Mi Jefe

Secretaria SexyHola a todos, soy Alejandra, aca les traigo un relato nuevo, yo era muy joven y apenas comenzaba a trabajar de camarera en un camping.
Espero que les guste, comenten y escriban cosas lindas.


Durante un tiempo trabajé como camarera en un camping donde se hacían eventos grandes durante todo el fin de semana. Se hacían fiestas de casamientos, eventos políticos, de deportes, etc. Una tenía que ir bien temprano el sábado, preparar el desayuno, después limpiar, preparar el almuerzo, limpiar, preparar una merienda, o ir a atender en la pileta del lugar, después la cena, y finalmente la fiesta hasta el domingo a la madrugada. Eran muchas horas, demasiadas. Pero pagaban muy bien, y la propina era mucho mejor. Hacer eso 3 veces por mes no significaba ningún sacrificio.
Diego era el encargado del lugar. Tendría unos 32 años. Yo lo conocí por su mujer, Laura, porque íbamos juntas al mismo gimnasio, y conseguí el trabajo gracias a ella.
Diego era de aparecer poco durante la jornada laboral. Estaba en el lugar, pero casi que no nos prestaba atención a las camareras. Si podía pagarnos antes era mejor, de esa forma se evitaba tener que vernos luego. Además siempre iba con su esposa a una cabaña del camping a descansar.
Una tarde un alto dirigente político me habló que se sentía muy conforme con el servicio, y que quería felicitar en persona al encargado del lugar, por lo tanto tuve que salir a buscarlo por todas las inmediaciones del camping.
Busqué en la pileta, en los kioscos, en el salón, en la parrilla. Finalmente lo encontré, estaba en la cabaña con su esposa. Vi su silueta por la ventana, estaba de pie, de espaldas. Yo tuve que dar la vuelta, la puerta estaba del otro lado, y encima estaba casi abierta de par en par, por lo tanto no tuve la delicadeza de golpear antes de entrar.
Abrí lo que quedaba de la puerta e ingresé. El levantó su vista y antes de que yo pronunciara palabra alguna quedé muda y roja de vergüenza y muy incómoda. Laura, que por suerte no me escuchó entrar, estaba de rodillas frente a él, vestida, Diego estaba con sus jeans por las rodillas. Su mujer le estaba practicando sexo oral, y yo estaba a unos pocos metros de la situación. Yo podía oír el chasquido de la saliva de Laura cada vez que su boca chupaba el pene de su marido, acompañado por pequeños y eróticos gemidos. Diego sujetaba con ambas manos la nuca de su mujer, y me miraba con ojos de pervertido, mientras su boca hacía muecas de placer. El pelo de Laura era largo, de un rubio oscuro, y ondulado. Su cabeza se movía hacia atrás y adelante. Yo permanecí de pie, anonadada, sin saber qué hacer, ya era tarde para salir corriendo y fingir no haber visto nada. Luego de un par de minutos de ver aquella escena, me alejé caminando hacia atrás tratando de no hacer ruido, y me quedé en la puerta.
Luego de un ratito los dos salieron caminando de la cabaña. Diego me saludó como si no hubiese pasado nada, fingiendo muy bien. Yo estaba muy nerviosa. Le dije que el político lo estaba buscando y se fue, dejándome a solas con su mujer. Laura me saludó alegremente con un beso en la mejilla, pude sentir que de su boca salía un aroma a semen muy fuerte, y una parte de su mejilla estaba craquelada debido a que el semen se había derramado allí y ya estaba seco. Ella se excusó diciendo que iría al baño. Era lo más lógico, pensé, tenía que ir a lavarse.

Durante la semana, en las clases del gimnasio, cada vez que veía a Laura con sus calzas ajustadas, mi excitación se incrementaba notablemente. Le miraba con atención sus labios, su boca, donde había estado el pene de Diego. Me volvía loca el hecho que ella me hablara como si yo no supiera nada, y lo había visto todo, la había escuchado gemir de rodillas, y eso me incitaba demasiado.
Al siguiente fin de semana se hizo la reunión previa a cada evento, donde Diego nos indica que hacer a cada una, y cual será nuestra tarea. Como lo sospeché, me dejó para lo último. Quedé sola en su oficina.
- ¿Te gustó lo que viste el otro día? – me consultó.
- Ay, Diego, por favor…
- ¿Te gustó o no?
- Fue un momento incómodo.
- ¿Te gustó?
- Si.
Me indicó cual sería mi labor. Solo tenía que estar detrás de la barra para preparar los tragos de la tarde y de la noche. El resto del día solo debía hacer acto de presencia y atender a quien lo necesite, no debería armar las mesas ni lavar las vajillas. Además me puso a cargo del resto de las camareras, cosa que molestó bastante el resto de las chicas.
- Te estás cogiendo al jefe trola…- me decían, mitad en broma, mitad en serio.
Esa tarde Diego me pidió que le llevara un trago a su cabaña. Cuando entré volvió a preguntarme.
- ¿Qué tanto te gustó lo que viste el otro día?
- Diego, basta, por favor…
- ¿Cuánto?
- Diego…
- ¿¿??
- Un poco – dije mirando hacia abajo y corriéndome el flequillo.
- ¿Pensaste en eso en la semana?
- Si.
- ¿Te excitó?
- Si.
Diego se puso de pie.
- Vení – me dijo – Arrodillate.
Yo sabía lo que me pediría. Traté de poner la excusa que su mujer era mi compañera, y que me llevaba bien con ella, pero él no comprendió, volvió a exigirme que me arrodillara frente a él. Una vez que lo hice, Diego sacó su miembro, que ya estaba erecto, y lo introdujo en el vaso trago largo, mojándolo con el trago de frutilla que me había pedido.
- Chupá puta, chupá…
Yo se la chupé. Un poco porque estaba excitada por recordar lo que había visto y porque la charla previa que había mantenido con él me mojó, y otro poco porque Diego estaba muy bueno, y su pene era estéticamente hermoso. Gordo, largo, una cabeza linda, prolijamente depilado, con una vena que sobresalía en uno de sus costados.

Cuando la introduje en mi boca el sabor a frutilla me excitó más. Yo succionaba su miembro con mis labios, lo metía y lo sacaba, todavía no era el momento de jugar con mi lengua ni de masturbarlo con mis manos, una buena mamadora mama usando solo sus labios. Luego movía mi cabeza en círculos, raspando con mis labios y la parte interna de mis mejillas todo el tronco de su pene. Llegó el momento de jugar con mi lengua, con mi mano, apenas con la punta de los dedos, sujeté el pene para que quede quieto, mientras con la carne de mi lengua lamía desde la base hasta la puntita, donde me quedaba jugando en el ojito, robándole el primer gemido y su primer temblor de piernas, hice ese movimiento varias veces, cada vez comenzaba la lamida desde más abajo, desde sus testículos, desde la parte trasera de sus testículos, hasta que llegué a su ano, que por suerte estaba depilado, y permanecí allí, chupando su culo un rato largo, mientras con mi mano pajeaba su pija, y con la otra acariciaba sus huevos. Volví a lamer su tronco, me detuve con mis labios en su punta y la raspé con toda mi lengua, toda la carne tibia y húmeda de mi lengua apoyada sobre la cabeza de su pene. Él lanzó un gemido enorme y por un segundo creí que iba a eyacularme en la boca. Me alejó y comenzó a desvestirme.
Cuando empezó a chuparme las tetas mis pezones ya estaban erectos, duros, apuntando hacia el techo de la cabaña. Él los lamió, jugó con su lengua en la puntita más sensible de mis pezones, yo me estremecí, comencé a jadear, mi piel se erizó y mi vagina chorreó un pequeño hilo de flujo que recorría mis muslos. A medida que chupaba mis tetas mi jadeos se convirtieron en gemidos, él metió su mano en mi vagina, primero la estimuló con un dedo, hasta que se abrió un poquito y pudo meterme dos, los metía y los sacaba, los metía y una vez en mi interior los doblaba de tal forma que quedaban como un gancho, y al sacarlos rozaba mi clítoris, haciéndome gemir con fuerza y pasión. Me vi rápidamente moviendo mi cadera sobre su mano, masturbándome, haciéndole el amor a su mano. Finalmente acabé, lancé un gemido largo a la vez que mis piernas temblaron y de mi vagina salió un tibio y pegajoso flujo que bañó su mano.

Llegó el momento del cunnilingus. Me recostó en el sillón, yo aun tenía mis piernas y mi vagina dormidas por el orgasmo reciente. Sentí la humedad de su lengua deslizarse por mis labios vaginales, me perdí en el placer, sujeté su nuca con ambas manos y comencé a gemir a los gritos y mover mi pelvis al compás de sus lamidas, ahora le estaba cogiendo la cara, y me gustaba, era una putita entregándose a su jefe, y eso me excitó mucho. Mi clítoris estaba sensible, y no tardé en volver a llegar al orgasmo, esta vez fue su cara la que se vio bañada de mi flujo.
Conmigo aun tirada en el sillón al borde del desmayo por el placer, Diego se reposó sobre mí y comenzó a penetrarme. Su pene ingresó sin inconvenientes en mi vagina, todo estaba muy bien lubricado. Yo agarré sus glúteos con fuerza y el comenzó a jadearme en el oído, yo gritaba…
- Ahh, ahh, así, así, me gusta, ahh, así…
Sus muslos goleaban la parte interna de mis piernas, me estaba dando con bastante fuerza, eran penetraciones lentas, no rápidas, pero profundas y fuertes, él quería que yo sintiera toda su pija en mi interior. Se movía en círculos, de frente, lamía mi cuello y mis orejas y me decía al oído que era una puta…
- Que puta que sos pendeja, como te gusta…
- Sí, me encanta, no parés, así, así…
Cambiamos de pose. Me tocó a mí ir arriba suyo. Llegó mi hora de demostrar mis cualidades como amante, de mostrarle que no era una pendeja, que era una mujer que sabía cabalgar a un hombre, tenía que demostrarle que sabía coger.
Sujeté su tronco por la base y me lo froté en la entrada de mi orificio vaginal, los flujos que salían de mi cuerpo hacían ruidito. Introduje solo su puntita, la parte más sensible, él jadeó y me agarró del culo con fuerza, como tratando de mermar el placer que le estaba generando. Luego metí su pija hasta la mitad y bailé en círculos sobre ella, me meneaba, siempre sujetándolo desde la base del tronco. La saqué y volví a meterla hasta la mitad, me fascinaba ver su expresión, sus ojos se cerraban con fuerza, fruncía su frente y abría la boca, yo me encontré inconscientemente imitando esa mueca de extremo placer.
Finalmente metí su pija en su totalidad, gemí, a pesar que mi vagina ya estaba abierta y lubricada, sentí un pequeño ardor que me hizo gemir. Comencé la montada de la mejor forma que pude. Coloqué mis manos en mi propia nuca, me senté en su pija con la espalda bien derecha, como una señorita inglesa que se sienta bien en una silla, tiré el culito para atrás, y desde allí me movía hacia arriba y hacia abajo, meneándome también a la vez para adelante y para atrás, un movimiento muy desgastante desde lo físico, ya que al no apoyarme con mis brazos toda la fuerza la estaban haciendo mis muslo y mis glúteos. Eso me gustaba. Yo gemía, gritaba de placer, me mordía mis labios y entrecerraba los ojos, estaba gozando mucho. Él cada tanto me daba una nalgada y yo lanzaba al aire un grito y alguna que otra obsenidad.
- Sí, pegame papito, pegame…

Comencé a transpirar y mis piernas temblaban, mitad placer mitad por el cansancio, estaba llegando al límite, debía apoyar mis manos en su pecho o en el sillón para ayudarme, pero mi orgullo femenino me lo impidió, mis movimientos ya no eran tan sexys, sino más bien bruscos producto del cansancio. Cuando mi cuerpo ya no pudo más caí desplomada sobre su pecho, y continué haciendo pequeños movimientos desde allí, hasta que mi fatiga y mi falta de aire fue tal que permanecí quietita sobre él, aproveché para besarlo, sus labios y su lengua, su cuello.
Diego se incorporó y se paró detrás de mí, hizo que apoyara una de las rodillas en el sillón, mientras que la otra pierna estaba apoyada en el suelo, mis manos se sostenían del respaldo del sillón, quebró mi cintura haciendo que mi culito quedara bien parado. Jugó con su pija en la entrada de mi anillo anal, generándome mucho placer, jugó allí un rato, como esperando mi aprobación.
- Sí papito, damela, dame ahí…
Fue todo un caballero. Rompió mi culo con mucho cuidado. Primero me lo chupo hasta que sus glándulas salivales se secaron, luego introdujo un dedo, luego dos y los movió un círculos, haciendo una especie de cono para ir abriéndolo, luego comenzó a pujar con su pene, sentí su cabecita dentro de mí, la sacó, presionó un poco más, hasta que ese CRACK que indica que la pija ya está adentro se hizo presente. Aun así, volvió a sacarla y meterla hasta la mitad, hizo eso varias veces, hasta que mi ano ya estuvo bien abierto. Finalmente la metió toda. Yo grité, sentí un dolor inmenso, pero el placer que me genero fue terrible, sentía un palo raspándome la parte interna de mi estómago, su pija me estaba cogiendo por el culo y eso me volvió loca. Empezó a bombearme cada vez con más fuerza, con sus manos separaba mis glúteos, me sentí muy puta, muy sucia, mi jefe me estaba abriendo el culo, me estaba dejando humillar, estaba indefensa, sometida a su sano antojo, mi culo estaba cada vez más abierto, por lo tanto la penetración era cada vez más profunda, y sus nalgadas cada vez más fuertes. Mis nalgas ardían, y me las imaginé rojas debido a los golpes.
Él me habló entre chirlo y chirlo.
- Tomá puta, como te gusta la puta madre, aaarrggg……
Mi desesperación producto de la calentura fue única. Hacía rato que había dejado de gemir eróticamente y sexy para estar gritando como una perra cogida por un caballo, parecía (y me sentía) una actriz porno fingiendo. Se me cruzó por la cabeza que mis gritos seguramente se escucharían en los alrededores inmediatos de la cabaña, y eso en lugar de intimarme, me calentó aun más, y me estimuló a gritara más fuerte.
Finalmente sus movimientos se fueron desvaneciendo a la vez que sus jadeos eran más fuertes, yo estaba esperando su leche en mi espalda, pero no, prefirió acabarme adentro del culo, me di cuenta cuando por mis muslos comenzó a caer como una babosa los restos de su semen mezclado con mis flujos. Él metió y sacó su pija de mi culo un par de veces más, como para saborearme por última vez, y quedamos los dos recostados en el sillón unos momentos.
Me besó, me indicó que me vistiera y que vaya a trabajar.
Desde esa vez, durante muchos meses, cada fin de semana que yo debía trabajar de camarera, terminaba cogiendo con mi jefe, hasta que nos descubrió la esposa, pero eso es parte de otra historia.


Besitos!!!!!!!!!!!

Mi cuñadita 9

Mi CuñaditaLa semana transcurrió con normalidad, casi ni cogimos, la verdad me tenia harto mariana pero si la dejaba se pudría todo, el grupo de amigos se iba a dividir las situaciones iban a ser incomodas, maldecía el hecho de haberme puesto de novio con una compañera pero era tarde y tenía que asumir el hecho.
El sábado volvía mi mejor amigo Cristian, que cumplía sus 15 días de trabajo en las minas (Alumbrera) el loco ganaba un montón de guita era de la primera tanda de egresados en Catamarca en esa carrera así que consiguió laburo y pagaban más que bien, Llevaba ya casi dos años laburando, tenía un Peugeot 307 0km en esa época y cada vez que venía salíamos a buscar minas, y la verdad con ese auto las minas subían solas.

Le avise a Mariana que volvía mi amigo, la verdad es que a ella no le gustaba ni un poco que salga con él, pero sabía que es mi mejor amigo así que se la tenía que bancar, me había gastado toda la guita del mes con Steffy, así que ese sábado obviamente pagaba mi amigo, Mariana siempre salía a los lugares más “chetos” siempre con sus amigas a tomar algo y a bailar al boliche de Moda…
Con Cristian todo lo contrario para no cruzármela cambiábamos de ambiente, los más populares bailantas, u algún boliche fuera de la ciudad, donde había pendejas fáciles, esa noche nos fuimos a una villa veraniega a 40 o 50 Kmts. de Catamarca Capital, tocaban unas bandas de Cuartetos , y como las minas aquí son cuartetera, el lugar explotaba, era la primera quincena de enero y el calor se hacía sentir, las pendejas sueltas de ropa y tomando cervezas bailando, era algo espectacular estar en la villa repleta de gente, sobre todo lleno de mujeres, no sé cuantas minas chapamos esa noche, tomamos cervezas hasta emborracharnos, buscamos las mejores minas del boliche y teníamos que llevárnoslas, sobre una tarisma un grupo de minitas espectaculares bailaban, de abajo un ejércitos de hombres las miraban y gritaban de todo, ellas los ignoraban la verdad es que las minas llamaban la atención estaban buenísimas y encima re trolas para bailar.

Nos dirigimos a la barra y compramos 2 botellas de espumantes, nos acercamos les di uno y gesticule que se las regalaba, luego le dimos la espalda y nos hacíamos de hablar con mi amigo…
Habíamos tirado el anzuelo faltaba esperar si resultaba, a los 5 minutos se bajo una rubia y me dijo.
-¡Hola! ¿Te puedo preguntar algo? Me dijo con acento porteño (aquí se les dice porteños no importa si son de provincia o de capital)
-¡si obvio! Conteste con sonrisa tenue
-¿Por qué nos diste la botella? pregunto
-¿vi que no estaban tomando nada? ¡Y qué se yo… por eso! Dije confundido
-¡Bueno Gracias entonces chico de ojos lindos! ¡Soy Euge! ¿Vos? Pregunto con una sonrisa y beso en la mejilla
-¡soy Tobías, y él es Cristian! Dije presentando a mi amigo
Nos quedamos charlando un rato, había funcionado el anzuelo que tiramos, era obvio que iba a bajar otra en cualquier momento y no me equivoque, otra rubia bajo y nos presentaron, las minas ya estaban regaladas, y nosotros los mismo así que empezamos a apretar, Eugenia estaba vestida con una musculosa verde, y una jean ajustado, tenía un culo impresionante, pero Impresionante en serio…

Male, la otra rubia estaba vestida casi igual solo que la musculosa era blanca, estaban divinas las minas, tenían 19 años las dos y estaban de vacaciones, la verdad no recuerdo de que zona de buenos aires eran pero eran de Provincia… el boliche termino a las 7 AM estaba de día ya y empezaba a hacer calor, las minas estaban con todas las pilas (mesclamos el vino con energizantes) gracias al Bendito energizante, y tenían toda las ganas de seguir de caravana(Seguir de Joda) nos subimos al auto y teníamos 2 opciones, o ir a la quinta de mi viejo que estaba a 60 kmts. Y no había nadie (era finde y ellos estaban en Capital) u ir a otro lugar así que decidimos ir a la quinta, compramos mas alcohol y nos fuimos los cuatros, el sol estaba alto por suerte tenía unas gafas en el auto así que no me molestaba tanto, el reggaetón sonaba a todo volumen y las minas cantaban enfiestadas.

Llegamos y pasamos directamente a un rio que pasa por el costado de la quinta, allí nadie nos veía…
Las minas eran divinas súper simpáticas y estaba que partían la tierra, el sol estaba alto mientras apretaba con la porteña sentí un chapuzón, cuando mire estaban los otros dos en el rio, no sé en qué momentos desvistieron pero estaban en ropa interior, euge me miro cómplice y se saco la musculosa y se desabotono el jean, me desprendí la camisa torpemente, el jean voló al instante
Eugenia tomaba el espumante y se reía mientras me dirigía una mirada sexy, lentamente empezó a mostrar más piel, tenía una bombachita blanca con tiritas súper finas a los costados, su culo era impresionante, me provocaba un furioso de deseo de cogerla ahí mismo.

Camino lentamente hacia el rio dejando la majestuosidad de su culo frente de mis ojos, sentí ese calor que me invade cada vez que me excito, la piel blanca pálida de su rostro estaba tomando color, por la exposición al sol, antes que se note mi excitación por sobre el bóxer me tire como desesperado, el agua estaba un poco fría a pesar del calor que hacía a esa hora…
Nos besamos charlamos, la cosa estaba caliente, mi amigo Cristian me gano de mano y me dijo que se iban a la quinta, le dije donde escondía la llave (para casos como este) y se fue
-¡Que hijo de puta! Dije sin darme cuenta
-¡jajá y bueno quieren privacidad! contesto ella sonriendo
-¿Nunca tuviste sexo en un rio? Conteste como apresurado
-¡No nunca! ¿Vos si? Contesto con sonrisa picarona
-¡no, pero estas a punto de cumplirme una fantasía! Dije riendo
La atraje hacia a mí con violencia y la note excitadísima, mis manos se habían librado ya de su corpiño, tenía unas tetas hermosas, redonditas y paradas, pezones chiquitos y rosaditos como me gustan, como los que tiene Steffy, ella rodeo sus piernas en mi cintura y salimos del agua, la solté un segundo buscando desesperado los forros en mi pantalón, por suerte tenia.
Sin mediar palabra la di vuelta, todavía conservaba su bombachita, que estaba repleta de arena, su cola también tenía arena, tenia piel de gallina por que al salir del agua se sintió una brisa fresca, me puse el forro con una facilidad asombrosa, y corrí su tanga mientras le decía que me hable, me gustaba su acento y me excitaba.
Ni lenta ni perezosa la mina era una especialista en hacer parar pijas, paraba el culito y me decía cosas sucias pero sin perder la sensualidad, su rostro apoyado en la arena mirando hacia tras mordiéndose los labios y hablándome me volvía loco. La penetre violentamente como me gusta hacerlo para ver su reacción, cerro sus ojos y de su boca salió un gemido excitante, la tenía en cuatro dándole duro en medio de la nada, los cachetes de su cola tenían arena, y después de unas palmadas que les di se ponían colorados, tenía el agujerito del culo en un tono más oscuro que de su piel, no aguante y le cole un dedo, la pendeja gemía y gemía cada vez más fuerte, para los costados se podía ver la curiosidad de algunas vacas o caballos que estaban por la zona, por los gritos de la porteña,
Cambiamos de posición jamás le saque la bombachita, tengo una obsesión con las bombachitas puestas, y se subió arriba mío, se movía como los dioses, la mina, gemía y se apretaba las tetas meneaba su cabeza con su pelo rubio al aire, era una escena digna de una buena película, erótica la levante entre mis brazos mi piel estaba repleta de arena, la suya también sudábamos y el sol pegaba bastante fuerte así que me levante sin sacársela y nos metimos al agua, la hice dar vuelta nuevamente, su cola apenas sobresalía del agua, se podía ver cuando entraba y salía mi pija que rozaba el agua, estaba agotándome de tanto coger, siempre que me emborrachaba tardaba muchísimo tiempo en acabar, me tenía que concentrar al máximo.
Comencé a darle duro, el agua quitaba toda la lubricación natural de la porteña, creo que empezó a sufrir más que a gozar, eso realmente me excitaba (Siempre tuve ese toque sádico), la sujetaba con fuerzas de su caderas y mis arremetidas eran más violentas, el agua saltaba por todas parte y mi esfuerzo físico era mayor, la tome fuerte de los pelos e intente penetrarla por el culo pero era imposible, así que con saliva me moje el pene hice que sacara mas la cola del agua y volví a ensartarla por su conchita, los gritos de la mina no cesaban, el sudor corría por mi espalda, no aguante mas, me saque el forro y acabe en su espalda desnuda, todavía agitado le dije:
-¡Espera quedate así un rato! dije casi sin respiración el sol hacia brillar su piel y mi semen estaba desparramado por su espalda
-¡¿te gusto llenarme de lechita?! Me dijo pasándose la lengua por los labios con ese tono de gata que tienen algunas minas
No conteste nada solo asentí con la cabeza, la verdad estaba destruido, coger en el agua no había sido una gran experiencia, me degasto muchísimo…
Volvimos a la quinta, comimos y nos tiramos a dormir los 4, eran las 14Hrs. Y todos estábamos rendidos…
Ese día nos levantamos a las 20hrs, intercambiamos números con las chicas que se quedaban 15 días en Catamarca y recién iban por el tercero.
Llegando a la ciudad, mi celular volvía a tener señal, me llegaron 15 llamadas perdidas y un montón de sms de Mariana tenía que dar una explicación y no sabía qué carajo decirle, ya que todo sonaría a mentira…