Sexo con mis profesoras favoritas: Araceli y Marisa

Empezaba un día como otro cualquiera: por la tarde tuve clases particulares como cada semana. Llegué el primero antes que ellas.
Araceli llegó antes que Marisa, mientras que me saludaba, se puso en cuclillas para abrir la trampilla de la academia, cuando llegó Marisa y me saludó.
Ese día estaba yo y tenía dos horas seguidas clases particulares si ningún alumno, así que tanto Araceli como Marisa me dieron las clases en la misma aula.
Pasada una media hora de clase más o menos, Araceli se levantó de la silla, y me quedé mirándola varias veces de arriba a abajo. Llevaba unas sandalias, unos shorts y una camiseta de tirantes mientras que Marisa, llevaba un vestido con estampados. Nada hacía presagiar que tendría sexo con mis profesoras favoritas, así que hicimos un pequeño descanso cuando llegamos a la hora de clase cuando Marisa se levantó a buscar mi ficha y se puso en cuclillas, entonces, inmediatamente, le pregunté que si alguna vez Araceli le había tocado el culo inconscientemente, me dijo que por qué le preguntaba eso y le respondí que simplemente era mera curiosidad. Al cabo de unos segundos entró Araceli de nuevo a la clase y dejamos el tema, no dejaba de darle vueltas a esa pregunta, así que dejé la clase y hablé con las dos aprovechando que estaban en ese momento conmigo en el aula. Me levanté de la silla cuando, tanto Araceli como Marisa, se fijaron disimuladamente en que tenía el pene erecto. Más tarde, me dejaron las dos y se fueron al almacén. Entonces, escuché toda la conversación, pudiendo oír a Marisa:
¿Has visto cómo tenía Raúl el pene? -No pude escuchar la respuesta porque acto seguido empezaron a imprimir una hoja.

Sexo con mis profesoras favoritas sin esperármelo

Cuando ya me iba a mi casa, me dijeron que si podía hablar con ellas un momento y les dije que no tenía prisa. Me dijeron que entrase en el almacén y esperase. Araceli entró en el baño junto con Marisa, algo que me extrañó un poco. Cuando salieron las dos del baño, se sentaron cada una a un lado mío y me dijeron que si estaba cómodo. Me puse de pie cuando me dijeron que me quitara toda la ropa, les hice caso e hice lo que me dijeron.
Unos segundos más tarde, ambas se quedaron asombradas y me empezaron a tocar el pene, tanto Marisa como Araceli. Araceli se quitó los shorts y la camiseta de tirantes, y se quedó en ropa interior; me preguntó que si me gustaba lo que estaba viendo, y le dije que me encantaba, entonces, acto seguido, Marisa hizo la misma operación que Araceli.
Una vez que las dos estaban en ropa interior, se quitaron lo que le quedaba, Marisa aprovechando que Araceli se había puesto en cuclillas para hacerme una mamada, le hizo un dedo por la vagina mientras que Marisa me daba un beso. Más tarde, le metí el pene a Marisa por la vagina no sin antes mirarle de arriba a abajo y sonreírle, tenía la vagina completamente depilada y me preguntó que si me estaba gustando lo que veía, contestándole yo muy sorprendido que me encantaba. Un rato después de estar teniendo sexo con mis profesoras favoritas, Araceli y Marisa se pusieron las dos en cuclillas frente a mí, mientras que me hacía una paja. Finalmente, terminé de tener sexo con mis proresoras favoritas eyaculando sobre la cara de Marisa y sobre los pechos de Araceli para terminar dándome un beso tanto Marisa como Araceli.

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Sexo con mi madre por primera vez

Esta vez me presentaré: mi nombre es salamander, tengo 26 años y vivo en Miami.

Mi madre es una mujer de 46 años con su cuerpo muy formado, un poco retocado por los años, pero sin perder el encanto y atractivo sexual.

Mis primeras ilusiones de sexo con mi madre

Desde los 15 por problemas tuve que dormir con mi madre en el mismo cuarto, así que todo pasaba normal, hasta que un día me desperté y la vi masturbándose. Quedé en shock. Mi mamá, a la cual siempre vi con ojos de un hijo, en ese momento se rompió esa visión que de ella tenía y la empecé a ver como una mujer. Pasaron los años y vi muchas veces esa imagen repitiéndose y en la oscuridad y silencio me masturbaba.

Cómo tuve sexo con mi madre

Yo teniendo ya 19 años ya con una vida sexual normalmente activa, y con deseos reprimidos de cogerme a mi madre, la espiaba muchas veces. Ella se mostraba desnuda ante mí con sus ricos senos y su sexo depilado.

Hasta que una noche celebrábamos una fiesta y se puso a beber. Medio ebria la llevé a recostarse y me quedé con ella esa noche platicando: me dijo que durmiera a la par de ella, no imaginé tener sexo con mi madre en ese momento, aunque en mi ser lo deseaba totalmente. Transcurrieron un par de horas y a mi madre se le fue pasando el alcohol y se durmió… yo hice lo mismo.

Ya casi siendo las 3 de la mañana me desperté y fui al baño. Cuando regresé miré el cuerpo de mi madre, que se había desnudado mientras dormíamos, así que me quedé admirado y me acosté junto a ella. Empecé acariciándola con miedo a que se levantara, pero seguí. Excitado, saqué mi pene y empecé a masajearlo, acariciaba sus muslos con mi pene y, mojándolo, con saliva decidí ponerlo en la abertura de sus nalgas. Con miedo, mojaba mi pene con saliva para lubricarlo hasta que logré sentir sus labios vaginales un poco húmedos, seguí moviéndome hasta que escuché un gemido leve. Me asusté, mi madre se despertó, y, con miedo a lo que podría decir escuché “sigue”. Quedé en shock, mi madre pidiendo que siguiera! Seguí moviéndome y noté que mi madre estaba entre medio dormida y despierta. No sé si la falta de sexo la llevé a pensar si era un sueño o la realidad.

Entonces me decidí: lubriqué bien mi pene y se lo introduje en la vagina; ella dándome la espalda y así seguí un rato hasta que se humedeció completamente su vagina. Lentamente la penetraba… me volvía loco sentir eso. Cuando empecé a moverme más rápido mi madre va y me dice “que estás haciendo”. Me asusté y no supe qué decir. Ella vio mi cara y me dijo “no te preocupes, yo también quiero”, al escuchar eso me abalancé sobre ella la besé mientras exclamaba “hazme tuya, lo deseo desde hace mucho!”

Loco como un lobo en época de apareamiento me desnudé, besé su cuerpo y me quedé estancado en su vagina, lamia, besaba y mordía su sexo hasta que se vino. Era una eyaculación muy grande que me logró empapar la cara. Emocionado, me levanté, la puse en cuatro y me dispuse a meterla de un solo golpe. Al penetrarla gimió, y la agarré del pelo, la penetré tan duro que ella gritaba “dame más duro, soy tu puta!” Le di tan duro que el pene empezó a dolerme. Ella emocionada y gritando me decía “dame tu leche bien adentro!” “Me vengo!” le decía yo hasta que al fin empecé a correrme como nunca. Mi madre gritaba “sí, soy tu puta, soy tu zorra!”

Después de tener sexo con mi madre nos acostamos y felices dormimos juntos.

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