Sexo interracial: Mi mamá y mi amigo Francisco – Regreso

Reciban todos los lectores de sexo escrito un saludo de mi parte y el hecho es que sé que han pasado muchos años desde que inicié mi relato erótico de sexo interracial, pero hoy vuelvo para poder continuar y concluir con lo que pasó en ese tiempo. Como sabrán en la actualidad ya soy adulto, terminé la etapa escolar, la universidad y hoy cuento con un trabajo. Y como mencioné, culminar este relato es una deuda para con todos, aunque trataré solo de tocar los asuntos más interesantes que ocurrieron.

Después de ese primer encuentro entre mi madre, Francisco y sus primos, aprovecharon lo más que pudieron esos días de ausencia de mi padre, aunque siempre procuraron no ser vistos por los vecinos y por esa razón venían de noche y entraban por la puerta alterna de la casa que da a un pasaje que tiene arbustos, permitiendo no ser vistos tan fácilmente al entrar. De esas veces que se vieron, uno que otro día coincidió con mi padre llamando a casa para saber cómo nos encontrábamos y mi madre le contaba los pormenores de ese día, aunque lo hacía mientras cabalgaba suavemente a Toño mientras Francisco y Carlos aguantaban las risas de saber que mientras mi padre hablaba tranquilamente con mi madre, su concha se abría ante el pene de aquel negro, llenándola por completo y satisfaciendo su hambre de hembra lujuriosa. Y una vez finalizada la conversación, los tres se echaron a reír dejando ver con mayor precisión el blanco extremo de sus dientes que resaltan por el contraste de su piel. Mi madre también acompañó las risas de ellos, aunque más moderada pero lo que comentaron Toño y mi madre es que fue un momento bastante excitante y morboso, por tanto, para la próxima vez que mi padre llamara y estuvieran ellos lo intentarían con Francisco o Carlos. Y eso no demoró en pasar pues unos días después mi padre llamaba casi a una hora similar mientras mi mamá le lamía la verga a Toño y lo masturbaba a Carlos, y mi amigo se la cogía en perrito. Mi madre se detuvo en lo que hacía para contestar el teléfono y conversar con mi papá, aunque se tuvo que poner de rodillas para eso, pero Francisco hizo lo mismo sin sacar su pene de la vagina de mi mamá y se seguía moviendo mientras con sus manos sobaba sus tetas y sus pezones. La conversación seguía como si nada, y mi amigo disfrutaba de mi madre con los ojos cerrados, aunque también veía a mi mamá abrir los ojos de vez en cuando y aguantar hacer algún ruido cuando mi amigo empujaba toda su verga dentro de ella y supongo que era por lo grande que lo tiene Francisco como siempre decía ella. Y siendo sinceros puedo decir, ahora más que nunca, que era muy excitante verlos juntos, todo acerca del sexo interracial se me hizo muy interesante y por eso fue que me gustaba ver eso y hasta dónde podrían llegar.

Aunque las conversaciones por teléfono no eran largas igual era disfrutada por ellos y luego de eso pues continuaban como siempre entre los tres negros poseyendo a mi madre. Siempre se turnaban en las distintas poses que probaban como cuando los tres se sentaban al borde de la cama y mi mamá se dirigía donde uno de ellos y se sentaba encima, yo podía ver cómo ella agarraba la verga de su amante de turno y la dirigía a su concha y poco a poco se iba insertando acompañada de los gestos de placer de mi madre y una vez hecho eso ella empezaba a moverse con mucha soltura tratando de llenar de placer a su macho. Mi mamá subía y bajaba y sus labios vaginales parecían agrandarse producto de la excitación mientras el mástil negro brillaba por los jugos del interior de ella y eso es lo que decían ellos, lo mucho que se moja y lo caliente que es su concha. Y así, después de un rato se movía de donde estaba y pasaba al siguiente procediendo de la misma manera.

          Qué concha tan caliente tiene señora Norma. – rugió Carlos agarraba las nalgas de mi madre y la ayudaba a subir y bajar de su fierro. Siempre tan calientita y apretadita.

          Ayyyyyy también con tremenda verga me llenas más que nadie. – susurró ella.

          Pero eso no quita que lo disfrute como la buena perra que es. – dijo socarronamente el negro.

Ellos continuaron en lo suyo, entregándose el uno al otro con movimientos suaves y rápidos y yo viendo cómo esa verga entraba centímetro a centímetro y volvía a salir continuamente y sin descanso producto de la juventud del compañero sexual de mi madre, y por las expresiones de Carlos podía saber que gozaba como nadie y que seguro debía sentirse como en el cielo. El negro estaba 26 cm dentro de mi madre y ella envolvía 26 cm de verga, más unidos que nunca nadie detendría eso sino ellos cuando así lo quisieran. Así era cada vez con cualquiera de ellos, mi madre era la perra de esos negros.

Mi madre, una adicta al sexo interracial

Los encuentros con los primos de Francisco no eran tan seguidos pues ellos tenían labores que hacer, además que solo eran en los viajes que mi padre realizaba de vez en cuando, en cambio, mi madre y mi amigo sí se veían seguido por lo que ya les he contado antes pues el ser vecinos ayudaba a que el vecindario no pudiera sospechar de lo que ocurría en casa. Y mi madre me había dicho que la herida ya estaba curada pero que mi amigo le pidió algunos consejos de adultos y que por eso se iban al cuarto a conversar, yo estaba de acuerdo porque consideraba a Francisco un buen amigo y algo así como un héroe en esa época pues recuerden que eso empezó cuando yo era todavía muy joven. Lo que también empezaron a hacer es que cuando era época de colegio mi amigo venía en la tarde a casa y se encerraban en el cuarto y normalmente él se iba antes que venga mi papá pero otras veces se quedaba hasta que llegara pero para ese momento nosotros estábamos en la sala o en la cocina y Francisco ayudándome en alguna tarea del colegio cosa que así mi padre no podría sospechar que algo pasaba entre ellos pues yo estaba presente y tampoco decía que había pasado algo raro. Más bien al ver esos detalles, mi papá tomaba mayor estima y confianza a mi amigo. Y yo seguía viéndolos a través de la ventana, bien oculto y siempre probando nuevas poses sexuales como una que le decían el cangrejo y donde Francisco está echado y mi madre sentada de espaldas a él pero con las manos hacia atrás y apoyada en la cama, dependiendo de la pose muchas veces no se veía por completo la penetración pero en otras ocasiones, como en esta, la visión era completa. La negra verga entraba y salía sin compasión y sin freno ante los movimientos que realizaba mi madre que se empalaba a su gusto y sabor, mi amigo solo se dejaba llevar por ella mientras lo veía que estaba con los ojos cerrados, signo inequívoco de lo mucho que debía ser su placer y más aún cuando empezaba a mover su cabeza de un lado al otro, Francisco era presa del placer llevado al máximo. Y no era para menos al ver cómo mi mamá quebraba su pelvis y así el pene entraba y salía a buen ritmo y sonido por los gemidos que soltaba pues también ella era consumida por el fuego del placer… definitivamente, ellos parecían hechos para brindarse placer mutuamente sin importarles mi padre en lo absoluto.

          ¡¡¡Ouuuuu ouuuuu!!! – Gemía de placer mi madre sin dejar de moverse.

          Señora Norma, así es difícil dejar de pensar en verla todos los días. – casi carraspeó mi amigo sumergido en el goce.

La vagina de mi madre chorreaba del gusto empapando el negro y gordo pene de Francisco y aunque el teléfono empezó a timbrar, ellos hicieron caso omiso al mismo, la verga entraba y salía como Pedro por su casa y el teléfono timbraba una y otra vez y la verga seguía entrando y saliendo,  quien fuera que estuviera llamando iba a tener que esperar un rato hasta ser atendido. Y así fue que después de varios minutos que parecían infinitos mi madre gritaba y temblaba encima de mi amigo quien a su vez empujaba con fuerza su pene descargando sus huevos por completo y poco a poco se fueron calmando y recuperando el ritmo normal de la respiración aunque se preguntaron por el inoportuno timbrar del teléfono. Esa duda sería resuelta cuando al cabo de un rato, una vez más se escuchaba el repicar del aparato y mi madre ahora sí pudo contestar y por lo que escuché pues era mi padre y mi mamá le daba alguna explicación de porqué no contestó y que se había estado duchando y la llamada era para que no se olvide que íbamos a salir más tarde cuando él llegara. Luego de eso, conversaron un rato más y lo volvieron a hacer ahora en perrito y después se fueron a duchar juntos pues estaban sudados y ya le había dicho a mi padre que se había bañado.

Por ahora esto es lo que les puedo ir compartiendo del relato de sexo interracial y recordando sobre todo lo más saltante de esa época. Aunque no lo crean, volví. Un saludo de parte mía, David, también conocido por mi madre como el gatito ronrón.

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Sexo en las clases de salsa

Hola somos Selena y Bryan, nos hemos apuntado a un club que tiene de todo, en principio la idea era hacer piscina y un poco de gimnasio, pero a la semana me dijo que le gustaría aprender salsa. Claro que en eso momento yo no sabía que en realidad lo que buscaba era tener sexo en las clases de salsa.Continuar leyendo »

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Orgía en el cine de mi mujer por mi culpa

Orgía en el cine de mi mujer por mi culpa. Sí, por mi culpa. Si me lo permitís, os voy a contar la historia de sexo real más deleznable que me ha ocurrido en esta vida. Y que sepáis que admito que me pongáis los adjetivos que os vengan a la mente, me los merezco todos. Solo deciros que, aContinuar leyendo »

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Mi gran sorpresa: de voyeur a un trío bisexual

Últimamente mi esposa salía mucho por las noches con sus amigas, o al menos eso decía ella, se arreglaba  y  vestía de forma muy sexi, minifalda blanca  y muy corta, tacones altos, camisetas muy ajustadas y con escotes  de vértigo, siempre llegaba de madrugada y cansada de bailar. Yo siempre me imaginaba que se habría follado a algún que otro tipo de los que van a las discotecas de moda. Sabiendo que mi esposa está muy bien, y que es caliente como un horno, era probable que alguien quisiera montarla en las noches calurosas de Santiago, pero para nosotros no era ningún problema, ya que siempre hemos sido muy liberales y respetamos nuestros gustos y nuestros deseos.

Yo aprovechaba su ausencia y hacía lo que últimamente más me gustaba hacer: practicar de voyeur. Me había comprado hacía unas semanas unos prismáticos de alto alcance, y me dedicaba a espiar a un vecino mulato que siempre tenía visitas de mujeres espectaculares,y por su puesto siempre acababa follando en la pieza que justo daba enfrente de mi salón. Uff era una máquina follando, era un chico joven y esbelto, musculoso y con una polla enorme, podía follar 4 horas sin parar; normalmente las mujeres acababan agotadas e incluso a alguna la vi cómo le gritaba que ya no podía más, que parara, pues estaba al borde del desmayo. Yo disfrutaba muchísimo viendo esos cuerpos agitarse, con las piernas bien abiertas y en mil y una posturas. Había mujeres de todo tipo: rubias, altas, bajas, blancas, negras, casi todas tenían unos senos grandes y curvas muy pronunciadas, aunque también las había delgaditas y casi planas. Me pasaba las tardes-noches disfrutando otra forma de hacer sexo, acababa masturbándome como un loco, me hacía hasta 5 y 6 pajas viendo ese cuerpo moreno taladrando a jovencitas y no tan jovencitas durante largas horas. La verdad, y no lo voy a ocultar, me gustaba mucho aquel hombre. Siempre me han atraído un poco los hombres, pero este me daba mucho morbo, sobre todo cuando le veía desnudo con su enorme tronco erecto dentro de las bocas, culos o coños de sus amantes. Era una auténtica máquina de follar.

Cuando llegaba mi esposa de sus fiestas, yo ya estaba en la cama feliz; cansadito, pero feliz y con mi verga relajada de tanto placer. De esta manera, ya casi no follábamos, pues ella llegaba cansada y yo ya había tenido mi buena ración de sexo. Esto hizo que la relación perdiera color y calor, ya todo había cambiado y estábamos más distantes.

En las últimas semanas, mi querido vecino tenía a diario la visita de dos mujeres: la primera siempre era distinta, rubias, morenas , altas, bajas etc., pero la segunda, que siempre iba sobre las 12 de la noche, era la misma, una mujer morena con pelo negro  y largo y con muchas curvas, es decir entradita en carnes y que estaba muy bien, pero que muy bien. Siempre que aparecía por la ventana en la habitación de mi amigo estaba de espaldas, es decir, que nunca le podía ver la cara, y eso me traía por el camino de la desesperación. ¡Deseaba tanto verle la cara y las tetas, y ese conejo que se tragaba la batuta del mulato sin contemplación!, pero nada, era imposible, la veía montar a mi amigo y cabalgarle como una fiera salvaje, gritaba de tal forma que podía oír sus gritos entre el dolor y el placer, siempre con la ventana abierta y sin cortinas, era mejor que ver una película porno. Llegué a pensar que a mi vecino le gustaba que le vieran follando, e incluso pensé que él me veía desde su cama y eso le ponía más cachondo y apretaba más fuerte a sus amantes.

Yo, de todas mis aventuras nocturnas, no contaba nada a mi esposa, más que nada porque me apetecía tenerlo como un secreto o mejor como mi tesoro escondido, no porque le sentara mal que yo me masturbara viendo cómo otras parejas follaban, como dije somos muy liberales y no tenemos prejuicios con el sexo.

Un día, mientras observaba cómo mi amigo se follaba por el culo a su segunda amante, me fijé en algo que no sé cómo expresar, pero que me sobresaltó y me puso tenso. La mujer tenía un pequeño tatuaje a la altura de la cadera… al principio no le di mucha importancia y pasó casi desapercibido, pero después, afinando mis prismáticos, llegué a distinguir claramente el dibujo: era un sol y una luna idéntico al que tiene mi mujer en el mismo lugar. Después me fui fijando en más detalles de la mujer y…claro, ¡no podía ser! ¡Aquella amazonas que se trajinaba al mulato era mi mujer! Incluso en un breve instante en el que por primera vez se giró y pude ver el rostro entre el enredado cabello lo vi claramente, aquella devora hombres era mi querida esposa. Al principio no sabía qué hacer, tenía muchos sentimientos encontrados y contradictorios, pero después de un rato en el que me tranquilicé un poco, volví a observar lo que hacían; y claro, lo que estaban haciendo era follar y disfrutar como auténticos animales salvajes. Mi esposa lo montaba, se tragaba aquella magnífica polla hasta el fondo de su garganta e incluso se tragaba toda la leche que él le vertía cuando se corría entre espasmos de locura. Lo que me resultó más raro es que, viendo esto y sabiendo quién era ella, me excitaba mucho más. Aquella noche tuve cerca de diez orgasmos, algo que nunca me había pasado, me corría casi sin tocarme, me apretaba los huevos y mi leche salía sola, era una locura y desenfreno, no sé muy bien cómo explicarlo,  probaron todas las posturas imaginables y, después de casi 5 horas de sexo sin control, terminaron tumbados en la cama riendo y fumando.

Cuando vi que ella se vestía para salir a la calle, yo me duché y limpié todo el semen que salpicaba el suelo del salón, e inmediatamente me metí en nuestra cama. A los 15 minutos llegó mi mujer y cuando sentí que se acercaba a la habitación yo no sabía cómo iba a reaccionar. Para mí equello era algo nuevo y estaba confuso, pero lo más sorprendente es que mi reacción fue, que  cuando se metió en la cama, me lancé contra ella y comencé a follarla como un poseso. M e sentía más excitado que nunca y quería solamente darle con mi polla más placer, lo  que también me sorprendió fue su respuesta, que fue la de montarme y follarme como gata en celo. Mientras nos besábamos y nos follábamos mutuamente, pensé que mi esposa sí que era una máquina de follar y que realmente estaba en forma…

Proponiendo un trío bisexual a mi mujer

Al día siguiente estuve todo el tiempo pensando en qué decirle y en  qué hacer. No sabía si contarle todo lo que había visto la noche anterior y por lo tanto que sabía todo sobre su aventura o no decirle nada y seguir espiándola cada noche. Al final opté por no decirle nada y solamente cuando llegó la hora y me dijo que iba a salir a tomar unas copas y a bailar con sus amigas no pude más y le dije: “¿vas a salir con tu amiga mulata?”. Ella me sonrió con una sonrisa totalmente cómplice y no dijo nada, sólo abrió la puerta y se fue.

Aquella noche follaron como siempre, es decir, como unos hambrientos de sexo, pero con la peculiaridad de que ella en todo momento estuvo de cara a la ventana, como queriéndome dejar ver su cara de placer y de vez en cuando una sonrisa cargada de picardía. En ese momento me di cuenta de que ella sabía que yo estaba escondido en la oscuridad observando sus “bailes” nocturnos, y eso me calentó más todavía y tomé la decisión de no esconderme ni de estar a oscuras para que ella también pudiera ver cómo me masturbaba viéndola disfrutar con mi vecino.

Esa noche no llegó a dormir conmigo ya que se fue directa al trabajo desde la casa. Cuando llegó la noche apareció por casa y se sentó a mi lado mientras yo veía una película porno. Ella me besó como si nada y yo comencé a hacer comentarios de la película y sobre todo del tamaño de las vergas de los actores.

Yo: mira qué pollas tan grandes tienen estos actores, ¿verdad?

Esposa: sí, no están mal, aunque a mí no me parecen tan grandes.

Yo: claro, hay muchachos de la vecindad que la tienen mucho más grande…

Esposa: sí, mucho, mucho más grande y gruesa.

Escuchando esto ya no pude más, la miré a los ojos y le dije:

Yo: Claro y hay vecinitas egoístas que las quieren para ellas solas y no las comparten ¿verdad?

Entonces mi esposa dio un salto en el sofá y me miró con una mirada entre incrédula, pícara y lasciva mientras se le escapaba una pequeña sonrisa entre sus labios.

Esposa: No me digas que quieres follarte al vecino…no me lo puedo creer.

Yo: A nuestro vecino se lo folla la mitad de la ciudad y tú también, entonces no veo cuál puede ser el problema por probar conmigo… Ya sabes que a mí los hombres en algunos momentos también me gustan.

Esposa: Jajajaja no te puedo creer, además este mulato es muy hombre no creo que quiera contigo…

La corté tajantemente.

Yo: bueno, o al menos podríamos hacer algo los tres juntos, me apetece unirme a tus fiestas de noche.

Esposa: Está bien, vente esta noche, a ver si te atreves, ¡jajaja! no te creo nada.

Esa noche salimos los dos bien vestidos y sexis: mi mujer con su ropa ajustada y yo con mis pantalones de cuero y mi camisa negra a medio abrochar. No puedo negar que estaba un poco nervioso, pero cuando llegué y conocía a Tony me relajé bastante, era muy simpático y tranquilo, mi mujer nos presentó y ninguno de los dos tuvo una mala actitud para con el otro, él vio como algo muy normal tener enfrente al marido de la amante que se follaba todas las noches tomando unas cervezas y charlando. La charla sólo duró un rato hasta que él me preguntó directamente qué es lo que yo quería hacer, si quería masturbarme mientras ellos follaban, si quería follarme a mi mujer a la vez que él también se la follaba (doble penetración), o qué. En ese momento me sentí tímido y no me atreví a decirle la verdad, que era que quería que él me follara mientras yo me follaba a mi esposa para hacer un trío bisexual, lo cual era un sueño que toda mi vida había tenido, y acabé diciéndole que quería que nos folláramos los dos a mi mujer.

Esto le gustó mucho, ya que su cara se iluminó y sonrió, y en unos instantes ya estábamos los tres en la cama, yo comencé comiendo coño y él puso en la boca de mi esposa aquella tremenda herramienta. Cuando la vi de cerca me quedé con la boca abierta; era mucho más grande de lo que yo podía percibir desde mi departamento con los prismáticos, ella comenzó a hacerle una mamada increíble. Era capaz de metérsela entera hasta casi vomitar, la tragaba con ansias como si realmente se la fuera a comer y estuviera hambrienta. Esta escena me puso supercaliente y saqué mi verga que con sus buenos 23 cm parecía de juguete al lado de aquel tronco moreno. De una sola vez se la metí entera por el coño y comencé a empujar mientras ella lamía el pollón desde los huevos hasta la punta del glande. Ufff, era demasiado, eso era una locura de placer y de morbo, después de estar un buen rato así, cambiamos de postura y él comenzó a follarle el coño y yo comencé a meterle mis dedos por el culo. Mi esposa empezó a gemir como una loba, después le metí mi polla en el culo y ya comenzó a gritar entre placer y dolor. Aquel majestuoso cuerpo se estaba tragando dos buenas vergas a la vez. Así seguimos un rato hasta que Tony se salió al baño y yo seguí rompiéndole el culo con toda mi fuerza. De pronto, y por sorpresa, noté los dedos de Tony en mi culo impregnándome con algo grasiento el agujero de mi culo, metiendo seguidamente sus dedos en él. Esto casi me hace correr instantáneamente, me giré y le sonreí y diciéndole dos palabras: “Por fin”. Entonces, él se tumbó en la cama y puso su cabeza entre el culo de mi esposa y mi verga, que entraba y salía del mismo, sacó su lengua y comenzó a lamerme el culo y la verga, cosa que a mí me encantó hasta tal punto de que saqué  mi polla y se la metí de un golpe; Tony la empezó a mamar y a lamer de una forma maravillosa, era capaz de tragarla entera hasta los huevos y yo comencé a gemir y casi a correrme. Antes de llegar al orgasmo me lancé a su cipote y lo comencé a mamar, era genial, grandioso, me llenaba totalmente la boca y la garganta, mi mujer mientras tanto dejaba que Tony le comiera el coño, que ya lo tenía encharcado de sus flujos. Yo, después de un buen rato, me fui a lamer el culo de Tony, que se dejaba fácilmente penetrar por mi lengua.

De un trío normal a un trío bisexual

Pasado un buen rato cambiamos de postura y comencé a follarme a mi mujer a cuatro patas, y entonces pasó lo que yo más esperaba, noté la cabeza gorda de la polla de Tony llamando a la puerta de mi ano; enseguida dilaté y con un poco de esfuerzo comenzó a entrar en mí. Eso me volvió loco, su pollón entraba poco a poco y me llenaba entero por dentro hasta que, en un momento y de forma inesperada, dio un fuerte empujón y la metió entera. Yo solté un fuerte grito de dolor que me hizo quedar inmóvil; comencé a respirar fuerte y rápido como para soportar el dolor, parecía que me habían reventado por dentro. Tony entonces intentó salir de mí, pero yo le puse la mano en el culo y le empujé contra mi ano y le dije, “no, no te salgas, quiero que me folles bien el culo, pero hazlo despacio, por favor”, él se untó de vaselina la polla y mi culo, y comenzó a moverse despacito, al rato mi dolor se convirtió en placer y comenzamos a follar los tres de nuevo; a todo esto, mi esposa ya estaba encharcada, mi polla entraba y salía de ella con mucha facilidad y comenzamos a gemir los 3 a la vez. Yo estaba en el paraíso, follando por delante y follado por detrás, por fin cumplía mi sueño de hacer un trío bisexual.

Después de unas horas nos corrimos los tres, bueno mi mujer se corrió 5 o 6 veces seguidas; nosotros sólo una vez, pero fue maravilloso, compartimos todos nuestros flujos, la mayoría del semen de Tony acabó en mi boca…

Después de este primer trío bisexual seguimos durante algunos meses teniendo sesiones imparables de sexo, hasta que Tony se tuvo que ir a su país. Esto nos dejó muy tristes a mi esposa y a mí, pero contentos por haber disfrutado esta experiencia inolvidable. Desde entonces, la relación con mi mujer mejoró mucho y ahora andamos buscando nuevas experiencias.

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La verga de mi negrito me hizo swinger

Me encantó verte, gracias por darme el mail y poder seguir en contacto. Me gustó mucho tu novia, muy maja. Sé que cuando dijiste que te contase con pelos y señales todo lo que me ha pasado desde que dejamos de estar juntos, no te referías a cosas banales, sino a sexo, sexo y sexo, en fin, sé lo que tienes en la cabeza constantemente, pues estuve contigo mucho tiempo.
Vamos al grano. Como dirían los antiguos, yo sólo te tuve a ti como hombre hasta que nos separamos. Sólo te probé a ti, como te gustaba decir a ti, sólo probé tu “rabo”. Al que adoraba, por cierto, al principio de mi soledad echaba muchísimo de menos tenerlo dentro de mí, dentro de mi boca, adoraba su olor, su sabor, todo.

Pasado un tiempo de pura agonía de dolor, en un viaje a Madrid por trabajo decidí contratar un scort que me quitase mi necesidad de sexo. Contraté una habitación doble y por internet conseguí el tf de un negrito al que ponían por las nubes sus clientas, le llamé y quedé con él antes de ir al hotel, le contraté la noche entera, un pastón. Apareció muy elegante y subimos a la habitación. Yo me quise dar una ducha y estar limpita, me metí en el baño y al poco rato apareció él sin que yo le dijese nada y se metió conmigo. Me estuvo enjabonando y acariciando, sobre todo las tetas, esas de las que tanto presumías con los amigotes “todo natural”, estuvo dedicado a ellas el mismo tiempo que yo me dediqué a tener en mi mano su creciente sexo, tenía el aparato más grande que había pasado por mis manos. Lo lavé y aquello fue creciendo y creciendo. Me lo metí en la boca allí mismo, una sola vez y casi no pude. Acabamos de ducharnos agarrados. Nos servimos una copa del minibar desnudos y luego pasó lo que tenía que pasar, me devoró el coño (seré un poco grosera, me cuesta poner palabras suaves para describir esto) hasta que me hizo rebotar del colchón como si me estuviese dando un ataque de epilepsia. Me corrí de una forma deliciosa. La primera vez acompañada desde que me dejaste. Por cierto, esa época de soledad me estuve masturbando compulsivamente mientras estaba en casa. A lo mejor dos veces antes de ir a currar y luego otras dos veces cuando volvía a casa. Tengo unos cuantos aparatitos (ahora ya no los uso sola) empecé con un consolador y acabé con unos vibradores extraordinarios. Hubo un sábado que me masturbaría unas diez veces.

Sigamos con mi primer negrito. Después estuvimos un rato abrazados, mientras él me volvía a magrear las tetas. Me comí un rato la verga de mi negrito y me puso a vivir con su martillo pilón, impresionante, se corrió dentro de mí y gocé extraordinariamente.

Descansamos otro rato, medio dormidos, y mi negrito me volvió a martillear con su cosa descomunal. No se corrió y nos dormimos. Al levantarnos le pregunté si en el precio venía un polvo mañanero, me dijo que sí y me puse a comerle la polla, quería que se corriese dentro de mi boca pero me quitó, me puso encima de él y me sugirió que le cabalgase. Me corrí muy pronto porque puso uno de sus dedos en mi clítoris y no pude más. Le sugerí que se corriese con una comida de polla pero me dijo que no, que mejor dentro de mí. Volví a la carga y se corrió. Una delicia. Nos duchamos juntos otra vez y me estuvo magreando las tetas constantemente. Incluso dentro del ascensor, por dentro del sujetador metió sus manos imparables. Fin del primer encuentro.

Tuve encuentros parecidos a éste cada vez que salía por trabajo fuera. Tuve que pasar una semana en Madrid por una convención y contraté cuatro de los cinco días que estuve allí a cuatro chicos, miento, contraté a tres porque repetí domingo y jueves con el mismo, con el negrito de mi primer encuentro. En el encuentro del domingo me propuso ir con él para una fiesta que quería hacer una pareja, le contrataban a él con una pareja, o sea, a mí. Como nos íbamos a ver el jueves le dije que me lo pensaría. Me dijo que debería acostarme con el señor por lo menos, el resto era cosa mía. Me habló fenomenal de la pareja.

El domingo merece una especial mención, cuando le llamé le dije que quería probar el sexo anal, suavecito le dije. Me dijo que perfecto, que a él le encantaba hacerlo. Seguía siendo la polla más grande que me había comido y con la que se había divertido mi vagina, y fue la polla primera que me rompió el culo. Él me llevó fenomenal y cuando estaba supercaliente le dije que si quería dejar de ser suavecito que podría hacerlo como a él le gustase. Y le gustaba rapidito y fuerte. Me corrí como en mi vida bajo su dedo constante en mi clítoris mientras me martilleaba el culo. Mi negrito es un cielo.

Le dije que sí a su proposición de hacer un intercambio de parejas.

Me llamó a la semana siguiente y me dijo que el encuentro con la otra pareja sería en un chalet de la sierra de Madrid, la noche del sábado. Me fue a buscar al AVE y me llevó en su coche hasta el sitio acordado. Yo me imaginaba que abrirían la puerta y estarían medio desnudos y en ropa interior con mucho encaje, pero nada más lejos de la realidad. Estaban los dos en camiseta y vaqueros, muy informales. Nos propusieron picar algo y darnos un baño después. Como estábamos contratados no había más cáscaras. Cenamos y nos fuimos a tomar una copa en la piscina de la casa, donde hacía una temperatura perfecta. Nos desnudamos todos y ya no volvimos a ponernos la ropa hasta que salimos de su casa después de comer el domingo. Eran encantadores. Él era un tanto regordete con una pequeña tripita cervecera y ella era directamente gordita, con unos pechos inmensos. El momento inicial fue dentro de la piscina como cabía esperar. Después de un baño previo, el señor de la casa se acercó por detrás y me cogió las tetas sin decirme ni mu. Se acercó un poco más y pegó toda su entrepierna en mi culo. Mi negrito ya estaba fuera de la piscina, tumbado en la hierba y la señora de la casa estaba haciéndole una mamada. Yo, de la forma más natural del mundo, me di la vuelta y le agarré el sexo a mi pareja, acariciándolo. Nos empezamos a besar. Al rato estábamos fuera viendo cómo le hacía un perrito mi negrito a la señora. Se conocían mucho de otras veces porque él la cogía con dureza del pelo forzándola a mirar hacia arriba y la taladraba sin piedad. Hice lo que me salió de dentro, le cogí el sexo al señor y me le meti en la boca. Estuve mamándole hasta que me quitó y me dio para el pelo a perrito también, parecía que era la norma de la casa. Me encantó la cabalgada del señor. Una verdadera delicia, sabía qué teclas tocar en cada momento. Después de corrernos los cuatro volvimos al salón a tomarnos otra copita y charlar. Mi negrito estuvo todo el rato magreando las tetas de la señora y el señor no paró de hacer lo mismo con las mías entre sorbo y sorbo de alcohol.

Vi que el miembro del señor volvía a despuntar, así que empecé a acariciarlo. Al rato estaba completamente erecto y le hice una mamada que trajo como recompensa semen para mi estómago, no le dejé gotita por limpiar. Los otros dos continuaban follando cuando les volví a mirar. Ella le cabalgaba suavemente hasta que se corrió. Nos dijeron que nos quedáramos a dormir y aceptamos.

Inesperadamente sólo dormimos. No tuvimos sexo durante la noche. Me desperté y bajé a la cocina, la mujer se estaba tomando un café. Como no había más tazas limpias, decidí fregar algunas para poder desayunar. En estas estaba cuando bajó el señor totalmente erecto. Saludó a su esposa: ¡buenos días cariño¡ y se puso detrás de mí, me acarició intentando lubricar mi vagina y me ensartó la polla. Su mujer acertó a decir que era una estampa perfecta y un ¡Me gusta verte disfrutar, cielo¡ Cuando se corrió dentro de mí, yo no me conseguí correr, ella dijo que estaba recaliente y que iba a despertar al negrito. Al poco se la escuchaba gemir (por no decir gritar) como una loca disfrutando de la verga de mi negrito.

Mientras desayunamos el señor y yo, me dijo que ellos solían hacer fiestas con otras parejas, sin pagar, claro, y que si me apetecería ir a alguna de ellas. Así comencé a entrar en el mundo swinger, en el que vivo desde hace unos cuantos años ya. El final de fiesta fue tomando el sol, mi negrito me hizo volar bajo la dictadura de su lengua. Luego el señor me estuvo comiendo el sexo otra vez mientras los otros hacían lo mismo. La señora me comió la boca y ciertamente me gustó. Nos corrimos casi a la vez enganchadas nuestras lenguas. Luego antes de comer me subí a duchar a la habitación, la señora entró también sin avisar y estuvimos disfrutando un buen rato de nuestros sexos mientras ellos hacían la comida. Nos secamos, nos tumbamos en la cama y nos estuvimos comiendo el coño mutuamente hasta que nos corrimos.

Mi negrito me dijo que si volvía de vez en cuando a ir con él a estas sesiones que no me cobraría cada vez que esté con él. De hecho, a la semana siguiente me llamó y vino a verme, fui a buscarle a la estación y lo llevé a mi casa. Le dije que a partir de ahora, sin dinero de por medio, no debía hacerse lo que yo quisiera únicamente. Desde que le dije que me lo hiciese como quisiera (cuando lo del suavecito) mis relaciones con él fueron más placenteras si cabe. Era lo que queríamos hacer los dos, no yo. Empezó a tener fijación con darme por el culo, pero es que a mí ahora me encanta. Dice que eyacular dentro de mi culo es lo más placentero del mundo y eso a mí me encanta porque dedicándose a lo que se dedica es un gran cumplido. Cuando viene por aquí suelen ser dos tipos de días, si viene a principios de semana está conmigo normal, con esa tranca grande y recta que tiene me suele llenar todos mis orificios dejando su semillita en cada uno de ellos (a veces está de lunes a jueves en mi casa) y si es antes del fin de semana suele cuidar mucho su eyaculación, pero con su lengua mitiga realmente mi necesidad de tener su sexo dentro de mí. En estas ocasiones me lame el coño constantemente, sin parar. Algún jueves he contado yo que me he corrido seis veces sobre todo con su lengua.

He ido con él a otros encuentros con parejas de cierto nivel, sólo me ha invitado a cosas que sabe que me gustaría. Gente maja y me avisa de si la señora quiere también guerra. Tiene llave de mi casa y viene cuando quiere. Digamos que con él yo sólo lo hago entre semana y si es fin de semana es que hemos ido a alguna fiesta, aunque pocas veces lo hacemos entre nosotros porque cada uno suele estar con uno de los clientes. Cuando voy a Madrid me suelo reservar con él un lunes para que se pueda ocupar de mí su inmensa, gorda y recta verga. Me muero por la verga de mi negrito, que lo sepas, pero tengo muchas más pululando a mi alrededor.

Exactamente me muero por su verga en mi vagina, para el culo prefiero la de un amigo de mis amigos de Madrid, inglés, negro también, la tiene grande, no como la de mi negrito, pero es inmensamente ancha y adoro como me lo rompe, según le veo en una fiesta me pego a él y no paro hasta que me taladra el ojete. Mi otro negro tiene además una peculiaridad y es que me presiona los botoncitos de mis areolas a la vez mientras me da por el culo subiendo de intensidad según se va poniendo a tono. Eso provoca en mí una intensidad superpotente, pues estoy a la vez repleta de su ancho miembro con un ligero atisbo de dolor que va desapareciendo, mientras en el que me provoca en los pezones va subiendo. Me corro que no veas.

Para hacer lamiditas la de mis negros no suelo abarcarlas y prefiero otras más pequeñas que me las pueda comer enteritas y que se me corran como locos, como la de mi amigo de la sierra. Para comerme a mí, prefiero una chica, mi amiga de la sierra me lo hace fenomenal.

Te contaré uno de mis episodios con esta señora y otra tipa estupenda, levantina ella, con la que nos embarcamos en una aventura un tanto peligrosilla pero que al final no lo fue tanto. Con mis amigos fui a una fiesta en Alicante, a bordo de un yate de unos amigos suyos. Follamos a saco como casi siempre y acabamos comiendo al día siguiente en la casa de esta nueva amiga levantina con su marido, mis amigos, un conocido ruso y yo. El ruso nos habló de que tenía que preparar una reunión con unos exmilitares rusos en una visita que harían a Mallorca. Vendrían chicos, alguno con alguna jovencita rusa, pero sobre todo casados sin esposa, serían unos quince en total y querían chicas que sólo hablaran español, pero que no fuesen putas. Nos invitaba a ser esas chicas. Entre el señor de la sierra y el de la amiga levantina nos animaron, el ruso nos prometió que nos tratarían muy bien. Sería un fin de semana en un yate en el que ellos harían negocio y nos follarían y nosotras tomaríamos el sol y follaríamos. Fuimos al yate, al final fueron dos rubias escuálidas de tetas operadas y nosotras tres, 5 para 15. Sólo podríamos vestirnos si teníamos frío y tendríamos que obedecer cuando quisieran tener sexo. Para ponerte un ejemplo, nos tocó hacer una mamada a tres rusos, los más gordos, mientras ellos veían un partido en la tele con una copa en la mano. Nos follaron a saco, las pobres jovencitas estuvieron recibiendo casi todo el tiempo. A una no la recuerdo sin estar follando. Con alguno de los más jóvenes, totalmente fibrosos y musculosos, fue realmente delicioso, disfruté mucho con aquellos tipos. A mí me eyacularon los 15, mis compañeras de fatigas estuvieron con alguno menos, pero casi todos. Fue como un maratón.

A fuerza de ir entrando en el mundo swinger he ido conociendo a mucha gente, y ahora ya selecciono muchísimo con quién voy. Normalmente tengo la agenda ocupada de reuniones de este tipo, casi todos los fines de semana me apunto a un festival y si no lo tengo me voy con las amigas que andan un tanto mosqueadas. A veces se creen que tengo novio y otras que no me como una rosca, yo sólo les digo que he quedado con unos amigos. No digo ni mú.

Soy bastante requerida, porque saben que suelo ir sola a las reuniones, que doy buen aspecto, que mis enormes tetas enamoran a los chicos, que no tengo prejuicios a hacérmelo con quien sea y que me lo paso bomba con el sexo anal.

Bueno, esto es todo, seguro que te has relamido leyendo cómo la verga de mi negrito me hizo swinger.

Un beso

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