Autorretrato mientras me masturbo

La decisión está tomada y busco acomodarme sobre mi cama. Desnudo, cierro los ojos mientras acaricio mi escroto. Me encanta sentir cómo la piel se encoge y se mueve hacia no sé dónde mientras me masturbo, juntando todos sus pliegues para presionar suavemente a los gemelos.
Masturbo con suavidad mi pene, desde el punto donde se extiende hacia afuera. Lo aprieto un poco y siento lentamente cómo se endurece. Dejo mi falo encendido y estiro el brazo hacia el frasco con crema lubricante. Saco un poco y froto con ella mi glande.
Es una sensación deliciosa, y extiendo el aceitoso fluido por toda la longitud de mi falo. Mientras lo recorro con mi mano, siento cómo se endurece más cada vez, y la sensación del frote sobre mi piel se incrementa a medida que me concentro en mi glande, disminuye un poco al alejarme de él y me dirijo hacia el fondo y así, nuevamente.
Dependo de esa crema lubricante. Sin prepucio que me permita una sensación de frote de piel con húmeda piel, necesito sentir que mi mano se desliza sobre mi verga y la recorre cuando me masturbo, llevando placer que se interrumpe tan solo de vez en cuando para apretar con suavidad mis huevos.
Veo, con mis ojos cerrados, cómo se reproducen en mi memoria recuerdos recientes y lejanos. Aún mis fantasías se pueden ver mientras mi sensación es la de una penetración real al cuerpo de mi amante.
Aprieto más, sin proponérmelo, cuando imagino que entro por el ano de alguien o por la novísima gruta de una joven que me ha entregado su virginidad.
Continúo frotándome, sin sacudirme. Simplemente me froto, subiendo y bajando con mayor intensidad. Sé que pronto explotaré y así lo dejo ser.
Aunque sé que la explosión se acerca, no me entero del instante último sino hasta que está ya encima y me entero de los espasmos que me sacuden mientras de mi se escupen, con potencia aún, hasta mi pecho y casi hasta mi rostro, los escupitajos de mi semen, espeso y cálido, que dejan charcos húmedos sobre mi pecho y mi abdomen deslizándose, lentamente, hacia el colchón.

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Las últimas aventuras de J.

J. y yo nos conocimos en el cole, y nos volvimos hermanos de mil batallas, por ende sabíamos muy bien la vida del otro. Mi amigo nació bendecido con una belleza física que solo era opacada por su innato carisma y su gran habilidad con la mentira, alto, delgado-físico de jugador de fútbol, siempre peinado y vestido a la moda, de ojos color pardo y piel clara, su rostro fino tenía ciertas facciones femeninas pero su mandíbula y cejas en cambio eran amplios y fuertes…en pocas palabras, como hombre, admitiré que es un tipo con una buena pinta.

La vida de mi amigo, como era natural en alguien de sus características, fue muy sexualmente activa durante los años finales del cole y principios de la universidad; en nuestras salidas de viernes por la noche, si no estábamos derretidos de borrachos en un bar de mala muerte, estábamos rodeados de mujeres-que se interesaban mucho más por él-, o estábamos peleando con los amigos de los novios de las muchachas que J. conquistaba. En fin, fueron muy buenos tiempos, pero dicen que todo lo bueno debe acabar un día, y así fue cuando una de las tantas mujeres de mi amigo, se quedó embarazada como último recurso para mantenerlo a su lado de una vez por todas.

Desde ése momento la vida J. se vio encarrilada en una serie de eventos tontos, porque se había comprometido a ser fiel, aunque al mes de estar casado, decidió irse de su casa, y me contactó esa misma noche para irnos a un cabaret (aún puedo recordar como la bailarina se nos acercó, le robó un beso a J., luego puso sus grandes senos sobre mi cara sin dejar de acariciar el rostro de mi amigo diciendo “estás tan chulo que les voy a dejar el show gratis”), semanas más tarde se consiguió una mujer tan despampanante (pelo castaño, ojos azul cielo, y un cuerpazo de flaca, que dejaba a todos con la boca abierta); se había vuelto el chisme del momento en redes sociales, pues andaba con su amante de la mano por la calle sin ninguna vergüenza; “este J. nunca va a cambiar”, pensaba de forma alegre, pues era mi compañero inseparable de juergas, y no quería que eso cambiase. Sin embargo, de un momento para otro, en su estado de Facebook, aparecía casado con su primera esposa, y meses después se unió a una secta católica que en palabras de J.: “me hicieron entender que mi vida de fornicario solo me conducía al infierno”, es más, se puso a la tarea de evangelizarme a mí, que soy un gran fornicario gracias a su influencia-cosa que no voy a cambiar-.

Sin embargo, un día que estábamos compartiendo una cajetilla de tabacos, se sinceró completamente contándome sus últimas aventuras. J. trabaja como cajero en una entidad bancaria de la localidad, y tiene una jefa muy especial, una mujer que pide sexo salvaje con la mirada, a pesar de tener la edad de mi madre, resulta que un día se le acerco a mi amigo por detrás, mientras cerraba caja, lo tomó de la entrepierna con fuerza pegándolo hacía ella, y en el oído le dijo “me vuelves loca…para cuándo”, el anterior J., no hubiese esperado un minuto más, y haciendo que ella pague el motel de paso, se la habría cogido y ya, pero su dios intervino en ese momento y lo iluminó, pero, solo por ese momento, porque al siguiente día, sucedió esto, contado desde la perspectiva de mi amigo y adornado por mí:

-Yo no quería, amigo, lo juro, pero esa vieja está que da combate y pide sexo a gritos, así que me deje llevar por ella a su casa, y no pudimos más, tan pronto me sirvió el té yo ya estaba encima de ella, desvistiéndola y sobándole todo, le pasé la lengua por la oreja, y no sabes cómo gemía, parecía gata en celo, y luego solo me pidió a gritos que se la meta…no me di ni cuenta cuando la tenía de pecho contra la mesa, con una pierna de ella en el aire y yo dándole “mambo” sin parar…qué bien que se movía hermano, no tienes ni idea, la vieja está un poco chorreada, pero que ricos sentones que te da, ¡se empuja duro contra la verga, parece que te va a succionártela!, yo le cabalgaba durísimo, y ella gritaba que le pegase, que le arañase, que le jalase del pelo, y sin mentirte, me gustó…le di como a niño en ese culo flácido, ya después me arreché tanto, pero tanto, que me monté en una silla, le levanté del culo hasta la mesa y la cabalgué destrozándole el ano…-

No imagino que tan bien estuvo esa sección de sexo, pero J., aseguró que su jefa se lo agradeció, tan bien, y así explica su ascenso a supervisor de cajeros. Sin embargo, en esa misma noche, encontró de nuevo la sabiduría de su dios, y orando a una estrella en la noche, pidió perdón y prometió dar más novenas para saldar su pecado. Yo, en respuesta sólo atiné a reírme, prender otro cigarrillo y dejar que las cosas cayesen por su propio peso.

Después de eso, ya no nos veíamos mucho, es mi amigo-hermano y lo quiero mucho, pero su secta le ha vuelto un pesado completo, cada vez que nos veíamos para la cerveza, me terminaba diciendo las razones por las que me iría al infierno, además de su tonta insistencia en “tú debes renacer en dios”, él, justo él, por quien una vez terminamos en una orgía gigantesca que organizó en menos de tres horas. Pero una noche me preocupó realmente; “loco necesito tu apoyo moral…me quiero morir”, me dijo en esa llamada, yo fui a su casa lo más pronto que pude, compramos una cajetilla de tabaco, y como siempre comenzó su relato así:

-yo no quería loco (cómo siempre), pero esta vez ya me superó…te acuerdas de ***, trabaja como enfermera del seguro del banco…te acuerdas de cómo cogíamos en tiempos de la u…peor que perros jajaja-
Yo solo atiné a mirarlo y ofrecerle un cigarrillo, él continuo al ritmo que hablaba para el cigarrillo:
-me la encontré hace dos días, que justo me intoxiqué con la comida de mi mujer, me atendió de mil amores, me coqueteó desde que me acosté en la camilla…me frotaba la pierna y luego me preguntó si la extrañaba…loco esa tipa tiene un hijo de la edad de mi hija…-

En ese momento se descompuso anímicamente, y su mirada se perdió en el vacío del lugar donde vamos a fumar.

-quedamos para hoy por la mañana, hizo que me firmen el certificado médico para no ir a trabajar…nos vimos en la casa de ella, qué denso y estúpido, pero qué rico (se frotó las manos y cerró los ojos recordándolo); ya me estaba esperando con la tanguita puesta, una negra apretada que se le metía en medio de los dos cachetes, apretándole el culo…y vos sí te has de acordar del ¡reverendo culo que se carga! así redondito (ya se le caía la baba dibujándolo en el aire con la punta incendiada del cigarrillo), en mis manos loco, fue como regresar al cielo (se santiguó la boca y pidió perdón a su dios en alguna parte de las nubes). Le metí la lengua hasta el fondo, en el ano, en la raja, en la entrepierna, y ella quería sentarse en mi cara…movía la cadera suavecito y se mordía el puño, yo estaba con los ojos abiertotes viéndole la cara a esta tipa, como se gozaba que le pase la lengua por todo lado…el diablo…es el diablo hermano…(se volvió a santiguar), ya no me aguanté y después solo me puse de pie, le jalé de los pelos a mí y se la metí con todas las ganas, estaba yo detrás de esta rica yegua dándole sin parar, no tengo la más mínima idea de por qué pasó, pero te juró que no terminaba, estaba imparable ese día…hasta que ella me detuvo diciendo “ya no más, lindo…suficiente…”-

La verdad no sabía qué me impresionaba más, si la forma en la que me lo relató, o su extraño complejo de tener dos ideas contradictorias y creer que las dos están bien. Entonces empecé la siguiente conversación:

-Loco, cuál es el problema con eso, tu solo obedeces al principio del placer…es natural en la especie humana, somos seres poseídos por el deseo…-

-No loco, no es así, Dios creó a la familia por algo, porque es el fundamento de la vida…Dios no quiere esto…-

-Me estás diciendo que dios no quiere que tú goces, no quiere que te vuelvas a coger el culito de campeonato que tiene esa mujer…-

-Eso es…eso es el diablo loco, esa mujer es mi diablo personal…me conduce al pecado…-

-¿Hasta cuándo Padre Almeida?…jajaja (un personaje famoso de mis tierras por haber sido un cura fiestero)-

-No hables de Dios con tu boca pagana…-

-Jajaja, yo no creo en muchos de los diez mandamientos…solo en algunos…jajajaja-

-Oye tienes que ir a mi grupo, hermano, me preocupa que no te vaya a ver conmigo en el cielo…-

-“Broder (amigo en mis tierras)”, yo no estoy eclesiásticamente casado como tú, yo no he prometido nada a nadie…a lo que voy, es que, si hay algo parecido a dios en el universo, no le interesa tu muy particular vida de humano, no somos más que un pestañeo en la historia del universo…debemos obedecer nuestra naturaleza, debemos ser esclavos exclusivos del placer…-

-Oye vos hablas muchas indecencias, Dios te va a castigar tan feo…amigo ven a mi iglesia…-

-Jajaja, mira, yo voy a la iglesia, pero si tu lees…entero no partes…un libro que yo te de.-

-¿Qué libro?-

-Uno de Henry Miller, un gringo que piensa casi como vos, respecto al sexo por supuesto…no es nada religioso…-

-(Se quedó pensando, luego prendió otro cigarrillo y volvió a recordar su “última aventura”) Amigo no tienes idea del excelente culo que se carga esa potra, no tienes ni idea…como te cabalga…pero ahora sí…sí…en serio voy a ser salvo, me voy a encomendar a mi Dios, mi guía, mi luz, mi camino y el único que puede juzgarme…rezarías conmigo…-

-¡Mijo, ni drogado!…a mí me juzgan otros dioses, te acompaño fumando un cigarrillo en silencio.-

-Gracias amigo, que Dios te bendiga y un día te ilumine…

-¿No ibas a rezar?-

Comenzó a rezar. Sin embargo, su plegaría era una llena de amor infinito hacia su dios, le suplicaba el perdón por ser adicto al placer del cuerpo de una mujer a la que su marido no puede complacer. Se excusó diciendo que el diablo es poderoso pero que él sabría luchar, yo me quedé fumando en silencio hasta que fue hora de regresar a casa.

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Historias De Oficina-1-

Esta es la primera parte de la serie, me gustaría que comenten y puntúen mis relatos eróticos, pues eso me motiva mucho para seguir escribiendo. Si tienen alguna sugerencia o solo desean hablarme pueden contactar conmigo por privado.

Capítulo 1 (Mariza)

Aquella mañana me desperté muy cansado, de forma perezosa fui al baño me lave la cara y me mire en el espejo, contemplando mi rostro durante varios minutos, esta situación debía cambiar de una vez….pasaron ya 2 años me dije.

El camino hacia la compañía estuvo repleto de incansables llamadas de Lorena, cuando papa vivía ella era su mano derecha ahora que el ya no está me aconseja a mi sobre cómo debo actuar, después de tantos años a mi lado me resultaba increíble que nunca se hubiera ido ya que realmente es ella quien se esforzaba por mantener el intachable nombre de las compañías Vask, cuando llegue a la empresa pude notar la cara de asombro de muchos, desde los miembros de limpieza hasta los accionistas, todos me recibían con una sonrisa, no pude evitar pensar si realmente estarían contentos de verme o si solo se limitaban a quedar bien con “el patrón”. Atravesé los largos pasillos y por fin llegue a mi oficina, ya extrañaba ese lugar… recorrí con mis dedos mi escritorio… estilo francés definitivamente mi favorito.

– Bueno parece que el señor por fin se digna a visitar a la plebe, tienes muchas responsabilidades niño que no se le olvide- Dijo al momento que entro sin anunciarse para después cerrar la puerta tras ella.

– Ya no me retes, por favor…estoy haciendo lo mejor que puedo

– Pasaron 2 años Víctor… no fue tu culpa, si no dejas de pensar así acabaras destruyéndote solo mi pequeño.

-¿Que tenemos para hoy? Dije restándole importancia a su último comentario

-es hora que pague el precio por faltar tanto jefe. Dijo al momento que apoyaba una pila de carpetas sobre mi escritorio.

La mañana transcurría con cierta calma, bueno es una manera de decir… incontables llamadas, inversores, clientes que entran y salen, envíos a distintas partes del mundo ya saben lo típico. Todo en aquella mañana seguía la asquerosa rutina de toda mi vida, realmente desde que herede las empresas de mi padre, las Industrias Vask eran las mayores productoras de armas de la región, “nuestros productos” por así decirlo se encontraban en distintas partes del mundo, pueden decir o pensar lo que quieran pero este es un negocio que siempre será rentable. En fin, todo cambio cuando Lorena me anuncio que había llegado mi nueva asistente.
-Se llama Mariza Márquez, tiene 23 años, recién salida de la facultad no tiene experiencia y según me informaron es algo torpe. Dijo al momento que se acercaba a la puerta haciendo una seña para que la nueva empleada entre.

– Ok llego el momento, tranquila…. relájate, todo estará bien. Me dije en voz baja

Fue cuando finalmente entro llamo definitivamente llamo mi atención,  era hermosa…con una hermosa cabellera rubia, bellos ojos celestes y con un cuerpo  para mi perfecto, aunque lo más atrapante en ella era su inmensa sonrisa que te obligaba a pensar… “Ey, calma todo estará bien” su manera tan simple de vestir resaltaba más su figura y mostraba una personalidad tranquila. Entro a mi despacho con seguridad y paso decidido, por desgracia nadie le había avisado del escalón que se encontraba poco después de la puerta, se tropezó perdió el equilibrio y cayó justo sobre una costosa mesa ratona que adornaba mi suntuosa oficina, rompiendo con uno de sus brazos  el fino cristal central, fue algo muy cómico aunque solo me limite a una simple sonrisa en mi rostro.
-Okey….esa fue mi primera impresión! Estúpida, Estúpida, Estúpida. Pensé mientras intentaba levantarme del suelo muy adolorida, pude notar una herida en mi brazo izquierdo.

– Al parecer me informaron bien…torpe. Dije suspirando y tendiéndole mi mano para ayudar a que se incorpore.

– lo siento muchísimo, no fue mi intención…perdóneme fue sin querer-Sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas, tuve que tapar mi rostro con mis manos realmente me sentía muy angustiada, había arruinado mi única oportunidad en aquel lugar.

Si me preguntan ahora porque lo hice, la respuesta es simple… no lo sé pero abrace a Mariza apoyándola suavemente contra mi pecho, mientras le pedía a Lorena que consiga una unidad de primeros auxilios la que fue a buscar sin decir absolutamente ningún comentario más.

– Mariza, tranquila relájate, ya no llores…no pasa nada, la mesa se cambia las heridas se curan y tu entrevista sigue adelante. Intentaba consolar a  una mujer que parecía una niña que sus padres había retado con demasiada dureza, fue algo q me sorprendió de ella.

– mientras me abrazaba podía sentir su respiración, sus latidos, su perfume…. Ohh su perfume era exquisito-rápido está esperando que le respondas algo di algo lo que sea- Me encanta tu olor…

-¿Perdón?

– lo lamento Sr. Vask quise decir su perfume, no su olor…digo no es que tenga mal olor es…es solo que…- definitivamente tengo que callarme.

La escena me causo tanta gracia que sentí la necesidad de soltar una carcajada, ella solo agacho su cabeza, pude ver su cara sonrojada y avergonzada. Me dirigí a mi escritorio, me senté y le indique que tomara asiento en una de los acojinados sillones que se encontraban enfrente a mí. A pesar de estar más relajada todavía podía sentir sus nervios con solo observarla.

– Tranquila mariza, ya vi su cara triste, ahora me encantaría verla sonreír. Dije intentando que por fin se calme

Mi comentario la hizo reír demostrando lo hermosa que era tras esos ojos llorosos y nerviosos rasgos faciales. La entrevista continuo con más normalidad luego de que se calmó totalmente, mientras hablaba pude notar algo en sus encantadores ojos azules, no había rastro de mentiras en ellos, aprecie una gran tranquilidad y serenidad, en ese momento tome mi decisión…era ella, no debíamos seguir buscando, mariza seria definitivamente mi nueva asistente, fue entonces cuando Lorena llego con los primeros auxilios lamentándose por el retraso al momento que hacia un rápido vendaje alrededor de la pequeña herida en el brazo de mariza.

  • Bien eso es todo…Voy a llevar a mariza a que recorra la compañía y le explicare sus tareas.
  • Excelente Lorena, muchas gracias, ahora si me disculpan tengo que seguir con el papelerío.

Me incorpore y seguí a Lorena fuera de la oficina mientras veía como mi nuevo jefe me seguía con su seductora mirada, al cerrar la puerta del despacho Lorena comenzó a explicarme todo mientras recorríamos las oficinas.

  • Bueno… como asistente te encargaras de cada cosa que él te pida, café, recoger ropa de la tintorería, llamadas, papeles que te entregare en mano para que lo acompañes en sus reuniones en distintas partes del mundo y por supuesto algo que siempre debes recordar, tu solo respondes a Víctor o en su ausencia a mí, no importa lo que diga nadie más en esta compañía ¿entendiste?
  • Estoy contratada? Después de esa desastrosa y….vergonzosa entrevista.
  • Creo que le caíste bien, duraste más tiempo que las anteriores candidatas que créeme por muchos menos errores fueron echadas a patadas.

Las oficinas Vask eran enormes,  había sido una meta en mi vida desde el primer día de mi carrera, ok digamos que este puesto me quedaba muy chico, pero sería un enorme punto a mi favor, si me

adaptaba bien podría conseguir trabajo en el lugar que yo quisiera, el hecho de ser la asistente personal de nada más y nada menos que Víctor Vask hablaba por sí solo. Mi primer día fue un completo reto nunca creí que sería algo tan difícil demasiado papeleo y reuniones, me dieron un celular para estar en contacto y me retire al final de tanto trabajo, llegue a casa, me saque mis zapatos acostándome en mi cama totalmente vestida….mi celular comenzó a sonar, debía ser una broma de mal gusto…

  • Ho- hola – dije muy dormida
  • Dónde estás?… te necesito en la compañía, debes salir rumbo al extranjero de inmediato, te espero en 30 minutos, okey?
  • Pero recién llegue a casa, estoy exhausta.
  • Ven ya mismo o consigue otro empleo niña.

Discutir con Lorena parecía no ser una opción, me arregle lo mejor que pude y Salí lo más rápido posible hacia mi trabajo, cruce toda la ciudad en un tiempo record asustada por el ultimátum que me habían dado, llegue a la oficina de Víctor y entre sin siquiera golpear…grave error

  • En primer lugar, llegas tarde lo cual es inaceptable, en segundo lugar que esa manera tan irrespetuosa de entrar en mi oficina, la próxima vez golpeas la puerta y en tercer lugar me puedes explicar ¿porque estas descalza?
  • Señor Vask le pido mil disculpas, estaba dormida y mi celular comenzó a sonar…no quería llegar tarde…el transito es brutal…no me di cuenta- mi respiración estaba muy agitada y solo conseguía escupir palabras.
  • Bien…creo que es entendible todo- soltando una gran carcajada- ahora mariza debemos salir rumbo a Alemania hay reuniones urgentes que tenemos que atender, mandaremos a buscar zapatos de tu talla y luego nos iremos.

Nunca creí que este maravilloso trabajo me traería tantos contratiempos, me senté en una de las sillas que adornaban la tan maravillosa oficina, se podía apreciar fotos en distintos lugares del mundo, Paris, Roma, Venecia, las pirámides de Egipto, el palacio de Buckingham, en todas se podía ver a Lorena, Víctor y un hombre mayor, supuse que era su padre, al momento apareció Eva, una empleada más o menos de mi edad, traía consigo unos zapatos de mi talla, apenas terminé de ponérmelos, Lorena se hizo presente. Salimos casi corriendo de las oficinas, llegamos a un avión privado en una pista que pertenecía a  las compañía, finalmente los poderosos motores de la aeronave se hicieron sentir alejándonos de nuestra tierra rumbo a Alemania.

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Un encuentro de sexo predestinado

El sol brillaba con fuerza sobre la calle de aquella ciudad. Ella estaba de visita allí, pasando un par de días con unas amigas. Tras todo un año de trabajo, había decidido aprovechar esos días de verano, y aquel viaje era la mejor oportunidad para hacerlo. Paseaba alegremente por el mercado, con el sol atravesando su vestido de verano mientras caminaba sobre sus sandalias. La suave brisa se colaba bajo su falda, excitándola. ¿Habría notado alguien que no llevaba ropa interior? Sinceramente, no le importaba. Nunca la había llevado, y si por ella fuera, nunca la llevaría. Sus amigas se habían quedado en la habitación, durmiendo, agotadas de la fiesta de la noche anterior, pero ella no iba a desperdiciar semejante día. Recién duchada y arreglada, estaba lista para conquistar aquellas calles.

Y entonces le vio. Su corazón se paró un instante cuando se fijó en su cara. ¿Podía ser…? Habían hablado infinidad de veces, habían tenido alguno de los momentos más calientes que ella recordara… Pero siempre a través del ordenador, siempre separados por la distancia y la pantalla. Nunca habían hablado, nunca habían visto nada que no fueran fotos… Y ahora, ahí lo tenía… Pero, ¿era él? Y si así era, ¿por qué no la reconocía, como ella le había reconocido a él? Entonces se acordó. Así como ella había visto su rostro infinidad de veces, ella nunca llegó a enseñarle el suyo. Tal vez por timidez, o por discreción… o incluso una pizca de vergüenza, nunca se había atrevido a mostrarle su cabello castaño y sus ojos azules.
Una duda empezó a formarse en su cabeza. ¿Debía dejar las cosas tal como estaban? ¿Seguir siendo un texto sin rostro, una fantasía lejana? ¿O tal vez esa era la oportunidad de dar un cuerpo a aquellas charlas? Le miró de nuevo, y a su mente llegaron todos aquellos momentos, todas aquellas charlas subidas de tono, todos aquellos juegos calientes en la distancia. Recordaba tocarse, su falda hasta las caderas, mientras le decía lo que le haría, cómo la tocaría, cómo la tomaría, mientras sus dedos tocaban su sexo, y se pellizcaba los pezones. Sintió la humedad entre sus piernas nada más recordarlo, y decidió que, si el destino los había acercado así, ¿quien era ella para negarse?
Se acercó a donde se encontraba, tranquila pero decidida. El puesto era de bisutería, y él parecía distraído mirando una pulsera.
-Bonita pieza. Cualquier chica a la que se la regalasen se sentiría muy afortunada- Nada más decirla, se mordió el labio. ¿Había sido tal vez demasiado lanzada?
-¿Oh? Ah, si, sólo la estaba mirando. Desde luego es preciosa, sí.-
Al oir su voz casi se puso a temblar. Era aún más sexy de lo que había imaginado. Contuvo sus ansias de decirle quien era, y lo mucho que le deseaba en aquel momento, y siguió hablando.
-¿Y quien es la chica que recibirá este regalo? ¿Alguna novia, o esposa afortunada de tener a alguien así de detallista en su vida?-
-Me temo que no. No iba a comprarla, la verdad. Y ya que preguntas, no hay ninguna novia o esposa a quien regalárselo-
-Vaya, es una pena… Porque es una pieza bellísima- Le arrebató la pulsera de las manos, rozando su mano con sus dedos. -¿Ves lo bien que queda?- Se probó la pulsera, mientras colocaba la muñeca a la altura de su pecho. Se dio cuenta de que en aquel momento no era ya en la pulsera en lo que se fijaba. Sonrió maliciosamente. -Ya que no tienes a quien regalársela… ¿por qué no me la regalas a mí?- Dijo, en su tono más infantil y caprichoso. Él soltó una ligera risa. -No sé si una pulsera sería lo apropiado para una relación tan breve… Pero estoy dispuesto a invitarte a un café. ¿Te apetece?-
Ella simuló hacer pucheros durante un instante… Para inmediatamente después ofrecerle la más reluciente de sus sonrisas. -De acuerdo, me parece bien. Por cierto me llamo…- El nombre falso salió automáticamente de sus labios. Quería seguir manteniendo el misterio, jugar con él un poco más. -Un placer- replicó él, -yo soy…- Al oír su nombre, todas las dudas se despejaron de su mente. Estaba claro que aquello era el destino y no pensaba dejarlo escapar.

Un encuentro de sexo en un lugar público

Dejaron el mercado y fueron a un café tranquilo. Ella escogió una mesa apartada, y pidieron un par de cafés. Hablaron de qué hacían allí, de cómo ella había venido con un grupo de amigas, mientras él le contaba que había venido a visitar a unos parientes. Mientras bebían, ella fue sacando diferentes temas que, por haber tratado con él a traves de la red, sabía que le interesaban. A su vez, iba desplegando todas sus armas de seducción. Una ligera caricia en el brazo… Un suave roce de piernas… Un discreto vistazo a su escote… Mientras veía cómo en su rostro se reflejaba una mezcla de incredulidad y alegría ante semejante chica, a la que acababa de conocer, y que ya parecía estar atraída hacia él. En un momento ella se acercó a su oido y le susurró -Me gustaría enseñarte un sitio que descubrí ayer ¿Te apetece?-
Él sonrió, y pidió la cuenta. Nada más salir del café, ella cogió su mano y, como si fuera una chiquilla, le arrastró por las calles hacia un enorme parque. Se internó entre los árboles hasta llegar al sitio donde quería…

Había descubierto aquel claro el día anterior con sus amigas. Se habían pasado la tarde y parte de la noche ahí, hablando, riendo, haciéndose confidencias… Habían sido ruidosas, vulgares, y nada discretas, y nadie había aparecido en todo el rato por ahí. Era el sitio perfecto. En cuanto se pararon, se lanzó hacia él. Le empezó a besar, apasionadamente, con todo el ardor que llevaba acumulando desde el momento en que le había reconocido. Tras un instante de sorpresa, él respondió al beso, con igual pasión, el mismo ardor. Ella se estaba volviendo loca con la excitación. El juego había sido genial, pero llegaba la hora de revelar la verdad… Notó cómo sus manos empezaban a acariciarla… La espalda primero… Luego los muslos, desde la rodilla, y subiendo poco a poco… Parecía dispuesto a saber hasta dónde le dejaría llegar, y ella no pretendía frenarle. Se apretó contra él, y notó el bulto que se había formado en su entrepierna. Deseaba tocarlo, acariciarlo, sacarlo de esa prisión de calzoncillos y vaqueros, pero se contuvo. Antes quería que él descubriera quién era esa chica misteriosa… La mano de sus muslos fue subiendo, más y más, hasta colarse bajo su falda… Empezó a acariciar su culito, mientras se seguía moviendo. Estaba a punto de exlotar, no solo por la excitación de sus caricias, sino por la cercana revelación. Por fin, su mano fue hacia su entrepierna, buscando sus braguitas… Para no encontrarlas. En ese preciso instante, se acercó a su oido y le susurró -Por cierto, en realidad me llamo…- Al oir su verdadero nombre, y relacionarlo con la falta de ropa interior (una de esas confidencias calientes que le había hecho on-line), el rostro de él volvió a adoptar esa expresión que mezclaba la sorpresa con la alegría. Ella le devolvió la sonrisa, para volver a lanzarse sobre sus labios. Sus manos empezaron a acariciar su paquete, cuya forma prometía ocultar un buen pene. A su vez, él le bajó los tirantes del vestido, y empezó a masajear sus pechos. Ella le correspondió abriendo su cremallera y posando su mano sobre su herramienta. De acariciar sus tetas, él pasó a agarrarlas entre sus firmes manos, a besarlas, a recorrerlas con su lengua, a mordisquear sus pezones… Estaba empezando a jadear, y cuando notó sus dientes sobre sus sensibles cumbres, no pudo evitar un gemido. El calor recorría todo su cuerpo, dominándola. Se arrodilló ante él y le terminó de quitar los pantalones y los calzoncillos. Ante ella tenía aquella polla, dura como una roca, deseosa de ella. La acarició, suavemente. Él gimió, suavemente. Le dio un suave beso, mientras sus manos se movían del falo a los testículos, acariciándolos suavemente. Luego, la recorrió, de arriba a abajo, con la lengua, suavemente, empapándola con su saliva. Él no dejaba de gemir, de decirle lo mucho que le gustaba lo que le estaba haciendo. Le miró a los ojos, su mirada llena de vicio… Mientras abría su boca y se metía aquella verga. Empezó a chuparla, metiéndosela cada vez más dentro de la boca. La apretaba entre sus labios, la acariciaba con su lengua, mientas notaba cómo la excitación de su amante no dejaba de crecer. Sin poder contenerse, bajó una mano a su propio sexo, y empezó a acariciar su rajita. Estaba terriblemente húmeda, deseosa de ser penetrada. No iba a poder contenerse mucho más… Y por lo que notaba, él tampoco. Se la sacó de la boca, mientras hilillos de saliva brillaban entre la polla y su lengua. Se apartó de él, sonriéndole pícaramente. Se acercó a un árbol, y apoyó un pie sobre una rama baja, mientras levantaba su falda. Le miró, toda su excitación reflejada en su cara. -Follame- le dijo. -Necesito que me folles, ya-. Él se acercó a ella. La abrazó, agarrando sus tetas desde detrás. Apretó su pene contra su coñito empapado. Empezó a mordisquearle el cuello, y entonces notó cómo su verga entraba poco a poco en su vagina empapada. -Ughm- Empezó a gemir, suavemente al principio. Él empezó a moverse, cada vez más rápido, entrando cada vez más dentro. -Mmmm… Sí, oh, sí… No pares…- Notaba cómo aquel falo llegaba aún más dentro en cada embestida. -¡Ahhh! Oh, si, joder, me encanta… No pares…- El ritmo era cada vez más fuerte. Ella no paraba de gemir, cada vez más alto. Aquello era todo lo que había estado fantaseando y más. -¡Vamos! ¡Oh, sí, me encanta! ¡Follame, más fuerte!- Él obedeció, sus embestidas eran imparables, sus manos recorrían cada rincón de su cuerpo, su boca viajando entre sus labios, su cuello, sus hombros… Notó cómo llegaba. El orgasmo no tardaría, y prometía ser brutal. Y notaba que él pasaba por una situación similar. Sin duda era el momento -¡Ahhh… no.. no paressss… Oh dios, estoy… estoy a punto… voy a… Ahhhhhh… Me corro… ¡Me corro! ¡Ahhhhhh!- Parece que aquello era todo lo que él necesitaba saber… Embistió aún con mayor fuerza, su pene convertido en un martillo hidráulico que taladraba su muy húmedo sexo. Empezó a gritar, su excitación saliendo de su garganta a la vez que de su vagina, embargada por un orgasmo incontenible. Escuchó los fuertes gemidos de él, también llegando al clímax junto con ella… Y entonces notó su esperma, llenándola, desbordándose, caliente, bajando por sus piernas… Aquello fué la culminación, dejó arrastrarse por su propio orgasmo, agotada, rendida… pero feliz. Su amante virtual había resultado ser todo lo que ella deseaba y más.
Tras toda aquella pasión, descansaron juntos en el descampado. Ambos habían disfrutado como pocas veces en la vida… Y no pensaban desaprovechar aquellos días. En su mente, ambos empezaron a pensar qué nuevos placeres probar el próximo día…

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