Mi tía vuelve a mi casa para pasar unos días

Mi tía (Amparo) y yo (Raúl) pasados unos meses de todo lo que ocurrió con mi madre (Pilar), nos levantamos un día mi madre y yo, y nada más levantarnos, mi madre me dio un beso. Recordad que mi tía sigue viviendo con mi madre y conmigo.

Empezamos a hablar de todo lo que pasó con Amparo y nosotros dos cuando quedamos para que viniese a vivir con nosotros y todo ese tema.

Mi tía se levantó como un día normal y me dio un beso a mi madre y otro a mí.

Cuando le dio el beso mi tía a mi madre, Amparo nos dijo que se iba a duchar así dejaba la ducha libre para el siguiente que viniese a ducharse. Se le había olvidado coger la ropa interior como hace por costumbre para ponérsela en el baño.  Salió completamente desnuda del baño a buscar su ropa interior, no nos habíamos dado cuenta de que Amparo estaba completamente desnuda. Mi madre entró en el baño al terminar Amparo de ducharse, ya se había secado cuando mi madre estaba en sujetador y bragas para disponerse a quitárselas, mientras salía mi tía y entraba mi madre se dieron un beso y Amparo espero hasta que mi madre se desnudase por completo, mi madre se dio cuenta de que yo estaba mirando y como no le gusta que yo le vea desnuda al igual que a mi tía, cerró la puerta del baño. Amparo fue a la cocina para beber agua con la ropa interior ya puesta, unas bragas de color verde y un sujetador beige; le hice una foto de cómo iba mi tía en bragas y sujetador. Se dio cuenta y se enfadó conmigo como nunca. Al salir mi madre de la ducha mi tía se lo contó a mi madre y me dijo que quién me creía yo que era para hacerle una foto a mi tía en ropa interior.

Después de comer me metí en mi habitación y me hice una paja. Mientras me la estaba haciendo, mi tía entró en mi habitación y me preguntó que qué estaba haciendo, al instante llegó mi madre y como seguían cabreadas conmigo volvimos a discutir.

Salieron de mi habitación enfadadas por lo que había pasado. Al rato, me entraron ganas de hacer pis, así que fui al baño, aproveché que mi madre estaba en el baño y al entrar ella me miró y se ocultó sus partes intimas.

Una hora después, estando los tres en el salón, de repente mi madre se va a su habitación y mi tía a la suya. Al momento, mi madre fue a la habitación de mi tía maquillada, con un vestido y unas sandalias de tacón y mi tía maquillada (igual que mi madre), con una minifalda vaquera, unas sandalias grises que le había dicho en su día que me gustaban y una camiseta de tirantes.

Cuando salieron de las habitaciones me dijeron que iban a salir y que ahora venían. Al regresar a casa me dijeron que si estaban guapas para mí y le respondí que estaban preciosas.

A continuación me levanté y me rápidamente fui a mi habitación con la excusa de colocar algo. Al instante Pilar vino hacia mi habitación y me dio un beso, salí al salón y me encontré a mi tía masturbándose, al vernos a mi madre y a mí, mi madre en bragas y sujetador y yo desnudo, me miró y me dijo que le encantaba mi pene.

Amparo me empezó a hacer una mamada mientras que desnudaba a mi madre por completo.

Al rato, mi madre se puso en cuclillas y me dijo que quería hacerme una cubana; metí el pene entre sus pechos y ella me empezó a masturbar mientras que Amparo le metía un vibrador a mi madre por la vagina (que era lo que habían salido a comprar en realidad). Después le metí el pene a mi madre por el coño mientras que Amparo probaba el vibrador. Al sacarse mi tía el vibrador de su vagina, le entraron ganas de hacer pis, y como estaba en cuclillas y mi madre debajo, se hizo pis allí mismo.

Finalmente, mi madre eyaculó como nunca antes la había visto eyacular, y me dio un beso diciéndome había que repetir.

 

La entrada Mi tía vuelve a mi casa para pasar unos días aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

A mi Señor, con cariño

La espera me estaba matando. Mi señor llegaría en cualquier momento, pero parecía que los segundos se alargaban eternidades, así que salí a fumarme un cigarrillo al balcón para distraerme. El aire estaba helado y yo solo llevaba puestos los jeans y una playera negra, mis pies se quejaron del frío inmediatamente. Apenas había dado un par de fumadas cuando escuché la puerta abrirse, así que me volví para verlo entrar. Recargada en el barandal, seguí fumando sin hacer ningún intento por volver a entrar, al menos no hasta que recibiera mi sorpresa. Cruzó la estancia en dirección a mí sin quitarme la vista de encima, pero una dulce voz, con un muy obvio tono de lujuria, lo detuvo en seco a mitad de la sala.

– Tenías razón. Es todo un macho.

Aún me miraba, así que vi cómo abría los ojos con sorpresa y cómo apenas se dibujaba una sonrisa en sus labios cuando escuchó los pasos de mi amiga acercándose. Se detuvo justo a sus espaldas y acarició sus hombros, bajando por los brazos, dándole la vuelta para quedar frente a frente. Estaba de pie allí sin moverse, dejándose tocar por esta desconocida. Más baja que yo, de una piel tan blanca que con solo apretarla un poco, los dedos se quedan marcados en rojo brillante. Con el cabello castaño claro, corto hasta el mentón, enmarcando un rostro de facciones muy finas, grandes ojos color miel y unos labios carnosos pintados de un rojo brillante que acentuaba más su forma de corazón. Delgada y delicada como una bailarina de porcelana, llevaba un vestido corto negro de una sola pieza que escondía mi elección de atuendo para la noche, un liguero y medias de red negras, nada más. Giró para mirarme.

– ¿Aguantará?

– Seguro que sí.

Maté el cigarrillo en un cenicero para entrar de nuevo, pero esta vez directo hacia ella. Tomé su cintura, mi brazo le daba la vuelta completa y casi le saco una cabeza completa, aún cuando ella trae tacones y yo voy descalza. Pero uno no debe confiarse del tamaño, los venenos más letales vienen en frascos pequeños. Rodeó mi cuello con sus brazos y pegó su cuerpo al mío, ofreciéndome su boca para comerla. Él seguía a nuestro lado, inmóvil, viendo cómo mi mano subía por la espalda de esta pequeña bailarina para bajar por su costado, dibujando la curva de su seno. Volteamos a verlo al mismo tiempo, atacamos al mismo tiempo, un par de leonas perfectamente coordinadas para la cacería.

Mientras yo apretaba mis senos contra su espalda para poder rodearlo y desabrochar su camisa, mi amiga se encargaba de desabrochar los pantalones de mi señor. Sabía perfectamente que se estaba dejando hacer, que en cualquier momento mi amiga y yo quedaríamos sometidas a sus deseos si él quisiera, aprisionadas por esas enormes manos. Pero por ahora, nosotras queríamos divertirnos un poco y él parecía bastante dispuesto, así que entre las dos fuimos empujándolo hacia la cama. Casi parecía que estaba jugando, poniendo un poco de resistencia. Bien sé que sí quisiera, no podríamos moverlo ni un centímetro, pero bueno, somos dos contra uno y la sonrisa que trata de esconder lo delata.

Lo tiramos sobre la cama a medio vestir para que pudiera seguir viendo cómo atrapaba yo a mi amiga por la espalda, una mano en su largo cuello y la otra recorriéndole la parte interna de los muslos, subiendo hasta llegar a la orilla de sus medias. Podía sentir que ya estaba bastante caliente, la humedad ya empezaba a escurrir en su rajita depilada así que levanté el vestido para que mi Señor pudiera ver el regalo que le había traído su perra. Abrí suavemente los labios para dejar expuesto su clítoris mientras apretaba un poco más su cuello. Sus manos se enredaron en mi cabello y giró la cabeza para poder lamerme los labios mientras mis dedos acariciaban el pequeño botón rosado entre sus piernas.

No le había quitado los ojos de encima y vi que, una vez más, no tendría el gusto de ponérsela dura yo. Terminó de quitarse la ropa mientras nos observaba y estaba tirado sobre la cama masturbándose. Empujé a mi amiga hacia la cama para que quedara en cuatro patas sobre mi señor y, ofreciéndome todo el culo para chuparlo, ella se encargaba de mamarle la verga. La vi inclinarse para tragársela casi completa al tiempo que yo acariciaba su rajita suavemente para extender sus jugos hasta el culo. Cuando metí dos dedos en su coño y mi lengua en su culo la escuché gemir, con la polla aún metida bien profundo en su garganta. Dibujando pequeños círculos con la punta de mi lengua en su apretado ano, mis dedos girando mientras entraban y salían, no tardó mucho en tratar de levantar su cara para decirme que se iba a venir, pero unas enormes manos la detuvieron para evitar que interrumpiera su labor de chuparse esa polla. Escuché cómo se ahogaba mientras mi señor se la follaba por la boca sin piedad, así que seguí mi trabajo, pellizcándole y acariciándole el clítoris con una mano, mientras mi lengua daba paso a mis dedos empapados por sus jugos, para irle abriendo un poco el culo. Estaba tan apretado que sabía que muy pronto se iba a correr, así que me acomodé para poder meterle la lengua en el coño y comérmela mientras se venía, limpiando los jugos que rebozaban mezclados con mi saliva, escurriéndome la cara.

Era mi turno, así que me acosté para dejar que él se pusiera sobre mí y metiera su verga en mi boca, empalando mi cabeza contra las almohadas mientras mi amiga me quitaba los pantalones y abría mis piernas para acomodarse entre ellas. Yo también iba toda depilada, su lengua acariciaba mis labios sin abrirlos todavía, la yema de su dedo lentamente acarició la entrada de mi coño. Podía sentirme escurrir hasta las nalgas, seguro que mi culo ya estaba todo empapado, así que no le costaría trabajo penetrarme. Su dedo pulgar jugaba con mi culo, su lengua exploraba suavemente los pliegues entre mis labios hasta encontrar mi clítoris mientras me metía dos dedos en la vagina para devolverme el favor. Atrapada contra las almohadas, con el peso del semental sobre mi pecho y su verga metida hasta mi campanilla, las lágrimas corrían. Mi amiga había abierto mis piernas y las sostenía en esa posición con más fuerza de la que parecía tener. Estallé en un orgasmo en sus dedos y su lengua, gruñendo de placer con la boca llena de su polla, que no sacó hasta que dejé de temblar.

La delicada figura de mi amiga se dibujaba contra la púrpura colcha cuando fue a tirarse junto a mí. Cuando por fin mi boca fue liberada, recuperé el aliento y volteé a verla. La blancura de sus senos quedaba coronada por unas rozadas puntas, sus duros pezones, que eran una franca invitación a ser devorados como la cereza del pastel. Me escurrí hacia ella, entre sus piernas, respirando suavemente por su entrepierna, lamiendo la parte de adentro de sus muslos y subiendo por su vientre, decidida a conquistar esa cima del placer al tiempo que levantaba las caderas para ofrecerme a mi Señor.

Las nalgadas resonaron por la habitación. Una, dos, tres. Volteé a verlo sorprendida pero me topé con que casi se reía.

– Las invitadas primero, perra.

Las carcajadas de mi amiga rompieron el silencio.

– Mira tú, te salió más cabrón que bonito.

– Si no fuera así, no me lo estaría cogiendo.

Liberé las piernas de mi amiga para montarla sobre el vientre, de esa forma, los coños de las dos quedaban a disposición de él, para que follara a su gusto. Además, de esta forma podía darme a placer ese par de tetas que se me antojaban tanto. Llenaban mi mano, con los pezones escapándose entre mis dedos para ser acariciados por la punta de mi lengua. Interrumpí mi disfrute para voltear a verlo, de pie atrás de nosotras con toda la polla escurriendo nuestra saliva.

– ¿Te gustó mi sorpresa?

Por supuesto, la respuesta de mi señor no se hizo esperar. Jalándome del cabello hacia atrás, estrelló mi espalda contra su pecho, metiendo su mano entre mis piernas para masturbarme tan lentamente que era casi una tortura. Mordió mi cuello con fuerza, un recordatorio nada más. Mi amiga abrió los ojos con temor cuando la miró fijamente mientras me decía al oído:

– Voy a follarme a tu amiga hasta destrozarla, y tú lo vas a ver todo. Y luego te voy a follar igual a ti.

Sentí el escalofrío recorrer mi espalda de nuevo, pero despertando otro tipo de perversiones por parte de mi señor. Esta vez iba a ser diferente…

La entrada A mi Señor, con cariño aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Sexo liberal con mi amigo Juan mientras su novia miraba

Hola chicos y chicas, hoy os quiero contar una historia de sexo liberal que me propusieron unos amigos. Como algunos ya saben me llamo María y no es la primera vez que escribo un relato aquí. Es la forma en que me siento liberada al compartir estas experiencias eróticas y sexuales, a la vez que me pongo algo cachonda imaginando o recordando mientras escribo, la verdad.

Bueno, el relato que quería contarles hoy es algo que me pasó hará un mes, cuando un sábado por la mañana Marta, la novia de mi amigo Juan, vino sola a mi casa para que les prestara la aspiradora. Ellos viven a unas 2 manzanas de mi casa, por lo que no me importaba prestarles de vez en cuando algo. Ya hacía unos años que nos conocíamos Juan y yo, y a Marta la conozco de hará unos 3 meses, que es lo que lleva saliendo con Juan.

Cuando Marta llegó a mi casa, todo era normal. La invité a pasar a la casa mientras iba a buscar la aspiradora al trastero. Al llegar de vuelta al salón con la aspiradora en la mano, encontré a Marta rara, la noté algo nerviosa. Era como si quisiera decirme algo, pero no sabía cómo,por lo que le pregunté si le pasaba algo. Marta, con una voz algo temblorosa asintió con la cabeza a mi pregunta tras lo que me respondió que no había venido solo a por la aspiradora, que eso era más bien una excusa para pedirme algo sin que Juan estuviese delante. Temblorosa y con voz tímida se acercó a mi cara y me dijo en voz baja, como asegurándose de que nadie se enterase, que me encontraba bastante atractiva. A la vez que me aclaraba que ella no era lesbiana ni le gustaban las chicas de forma sexual, pero que sabía apreciar cuándo una chica era bastante guapa y atractiva. Me contó que ella era muy abierta en el sexo y que estaba intentando hacer que Juan lo fuera también por lo que tenía una proposición para mi.

Yo me quedé callada, sin saber qué responder o decir a todo lo que me estaba contando.

He de reconocer que a mi sí me gustan las chicas, además de los chicos, y que Marta es muy atractiva, morena con ojos claros, una cintura pequeña y con unos pechos pequeños, pero un gran y firme trasero.

Tras unos segundos de silencio en los que ella quedó a la espera de cómo reaccionaba yo, le dije entre risas que estaba muy agradecida por el cumplido, que no solo ella era abierta en cuestiones de sexo. La tranquilicé contándole una experiencia que tuve una vez con un chico en la que pasó una cosa bastante graciosa y empezamos a reírnos. Roto el frío y el miedo a qué le respondería, se lanzó directa a preguntarme si me gustaba Juan físicamente. Con miedo a cómo le sentaría mi respuesta le dije que Juan no estaba nada mal, éramos amigos de hacía tiempo y lo veía solo como un amigo, pero físicamente es un tío guapo y atractivo. Ella sonrió y fue más directa al grano. Me dijo que no me preguntaba porque estuviese celosa, sino todo lo contrario. Ella quería montarse un trío con Juan y otra chica y no sabía dónde encontrar una chica de confianza con la que Juan abriese más su mente en el tema del sexo liberal.

La verdad es que nunca me había propuesto tener sexo con Juan, pero la idea de follar con Marta me ponía bastante cachonda y seguro que Juan tenía una buena polla. Recuerdo algún que otro verano entre amigos en la playa donde Juan solía marcar un buen paquete.

No me lo pensé mucho y le dije a Marta que estaría dispuesta a probar una experiencia así. Que si a Juan no le parecía mal la idea podríamos quedar los tres un día en casa de ellos para tomar algo y ver cómo transcurría la experiencia.

Cita para sexo liberal

No vi a Juan desde que quedé con Marta en visitarlos en su casa al martes siguiente. No sabía cómo reaccionaría al verme, pero iba dispuesta a pasarlo bien esa noche. Me preparé y me puse un conjunto sexy, uno que me gustaba especialmente. Rojo y ajustado, con un buen escote.

Al llegar a casa de Juan y Marta, me recibieron juntos en la puerta entre risas y bromas, contentos porque estuviese allí de visita. Tras invitarme a pasar y un par de besos de Juan, Marta me saludó con un solo beso pero en los labios, corto pero picante tras lo que me daba las gracias al oído por haber decidido compartir con ellos un momento así. Las dos nos dirigimos al salón mientras Juan en la cocina recogía unas copas con ginebra para los 3.

La verdad es que para ser la primera vez que hacía algo así me sentía muy cómoda, supongo que era porque a ambos los conocía ya bastante bien e incluso a Juan de hacía años.

Marta solo miraba mientras se masturbaba y gemía

Al entrar Juan al salón, nos ofreció las copas sentándose en el sofá junto a mí. Era un sofá de dos plazas, junto a un sillón de una sola plaza que tenían en el salón y donde se había sentado premeditadamente Marta. Cosa de la cual me daría cuenta después.

Empezamos a hablar bromeando sobre una situación así de sexo entre amigos, de porqué Marta le había propuesto algo así a Juan y de qué me parecía esa idea de sexo liberal.

A los pocos minutos, que ya estaban Juan y Marta echándome piropos por el vestido y por como reía, Marta se levantó dirigiéndose al interruptor de la luz, apagando la luz principal y dejando solo una luz tenue de fondo, a la vez que subía un poco el volumen de la música en el salón. Entonces decidí dar un paso yo, ya que Juan podía notarse en el fondo algo nervioso, y empecé a frotar mi mano sobre el muslo de Juan mientras éste me miraba a los ojos sonriendo.

Marta, mientras, volvía a su sillón y se acomodaba mirando cómo Juan se acercaba y me metía boca. Comenzamos a besarnos a la vez que él me empezaba a tocar a mi la entrepierna, suavemente subiendo su mano poco a poco hasta frotarla en mis bragas. Fue algo rápido, cuestión de pocos minutos cuando ya podía sentir mis bragas húmedas debido a mi gran excitación.

Dejé entonces de besar a Juan, separándome un poco de él mientras con las dos manos le iba desabrochando la correa y el pantalón. Pude ver entonces a Marta en el sillón con su vestido subido agarrando con una mano sus bragas a un lado, mientras con la otra mano se frotaba suavemente sus partes íntimas mientras nos miraba fijamente. Eso me puso aun más cachonda ya que no solo era una chica guapa, sino que tenía un coño bastante bonito y apetecible.

Entonces, Juan se levantó mientras yo seguía desabrochando los botones de su pantalón, quedando de pie junto a mí, con su paquete a la altura de mi cara. A la vez, me ayudaba a quitarle los pantalones y los calzoncillos bajándolos y dejando al descubierto su enorme polla flácida, aunque podía apreciarse cómo iba endureciéndose por segundos.

Con esa enorme polla junto a mi cara, vi a Marta, que seguía junto a nosotros en el sillón masturbándose, a lo que me dijo -”vamos, cómetela”- Cosa que no pude rechazar, y tras su consentimiento y el de Juan, que ya sabía que lo tenía ganado, empecé a acariciar esa enorme polla con mi mano derecha, mientras con la izquierda me empezaba a tocar yo misma mi húmedo coño.

Ya casi dura del todo la introduje en mi boca y empecé a chupársela como una auténtica viciosa. Era una polla a la que le tenía ganas desde hacía tiempo. Para mí, era como una fantasía cumplida.

Unos cuantos minutos chupándosela a Juan de todas las formas posibles, incluso le masturbaba con una mano mientras con la otra le acariciaba y le chupaba las pelotas, hasta que Juan no pudo aguantarse más. Me agarró fuertemente levantándome entre sus brazos, comiéndome toda la boca aún llena de saliva por la felación y tirándome con fuerza contra el respaldo del sofá, de espaldas a él y Marta, quien seguía sentada, con las piernas abiertas y frotándose fuertemente su coño y gimiendo de vez en cuando mientras veía cómo Juan empezaba a follarme en el sofá con su gran  y dura polla.

De espaldas a ambos, no podía dejar de gemir al notar la dura y grande polla de Juan follándome con ganas el coño, a la vez que pensaba en que Marta estaba ahí, mirando toda la escena y masturbándose a la vez. En cuestión de minutos noté cómo Juan dejó de meter su polla con esa fuerte intensidad del principio hasta que paró y me dijo que me tocaba a mí. Se sentó en el sofá, no sin antes comerle la boca unos segundos a su novia Marta, y seguidamente me subí sobre él. Nunca olvidaré la cara de viciosa que tenía Marta en ese momento, como si quisiera follarnos a los dos, pero solamente se limitaba a ver y a meterse hasta tres dedos en su coño a la vez que con la otra mano frotaba su clítoris.

Subida sobre Juan, empecé a mover mi cintura, algo que se me da bastante bien, dando giros y haciendo la presión adecuada según veía en la cara de Juan cuando más le gustaba. Al poco tiempo de estar encima de Juan, mientras este me comía las tetas y yo movía mi cintura con fuerza, noté cómo Marta, desde atrás, me daba un fuerte cachetazo en el trasero, diciéndome que le diese bien fuerte, que quería verlo correrse “en ese coño”.

Se refería a mi coño, claro está, y sin pensármelo demasiado empecé a hacer más presión sobre la polla de Juan, girando la cadera y agarrándome las tetas para acercárselas a la boca… entonces, Juan no pudo más y se corrió. Pude notar cómo eyaculaba dentro de mi coño, sin condón, ya que yo utilizo la píldora normalmente y no era un problema el no usar protección ya que eramos amigos y nos conocíamos.

Al mismo tiempo que recibía la leche de Juan en mi coño, giré la cabeza buscando a Marta, la cual estaba teniendo un orgasmo mientras se masturbaba viéndonos. Entre la gran polla de Juan explotando dentro de mi vagina, y la imagen de Marta gimiendo y eyaculando en un gran orgasmo, no recuerdo haber estado nunca más excitada. Seguí moviendo fuertemente mi cintura mientras aún Juan tenía su polla bien dura hasta que llegué a correrme yo también. Fue la corrida más fuerte que he tenido en mi vida.

Los tres quedamos allí agotados y, entre risas, comentábamos lo bueno que había sido.

Tras recoger un la ropa y beber un poco más de la copa decidí dejarlos solos en su casa, por lo que me marché tras despedirme de ambos con un beso en la cara. Había sido una buena noche, aunque no puedo decir que lo fue para el sofá. El pobre sofá terminó manchado entre las corridas y el sudor, seguramente tendrán que cambiarlo, pero fijo que les mereció la pena, al menos a mí sí. jijiji. Una experiencia de sexo liberal más que sumar a las que ya tengo vividas. ¡Y las que me quedan!

Besitos, :)

La entrada Sexo liberal con mi amigo Juan mientras su novia miraba aparece primero en SexoEscrito.com.