Familia Perfecta 3

La situación se había tornado gélida y extraña y ninguno de los tres reaccionó inmediatamente.

– Javi… Esto no… – Dije separándome de Sandra lentamente. Ella corrió a vestirse rápidamente mientras yo daba un paso hacia él para evitar que saliera del cuarto a contárselo a nuestros padres, pero me detuve enseguida al recordar que estaba semidesnuda. Tapé mis tetas cruzando mis manos sobre el pecho y miré a mi hermano con rostro de culpa y miedo.

– Javi escucha po-por favor… No… No se lo digas a mamá y papá… Porfa. Hacemos lo que quieras, de verdad. Te lo prometo. No volverá a pasar. Sólo a sido una vez… Ha sido un error ¿vale? ¡Solo eso!… – Le suplicaba desesperadamente en susurros. Mi hermano nos miraba a las dos con un rostro que al principio reflejaba sorpresa pero ahora reflejaba asco y desprecio.

– Alucino con vosotras dos – Dijo mientras se volvía para marcharse. Mientras, yo intentaba agarrar su brazo y frenarle tratando inútilmente de mantener mis tetas ocultas.

–  ¡Javi! ¡Javi escucha! ¡No se lo digas! – pero fue inútil. Era más alto y más fuerte que yo y prácticamente me arrastró hasta el pasillo donde no tuve más remedio que soltarle y seguir suplicándole en voz baja mientras descendía por la escalera.

Volví al cuarto de Sandra con las manos en la cabeza completamente desesperada. Quería patalear, gritar, llorar y refugiarme en mi cuarto mientras mi hermana por fin vestida con su camiseta y un pantalón de pijama largo temblaba junto a su cama a punto de echarse a llorar. Se mordía las uñas y las frotaba unas con otras de forma compulsiva.

– ¿Se lo va a decir? – Me preguntó nerviosa.

– ¿Yo que sé?. ¡Esto es por tu puta culpa! ¡No quiero que te acerques más a mí!. Ni me mires cuando nos crucemos ¿Te enteras? – Me puse mi camiseta de tirantes completamente fuera de mis casillas mientras Sandra se quedaba inmóvil mirando al suelo.

Llegué a mi cuarto y tuve que esforzarme por no dar un enorme portazo. Me tumbé en mi cama demasiado asustada como para llorar mientras esperaba que en cualquier momento mis padres entraran dando gritos. Pero lentamente los minutos pasaban y no escuchaba ningún grito en la planta de abajo y mis padres no habían subido a regañarnos. Comencé a convencerme de que Javi no se lo había contado.

Pasado un rato mi madre ya nos había gritado un par de veces desde el pie de la escalera para que bajásemos a comer. Sabía que el tercer aviso sería el último pero aún así me resistía a abandonar la seguridad de mi cuarto.

– ¡Como tenga que subir a por vosotras os vais a enterar! – Su último grito hizo que me levantara de la cama, me pusiera un pijama morado de pantalón y camisa largos y saliese del cuarto apresuradamente. Mi madre me miraba visiblemente enfadada y aquello hizo que me temblasen las rodillas. Con cada escalón que bajaba, más rápido me latía el corazón y más temía que en cualquier momento mi madre comenzara a gritarme por lo que había hecho con Sandra. Escuché a mi hermana salir de su cuarto y bajar tras de mí.

– ¿Se puede saber qué os pasa hoy? Ni siquiera os habéis aseado. ¿Hasta que hora os quedasteis despiertas? –

– No sé mamá… – Le dije al pasar por su lado. Ella puso la mejilla para que le diese un beso y enseguida me lamenté de no haberme aseado. Aún así no se me ocurrió otra cosa que dárselo y volverme nerviosa para ver a Sandra hacer lo mismo. Me miró un segundo como pidiendo ayuda y luego le dio un rápido beso para después entrar en el salón a paso ligero. Yo la seguía de cerca y acabé por arrollarla cuando se frenó en seco al hacer frente a la mirada de Javi que estaba sentado en el sofá.

– Buenos días niñas – Dijo nuestro padre sentándose en la cabecera de la mesa sin perder de vista la Fórmula 1 que daban en la tele.

– Buenos días… – Dijimos casi a la vez. Nos sentamos en nuestros respectivos sitios en la mesa que era una frente a la otra, pero evité mirarla para que no pudiera refugiarse en mí. Javi se levantó del sofá y se sentó junto a Sandra haciendo que fuese yo quien buscara refugio Mirándola.

– Huy… Parece que las princesas han tenido mala noche – Dijo mi padre divertido.

– O muy buena… – Soltó Javi dejándonos heladas. Junté las palmas de mis manos como si estuviese rezando y le supliqué en silencio que se callara mientras Sandra se escondía bajo su melena revuelta.

Por suerte la comida transcurrió en paz y Javi no volvió a lanzar indirectas aunque sus miradas eran continuas y punzantes. Ambas escapamos a nuestros cuartos tras terminar y nos mantuvimos alejadas de la actividad toda la tarde.

El ambiente en casa era tenso cada vez que coincidíamos entre los tres durante la siguiente semana. Rechacé hablar con mi hermana dos veces que se me presentó en mi cuarto a media noche y llegado el sábado siguiente al que nos había pillado nuestro hermano besándonos, su estado era lamentable. Estaba pálida, apenas comía, se aseaba lo justo y su pelo era un desastre. Era evidente que la situación la superaba porque sus ojos estaban casi siempre rojos y húmedos como si hubiese estado llorando. A mí cada vez me costaba más seguir enfadada y no preocuparme por ella.

Aquella noche pensando en Sandra y su estado, se me hizo tarde en el sofá del salón viendo un canal de música. Nuestros padres habían salido a cenar y tomar algo y como siempre que lo hacían, no esperábamos que volviesen antes de las 05:00 de la madrugada. Javi había salido de fiesta y mi hermana como de costumbre permanecía atrincherada en su cuarto. Yo aprovechaba para darme mi fiesta particular bebiéndome unos cubatas del mueble bar de mi padre a sabiendas de que si me pillaban se me caería el pelo. No estaba para nada acostumbrada a beber ya que eran pocos los sábados que me dejaban salir de fiesta y hacer botellón a escondidas con mis amigos, así que tres cubatas y medio eran demasiados para una chica de mi edad y constitución.

Sobre las 00:40 escuché a Javi entrar en el jardín discutiendo con alguien. Lo cierto es que me pareció más pronto de lo habitual para que volviese a casa, pero luego recordé que mis padres nos habían dejado a su cargo.

Me asomé por la ventana y le observé moverse de una forma extraña discutiendo por el móvil en voz alta. Rascaba la puerta  con la llave sin acertar a meterla dentro de la cerradura así que después de un rato y temiendo que despertara a todo el barrio corrí a abrirle.

– Mira Alba, no te pongas pesada ¿vale?. Son mis amigos – Yo le hacía gestos para que hablase más bajo pero el me ignoraba abiertamente. Se sentó en el sofá mientras yo cerraba la ventana y la puerta del salón.

– Pues piensa lo que quieras. Tus amigas a mi me parecen unas estúpidas y tú te vuelves igual cuando estás con ellas… – Me sorprendió que mi hermano diese ese tipo de contestación a Alba y deduje que la cosa iba en serio.

– ¿Cómo? ¿Me echas eso en cara?. Pues que te vayan dando por el culo payasa… No, que te den. Para lo poco que te mueves en la cama me la suda… Ale adiós – Y colgó. Yo estaba de pie frente a él incapaz de reconocer a mi hermano bajo esa actitud enfadada y extraña.

– ¿Y tú qué coño miras? – Me dijo furioso.

– Nada… Es que me preocupa verte así… – El olor a alcohol que desprendía su aliento me llegó de golpe y supe enseguida que estaba casi tan bebido como yo. Era una sensación extraña y me daba un poco de miedo ya que era la primera vez que le veía así.

– Pues a mi me preocupa ver a mis hermanas desnudas comiéndose la boca después de dormir juntas y no te he dicho nada ¿No? – Debí habérmelo imaginado.

– Eso fue un error… De verdad. Sólo pasó una vez… – Me senté a su lado para hablar bajito y de paso ver si así las cosas se movían menos a mi alrededor. Pero entonces me di cuenta de que se me había olvidado deshacerme del cubata.

– ¿Y crees que eso les va a parecer mejor a papá y mamá cuando se lo diga? –

– ¡Javi por favor! Tú no lo entiendes… – El miedo a que mis padres se enterasen me puso muy nerviosa y mis ojos se empañaron enseguida.

– Pues ayúdame a entenderlo – Se quedó esperando una respuesta pero ¿Qué podía decirle?. No podía explicarle que Sandra estaba enamorada de mí y mucho menos que yo lo estaba de él.

– Fu-fue… Por… curiosidad. Por probar… – Javi me miraba con los ojos entreabiertos y el rostro impasible. Había cogido mi cubata y lo olía tratando de averiguar qué contenía.

– ¿No eres demasiado pequeña para beber esto? – Dijo antes de pegarle un buen trago haciendo que un escalofrío recorriese mi espalda.

– ¿Te gustó? – Yo negué insegura pero sus ojos me intimidaban tanto que por un momento pensé que detectaría la mentira.

– Bueno… Si. Pero… – Contemplé como vaciaba el cubata de un segundo trago.

– ¿Eres lesbiana o bisexual? – Tanta pregunta estaba empezando a crisparme y me limité a encogerme de hombros incómoda.

– Mira Javi… Ya te he dicho que fue un error que no va a volver a ocurrir… ¿Podemos olvidar el tema y seguir adelante? –

– ¿Olvidarlo? Tú estás loca. Quiero verlo – Dijo con rotundidad.

– ¿Qué? –

– Que quiero veros follar – O yo estaba demasiado borracha o se había vuelto loco de repente.

– Déjate de chorradas Javi… –

– Lo digo en serio. Vamos a llamar a Sandra – Aquella situación se me estaba yendo de las manos y traté de impedir que se levantara del sofá. Obviamente no lo logré.

– ¿Qué?… Pero Javi… ¿Ahora? – Mi corazón se aceleró por el pánico.

– Si. Cuando os pillé dijiste que haríais lo que fuera para que no lo contara. Tú decides…

– Me dejé caer sobre el sofá tapándome la cabeza con las manos tratando de encontrar alguna salida. Cuando comenzó a subir la escalera llamando a mi hermana salí disparada detrás de él.

– ¿Donde vas? ¡Joder! ¿Se te ha ido la olla? – Me colgué de su brazo y logré detenerle a media escalera más por su falta de equilibrio que por mi peso.

– ¡Sandra! !Sandra! – Traté de taparle la boca con las manos pero fue inútil. Mi hermana salió de su cuarto apresuradamente hasta llegar junto a la escalera.

– ¿Qué pasa? – Preguntó sobresaltada. En ese momento los dos nos quedamos mirándola en silencio. Era evidente que Javi dudaba y que yo estaba temblando y cuando ella lo notó, bajó un par de escalones y preguntó con más insistencia.

– ¿Pasa algo? –

– Si. Que voy a decirle a mamá y papá lo que os pillé haciendo – En medio segundo ella se puso pálida y tensa y se quedó tan clavada en el sitio que parecía una figura de cera.

– Javi tío… ¡No seas así por favor! – Le supliqué.

– Hacer lo que he dicho y me olvido del tema… – Su determinación comenzaba a enfadarme.

– ¿Que hagamos el qué? –  Me pregunto ella confusa.

– Nada Sandra. No le hagas caso que ha bebido más de la cuenta… –

– Mira quien habla… ¿Sabe papá que te estás cargando la botella de ron?. Que guay. Cuantas cosas tengo para contarle… – Su expresión era maliciosa y me dolía que fuese tan dañino conmigo.

– ¡Jolín Javi! ¿Qué te hemos hecho para que nos hagas esto? Lo que hagamos nosotras es asunto nuestro y no te tienes que meter tío… – Le gritó Sandra en un arranque de coraje.

– Entonces me callo y dejo que mis dos hermanas sigan haciendo la tijera ¿no?… Claro – Dijo en tono sarcástico.

– Vale. Vamos a calmarnos y lo hablamos mejor mañana tranquilos los tres… – Dije a la par que Sandra asentía dándome su apoyo.

– ¡Qué no! Que no me vas a liar. O hacéis lo que te he dicho o aquí va a arder Troya… – Sandra me miraba sin entender a que se refería pero tras ver que yo me angustiaba y no quería decírselo buscó la respuesta en Javi.

– ¡Jolín, Vale! hacemos lo que tú quieras. ¿Qué quieres? ¿Nuestras pagas? ¿Que recojamos o lavemos los platos cuando te toque? ¿Que limpiemos tu cuarto todos los días? –

– ¡Quiero veros follar! – El silencio era tan denso que apenas me permitía respirar. Sandra se sonrojó al instante y se puso echa un manojo de nervios sin dejar de mirarme en busca de salvación.

– ¿No? Pues vosotras lo habéis querido. Mañana sabremos lo que les parece a ellos – Me apartó de un empujón y subió la escalera. Mi hermana se apartó de su camino para no llevarse otro empujón. Cuando se perdió por el pasillo y se encerró en su cuarto me senté en el sofá desquiciada. Ella también estaba fatal y se sentó a mi lado.

– Lo siento Sonia… Todo esto es mi culpa… – Dijo deshecha en lágrimas.

– No… Tú no tienes la culpa. No me obligaste a nada. Te culpé yo a ti por qué estaba asustada y no supe cómo reaccionar… – Besé su mejilla y agarré sus manos para tranquilizarla.

– A lo mejor no le creen… – Dijo tras unos minutos y algo más calmadas.

– Da igual, aunque no le crean se va a liar gorda y no volverá a ser como antes. Además, ¿Tú no crees que de vez en cuando no les entrarán las dudas? ¿Por muy absurdo que les parezca? Por qué yo creo que si… – Ella se quedó pensativa.

– ¿Por qué quiere mirar? ¡Jolín, No lo entiendo! – De nuevo apareció ese tic que hacia que se mordiese las uñas y se las raspase unas con otras.

– No se… Por qué está borracho. O por morbo. Vete a saber… – Su pierna izquierda no paraba de temblar y puse una mano en su rodilla para calmarla. Mi vaso del cubata estaba vacío pero aún le quedaban hielos así que me eché un poco de ron y un poco de Fanta limón y comencé a beber.

– ¿Y qué hacemos? – Su mirada de nuevo demandaba auxilio.

– Buuuf. No sé Sandra… Tú… ¿Lo harías? – Se lo pensó unos segundos y luego asintió insegura.

– Me da cosa hacerlo delante de Javi… Pero si no hay otra solución, creo que si podría… ¿Y tú? – “Buena pregunta” pensé. Pero lo cierto es que en mi interior no tenía ninguna duda de que si. Acostarme con ella de nuevo no era un problema mayor que el echo de que él nos estuviese mirando mientras lo hacíamos. Pero tal vez mi instinto de supervivencia fuese mayor de lo que pensaba. Asentí con resignación.

– ¿Entonces…? – No terminó la pregunta pero me la imaginaba.

– Si. Vamos a hacerlo y ya está. Nos olvidamos de esto de una puta vez. Pero después quiero que volvamos a estar unidas. No voy a dejar que te vengas abajo otra vez y menos por Javi – Asintió esbozando una pequeña sonrisa y me quitó el cubata para beber ella.

– ¡Puag! – Dijo con una mueca de asco. Traté de coger el vaso pero ella volvió a beber y beber y beber hasta que se lo terminó. “Que beba, así será más fácil para ella” pensé. Volví a llenarlo con el poco ron que quedaba y le eché limón. De nuevo tras beber un poco, ella cogió el cubata y bebió apresurada.

– ¡Hey hey hey! Te va a sentar mal cielo. Que tú no bebes… – Luchamos entre risas por el cubata y finalmente ganó ella debido a mi estado.

– Si me lo bebo yo no te lo bebes tú. Que ya vas bastante mal – Dijo volviendo a ponerse seria. “Lo hace por mí” pensé dejándola beber.  A veces me costaba no verla como una niña e incluso hay quien diría que aún lo es, pero lo cierto es que si yo podía tomar mis propias decisiones, estaba segura de que ella también.

Con dos cubatas en el cuerpo bebidos a toda prisa, mi hermana decidió darse una ducha antes de ponernos con lo que nuestro hermano quería a cambio de su silencio. La verdad es que ese respiro me vino bien para mentalizarme con lo que estaba pasando y mantener a raya mi estado de embriaguez.

Casi 30 minutos más tarde ella salió de la ducha envuelta en una toalla blanca, yo me había puesto un pantalón de pijama azul clarito y fino y una camiseta de manga corta azul marino bastante vieja y que utilizaba para estar cómoda en casa. Debajo no llevaba sujetador.

Nos reunimos frente a la habitación de mi hermano.

Su pelo estaba mal secado y revuelto y por su piel resbalaban un sinfín de gotitas brillantes. La veía más entera que antes quizás por los dos cubatas que se había tomado, pero seguía notablemente nerviosa.

– ¿Me pongo algo de ropa? – Preguntó inquieta. Negué con la cabeza. Era inútil ya que le iba a durar poco. A continuación cogí su mano y la traje hacia mí sorprendiéndola con un tierno beso. Acarició mis mejillas, mi cuello, mis hombros y mi espalda con sensualidad, reencontrándose con mi cuerpo después de una semana. No podría decir los minutos que nos mantuvimos unidas pero fue tan bonito y tierno que hasta a mí me dio pena dejar sus labios consciente de que corría peligro de volverme adicta a ellos.

– Este ha sido sólo para nosotras – Le dije.

– Buuuf Sonia… Estoy muerta de miedo… No paro de darle vueltas… ¿Qué quiere? ¿por qué nos hace esto? –

– No lo sé cielo, pero yo voy a estar contigo. No vas a estar sola ¿Vale? – Noté sus dudas bajo esa expresión triste y me propuse hacer lo que fuera para impedir que se me viniese abajo. La besé de nuevo para obligarla a mirarme.

– Vamos a acabar con esto Sandra, luego estaremos solo las dos. Sólo nosotras… Siempre que tú quieras. Si aún me quieres claro… – Dije guiñando un ojo con expresión picarona. Ella sonrió profundamente haciendo que sus ojos se iluminasen y tras un fuerte abrazo decidimos no demorarlo más. ¿Se lo había dicho en serio o fue cosa del alcohol? A día de hoy aún no lo sé.

Respiré hondo, llamé a la puerta y entré seguida de mi hermana que no perdía el suelo de vista. Javi estaba tumbado en su cama a oscuras escuchando música y se incorporó enseguida con cara de pocos amigos.

– ¿Qué coño queréis? – El tono de su voz asustó a Sandra que retrocedió un paso hasta que agarré su mano y la hice mantenerse cerca mía.

– … Hemos estado hablando y… Bueno… Que si. Que vamos a hacerlo… – El rostro de Javi reflejó su sorpresa al instante y poco después dibujó una sonrisa maliciosa observándonos de arriba a abajo.

– Muy bien. Aquí tenéis la cama… Toda vuestra – Dijo mientras salía de ella y se sentaba en la silla de escritorio. Al encender su lámpara de estudio para vernos bien llevé a Sandra conmigo junto a la cama, pero nos costó empezar.

Después de un par de minutos tan sólo estábamos acariciando los brazos y manos de la otra por lo que Javi decidió “ayudar”. Se levantó de su silla y arrancó la toalla del cuerpo de Sandra de un tirón dejando al aire su cuerpo desnudo. Ella trató de recuperarla y después de cubrirse con las manos desesperadamente pero agarré su rostro e hice que me mirara.

– ¡Mírame! Sandra cariño escucha… Mírame… – Ella me miró a los ojos con los suyos empapados.

– Tú mírame. Así. Eso es cariño… Concéntrate en mí. Aquí sólo estamos las dos solas. Sólo tú y yo – El beso que le planté hizo que cerrara los ojos y se calmase poco a poco mientras yo lanzaba a nuestro hermano una mirada fulminante. Él la percibió y borró su sonrisa maliciosa al sentarse de nuevo en la silla.

La respiración de ella era agitada y sus movimientos tensos y torpes, aunque poco a poco con mis manos acariciando sus tetitas y su torso conseguía que se metiera en el papel olvidándose de que nuestro hermano nos observaba.

Conduje sus manos bajo mi camiseta y ella la levantó haciendo que me la quitara. Me esforcé por evitar que la vergüenza me invadiera y decidí imaginar que él no estaba tal y como yo le pedía a ella. Pero la verdad es que me resultaba bastante difícil hacerlo ya que continuamente me asaltaban imágenes de mi hermano haciéndome el amor provocando que me excitase por segundos.

– Eso es, cielo… Lo estás haciendo muy bien – Mis palabras de ánimo hacían que se mantuviese concentrada y se empleara más a fondo mientras yo no le quitaba ojo a Javi.

Él nos contemplaba pasmado e inmóvil sin perder detalle.

Pronto llegó el turno de mi pantalón cuando ella comenzó a acariciar mi entrepierna suavemente, por lo que me lo quité sin mucha floritura seguido por mis braguitas. Aquello hacía que Javi se agitara en su silla nervioso ya que la visión de sus dos hermanas en esa actitud era nueva para él y quizás también excitante.

No perdía detalle de nuestros cuerpos desnudos mientras sus ojos permanecían abiertos como platos.

Hice que mi hermana se tumbase en la cama boca arriba mientras la mantenía distraída con besos en su cuello y caricias entre sus piernas. Comenzaba a estar húmeda pero su actitud aún era muy tensa y con frecuencia tenía que guiar sus manos por mi cuerpo.

Lo cierto es que poco a poco mi vergüenza iba desapareciendo e incluso estuve tentada de acariciar el cuerpo de Javi cuando se puso de pie para poder vernos mejor. Pero lo saqué de mis pensamientos por qué para mí era más importante que Sandra no se me viniese abajo. Era mi hermana y la quería. Y ya que Javi nos obligaba a estar en esa situación no iba a permitir que saliese de ella con un trauma incurable.

Cuando mis dedos comenzaron a penetrarla lentamente ella esbozó una mueca extraña y no supe si era de dolor o placer.

– ¿Te gusta? – Pregunté mientras mis labios dejaban un rastro húmedo que descendía desde su barbilla hasta su cuello. Ella se limitó a asentir mientras yo seguía descendiendo por su cuerpo y atrapaba uno de sus pezoncitos con mis dientes sin llegar a apretar. Recordaba que ese juego le había excitado mucho la última vez y decidí explotarlo de nuevo rozando con cuidado la línea entre dolor y placer. Ella se fue soltando cada vez más hasta el punto de emitir leves gemidos de vez en cuando.

Yo no tenía mucha experiencia y no se me ocurrían muchas más formas de provocarla placer y tampoco me apetecía mucho practicarle sexo oral. Pero una vez más fue mi hermano quien decidió “ayudar” cuando puso su mano en mi cabeza y tras un par de caricias comenzó a empujar obligándome a descender.

Sandra le miraba asustada y notaba como iba retrocediendo su actitud dejándome pocas opciones.

Temiendo que en cualquier momento se echara atrás, la obligué a mirarme torciendo su rostro con la mano y le dediqué la mirada más lasciva que jamás le he dedicado a nadie mientras mi lengua descendía por su cuerpo.

Me coloqué a cuatro patas para estar más cómoda de modo que mi culito resaltaba en contraste con mi cabeza que lentamente descendía hacía su entrepierna.

No sabía si me daría asco lamer su sexo, nunca antes lo había hecho pero lo cierto es que estaba bastante excitada y no me paré demasiado a pensarlo cuando mis labios encontraron los primeros rastros de bello. Era suave, escaso y débil.

Enseguida noté el aroma que desprendía su interior y aunque no me agradaba mucho, tampoco era excesivamente desagradable.

Mi lengua no tardó en llegar a su sexo y sin tener mucha idea de que tenía que hacer comencé a lamer.

El sabor agrio de su interior inundó enseguida mi paladar mientras mi lengua recorría sus labios vaginales arriba y abajo deteniéndose cada vez en su clítoris. Mientras, mis dedos seguían dando un lento pero metódico masaje a su vagina.

La respiración de Sandra se aceleró en poco tiempo a la par que se mantenía concentrada en la situación olvidándose de Javi por el momento. Pero ¿Y Javi?. Preocupada por dar placer a mi hermana me había olvidado de él, así que proseguí masturbándola pero levanté la cabeza para buscarle.

Para mi sorpresa, mi hermano se había colocado detrás de mí para tener una visión más completa de mi “parte trasera” mientras escondía su mano bajo su pantalón vaquero acariciándose. Al principio se quedó cortado por haberle pillado, pero en los segundos siguientes mi mente fabricó un montón de situaciones ficticias en las que en la totalidad de ellas ambos estábamos teniendo sexo de todas las formas y colores, disparando mi excitación aún más. Tal vez él lo notó o lo vio reflejado en mi rostro, porque desabrochó lentamente su pantalón vaquero, lo dejó caer hasta sus rodillas y luego hizo lo mismo con su ropa interior.

Su pene no era de un tamaño descomunal, pero desde luego a mí no me parecía pequeño. Había visto pocos en mi vida. A algunos incluso los chupé y a otros solo los masturbé, pero ninguno era de ese tamaño. Aunque también era verdad que Javi era ligeramente mayor que cualquiera de los chicos con los que había estado. En cualquier caso era todo lo que yo deseaba en ese momento pero… Sandra, la situación… Todo estaba en mi contra.

Mi hermano se masturbaba lentamente sin dejar de alternar su mirada entre mi “parte trasera” y mis ojos con la melodía de los leves gemidos que Sandra trataba de ahogar en su garganta.

Para mi sorpresa, Javi posó su mano izquierda en mi trasero y lo comenzó a acariciar cada vez con más descaro. Mi corazón estaba a punto de colapsarse cuando se arrodilló en la cama y su pene quedó a pocos centímetros de mis labios. No hizo falta que lo acercara más porque en un rápido movimiento lo introduje todo lo que pude en mi boca.

Sandra seguía absorta en el placer que mis dedos la provocaban y permanecía con los ojos cerrados ajena a lo que yo estaba haciendo. “¿Qué leches estoy haciendo?” me pregunté. Pero en ningún momento me planteé parar por que por primera vez, podía expresar mi deseo libremente.

El sabor salado de su pre-semen se mezcló en mi boca con el regustillo amargo del interior de mi Hermana y no tardé en sentir mi saliva densa y abundante. Para mi desgracia Javi sacó su pene de mi boca y me condujo de nuevo a la vagina de Sandra, quien estaba bastante caliente a esas alturas y presentía que cada vez estaba más cerca de acabar. Resignada, volví a lamer su sexo sin dejar de pensar que los fluidos de nuestro hermano ahora cubrían su entrepierna. Extrañamente eso me provocaba cierto morbillo, que se disparó cuando él comenzó a acariciar uno de mis pechos.

Durante los minutos siguientes fui alternando entre la vagina ella y el pene de él haciendo que la temperatura en el cuarto se disparase. Ambos éramos conscientes de que Sandra estaba al borde del orgasmo porque ni siquiera se dio cuenta de que Javi frotaba sus pechitos. Hasta que finalmente sucedió.

Mi hermana inspiró profundamente tensando su cuerpo y arqueándolo sobre un costado. Cuando soltó todo el aire de golpe, un profundo gemido escapó de su interior mientras sus manos agarraban la mía obligándome a penetrarla a toda prisa para poco después tratar de detenerme entre quejidos y contracciones. Mis dedos quedaron empapados en su interior que se derramaba levemente resbalando hasta su ano.

Mientras tanto, mi hermano había recogido mi pelo entre sus dedos y me obligaba a volver a practicarle una felación de forma más agresiva. Su excitación quedaba reflejada en la erección de su pene que parecía a punto de estallar en mi boca, pero pasaron unos largos segundos y mi hermano no se corría.

Para entonces, mi hermana Sandra recobraba el aliento medio incorporada mientras observaba asustada cómo yo atrapaba con mis manos el pene de Javi y lo devoraba despiadadamente.

Desesperada, por que tal vez esa iba a ser la única forma de poseer su cuerpo antes de que se impusiera el sentido común que el alcohol había ocultado.

Una vez más, él retiró su pene y me condujo junto a Sandra para que la besara. Ella trató de resistirse y apartarse pero mi insistencia tuvo resultado. Su gesto se torció con desagrado al saborear el semen de mi boca y más aún cuando Javi comenzó a acariciar sus pechos. Trató de apartar su mano pero él insistió.

– Tranquila cielo… Sólo estamos tú y yo… Tú y yo… Concéntrate en mí… – Mi grado de excitación era imposible de imaginar, hasta el punto de dirigir la mano de Sandra a mi sexo mientras la continuaba besando y con la mía masturbaba a Javi. No era consciente del egoísmo que mostraba al arrastrar a mi hermana a aquello. Antepuse mi placer a su bienestar y no pensé en el daño que la podía estar haciendo.

Ahora era yo quien estaba a punto de correrme cuando los dedos de mi hermana asediaban mi clítoris sin muchas ganas pero Javi se acercó a nosotras y separó nuestros labios con su pene que comenzaba a gotear lentamente. Ella dio un respingo asustada mientras yo me lanzaba a lamer con avidez.

Fuera de mí, en una actitud de la que no estoy orgullosa, atraje a Sandra hacia el pene cuando Javi se lo acercó de nuevo a los labios.

– Hazlo… – Le susurré.

– No… – Dijo al borde de las lágrimas.

– Hazlo por mí… Porfi… – Ella estaba visiblemente nerviosa y decidí guiar su cabeza hacia el pene de Javi.

– Me dijiste que me querías Sandra… Si quieres estar conmigo, hazlo… – Le susurré al notar que se detenía en el último momento. Su rostro se ensombreció por mis palabras y las lágrimas resbalaron por sus mejillas mientras me dedicaba una mirada de tristeza y decepción. Si sentí algo en aquel momento, lo enterré en el fondo de mi alma y aguardé su decisión mientras yo misma me daba placer.

Su decisión no se demoró mucho y abrió su boca para acabar atrapando el pene de nuestro hermano entre sus preciosos labios. Era torpe e inexperta y estaba nerviosa, asqueada y triste. Pero observé la expresión de Javi y por mal que nuestra hermana se la chupara, le estaba dando un placer inmenso.

Mientras tanto, yo seguí masturbándome a toda prisa deseando correrme lo antes posible. Javi me acariciaba el cuerpo y de vez en cuando me permitía relevar unos segundos a Sandra chupando su miembro para que se recobrara. Luego, guiaba su cabeza de nuevo para que prosiguiera.

Después de unos pocos minutos yo ya no podía más. Mi hermano estimulaba mi clítoris mientras mis dedos ya entumecidos lograban su objetivo provocándome un orgasmo como jamás imaginé. Espasmos descontrolados contraían mis muslos y mi estómago mientras un enorme chorro salía disparado para perderse entre las sábanas. Mis gemidos retumbaban en las paredes y provocaban en Javi un placer añadido. Sujetaba la cabeza de nuestra hermana follandose su boca que estaba roja por el esfuerzo mientras ella trataba inútilmente de separar su cuerpo entre quejidos. Su cara estaba empapada en sudor y lágrimas tanto como su boca y su barbilla lo estaban de pre-semen, que escapaba por la comisura de sus labios en espesos y pegajosos hilillos blanquecinos.

A medida que mi tremendo orgasmo desaparecía, culpa, vergüenza y miedo comenzaban a asediar mi pecho mientras observaba como Sandra escapaba por fin de Javi, echándose encima de mi pecho y escupiendo sobre él semen entre tos y arcadas. Nuestro hermano había empezado a correrse en su boca.

Un segundo chorro salió disparado contra la mejilla de ella y mi pelo y un tercero más débil pero mejor dirigido se estrelló en mi boca entreabierta. Hubo algún chorro más que se perdió entre las sábanas, entre los jadeos de mi hermano.

Ella sollozaba con su frente apoyada en mi hombro, abatida, humillada, inconsolable, mientras que yo saboreaba el semen que me acababa de tragar. Comenzaba a darme cuenta de lo que acabábamos de hacerle. Incluso él debía de estar pensándolo porque nos contemplaba sorprendido y asustado.

– Sandra cielo… Ya está… Se acabó – Y tras escuchar esas palabras se puso en pie tapándose el cuerpo como podía y escapaba del cuarto a la carrera. Yo la seguí de cerca llamándola desesperada y me la encontré frente a la puerta del baño vomitando en el suelo de rodillas y orinándose encima.

Sujeté su cabeza arrodillándome junto a ella en el charco de orina y apartándole el pelo.

“¿Qué hemos hecho? ¿Qué coño le acabo de hacer?” pensaba desesperada mientras la obligaba a levantarse. La senté en el váter mientras abría la ducha con agua caliente y esperaba a que se regulase la temperatura. No dejé de tratar de calmarla y consolarla ni un segundo mientras ella mantenía su rostro hundido entre sus manos haciendo que su llanto sonase distorsionado.

En cuanto comprobé el agua y estuvo a una temperatura correcta agarre a mi hermana por la cintura  rodeándola con un brazo y la obligué a entrar conmigo en la ducha.

Al notar el agua ella dio un gritito y se dejó caer hasta quedar sentada en el suelo. Yo me arrodillé a su lado.

– Ya está mi niña… Ya se ha acabado… ¡Joder! Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento… Lo siento muchísimo… ¿Qué he hecho?… Esto es culpa mía – Le susurraba desesperada limpiando a conciencia su cara con mis manos.

No me dirigió ninguna palabra. Ni una sola mirada, ni tan siquiera un grito o golpe. Tan solo se quedó inmóvil apoyada en mi cuerpo ahogando contra él un llanto que me partía el alma.

Durante casi una hora permanecimos sentadas bajo la ducha dejando que el agua caliente limpiara nuestras lágrimas y nuestro dolor. Sintiéndome mal por lo que había pasado y porque ahora más que nunca, era una niña que se aferraba a mi cuerpo desconsoladamente.

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