Relato erótico: Más que un beso

Hola amigos, este ya es mi segundo relato, pero quiero hacer algo distinto. Generalmente siempre contamos experiencias o fantasías que hemos tenido o imaginado, hacemos una descripción bastante gráfica del deseo carnal, pero dejamos de lado la imaginación, perdiendo el rumbo al concentrarnos en la idea del sexo. Hoy quise corregir esto, por lo que mi relato erótico va más hacia una categoría softcore, pero conserva el erotismo y la lujuria como para prender la llama de pasar las manos libremente por donde más nos gusta hacerlo ya sean chicos o chicas. Este relato erótico va en especial para aquellas chicas que a veces desean leer algo dulce, dejar a un lado el porno e imaginar una escena que las haga sonrojarse y esbozar una sonrisa con los ojos cerrados. Espero que les guste este relato erótico.

Mientras, cubierta por su suéter hecho a mano color azul y unos shorts ya un tanto gastados, la chica sostiene la taza de café contemplando el vidrio golpeado por las diminutas gotas de agua de la habitual brisa de otoño. Da sorbos a su taza de café mientras el gélido clima lucha contra el líquido caliente por dominar la temperatura en su cuerpo. Mientras tanto, piensa en lo que tanto añora, ese beso que la transportará a un plano distinto, que la volverá momentáneamente etérea y la hará soltar un suave gemido que expresa una gran timidez e inocencia.
Siente cómo lentamente su hombro es tocado por aquellas firmes y fuertes manos, aquellas que han luchado por abrazarla y estrujarla pero también por tomar sus mejillas y hacer el intérprete de un pianista, acariciando sus pómulos lentamente y sintiendo aquella suavidad envidiable. Esas manos ahora se desplazan a sus ojos, sus orejas, sus labios y finalmente a su cuello, donde acarician tímidamente el punto donde su cara empieza. Después se van a su cabello, un tanto húmedo por el baño tomado previamente pero bastante lindo y con un olor exquisito, lo toma entre sus dedos y suavemente se dirige hasta su cuero cabelludo, desde allí empieza a descender desenmarañando poco a poco los cabellos cruzados para después tomarla delicadamente de la mejilla y levantarla hacia la cama.
Sentados, ambos conectan una breve mirada, para luego agacharla y sonrojarse esbozando pequeñas risas ante la incómoda pero envidiable escena. Él procede entonces a tomarla del lado derecho de la cara y la acerca hacia la suya, sus labios carnosos, su aliento. Ella mientras siente cómo la toma lo imagina en haces de ideas que le llegan rápidamente, lo visualiza en su mente. Él lleva puesto un buzo negro, el cual denota su constante asistencia al gimnasio, dejando en claro que se esfuerza en aquellos brazos que ahora quiere desnudar, luego piensa en sus pantalones, aquellos que le quedan apretados y que marcan bastante bien su trasero y sus pantorrillas, un tanto tensadas por el deseo de hacerla sentir bien. Recuerda todo esto mientras sus caras se acercan y dejan de lado aquel clima frío para empezar a crear un poco de calor en lo que pronto va a ser algo seguro. Mientras los labios de ambos están más cerca el la visualiza, visualiza su suéter azul el cual se levanta un poco en la zona de sus senos, aquellos que son blancos como la leche con esos pezones rosados que en silencio ha añorado besar, pellizcar y morder, se queda un rato en esa figura que delata lujuria y ternura, imaginando como se verían cuando entre suaves roces retirase la prenda, luego pensaba en sus shorts negros, pensando en cómo estos dejaban al descubierto cierta parte de sus firmes nalgas cuando ella se agachaba levemente, pensaba en sus largos calcetines que cubrían sus piernas, aquellas que pronto se estrujarían entre las suyas y el colchón, esto solo alimentaba el deseo de fundir sus labios despacio y lento, deteniendo las milésimas hasta convertirlas en horas.
Ya de la forma más inevitable el encuentro sucede, ambas bocas un tanto húmedas se encuentran y no se separan, se encuentran hasta estar una en la otra, se encuentran hasta que dan luz verde a sus lenguas para que visiten a la otra y se abracen en el gran beso, suben a un labio y bajan al otro. Mordida aquí y allá, la delicadeza de cada beso sumado a los suaves gemidos capturan cualquier posible mirada oculta que deja ver cierta envidia ante tal escena, ambos cuerpos en calor fundiendo sus bocas entre desesperados intentos de sentirse y llegar más allá, trascender la realidad hasta sentir que falta el aire y buscarlo en la lengua del otro. Ambos saben que ese es un verdadero beso…

Si les gustó este relato erótico solo díganlo, en ese caso les prometo seguir la historia 😉 recuerden que trato de hacer algo con erotismo pero suave, que no sea siempre la misma historia predecible y que se conecte con ustedes. ¡Gracias!

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Relato erótico: Más que un beso

Hola amigos, este ya es mi segundo relato, pero quiero hacer algo distinto. Generalmente siempre contamos experiencias o fantasías que hemos tenido o imaginado, hacemos una descripción bastante gráfica del deseo carnal, pero dejamos de lado la imaginación, perdiendo el rumbo al concentrarnos en la idea del sexo. Hoy quise corregir esto, por lo que mi relato erótico va más hacia una categoría softcore, pero conserva el erotismo y la lujuria como para prender la llama de pasar las manos libremente por donde más nos gusta hacerlo ya sean chicos o chicas. Este relato erótico va en especial para aquellas chicas que a veces desean leer algo dulce, dejar a un lado el porno e imaginar una escena que las haga sonrojarse y esbozar una sonrisa con los ojos cerrados. Espero que les guste este relato erótico.

Mientras, cubierta por su suéter hecho a mano color azul y unos shorts ya un tanto gastados, la chica sostiene la taza de café contemplando el vidrio golpeado por las diminutas gotas de agua de la habitual brisa de otoño. Da sorbos a su taza de café mientras el gélido clima lucha contra el líquido caliente por dominar la temperatura en su cuerpo. Mientras tanto, piensa en lo que tanto añora, ese beso que la transportará a un plano distinto, que la volverá momentáneamente etérea y la hará soltar un suave gemido que expresa una gran timidez e inocencia.
Siente cómo lentamente su hombro es tocado por aquellas firmes y fuertes manos, aquellas que han luchado por abrazarla y estrujarla pero también por tomar sus mejillas y hacer el intérprete de un pianista, acariciando sus pómulos lentamente y sintiendo aquella suavidad envidiable. Esas manos ahora se desplazan a sus ojos, sus orejas, sus labios y finalmente a su cuello, donde acarician tímidamente el punto donde su cara empieza. Después se van a su cabello, un tanto húmedo por el baño tomado previamente pero bastante lindo y con un olor exquisito, lo toma entre sus dedos y suavemente se dirige hasta su cuero cabelludo, desde allí empieza a descender desenmarañando poco a poco los cabellos cruzados para después tomarla delicadamente de la mejilla y levantarla hacia la cama.
Sentados, ambos conectan una breve mirada, para luego agacharla y sonrojarse esbozando pequeñas risas ante la incómoda pero envidiable escena. Él procede entonces a tomarla del lado derecho de la cara y la acerca hacia la suya, sus labios carnosos, su aliento. Ella mientras siente cómo la toma lo imagina en haces de ideas que le llegan rápidamente, lo visualiza en su mente. Él lleva puesto un buzo negro, el cual denota su constante asistencia al gimnasio, dejando en claro que se esfuerza en aquellos brazos que ahora quiere desnudar, luego piensa en sus pantalones, aquellos que le quedan apretados y que marcan bastante bien su trasero y sus pantorrillas, un tanto tensadas por el deseo de hacerla sentir bien. Recuerda todo esto mientras sus caras se acercan y dejan de lado aquel clima frío para empezar a crear un poco de calor en lo que pronto va a ser algo seguro. Mientras los labios de ambos están más cerca el la visualiza, visualiza su suéter azul el cual se levanta un poco en la zona de sus senos, aquellos que son blancos como la leche con esos pezones rosados que en silencio ha añorado besar, pellizcar y morder, se queda un rato en esa figura que delata lujuria y ternura, imaginando como se verían cuando entre suaves roces retirase la prenda, luego pensaba en sus shorts negros, pensando en cómo estos dejaban al descubierto cierta parte de sus firmes nalgas cuando ella se agachaba levemente, pensaba en sus largos calcetines que cubrían sus piernas, aquellas que pronto se estrujarían entre las suyas y el colchón, esto solo alimentaba el deseo de fundir sus labios despacio y lento, deteniendo las milésimas hasta convertirlas en horas.
Ya de la forma más inevitable el encuentro sucede, ambas bocas un tanto húmedas se encuentran y no se separan, se encuentran hasta estar una en la otra, se encuentran hasta que dan luz verde a sus lenguas para que visiten a la otra y se abracen en el gran beso, suben a un labio y bajan al otro. Mordida aquí y allá, la delicadeza de cada beso sumado a los suaves gemidos capturan cualquier posible mirada oculta que deja ver cierta envidia ante tal escena, ambos cuerpos en calor fundiendo sus bocas entre desesperados intentos de sentirse y llegar más allá, trascender la realidad hasta sentir que falta el aire y buscarlo en la lengua del otro. Ambos saben que ese es un verdadero beso…

Si les gustó este relato erótico solo díganlo, en ese caso les prometo seguir la historia 😉 recuerden que trato de hacer algo con erotismo pero suave, que no sea siempre la misma historia predecible y que se conecte con ustedes. ¡Gracias!

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