Mi primera experiencia de sexo con mi primo Andrés

Desde niño he tenido un vicio, y ese vicio son los hombres. Comencé viendo películas soft porn cuando no llegaba ni a los 10 años, y frotándome inocentemente con dos primos, que eran uno o dos años mayores que yo. Esos fueron los momentos favoritos de mi niñez, cuando me tocaban entre los dos y se turnaban para que yo los manoseara a ellos. Y después de crecer, cada cual siguió su curso y mi adolescencia fue solitaria y sin ningún hombre que me consolara. Pero con el tiempo todo mejoraría, después de años de no tener ningún tipo de contacto físico con nadie, de soñar despierto con mis amigos heterosexuales de la preparatoria, con profesores y cualquier hombre en sí; de añorar tener una verga entre mis manos, viendo cómo debido a mi condición de homosexual de closet todos mis deseos eran completamente reprimidos y quedaban relegados a eso, sólo deseos de tener sexo.

Un día, años después y tras no saber nada de mis queridos primos, uno de ellos estuvo de visita en mi casa saludando de nuevo a mi familia. Aquel día, estando yo solo con mi madre en casa, ella fue a bañarse quedando unos momentos mi primo y yo con la casa a disposición de nosotros, así que empezamos a “jugar con el perro o mascota de mi hogar”. Andrés tenía algo de acné juvenil y una voz gruesa que dejaba atrás al niño con el cual tuve los primeros roces en mi niñez. Fue entre juego y juego y cada vez más cerca el uno del otro, que él tomó la iniciativa de estirar su mano y tocar mi entrepierna por encima del pantaloncillo que llevaba puesto; fue un detonante inmediato de emoción, tuve una erección al instante y mi timidez se fue por completo; empecé a tocar su pene ya en erección, de alguna manera sintiendo realizado mi sueño de tener una verga entre mis manos después de tantos años.

Después de besarnos y estar tocándonos inocentemente, Andrés se puso de rodillas, sacó mi pene y empezó a chuparlo lentamente. Si alguien me preguntara cómo describiría ese momento… Mi respuesta se resumiría en una sola palabra: gloria, me sentía en la gloria absoluta al estar teniendo sexo con mi primo. Sentir su boca babosa en mi pene era una locura, luego me lamió los huevillos mientras yo lo miraba hacerlo. Me parecía un sueño estar viendo lo que estaba haciéndome, un sueño hecho realidad. Luego se puso de pie frente a mí, y sabía que era mi turno de hacer lo que por tanto tiempo había deseado (mamar la verga de alguien y tener sexo con mi primo), recuerdo que, con algo de nervios y adrenalina causada por mi inexperiencia, se me hacía agua la boca y me temblaban las piernas de la emoción que sentía, y fue cuando, estando ya de rodillas, bajé su pantaloncillo y contemplé su verga juvenil, peluda, de unos 14 o 15 cm; y sin pensarlo dos veces la metí en mi boca, la saboreé, sentí el salado sabor de su lubricación y lamí sus testículos colgantes y peludos. Fue lo más delicioso que había probado hasta ese momento en mi vida.

Ese día yo era un aprendiz de Andrés, dispuesto a hacer todo lo que él me hiciera a mí. Minutos después, me empezó a lamer el ano, algo nuevo e inesperado para mí; sentí un cosquilleo genial, cada vez que subía y bajaba su lengua por todo el ojo de mi culo era una bomba de emoción que me estallaba por dentro. Así que hice lo mismo, se puso a cuatro patas, abrí sus nalgas y vi un culo bastante velludo, excitante. Literalmente, nunca pensé que a un hombre le salieran pelos en el trasero y de esa manera, pero aún  así, pasé mi lengua por su culo como si estuviera lamiendo un helado, sólo que este tenía un sabor agrio, pero delicioso a la vez.

Luego, Andrés trató de penetrarme, pero no pudo hacerlo, pues mi ano virgen estaba muy cerrado y hasta mi pobre primo estaba haciendo daño a su pene debido a la fricción del roce de la piel de su polla con la de mi culito, por lo que intenté penetrarlo yo a él, pero el resultado fue el mismo: el dolor de sólo tener la punta de mi verguita en su hoyo fue suficiente para que paráramos con el intento de penetración. Para infortunio mío, fue el final de toda esa experiencia de sexo con mi primo, ya que mi madre terminó de tomar el baño; escuchamos el sonido de la puerta del lavabo abriéndose y nos dispusimos rápidamente a subir nuestros pantaloncitos.

Han pasado algunos años de esto, a Andrés lo veo en ocasiones remotas en reuniones familiares, vive en otra ciudad, pero nunca hablamos más allá de: “Hola, cómo estás”. Quizás si algún día nos quedáramos solos de nuevo volvería a tener sexo con mi primo, pero esta vez se lo daría todo.

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