otra parte de la residencia. Hablaron solo unos minutos sobre como iba la noche, los problemas que habían tenido (el iba por su tercero y ella ninguno).
Justo cuando a Andrés le surgió su cuarto problema tuvieron que cortar la comunican.
El PC había arrancado y su antiguo sistema operativo funcionaba bastante rápido. Adriana comenzó a jugar al buscaminas, después al pimball y acabo con unos cuantos solitarios.
Miró su reloj y este aún marcaba la 1.46 de la noche. No apagó el Pc y siguió explorándolo. Comprobó que no disponía de conexión a Internet, improbó que había muchas fichas de los ancianos y acabó absolutamente sorprendida en una carpeta dentro de "Mis documentos" que contenía las fotos de una chica desnuda, en una piscina, en posiciones muy sexuales, depilada, masturbándose y riéndose muy caliente. Pensó que sería de algún compañero que guardaba allí fotos de su chica... pero se fijó un poco más y absolutamente nerviosa se dio cuenta de que la chica era África. Trató de buscar una explicación: que haya guardado allí las fotos de un día loco, que las hubiera robado alguien... pero al final, tratando de calmarse comprendió que no, que las fotos eran reales, eran de su compañera, que las piscina donde estaba era la de la residencia.... y que la historia que le había contado era cierta, pero que la chica que había tenido sexo con los ancianos había sido ella misma.

"Puta" fue la primera palabra que le vino a la cabeza.

Su responsabilidad le hizo mirar el reloj y se dio cuenta de que le tocaba hacer la siguiente ronda. Turbada y con la historia de nuevo rondando por su cabeza y su cuerpo se dispuso a hacer la ronda. Esta vez había que volver a dar algunas pastillas a ciertos residentes. Nerviosa, respiró hondo y tratando de calmarse, estudió bien a quien dar cada medicamento, un fallo podría ser mortal en estos casos.

Comenzó a picar a las cuatro habitaciones que tenia que repartirlos.
"Rogelia su medicación"
"Luis su medicación"
"Maruja su medicación"
"Cosme su......"

A Adriana se le calló la píldora, el agua y su concentración al suelo cuando vio que Cosme era uno de los viejos de la historia.

- Hola bonita, ya iba siendo hora de que te tocara el turno de noche para cuidarnos - Le dijo el viejo
- Bueno, es bastante aburrido y con este calor - Respondió Adri desde el suelo secando y recogiendo las píldoras
- Es verdad, pero este calor es buenos para mi lumbago - Sonrió el anciano clavando sus ojos en el hueco que el uniforme dejaba sobre los pechos de Adriana.
- Cosme, por favor...
- Hijita mía eres una dulzura. Un par de amigos y yo mismo nos hemos hecho con unas llaves de la piscina y nos vamos a dar un bañito para refrescarnos. ¿Querrás venís? - Le pregunto.

A Adriana su cabeza se le nubló, sus pierna le flojearon y su respiración se le entrecortó.

- Sabe que está prohibido bañarse sin el socorrista.
- Bueno, más razón para que vengas a cuidarnos - Le espetó sin pensarlo Cosme.

"Imbécil"

- Mira preciosa, nosotros vamos a ir igual, si no bienes, estupendo, pero si nos pasa algo te la cargarás con todo el equipo. Te recomiendo que vengas y nos vigiles.

Adri no tenía salida... pero en el fondo tampoco la quería.

Quedaron que en veinte minutos se verían dentro de la piscina. Adriana le dijo que solo los vigilaría que si hacían tonterías tendría que informar al director.

Nuestra protagonista atravesó las pesadas puertas de la piscina y allí vio a los tres amigos. No estaban en la piscina grande, estaban en el jacuzzi "Con este calor!" Pensó Adri.

Con silbidos y gestos la hicieron acercarse. Por supuesto lo primero que buscó Adriana fue la botella con el líquido verde y los vasos. Y allí estaban.

Los tres ancianos estaban con sus bañadores, invitaron a Adriana a que se sentara en una silla. Ella aceptó y allí estuvieron hablando varios minutos. Curiosamente ella hablo mucho más de su corta vida que ellos de la suya.

El tiempo pasaba y Adriana se impacientaba, los ancianos no tenían muchas ganas de volver a sus habitaciones y ella temía que ocurriera algo.

- ¿Entonces te casarás en breve? - Le preguntó uno de ellos, continuando la conversación sobre la vida sentimental de Adriana
- Sí. Solo espero que las cosas vayan bien. Es el primer y único novio que he tenido y nos gustaría formalizar más la relación.

Los tres ancianos se miraron y sonrieron a Adriana.

- ¿El primero y único?
- Sí, ¿Qué ocurre? - Respondió Adriana sin entender la risilla de los abuelos.
- ¿Como va a ser al primero y el único con ese cuerpo y esa belleza que tienes, chiquilla? Apuntillo uno de ellos dirigiendo señalando a la joven con sus manos

Adriana notó calor en sus mejillas. Se estaba ruborizando por las miradas atrevidas y lascivas de los abuelos, los cuales ya solo tenían ojos para su cuerpo.

La conversación comenzó a desviarse hacia el terreno sexual. Ellos se quejaban de que hacía años que no tenían ninguna emoción o desahogo fuerte. Ella insistía en que a su edad lo que había que hacer era calmarse y disfrutar de la tranquilidad; a lo que ellos, con aspavientos mas propios de jóvenes que de hombres de su edad, negaban rotundamente.

El ambiente comenzó a relajarse demasiado, Adriana se reía con las insinuaciones y los comentarios jocosos de los ancianos. Sin darse cuenta Adriana se había descalzado y estaba sentada a la orilla de la piscina con los pies chapoteando en el agua pasando un buen rato.

Su cara cambió cuando Vio a los tres viejos echarse un poco de ese sospechoso líquido verde en sus pequeños vasos de plástico y beberlo de un solo trago.

- ¿Qué es eso? - Preguntó inocente Adriana, queriendo parecer una enfermera preocupada.
- Absenta - Respondió uno de los señores sin apenas mirarla a la cara
- ¿Y eso os va a sentar bien?
- Ni te lo imaginas, niña mía.

Los comentarios sobre su único amante y la perdida que eso significaba para media humanidad, no cesaron. Algunos eran inocentes, otros simpáticos, pero otros eran directamente sexuales: "Si yo tuviera algunos años menos, no te me escapabas"
La tensión fue creciendo y los comentarios sobre su cuerpo comenzaron a hacerse de notar más de lo necesario.
"Con esas tetitas que se te adivinan..."
"Menudo culo tiene la chiquilla"
"Tu novio debe de ser muy feliz"

Adriana comenzó a sentirse ligeramente incómoda, pero a la vez curiosa, intrigada. La historia que le había contado su amiga sobre la otra chica que acabó desnuda delante de ellos, le llenaba la cabeza de ideas absurdas y sensuales.

A medida que los ancianos seguían convocándola, ella se sentía mas voluptuosa. Se sentía segura, tres viejo no podrían abusar de ella, solo corriendo les mantendría lejos en caso de que se volvieran violentos.... "¿Pero que coño estás pensando?" Se preguntó Adriana.

Cuando quiso bajar de la nube de excitación que le producían las palabras soeces y calientes de los tres hombres, fue demasiado tarde.

Su cuerpo había comenzado a actuar por si mismo y el arqueamiento de su espalda con cada palabra, el morderse los labios con cada insinuación. Adriana estaba ya en una nube y se sentía protagonista de una historia excesivamente morbosa.

- Enséñanos algo, bonita - Le dijo uno de los viejos
- Señores, no creo que sea buena idea - Respondió Adriana tímida y provocativa
- Vamos, lo estás deseando.
- A ver, me pondré de pie y os enseñaré el culo sin bajarme los pantalones - accedió Adriana, sintiéndose poderosa

Así, con calma, sacó los pies del agua, se incorporó y dándose la vuelta, abrió ligeramente las piernas y sacó su precioso culo hacia los ancianos.

Los vítores y las frases malsonantes llenaron el vacío: "te lo comía ahora mismo" "Déjanos verlo sin pantalón" "Mira que preciosidad".

Adriana se sentía poderosa, deseada por aquellos viejos. Su vergüenza fue dando paso a un calor que la llenaba por dentro. Pudo darse cuenta, sentándose de nuevo pero más cerca de ellos que antes, que los tres viejos comenzaban a acariciarse su entrepierna.

"Son míos" Pensó Adriana

Los viejos ya muy desinhibidos, no dudaron en jalear más a nuestra joven amiga. Ella confiada de su poder y de su ventaja les dijo que no era bueno para ellos ni tanto calor, ni tanta excitación. Ellos rompieron en carcajadas. El más atractivo de los tres se levantó e incorporándose lentamente dejó ver su miembro totalmente tieso. Era una verga fina pero larga. Ana se sintió turbada por la imagen del viejo acariciándose los testículos mientras le enseñaba su aparato. Los otros dos amigos se incorporaron de nuevo y dejaron ver sus miembros: uno muy grueso pero más bien corto y el tercero en discordia de unos 20 centímetros muy proporcionado.

Ahora Adriana no sabía si ella tenía la situación controlada o eran ellos los que sabían lo que hacían perfectamente.

- ¿Crees que no nos podemos correr a nuestra edad?
- Yo no he dicho eso - Respondió muy turbada Adriana
- Pero lo crees - Contestó el de la verga gorda
- Creo que tanto calor y tanta excitación os puede sentar mal - Trató de excusarse Adriana

De nuevo las carcajadas.

- Hacemos una cosa, tu nos excitas y comprobamos que ocurre primero: si nos morimos o si nos corremos - La retó el de la polla delgada

Los aplausos y las palabras de ánimo sonaron de nuevo estruendosas en la piscina. Cada vez que los ancianos se comportaban como quinceañeros, Adriana sentía su libido por los aires.

- De acuerdo, será un juego. Si no llegáis todos en quince minutos, habré ganado yo - Sentencio Adriana

De nuevo aplausos.

Los tres viejos, totalmente desnudos, se sentaron en el borde de la piscina. Piernas abiertas y pollas en las manos.

Adriana se incorporó de nuevo. Se desabrochó los dos botones de su camiseta verde, abrió sus piernas y comenzó a moverse muy despacio y muy sensualmente.

Los abuelos comenzaron a masturbarse. Adriana se daba la vuelta, les mostraba su precioso culo, se alzaba el pelo para dejar al aire su nuca.

"Era cierto, lo que me contó mi compañera era cierto. Estoy haciendo lo mismo" Adriana no sabía si eso la turbaba o la excitaba aún mas. Pero nuestra joven amiga no se percató que mientras bailaba y pensaba el borde de la piscina se acercaba peligrosamente a su centro de gravedad.

Solamente fue medio segundo, pero fue suficiente para que en un abrir y cerrar de ojos Adriana apareciera sumergida en el agua. Aturdida y muy avergonzada Adriana abrió los ojos y comenzó a sentir como varias manos trataban de ayudarla para incorporarse. Su pelo, su ropa, su cuerpo, sus zuecos... su orgullo estaban mojados

- ¿Estás bien chiquilla? - Preguntaban los abuelos aún desnudos
- Sí, sí - Respondió Adriana avergonzada
- ¿Seguro?

Adriana notaba las manos en su cuerpo seis manos en su cuerpo, aguantándolo, apoyándolo, cuidándolo, mimándolo. Adriana empezó a notar que las manos comenzaban a apoyarse en partes de su cuerpo que no habían sufrido daño alguno. Una mano se apoyó en su nuca, otra en su espalda, otra en su culo, otra en su pecho izquierdo. Adriana ahora estaba casi flotando en el agua y no era por culpa del líquido elemento.

Dedos pellizcaban sus pezones con cuidado y a través de la ropa mojada. Otras manos apretaban sus nalgas. Unas terceras acariciaban sus labios, los cuales trataban de susurrar un "estoy bien, ya me podéis dejar". Pero de ellos no salía más que un leve gemido.

Los abuelos viendo que su joven víctima se dejaba hacer comenzaron a ser un poco más explícitos en sus toqueteos. El de los pechos se dedicó rápidamente a desabrochar los pocos botones que le quedaban a Adriana en su camisa verde. El de las nalgas, comenzó a bajar los pantalones de Adriana por sus tobillos. En un abrir y cerrar de ojos, la chica estaba con su minúsculo tanga y con su sujetador de encaje.

Adriana seguía flotando.

Las manos volvieron para acabar de desnudar a la joven enfermera. En pocos instantes Adriana flotaba en la piscina, con ayuda de unas experimentadas manos, completamente desnuda y a merced de los tres abuelos.

Cuando la chica notó que una mano comenzaba a subir por su entrepierna, se sorprendió abriendo sus preciosas piernas. Dejando que los arrugados dedos comenzaran a jugar con su depilado y húmedo coño. Cuando quiso incorporar la cabeza para ver quien le estaba haciendo aquello, su visión se vio interrumpida por dos cabezas que a la vez bajaron hasta sus pezones, los cuales comenzaron a chupar y lamer con avidez.





Le asqueaba reconocerlo, pero ella misma sabía que estaba en el cielo a merced de los tres viejos.

Pasados unos minutos, incorporaron a Adriana y allí de pie los cuatro siguieron con su ritual.

Tomaron las manos de Adriana y se las llevaron hasta las duras vergas las cuales Adriana agarró como si le fuera la vida en ello.

La suerte estaba echada y las posiciones tomadas. Los dos viejos a los cuales Adriana Masturbaba le chupaban y lamían las tetas, el tercero en cuestión seguía masturbando el clítoris de nuestra amiga. El placer comenzaba a abrirse camino al igual que sus piernas. El tacto de las dos pollas en sus manos, el saber que estaba haciendo algo prohibido, las dos bocas mamando sus pechos y sobre todo los expertos dedos que se abrían paso en su interior y buscaban insistentemente su placer, hacían que Adriana ya estuviera a merced de esos tres diablos.

De la mano, Los tres ancianos acercaron a Adriana a la orilla. Los abuelos se sentaron en el borde y sin mediar palabra uno de ellos la tomo por la cabeza y llevó su boca hasta su cipote. Era el pequeño y grueso. Adriana poseída, se lo engullo entero y comenzó a mamarlo con avidez. Con los ojos cerrados, nuestra amiga solo podía escuchar el sonido de los otros dos ancianos masturbándose viendo la escena. Justo cuando comenzaron los espasmos antes de la corrida, el anciano separó la boca de Adriana (muy dispuesta a beberse el añejo licor del abuelo) y masturbándose comenzó a correrse en la cara de la joven. Adriana una vez recibido su regalo, se limpio con el agua de la piscina. El siguiente anciano la llamó con un gesto, era el de la verga delgada y larga. Adriana de nuevo se arrodilló en los peldaños de la escalera y comenzó a chupar. A los pocos segundo notó como el tercero en discordia se levantaba y desaparecía.

Justo cuando notó que la verga de dentro de su boca comenzaba a acoplarse, noto como dos dedos entraban de nuevo en su coño.
Como si de un profesional se tratara, el viejo le estaba dando un masaje-masturbatorio increíble, con rapidez y en el punto exacto, movía dos dedos de manera especial. Adriana comenzó a sentir convulsiones en su cuerpo, placer, placer, placer..... Chorros de placer. Justo en el momento en el que soltó la polla del abuelo, Adriana se corría frenéticamente. El abuelo hizo lo propio, pero esta vez su leche calló en los pechos de la joven.

A merced del placer que sentía, solo le quedaba por cumplir con el que parecía más experto de todos. Pero este no quiso una mamada.

Se sentó en el borde de la piscina y llamó a Adriana. Esta aún temblando de su intenso orgasmo, se acercó. El abuelo le tomo de las manos y con una sonrisa le invitó a abrir las piernas. Adriana captó el mensaje enseguida. Tomó la bonita verga del anciano y bajando su cuerpo, se la comenzó a insertar en su coño..... coño muy mojado por lo antes escrito.

Una vez acoplada, Adriana comenzó a cabalgar, suavemente. El abuelo reposaba su cabeza entre las tetas de la joven, lamiendo la suave y húmeda piel.

El morbo aumentaba aún más cuando Adriana se percató de que los otros dos abuelos simplemente tomaban, desnudos, ese brebaje, sin hablar y viendo como su amigo se follaba a la que podría ser su nieta (en el mejor de los casos).

Adriana Aumentó el ritmo de sus embestidas. Quería correrse con la polla de "su abuelo" dentro. En solo unos segundo el orgasmo le llegó de nuevo y unos pocos segundos después el anciano la avisaba de que se iba a correr. Adriana Se incorporó de nuevo; se arrodilló y con un par de golpes de boca, esta vez si logró que el abuelo se corriera dentro de su boca.

Adriana Estaba aturdida, se vestía mientras los viejos no paraban de dedicarle piropos, unos muy bonitos, otros más soeces... pero piropos al fin y al cabo. Como si nada hubiera sucedido, Adriana acabó de vestirse, se giró hacia sus tres amantes y les dijo:

- Agradecería discreción en este asunto.

- No te preocupes, preciosa jovencita - Respondió el mas anciano de todos poniendo por primera vez en toda la noche una cara que de verdad parecía la de un viejo desvalido.




Adriana llegó a casa a las 10.00 de la mañana y se acostó inmediatamente.
Su novió llegó para comer a las 14.00 y la despertó. El estaba eufórico, por fin su chica tendría un trabajo bien remunerado, con horario cómodo y haciendo lo que le gustaba.

Durante la comida hablaron. Adriana estaba ausente, con la mirada perdida y vacía.

- ¿Cuando dirás en la residencia esa que lo dejas? - Le preguntó su chico.

Silencio

- ¿Adriana?

- ¿Sabes? creo que no voy a cambiar de trabajo - Fue su respuesta

La discusión se alargó hasta la hora en la que Adriana volvía a entrar a trabajar.

En los vestuarios Adriana se cruzó con la amiga que le había contado lo de los tres viejos, esta solo le guiñó un ojo.
Eran las once de la noche y nuestra joven amiga, temblando, apretó el interruptor del PC de la mesita del despacho. Fue directamente a la carpeta "Mis documentos" y la abrió. Allí estaban aun las fotos que había visto la noche anterior. Pero vio una carpeta al lado de esta.

"12/07/2010" Era su nombre, la fecha de ayer.
Abrió la carpeta y comenzaron a aparecer imágenes. Imágenes de su culo, de sus pechos, de su coño, de como los viejos la tocaban, incluso una instantánea de como ella se limpiaba el semen de su cara.

Adriana sonrió.

"Adriana?" Sonó en el walkie talkie de la mesa.
"Andres?" Contestó Adriana.
"Todo bien por ahí?" Preguntó el compañero
"Sí, sí, por ahora todo muy tranquilo"


Silencio


"Sabes? Ninguna de las otras chicas se atrevieron a tanto como tu... los tienes

La experiencia es un grado I

"No, no pienso meterme detrás de una barra, ni pienso hacer pizzas, no"

"No, no pienso meterme detrás de una barra, ni pienso hacer pizzas, no"

Adriana pensaba que si acababa de terminar la carrera con mucho esfuerzo era para dedicarse a eso precisamente. Fueron días duros, días sin salir de noche, semanas sin ver a su chico, meses sin salir de la biblioteca de su universidad, años de esfuerzo.

Y no, este fracaso en la oposición no la iba a ajar de su ilusión. Ilusión que mezclaba el gran corazón que tenía nuestra amiga con las ganas de trabajar y de ayudar a las personas más necesitada. En su caso eran los viejecitos, los ancianos, las personas con más historia de cuantas nos rodean.

Las prácticas que había hecho en la Cruz Roja, le habían servido para hacerse fuerte, limpar las heces de personas sexagenarias enfermas, darles el medicamento, la comida... ayudar. Desde luego el mundo necesitaba más personas como Adriana.

Se gastó todo un cartucho de tinta negra en sacar decenas de CV y los repartió por todas las residencias y geriatricos de su ciudad. Su novio la ayudó, el chico era comprensivo y conocía bien a Adriana, casi seis años de noviazgo daban para mucho y Martín sabía que ella no cesaría en su empeño.
Querían independizarse, habían apalabrado un pisito céntrico y apañado y solo con el sueldo de Martín no podrían costear todos los gastos.

Pasaron los días, las semanas y los meses, pero no había llamada, ni mail, ni nada. Y las deudas apretaban.

Justo cuando Adriana arrancó de una farola un papelito que demandaba una cuidadora para una señora en un piso (lipieza del mismo incluida) el cielo se abrió.

- Adriana? - Le preguntó una voz al otro lado de su teléfono móvil.
- Sí, soy yo - Respondió sin saber quien era.
- Le llamamos de la residencia "los pinos" y queriamos hacerle una entrevista. ¿Había dejado aquí su CV verdad?.
Adriana no se lo creía "¡¡una entrevista!!"

Esa noche su novio y ella follaron como leones, los nervios habían cambiado de bando y ahora un nuevo horizonte se abría ante ellos.

Adriana se vistió elegante y ligeramente sensual. Falda oscura por debajo de las rodillas, pero ajustada en su bonito culo. Camisa de manga larga blanca y portafolios debajo del brazo.
Quería dar una imagen de seria, responsable y atractiva. Siempre había sospechado que en esas residencias buscaban a jovenes agradables de aspecto para alegrar la vista a los ancianos. Era su teoria privada y ese día se confirmó que era cierta.

La entrevista fue breve. Sus buenas notas en toda la carrera, las prácticas en la Cruz Roja y su disposición al salario mímino y a trabajar los fines de semana convencieron al director de la residencia.

Era privada, muy privada. Con un extenso y cuidado jardín, piscina, tumbonas, juegos varios (minigolf, petanca), buffette abierto todo el día, ayudantes jóvenes y dispuestas. "Desde luego allí no irían pobres pensionistas" pensó Adriana.

Dentro de la mansión había salas de televisión, salas de baile, centros de masajes, un jacuzzi y todo lujo de accesorios para que las estancia de los abuelos fuera lo más agradable posible.

En el despacho de la ayudante jefe le dieron a Adriana su uniforme. Por supuesto era verde, con pantalones, camisa amplia, zuecos y un juego de llaves de las salas más comunes.
Cuando llegó a casa con el contrato firmado dentro de su portafolios, Adriana y su novio follaron de nuevo, hacia mucho tiempo que no lo hacían con asiduidad y hacia mucho tiempo que no tenían ese desenfreno propiciado por la evasión de preocupaciones.

- El sueldo no es alto, pero mucho mejor que el de una cajera o una asistenta del hogar - Filosofó Adriana en la cena post coito.
- Lo importante es que te adaptes rápido, tomes experiencia y quien sabe si esto te ayudará a subir de posición - La animó Martín
- El lugar es estupendo, de alta categoría, no creo que tenga problemas. No hay ancianos muy enfermos, no es que me importe, pero creo que no será difícil.

Adriana empezó a trabajar un lunes, esa primera semana le tocó el turno de tardes. Había tres turnos: Mañana, tarde y noche.
Printo comenzó a tratarse con una chica igual de joven que ella que llevaba trabajando allí cerca de un año.

Esta le explicó los pormenores de la residencia. Lo más problemático al principio era acordarse de las horas de ciertos medicamentos. Pero para eso tenían las listas con los nombres, las pastillas y las horas.
Las mujeres eran un poco más problemáticas, más gruñonas con las enfermeras. La compañera tenía la teoría de que para ellas las jovenes enfermeras eran las cuñadas. Las dos se rieron a carcajada limpia.
La compañera le explicó que los pellizcos en el culo, las palmadas en las nalgas y las toqueteos en los pechos eran más qu ecomunoes. Los hombres eran gente de dinero, que en su juventud no se habían privado de nada y en su vejez pensaban que el mundo seguía rigiéndose por el dinero.
Adriana pensó que no les faltaba razón.

La siguiente semana le tocó el turno de mañana, con otra compañera, esta más seria, mayor que Adriana y con cara de aburrida. Apenas hablaron de nada. Las mañanas eran más movidas. Al contrario que las tardes, donde todos dormian una plácida siesta, en las mañanas el jardín y las salas de ocio bullían de, sabiduría, canas y arrugas.

Las nalgas de Adriana ya comenzaban a sentir el toqueteo de algunas manos venosas. El hecho de no poder darles un guantazo o incluso de gritarles, hacía que las ancianas que observaban la escena, cuando Adriana pasaba a su lado, se llevara un "pero que cacho de guarra eres" o perlas por el estilo.
El medio día del jueves un anciano la sacó a bailar un poco en la pista destinada a mover el esqueleto, sin apenas tiempo para reaccionar su cuerpo se vio invadido por dos manos que en menos de dos minutos le habían sobado el cuello, la nuca, la espalda, el culo, la teta izquierda y se habían despedido dándole una palmadita en la nalga derecha.

Adriana solamente podía esbozar una cara de reprimenda y el consiguiente "señor Agustíííín".

Adriana se percató el viernes sobre las dos de la tarde que todos los día a esa hora un grupito de tres hombres de unos 75 años se sentaba en el banco del jardín principal y allí hablaban y se reían a gusto sin prestar atención al baile, a la petanca o a cualquier actividad de ocio que dentro se desarrollaba.

En los vestuarios de las enfermeras el domingo coincidió con su amiga que entraba al turno de tarde y le preguntó por esos tres caballeros.

"Solo te diré que no te acerques a ellos, son un peligro. Son señoritos que llevan toda su vida ganando dinero, haciendo lo que quieren y viviendo como les da la gana. Son un vividores y si te descuidas..... bueno, yo que tu no me acercaba mucho a ellos"
Le explicó su amiga en un tono tan misterioso como fascinante.

Adriana tuvo una buena, bonita y húmeda ración de sexo oral proporcionada por Martín. El chico era un Dios moviendo la lengua dentro del coño de Adriana, y está le premió con dos orgasmos la lengua de su chico dentro para acto seguido chupársela como una corderita chupa de las mamas de su progenitora. Justo cuando Adriana notó que su chico comenzaba a arquear la espalda anunciando su inminente corrida; a Adriana, fugazmente, le paso por la mente la imagen de las tres espaldas de los tres ancianos sentados en el banco del jardín. Sin darse cuenta Adriana estaba ya tragándose todo el semen que su chico estaba vaciando en su boca.

Dulce y misterioso.

El día siguiente Adríana consiguió que su amiga se quedara con ella para tomar un café. Hablaron de trabajos anteriores, planes de futuro y experiencias en la residencia. Adriana tenía las ideas muy claras y sin que se le notara, acabaron hablando de esos tres misteriosos ancianos.
Su amiga le volvió de decir que tuviera cuidado con ellos. Pero esta vez nuestra protagonista quiso saber a que se refería.

- Pero no entiendo. Son tres abueletes, ¿qué peligro pueden tener? - Pregunto haciéndose la inocente.

Su compañera miró a un lado, a otro y con gesto de la mejor espía acercó su silla a la de Adriana.

- Prométeme que esto no se lo dirás a nadie - Le susurró al oído.

- Pero...... - Comenzó a decir Adriana

- Ni peros, ni nada - Prométemelo o no te digo nada.

- Vale, vale, prometido está. Soy una tumba - Dijo Adriana con ceremoniosidad religiosa.

La bonita chica encendió un cigarro y comenzó a hablar con la mirada perdida en el humo de la cafetería.

"Llevo trabajando allí un año y dos meses, no he tenido más problemas que los pellizcos en el culo de Cosme, los insultos de alguna vieja arpía y poco más. Pero fue en un turno de noche cuando vi lo que vi.
La chica cuya plaza tu ocupas era joven, muy bonita y tambien con un alma caritativa muy utópica en estos tiempos. Estuvo solo medio año."

A Adriana se le abrieron los ojos y antes de que preguntara la razón, su compañera prosiguió la historia.

"Nos llevabamos muy bien, incluso cambiamos los turnos para que nos tocaran juntas. En uno de los de noche me dijo que iba a pasar por el salón y las habitaciones para controlar y la esperé en la sala de las enfermeras. Pasada casi una hora me extrañó que no volviera y salí a buscarla. En la residencia no hay viejos conflictivos, más o menos cascarrabias, pero nada violentos. No me preocupé demasiado.
Recorrí el pasillo de las habitaciones pero no la encontré, llegué a la sala pero, como estaba establecido, allí no había nadie a esas horas. Comencé a preocuparme"

Adriana la miraba absorta pensando en algo desagradable, violento.

"Hasta que llegué a la sala terapeutica. Sí esa de las duchas, jacuzzis y masajes. Y escuché risas y conversaciones. Me asomé por la ventana redonde de una de las puertas y allí los ví.
La chica solo llevaba puesto el pantalón verde del uniforme.... pero arriba no llevaba nada. Estaba sentada de frente a la puerta y pude verla así. Los tres viejos estaban a medio vestir. Uno con los pantalones puestos, otro en pijama y el tercero son su "aparato" al aire."

Adriana tragó saliba, no se lo podía creer.

"No quise interrumpir, me parecia muy violento pero a la vez me entró la curiosidad y me quedé a observar.
Los viejos le hacían cosquillas, a ella no parecía importarle lo más mínimo. De las cosquillas pasaron a las tocamientos en los pechos. No podía escuchar lo que hablaban, solo risas y algún que otro gritito nervioso de la chica.
Uno de los abuelos, calmó la situación y no sé que ordenó, pero todos se desnudaron. Los cuatro se quedaron sentados dentro del jacuzzi, desnudos y con su torso fuera del agua".

Adriana ya lo quería saber todo, le daban igual edades.

"A continuación la joven se pudo de píe y comenzó a moverse sensualmente, bajo el aplauso de los tres ancianos se contoneaba, se tocaba los pechos y se abría las nalgas. Era todo un desmadre y muy excitante.
Buscando alguna rezón vi como al lado de uno de los abuelos había una botella con un líquido verde y varios vasos alrededor. Supuse que estaban borrachos o algo peor.
Cuando paró de bailar los tres ancianos aplaudían entusiasmados.
A continuación fua la joven la que se sentó dejándome ver sus pechos, estaba colorada, el calor y aquella sustancia verde la tenía ligeramente congestionada. Los tres hombres se incorporaron y ella comenzó a hablar, tímidamente, llevándose la mano a la boca, como nerviosa y avergonzada.
Cuando paró de hablar (o dar ordenes) los tres viejos se rieron, se incorporaron y delante de ella pude ver como sus manos comenzaban a temblar haciendo movimientos que yo no podía ver ya que sus espaldas desnudas me lo impedían.
Pero lo que estaban haciendo era muy evidente...."

Adriana trataba de beber de la taza de café que estaba vacía desde que la chica estaba bailando para los viejos.





"Sí, por como la chica se morcía los labios supe que estaba viendo a tres hombres masturbándose delante de ella. Apartó la vista de sus pollas y los miró a la cara. Se rió, puso sus manos en las mejillas y volviendose a morder el labio inferior, comenzó a acercar sus manos a los viejos.
En un abrir y cerrar de ojos pude sospechar como la chica comenzó a masturbar a los tres, turnandose las pichas cada pocos segundos. Pude ver como dejaba de morderse el labio para abrir la boca y sacar la lengua en un gesto nervioso e impaciente".

Adriana no daba crédito, sus piernas habían dejado de estar cruzadas, para dejar espacio a su mano izquierda que ahora reposaba apretada contra sus muslos. "No puede ser, no puede ser, no me lo creo" pensaba muy excitada.

Su compañera continuó: "Yo tampoco me lo creía. Una chica joven y bonita con tres viejos verdes.... era imposible, pero allí estaba pajeandolos a los tres. Supuse que se corrieron rápido pues ella dejó de mover sus manos y los señores, después de flojearles las rodillas, volvieron a sentarse dentro del agua. Los tres le dieron a la chica sendos besitos en las mejillas, supongo que como muestra de agradecimiento. Ella estaba avergonzada, borracha y escitada, puesto queuna de los viejos, con un gesto, la invitó a que s epusiera de pie. Ella lo hizo y volviendo a jugar con su pelo nerviosa, me volvió a dar la espalda. Se abrió de piernas y comenzó a masturbarse con las piernas abiertas y semi flexionadas".

Adriana estaba ya más en la sala con los cuatro protagonistas que en la cafetería. Su narradora encendió otro pitillo y acabó de contarle esa extraña e inverosimil historia.

"Después de pocos minutos la chiquilla se corrió, su melena mojada comenzó a bailar con sus movimientos orgásmicos de cabeza, flexionó más aún las rodillas y pude notar como su pubis se movía con gesto obsceno y placentero.
Los tres viejos aplaudieron a rabiar mientras ella se volvía a sentar entre ellos.
Yo me tenía que ir, pero pude ver como los ancianos la animaban, la abrazaban y sobaban todo lo que podían".

Reinó el silencio durante unos segundos eternos, Adriana no reaccionaba y su acompañante rompió el incomodo silencio.

- ¿No te lo crees verdad? -
- Es que se me hace muy difícil de creer. Tres viejos, con esa chica ¿La habrían drogado? -
- El liquido podría ser absenta. Es muy fuerte y si no estas de ello.... - Sospechó la joven.

Los cafés los pagó adriana aún pensando en lo que acababa de oir.

Llegó a casa y vió a su novio tirado en el sofá, viendo la TV. Adriana colgó su bolso se acercó a el y, como hipnotizada, se quitó el abrigo, se desnudo en pocos segundos, le bajo el pantalón del pijama a su chico y comenzó a hacerle una mamada, como poseida por el espíritu de un pequeño lechon que mama de su madre, Adriana mamó, chupó y succionó la polla de su chico, mientras este aún con la sorpresa en el cuerpo no sabía si pararla, seguir mirando la TV o decir "buenas noches". Adriana arrodillada con las piernas abiertas se masturbaba mientras sentía como la polla de su novio comenzaba a crecer en su boca. Como su respiración se hacía más profunda...

Adriana se corrió, con el clitoris entre sus dedos índice y corazón justo cuando su chico comenzó a darle su semen, dulce y caliente. Lo bebió todo, hasta la última gota.
Le supo a gloria.

Pero Adriana no estaba allí, Adriana no había chupado la polla de su chico, ni había bebido su semen.

Y Adriana lo sabía.

La isla III

Tino se despertó sobresaltado, casi dando un bote, no tenía muy claro si lo que había pasado había sido un sueño o si era realidad. Cuando se le aclaró la vista y vio donde estaba se percató de que de sueño nada de nada. Sentado al borde de la cama su mente comenzó a despertarse también y en pocos segundos esta se percató de que estaba extrañando a alguien. Ese alguien era Sara, su recién estrenada esposa.

Tino también se percató de que estaba desnudo, completamente en cueros; se levantó despacio mirando a la cama donde dormían las dos jovencitas y el hombre enorme, intentando ni respirar, empezó a buscar su bañador, pero a los pocos minutos lo dio por perdido. Se encaminó hacia la entrada de la choza y asomó la cabeza. Debía de ser muy temprano ya que la plaza central estaba desierta y no se oía ni un alma. El silencio era roto por el canto de pájaros y el sonido acariciando las hojas de las palmeras.

Salió despacio, como queriendo ser invisible a los ojos de nadie, caminando ridículamente comenzó a escuchar en las puertas de las casas colindantes. Estas no eran más que cortezas de árboles con lo cual cuando se desesperó por no escuchar nada, se atrevió a mirar dentro, cual 007, se había convertido en un espía de lo más efectivo. Las familias dormían en sus camas, familias numerosas, de dos, ancianos, jóvenes, la tribu tenía la demografía más típica del mundo, aunque estuviera lejos de el. Sus manos dejaron de tapar ridículamente su entrepierna cuando se percató de que todos en las chozas estaban desnudos. Quizás si el no lo fuera, sí llamaría la atención. Se relajó un poco más, la soledad y el silencio le acompañaban y esto hizo que ahora caminara con total normalidad y no como un simio.

En la décima casa que miró vio a dos chicas despiertas y hablando entre si que, por culpa de su sombra, le descubrieron al segundo. Una de ellas se levantó y hablándole en ese idioma extraño le invitó a pasar. Él comenzó a recular, pero la mano de la chica se adelantó y el miedo a que su voz despertara a más habitantes hizo a Tino ceder y en un santiamén se encontró dentro de la choza. Esta era pequeña comparada con la del jefe, un reducido espacio central, una cama a la derecha y dos taburetes bajos a la derecha. La chica le sentó en uno de los tabuteres, las rodillas de Tino le llegaban casi hasta su mandíbula. Este se sentía muy ridículo con todo su "paquete" colgando al aire.

Las dos chicas sentadas delante de el, empiezan a hablar entre si, bajito, casi susurrando. Tino se fija en ellas por primera vez detalladamente. Son hermanas, son casi idénticas, muy morenas de piel, pelo negro brillante y bastante largo. La mayor debe de rondar los 18, sus tetas son bonitas, firmes, grandes y con el pezón negro; la otra, Tino no le pone más de 15, es casi lampiña, tiene los pechos pequeños pero ya formados, delgada, en pleno crecimiento, en el coño tiene ese vello adolescente que la delata como "demasiado" joven. Las observa y justo cuando ellas dejan de hablar entre si, también comienzan a explorarlo con la vista.

En un esfuerzo por conseguir encontrar a su esposa Tino se anima y trata de hacerles entender si la han visto. Se pone de pie y trata de explicar mediante gestos y palabras sueltas si han visto a su chica. Se señala los ojos, acaricia su piel para hacerles ver que es de ese color... las chicas se ríen sin entender nada... o eso parece. La joven se adelanta y se arrodilla delante de Tino.

Le comienza a hablar como si Tino entendiera lo que le dice, este niega con la cabeza ya con un gesto mezcla de desesperación y nerviosismo. La niña sonriente se apoya en las rodillas del chico cuando ve que este hunde la cabeza en sus manos. Justo cuando nuestro amigo va a levantarse la chiquilla hace fuerza y se lo impide. Tino, sorprendido, vuelve a sentarse en el taburete. La hermana mayor se levanta y se encamina hacia el. Ambas sonríen pícaramente cuando le abren las piernas y ven su depilada entrepierna.

Tino trata de cerrar las rodillas, pero cuatro manos tirando de ellas son más fuertes. Quiere levantarse pero ellas empiezan a reír más alto y a decirle no-sé-qué. Tino escucha ruidos fuera de la cabaña y teme que entre alguien, que lo vea con las dos jóvenes y que piense cosas que no son. La mentalidad de occidente se impone. Tino se sienta y las chicas vuelven a abrir sus piernas mientras siguen sonriendo señalando su depilada verga.

La mayor acerca su mano y le da un suave golpecito con su dedo. Tino responde con un respingo hacia atrás, las chica se ríen a carcajada limpia. Tino vuelve a temer que entre alguien y que lo descubra siendo tocado por una menor y su hermana. Ahora la pequeña acerca su mano, mordiéndose el labio, impaciente y toca los genitales del chico... que ya no da respingo alguno.

Las chicas vuelve a reír. Ahora las dos acercan sus manos, y en un segundo Tino tiene en su entrepierna cuatro manos tocándola suavemente. La polla del chico comienza a aumentar de tamaño, él realmente no quiere y trata de zafarse, pero ellas siguen tocando, palpando, incluso estirando su picha y huevos. Su falta de vello les llama poderosamente su atención. La polla de Tino ya esta más que grande y las chicas se percatan de ello.

Como hemos observado en la tribu no son muy dados a dejar escapar oportunidades sexuales y sucede lo que tiene que suceder... pero no de quien esperamos.

La niña adolescente agarra la polla de Tino con fuerza y separando las manos de su hermana se lanza a un ataque frontal y bastante húmedo. En un abrir y cerrar de ojos, Tino se encuentra con la cara de la niña pegada a su entrepierna y con la polla dentro de su pequeña boca. Al contrario de los toquetéos previos, la boca de la joven no es nada suave, mama y mama sin pensarlo, como si tuviera mucha hambre y sed. Su pequeñas manos apoyadas en las piernas de Tino hacen de sujeción para sus impulsos mamarios. Tino levanta la vista para ver donde está su hermana mayor y la ve ya sentada en la cama, con las piernas abiertas y masturbándose lentamente viendo la escena.... y con un "no sabes donde te has metido" dibujado en su sonrisa.

La pequeña no para, Tino siente que se le va la vida por la polla y que esta acaba en la boca de su pequeña amante salvaje. Esta de vez en cuando abre los ojos y lo mira, sonríe con una mueca graciosa debido a lo que tiene en la boca, y lo que tiene en la boca ya es bastante grande, caliente y húmedo.



Tino se relaja un poco más, cierra los ojos y siente todo el placer que le da la joven chupona. Podemos asegurar que no era la primera vez que esa jovencita chupa la entrepierna de un hombre.

De repente la joven para y de un salto se incorpora, toma a Tino por la mano y lo lleva casi a rastras a la cama. La hermana se echa a un lado y la pequeña obliga a Tino a tumbarse boca arriba. El mástil de nuestro amigo está mas que enorme. La niña vuelve a llevárselo a la boca y escalando ágilmente logra colocarse encima de el, con su polla en la boca y con el coño colocado estratégicamente en la cara de Tino.
Este trata de escapar de esa entrepierna lampiña y caliente. Pero los movimientos de gata le impiden huir. Mientras ella se contonea con la polla en la boca, abre las piernas, mucho, mueve sus caderas y al final logra lo que desea: Tino abre su boca y comienza a comer del joven y dulce coño de su ninfa.

Ahora el 69 es oficial, la niña chupa más, no para casi ni para respirar; su lengua y boca están acabando con todas las preocupaciones de Tino; su coño es dulce y nuestro hombre lo come, lame y chupa. Tino le separa las nalgas del culo para jugar con toda su entrepierna. La niña sigue retorciéndose como una gata en celo.
Su hermana se sigue masturbando sin perder detalle de lo que pasa a escasos centímetros de ella. Los gemidos se vuelven sordos con las dos bocas llenas de sexo.
La chiquilla comienza a mover más violentamente sus caderas, de un lado a otro, casi haciendo un ocho en el aire. Se estaba corriendo y Tino trataba por todos los medios de que su corrida no se le escapara.... dulce, sabrosa, caliente. Tino agarró con fuerza las nalgas de su amante y, metiendo la lengua hasta dentro, tragó todo el placer que le soltó la chiquilla, que gritaba con la polla de Tino aún dentro de su boca.

Y como había pasado anteriormente la niña paró súbitamente y de otro salto se coloca entre sus piernas, con el mástil muy húmedo y duro. Tino ha olvidado la moral occidental y el orgasmo de la niña le ha puesto cardiaco.
La chica se acerca a el a gatas, Tino piensa que se la va a volver a meter en la boca, pero no. Para su sorpresa la chica abre sus piernas encima de las de el y con la ayuda de su hermana, que toma el pene de Tino con la mano, se lo inserta en su joven y caliente coño, de un solo golpe. La furia y sensualidad de la niña se hace patente una vez más; con Tino echado sobre la dura cama, con sus manos abiertas, sin saber que hacer, la chica le cabalga cual amazona salvaje, sube sus brazos, casi le hace daño al golpear sus glúteos con las piernas de Tino. Sus pequeñas tetas saltan ligeramente en cada embestida. Araña al hombre en el pecho, se mueve como una tigresa, hace círculos con su cuerpo, busca cada rincón de su coño con la polla de Tino. Este solo puede cerrar los ojos y disfrutar de uno de los mejores polvos que ha echado en su vida.

"No es virgen.... No es virgen..." se repite Tino a si mismo intentando auto exculparse.

No puede más, no puede más y se va a correr..... Y de nuevo el mismo movimiento. La pequeña gata salta de golpe y se baja de la cama. Su hermana lo está esperando de rodillas, justo delante de el. La imagen le recuerda a la que vio la noche anterior en la caseta del jefe: dos chicas de rodillas, esperando a que el se corra para beber su leche caliente.

Y así sucede.

Tino se sienta en el borde de la cama y las chicas comienzan a pajearlo mientras lamen y chupan su polla. De una se la pasan a la otra, agarrada por una mano de cada chica, lo pajean con verdadera devoción, mirando el glande y sin perder de vista los depilados huevos, que tocan y besan siempre que pueden. Cada lametazo es un segundo menos en la cuenta atrás del despegue. A los pocos lametazos consiguen que Tino expulse todo su placer, blanco, caliente y dulce.
Los pechos de las chicas se comienzan a teñir de blanco, así como algunas partes de sus caras, la mayor rápidamente se adelanta a la joven y se mete de golpe la polla de Tino en la boca, sorbiendo las últimas gotas de semen. La joven, esta vez segunda, se lanza a lamer la leche de los pechos de su hermana. Cuando la mayor acaba con la picha del chico, mira a su hermanita y levantando su cabeza, comienza a lamer sus mejillas, bañadas en leche de Tino, para a continuación bajar hasta sus pequeños pechos y lamer la leche en ellos depositada.

A Tino le vuelven las preocupaciones tan rápido como su polla baja de tamaño, ha sido "casi forzado" a tener sexo con una menor, muy menor, no encuentra a su mujer y cada vez se escucha más ruido de vida en el poblado.

La isla I

Sara y Tino, Tino y Sara.

La boda había sido perfecta, sus más y sus menos en los preparativos, pero perfecta, pequeña, familiar, divertida y romántica.

No era normal en estos días que dos jóvenes se casaran tan "jóvenes" pero Sara y Tino tenían una posición social más que buena. Ambos pertenecían al funcionariado de clase alta. En su casa entraban todos los meses más de 6000 Euros; eso daba para casarse a los 27 años de sobra.

Se habían conocido en el trabajo, ambos inspectores de hacienda, primera promoción y a vivir.

Sara era alta, cerca del 1.75 delgada, buen cuerpo, tetas pequeñas, culo muy bonito, ningún kilo de más, morena de piel, pelo liso y castaño por la nuca. Tino era de su mismo estatura, moreno, pelo rizado, sin kilos de más pero sin músculos que lucir.

En la boda ella había llevado un vestido palabra de honor, precioso, cola de casi 3 metros. Tino un traje de casi 6000 Euros pagado por su abuela.

Entre regalos y sobres los minutos fueron pasando, copas, puros y risas. Tino se había metido un par de rayas de coca. No os engañéis, no es ningún cocainómano millonario. Simplemente en su juventud lo había probado y ahora dos veces al año se juntaba con sus amigos y se colocaba ligeramente. Sara lo sabía, no le importaba, ambos lo tenían controlado.

EL regalo final fue el de la madre de Tino, señora viuda y muy bien llevado, gracias. Un crucero por Micronesia. Suena extraño "Micronesia? Crucero?" Sí, pero la gente de dinero se gusta de regalar cosas así. El asunto se basaba en un barco enorme, a todo lujo y parando cada día en una isla diferente, paradisiaca, semi deshabitada y exclusiva. Todo incluido: desayuno, comida, cena, bebidas, barbacoas, cursillos, excursiones.... Lujo, amigos, mucho lujo.

Llegó el día del viaje. Dos horas hasta Zurich, y muchas, muchísimas más hasta el destino.

Hacemos una pausa para explicar por que Tino y Sara son los jóvenes idóneos para que les ocurra lo que les va a ocurrir.

Ambos son muy abiertos en el tema sexual. Al principio de su noviazgo decidieron que no tenían por que ser sexualmente fieles y estuvieron tres meses acostándose con gente diferente, todo esto terminó cuando Tino se acostó con una buena amiga de Sara, esta se la devolvió acostándose con el hermano de Tino. Decidieron normalizar su relación y la jugada les salió bien.
Pero ellos querían un poco más. Como habréis sospechado su vida sexual era más que plena, pero dieron un paso más: en su 5º aniversario de novios, se pagaron una prostituta de lujo (Laura) que participó con ellos en su primer y hasta la fecha, último trío.
Sara se dejó llevar, bebió de la otra chica, se dejó hacer sexo oral con ella, las dos se la chuparon a su chico, dejó que Tino (en esa ocasión) se colocara hasta las cejas. El se la metió a su esposa, a Laura, a su esposa, a Laura, hasta que se cansó y se corrió mientras ellas se "peleaban" por su polla.

Los días siguientes, como en todo trío que se precie, fueron bastante tensos, sin hablar demasiado en general y absolutamente nada sobre la orgía en cuestión.

Volvamos al presente.

El barco era increíble, salieron de Papeete, el crucero consistía en navegar por la noche y atracar por el día: Puka Puka, Tuamotu, atolones y pequeñas islas llenas de lujo, playas de arena blanca y sol.

Ya morenos desde el segundo día, el calor, las bebidas, el sol, las excursiones, amistades, espectáculos nocturnos en la gran sala central del barco... todo era perfecto.


Hasta que llegó el sexto día.

Sara y Tino llegaron con los demás turistas, como casi todos los días, en un bote fletado desde el barco a la isla en cuestión, en esas islas no hay suficiente calado y los grandes barcos no pueden acercarse más. El bufete ya estaba preparado en la orilla. Baños, hamburguesas, cocina regional, bebida, descanso...
La isla era relativamente grande, quizás la más grande de las que habían visto hasta ahora. Tenía una montaña en su centro que la hacía muy espectacular. Sara le dijo a Tino que si iban a explorar un poco el terreno. El guiño de ojo, junto con una pícara sonrisa hicieron ver a Tino que su recién estrenada mujer quería algo más que una caminata. Hacía dos días habían hecho el amor en el mar, en una cala escondida de las miradas de los demás turistas.
De la mano y vestidos solamente con sus bañador y bikini respectivamente, Tino y Sara comenzaron a alejarse de la playa donde estaban los demás

- No tenemos reloj y nos dijeron que a las 19.00 teníamos que estar en el embarcadero - Dijo Tino

- No te preocupes, no tardamos nada - Dijo Sara mientras tiraba de su brazo.

Llegaron a la otra parte de la playa de donde habían salido, estaba desierta. Solo una pequeña barca de madera rota y erosionada por el mar y el viento. "Algún pescador local, que ahora vende collares" pensó Sara.

Se metieron en el agua hasta las rodillas, en ese lado de la isla soplaba algo más de viento, pero casi se agradecía. Sara mirando a Tino a los ojos, se despojó de su mini bikini, parte de arriba y parte de abajo, despacio. Tino hizo lo mismo. Desnudos los dos se fundieron en un apasionado beso. Sara notaba como la polla de su marido comenzaba a crecer. Bajó sus manos hasta que se la agarró y tiro despacio de ella y lo sacó de nuevo a la orilla. Sara sin pensárselo se colocó a cuatro patas, dejando su depilado coño a la vista de su hombre. Tino tampoco pensó mucho y se lanzó a comer el coño de su mujer. Ella a cuatro patas, el como un perro, a cuatro patas también, pasando su lengua por coño y ano.

En pocos segundos cambiaron de posición, Tino se sentó sobre la arena y con la polla apuntando a su mujer, la llamó con un gesto de manos. Esta, obediente, se acercó y así desnudos los dos, ella comenzó a hacerle una gran mamada a cuatro patas.



La polla de el chico estaba demasiado tiesa para permanecer más tiempo al aire. Tino se incorporó y separando las nalgas de su mujer, se la insertó de un solo golpe. Sara gritó y su alarido se escuchó con claridad en toda la playa.
Y así follaron, durante casi diez minutos Tino se la metió por su húmedo y salado coño hasta que le sacó un primer orgasmo. Las olas bañaban sus piernas y manos. Ahora Tino se tumbó boca arriba y Sara se colocó en cuclillas sobre el. Comenzó a botar mientras las manos de su chico la ayudaban levantándola por el culo.

Tino se corrió dentro de ella entre bufidos y gritos de placer.

Tino y Sara tuvieron un primer fallo: no llevar reloj. Pero tuvieron un segundo mucho más grave: Dormirse.

Cuando Sara abrió los ojos su reacción fue inmediata, el terror se apoderó de ella. El cielo tenía ese color de crepúsculo, entre rojizo y oscuro

- Tino, Tino, joder, Tino despierta, que nos hemos dormido - Dijo mientras movía con violencia a su esposo.

Tino tardó pocos segundos en sentir el pánico que ya tenía encima su mujer.

- Vale, vale, tranquila, es seguro que nos están buscando, tienen un recuento de pasajeros y saben que estamos aquí fuera - Trato de engañarse a si mismo Tino y por si colaba, a su esposa.

Los dos se pusieron de píe, nerviosos, muy nerviosos.

- Aún hay algo de luz, deberíamos irnos a la otra playa a ver si están allí esperándonos - Dijo Sara

De la mano y con cuidado, los dos se pusieron en marcha. Cada minuto que pasaba la visión se volvía más oscura.
A los treinta y cinco minutos de buscar desesperadamente el embarcadero se detuvieron y sin decir palabra llegaron a la conclusión de que ambos estaban en un grave problema.

Sin hablarse aún caminaron hasta encontrar una playa, ya no se veía prácticamente nada, solamente la luna creciente y las estrellas ayudaban un poco.

Tino se subió a una palmera medio caída y trató de divisar algo.

- Tino, Tino, baja..... - Dijo Sara en voz baja.

Cuando tino estaba ya en la arena su mujer le susurró al oído: "acabo de ver tres sombras detrás de aquel árbol"

Tino, nervioso y asustado se acercó donde le había señalado su mujer.

"Hola?!?!?!?... Hello?!?!?!?!" gritó

Nada ni nadie le respondía.

- ¿Estás segura? - Le preguntó Tino.

los ojos de Sara se abrieron como platos justo cuando iba a responderle a Tino.

Tres sombras salieron de entre las palmeras a la espalda de Tino. Se quedaron a escasos metros de la asustada pareja.
Mirándolos con cara de curiosidad, torciendo la cabeza para verlos mejor entre la oscuridad, las tres sombras comenzaron a hablar en un idioma extraño, casi gutural.

Sara y Tino no podían articular palabra, de la mano y muy asustados se quedaron sobre la arena, sin poder reaccionar a nada de lo que les estaba ocurriendo.

Las tres sombras se acercaron a ellos y por fin pudieron ver sus rostros. Eran dos hombres y una mujer. Casi ancianos los tres.
Cuando se detuvieron estaban a un metro de la pareja. Cuando los ojos se acostumbraron a la oscuridad, Tino y Sara pudieron ver que los tres solamente llevaban un taparrabos escaso. La mujer tenía los pechos muy caídos y los hombres eran altos, uno delgado el otro más robusto.

Cuando las manos de los tres comenzaron a acercarse al cuerpo de Sara, esta se agarró más fuerte a la mano de su marido. Este le susurró que estuviera tranquila.

La mano de la mujer le tocó el pelo, la mano del delgado le tocaba los hombros y la del otro anciano la barriga. Cuando acabaron de explorar el cuerpo de la chica, pasaron al de su esposo. A este el hombre gordo le toco el bañador encontrándose con la polla de Tino, la anciana le palpaba la cara y el otro la barriga.

Sara comenzó a llorar, desconsoladamente.

- Por favor, por favor, no nos hagan daño, por favor, nos hemos perdido, por favor. ¿Me entienden? - Suplicó mirando a los tres individuos.

Volvieron a hablar en su idioma y tomándolos de la mano, se los llevaron.

En solo diez minutos los cinco estaban en un bote, estrecho pero firme sobre el mar. Sara no paraba de gimotear y Tino la agarraba y consolaba como podía.

- No te preocupes, tranquila, seguro que nos llevan a una isla con teléfono o algo así y mañana estamos en el barco o en un hotel, ya verás - Le decía Tino.

Los dos se creyeron ese consuelo en forma de palabras. Pero la realidad iba a ser otra.

Después de casi treinta minutos remando, llegaron a un pequeño embarcadero. La noche seguía siendo cerrada, pero esta vez a lo lejos se veían luces.

- Te lo dije, ¿ves? - Le dijo Tino mientras besaba la cabeza de su mujer, que aún temblaba.

Cuando llegaron por un pasillo natural a las "luces" estas no eran más que antorchas. En el centro había una gran hoguera y difuminadas por las sombras se adivinaban decenas de casetas hechas con madera y ramas de palmeras.

La pareja se asustó, mucho, más que antes.

Aún tirados de las manos por los dos hombres, llegaron ante una caseta, grande, iluminada por las llamas de una antorcha cercana.

Debido a su resistencia y su miedo los hicieron pasar a empujones.

En la choza estaba sentado un hombre, más bien un elefante. Oscuro de piel, gordo, muy gordo, enorme, de cerca de dos metros. Estaba sentado en una especie de trono de paja. Era lo más parecido a un luchador de sumo que Tino había visto en su vida.
A su lado había dos mujeres, mas bien niñas. Sara no les echaba más de quince años a cada una. Ambas estaban apoyadas sobre las enormes rodillas del mastodóntico hombre.

Toda la cabaña crujió cuando el ser se levantó y con una agilidad impropia de alguien de su peso se acercó a la pareja.

Por la entonación la pareja supo que les estaba preguntando algo, pero su idioma era incompresible. Sara y Tino negaban con la cabeza. Sara cabizbaja no se atrevía a mirar los enormes ojos negros del hombre, su rostro tatuado impresionaba. Se fijó en los pies, en las rodillas y el el taparrabos que en otra circunstancia podría haber sido perfectamente una tienda de campaña.

El hombre al ver que Sara no lo miraba a la cara, la tomó con su enorme y rolliza mano y le levantó su cara hasta que ella le miró a los ojos.

- Tranquila Sara, tranquila - La trató de calmar Tino.

El gigantón se colocó delante de la chica y comenzó a mirarla curioso. Levantó su mano y le tocó el pelo, las mejillas, los hombros, le paso las manos por encima de sus pequeños pechos (Sara dio un respingo hacia atrás), la tomó con ambas manos de la cintura y la elevó sobre el suelo con suma facilidad.
Sara dio un gritito y el hombre, dirigiéndose a las jóvenes que estaban de rodillas en el suelo, exclamó algo que las hizo estallar en una sonora carcajada. Ambas se levantaron justo cuando el hombre volvía a bajar a Sara.

Las chica se acercaron a Tino, les llamó la atención su piel casi blanca comparada con su color ceniza. Una de ellas se percató de su bañador y comenzó a tocarlo con curiosidad, la otra joven también bajó y las cuatro pequeñas manos comenzaron a acariciar la tela. Inconscientemente cada vez que Tino sentía las manos de las chicas tocar su polla, este daba un respingo para atrás.

Mientras, el hombre se había llevado a Sara a su trono, se había sentado de nuevo y la seguía examinando cuidadosamente, apretando casi en cada poro de su cuerpo. Dando la espalda a su marido el hombretón le tocaba la espalda, piernas, ombligo, pechos, pelvis, nalgas. Sara estaba muy asustada, pero su nerviosismo se había relajado debido a los inocentes toqueteos sin aparente peligro del gigantón

A su espalda, una de las chicas intentaba quitarle el bañador torpemente a su marido. La otra mientras tanto le acariciaba el pelo y la espalda.

La situación no dejaba de ser extraña y placentra.

Cuando El bañador salió de sus tobillos Tino, desnudo, se tapó su entrepierna con ambas manos. La chica que estaba su espalda comenzó a acariciarle el culo, mientras la otra olía y jugaba con el bañador, tratando de ponérselo.
El gigantón se reía viendo a sus niñas jugar con el extraño. Sin tiempo a reaccionar, sentó a Sara sobre una de sus rodillas y atrapándola con una mano por la cintura, comenzó con la otra a acariciar sus pequeños pechos por encima del bikini. Todo esto sin perder de vista a las dos chiquillas y a Tino.

Sara no sabía que hacer, trataba de separar la enorme mano del hombre y no daba crédito a lo que veía. Ahora una de las jóvenes, se había puesto delante de el y trataba de separar las manos de su marido para ver su polla. Cuando lo consiguió tomó la polla de Tino y comenzó a hablar con la otra chica, esta, ya con el bañador puesto encima de su diminuto taparrabos, se acercó.
Ambas comenzaron a toquetear y a estirar la flácida polla de Tino, mientras este trataba de volver a crubrise.

Cuando el enorme hombre se percató de que las dos jóvenes se estaban divirtiendo con la entrepierna del extraño, de un empujón tiró a Sara de su rodilla y con dos palabras extrañas (que debían de ser sus nombres) hizo que las dos jóvenes se acercaran a el.

Sin mediar palabra, se levantó, se desanudó el taparrabos y dejó al aire algo descomunal. Entre sus piernas se abría paso una polla de un tamaño megalodónico. Ambas chicas se pusieron de rodillas delante del aparato y sin pensárselo comenzaron a chuparlo.

Una de ellas lo aguantaba con ambas manos, mientras que la otra comenzaba a darle lametazos. Sus caras eran de puro vicio. Intercambiándose los papeles cada poco tiempo aquella polla comenzó a engordar, curiosamente no creció mucho más ya que hubieran tenido que desalojar la choza, pero aún así era un polla tremenda.

Sara y Tino apenas podían mirar, muertos de vergüenza, Sara con un pecho fuera del bikini y Tino desnudo completamente, no sabían donde mirar.

Las dos chicas, ya con la polla bien firme comenzaron a lamer y chupar a la vez. A los pocos minutos el hombre comenzó a bufar como un toro salvaje y de su polla salió un chorro de esperma que, como un geiser, subió para regocijo de las dos jóvenes chupadoras. Ambas, una vez calmado su hombre, comenzaron a lamer toda la leche caliente de piernas y barriga.

Sara no sabía donde meterse o donde mirar, pero en unos segundos descubrió que la polla de Tino estaba tiesa, dura y colorada. Tino no perdía detalle de las dos jóvenes.
Cuando acabaron de limpiar al hombre las dos chicas se levantaron y se recostaron juntas en una cama que había en un rincón oscuro de la habitación. Sin ningún pudor se desnudaron y comenzaron a masturbarse en silencio.

El hombre señaló otra cama, un poco más grande que había al otro lado de la habitación. La orden era clara: "A dormir". Sara y Tino obedecieron, era tarde e incluso con los nervios y el miedo a cuestas estaban cansados.

Tino seguía desnudo, Sara con su bikini. La cama era dura, pero al menos grande.

- ¿Estás bien? - Le preguntó Tino a su mujer

- Sí, solo me ha magreado un poco..... - Respondió Sara, tratando de tranquilizarlo.

- A mi también, no sé que hacer - Le confesó Tino

- Espero que mañana las cosas vayan mejor...... y a ti que te devuelvan el bañador -

Se durmieron pronto.



Continuará.

Tarde despertar

Ana me lleva diciendo durante varios meses que no puede más, que a su novio no le gusta el sexo demasiado (cosa diametrálmete opuesta a ella) y que como las cosas sigan así o lo deja o acabará por engañarla con otro hombre.

Ana me explica que el quiere sexo del de verdad, ponerse a 4 patas, follar en el coche, meterle mano en público, que se excite cuando ve a otras mujeres, ponerle celoso. Pero no Ivan no es así, Ivan es pausado, calmado, tranquilo y confiado, muy familiar y nada vicioso, la antíntesis de Ana.

Ana es una chica muy bonita, rellenita, pero guapa, unas piernas bien formadas, una bonita cintura, lo mas llamativo es su cara, redontita, con ojos achinados, morena y muy tierna y lo más excitante sus pechos. Se los conocía de las veces que fuimos a la playa juntos, son grandes, una 100 tranquilamente, nada colgantes, firmes, duros, la palabra era "espectaculares".

A Ana, como ya habréis adivinado le encanta el sexo. Me lo demostró una noche cuando eramos novios, follándome en los reservados de un pub, con unos 6 pares de ojos viéndonos.

Ivan es el prototipo de "tío bueno", joven, cachas, alto, simpático, lo tenía todo... excepto libido.

Le pregunté a Ana si había probado a llevárselo de vacaciones, a ponerlo celoso con otros chicos, a tratar de excitarlo con otras mujeres. Ana lo había probado todo lo lógico. La última vez le había preparado una sorpresa en forma de vestido de fulana total. Con un vestido de una sola pieza, palabra de honor ajustado a su cuerpo y muy corto, peinada hacia atrás y con los ojos muy pintados. Le había tumbado en la cama "se la comí como nunca lo había hecho" y se lo acabó follando ella con las manos de el en su culo.

Le comenté la posibilidad de que el tuviera un romance secreto y Ana me confesó que lo había pensado, pero que le parecía difícil; se veían muy a menudo, el trabajaba muchas horas y las que no, las solían pasar juntos. Era difícil tener una aventura con el poco tiempo que le queda libre.

Noté a Ana muy preocupada, demasiado y yo... bueno ya me conocéis. Le propuse que fuera a por todas. Me preguntó que quería decir.
Le expliqué que tenía que hacerle ver que le gustaba el sexo y que no podría estar con un novio parado y mojigato.

- Y que hago? - Me preguntó con una cara curiosa

Le expliqué mi plan y no pareció disgustarle. Celar como un animal a Ivan, decirle que la habían invitado unos amigos a un SPA y que si quería venir... si el se animara celarlo allí mismo y despertar en el nuevas sensaciones; y que si se diera el extraño caso de que dijera que no, ir ella con los amigos y esperar la reacción de Ivan.

Ana le explicó a su novio que se iba a un balneario con dos amigos de la universidad, intentando buscar que a Ivan le picaran los celos y se apuntara al viaje. Pero con un simple "Es una pena que no pueda ir por culpa de mi trabajo. Pero ve tu sin problema" Ana quedó tocada y hundida.
¿Cómo era posible que su novio le dejara ir de vacaciones 3 días con dos chicos? A Ana eso le pareció la gota que colmaba el vaso y decidió ir igualmente con sus dos amigos. Pasarlo bien, olvidarse de los problemas con su novio y pensar que hacia con su relación a la vuelta.

Salieron de vacaciones a un balneario muy famoso, Ana Dani y Diego. Iván conocía a los dos y sabía que Ana y Diego habían tenido "algo más que una amistad".
Previamente había tenido una charla con Ana y ella quedó en pasárselo lo mejor posible, hablar de la vida y solucionar problemas.

Solo pasarían dos noches en el balneario.

Pasaron a buscar a Ana por su casa y allí salió a despedirla Ivan. "Menudo capullo" soltó Dani.
Ya en el coche, mientras Diego conducía y Dani hacía de copiloto, Ana iba detrás seria, muy seria. No era para menos. Su relación estaba punto de irse al garete. Dani trataba de sacarle alguna sonrisa a Ana, pero esta apenas reaccionaba, este ni corto ni perezoso se desabrochó el cinturón de seguridad y se pasó atrás con ella. Conozco a Dani y es un salido de mucho cuidado, un cazador con carnet profesional. Colocó su brazo alrededor del cuello de Ana y así estuvo durante casi todo el trayecto, diciéndole palabras de consuelo y gastándole alguna broma que otra.Diego se limitaba a sonreír y a ayudar al consuelo. Ana sonrió en más de una ocasión y descansó su cabeza en el hombro de Dani.

El balneario era precioso. Llegaron a la hora de comer, Ana se fue a su habitación y los chicos a la suya.

- Yo no tengo hambre, el viaje ha sido un poco largo y me voy a ir directamente al circuito spa - Dijo Ana mientras subía a su habitación.

Siguiendo lo planeado, todos se fueron a las habitaciones y en 20 minutos estaban los tres en el gran espacio donde el agua y el vapor se mezclaban. No había demasiada gente, un matrimonio de unos 50 años y dos mujeres cercanas a los 40. Dani y yo estábamos esperando a nuestra amiga sentados en el banco de mármol, cerca del agua cuando Ana apareció. Con su bañador de una pieza, con sus bonitas piernas y sus grandes tetas, los dos se quedaron boquiabiertos.

- Parecéis dos viejos verdes - Dijo Ana algo ruborizada

- Y tu un ángel - Respondió Dani

Tras unos minutos de risas, nos fuimos al agua.
Dani se zambulló rápidamente en la piscina principal.

Diego le preguntó a Ana cómo estaba. Tenía ojos tristes y le costaba sonreir; la situación no era la más adecuada para ello. Dijo que rompería con Ivan en cuanto llegara a casa.

- No es solo por el sexo, es muy "dejado", poco romántico. Necesito más atención y por supuesto mejor vida sexual - Dijo con la mirada perdida

- Piénsalo bien, hagas lo que hagas cuenta conmigo - Le respondió Diego poniendo la mano sobre su hombro.

"Vamos chiiiicos, esto está de lujo" Escuchamos gritar a Dani.

El circuito SPA era muy completo, comenzamos con los chorros a presión en diferentes partes del cuerpo, desde la nuca hasta los tobillos. Cuando llegaron al de la espalda los tres disfrutaron como enanos. Dani se dio la vuelta y puso su pecho contra el chorro de agua. Diego hizo lo mismo y le dijo a Ana que lo probara. No era su intención provocarla pero ella se lo tomó así y con una mirada más que pícara, les dijo que con sus tetas eso no era buena idea. Los tres se rieron a carcajada limpia.
En la siguiente estación que compartieron, el duelo entre los chicos paso a un segundo nivel. Ana se intentó poner en el gran chorro a presión que te golpea la espalda, pero la fuerza del agua le impedía mantenerse quieta. Viendo como se movía Diego y Dani fueron a ayudarla. Diego la tomó por las manos, ella seguía resbalando, Dani la agarró por la cintura, los dos estaban a merced del agua y entre risas y resbalones, Diego tomó la mano de Ana con fuerza y se acercó a ella. Ana tenía a Dani delante suya agarrándola por la cintura y a Diego detrás tomándola de los hombros, el agua los golpeaba a los tres y las risas se hacían cada vez más elevadas, al igual que las manos. Las de Diego agarraban a Ana por las axilas y sus dedos notaban textura de la parte exterior de sus pechos. Dani a su vez, sujetaba a su amiga por la cintura y las grandes tetas de esta rozaban el pecho de su amigo. La situación era más cómica que otra cosa, pero Ana sentía las cuatro manos en su cuerpo y pequeñas mariposas comenzaba a revolotear en su estómago.

Con el tiempo se fueron separando. Dani se recostó en una cama de marmol de donde salían infinitos chorros de agua que masajeaban todo su cuerpo. Diego se entretuvo con el chorro alto que golpeaba en el cuello y Ana se quedó en los chorros que te masajeaban los píes.

Después de varios minutos probándolos todos acabaron por meterse los tres en un pequeño jacuzzi. Sin hablar se relajaron y recostaron las cabezas hacia atrás. Los grandes pechos de Ana sobresalían entre las burbujas, era una visión tremendamente arrebatadora y sensual. El lugar era muy pequeño y sus piernas se tocaban. Ana colocó una sobre las rodillas de Diego y la otra sobre las de Dani, quedando así semi flotando en el burbujeante agua.
Las burbujas hacían que su cuerpo sintiera cientos de caricias y un par más apenas se notarían. Dani comenzó a acariciar suavemente los pies de Ana, más en plan colega que en plan vicioso. Al percatarse de su maniobra la mano de Diego descansó sobre la rodilla que tenía apollada sobre sus piernas. Así en silencio pasaron cerca de 10 minutos.
No estoy seguro de que Ana se percatara de que sus dos amigos tenían sus inocentes manos sobre partes de su cuerpo, pero si era así ella se dejó hacer.

Al poco nos fuimos a la sauna, en ella Dani y Diego se sentaron y ella apoyó su cabeza sobre mis piernas y los pies sobre las de su otro amigo. En el primer atrevimiento serio de la tarde Diego jugó con el sudor de su frente con los dedos, mientras ella sonreía. Dani al ver la maniobra se giró ligeramente hasta que los píes de Ana quedaron entre sus piernas y nuestro amigo comenzó a masajearselos suavemente.

Ana estaba en el cielo, su cara ya era la natural y su cabeza ahora estaba disfrutando del placer de estar con dos amigos y que estos la cuidaran como lo estaban haciendo.
Ana abrió los ojos y los miro, buscando explicación a la escena: ella recostada entre dos hombres y estos haciéndole caricias y mimos. Su cara pasó de mostrar agradecimiento a una mezcla de temor y remordimiento en un segundo.

Después de probar todo el circuito y de repetir más de una estación, decidieron ducharse e ir a dar un paseo por el jardín del SPA. En el Ana les contó sus planes de cara al futuro: Dejaría a Iván y se iría a vivir con una amiga que se acababa de mudar a la ciudad. Diego trató de suavizar su posición, pero Dani no hacía más que animarla a que dejara a su chico. Las intenciones de Dani estaban muy claras: el no quería salir de estas mini vacaciones sin haber intentado algo con Ana.

En el restaurante Ana confirmó a Diego, mientras Dani bajaba, que se estaban portando muy bien con ella, que Dani era un chico muy atento y que no recordaba que fuera tan agradable. Diego no quiso decirle que Dani lo que buscaba era un rollo, tampoco hubiera tenido tiempo ya que a Ana se le escaparon sus intenciones según bajaba el vino por la garganta de Diego:

- Es más, si me lo propone no me importaría tener algo con el aquí - Le dijo mirando a la nada

Un hombre es siempre un hombre y cuando una mujer que te atrae te dice algo así no tienes más remedio que contraatacar.

- A mi tampoco me importaría tener algo contigo - Le respondió tragándose toda su amistad por ella.

Ana levantó la vista y acariciándole la mejilla me respondió:

- Lo sé, lo sé -

La cena transcurrió entre risas y bromas, estaban muy cansados por el circuito y se fueron a la cama.


El día siguiente Ana apareció con una cara diferente, feliz y muy alegre, la sonrisa de buenos días descubría que, o bien la sesión de SPA le había sentado de maravilla, que sus penas habían desaparecido o ambas cosas.

- Chicos, nos vamos a hacer la parte relajante del circuito - Comentó mientras desayunaban café, tostadas y zumo de frutas.

No hubo discusión posible, y al poco tiempo de acabar de dasayunar, se presentaron en una sala grande llena de nuevas estaciones hidro-termales. Estas consistían en chorros de agua más suaves, mezcla de frío y calor y una pequeña piscina de agua tibia en el exterior, que contrastaba con la despejada y fría mañana que había amanecido. Era temprano y un día entre semana, con lo cual se puede decir que tenían literalmente el circuito para ellos solos.
Ana les sorprendió cuando se despojó de su albornoz y les dejó ver que no vestía su bañador de una pieza, si no un bonito bikini.

Los chicos no dijeron palabra alguna, ella los tomó de las manos y se los llevó al agua. La primera estación era una cama de piedra con diferentes chorros suaves que masajeaban desde la nuca a los pies. El cuerpo de Ana era lo más apetecible que podían imaginar. Su espalda se curvaba, sus pechos se movían con lentitud.
La siguiente piscina era de agua semi-fría y los tres entraron entre risas y gritos. Cuando sus cuerpos se acostumbraron a la temperatura, comenzaron a hablar.
Ni que decir tiene que las miradas de los dos chicos se posaban más en los fríos y duros pezones de Ana que en sus bonitos ojos. Ella se dio cuenta y decidió jugar un poco.

- Os vais a quedar ciegos - Les dijo pillándolos in fraganti

- Es que hay cosas que llaman poderosamente la atención - Le respondió Diego

Ella ni corta ni perezosa subió su busto y dejó al aire sus bonitos pechos.

- Los vuestros también están un poco "puntiagudos" - Les dijo mirándolos

- Hace frío es lo más normal del mundo - Repondió Dani acariciándose uno

- Si es tan normal, dejad de mirármelos me los acabaréis gastando - Dijo Ana colocando sus manos encima del bikini y excitando aún más a sus amigos.

Los tres estallaron en una carcajada nerviosa.

La siguiente estación era un baño relajante de agua salada, en el flotabas ligeramente y los tres amigos así lo intentaban. Las manos ayudando a estabilizarse se hicieron más que una ayuda y los tres sufrieron tocamientos en el culo o muslos. Ana no se cortaba y ayudaba a sus amigos cogiéndolos por la nuca y las nalgas. Ellos hacían lo mismo con ella. Ana volvía a sentir las cuatro manos sobre su cuerpo y hoy le gustaba y le excitaba. Las manos de Diego eran las mas comedidas, sujetando su cabeza y su espalda. Sin embargo las de Dani buscaban su nuca y su trasero y una vez que encontraban a este sus dedos se movían juguetones por sus nalgas.
Ana callaba y disfrutaba.

En la piscina exterior se mezcla el frío de la mañana con el calor del agua y solamente se veían las tres cabezas asomando por la humeante agua.

- Si saco mi cuerpo se me van a poner los pezones como para sacar un ojo a alguien - Dijo Dani

- Si saco yo el mío os vais a enterar - Respondió Ana desafiante

- Adelante - La reté yo

Tomando impulso sacó su cuerpo hasta la cintura y permaneció así varios segundos. Sus pezones comenzaron a marcarse a través de su bikini. Los chicos comenzaron a aplaudir eufóricos

- Eso si que nos sacaría un ojo - Dije yo cuando Ana volvió a meter su cuerpo en el caliente agua.

- No creas, tampoco es para tanto - Me respondió

Dani se levantó sin decir ni una palabra y estuvo varios segundos con su torso al aire. Cuando volvió al agua Ana se le acercó.

- Ahora déjame tocarlos a ver si están duros o no, no te los he visto -

Lo normal era que Dani le dijera que sí que estaban duros, pero aquello ni Dani estaba frío ni aquella situación era normal.
Ana se acercó se sentó entre los chicos y con su mano acarició levemente el pezón derecho de su amigo.

- Está más duro el mío - Dijo

- Podemos? - respondió Dani

"Podemos?" Dani acbaba de pluralizar la idea de acosar a Ana, Diego nervioso no sabía donde meterse.

Ana se incorporo un poco y dejo bikini al aire, con sus dos pezones soresaliendo apuntando alto y duros.

Dani acercó su mano a uno... y Diego "no tuvo más remedio" que hacer lo mismo con el que quedaba libre.
Sí, en efecto, Ana tenía unos pezones preciosos y muy duros, el frío había hecho el resto y la fina tela del bikini hacía que la sensibilidad ganara la batalla. Volvió a meterse dentro del agua, pero las manos de sus amigos no habían dejado de acariciar con cuidado los pezones de Ana.
Esta no protestó, simplemente reclinó su cabeza para atrás y disfrutó del masaje que le estaban dando.

- Me estáis poniendo muy caliente, chicos - Logró decir después de un suspiro aún con la cabeza recostada y mirando al cielo azul.

Las manos de Diego y de Dani ya no solo acariciaban los pezones a través del bikini, ahora los dedos habían ganado terreno y los pechos de Ana estaban cubiertos totalmente por las manos de sus amigos.

Pero Ana quiere tocar. Las manos de Ana se deslizan lentamente hacia el bañador de Dani, nota su erección, esto la vuelve a hacer suspirar, todo lo hace con los ojos cerrados, recuerda la polla de Dani, era dulce, agradable, experta, sabía moverse muy bien... Ana necesitaba besar a alguien y Sergio estaba muy cerca, Sergio estaba absorto mirando como la mano de Ana se posaba sobre la entrepierna de Dani, acercó su boca lentamente hacia él, sedienta, necesitaba sentir su lengua, volvieron los recuerdos de un verano caliente y húmedo, muy húmedo con mucho sexo, risas y alegría, recordó esa misma lengua recorriendo todo su cuerpo y dando placer a su entrepierna.

-Quiero correrme- pidió Ana a sus amigos- necesito correrme, por favor... - Ana suplicó a sus amigos entre suspiros...

-Estamos al aire libre... -dijo Dani

-Nunca me ha importado eso chicos... si nos mira alguien, mejor -

Al decir estas palabras Dani y Diego sintieron sus bañadores a punto de estallar... Dani conocía muy bien el coño de Ana, lo recordaba a la perfección y sabía donde tenía que tocar, exactamente, Dani sabía como tocar sus pezones para llevar a Ana al punto del orgasmo...

La mano de Dani entró dentro del bikini de Ana, se lo quitó con manos expertas, uno de sus dedos se perdió dentro del sexo de Ana, esta se volvió loca, abrió lo ojos, miró a Dani.

- Uno mas, por favor - Dijo entre suspiros

Lo que no esperaba Ana era que el otro dedo que comenzaba a tocarla era de otra mano, Diego necesitaba tocarla... sus dedos se acercaron a ella y empezaron a masajear lentamente su clítoris.

La calentura de Ana se manifestaba en las pollas de sus dos amantes en forma de apretones y movimientos masturbatorios.

- Deja nuestras pollas concéntrate en correrte en mis dedos Anita.... - Susurró Dani al oido de Ana

Ana, se percató de la situación, dos manos para su coño, sentirlas le hizo comenzar a moverse al ritmo que sus amigos le marcaban y a dirigirlos al mismo tiempo... no aguantaría demasiado, Diego la estaba volviendo loca y Dani le metía sus dedos lentamente mientras la besaba, Diego le tocaba los pezones y... llegaba, pero ella no quería, no... no.. "Aguanta" se decía a ella misma.

-Ana, el placer será mejor si.... - Empezó a decir Diego.

Un suspiro le llenó la boca y empezó a convulsionarse con el gran orgasmo que estaba experimentando... una oleada de placer la envolvió, no sabía donde estaba, y le daba igual, solo sentía placer... y quería mas... y sobretodo, quería esas dos pollas dentro de ella...

Los chicos, extrañamente tímidos, se separaron de ella observándola con curiosidad y excitación. Ana tenía sus grandes y preciosas tetas fuera de la parte superior del bikini y la parte inferior estaba reposando tranquilamente al borde de la piscina, al igual que su cabeza. Recuperada del gran orgasmo que acababa de tener, los miró a los dos, tomó la mano de Diego y lo sentó donde ella había estado antes.

- Quítate el bañador - Le susurró Ana

En menos de dos segundos el culo de Diego estaba sobre el banco, dentro del agua. Ana pudo ver que su polla estaba dura y preparada.
Ana le dio la espalda a su amigo, se acercó a el y abriendo las piernas, colocó su coño justo encima de la dura polla. Acto seguido la tomó y bajando lentamente comenzó a introducirla en su coño. Diego resoplaba con cada centímetro que su polla era engullida por el mojado coño de Ana. Dani los miraba sentado delante de ellos, con las manos dentro del agua y dentro de su bañador, masturbándose lentamente... Ana lo sabía.

Ahora Ana estaba totalmente sentada sobre la polla de Diego, moviendose lentamente, muy lentamente. Diego gemía levemente en el oido de Ana en cada movimiento de esta. Las manos de su amigo se perdían entre los pechos de Ana. Dani sabía que Ana estaba en el cielo; pero no quería quedarse como un mero pajillero.
Se levantó ya sin su bañador y fue directamente hacía la boca de Ana. La besó fréneticamente, como lo habían hecho en su época de novios, sus lengua jugaron una vez más... después de años sin tocarse.
Dani se separó de la boca de Ana y se incorporó despacio. Se puso de píe y su gran y conocida polla buscó sitio en la boca de Ana. Ella la besó mirando a los ojos a su ex, lamió su glande y a continuación desapareció en su boca. Dani dió un respingo de placer.

Ahora Ana estaba completa. Diego la tomaba por las caderas metiendo su polla en el coño, mientras Dani acariciaba sus mejillas ligeramente deformadas por la polla que tenian dentro.

Ana estaba en el cielo.

- Deberíamos irnos a una habitación - Sigirió Dani entre jadeos

- Dios.... no, necesito más, mucho más - Suplicó Ana sacando la polla de su ex de la boca.

- Hay cuatro personas disfrutando del espectáculo ahí dentro - Contestó Dani tranquilamente.

Ana y Diego se giraron rápidamente y vieron a dos jóvenes parejas mirándolos sin pudor alguno.

Lentamente y sin pensarlo. Ana se liberó de la polla de Diego y con un beso en la boca se incorporó cogiendo su bikini y poniéndoselo de nuevo. Se giró y besó de nuevo a Dani.

- Vamos a mi habitación - Dijo Ana

Y tomando a ambos de la mano los sacó de la piscina.

- ¡¡Si necesitáis ayuda avisadme!! - Dijo con sorna uno de los jóvenes que los estaba mirando.

Ana se giró y respondió:

- No lo descartes -

Consiguiendo así sonrojar al chico, que pensaba que había dicho la última palabra... y provocar a sus dos amantes.

No tardaron en llegar a la habitación de Ana, solamente con sus albornoces puestos y debajo de ellos sus cuerpos aún mojados. Ana cerró la puerta trás de si, dejando a sus amigos delante de ella mientras los miraba con una cara que ni siquiera Dani reconocía.
Habían subido las escaleras de la mano, con Ana tirando de ellos con decisión, mientras sus cabezas jugaban con lo que podría pasar cuando llegaran a la habitación.

Ana abrió la puerta con su llave. Dani y Diego se que quedaron de pie junto a la puerta ya cerrada a sus espaldas. Ana avanzó hacia la cama que se encontraba delante de ellos.
Se quitó la bata y les dejó ver su precioso culo y su melena mojada. Sin darse la vuelta se desanudó la parte de arriba del bikini y lo dejó caer a su derecha, para a continuación desatarse las braguitas y quedarse totalmente desnuda, dándole la espalda a sus futuros amantes.
Se dejó caer boca abajo en el colchón y abrió levemente las piernas.
Dani y Diego ni se miraron, simplemente comenzaron a acercarse mientras se despojaban de sus albornoces.

Ana sintió las cuatro manos sobre sus piernas, acariciándola, despacio, incluso con timidez. Su mente divagaba y solo sentía las cuatro manos de sus amantes perdiendose entre sus piernas. No había caras ni respiraciones, solo manostocando el interior de sus muslos. En un acto reflejo abrió más sus piernas y comenzó a notar como los dedos furtivos de sus compañeros empezaron a buscar sus rincones más oscuros, más calientes, más húmedos.
No sabría cual de sus dos amantes lo estaba haciendo, pero de repente comenzó a notar como dos dedos buscaban su coño, su pelvis se elevó para dejar más espacio y los dos dedos comenzaron a moverse, expertos por los labios de su coño. Comenzó a sentir calor, a notar como sus mejillas comenzaban a calentarse... y como dos manos comenzaban a acariciarle el pelo.

Abrió los ojos por primera vez y vio la cara de Diego, delante de la suya. Este se acercó a ella y con un leve movimiento comenzó a besarle los labios, para mas tarde comerle la boca, lengua incluida.

Los dedos de Dani entraban y salían de su coño con habilidad, al igual que la lengua de Diego en su boca y así semi empalada por algunos apendices de sus amantes comenzó a disfrutar.

- Comedme el coño y el culo, por favor - Gimió cuando su boca estaba libre de la lengua de Diego.
Ni siquieran dudaron. Dani levantó las caderas de su amiga y sin miramientos, comenzó a comer el coño que antes había estado ocupado por sus dedos, mientras que Diego se acercó a su culo, abriendo las piernas se colocó encima de la espalda de Ana y agachándose comenzó a pasar la lengua por su raja.

Ana estaba en el cielo y un poco más allá. La lengua de Dani chupaba con hambre su clitiríx, mientras que la de Diego con suaves lametones jugaba en su culo. Ana apretaba con sus manos la sábana de su cama y trabata de ahogar un grito de placer mordiendo la almohada.
El orgasmo le vino cuando la boca de Dani se acopló en su coño y su lengua comenzó a meterse dentro de ella. Justo cuando Diego abri sus nalgas y comenzó a hacer lo mismo en su ano. Ana gritó, chilló más bien, agudo al principio y grave al final, golpeando con las palmas de sus manos el colchón.

Los chicos vieron los espasmos de placer de Ana y se separaron de ella cuando esta dejó de gritar, viendo como se volvía a recostar en la cama, esta vez boca arriba, aún temblando por el orgasmo que acababa de tener.

Diego la miró a los ojos, cuando ella se incorporó y se sentó a los píes de la cama.

- Tu mandas - Le dijo con una maliciosa sonrisa en la boca.

Sin articular palabra, Ana se incorporó sentándose a los píes de la cama y haciendo un gesto con ambas manos, los mandó acercarse. Ellos, totalmente desnudos y ya muy empalmados se acercaron. Ana los tomó por las pollas que le apuntaban a la cara y se las acercó.
Besó el capullo enrojecido, mojado y dulce de ambos y sin pensarselo engulló la de Diego de un solo golpe, mientras su mano izquierda sujetaba por la base la de Dani.
Lod dos la observaban ya jadeando. A los pocos segundo giró su cabeza y comenzó a tratar con el mismo amor la segunda polla mientras pajeaba la primer ya muy lubricada por su saliba.
Así se pasó algunos minutos, cambiando de polla según notaba la excitación crecer en sus dos amantes.

Se separó de ellos, clavó sus rodillas en el suelo dejando sus tetas sobre la cama, colocándose en una posición cómoda para ella.

- Metedmela, no os corráis, solo metedmela, dadme placer unos segundos y os váis cambiando - Ordenó con una voz mezcla de verguenza y máxima excitación.

Así el primero que se acercó a ella fue Dani, que simplemente tuvo que agacharse un poco e insertar su duro y lubricado miembro en el depilado coño de Ana. Durante casi un minuto su amigo la montó, despacio, con cuidado y llegando hasta el final de su coño, en cada suave embestida Ana sentia el cielo entre sus piernas. Cuando le tocó el turno a Diego, este aceleró las embestidas y Ana comenzó a gemir en cada una de ellas.

Dani no podía más y sentándose a los píes de la cama abrí sus piernas y colocó su polla delante de la cara de Ana. Esta comenzó a chupar, lamer, comer, besar... morder.

Lo necesitaba, necesitaba sentir placer, mucho y lo estaba consiguiendo.

El primer orgasmo lo tuvo con Diego taladrándole el coño y la polla de Dani ocupando su boca, apenas pudo gritar, pero sus espasmos la delataban.
Después de ese orgasmo los chicos cambiaron las posiciones. En cuanto Ana notó la polla de Dani entrar en su coño, con el placer aún chorreando en su interior, su grito fue más que alto. Diego se puso en el lugar de Dani y así, a los pocos minutos, le volvieron a sacar otro orgasmo.

Ana se incorporó y se tumbó como pudo en la cama, boca arriba. Los chicos se tumbaron a ambos lados de su amiga y solamente hablaron a traves de sus rspiraciones. Ambos comenzaron a jugar con los grande spechos de Ana. Esta comenzó a respigarse de nuevo.

- Váis a matarme de gusto - Suspiró
- Ahora nos tienes que matar tu a nosotros - Le respondió Diego.

Ana se incorporó, rápida como una gata, con una sonrisa en la boca.

- Mi coñito no va a poder aguantar más polla hoy, pero mi boca esta mucho más que hambrienta - Dijo mientras se mordía un labio y con una cara que sus amigos nunca habían visto.

Los chicos abrieron las piernas y dejaron ver toda la sangre que tenían acumulada en sus entrepiernas.

- Sírvete - Le dijo Dani sonriendo.

Ana no se lo pensó.

Hizo que los chicos se juntaran hasta tocarse los brazos entre ellos y Ana comenzó a cenar.

Su boca volaba de polla en polla, con maestría y con dulzura, lamiento y besando, chupando y comiendo.

Los chicos no podían más. Ana lo sabía.

- Quiero que os corráis en mis tetas, los dos - Ordenó con las pollas en ambas manos

Ana continuó chupando, ahora más duro, más intenso, hasta el final. Cuando los chicos estuvieron cerca, ambos se incorporaron quedándose de rodillas.
Ana comenzó a masturbarlos a la vez, con ambas manos, sacando la lengua en un gesto vicioso y caliente.

- Vamos, vamos, joder, darmelo todo, vamos.... - Se dejaba llevar Ana



Entre gemidos y gritos de los tres las bonitas tetas de Ana comenzaron a teñirse de blanco. Ana dejó las pollas descargar contra sus tetas y rápidamente buscó su coño para masturbarse y correrse una vez más sintiendo esas corridas en su piel.



"Clap" Sonó en la habitación y un ruido de rosas al caer al suelo se oyó con la fuerza de un concierto.

- Iván...... - Susurró Ana sin girar la cabeza y sin ver la cara más amarga que podéis imaginar.

Al girarse, Ana solamente pudo ver las espaldas de su novio alejándose por el pasillo del hotel, sin ni siquiera cerrar la puerta de la habitación.

- Anita... vuelve a la cama - Escuchó a sus espaldas sin saber cual de los dos amigos se lo había dicho.

Futuro impar (II)



David seguía con su media sonrisa, yo seguía muy excitado, no sabía bien que hacer. Allí estábamos los dos amigos con la mujer de este ya totalmente desnuda en el sofá, abierta de piernas, mordiéndose los labios y las manos medio entrelazadas sobre su pecho con una mezcla de vergüenza y de puro vicio.

David atacó, el es así.

Se acabó de quitar el pantalón del pijama y se acercó a Sonia, se paró entre sus piernas y allí su mujer comenzó a chuparle la polla, muy dura, muy mojada. En esa postura yo no podía interactuar de ninguna manera, así que decidí quedarme donde estaba sobándome mi excitado paquete por encima de mi pijama mientras veía como mis amigos tenían esa sesión de sexo oral.
Lo extraño es que David se corrió enseguida, lo supe por sus espasmos y por los esfuerzos de Sonia en tragarse su leche caliente. Su marido le separó la cabeza de su miembro y a continuación tomo a su mujer de la mano y la colocó de tal manera que quedo tumbada sobre el reposabrazos del sofá, boca abajo, con el culo en pompa y a la altura justa de nuestras entrepiernas.

No hizo falta decir más.

David estaba al lado de ella, acariciándole el culo, yo me acerqué con los pantalones ya abandonados en el suelo y sin que dijéramos nada, mi amigo abrió los labios del coño de su esposa y yo dándole las gracias a modo de asentimiento se la clavé.
Sonia dio un respingo de sorpresa y de placer. David dejó los labios sueltos y retrocedió un par de pasos, su polla aún brillaba bajo la tenue luz de la televisión aún encendida. Yo mientras tanto de píe y cómodamente movía mis caderas para tratar de insertar hasta el final mi polla en el húmedo coño de Sonia. Esta gemía suavemente. Después de algunos minutos follándola David apareció a mi lado y suavemente me obligó a retirarme de su posesión ocupando con su miembro mi lugar.

Siempre me gustó ver la cara de la mujer obteniendo placer, es una especie de fetichismo que no puedo remediar. Procurando pasar desapercibido me moví hasta lograr ver la cara de Sonia, rota por el placer, cerraba los ojos con fuerza en cada embestida de su marido, se mordía los labios en cada oleada de placer, se le encendía las mejillas y, algo que no había visto hasta ese momento, sacaba la lengua en punta, como una perrita queriendo lamer algo.
Me puso más cachondo aún si cabía.

David se retiró cuando me vio aparecer a su lado y, cómo no, ocupé su lugar de nuevo. Así estuvimos bastantes minutos, Sonia se corría ya casi una vez con cada uno de sus amantes. Al final con cada corrida ya parecía que lloraba. El placer era demasiado intenso. Para no corrernos nuestras las embestidas eran cada vez más cortas, llegando a ser de unos diez empujones de pelvis cada uno. Esto la excitaba aún más. Sentir dos pollas tan seguidas... tan diferentes.

David y yo no podíamos más, exaustos y con las pollas doliéndonos de la excitación sin premio, decidimos dejar descansar a Sonia que a duras penas se sentó en el sofá con las piernas cruzadas tratando de relajar su placer y su cuerpo.

En la TV... en la TV no se que ponían.
Eran más de las 3 de la madrugada.



"Venid" susurró Sonia. Eran casi las primeras palabras que alguno de los tres pronunciaba esa noche (No cuentan las que decía Sonia mientras se corría una y otra vez)

Nos acercamos a ella, los dos indefensos, desnudos, sudados, de pie delante de ella.
Nos hizo sentarnos uno a cada lado y allí comenzamos a chuparle las tetas, como dos bebés hambrientos, con cuidado y ternura, sin mordiscos, lamiendo y chupando. Ella recostó la cabeza hacia atrás y disfrutó de dos bocas para sus dos pezones.

Nuestras pollas estaban de nuevo tiesas y calientes y ella lo vio.

Separándose de nosotros se colocó encima de David con su polla apuntando a su culo. Debido a las corridas anteriores y a la humedad del nabo de su marido comenzó a entrar por la cueva más íntima de su mujer. Estoy seguro de que no era su primera vez, ni le dolió ni se arrepintió cuando con ella dentro comenzó a moverse en círculos con la polla de su marido en su ano.

Me tomó de la cintura y puso mi polla a la altura de su cara y allí en esa posición con su marido perforándole el culo y sobándole las tetas comenzó a chupármela como una perra sedienta.

Con una mano me acariciaba los huevos, con la otra se masturbaba suavemente el clítorix. Estaba en el octavo cielo.

Se volvió a correr, traté de separarme de su boca puesto que entre sus gemidos y su mamada yo también me venía, pero no me dio tiempo. Me empecé a correr en su boca.

No le importó.

Con una polla taladrándole el culo y otra dándole de beber Sonia se corrió de nuevo. Si la cuenta de sus gemidos no me fallaba era su noveno orgasmo.

Me apartó como pudo y con cuidado se separo de su marido, se arrodilló entre sus piernas y pajeando a David se la comenzó a chupar. Este no tardó en correrse, ella lo bebió todo de nuevo, mientras David subía sus caderas loco de placer.

Sonia se separó como pudo y se tumbó en la moqueta del salón, desnuda, con el pelo alborotado, sudada, cansada, casi muerta.

Eran casi las 5 de la madrugada.

A las 11.00 del sábado un olor a café me despierta del sofá. Solo con el pantalón del pijama entro en la cocina.

- Hola! - Me dice Sonia con una sonrisa en la boca - ¿Quieres un café? - Me pregunta.

No me cuadra, ¿que pasa aquí?, ¿ha pasado algo o lo he soñado?
Le digo que sí mientras me vuelvo a asomar al salón buscando pruebas de que no ha sido un sueño.

Y las encuentro: La alfombra tiene unos bonitos y secos lamparones de algo blanquecino.

Vuelvo a la cocina y me siento. Observo a Sonia con sus pantalones ultra-ajustados de pijama, con ese fantástico culo y con el pelo alborotado, "me gusta" pienso.

- David bajó a por el periódico, vendrá enseguida - Me dice mientras me sirve la taza de café.
- ¿Estás bien? - Le pregunto.
- Muy cansada, no he pegado ojo toda la noche - Me responde con voz algo avergonzada.
Sonrío y ella me acaricia la cara con ternura.
- Quizás hoy nos quedemos otra vez, nuestra casa esta muy fría aún - Me dice en voz baja


Fin

Futuro impar (I)

Futuro impar (I)


Acababan de llegar de La Rioja, un cambio de puesto de trabajo a mejor de ella los había traído más al oeste. El en sus infinitas oposiciones a profesor probaría suerte de nuevo en una nueva ciudad. Pero que carajo, eran mis amigos, muy buenos amigos. Nos queríamos los tres y nos conocíamos desde hace más de diez años.

David era un chico rubio, inquieto, un cachondo de la vida, bajito y relativamente atractivo. Sonia era una chica muy atractiva, rubia, siempre vestía muy elegante y a la vez provocativa, con un muy bonito culo y unas preciosas tetas que asomaban por sus vestidos siempre que podía.

Les había encontrado un piso en alquiler bastante céntrico y a buen precio. A los cuatro días de llegar y con su casa aún a medio colocar les invité a pasar esa noche de viernes conmigo en la mía, aceptaron con gusto pues la suya entre todas sus cosas y el frío de estar deshabitada desde hacía mas de un año era muy incomoda.

Aparecieron a las 21.00 con aspecto de cansados y vestidos muy informales. Les invité a ponerse sus respectivos pijamas puesto que ni íbamos a salir ni era una velada formal. Aparecieron en la cocina David llevaba un pijama largo muy cómodo, Sonia llevaba un pijama blanco con dibujos rosas de camisa de manga larga y pantalón muy, muy, muy ajustado…. Demasiado.

Sonia siempre me había parecido una chica muy agradable y guapa. Pero no solo eso, era cariñosa, muy cariñosa. No os equivoquéis, nunca había pasado nada entre nosotros, ni pensarlo siquiera. Pero si que me atraía. Se puede decir que era una tía buena y que “no le importaba que la cogiera de la cintura” durante unos segundos, siempre en plan de amigos y colegas.

Cenamos con vino, preparamos una ensalada acompañada de embutido, unos miserables yogures de postre y unos chupitos caseros que ellos trajeron para acabar. Al rato nos fuimos al salón. Buscamos una película y David, goloso donde los haya, sacó una bolsa llena de gominolas. David dijo que estaba muy cansado de ordenar su casa y que le dejáramos el sofá pequeño para tumbarse un poco, a lo que Sonia le recriminó que si realmente hubiera hecho algo sí estaría cansado.

Risas.

Pusimos la película a la cual ni prestamos atención, hablamos, comimos gominolas, seguimos bebiendo licor casero y reímos. A David le podía el sueño y se adormilaba; Sonia aprovechaba para acercarse sus gominolas y robarle algunas. Cuando hacía ese movimiento su bonito culo se alzaba delante de mi en todo su esplendor.

Sonia puso la bolsa entre su pierna izquierda y la mía.

Somos animales y como tal tenemos instintos que a veces nos cuesta alejar de nosotros. El movimiento de dedos de mi amiga buscando las chucherías y rozando mi pierna derecha me estaba gustando y me turbaba.

“Pero quítate eso de la cabeza, solo está rozándote para coger gominolas” pensé. El problema fue cuando las gominolas se acabaron y ella buscó sin éxito en la bolsa de plástico. El roce de sus dedos contra mi pierna no podían ser casualidad. No estaba buscando, estaba acariciando.

Desperté bruscamente de mi “paja mental” cuando David se despertó y súbitamente gritó: “Perrilla… me has robado mis gominolas”. Me asusté, por que como os ha pasado a todos alguna vez, cuando estáis pensando algo malo (o travieso) y os sobresaltan pensáis que os han leído la mente y os han pillado, pero no, David solo preguntaba por sus gominolas.

David se espabilo del todo y se abalanzó sobre su mujer. Esta en su huida acabó con su cabeza sobre mis piernas y con David encima de ella, haciéndole cosquillas mientras fingía que buscaba sus gominolas.

Como os haber pasado también cuando estáis recién despierto de una paja mental, os queda esa cara de tontos y ese gesto de idiotas integrales y no sabéis que hacer, verdad? Pues mientras el matrimonio se magreaba ligeramente yo solo pude verlos y reírme estúpidamente.

Después de unos momentos de tensión David volvió a “su” sofá y continuamos “viendo” la película. Sonia se incorporó y se quedó alejada de mi, pero con sus pies debajo de mis piernas. “Hace frío, verdad?” me preguntó. Tras darle la razón saqué dos mantas del armario y mientras que una se la di a David, la otra la compartimos entre ella y yo. No soy tonto y procuré en mi caída para sentarme volver a tener los pies de Sonia debajo de mis piernas, cosa que conseguí con facilidad.

David dormía ya casi profundamente y Sonia y yo criticábamos de vez en cuando el bodrio de película que estábamos viendo. De vez en cuando se respigaba del frío que tenía. Me lancé (de perdidos al río) y le pregunté si tenía los pies fríos, a lo que me respondió que sí. Se los saqué de debajo de mis piernas y los puse sobre ella; con mis manos comencé a frotárselos suavemente y ella un tanto sorprendida sonrió y me dio las gracias. Así pasaron unos minutos muy jugosos, eso sí, en el más completo silencio. De pronto la película se había vuelto muy interesante.

David roncaba ya plácidamente, eran las 23.37 y la película a punto de acabar. Mi lado oscuro no quería que nos fuéramos a la cama. Desde luego no pasaba por hacer más que aquello y no se me ocurrió otra cosa que girarme y ponerme de frente a ella, abriendo mis piernas y subiendo mis rodillas, colocando sus pies casi sobre mi estómago sin dejar de tocárselos. Después de los títulos de crédito del final de la película por fin comenzamos a hablar algo, trivialidades. Los dos sabíamos que, como en la casta Edad Media algo estábamos haciendo más allá de nuestra amistad. Y como suele ocurrir en estos casos el intentar demostrar que “no pasaba nada” solía ser una mala idea. Sonia subió su mano hasta mis rodillas y con una risa de amistad cómplice allí las dejó jugando con sus dedos, mientras yo le hablaba de las bondades gastronómicas de mi ciudad.
La escena era que yo le masajeaba los píes a ella y ella apoyaba sus manos en mis rodillas. Puede parecer muy casto, pero todos sabéis que eso no esta “nada bien”.

Cuando mi amiga bajó sus manos y rozó mis fríos pies. “Wow! Tu también tienes los pies helados” Ni que decir tiene que la escena ahora era que los dos amigos se estaban masajeando los pies uno al otro. Y ni que decir tiene que ni entrepierna se puso bastante “tontona”.

¿Y el siguiente paso? Yo no Quiero que pasara nada serio, para mi esto era un juego y supuse que para ella también. Así que como para Sonia era un juego dejó de calentarme los pies (y solo Dios sabe que más) y me los empujó para ponerlos debajo de su precioso culo. Me sobresalté un poco, ella se dio cuenta y me tranquilizó con un “No te preocupes, aquí se los caliento a David y funciona de maravilla”. Supongo que lo dijo para tratar de tranquilizarme, pero lo que hizo fue ponerme aún más nervioso.

David seguía roncando.

Viendo lo que ponían en la TV Sonia comenzó a dar cabezazos de sueño, yo me mantenía muy despierto. Cuando comenzó a respirar profundamente y ya dormida no pude más que dejarme llevar:

Lo primero que hice fue mover ligeramente los dedos de mis pies y degustar ese culito. Seguía pensando que no íbamos a pasar de esos ligeros tocamientos y como estaba tan convencido estiré las piernas de Sonia hasta dejar sus pies a la altura de mi pecho y con ni mano comencé a acariciar suavemente con la yema de mis dedos el exterior de sus muslos por encima de su apretado pijama. Imaginaros mi cabeza con mis pies debajo de su culito y mis manos rozando sus piernas. Sabía que no iba a pasar nada más así que tras pensarlo subí su pie hasta mi boca y le besé suavemente el dedo gordo.

O destino cruel. Justo cuando levanté de nuevo la vista allí estaban sus ojos color miel, atravesando los míos. “Me encanta” me susurró sin dejar de mirarme a los ojos.
Ella misma subió de nuevo su precioso pie y acercándomelo a la boca se lo besé de nuevo, esta vez alargando el contacto de mis labios con su dedo.

Ni que decir tiene que mi entrepierna ya era un volcán del calor que desprendía. Ella lo pudo comprobar, sin quererlo, cuando bajó su otro pie y rozó con el mi polla. Se turbó y su primera reacción fue mirar a su marido que aún dormía placidamente en el sofá.

Como sabíamos que no iba a pasar nada serio, tomé sus pies y después de besarlos con suavidad se los bajé hasta ponerlos entre mis piernas, rozándome los testículos. Ella hizo lo mismo con los míos. En toda la noche nunca estuvieron nuestros pies tan calientes.

Eran las 00.10

David se despertó en el momento justo en el que mis pies comenzaban a jugar con su entrepierna.
El ser humano es excepcionalmente listo cuando hay momentos de tensión, así que ni Sonia ni yo nos movimos un milímetro, la manta haría el resto.

- ¿Qué, parejita, que hacéis? – Preguntó David frotándose los ojos
- Pues viendo un poco la tele y hablando bajito para no despertarte – Contestó su esposa con mis pies en su entrepierna.
David se incorporó y en ese momento supe que la noche del “no pasará nada serio” se iba al garete.
Pero el “es así” Se levantó y empujando a Sonia para que se acercara a mi, se sentó a su derecha, dejando a su mujer en medio de los dos. Allí se acurruco sobre su hombro y Sonia del peso tuvo que apoyar su mano izquierda donde primero pudo y donde primero pudo fue en el sofá, entre mis piernas y a escasos milímetros de mi poya. David, aún jugando se dejó caer sobre su mujer y esta se dejó caer sobre mi.

Risas (de David)

Ahora la escena era de David recostado sobre el costado de su mujer, esta acostada entre mis piernas y yo muy excitado.

Haré el inciso para explicar por que de mi excitación: Nada me unía a Sonia, excepto una gran amistad, no estaba enamorado de ella y no sentía celos de su matrimonio con David, los quería y punto. Mi excitación se basaba en la expectativa de ver a una amiga disfrutar o ser “tocada” por dos hombres. Soy así.

Logré poner mis manos en los hombros de Sonia, mientras David ya descansaba plácidamente sobre su vientre. Sonia tomó una de mis manos y se la llevó hasta su cuello, yo comencé a acariciarle tiernamente la nuca. Cuando David se volvió a dormir levemente, pasé mi otra mano a acariciar su cara, acariciando sus pómulos hasta llegar a sus labios los cuales rocé con mis dedos. Sentí su temblor al notar mi mano recorriendo sus labios. Miré a David que dormía de nuevo con una mano escondida bajo su cuerpo y con la otra metida por dentro del pijama sobre un pecho de su mujer. Eso me excitó aún más.

Sonia abrió la boca y me dejo entrar con un dedo, sacó su lengua y lo rodeó y lamió. Tuvo que notar como mi polla comenzaba a trabajar de nuevo, puesto que yo notaba como le rozaba su espalda. En un acto de lujuria (el primero de la noche) Sonia acarició la cabeza de su marido, mientras su lengua lamía aún mi dedo índice. Se sentía bien y estaba excitada, eróticamente estaba entre dos hombres. Huí de su boca y bajé mi mano hasta su pecho libre. Lo acaricié despacio y con cuidado por encima del pijama, su pezón estaba muy duro, me moría de ganas de probarlo, pero no quería que pasara nada serio.
Oía la respiración de mi amiga entrecortada y profunda, supuse que se estaría mordiendo su labio, puesto que su marido y yo estábamos disfrutando de sus pechos de manera muy distinta pero igual de disimulada.

Me sorprendió ver el pijama de David con una considerable erección. Intenté recordar si los hombres nos empalmamos cuando estamos dormidos, justo cuando Sonia llevó su cabeza hacia atrás y me besó el cuello, suavemente, sin hacer apenas ruido. Esto me llevo más allá incluso. Veía la mano de David moverse dentro del pijama de Sonia, sobándole el pezón, mientras yo se lo acariciaba suavemente por encima de la camiseta.

Me pregunté si David estaba despierto (y estaba seguro de que lo estaba) ¿por que no le decía a su mujer que se fueran a la cama y allí se la follaba como se merecía? No me importaba la respuesta, sabía que no íbamos a llegar a nada más serio que esos toqueteos así que me arriesgue un poco más y con la mano que estaba en el hombro de Sonia comencé a buscar su boca de nuevo y esta vez no quería besitos, quería que me chupara. Ella lo entendió así y comenzó a hacerme una buena mamada al dedo anular.

Ahora su marido estaba sobándole un pecho por dentro de su pijama, yo estaba con el otro por fuera y ella me estaba chupando el dedo de tal manera que si lo estuviera haciendo a cualquiera de vuestras poyas (en el caso del lector hombre) ya os habríais corrido.

A mi no se me ocurría nada más, simplemente disfrutar de esta escena y pajearme como un loco en cuanto me fuera a la cama. Pero a David si, “el es así”.

Se incorporó haciéndose el dormido remolón y se reclino sobre la parte derecha del sofá, trayendo hacia sí a Sonia la cual quedó perfectamente sentada en el sofá, entre nosotros dos de nuevo. David cogió la manta y nos tapó a todos de nuevo, no fue suficiente: pude notar como llevaba la mano de su mujer hacia su entrepierna y como está poniéndose muy colorada comenzó a buscar algo.
Ahora yo solo podía disfrutar del espectáculo que me ofrecían mis dos amigos. “Mejor que nada” pensé.
Pero este no era el plan. Sonia me miraba con ojos de pedir algo. Y arriesgándome a que todo se fuera al carajo, me acerqué un poco y noté como su mano izquierda buscaba algo entre mis piernas. Cuando lo encontró lo acarició, lo sacó de su pijama y comenzó a menearla. David estaba con los ojos abiertos mirando a la televisión mordiéndose el labio inferior, Sonia miraba al más allá con la boca entreabierta y yo los miraba a ambos.

A estas alturas de la noche (00.50) todos sabíamos que estábamos haciendo.

David “es así”. Destapó su lado de la manta y dejo ver su gran polla masajeada por la mano de su esposa. Sonia paró por unos segundos y le miró, me miró… y no supo lo que hacer. David le enseñó el camino.

Nadie hablaba.

David le tomó la mano y llevo a Sonia hasta que pudo tomarle la cabeza y bajársela con cuidado para que le aplicara una mamada. Sonia se dejó hacer. La chica estaba entre asustada, avergonzada y muy excitada.

Cuando comenzó a chupar el aparato de su esposo, esté le tomo la cabeza y me miró.

- Quítale los pantalones – Me ordenó en voz baja

Aprovechando la postura a cuatro patas de Sonia, le baje el pijama hasta las rodillas pudiendo ver su coño depilado, palpitante y su precioso culo en pompa delante de mi. La primera reacción de mi amiga fue taparse con una mano poniéndosela entre sus piernas.
Mi polla palpitaba fuera de mi pijama y no deseaba otra cosa que entrar en su coño… o donde fuera.

David tomo las manos de su mujer y se las llevo hasta sus tetas. Sonia comenzó a chupar más rápidamente mientras que con una mano se apoyaba y con la otra se automasajeaba las tetas. La escena e pareció tremendamente excitante.
Me incorporé como pude y acerqué mis labios a las nalgas de Sonia. No vi la cara de David, pero su “mmmmmm” me delataba que lo que yo iba a hacer le estaba excitando bastante. Con mis dos manos tome su culo y comencé a besarlo y lamerlo. Notaba el movimiento de su cabeza arriba y abajo en todo su cuerpo, eso me excitó aún más. Llegué al ano y no pude más que lamerlo, Sonia trató de gritar pero le era difícil con la polla de su marido en la boca.
Le estuve comiendo su culo varios segundos hasta que pensé que tenía que probar el coño.
Bajé mi boca y comencé a trabajarlo.
Sonia se convulsionaba suavemente con cada embestida de mi lengua.

No tardó en correrse en mi boca, mentó a Dios un par de veces y un par de “joder” antes de sentarse y decirnos a los dos: “Por favor folladme” mientras se quitaba del todo los pantalones y la camiseta….




(Continuará)