Un polvo mientras trabajo

Hola, ¿qué tal estáis?, yo vengo super contento con lo que me ha ocurrido. Estábamos montando el cable de televisión en un piso. Hacia mucho calor, estábamos sudando mi compañero y yo, y al llegar a la altura de uno de los cuartos de baño vimos como entraba en él una chica.
Empezó a desnudarse, tenía un cuerpo de infarto, no podía apartar la mirada, ella se dió cuenta de que la podía ver, pero no le molestó, es más, yo diría que le gustaba.
Entró a la ducha y abrió el grifo, empezó a enjabonar su cuerpo, se sobaba las tetas y se tocaba el coňito. Yo no pude evitar empezar a empalmarme, ¡joder que buena estaba!.
Me miro y sonrió, -¿quieres pasar?-, me dijo.
-Me encantaría pero nunca dejo a mí compaňero solo-, contesté.
-Entiendo, pues pasad los dos si queréis-.
¡Joder!, me corrió un escalofrío por todo el cuerpo y nos dijimos, esto no podemos dejarlo escapar. Así que entramos de un salto y entramos con ella en la baňera.
-Voy a lavarme- le dije, y ella me dijo -Ni se te ocurra, quiero saborear tal y como estas, me encanta cuando el chico está sudado, así puedo de verdad sentir su sabor-.

Empecé a besarla mientras le cogía las tetas, que par de tetas más lindas. Mi compañero se agachó y empezó a chuparle el culito, eso a el le encanta. Yo moje mis dedos y empecé a acariciar su clítoris, luego le metí dos dedos en la vagina y los movía en círculos, ella empezó a gemir.
-Estoy muy mojada chicos, a ver que tenéis para mi-. Se arrodilló y sacamos nuestras pollas que estaban ya soltando líquido preseminal. Empezó a hacernos unas pajas a la vez que nos chupaba los huevos, era una chica que le encantaba mamar, eso lo notamos enseguida. Se las metía entera en la boca, las chupaba como una puta.
-Quiero que me folléis los dos ahora mismo-, el se tumbó y ella se sentó sobre su polla, se la metió por el culito, se inclinó hacia atrás abriéndose de piernas mientras me miraba, -Venga es todo tuyo, cógeme-, me arrodille y se la metí hasta el fondo, le chupaba las tetas y le encantaba. Los dos le estábamos dando fuerte y rápido, nunca he visto disfrutar tanto a una mujer follando.

-Quiero que os corráis juntos dentro de mi, que me llenéis con vuestra leche calentita y pueda sentirla dentro de mi, eso me vuelve loca, ¡vamos chicos no esperéis más!-, pues allí vamos nena, toma toda para ti joder, -¡uh!, ¡oh! ¡ah!, dios que gustazo nena-.

Terminó besándonos a los dos juntos, que polvazo más bueno, sin esperarlo. Son los mejores.

La entrada Un polvo mientras trabajo aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Mientras te follas a tu jefe

El plan era perfecto. Las obras en la oficina habían dado la excusa para colocar aquel pequeño escondite en la oficina de tu jefe. A la hora acordada, me cuelo en ese pequeño rincón y observo a través del espejo falso, listo para el espectáculo…

Tu jefe está sentado en su silla según entras. No puedo dejar de admirarte, andando sobre tus tacones, meneando ese culito perfecto dentro de tu falda negra de tubo, mientras tus tetas están solo retenidas por tu blusa blanca, ligeramente abierta, mostrando ese maravilloso escote. Dejas unos papeles sobre la mesa, echando tu culito hacia atrás, haciendo que tu jefe no pueda sino percatarse de su maravillosa forma. Te acercas un segundo al espejo, con la excusa de atusarte el pelo. Aunque no me veas, sabes que estoy al otro lado, observándote. Desde detrás del cristal de tus gafas de bibliotecaria me echas esa mirada de loba en celo que tanto sabes que me pone y relames tus labios. Comienza el juego.

Tu técnica es admirable. Con la excusa de que te enseñe cómo hacer un Excel, te acercas más a él. Sabes que te ha mirado anteriormente, que ha posado su mirada sobre tus curvas, intentando disimular, pero incapaz de que no se notara su excitación. Casi sin querer, un dedo te roza una teta, y tú sonríes descarada. Te desabrochas otro botón de la blusa, tus tetas amenazan con salirse de la misma. ¿Estará tu jefe tan excitado como yo ahora mismo? Acaricio el bulto que se forma en mi pantalón, y pienso en lo mucho que disfrutas con lo que se oculta debajo. Mi mente se escapa un instante a esas noches en un hotel escondido, en tus gritos de placer mientras te follaba en el balcón, a la vista de los vecinos, pidiéndome más…

Pero vuelvo al presente, al espectáculo que me ofreces ahora. Has pasado al siguiente nivel, y tu mano se posa repentinamente en el paquete de tu jefe. Durante todo este tiempo te ha creído una mosquita muerta. Es hora de que descubra a la gata viciosa que tan bien conozco. Su cara es un poema, no sabe qué esperar. Es casi incapaz de reaccionar cuando bajas su cremallera, y sacas su polla, bien erecta, de su pantalón. Casi sin articular palabra, la comienzas a lamer, lentamente, recorriendo el falo desde la pinta hasta la base, sin parar. Oigo tus suaves gemidos mientras lo haces. ¿Te excita el sabor de la polla de tu jefe? ¿O es tal vez el saber que te estoy mirando mientras te comes esa verga, a escasos metros, oculto, y poniéndome más y más cachondo? Casi respondiendo a mis preguntas, colocas tu culito cara a mí, y levantas tu falda. Tu tanga se hunde en tu sexo, empapado de tus jugos. Eres tan viciosa… Has estado pensando antes en esta situación, ¿verdad? Te has calentado tanto antes siquiera de empezar que has tenido que masturbarte usando tu propia ropa interior. Veo cómo te follas a tu jefe metiéndote su polla en la boca, poco a poco, desde la punta, y centímetro a centímetro dejar que se cuele entre tus labios. Acaricio mi verga, abriendo mi cremallera, mientras casi puedo notar la humedad de tu saliva, los movimientos de tu lengua sobre ella. Y entonces veo que apartas la tela sobre tu coño, mostrando que no solo has jugado con tu tanga en él, sino que además llevas metidas tus bolitas. Juegas con ellas, las empujas y mueves disimuladamente mientras tu jefe no deja de gemir mientras le haces la mamada de su vida. Las sacas, una a una, disimuladamente, mientras pegas un pequeño gritito de placer al salir cada una, y luego las ocultas en un rincón bajo la mesa, que no las vean.

Te das la vuelta, ofreciendo tu coñito a tu jefe, apoyándote sobre la mesa, tus tetas ya desnudas de cara a donde me encuentro. Te relames y me guiñas un ojo disimuladamente, mientras tu jefe se incorpora y empieza a meter su polla en tu coño, poco a poco, cada vez un poco más fuerte, un poco más rápido. Gimes, más fuerte, más y más y más, relamiéndote, disfrutando de todo aquello. Tu mirada se clava en la mía a través de ese falso cristal, con un mensaje claro: “Todo esto es para ti… esta excitación, este placer, son todo tuyos”. Mi pene está en mi mano, lo masturbo al ritmo de tu follada, incapaz de contenerme. Mueves tus caderas, clavándote la polla de tu efe aún más dentro, mientras él no deja de gemir cada vez más fuerte. Eres magnífica, capaz de darle a cualquier hombre un placer que nunca ha conocido.

Tu jefe se envalentona. La saca de tu coño y amaga meterla en tu culo. Pero tú le frenas. La sujetas con tu mano, la acaricias delicadamente y la vuelves a meter en tu almejita empapada. Sonrío ante esto y me recuerdo destrozando tu ano mientras gritas, mientras juras que ese agujerito es solo mío, que nadie más va a penetrártelo, a reventarlo, hasta hacerte chillar de placer y dolor. Nunca sabrá tu jefe de la estrechez del mismo, de cómo te da tanto placer y dolor que no puedes dejar de gritar…

Te levantas, y avanzas hacia el espejo tras el que me escondo, todavía con tus taconazos puestos, y te aprietas contra el mismo, tus tetas a centímetros de mí. Tu jefe acepta la invitación y te folla entrando por detrás en tu coño, mientras oigo tus gemidos casi a mi lado. Está a punto de reventar y se le nota en la cara. Tú también estás a punto, puedo notarlo, en tus gemidos, en tu respiración… Acelero mi masturbación, acompasándola a tu ritmo. Me acerco más al espejo. Clavo mi mirada en la tuya a través del cristal. Sé que me miras. Que me imaginas al otro lado masturbándome por ti. A punto de reventar. Susurro, casi deseando que me oigas “esto es para ti, mi gata… mi viciosa… mi zorra…” Tu boca abierta, gimiendo… tu lengua relamiendo tus labios… el sonido de tu excitación… No aguanto más, y mientras de tu garganta sale un grito de placer, de clímax, exploto en mi escondite, me vacío sobre el cristal que nos separa, llenándolo de mi semen, caliente y espeso, cubriéndolo entero. Tu jefe se aparta, también reventado por un orgasmo brutal. Se gira, y mientras no te mira, besas el espejo, lo lames y me sonríes de nuevo.

Una vez no hay nadie en el despacho, salgo y busco bajo la mesa de tu jefe. Encuentro tus bolitas. Las voy a guardar… pero antes las lamo, saboreando tu delicioso coño en ellas. Me retiro hacia la zona donde hemos quedado, pero antes de que llegue, recibo un mensaje. Es un video tuyo, dentro del escondite, frente al cristal, lamiendo cada gota del semen de mi corrida anterior, disfrutándolo. Nos vamos a ver en unos minutos y entonces podrás volver a probarlo, a llenarte de él …