Sexo liberal con mi amigo Juan mientras su novia miraba

Hola chicos y chicas, hoy os quiero contar una historia de sexo liberal que me propusieron unos amigos. Como algunos ya saben me llamo María y no es la primera vez que escribo un relato aquí. Es la forma en que me siento liberada al compartir estas experiencias eróticas y sexuales, a la vez que me pongo algo cachonda imaginando o recordando mientras escribo, la verdad.

Bueno, el relato que quería contarles hoy es algo que me pasó hará un mes, cuando un sábado por la mañana Marta, la novia de mi amigo Juan, vino sola a mi casa para que les prestara la aspiradora. Ellos viven a unas 2 manzanas de mi casa, por lo que no me importaba prestarles de vez en cuando algo. Ya hacía unos años que nos conocíamos Juan y yo, y a Marta la conozco de hará unos 3 meses, que es lo que lleva saliendo con Juan.

Cuando Marta llegó a mi casa, todo era normal. La invité a pasar a la casa mientras iba a buscar la aspiradora al trastero. Al llegar de vuelta al salón con la aspiradora en la mano, encontré a Marta rara, la noté algo nerviosa. Era como si quisiera decirme algo, pero no sabía cómo,por lo que le pregunté si le pasaba algo. Marta, con una voz algo temblorosa asintió con la cabeza a mi pregunta tras lo que me respondió que no había venido solo a por la aspiradora, que eso era más bien una excusa para pedirme algo sin que Juan estuviese delante. Temblorosa y con voz tímida se acercó a mi cara y me dijo en voz baja, como asegurándose de que nadie se enterase, que me encontraba bastante atractiva. A la vez que me aclaraba que ella no era lesbiana ni le gustaban las chicas de forma sexual, pero que sabía apreciar cuándo una chica era bastante guapa y atractiva. Me contó que ella era muy abierta en el sexo y que estaba intentando hacer que Juan lo fuera también por lo que tenía una proposición para mi.

Yo me quedé callada, sin saber qué responder o decir a todo lo que me estaba contando.

He de reconocer que a mi sí me gustan las chicas, además de los chicos, y que Marta es muy atractiva, morena con ojos claros, una cintura pequeña y con unos pechos pequeños, pero un gran y firme trasero.

Tras unos segundos de silencio en los que ella quedó a la espera de cómo reaccionaba yo, le dije entre risas que estaba muy agradecida por el cumplido, que no solo ella era abierta en cuestiones de sexo. La tranquilicé contándole una experiencia que tuve una vez con un chico en la que pasó una cosa bastante graciosa y empezamos a reírnos. Roto el frío y el miedo a qué le respondería, se lanzó directa a preguntarme si me gustaba Juan físicamente. Con miedo a cómo le sentaría mi respuesta le dije que Juan no estaba nada mal, éramos amigos de hacía tiempo y lo veía solo como un amigo, pero físicamente es un tío guapo y atractivo. Ella sonrió y fue más directa al grano. Me dijo que no me preguntaba porque estuviese celosa, sino todo lo contrario. Ella quería montarse un trío con Juan y otra chica y no sabía dónde encontrar una chica de confianza con la que Juan abriese más su mente en el tema del sexo liberal.

La verdad es que nunca me había propuesto tener sexo con Juan, pero la idea de follar con Marta me ponía bastante cachonda y seguro que Juan tenía una buena polla. Recuerdo algún que otro verano entre amigos en la playa donde Juan solía marcar un buen paquete.

No me lo pensé mucho y le dije a Marta que estaría dispuesta a probar una experiencia así. Que si a Juan no le parecía mal la idea podríamos quedar los tres un día en casa de ellos para tomar algo y ver cómo transcurría la experiencia.

Cita para sexo liberal

No vi a Juan desde que quedé con Marta en visitarlos en su casa al martes siguiente. No sabía cómo reaccionaría al verme, pero iba dispuesta a pasarlo bien esa noche. Me preparé y me puse un conjunto sexy, uno que me gustaba especialmente. Rojo y ajustado, con un buen escote.

Al llegar a casa de Juan y Marta, me recibieron juntos en la puerta entre risas y bromas, contentos porque estuviese allí de visita. Tras invitarme a pasar y un par de besos de Juan, Marta me saludó con un solo beso pero en los labios, corto pero picante tras lo que me daba las gracias al oído por haber decidido compartir con ellos un momento así. Las dos nos dirigimos al salón mientras Juan en la cocina recogía unas copas con ginebra para los 3.

La verdad es que para ser la primera vez que hacía algo así me sentía muy cómoda, supongo que era porque a ambos los conocía ya bastante bien e incluso a Juan de hacía años.

Marta solo miraba mientras se masturbaba y gemía

Al entrar Juan al salón, nos ofreció las copas sentándose en el sofá junto a mí. Era un sofá de dos plazas, junto a un sillón de una sola plaza que tenían en el salón y donde se había sentado premeditadamente Marta. Cosa de la cual me daría cuenta después.

Empezamos a hablar bromeando sobre una situación así de sexo entre amigos, de porqué Marta le había propuesto algo así a Juan y de qué me parecía esa idea de sexo liberal.

A los pocos minutos, que ya estaban Juan y Marta echándome piropos por el vestido y por como reía, Marta se levantó dirigiéndose al interruptor de la luz, apagando la luz principal y dejando solo una luz tenue de fondo, a la vez que subía un poco el volumen de la música en el salón. Entonces decidí dar un paso yo, ya que Juan podía notarse en el fondo algo nervioso, y empecé a frotar mi mano sobre el muslo de Juan mientras éste me miraba a los ojos sonriendo.

Marta, mientras, volvía a su sillón y se acomodaba mirando cómo Juan se acercaba y me metía boca. Comenzamos a besarnos a la vez que él me empezaba a tocar a mi la entrepierna, suavemente subiendo su mano poco a poco hasta frotarla en mis bragas. Fue algo rápido, cuestión de pocos minutos cuando ya podía sentir mis bragas húmedas debido a mi gran excitación.

Dejé entonces de besar a Juan, separándome un poco de él mientras con las dos manos le iba desabrochando la correa y el pantalón. Pude ver entonces a Marta en el sillón con su vestido subido agarrando con una mano sus bragas a un lado, mientras con la otra mano se frotaba suavemente sus partes íntimas mientras nos miraba fijamente. Eso me puso aun más cachonda ya que no solo era una chica guapa, sino que tenía un coño bastante bonito y apetecible.

Entonces, Juan se levantó mientras yo seguía desabrochando los botones de su pantalón, quedando de pie junto a mí, con su paquete a la altura de mi cara. A la vez, me ayudaba a quitarle los pantalones y los calzoncillos bajándolos y dejando al descubierto su enorme polla flácida, aunque podía apreciarse cómo iba endureciéndose por segundos.

Con esa enorme polla junto a mi cara, vi a Marta, que seguía junto a nosotros en el sillón masturbándose, a lo que me dijo -”vamos, cómetela”- Cosa que no pude rechazar, y tras su consentimiento y el de Juan, que ya sabía que lo tenía ganado, empecé a acariciar esa enorme polla con mi mano derecha, mientras con la izquierda me empezaba a tocar yo misma mi húmedo coño.

Ya casi dura del todo la introduje en mi boca y empecé a chupársela como una auténtica viciosa. Era una polla a la que le tenía ganas desde hacía tiempo. Para mí, era como una fantasía cumplida.

Unos cuantos minutos chupándosela a Juan de todas las formas posibles, incluso le masturbaba con una mano mientras con la otra le acariciaba y le chupaba las pelotas, hasta que Juan no pudo aguantarse más. Me agarró fuertemente levantándome entre sus brazos, comiéndome toda la boca aún llena de saliva por la felación y tirándome con fuerza contra el respaldo del sofá, de espaldas a él y Marta, quien seguía sentada, con las piernas abiertas y frotándose fuertemente su coño y gimiendo de vez en cuando mientras veía cómo Juan empezaba a follarme en el sofá con su gran  y dura polla.

De espaldas a ambos, no podía dejar de gemir al notar la dura y grande polla de Juan follándome con ganas el coño, a la vez que pensaba en que Marta estaba ahí, mirando toda la escena y masturbándose a la vez. En cuestión de minutos noté cómo Juan dejó de meter su polla con esa fuerte intensidad del principio hasta que paró y me dijo que me tocaba a mí. Se sentó en el sofá, no sin antes comerle la boca unos segundos a su novia Marta, y seguidamente me subí sobre él. Nunca olvidaré la cara de viciosa que tenía Marta en ese momento, como si quisiera follarnos a los dos, pero solamente se limitaba a ver y a meterse hasta tres dedos en su coño a la vez que con la otra mano frotaba su clítoris.

Subida sobre Juan, empecé a mover mi cintura, algo que se me da bastante bien, dando giros y haciendo la presión adecuada según veía en la cara de Juan cuando más le gustaba. Al poco tiempo de estar encima de Juan, mientras este me comía las tetas y yo movía mi cintura con fuerza, noté cómo Marta, desde atrás, me daba un fuerte cachetazo en el trasero, diciéndome que le diese bien fuerte, que quería verlo correrse “en ese coño”.

Se refería a mi coño, claro está, y sin pensármelo demasiado empecé a hacer más presión sobre la polla de Juan, girando la cadera y agarrándome las tetas para acercárselas a la boca… entonces, Juan no pudo más y se corrió. Pude notar cómo eyaculaba dentro de mi coño, sin condón, ya que yo utilizo la píldora normalmente y no era un problema el no usar protección ya que eramos amigos y nos conocíamos.

Al mismo tiempo que recibía la leche de Juan en mi coño, giré la cabeza buscando a Marta, la cual estaba teniendo un orgasmo mientras se masturbaba viéndonos. Entre la gran polla de Juan explotando dentro de mi vagina, y la imagen de Marta gimiendo y eyaculando en un gran orgasmo, no recuerdo haber estado nunca más excitada. Seguí moviendo fuertemente mi cintura mientras aún Juan tenía su polla bien dura hasta que llegué a correrme yo también. Fue la corrida más fuerte que he tenido en mi vida.

Los tres quedamos allí agotados y, entre risas, comentábamos lo bueno que había sido.

Tras recoger un la ropa y beber un poco más de la copa decidí dejarlos solos en su casa, por lo que me marché tras despedirme de ambos con un beso en la cara. Había sido una buena noche, aunque no puedo decir que lo fue para el sofá. El pobre sofá terminó manchado entre las corridas y el sudor, seguramente tendrán que cambiarlo, pero fijo que les mereció la pena, al menos a mí sí. jijiji. Una experiencia de sexo liberal más que sumar a las que ya tengo vividas. ¡Y las que me quedan!

Besitos, :)

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Me follé a mi mejor amiga tras seducirla

¿Se puede tener sexo con tu mejor amigo(a) y seguir teniendo la misma amistad?…… Sí, sí se puede si ambos están en sintonía y piensan de la misma forma. Esto me sucedió hace algunos años, en aquel tiempo tenía una buena amiga Adriana* con la que compartía mucho tiempo.

El mayor atractivo de mi mejor amiga eran sus enormes tetas. No exagero, eran grandes, voluminosas y tan blancas como ella misma, con pezones rosados pequeños pero puntiagudos, que se marcaban en su camiseta atrayendo mis ojos y despertando mis más oscuros deseos por probarlos.
Pero a pesar de que hablábamos de todo sin tapujos y hasta en doble sentido, Adriana siempre me repetía que yo para ella era -en sus palabras- asexual, pues me veía como su hermano, que me quería con ternura y no le despertaba el más mínimo deseo. Eso claro, llegaba a herir mi orgullo de hombre pues a todos nos gusta sentirnos deseados, admirados, aunque sepas que eso no pasará a mayores.
Pues mis amigos, las afirmaciones de Adriana causaron que me obsesionara por hacerle comer sus palabras, aquello era una mezcla de mis deseos ocultos por su cuerpo y las ganas de verla tener un húmedo orgasmo provocado por mí, su “tierno hermano”. Así inicié mi perverso plan… la haría desearme hasta que a gritos me pidiera que la penetrara.
Pues bien, los dos nos utilizábamos comúnmente como acompañantes de rumba, así que en una de esas salidas decidí actuar. Eran las 2 am y ya de regreso ninguno de los dos teñía sueño, sugerí entonces “inocentemente” a Adriana que compráramos una botella de ron y nos la tomáramos en su casa. A ella le gusto la idea y paramos a comprarla.
Esa noche, mi mejor amiga llevaba puesta una camiseta de Mickey Mouse y les juro que las orejas del ratón parecían hechas en 3D, gracias a sus grandes y apetitosas tetas. Ya en la sala de su casa, los vasos de ron se desocupaban rápido mientras hablábamos, y yo le decía lo mucho que me gustaba cómo se le veía la camiseta.

 Tenía que follarme a mi mejor amiga

Adriana se reía socarronamente, pero le gustaba sentirse deseada por su mejor amigo, además sabía de sobra lo hipersexual que soy. Tal vez por los tragos o por el cansancio ella se acostó en el sofá y me pidió que le acercara el vaso, al acercárselo pasé rozando su teta derecha con el dorso de mi mano y no dijo nada, solo dejo salir sin intención un pequeño suspiro que la delató. La suerte estaba echada, nuestra conversación se fue al tema sexual y comencé a alabarle esas hermosas tetas. Ella me decía que se me notaba como quería comérmelas con los ojos y sin siquiera pensarlo le propuse que me dejara tocárselas sobre la camiseta. Seria el efecto de los tragos pero Adriana no dudó mucho antes de responderme que las acariciara suavemente. Al tacto me sorprendió cómo la calidez que desprendían sus tetas traspasaba la tela, por fin estaba sintiendo la redondez de sus senos, era todo un sueño hecho realidad. Mis manos viajaban deslizándose despacio sobre aquellas turgentes montañas que dibujaban una perfecta curva, apenas interrumpida por sus prominentes pezones que ya despiertos se alzaban tentadores, imponentes como deseando romper aquella tela. Los labios de Adriana se abrieron un poco y su respiración aumentó un poco, mis caricias causaban los efectos deseados en ella. Mi boca se acercó a la suya y sin arrebatos comencé a besarla lento, con sensualidad más que con pasión para no desentonar con mis caricias.
Cada beso se hacía más algo que el anterior, nuestras lenguas se fundían en una sola boca de labios entrelazados. Mi mejor amiga besaba delicioso. Pero yo no perdía de vista mi objetivo, así que mientras disfrutaba de sus besos las yemas de mis dedos se apoderaron de sus pezones y haciendo círculos los pellizcaba suavemente, crecían entre mis dedos. De pronto, siento cómo la mano derecha de mi mejor amiga acaricia mi pierna  casi sin quererlo, subiendo lento hacia el bulto que crecía bajo mi cremallera. No fue difícil para ella encontrarlo con sus ojos cerrados, pues bajo la tela de mi pantalón se marcaba el palpitante volumen de mi sexo, despierto ahora solo para ella. Las manos de Adriana liberaron con habilidad a mi pene de su prisión de tela. Su tacto era cálido y su mano abraza con descaro el tronco venoso y rosado de mi sexo, la humedad que fluía desde la punta roja de mi verga le mojaba los dedos y facilita el movimiento cadente de su caricia desde la base hasta la punta.
Esta es la primera vez que pensé: “conque no te despertaba ningún deseo” y me sonreía al besarla. Decidí entonces subir su camiseta y acariciar sus tetas directamente, al descubrirlas tan suaves y cálidas no pude mas que seguir con mi boca lo que mis manos habían empezado, y pasé a chupar sus pezones como el dulce más esperado. Primero uno, luego los uní para meterlos al tiempo en mi boca. La punta de mi lengua acariciaba sus pezones, giraba dibujando su forma, sintiendo su textura rugosa, succionando hasta ponerlos rojos. Ahora, los ojos de Adriana permanecían cerrados y su boca abierta respirando jadeante sin parar de masturbarme.
Yo seguía besando, lamiendo, chupando esas desbordantes tetas que tanto había deseado, era un niño en una dulcería, y tras no sé cuánto tiempo en esas, mi mejor amiga musita las primeras palabras desde que habíamos empezado… “espera un momento”.
Quedé congelado, ella se levantó para subir al segundo piso dejándome en la sala con una tremenda erección que apuntaba al techo y la idea de que se había arrepentido de tener sexo con su mejor amigo. Pero no, ella se fue a cambiar y llegó en un pantalón de sudadera y una camiseta suelta. Como me encontraba sentado en la mitad del sofá, al llegar no dudo en poner sus piernas una a cada lado y sentarse sobre mi. El sexo ardiendo de Adriana quedo sobre mi verga apenas separados por la tela de su pantalón, así que no demoré en subir su camiseta y volver a sentir la piel blanca de sus tetas en mi rostro.
Mientras ella subía y bajaba sintiendo la punta empujando la tela, que ya comenzaba a mojarse, dentro de tu interior.  Baje mi mano por su espalda hasta meterse en su pantalón y descubrir que no llevaba ropa interior y que mis dedos podía jugar entre sus nalgas, hasta llegar a su hirviente vagina.
En ese camino pasé despacio mis yemas por su rosado ano, dando Adriana un pequeño brinco, luego me dirigí hacia sus labios vaginales. Explore entonces el interior de la Cuquita de mi mejor amiga con dos dedos, y al hacerlo ella me quería arrancar la lengua con su boca.
La sala de la casa de Adriana no tenía cortinas y se encontraba en el primer piso de la casa, así que desde la calle a esa hora de la madrugada nos podían ver perfectamente. Pero por mi parte eso le ponía mas sabor a lo que hacíamos, mientras que ella no creo que hubiera caído en la cuenta.
Con la arrechera de ambos en su máxima expresión, mis caricias en su cuquita no bajaban en intensidad, es mas cada vez más eran profundas y ahí escuche esas palabras que tanto deseaba que Adriana dijera: “no aguanto más, métemela de una vez” y, quién dijo miedo, le bajé el pantalón de un solo jalón, con algo de su ayuda por aquello de su posición sobre mí.
Mi mejor amiga se volvió a subir sobre mí, lista para cabalgarme. Así que agarré mi verga y le puse la punta entre los labios abiertos de su cuquita. Ahora, Adriana se dejó caer, clavándosela sola y sintiendo cómo mi tronco venoso y brillante abría su vagina, introduciéndome lentamente dentro de ella, hasta que mi sexo quedó incrustado desde la base hasta la punta dentro del suyo.
Mi mejor amiga inició un salvaje mete y saca brincando sobre mi verga, tragándosela por completo y sacándola cada vez más mojada en su lubricación. Nos mirábamos con morbo a los ojos, y yo, claro, con la satisfacción de haberla hecho caer en la tentación.
Mis manos abrían las grandes nalgas de Adriana para facilitar que mi verga le llegara más profundo y para controlar la velocidad de sus clavadas. Fue fácil aprovechar el desorden para deslizar mi dedo anular hasta la entrada de su apretado ano, y así comenzar a penetrarla con la primera falange en un masaje circular al ritmo del movimiento. Cuando ya tenía la mitad del dedo dentro del culo de mi mejor amiga podía sentir mi verga entrando en ella y en mi rostro sus enormes tetas dándome golpes en las mejillas. Era el paraíso, era el mismo infierno, era mi sueño más morboso hecho realidad.
En medio de la culiada que nos estábamos dando, lo siguiente que le escuché decir a Adriana entre gemido y grito fue: “Me voy a venirrrr”. Las contracciones de su vagina que me apretaban la verga, como queriendo chuparla hacia su interior, junto con su cara de arrechera hicieron que también me viniera a chorros contra las paredes de su vagina.
Al recobrarnos de aquel devastador orgasmo simultáneo mi mejor amiga y yo nos miramos un largo rato sin decirnos nada. Ahí estábamos los dos desnudos en el sofá de su sala, ella empotrada sobre mi, con mi cara entre sus enormes tetas y mi dedo anular enterrado en su culo. Una imagen que nunca hubiera soñado.
Con la complicidad mas íntima que alguna vez haya tenido con cualquier otra mujer en mi vida, nos dimos un beso húmedo y cargado de lujuria que ninguno de los dos quería terminar.
Y así, sin vestirnos subimos a su habitación y dormimos en cucharita hasta el otro día, cuando nos despertaron unos fuertes golpes en la puerta, era la mamá de Adriana que preguntaba enojada por el reguero de ropa que había en la sala y la mancha que decoraba la mitad del sofá.
* Nombre cambiado

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