Espectáculo lésbico en intercambio de parejas

Tal y como os comentaba en este otro relato, mi mujer Lucía me había preparado por sorpresa un encuentro con una pareja swinger para tener nuestro primer intercambio de parejas. Después de haber tenido una sesión intensa de sexo, nos duchamos y comimos algo mientras bebíamos. Sin embargo, como no esperábamos que se quedasen a pasar la noche, pronto nos quedamos sin bebidas, así que Lucía me dijo que fuese a comprar whisky y vodka y refrescos al chino de la esquina que está siempre abierto. Yo, que ya había escarmentado y sabía que no podía dejarlas a solas con Alfredo, le dije a éste que me acompañase y así nos despejaríamos ambos.

Durante el corto trayecto estuvimos hablando y le comenté que había sido nuestra primera vez, a lo cual él me contestó que Lucía ya se lo había comentado antes de que llegase yo y que ellos tenían mucha experiencia, sobre todo yendo a locales swinger y demás locales liberales. Me dijo que yo tenía mucha suerte al tener por esposa a una mujer tan ardiente como Lucía, lo cual me halagó bastante. Nos fumamos unos cigarrillos en el portal antes de subir bien aprovisionados de bebidas y, llegando a la puerta de mi piso, empezamos a oír gemidos que, al estar todo el bloque en silencio por ser la hora que era, se hacían notar perfectamente.

Espectáculo lésbico de lujo

Abrí la puerta y entramos con normalidad. Allí estaba mi mujer follándose a Jenny con el consolador que se había comprado hacía ya algún tiempo. Jenny estaba recostada en el sofá mientras que mi mujer estaba encima de ella, comiéndole el cuello y las tetas mientras que con la mano derecha le metía y sacaba con ímpetu el consolador de grandes dimensiones.

Alfredo y yo nos miramos, pero decidimos no unirnos a la fiesta…de momento. Le serví una copa de whisky a él y otra a mí para poder disfrutar al máximo de aquel espectáculo lésbico que nuestras mujeres nos estaban ofreciendo. Jenny se retorcía de placer, pues el consolador y la maestría de mi mujer comiéndole el cuello al mismo tiempo, mientras le impedía zafarse de ella al tenerla sometida a su plena voluntad, hacían que nuestra invitada solo pudiera estremecerse y gemir como una auténtica puta hasta que, literalmente, empezó a botar en el sofá al experimentar unas fuertes sacudidas, consecuencia del brutal orgasmo que Lucía le acababa de provocar.

Mi mujer rió un poco, como quien consigue su trofeo. Por primera vez había logrado llevar al orgasmo a una mujer ella sola, y estaba feliz. Bajó hasta la intimidad de Jenny y empezó a comerle el enrojecido y delicado coño a su compañera, quien intentaba alejar la cabeza de Lucía por lo irritado que lo tenía, pero ésta no cejaba en su empeño de dejar aquella rajita completamente limpia para, a continuación, venir hacia mí y darme un beso de tornillo que cambió el gusto de mi boca de wishky a flujos vaginales.

A continuación, Jenny se levantó, invitó a Lucía a ponerse de rodillas sobre el sofá, a perrito, y empezó a comerle el coño desde atrás como una auténtica experta. Mi mujer abría la boca y se cogía las tetas con una mano, mientras que con la otra mantenía su apoyo. Pronto empezó a gemir, pues nuestra invitada empezó a meterle dos dedos y luego tres, cada vez más rápido y más adentro.

-¿Te gusta, eh, te gusta?
-Mmm, sí mucho, no pares. Uff, qué bien lo haces.
-Creo que te falta algo…voy a rellenarte bien.
-No pares, por favor, no…no pares. Fóllame así, sigue por favor, no pares.

Tanto Alfredo como yo teníamos ya las vergas bien duras, fuera de los pantalones, pajeándonos ante tal deleite. Mi mujer le estaba suplicando a una tía que no parase de follársela, delante de mí y de un completo desconocido. Era algo absolutamente increíble.

Ahora era Jenny la que tenía el consolador en su mano y, tras chuparlo, empezó a introducírselo a Lucía lentamente por la vagina. Describía sutiles movimientos para rozar todas las paredes de su ardiente cuevita, gesto que Lucía agradecía a modo de gemidos y súplicas.

-Sí, sigue así. Uff, por favor, sigue así, un poco más adentro.
-¿Más? ¿un poquito más? Te la voy a meter entera ¿Te gusta así?

Y diciéndole eso, le tiró del pelo hacia atrás mientras le metía de un solo golpe casi todo lo largo del consolador, lo cual provocó un tremendo alarido por parte de mi mujer. Eso me puso a mil, y mucho más cachondo me puse cuando Jenny siguió con su tarea, pero esta vez ofreciéndonos su tremendo culo y, al mismo tiempo, dejándonos ver la magnífica follada que le estaba dando a mi mujer, quien no aguantó mucho más hasta que le sobrevino el orgasmo. Esta vez era Jenny la que se afanaba en dejar reluciente aquella rajita caliente que tanto placer estaba brindando aquella noche.

Último intercambio de parejas de la noche

Como acto reflejo, me levanté y le eché por encima del coño un chorrito de wishky a Jenny, quien dio un respingo al notar el alcohol en su rajita. Me apresuré en limpiársela, casi con frenesí, mientras que mi mujer seguía a cuatro patas, como extasiada, sin darse cuenta de que Alfredo no había perdido el tiempo y se disponía a meterle toda su verga sin previo aviso. Al notar la plenitud de nuestro invitado, Lucía casi dio un salto, dando palmadas con fuerza en el sofá. Él, por su parte, tanto a consecuencia del alcohol como de la excitación del momento, solo se limitó a cogerla con fuerza por la cintura y a intentar meterle el cipote hasta los huevos con tanta violencia y rapidez como podía.

Yo le cogí la cabeza a Jenny y la invité a que le comiese la boca a Lucía, en parte para acallar los chillidos de mi mujer y también los que ella iba a soltar, porque yo también quería volver a follármela con dureza al igual que había hecho horas antes. Así que aprovechando la confusión del momento y el alcohol en sangre, le escupí en el culo y le metí un par de dedos mientras me la follaba por el coño. Una vez noté que mis dedos entraban y salían con poca resistencia, saqué mi verga de su raja y, sin pensarlo dos veces y con su culo bien abierto, le hinqué plenamente mi rabo. El glande entró sin problemas, así que me dejé caer hacia adelante para penetrarla todo lo posible.

Mi plan funcionó, pues su grito quedó ahogado en la boca de Lucía, quien ya tenía su coño tan dilatado que era ella la que empujaba contra Alfredo hasta sentir sus huevos golpear en su clítoris. Jenny intentaba ponerme las manos de tope, pero le cogí las dos manos con fuerza mientras que con mi otra mano libre la atraía hacia mí para meterle toda mi polla dentro de su apretado culo. Así seguimos unos minutos más hasta que no pude aguantar más y me corrí en el interior de Jenny, quien agradeció el cese de mis acometidas y el torrente de leche caliente en su destrozado recto. Alfredo, por su parte, sacó la polla del coño de mi mujer y le enchufó la verga en la boca a la suya, quien ahora veía inundada su boca por el semen de Alfredo, el cual no pudo aguantar más en pie, pues le temblaban las piernas.

Al terminar, nos reímos bastante de todo lo sucedido, mientras cada uno estaba abrazado a su pareja hasta quedarnos dormidos desnudos en el sofá hasta el día siguiente. Desde ese día, mi mujer y yo nos aficionamos a ir a locales swinger y a hacer reuniones con amigos como Alfredo y Jenny.

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