Aventuras sexuales de un ingeniero: sexo en el carro

Queridos Cofrades: Me animé a escribir este relato erótico de mis aventuras sexuales después de varios años, después de leer varios temas y experiencias de aventuras sexuales en esta página de relatos XXX, este relato porno es 100% verdadero, además de declararme como un gran fanático de Golosisima, nuestra gran forista, decidí escribirle a la cofradía mis aventuras. Espero irContinuar leyendo »

La entrada Aventuras sexuales de un ingeniero: sexo en el carro aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Orgía en clase: Actividades extraescolares (1)

La orgía de un conserje… Llevaba trabajando como conserje en aquel centro de estudios para mayores casi siete años, siendo de natural solitario y silencioso. Viendo a profesores y alumnos ir y venir sin darle demasiado apego a aquel trabajo, que a fin de cuentas me había caído casi a modo de caridad, ya que para poco más parecía servir aContinuar leyendo »

La entrada Orgía en clase: Actividades extraescolares (1) aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Sexo oral en el Aula A5

Mis días en el instituto eran sumamente agradables, sobre todo cuando por fin pude tener sexo oral en el aula con Andrea…
Hice lo usual: levantarme, ducharme y vestirme e ir al colegio… y ahora me veo en el aula A5 vacía esperando a que la reunión de apertura de inicio de clases comenzara nunca entraba a dichas aperturas siendo una pérdida de tiempo. Allí estaba, un chico de 18 años común y corriente.
Pasaron 10 minutos y miré cómo la puerta se iba abriendo, para mirar el cuerpo bien formado de mi compañera de clases Andrea. Alta, cabello castaño y ojos color miel, una sensual boca y un enorme culo, y no hablemos de sus pechos…
No me inmuté, y me quedé mirándola, tenía una hora para jugar con ella. Andrea se acercó y se sentó en la mesa, sonreí al verla. Poco a poco se giró hacia mí colocando sus piernas a cada lado del borde de la mesa dándome una vista clara de sus bragas. Mis manos se colocaron en sus piernas acercándola más a mí. Subí su falda poco a poco viendo cómo daba un leve respingo.

Sexo oral en el aula a Andrea

Incliné mi rostro hasta sus piernas y besé poco a poco su blanca piel, ella se estremeció un poco ante tal acto. Mis manos se deslizaban a los costados de sus piernas subiendo poco a poco hasta sentir sus braguitas… y las fui bajando lentamente, ella no puso objeción ante ello. Moví mi rostro metiéndome en su falda hasta sentir la calidez que emanaba su intimidad. Empujé suavemente su cuerpo hacia atrás, sus codos estaban sobre la mesa reclinada hacia ella. Subí un poco su falda y la miré. Ella estaba sonrojada.
La miré mientras bajaba mi rostro y posaba mis labios sobre la tela de sus braguitas, de donde emanaba esa calidez… moví mis labios sobre su vagina a través de la tela haciendo que ella liberara algún que otro suspiro haciendo que esa calidez aumentase… Necesitaba hacerle sexo oral en el aula a mi compañera.
Con los pulgares separé sus labios mayores y metí mi lengua entre los pliegues de la tela sintiendo do su botón cálido. La tela de sus bragas se iba humedeciendo. Un leve “Aaahh” salía de su hermosa boca. Hundí más mi rostro y con esto metí más mi lengua moviéndola frenéticamente. Ella no paraba de suspirar y eso me encantaba.
Bajé sus bragas hasta sus tobillos, y miré con lujuria su sexo. “¡Deja de mirarlo, pervertido!”-dijo ella calmando su respiración. Tomé sus piernas acercándola más y más a mí, su rostro era una combinación de deseo y algo de pánico.
Pero fue más de placer cuando hundí mi rostro en su intimidad, moviendo mi lengua entre los labios vaginales de ellas tortuosamente lento. “Ahhhh Desmont” y acto seguido –me cogió del cabello. Moví mi lengua sobre el capullo de su clítoris masajeándolo, lubricando más su botoncillo. Ella respondía con leves suspiros y gemidos ahogados cuando ejercía un poco de presión sobre su clítoris.
Empecé a sentir sus jugos haciendo más fácil la tarea de estimularle. Ella tomaba de mis cabellos alejándome de su sexo… pero yo la tenía bien sujeta de sus piernas, haciendo imposible alejarme.
Chupé fuerte su clítoris, y su cadera se movió sola, viendo cómo empezaba a sufrir espasmos, allí en ese momento metí mi lengua dentro de ella y exploré de forma frenética moviendo mi lengua rápidamente dentro de ella. Enterrando un poco sus uñas en mi cabeza. “Des.. ya… para… ya… m~me voy a venir… por.. favor paraaa” su cadera se movía frenética sobre mi boca, movía mi cabeza sobre su sexo de manera vulgar… “Nnghh… Nnnhgg” su voz se iba agudizando, cerró sus ojos mientras mordía su labios inferior “Mmmmm….” chupé su clítoris “Aaahhhh.. ahhhhh… ya… para… Ah.. ah. Aaaahhhhhh!!” Su cadera se movía libremente mientras sentía sus jugos en mi boca…
Me separé de su sexo, tomando aire del trabajo que había hecho… ella por su parte trataba de calmar su respiración, su pecho subía y bajaba, notándose en su blusa sus pezones erectos…aún su cadera se movía, y sus piernas temblaban de vez en cuando como un tic nervioso… “Eres… un…Pervertido…” susurró, quedándose en la mesa, con sus bragas aún por los tobillos…

La entrada Sexo oral en el Aula A5 aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Sexo con mis profesoras favoritas: Araceli y Marisa

Empezaba un día como otro cualquiera: por la tarde tuve clases particulares como cada semana. Llegué el primero antes que ellas.
Araceli llegó antes que Marisa, mientras que me saludaba, se puso en cuclillas para abrir la trampilla de la academia, cuando llegó Marisa y me saludó.
Ese día estaba yo y tenía dos horas seguidas clases particulares si ningún alumno, así que tanto Araceli como Marisa me dieron las clases en la misma aula.
Pasada una media hora de clase más o menos, Araceli se levantó de la silla, y me quedé mirándola varias veces de arriba a abajo. Llevaba unas sandalias, unos shorts y una camiseta de tirantes mientras que Marisa, llevaba un vestido con estampados. Nada hacía presagiar que tendría sexo con mis profesoras favoritas, así que hicimos un pequeño descanso cuando llegamos a la hora de clase cuando Marisa se levantó a buscar mi ficha y se puso en cuclillas, entonces, inmediatamente, le pregunté que si alguna vez Araceli le había tocado el culo inconscientemente, me dijo que por qué le preguntaba eso y le respondí que simplemente era mera curiosidad. Al cabo de unos segundos entró Araceli de nuevo a la clase y dejamos el tema, no dejaba de darle vueltas a esa pregunta, así que dejé la clase y hablé con las dos aprovechando que estaban en ese momento conmigo en el aula. Me levanté de la silla cuando, tanto Araceli como Marisa, se fijaron disimuladamente en que tenía el pene erecto. Más tarde, me dejaron las dos y se fueron al almacén. Entonces, escuché toda la conversación, pudiendo oír a Marisa:
¿Has visto cómo tenía Raúl el pene? -No pude escuchar la respuesta porque acto seguido empezaron a imprimir una hoja.

Sexo con mis profesoras favoritas sin esperármelo

Cuando ya me iba a mi casa, me dijeron que si podía hablar con ellas un momento y les dije que no tenía prisa. Me dijeron que entrase en el almacén y esperase. Araceli entró en el baño junto con Marisa, algo que me extrañó un poco. Cuando salieron las dos del baño, se sentaron cada una a un lado mío y me dijeron que si estaba cómodo. Me puse de pie cuando me dijeron que me quitara toda la ropa, les hice caso e hice lo que me dijeron.
Unos segundos más tarde, ambas se quedaron asombradas y me empezaron a tocar el pene, tanto Marisa como Araceli. Araceli se quitó los shorts y la camiseta de tirantes, y se quedó en ropa interior; me preguntó que si me gustaba lo que estaba viendo, y le dije que me encantaba, entonces, acto seguido, Marisa hizo la misma operación que Araceli.
Una vez que las dos estaban en ropa interior, se quitaron lo que le quedaba, Marisa aprovechando que Araceli se había puesto en cuclillas para hacerme una mamada, le hizo un dedo por la vagina mientras que Marisa me daba un beso. Más tarde, le metí el pene a Marisa por la vagina no sin antes mirarle de arriba a abajo y sonreírle, tenía la vagina completamente depilada y me preguntó que si me estaba gustando lo que veía, contestándole yo muy sorprendido que me encantaba. Un rato después de estar teniendo sexo con mis profesoras favoritas, Araceli y Marisa se pusieron las dos en cuclillas frente a mí, mientras que me hacía una paja. Finalmente, terminé de tener sexo con mis proresoras favoritas eyaculando sobre la cara de Marisa y sobre los pechos de Araceli para terminar dándome un beso tanto Marisa como Araceli.

La entrada Sexo con mis profesoras favoritas: Araceli y Marisa aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Primera mamada de mi amor platónico

Donde vivía en aquel entonces, cuando me sucedió lo que a continuación viene, cerca de mi casa moraba una chica en extremo hermosa, cada vez que por casualidad de la vida, la veía pasar, era como si el tiempo se detuviera, todo alrededor de ella dejaba por unos instantes de existir y no podía apartar mi mirada de ella. No era una mirada morbosa, era puramente de admiración, su piel blanca, su cabello ondulado, su forma de saludar a los demás, y esa sonrisa tan espectacular, brillante y radiante como el sol. La chica es todavía un monumento digno de enmarcar y admirar eternamente. No son exageraciones, es el texto literal de lo que se producía en mí cuando la veía pasar. Además de estos atributos subjetivos, físicamente tenía todo, absolutamente todo lo que un hombre podría desear. Sobe todo por su trasero: perfecto, redondo y levantadito, firme, hermoso desde cualquier ángulo, traseros así solo se ven en televisión o en gimnasios donde hay modelos.

Lo cierto es que esa chica me intimidaba demasiado, y ella ni sabía que yo existía, ni se daba cuenta de que la admiraba, o al menos eso siempre creí. Un día me atreví a escribirle, lo hice anónimamente por una de estas redes donde puedes hacer preguntas sin que sepas quién eres. Me gustaba cada cosa que respondía: era bella y de paso me atraía intelectualmente. Cada vez yo era más explícito acerca de lo que me causaba cuando la veía pasar y ella comenzó a indagar acerca de mi identidad, de quién era yo, de dónde la había visto… Entonces, un día le escribí por otra red social, pero abiertamente, con mi foto de perfil, lo cual a ella le agradó, y a mí pues mucho más, pues cada segundo que conversaba con ella lo disfrutaba con todo mi ser.

Primera mamada a través de una reja…

ELLA FUE MI PRIMERA VEZ. Nunca había tenido una conversación de tono erótico, y fue con esta asombrosa chica con la cual experimenté el más alto grado de excitación sin tocarse físicamente, era como si en cada letra estuviera realmente concentrado lo que sentíamos, y lo transmitíamos con fuerza a través de los textos. Tanto fue así, que el primer día que nos vimos en persona y hablamos no pudimos contenernos, era ya entrada la noche y ella me dijo que fuese a su casa, así hice y llegué hasta donde ella estaba, abrió la puerta, pero no la reja, solo podía meter mis brazos para abrazarla a través del metal de la reja, así, viéndola de cerca era mucho más hermosa que de lejos, mucho más real, mucho más perfecta. La abracé y nos besamos apasionadamente, como si no hubiese un mañana, mis manos bajaron hasta su trasero y fue la gloria, justo como lo había imaginado, duro, suave en la piel, lindo, mas allá de lo que había soñado. Los besos fueron tan intensos que era necesario más, quería abrir la reja y hacerla mía allí enfrente de la casa, pero no se podía. Sin embargo, mi pene estaba a todo dar y ella lo notó, así que lo tomó con su mano y lo sacó de donde estaba atrapado, se arrodilló y, metiéndolo a través de la reja, lo llevó a sus labios y lo chupó, regalándome la primera mamada.

Todo lo que antes habíamos hablado estaba volviéndose realidad, saliendo de los sueños y saltando a nuestra noche, era majestuosamente increíble, sus labios, sus ojos mirándome, todo ese deseo que me transmitía, casi me hizo acabar con esta primera mamada de ensueño, pero le dije que no lo hiciera y volvió a mis labios y nos besamos más y más hasta que ya tuve que irme a casa. Y esa fue la primera vez que nos sentimos, que nos tocamos, y fue como un sueño hecho realidad. Algo que creía imposible se hizo realidad.

¡¡¡Posterior a esta primera mamada han sucedido algunas cosas épicas!!!

 

La entrada Primera mamada de mi amor platónico aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Primera mamada de mi amor platónico

Donde vivía en aquel entonces, cuando me sucedió lo que a continuación viene, cerca de mi casa moraba una chica en extremo hermosa, cada vez que por casualidad de la vida, la veía pasar, era como si el tiempo se detuviera, todo alrededor de ella dejaba por unos instantes de existir y no podía apartar mi mirada de ella. No era una mirada morbosa, era puramente de admiración, su piel blanca, su cabello ondulado, su forma de saludar a los demás, y esa sonrisa tan espectacular, brillante y radiante como el sol. La chica es todavía un monumento digno de enmarcar y admirar eternamente. No son exageraciones, es el texto literal de lo que se producía en mí cuando la veía pasar. Además de estos atributos subjetivos, físicamente tenía todo, absolutamente todo lo que un hombre podría desear. Sobe todo por su trasero: perfecto, redondo y levantadito, firme, hermoso desde cualquier ángulo, traseros así solo se ven en televisión o en gimnasios donde hay modelos.

Lo cierto es que esa chica me intimidaba demasiado, y ella ni sabía que yo existía, ni se daba cuenta de que la admiraba, o al menos eso siempre creí. Un día me atreví a escribirle, lo hice anónimamente por una de estas redes donde puedes hacer preguntas sin que sepas quién eres. Me gustaba cada cosa que respondía: era bella y de paso me atraía intelectualmente. Cada vez yo era más explícito acerca de lo que me causaba cuando la veía pasar y ella comenzó a indagar acerca de mi identidad, de quién era yo, de dónde la había visto… Entonces, un día le escribí por otra red social, pero abiertamente, con mi foto de perfil, lo cual a ella le agradó, y a mí pues mucho más, pues cada segundo que conversaba con ella lo disfrutaba con todo mi ser.

Primera mamada a través de una reja…

ELLA FUE MI PRIMERA VEZ. Nunca había tenido una conversación de tono erótico, y fue con esta asombrosa chica con la cual experimenté el más alto grado de excitación sin tocarse físicamente, era como si en cada letra estuviera realmente concentrado lo que sentíamos, y lo transmitíamos con fuerza a través de los textos. Tanto fue así, que el primer día que nos vimos en persona y hablamos no pudimos contenernos, era ya entrada la noche y ella me dijo que fuese a su casa, así hice y llegué hasta donde ella estaba, abrió la puerta, pero no la reja, solo podía meter mis brazos para abrazarla a través del metal de la reja, así, viéndola de cerca era mucho más hermosa que de lejos, mucho más real, mucho más perfecta. La abracé y nos besamos apasionadamente, como si no hubiese un mañana, mis manos bajaron hasta su trasero y fue la gloria, justo como lo había imaginado, duro, suave en la piel, lindo, mas allá de lo que había soñado. Los besos fueron tan intensos que era necesario más, quería abrir la reja y hacerla mía allí enfrente de la casa, pero no se podía. Sin embargo, mi pene estaba a todo dar y ella lo notó, así que lo tomó con su mano y lo sacó de donde estaba atrapado, se arrodilló y, metiéndolo a través de la reja, lo llevó a sus labios y lo chupó, regalándome la primera mamada.

Todo lo que antes habíamos hablado estaba volviéndose realidad, saliendo de los sueños y saltando a nuestra noche, era majestuosamente increíble, sus labios, sus ojos mirándome, todo ese deseo que me transmitía, casi me hizo acabar con esta primera mamada de ensueño, pero le dije que no lo hiciera y volvió a mis labios y nos besamos más y más hasta que ya tuve que irme a casa. Y esa fue la primera vez que nos sentimos, que nos tocamos, y fue como un sueño hecho realidad. Algo que creía imposible se hizo realidad.

¡¡¡Posterior a esta primera mamada han sucedido algunas cosas épicas!!!

 

La entrada Primera mamada de mi amor platónico aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

La mamada que la practicante me dio en la oficina

La mamada que contaré en este relato erótico me la dio una joven muy hermosa a la que le daremos el nombre de ESTHER, de 25 años la cual llegó el año pasado a la oficina donde yo trabajo a realizar su práctica profesional de la universidad… 😈 . Recién llegué a la oficina después de varias reuniones, al llegar a la recepción la miré detenidamente… wawww una chica con cuerpo bien definido, no de gran altura, pero usaba zapatos altos y la hacían notar muy elegante, ojos negros y muy sensuales, labios carnosos y provocativos… Bueno, la mujer con la que siempre he soñado cumplir mis fantasías 😆

Ese día subí a mi oficina y pensé que solo sería esa única vez en que vería a esa hermosa mujer… Pasó una semana y en una reunión de equipo mi jefe presento a ESTHER ante las y los demás compañeros, en ese momento dije por fin contratan a mujeres hermosas en la oficina, luego se nos informo que estaría realizando su practica en Pedagogía y que estaría bajo mi cargo… En ese momento no cabía de la alegría tan solo imaginarme estar cerca de esta hermosa mujer… Pues nos reunimos para coordinar los trabajos e intercambiamos números de celular, por las noches mensajeábamos de manera muy pícara, hasta que un día me armé de valor y le dije que me gustaba desde el primer momento en que la vi que llegó a la oficina. Pensé en ese momento que se había enojado y al día siguiente no hallaba cómo poder verla a la cara, y más porque teníamos que trabajar en un proyecto.

Llegué primero a nuestra oficina, que queda en la segunda planta de la empresa con vista a las gradas donde transitaban otros compañeros… Al fin ella llegó y me saludó normal con un beso en la mejilla y nos pusimos a trabajar; cuando pensé que no habría ninguna reacción de la plática de la noche anterior por mensaje, ella me miró fijamente y me dijo que si era capaz de decirle de frente y en persona lo que había escrito por mensaje. No acostumbro a ponerme nervioso, pero ESTHER me ponía hasta helado el cuerpo y al mismo tiempo caliente de deseo. Respondí que con gusto se lo decía; le dije que me encantaba, que me gustaba y que era el tipo de mujer con la que no pensaría dos veces tener algo… ¡Wawww se lo dije y no lo podía creer! Ella se me quedó mirando fijamente y con una sonrisa me dijo:

-¿En serio? Pues usted a mí también me gusta, y el día en que lo vi en la recepción me lo comí con los ojos e hice de todo con usted.

Demonios, al oír eso mi mente pensó en muchas cosas que me hizo con la mente, y no tardó en que se me notar en mi pantalón de tela que mi verga estaba bien parada, a lo que ella miró y me dijo:

-Veo que mi amiguito está emocionado…

A lo que respondí:

-Sí, es que teniendo a una mujer tan cerca y sabiendo que ambos nos gustamos no hay manera de controlarlo…

Una mamada interrumpida, pero mamada monumental

Ella se rió y me dijo que si sería capaz de enseñárselo… Se imaginarán cómo me puse yo, ya que eran las 10:00 de la mañana, estábamos en la empresa y en mi oficina y se veía desde mi escritorio cómo los compañeros pasaban por las gradas solo separados por una pared y una ventana de vidrio. Me armé de valor y en mi mente me dije “no es posible que te vayas a echar para atrás, si al fin ya había hecho lo más difícil”.

Le contesté que sí sería capaz de enseñárselo, por lo que nos fuimos a un rincón de mi oficina, donde nadie nos miraría, pero yo sí podría ver lo que pasaba a mi alrededor y estar pendiente por si alguien llegaba.

Me bajé la cremallera del pantalón, saqué mi verga y ella quedó asombrada diciéndome:

-Qué rica pija, se ve que la maneja muy cuidada, será que me deja tocarla…

Yo con ganas de hacer más le dije que sí, que no había problema. Me empezó a masturbar de arriba abajo mientras yo veía que se le hacía agua la boca, miraba las ganas de preguntarme si me la podía chupar… pues tuve que decirle yo si quería darle un besito… ni terminé de decírselo cuando ya la tenía toda dentro de su boca, regalándome una mamada espectacular: sacándola y metiéndola una y otra vez, pasando su lengua por la punta saboreando el juguito que me salía de la excitación. A todo esto la oficina seguía como si nada estuviera pasando, miraba a las y los compañeros pasar mientras debajo de mi cintura había una fiesta. No tardé mucho en tocar sus pechos ricos. No eran aquellos grandes pechos, pero sí que estaban bien paraditos, y sus pezones resaltaban el color rosadito a los que mordí suavemente mientras ella gemía. Deslicé mi mano por debajo de su falda y sentí un gran charco de humedad; me las ingenié para hacer a un lado su cachetero mientras ella mamaba verga y empecé a masturbarla. Estaba tan excitada, que en cuestión de tres minutos tuvo un orgasmo que perdió el control y me pegó una mordida fuerte, pero rica, en mi verga.

Cuando me animé a darle vuelta para bajarle su cachetero y empezar a cogerla nos llamaron por los altavoces para atender a unas visitas… “¡Qué mala suerte!”, le dije; a lo que ella me respondió preguntándome por cuáles eran mis planes para esa noche. Respondí diciéndole que lo que más quería era ir a hacerle el amor como nunca lo había hecho en mi vida… Planificamos vernos a las 8:00 de la noche, cuando yo pasaría a recogerla por su casa y luego a ver qué pasaba.

Lo que pasó en esa salida os contaré en otro relato erótico.

Saludos.

 

La entrada La mamada que la practicante me dio en la oficina aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

La mamada que la practicante me dio en la oficina

La mamada que contaré en este relato erótico me la dio una joven muy hermosa a la que le daremos el nombre de ESTHER, de 25 años la cual llegó el año pasado a la oficina donde yo trabajo a realizar su práctica profesional de la universidad… 😈 . Recién llegué a la oficina después de varias reuniones, al llegar a la recepción la miré detenidamente… wawww una chica con cuerpo bien definido, no de gran altura, pero usaba zapatos altos y la hacían notar muy elegante, ojos negros y muy sensuales, labios carnosos y provocativos… Bueno, la mujer con la que siempre he soñado cumplir mis fantasías 😆

Ese día subí a mi oficina y pensé que solo sería esa única vez en que vería a esa hermosa mujer… Pasó una semana y en una reunión de equipo mi jefe presento a ESTHER ante las y los demás compañeros, en ese momento dije por fin contratan a mujeres hermosas en la oficina, luego se nos informo que estaría realizando su practica en Pedagogía y que estaría bajo mi cargo… En ese momento no cabía de la alegría tan solo imaginarme estar cerca de esta hermosa mujer… Pues nos reunimos para coordinar los trabajos e intercambiamos números de celular, por las noches mensajeábamos de manera muy pícara, hasta que un día me armé de valor y le dije que me gustaba desde el primer momento en que la vi que llegó a la oficina. Pensé en ese momento que se había enojado y al día siguiente no hallaba cómo poder verla a la cara, y más porque teníamos que trabajar en un proyecto.

Llegué primero a nuestra oficina, que queda en la segunda planta de la empresa con vista a las gradas donde transitaban otros compañeros… Al fin ella llegó y me saludó normal con un beso en la mejilla y nos pusimos a trabajar; cuando pensé que no habría ninguna reacción de la plática de la noche anterior por mensaje, ella me miró fijamente y me dijo que si era capaz de decirle de frente y en persona lo que había escrito por mensaje. No acostumbro a ponerme nervioso, pero ESTHER me ponía hasta helado el cuerpo y al mismo tiempo caliente de deseo. Respondí que con gusto se lo decía; le dije que me encantaba, que me gustaba y que era el tipo de mujer con la que no pensaría dos veces tener algo… ¡Wawww se lo dije y no lo podía creer! Ella se me quedó mirando fijamente y con una sonrisa me dijo:

-¿En serio? Pues usted a mí también me gusta, y el día en que lo vi en la recepción me lo comí con los ojos e hice de todo con usted.

Demonios, al oír eso mi mente pensó en muchas cosas que me hizo con la mente, y no tardó en que se me notar en mi pantalón de tela que mi verga estaba bien parada, a lo que ella miró y me dijo:

-Veo que mi amiguito está emocionado…

A lo que respondí:

-Sí, es que teniendo a una mujer tan cerca y sabiendo que ambos nos gustamos no hay manera de controlarlo…

Una mamada interrumpida, pero mamada monumental

Ella se rió y me dijo que si sería capaz de enseñárselo… Se imaginarán cómo me puse yo, ya que eran las 10:00 de la mañana, estábamos en la empresa y en mi oficina y se veía desde mi escritorio cómo los compañeros pasaban por las gradas solo separados por una pared y una ventana de vidrio. Me armé de valor y en mi mente me dije “no es posible que te vayas a echar para atrás, si al fin ya había hecho lo más difícil”.

Le contesté que sí sería capaz de enseñárselo, por lo que nos fuimos a un rincón de mi oficina, donde nadie nos miraría, pero yo sí podría ver lo que pasaba a mi alrededor y estar pendiente por si alguien llegaba.

Me bajé la cremallera del pantalón, saqué mi verga y ella quedó asombrada diciéndome:

-Qué rica pija, se ve que la maneja muy cuidada, será que me deja tocarla…

Yo con ganas de hacer más le dije que sí, que no había problema. Me empezó a masturbar de arriba abajo mientras yo veía que se le hacía agua la boca, miraba las ganas de preguntarme si me la podía chupar… pues tuve que decirle yo si quería darle un besito… ni terminé de decírselo cuando ya la tenía toda dentro de su boca, regalándome una mamada espectacular: sacándola y metiéndola una y otra vez, pasando su lengua por la punta saboreando el juguito que me salía de la excitación. A todo esto la oficina seguía como si nada estuviera pasando, miraba a las y los compañeros pasar mientras debajo de mi cintura había una fiesta. No tardé mucho en tocar sus pechos ricos. No eran aquellos grandes pechos, pero sí que estaban bien paraditos, y sus pezones resaltaban el color rosadito a los que mordí suavemente mientras ella gemía. Deslicé mi mano por debajo de su falda y sentí un gran charco de humedad; me las ingenié para hacer a un lado su cachetero mientras ella mamaba verga y empecé a masturbarla. Estaba tan excitada, que en cuestión de tres minutos tuvo un orgasmo que perdió el control y me pegó una mordida fuerte, pero rica, en mi verga.

Cuando me animé a darle vuelta para bajarle su cachetero y empezar a cogerla nos llamaron por los altavoces para atender a unas visitas… “¡Qué mala suerte!”, le dije; a lo que ella me respondió preguntándome por cuáles eran mis planes para esa noche. Respondí diciéndole que lo que más quería era ir a hacerle el amor como nunca lo había hecho en mi vida… Planificamos vernos a las 8:00 de la noche, cuando yo pasaría a recogerla por su casa y luego a ver qué pasaba.

Lo que pasó en esa salida os contaré en otro relato erótico.

Saludos.

 

La entrada La mamada que la practicante me dio en la oficina aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

En el coche

Quité el contacto del coche y se apagaron las luces. La única iluminación que teníamos era la de la luna, que aunque sin estar llena, hacía que la visibilidad en el interior del coche fuera más de la deseada.
Lo habíamos hablado varias veces y nunca nos habíamos decidido a hacerlo, ni en la época de nuestros inicios, cuando no teníamos lugar para bajar la calentura que nos entraba cuando quedábamos para vernos. Nunca, quizás una vez, habíamos utilizado el coche para disfrutar el uno del otro y tras varios años juntos y después de una cena bañada por un par de botellas de vino, nos decidimos medio en broma medio en serio a coger el coche y plantarnos en el campo, entre los árboles, en un lugar en el que las parejas, más jóvenes que nosotros, solían frecuentar para desfogar sus tensiones y deseos.

Bajamos del coche y tras echar hacia adelante los asientos delanteros pasamos a la parte de atrás. Tan pronto nos acomodamos en la parte trasera nos miramos y nos comenzamos a besar juntando nuestras lenguas como queriendo comernos mutuamente. Empecé a bajar mis manos por tu espalda recorriendo la tela de ese vestido de pequeños lunares que te pusiste aquel día en Granada, aquel día que te quitaste el tanga poniéndome cachondo perdido.

Empecé a besarte el cuello de manera apasionada para continuar mordiéndotelo, dándote pequeños bocados que te hacía soltar algún que otro gemido. Aquello te estaba gustando. Tú mientras tanto pasabas una de tus manos sobre mi polla, por encima del pantalón, y notabas como ya habías provocado una erección que justificaba lo mucho que me estaba gustando aquello que me estabas haciendo y que realizabas de manera inmejorable.

La temperatura estaba empezando a subir muy rápido. Yo seguía entretenido mordiendo tu cuello y mis manos ya acariciaban tu fantástico culo; ya sabes que me vuelve loco. Tú seguías tocándome la polla por encima del pantalón y apretando de vez en cuando mis huevos. La calentura estaba en su máximo nivel, cada vez soltabas más de esos pequeños gemidos a cada mordisco que recibías en el cuello y a cada acaricia que sentías en tu culo, el cual se encontraba ardiendo debido a la excitación y a la temperatura que a cada segundo que pasaba se hacía más insoportable en el interior del coche. Poco a poco fui dejando tu cuello para ir besándote en dirección a tus tetas. Esos pezones, a pesar del calor, debían de estar a punto de caramelo, duros y listos para ser chupados y mordidos con mis labios. Allí me dirigía cuando de repente paré.

– Mmmmm, ¿qué haces? No pares ahora – me dijiste sin saber el motivo por el cual dejé de besarte.
– ¡¡Joder!! Hay alguien ahí, mirando.

Justo a unos diez metros del lateral del coche donde te encontrabas sentada, tras un pequeño arbusto, se podía distinguir la figura de un hombre observando el interior del vehículo desde la distancia, gracias a la iluminación que esa noche se encargaba de suministrar esa luna medio llena que también era testigo de aquella situación. El hombre no hizo gesto ninguno en el momento de ser “cazado” por nuestras miradas, le daba exactamente igual de que nos hubiésemos percatado de su presencia y seguía inmóvil observando a la espera de que continuáramos con lo nuestro.

– ¡¡Pero tendrá cara!! – Exclamé contrariado –Ni se inmuta el muy cabrón.

Ahí seguía, expectante, sin ningún tipo de apuro por la situación. Me comencé a sentir incómodo y contrariado. Aquel mirón nos acababa de joder el momento tan increíble y excitante que estábamos disfrutando.

– Nos vamos, no estoy tranquilo con ese tío ahí, otra vez será –te decía mientras hacía ademán de abrir la puerta para salir e ir a la parte delantera del coche para marcharnos.

De repente sentí en mi hombro izquierdo una de tus manos que me empujaba hacia abajo como queriendo impedir que abriera la puerta del coche.

– Pero…. – fue lo único que me dio tiempo a decir.

Tan pronto volví la cara para preguntarte el motivo por el que me impedías salir, me soltaste un beso introduciendo tu lengua en lo más profundo de mi boca que me dejó sin habla. En un movimiento rápido, separaste tus labios de los míos, te recostaste en el asiento del coche, te remangaste hasta tus caderas el vestido, levantaste un poco el culo y te quitaste el tanga que llevabas. Ese movimiento me cogió por sorpresa y me dejó totalmente descolocado, sin capacidad de reacción, sin saber qué hacer y sorprendido como pocas veces me había sentido. No me dejaste tiempo para reprocharte nada ni para asimilar la situación, sin apenas darme cuenta estaba recostado sobre la puerta derecha del coche con los pantalones bajados por las rodillas y mi polla, totalmente erecta, delante de tu cara.

No hablabas, solo me mirabas fijamente y te mordías el labio. Sin pensártelo te abalanzaste sobre mi polla y te la tragaste en un rápido movimiento. Así la mantuviste unos segundos dentro de tu boca, tan adentro que tus labios rozaban mi pubis. Eso me hizo soltar un gemido. La sensación de sentir toda mi polla dentro de tu boca y permanecer así unos segundos me hizo volar de placer, un placer y una sensación que solo tú sabes llevar al límite, y en ese preciso instante lo habías hecho.

Tras unos segundo con mi polla dentro, subiste tu cabeza hacia arriba liberándome de tu boca y dejando un hilo de saliva que mojaba desde la punta hasta la base toda mi erección. Me miraste fijamente con esa cara de viciosa que se te pone cuando estás cachonda perdida y sacando tu lengua, comenzaste a lamerme el frenillo y a comenzar muy lenta y magistralmente una serie de movimientos con tu lengua y labios, saboreando y sin dejar ninguna parte de mi polla sin lamer, que en esos instantes ya se encontraba totalmente empapada a causa de tu saliva y de líquido preseminal que comenzaba a asomar.

Subías y bajabas, usabas tus labios y tu lengua. Tus movimientos cada vez eran más rápidos y profundos, apareciendo y desapareciendo mi miembro en tu boca, tu caliente y húmeda boca. Cuando te pareció bien, decidiste que ya era suficiente el tiempo dedicado a mi polla, por lo que la agarraste con una de tus manos y comenzaste a bajar en dirección a mis huevos. Empezaste a besarlos poco a poco, con delicadeza, para seguidamente introducirte uno de ellos en tu boca y volver a llevarme al éxtasis. Te tomaste tu tiempo saboreando, lamiendo y jugando con mis huevos dentro de tu boca. En un momento dado decidiste cambiar de postura, apoyando tus rodillas sobre el asiento trasero, subiendo tus caderas y hundiendo tu cara entre mis piernas para lamer la parte más baja de mis huevos y comenzar a estimularme con la punta de tu lengua el perineo. Eso me hizo soltar un suspiro a la vez que cerraba los ojos y me dejaba llevar. Tuve la sensación de que se paraba el tiempo, no quería que aquello se acabara, pero comenzaba a sentir la necesidad de hacerte saber que debías bajar el ritmo pues si seguías así no iba a tardar mucho en correrme.

Abrí los ojos y lo que encontré delante fue algo que hizo que mi excitación creciera y el morbo de disparara. Lo que pude ver fue lo que se reflejaba en la ventanilla del coche, tú a cuatro patas con el vestido remangado hasta la cintura, con tu culo y tu coño en primer plano, tu coño brillante – debías de estar empapada – y tus piernas algo separadas como queriendo mostrar tus encantos. En un segundo plano y fuera del coche aparecía el mirón – que por un momento y gracias a tus habilidades me habías hecho olvidar su presencia – el cual había abandonado el arbusto donde se ocultaba y se encontraba a poco más de un metro de la ventanilla del coche donde veía justo delante de sus narices todo lo que le estabas mostrando mientras se acariciaba el voluminoso bulto que se intuía bajo el pantalón.

El mirón era un hombre de unos 45 años, alto de complexión fuerte y bien vestido. Se encontraba inmóvil justo delante de la puerta a la cual dabas la espalda. Tú seguías a lo tuyo, recreándote en mis huevos y masturbándome a la vez con una de tus manos. Yo en cambio, comencé a sentirme extraño e incómodo de nuevo, aunque el verte tan activa y viendo la brillantez de tu coño reflejado en la ventanilla de la puerta del coche, me hacía estar algo más tranquilo al observar que estabas disfrutando del momento.

Decidiste que ya me lo habías hecho pasar bastante bien por lo que te incorporaste y te sentaste. Giraste la cabeza a tu izquierda y te encontraste de bruces con nuestro inesperado “vecino”. Al ver que girabas la mirada hacia el extraño pensé que sería hora de irnos, pero mantuviste la mirada durante unos segundos para seguidamente volverte hacia mí y decirme:

– ¿Estarás contento, no?
– ¿Qué quieres decir? – Respondí algo confuso
– El de ahí afuera me acaba de ver todo el coño. Es lo que siempre has fantaseado, ¿verdad?

Tenías razón, siempre te había comentado que me ponía mucho imaginar que te veían desnuda, pero era solo eso, imaginar. Para ser sincero no me encontraba muy a gusto con el momento que estábamos viviendo en esos instantes en el coche, en medio del campo y con un extraño a unos metros de distancia. Iba a decirte como me sentía cuando volviste a tomar las riendas.

– Apóyate ahí.

Me inclinaste hacia atrás haciéndome apoyar mi espalda contra la puerta derecha del vehículo. A la vez tú también giraste hacia tu izquierda dejando caer tu espalda sobre mi pecho y quedando ambos de frente al mirón. Volvías a dejarme desconcertado nuevamente. Remangaste de nuevo tu vestido, pero esta vez lo que hiciste fue sacarlo por tu cabeza quedando solamente vestida con el sujetador y los zapatos.

– Desabróchamelo – dijiste con voz segura.

Yo estaba fuera de mí, no entendía nada y sin saber el por qué te desabroche el sujetador tal como me habías indicado. Lo dejaste caer por tus brazos y asomaron tus tetas con unos pezones que mostraban una dureza y una rigidez nunca antes vista. Cogiste mi mano derecha y la llevaste hasta tu coño. Estabas chorreando. Dejé reposar la mano donde querías y comencé a realizar rápidos movimientos circulares a la vez que ejercía cierta presión. Te comenzaste a estremecer y a mover tus caderas pidiendo más acción. Tu coño era un reguero de flujos y mi mano resbalaba sobre él al son de los movimientos cada vez más rápidos y certeros que iba realizando. Liberé mi mano izquierda que se encontraba aprisionada entre tu espalda y mi pecho, y la llevé hacia tus tetas. Comencé a acariciarlas a la vez que te daba pequeños pellizcos en los pezones. Empezaste a gemir. Empezabas a sudar. Empezábamos a perder la cabeza. A la vez que te iba masturbando y acariciándote las tetas, volví a centrare en tu cuello, besándolo y volviéndolo a morder, acción que provocó en ti un pequeño grito de placer, un espasmo y la primera corrida de la noche.

El mirón seguía ahí, a un metro del coche, inmóvil y con los ojos bien abierto. Seguía tocándose por encima del pantalón. Tú te habías dejado caer sobre mi pecho después de tu merecida corrida. Aparté mis dedos de tu ardiente coño y llevé uno de ellos hacia tus labios. Con la punta de tu lengua lamiste uno de ellos para seguidamente abrir tu boca y saborear tu excitación. Eso empezó a ponerme a mil.

– ¿Estás bien? – Te pregunté al ver que mirabas fijamente al exterior del coche
– Uffff, más que bien
– ¿Cómo puedes estar tan tranquila con ese justo ahí? – Te dije a la vez que señalaba en dirección al mirón
– Está deseando follarme, se le ve en la mirada – me dijiste sin contestar a mi pregunta – Quiero que me folles y que lo vea, que sepa que solo tú me follas, que soy tuya nada más – añadiste.

Tus palabras provocaron una reacción en mí que notaste al instante, ya que mi polla estaba aprisionada contra tu culo. Sabías lo malo que me ponían esas palabras y las pronunciaste en el momento oportuno. Te inclinaste un poco hacia adelante, hacia la ventanilla donde se encontraba el afortunado espectador, manteniendo el equilibrio entre el asiento y el suelo del coche. Echaste hacia atrás tu mano derecha agarrando mi polla con firmeza y dirigiéndola a la entrada de tu coño para una vez ahí dejarte caer sobre ella y quedar sentada de espaldas a mí y de cara al exterior de coche.

– Ahhhh!!!! – exclamaste mientras mi polla resbalaba entre tus flujos buscando lo más profundo de ti

Empezaste a moverte hacia adelante y hacia atrás, con toda mi erección en tu interior. Estabas chorreando, eras una cascada de flujos, estabas muy pero que muy cachonda.

– Fóllame bien fuerte. Que vea como me follas y como me gusta tener tu polla dentro de mí – exclamaste.

Empecé a moverme dentro de ti con movimientos fuertes y rápidos. Estaba embrutecido, habías sabido llevarme a un punto de excitación similar al que tenías, consiguiendo que me diese igual que tuviéramos un extraño a un metro de distancia viéndote desnuda y follando, como si se te fuera la vida en ello. Los movimientos eran cada vez más rápidos y tú empezaste a moverte de arriba abajo, empezando a botar sobre mi polla a la vez que te acariciabas con una mano el clítoris y te pellizcabas uno de tus pezones con la otra.

La temperatura debía haber subido varios grados en el interior del coche. Tu espalda estaba mojada debido al sudor al igual que tu canalillo. Seguías botando sobre mí a la vez que yo me movía también de arriba abajo haciendo que la penetración fuera lo más profunda posible. En uno de los movimientos hacia ti, giré la cabeza y miré hacia el exterior. El mirón seguía allí, pero ya había bajado la cremallera de su pantalón y agitaba su polla con su mano derecha. Sus movimientos eran rápidos y su expresión, seria hasta ese instante, había cambiado. Se podía notar cierto placer en su rostro, estaba disfrutando con lo que veía.

Al percatare de la polla del mirón, empezaste a moverte cada vez más rápido y a follar de forma más salvaje. Yo seguía también moviéndome rápido y metiéndote lo más adentro posible mi ya empapada polla. Bajé una de mis manos hacia tu coño y pude notar como estaba todo cubierto por tus flujos. Pasé mi mano por tu culo y con el dedo pulgar de mi mano derecha empecé a jugar con la entrada de tu culo haciendo círculos alrededor del mismo. Al sentir como jugaba con tu agujero, te inclinaste un poco más hacia delante para que mi dedo pudiera acceder con más facilidad a su objetivo. Ese movimiento hizo que tu cara quedara a escasos centímetros de la ventanilla del coche, cuyo cristal era la única barrera que había con la polla del mirón.

Desde atrás yo observaba, podía ver reflejada tu cara y al otro lado del cristal la polla del extraño que ya brillaba en su punta debido a la excitación acumulada. Abriste los ojos y miraste a los ojos del mirón para seguidamente abrir tu boca, sacar la lengua y relamerte como invitándole a hacerle una mamada. Eso ya fue demasiado para él, que de repente empezó a sacudir con más fuerza su polla hasta que ésta empezó a soltar, primero uno y seguidamente tres más, chorros de semen en dirección a tu cara y que acabaron en esa barrera que era el cristal de la ventanilla del coche.

– ¡¡¡¡¡Jodeeeeerrrr!!!!!! ¡¡¡¡Ahhhhh!!!! – Gritaste.

Al ver como el mirón se corría delante de tu cara, empezaste a convulsionarte y tu coño comenzó a soltar un reguero de flujos que empezaron recorrer mi polla desde la punta hasta perderse entre mis huevos. Durante varios segundos continuaste con los espasmos y soltando ese líquido caliente que ya mojaba parte de mis piernas y parte del asiento trasero del coche. Tu corrida estaba siendo brutal y yo ya no podía más y estaba dispuesto a descargar toda mi leche acumulada.

– Voy a correrme
– Córrete encima de mí, dame toda tu leche – me decías mientras te girabas hacia mí y te ponías en posición para recibir mi corrida.

Saqué mi polla de tu húmedo y caliente coño y sin apenas tiempo de agitarla un par de veces, comencé a soltar todo mi semen sobre tus tetas y parte de tu barbilla. La corrida fue brutal, no paraban de salir chorros de semen en tu dirección. Cuando terminé de correrme, cogiste mi polla y te la llevaste a la boca para chuparla suavemente y dejarla limpia de cualquier rastro de leche.

– Ufffff, joder – fue lo único que logré decir
– ¿Te ha gustado? – Preguntaste
– Mucho. ¿Y tú qué tal?
– Nunca me había corrido así. Ha sido increíble. Deberíamos haber follado más en el coche – contestaste a la vez que soltabas una carcajada.

Comenzamos a reírnos, te recostaste sobre mi pecho y ambos miramos al exterior del coche, viendo cómo nuestro “amigo” se marchaba tranquilamente por el mismo lugar por donde había venido.

 

La entrada En el coche aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Sexo en grupo… mi segunda vez. Relato erótico gay

En diciembre de 2006, a mis dulces 18 y entrada la esperada época navideña, tras iniciarme en el mundo del internet y de los chats para conocer personas, conocí a un chico de mi ciudad llamado Alex de 19 años; alto, con un lindo rostro y un cuerpo gordito. Nos vimos casi a ciegas, fui a localizarlo en un café internet donde él se encontraba y al sentarme a su lado vi que chateaba con un tipo de otra ciudad cercana y estaban fijando un encuentro para esa misma tarde. Alex me habló de este tipo y de otro amigo suyo que estaban interesados en verlo ese día para tener sexo en grupo, me preguntó si deseaba acompañarlo a visitar a sus amigos y yo por no quedarme toda la tarde de aquel domingo sin nada que hacer, lo acompañé.

Durante el viaje en bus, Alex me contó que en realidad él no conocía a estos tipos y que les había mentido diciéndoles que ya estábamos en la universidad, por lo cual me convenció de no decirles la verdad, porque al fin y al cabo íbamos a visitarlos únicamente para “hablar” un rato.

Estando ya en la ciudad en la que quedamos de encontrarnos con los otros dos hombres, nos dispusimos a buscar la dirección que nos habían dado y tras buscar y buscar durante unos 10 minutos, encontramos la vivienda. Al entrar en aquella casa se presentaron dos tipos de unos 28 años cada uno. Uno de ellos se llamaba Jorge y el otro también se llamaba Alex, al igual que mi gordito amigo. Jorge era delgado, atlético y bastante amigable; por su parte, Alex era más alto, fornido y un poco distante o antipático para mi gusto. Ambos eso sí, eran guapos, educados y parecían estar muy interesados en nosotros. Me senté en su sala de estar junto a mi amigo, conversamos entre otras cosas de sus trabajos, Jorge era profesor de matemáticas en una universidad y Alex estudiante de alguna carrera universitaria. Para hacer más amena aquella visita los anfitriones de la “fiesta” ordenaron telefónicamente hot dogs mientras tenían una conversación en la cual salió a relucir la verdadera intención de los tres tipos con los que me encontraba: tener sexo en grupo.

Después de haber disfrutado de los hot dogs, Jorge; mi amigo Alex y el otro Alex se dirigieron a la recámara decididos a hacer lo que habían planeado mientras yo detrás de ellos, les pedí el baño prestado, lleno de nervios e indecisión por lo que iban a hacer y en lo cual yo en ese momento no quería participar en la sesión de sexo en grupo.

Estando en el baño pensé en decir alguna mentira y evitar el sexo en grupo, pero no sabía cómo regresar a mi pueblo ya que, aunque la ciudad en la que estaba quedaba a solo 30 minutos de viaje en bus a mi provincia, no tenía conocimiento ni siquiera de que bus tomar ni en donde hacerlo, así que decidí quedarme pero no tener sexo con ellos si me lo pedían. Salí del baño y para mi sorpresa, Jorge estaba esperándome y recuerdo que me dirigió alguna palabra amable que no recuerdo muy bien (creo que me dijo que dejara el miedo o algo así), me sonrió, se lanzó hacia mí y rápidamente me dio un beso, pero no cualquier beso, fue bastante apasionado ya que introdujo su áspera lengua en mi boca haciendo que mis miedos fueran disminuyendo, y de esta manera fue aumentando mi confianza en aquel hombre, me produjo tranquilidad estar entre sus brazos y sí, también empecé a sentir la excitación en mis partes íntimas.

Me llevó de la mano al cuarto y al entrar, vi a los otros dos hombres ya acostados en la cama besándose y empezándose a desnudar para tener sexo en grupo. Me quedé en la puerta de la habitación mirándoles algo aterrado y perplejo, mientras ellos voltearon a verme y Jorge, quien ya se había sentado en la cama también, me hacia señales para que me acostara a su lado. Jorge empezó a quitarme la ropa y yo a él, pude ver lo bien que se veía su cuerpo a media luz, ya que la luz de la habitación estaba apagada y solo entraba luz por la ventana. Los otros dos ya estaban desnudos y Alex empezaba a penetrar a mi amigo que empezó a quejarse de dolor ya que según sus palabras el hombre fornido de 28 años lo tenía muy grueso.

Estando ya Jorge y yo desnudos y al quedar su verga descubierta me dispuse a mamársela, una verga riquísima de unos 17 cm, ricos huevos y vellos a medio salir. Se la chupe durante unos minutos mientras él tocaba mi pene de arriba a abajo y observaba como mi boca se deslizaba por su miembro. Luego, se acostó cómodo en la cama y sacó un condón, se lo puso y no pude tener más pánico por lo que vendría… Me iba a penetrar.

Recuerdo que empezó intentando metérmelo en la posición del misionero, me cogió las piernas y las puso en sus hombros, y tras intentar y no poder hacerlo, ya que me dolía bastante, me pidió que me sentara en su polla pues así entraría más fácil. Y así fue, después de hacerlo despacio, logré meter la cabeza de su pene en mi ano, empecé a bajar despacio con algo de dolor, pero a medida que subía y bajaba el dolor se iba, dando lugar a una sensación que para ese momento desconocía, se sentía bien aunque era algo extraño, ya que al Jorge empezar a metérmelo y sacármelo cada vez más fuerte tuve la sensación de querer ir al baño (lo típico que le pasa a los inexpertos que confunden el placer anal con ganas de hacerse caca). Pese a sentir esto seguí cabalgando en la verga de Jorge, la estaba disfrutando mucho adentro y tras escuchar a mi amigo Alex gemir de placer al ser penetrado (supongo que ya no le dolía tanto), empecé también a gemir como toda una putilla desesperada; los dos gemíamos fuerte como gatas.

Fue excitante, tanto, que después de que el tipo dejó de penetrar a mi amigo, – pues el dolor al parecer siguió y no lo dejaba continuar -, me propuse a mamársela al fornido hombre después de que se quitó el condón; de esta manera mi amigo Alex y yo se la chupábamos mientras Jorge seguía dándome fuerte por mi culito. Nunca pensé que disfrutaría tanto tener una polla dentro del culo y otra polla gruesa y peluda dentro de mi boca.

Mi amigo Alex y el otro tipo se masturbaron y eyacularon, Alex mi amigo, fue a darse un duchazo para limpiar el semen que derramó en su estómago. Mientras tanto yo seguí gozando el pene de mi amado Jorge dentro de mí, hasta que eyaculó quedando toda su leche en el condón. No obstante, ocurriría una de las situaciones más bochornosas que me han ocurrido hasta ahora: en el momento en que Jorge se dispuso a sacar su miembro de mi ano se me escapó un gas (un pedo) y para desgracia mía fue uno de esos de olor nauseabundo, y mi vergüenza no pudo ser mayor. Creo que el hot dog me sentó mal, muy mal.

Después de eso me sentí un poco enfermo, cansado y muy avergonzado por lo que había sucedido. Mi amigo Alex y yo nos despedimos de nuestros amantes de sexo en grupo, quienes nos confesaron que eran pareja desde hace años y también que se habían dado cuenta de que les habíamos mentido en cuanto a nuestras edades, de hecho, dijeron que ya lo sabían pero que nos follaron porque no iban a perder la oportunidad de comerse nuestros culitos jóvenes. Ambos hombres nos dieron dinero para pagar los tiquetes del bus de regreso a casa y de esa manera nos marchamos del lugar.

Mi amigo Alex y yo, estando ya en el bus de regreso a nuestra ciudad, empezamos a hablar de la sesión de sexo en grupo, nos excitamos y él sin pensarlo dos veces metió su mano derecha entre mi pantalón para tocar mi pene, lo tanteó un poco y me dijo que nos hiciéramos una paja, pero yo, ya no tenía ganas de nada más a decir verdad. Así que Alex sacó su pene y se masturbó también en el bus, era ya de noche y el auto iba con pocos pasajeros, estábamos en la parte trasera del bus, con la oscuridad que brinda la noche y empecé a mirar a Alex jalándose la verga, en ese momento tuve un impulso de agacharme y darle un par de lamidas a su glande, pero solo fueron dos lamidas. El se la jaló hasta hacer salir su semen y lo esparció en una de sus manos, tenía un lindo pene, totalmente afeitado, de tamaño pequeño pero lindo y unos huevos rosaditos.

Regresamos a nuestra ciudad, y cada cual se fue a su respectiva casa. Después de ese día no lo volví a ver, solo llegamos a hablar en una u otra ocasión a través de Hotmail MSN jajajja (si, MSN de Hotmail en ese entonces), nunca nos volvimos a encontrar en nuestras vidas, no sé qué habrá sido de la vida de él ni de ninguno de los otros dos hombres, pero me queda el grato recuerdo de que la primera vez que me penetraron fue en esa oportunidad.

La entrada Sexo en grupo… mi segunda vez. Relato erótico gay aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Mi novia tuvo sexo con otro hombre

Mi fantasía sexual más grande es ver a mi novia teniendo sexo con otro hombre y poder verla gozar y gritar de placer, al mismo tiempo que yo disfruto mirando desde un lado.

La primera vez que le comenté lo que me excitaba ella pensó que yo estaba bromeando, por lo que al verla así, dudé y seguí la corriente. La segunda vez estaba mucho más excitado, y se lo dije completamente serio y decidido. Ella se molestó porque definitivamente no le gustó la idea y estuvimos peleados por una semana.

Ella es profesora de inicial en un colegio particular. En este colegio lógicamente trabaja con otros profesores en su mayoría mujeres, pero también hay personal administrativo. Dentro de este personal administrativo hay un chico del área de contabilidad que le diremos Julio. Según lo que mi novia me ha contado Julio está muy atraído por ella y frecuentemente busca situaciones para conversar, coquetearle, invitarla a salir e incluso en alguna oportunidad mi novia me comentó que Julio le habría tocado las nalgas, según él de forma casual (dicho sea de paso, mi novia tiene unas caderas y unas nalgas grandes y hermosas), pero según ella lo hizo intencionadamente.

Algo que también me comentó mi novia y que pude comprobar en alguna oportunidad que fui al colegio donde trabaja es que el baño tanto para docentes como para personal administrativo es compartido, es decir tanto para hombres como para mujeres. Es un baño grande que tiene, se podría decir, dos partes. La primera parte al entrar es como un pequeño lobby con casilleros donde el personal guarda sus pertenencias, no es muy grande pero hay un pequeño lavatorio. La segunda parte del baño empieza al doblar a la derecha en U después de este pequeño lobby apenas al doblar hay un gran espejo y cuando vuelves a doblar para hacer la vuelta en U encuentras a la izquierda y en fila los cubículos con los baños naturalmente cada uno con su puerta y a la derecha están los lavatorios y un espejo grande para todos.

Recuerdo ese sábado a la perfección y estoy seguro de que nunca lo olvidaré, ya que mi novia fue a mi departamento por la noche y estaba excitada de una forma que nunca antes la había visto. En cuanto entró, nos fuimos al sofá y tuvimos sexo como nunca antes ella lo había hecho, estaba demasiado excitada, yo diría que estaba en modo salvaje. Cuando terminamos el segundo “round” estábamos ya en el cuarto y echados en la cama le pregunté el porqué de haber estado así. Ella me evitó la pregunta y me preguntó si no me había gustado, obviamente que me había gustado, pero algo tenía que tener para que hubiese actuado de una forma que generalmente no hace. Estuve intentando hacerla hablar hasta que por fin cedió y me contó lo que había pasado en el colegio:

Al ser profesora de inicial, realiza diversas actividades con los niños en fechas importantes, una de ellas, el día de la madre. Ese día hubo un evento en el colegio y ella se tuvo que vestir con un vestido para recibir a los padres y guiarlos hasta la zona donde se realizaba el evento. Todo transcurrió con normalidad hasta que llegó el final del evento, todo salió bien y no hubo ningún percance. Ella se tuvo que quedar hasta el final para despedir a los padres y arreglar algunas cosas así que poco a poco se fue quedando sola hasta que termino lo que tenía que hacer y se fue al baño para cambiarse ya que íbamos a ir a una reunión por el cumpleaños de un amigo y ella llegaría lista para salir. Entró al baño que describí en líneas anteriores, recogió su bolso de los casillero, pasó el lobby y se dirigió hacia la parte posterior del baño para poderse cambiar y salir. Ella llegó a los lavatorios, donde se lavó los dientes y justo cuando estaba por sacarse el maquillaje escuchó que la puerta se abría y ella se quedó inmóvil atenta saber quién era, y cuando vio a través del espejo al inicio baño pudo ver por el reflejo a Julio, ella por alguna razón se sintió nerviosa y se agitó, empezó a excitarse con la idea de que algo pueda suceder, esta excitación hizo que ella se subiera un poco el vestido y se inclinó hacia adelante como si estuviera acercándose al espejo para verse mejor, dejando ver una parte de sus hermosas nalgas y el hilo rojo que llevaba puesto. Julio se fue acercando hasta que llegó donde estaba y se quedó parado al inicio de esa parte del baño, mi novia me contó que ella lo miró por el reflejo del espejo y él estaba pegado en su trasero, grande, redondo, durito y hermoso. Ella lo saludó y el devolvió el saludo, conversaron brevemente un par de cosas acerca del evento hasta que se quedaron callados. Ella sintió el ambiente un poco tenso, ya que él no paraba de mirarla de pies a cabeza y se le hacía agua la boca. Ella estaba muy excitada, tanto así que sentía que se mojaba demasiado y el líquido de su vagina caía por sus piernas, él se acercó más hasta llegar a su lado, la miro fijamente al rostro y ella volteó a mirarlo también, aún seguía con maquillaje, de pronto en medio del silencio él la cogió de la cintura y la jalo hacia él y la besó.

Mientras me contaba cómo tenía sexo con otro, yo me ponía cachondo

Mientras ella me contaba cómo comenzaba su infidelidad teniendo sexo con otro, yo estaba con una erección enorme y quería que siguiera para después cogérmela otra vez.

Mientras la besaba, ella sentía a través del vestido cómo su pene se ponía cada vez más grande y duro mientras que él bajaba su mano desde el cuello pasando por la espalda, hasta llegar a sus nalgas, él le cogió poto muy fuerte y luego metió su mano por debajo del vestido, empezó a recorrer con sus dedos por dentro desde la cintura, bajando por el anito, hasta llegar a su cosita, que estaba muy mojada. Ella disfrutaba no sólo de cómo él la tocaba, sino del contexto en el que estaban. Él empezó a meter el dedo y ella, que ya no podía más, también metió su mano dentro del pantalón de Julio y encontró una bestia dentro, cosa que la excitó más aún, y fue entonces cuando él la subió a los lavatorios y le subió el vestido, ella se lo sacó. Él se arrodilló y le sacó el hilo y le empezó a hacer sexo oral, según lo que me dijo no era tan bueno aunque en ese momento ella estaba muy excita y cualquier cosa la estimulaba aún más. Ella decidió devolverle el favor, así que se bajó e intercambió lugares con Julio: se arrodilló y le bajó el pantalón liberando a la bestia, como ella decía. Se lo metió en la boca y se atragantaba con lo dura y mojada que estaba. Luego de un rato, él la levantó y la apoyó nuevamente contra el lavadero, pero esta vez de espaldas. En ese momento, sintió cómo entraba por detrás todo el pene de Julio. Él la cogía de las caderas y le besaba el cuello, mientras ella se retorcía de placer. Después, él se sentó en el baño y ella se sentó encima mirando hacia él, luego fueron al piso. Ella llegó como 3 veces, entonces le dijo a Julio que terminase. Él quería terminar dentro, pero ella tenía mejores planes: se quería tomar la leche. Así que empezó con el sexo oral nuevamente y luego de un rato él la apartó y se empezó a correr hasta que llegó, ella cerró los ojos, abrió la boca y recibió un chorro de semen caliente en toda la cara. Terminó toda embarrada, y aún así se tomó hasta la última gota que había salido del pene de Julio. Después de tener sexo con otro, se lavaron y ella le pidió que se fuera para poder terminar de arreglarse. Fue entonces cuando pasó por mi departamento.

Naturalmente, cuando terminó de contarme cómo tenía sexo con otro me tiré encima de ella y volvimos a tener sexo de forma increíble. Esto ayudó a nuestra relación. Ambos sentimos que de alguna forma estamos mejor que antes y, por supuesto, los dos felices.

Volveré pronto con un par de situaciones que se presentaron, esto en un nuevo relato erótico.

La entrada Mi novia tuvo sexo con otro hombre aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Un día cualquiera en la playa…

Ese día nos encontrábamos en La Barra, una formación rocosa de la playa que se adentraba en el mar, en una de esas “piscinas naturales”, y por suerte, no había nadie alrededor de nosotros. Ese día, aunque caluroso, estaba nublado en la ciudad, así que en la misma playa no había demasiadas personas, prácticamente los que vivían alrededor y que solían pasar las tardes en la playa leyendo o jugando a las palas. Y nosotros…bueno, preferimos descansar apoyados contra la pared rocosa cansados de nadar para llegar allí y hablar durante un rato antes de volver, con el agua cubriéndonos hasta el pecho.

Ella llevaba ese bikini negro que tanto me encantaba, era simple, sin adornos, pero le hacían resaltar sus generosos pechos, y eran prácticamente del mismo color que su pelo. Recostada a mi lado, tenía unas buenas vistas de ellos, y no dejaba de mirarlos, y sabía que ella se daba cuenta. No me importaba, ya ella tenían bien claro que me encantaban y lo que me gustaba hacer con ellos.

Al rato, ella se quitó de su lugar, y se puso delante de mí dándome la espalda y apoyando su cuerpo contra el mío. Así que, como es obvio, la rodeé con mis brazos por su cintura y le di un par de besos en el cuello, con un mordisco al final, de juego, con el fin de molestarla un poco, y ella me devolvió la jugarreta con un codazo en el costado, cómo no…Eso me pasaba por “chincharla”. Estuvimos un tiempo así, hablando y de juegos, mientras yo jugaba con mis manos en sus caderas, en su tripita, y sobre todo,en su culo. No era una mujer con un cuerpo atlético, tenía solo un ligero sobrepeso, pero sus curvas bien marcadas, y no dejaba de ser una preciosidad aunque a veces tuviera algo de complejo.

Entre juegos…movimientos “inocentes” y algunos comentarios… llegué al punto de que ya no podía ocultar mi excitación, y ésta ya abultaba a través del bañador.. Ella me miró por encima del hombro, con esa sonrisa picara…y diciéndome :”alguien está contento hoy…y con ganas de jugar…”. En ese momento, puse mi mano en su pubis, encima de su bikini, y la apreté a mí, y le afirme al oído lo que había dicho. Ella agarró mi bañador con su mano izquierda, y empezó a mover su culo, rozándolo contra mi polla. Volvió a mirar atrás, para decir que no sabía cuánto le encantaba sentirla contra su culo, y notar lo dura que estaba.

Sexo en la playa de forma improvisada

Intentó bajarme el pantalón con el fin de sacármela. Al ver que le costaba, me los bajé yo mismo, y de repente, noté otra vez su culo contra mi polipero sin nada. Ella ya se había encargado de bajarse el bikini, y empezó a moverlo de arriba…muy pegada…agarrándose de mis muñecas, las cuales a su vez, agarraban con fuerza sus caderas:

– Así está mucho mejor…más divertido… -decía entre pequeños gemidos…
– Bueno, hay una forma de hacerlo más…”divertido” -Le respondí. Y dirigí mi mano hacía su entrepierna…y empecé a jugar con mis dedos…

Ella se agarró un pecho, era un gesto involuntario que hacía cuando algo la excitaba de verdad, dejando escapar un “dios…” en apenas un suspiro… Mis dedos empezaron a jugar con su clítoris, moviéndolo en círculos, muy despacio y suave…y aun con el agua, notaba el calor que empezaba a desprender. Recorrí con mi mano su coño, como si lo agarrará, y volví al clítoris. Entonces, en un arranque, agarró mi mano, y me suplicó que se los metiera, y se dio la vuelta, mirándome con esos ojos de deseo…de lujuria, de querer sentirme…me encantaba esa mirada. Y ahí, de pie, pasó sus brazos detrás de mi cabeza y se abrió de piernas, permitiendo meter mis dedos. Cuando sintió mis dedos dentro de ella, dejó escapar un fuerte gemido, que me puso muy cachondo, la miré a los ojos, y le dije “¿de verdad es esto lo que quieres? creo que no”. Así que no cumplí su deseo, saqué mis dedos y sin darle tiempo a responder ni pensar la agarré por su culo y la levanté; agarré mi polla y la puse en la entrada de su coñito, e intenté penetrarla. Ella hizo fuerza, resistiéndose, pero sabía que no era porque no quería, todo lo contrario, así que cogiéndola por la corola apreté fuerte contra mí, y se la metí de golpe, con mucha fuerza. Cuando sintió eso, dejó escapar casi un grito de placer, mirando al cielo, y viendo su cuello desnudo, pasé mi lengua hasta su barbilla…y cuando bajo la cabeza, empezó a besarme con pasión, como si le fuera la vida en ello, y a moverse con rapidez.

Con una mano en su culo, y el otro brazo rodeando su cintura, la ayudaba con el movimiento. El agua se agitaba revuelta a nuestro alrededor, y la temperatura no hacía más que subir en cada embestida, acompañada de besos, mordiscos… me encantaba agarrarle del pelo y tirar y morderle el cuello, y eso a ella la ponía mucho más, la ponía perra como ella solía decir. Seguimos así un buen rato, hasta que le dije que tenía una idea, y que se pusiera la parte de abajo del bikini (que tenia atada a una muñeca). Salimos de la piscina, y le señale una parte de la barra donde había una de esas zonas verdes que resbalaban y eran lisas, y le dije que se acostase. Sin pensarlo me obedeció, me metí entre sus piernas, y se las separé, y metí mi cabeza entre ellas, hice el bikini a un lado, y empecé a comérselo…a saborear su coño. Estaba que ardía, y tenía un fuerte sabor salado debido al mar, pero no me importaba, me ponía cachondo comérselo, era una chica sensible y me volvía loco hacerla disfrutar de esa manera. Me agarró de la cabeza y empezó a retorcerse, tirándome de los pelos, y a gemir cada vez más, hasta que sus piernas empezaron a temblar y estirarse… y así llegó a su primer orgasmo, en mi boca

Le di tiempo a coger aire, y le dije que se diera la vuelta. Ella se intento negar, que le daba vergüenza, pero se lo dejé claro, a esas alturas y con lo que habíamos hecho, no había vergüenza que valiera, así que le di la vuelta yo mismo. Tenía que hacerlo, ella misma se había declarado mi sumisa, aunque después estas órdenes me costaran más de una cerveza…La cogí por sus caderas, y la penetré sin pensármelo, y empecé a moverme cada vez más rápido, hasta acabar embistiéndola bien fuerte y rápido. A veces, bajaba el ritmo, y la embestía muy profundo, y apretaba, como si quisiera atravesarla el convoy la dejaba así unos segundos. Seguí así mas tiempos, no sé sí fueron segundos, o minutos. Hasta que noté que iba a volver a correrse muy fuerte esta vez, pero intentaba controlarse… no la dejé, cuando ya noté que se iba a correr, le tiré del pelo, y le hice levantar la cabeza. Dejó escapar ese orgasmo en mitad de un grito de placer, seguido por unos gemidos bastantes altos. Se quitó, y se quedó acostada de lado, cogiendo aliento… me acerqué y le puse la mano en su cara, le pregunté si podía seguir (sabía que a veces, cuando llegaba a un orgasmo, sobre todo si era muy fuerte, se ponía muy sensible y le hacía daño, y no quería eso). Me miró, y asintió con la cabeza, para después ponerse boca arriba, abrirse de piernas, y poner sus manos detrás de mi cabeza, y decirme: “sigue, fóllame hasta que te corras, y quiero que lo hagas en mi boca, soy tu putita y quiero que me trates así ahora”. Sonreí, y me puse encima de ella, y empecé a follármela, esta vez, despacio, muy pegada a ella, dejándola dentro y moviendo mis caderas para que estas rozaran con su clítoris, y cada vez más iba subiendo el ritmo… más rápido… y más fuerte… hasta un punto que la cogí del cuello, y ella agarró con sus manos mis brazos, le gustaba mucho que lo hiciera. Y empecé a follármela muy fuerte, rápido… hasta que estuve a punto de correrme, la saque, y la fui a llevar a su boca, pero por el camino no pude aguantarlo, así que antes de llegar a su destino, empecé a correrme, y el primer tiro cayó en su mejilla, y un poco más por su barbilla, aún así se la metió en la boca, y el resto fue a parar dentro de ella. Me la agarraba con fuerza mientras me la chupaba y tragaba mi leche, hasta que termine de correrme. Caí sentado, exhausto por todo…nos miramos y sonreíamos. Ella se limpió con la mano mis restos y después se sentó a mi lado. Y entonces… nos dimos cuenta…

Sexo en la playa con espectadores de lujo

No fuimos conscientes durante el sexo, nos olvidamos de nuestro alrededor mientras estábamos en la playa, y cuando nos subimos a La Barra, ni intentamos ocultarnos ni pensamos en ello. Y al acabar, y mirar en derredor, los vimos, no muy lejos, una pareja nos había visto, y nosotros ahora…a ellos. Él estaba sentado apoyado contra una roca, y las piernas estiradas, y ella, de lado, entre sus piernas, con su polla en la boca. Parecían mayores que nosotros,30 y algo años, y se notaba que eran deportistas. Me quedé sin palabras, y en parte, halagado por el hecho de haber excitado a otras personas, sin embargo ella…estaba roja de la vergüenza, pero no dejaba de mirar cómo la otra chica se metía la polla de su chico en la boca y se la tragaba entera, mirándonos de reojo. El chico, a los lejos, levantó un pulgar en señal de aprobación, y que no pasaba nada. Así que mi chica y yo, nos echamos a reír, y volvimos a nuestra piscina a descansar…

Pero a los minutos, fuimos nosotros esta vez quienes escuchábamos los gemidos a nuestras espaldas, de los otros que estaban ya follando, no hacía falta ni mirar. Y de repente, noté la mano de ella entre mis piernas, agarrándome la polla por encima del bañador, me miró y me dijo “y si…repetimos hay detrás otra vez…mientras ellos nos pueden ver y nosotros a ellos…escucharles me está poniendo muy cachonda”. No hizo falta decir más.

 

La entrada Un día cualquiera en la playa… aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Un día cualquiera en la playa…

Ese día nos encontrábamos en La Barra, una formación rocosa de la playa que se adentraba en el mar, en una de esas “piscinas naturales”, y por suerte, no había nadie alrededor de nosotros. Ese día, aunque caluroso, estaba nublado en la ciudad, así que en la misma playa no había demasiadas personas, prácticamente los que vivían alrededor y que solían pasar las tardes en la playa leyendo o jugando a las palas. Y nosotros…bueno, preferimos descansar apoyados contra la pared rocosa cansados de nadar para llegar allí y hablar durante un rato antes de volver, con el agua cubriéndonos hasta el pecho.

Ella llevaba ese bikini negro que tanto me encantaba, era simple, sin adornos, pero le hacían resaltar sus generosos pechos, y eran prácticamente del mismo color que su pelo. Recostada a mi lado, tenía unas buenas vistas de ellos, y no dejaba de mirarlos, y sabía que ella se daba cuenta. No me importaba, ya ella tenían bien claro que me encantaban y lo que me gustaba hacer con ellos.

Al rato, ella se quitó de su lugar, y se puso delante de mí dándome la espalda y apoyando su cuerpo contra el mío. Así que, como es obvio, la rodeé con mis brazos por su cintura y le di un par de besos en el cuello, con un mordisco al final, de juego, con el fin de molestarla un poco, y ella me devolvió la jugarreta con un codazo en el costado, cómo no…Eso me pasaba por “chincharla”. Estuvimos un tiempo así, hablando y de juegos, mientras yo jugaba con mis manos en sus caderas, en su tripita, y sobre todo,en su culo. No era una mujer con un cuerpo atlético, tenía solo un ligero sobrepeso, pero sus curvas bien marcadas, y no dejaba de ser una preciosidad aunque a veces tuviera algo de complejo.

Entre juegos…movimientos “inocentes” y algunos comentarios… llegué al punto de que ya no podía ocultar mi excitación, y ésta ya abultaba a través del bañador.. Ella me miró por encima del hombro, con esa sonrisa picara…y diciéndome :”alguien está contento hoy…y con ganas de jugar…”. En ese momento, puse mi mano en su pubis, encima de su bikini, y la apreté a mí, y le afirme al oído lo que había dicho. Ella agarró mi bañador con su mano izquierda, y empezó a mover su culo, rozándolo contra mi polla. Volvió a mirar atrás, para decir que no sabía cuánto le encantaba sentirla contra su culo, y notar lo dura que estaba.

Sexo en la playa de forma improvisada

Intentó bajarme el pantalón con el fin de sacármela. Al ver que le costaba, me los bajé yo mismo, y de repente, noté otra vez su culo contra mi polipero sin nada. Ella ya se había encargado de bajarse el bikini, y empezó a moverlo de arriba…muy pegada…agarrándose de mis muñecas, las cuales a su vez, agarraban con fuerza sus caderas:

– Así está mucho mejor…más divertido… -decía entre pequeños gemidos…
– Bueno, hay una forma de hacerlo más…”divertido” -Le respondí. Y dirigí mi mano hacía su entrepierna…y empecé a jugar con mis dedos…

Ella se agarró un pecho, era un gesto involuntario que hacía cuando algo la excitaba de verdad, dejando escapar un “dios…” en apenas un suspiro… Mis dedos empezaron a jugar con su clítoris, moviéndolo en círculos, muy despacio y suave…y aun con el agua, notaba el calor que empezaba a desprender. Recorrí con mi mano su coño, como si lo agarrará, y volví al clítoris. Entonces, en un arranque, agarró mi mano, y me suplicó que se los metiera, y se dio la vuelta, mirándome con esos ojos de deseo…de lujuria, de querer sentirme…me encantaba esa mirada. Y ahí, de pie, pasó sus brazos detrás de mi cabeza y se abrió de piernas, permitiendo meter mis dedos. Cuando sintió mis dedos dentro de ella, dejó escapar un fuerte gemido, que me puso muy cachondo, la miré a los ojos, y le dije “¿de verdad es esto lo que quieres? creo que no”. Así que no cumplí su deseo, saqué mis dedos y sin darle tiempo a responder ni pensar la agarré por su culo y la levanté; agarré mi polla y la puse en la entrada de su coñito, e intenté penetrarla. Ella hizo fuerza, resistiéndose, pero sabía que no era porque no quería, todo lo contrario, así que cogiéndola por la corola apreté fuerte contra mí, y se la metí de golpe, con mucha fuerza. Cuando sintió eso, dejó escapar casi un grito de placer, mirando al cielo, y viendo su cuello desnudo, pasé mi lengua hasta su barbilla…y cuando bajo la cabeza, empezó a besarme con pasión, como si le fuera la vida en ello, y a moverse con rapidez.

Con una mano en su culo, y el otro brazo rodeando su cintura, la ayudaba con el movimiento. El agua se agitaba revuelta a nuestro alrededor, y la temperatura no hacía más que subir en cada embestida, acompañada de besos, mordiscos… me encantaba agarrarle del pelo y tirar y morderle el cuello, y eso a ella la ponía mucho más, la ponía perra como ella solía decir. Seguimos así un buen rato, hasta que le dije que tenía una idea, y que se pusiera la parte de abajo del bikini (que tenia atada a una muñeca). Salimos de la piscina, y le señale una parte de la barra donde había una de esas zonas verdes que resbalaban y eran lisas, y le dije que se acostase. Sin pensarlo me obedeció, me metí entre sus piernas, y se las separé, y metí mi cabeza entre ellas, hice el bikini a un lado, y empecé a comérselo…a saborear su coño. Estaba que ardía, y tenía un fuerte sabor salado debido al mar, pero no me importaba, me ponía cachondo comérselo, era una chica sensible y me volvía loco hacerla disfrutar de esa manera. Me agarró de la cabeza y empezó a retorcerse, tirándome de los pelos, y a gemir cada vez más, hasta que sus piernas empezaron a temblar y estirarse… y así llegó a su primer orgasmo, en mi boca

Le di tiempo a coger aire, y le dije que se diera la vuelta. Ella se intento negar, que le daba vergüenza, pero se lo dejé claro, a esas alturas y con lo que habíamos hecho, no había vergüenza que valiera, así que le di la vuelta yo mismo. Tenía que hacerlo, ella misma se había declarado mi sumisa, aunque después estas órdenes me costaran más de una cerveza…La cogí por sus caderas, y la penetré sin pensármelo, y empecé a moverme cada vez más rápido, hasta acabar embistiéndola bien fuerte y rápido. A veces, bajaba el ritmo, y la embestía muy profundo, y apretaba, como si quisiera atravesarla el convoy la dejaba así unos segundos. Seguí así mas tiempos, no sé sí fueron segundos, o minutos. Hasta que noté que iba a volver a correrse muy fuerte esta vez, pero intentaba controlarse… no la dejé, cuando ya noté que se iba a correr, le tiré del pelo, y le hice levantar la cabeza. Dejó escapar ese orgasmo en mitad de un grito de placer, seguido por unos gemidos bastantes altos. Se quitó, y se quedó acostada de lado, cogiendo aliento… me acerqué y le puse la mano en su cara, le pregunté si podía seguir (sabía que a veces, cuando llegaba a un orgasmo, sobre todo si era muy fuerte, se ponía muy sensible y le hacía daño, y no quería eso). Me miró, y asintió con la cabeza, para después ponerse boca arriba, abrirse de piernas, y poner sus manos detrás de mi cabeza, y decirme: “sigue, fóllame hasta que te corras, y quiero que lo hagas en mi boca, soy tu putita y quiero que me trates así ahora”. Sonreí, y me puse encima de ella, y empecé a follármela, esta vez, despacio, muy pegada a ella, dejándola dentro y moviendo mis caderas para que estas rozaran con su clítoris, y cada vez más iba subiendo el ritmo… más rápido… y más fuerte… hasta un punto que la cogí del cuello, y ella agarró con sus manos mis brazos, le gustaba mucho que lo hiciera. Y empecé a follármela muy fuerte, rápido… hasta que estuve a punto de correrme, la saque, y la fui a llevar a su boca, pero por el camino no pude aguantarlo, así que antes de llegar a su destino, empecé a correrme, y el primer tiro cayó en su mejilla, y un poco más por su barbilla, aún así se la metió en la boca, y el resto fue a parar dentro de ella. Me la agarraba con fuerza mientras me la chupaba y tragaba mi leche, hasta que termine de correrme. Caí sentado, exhausto por todo…nos miramos y sonreíamos. Ella se limpió con la mano mis restos y después se sentó a mi lado. Y entonces… nos dimos cuenta…

Sexo en la playa con espectadores de lujo

No fuimos conscientes durante el sexo, nos olvidamos de nuestro alrededor mientras estábamos en la playa, y cuando nos subimos a La Barra, ni intentamos ocultarnos ni pensamos en ello. Y al acabar, y mirar en derredor, los vimos, no muy lejos, una pareja nos había visto, y nosotros ahora…a ellos. Él estaba sentado apoyado contra una roca, y las piernas estiradas, y ella, de lado, entre sus piernas, con su polla en la boca. Parecían mayores que nosotros,30 y algo años, y se notaba que eran deportistas. Me quedé sin palabras, y en parte, halagado por el hecho de haber excitado a otras personas, sin embargo ella…estaba roja de la vergüenza, pero no dejaba de mirar cómo la otra chica se metía la polla de su chico en la boca y se la tragaba entera, mirándonos de reojo. El chico, a los lejos, levantó un pulgar en señal de aprobación, y que no pasaba nada. Así que mi chica y yo, nos echamos a reír, y volvimos a nuestra piscina a descansar…

Pero a los minutos, fuimos nosotros esta vez quienes escuchábamos los gemidos a nuestras espaldas, de los otros que estaban ya follando, no hacía falta ni mirar. Y de repente, noté la mano de ella entre mis piernas, agarrándome la polla por encima del bañador, me miró y me dijo “y si…repetimos hay detrás otra vez…mientras ellos nos pueden ver y nosotros a ellos…escucharles me está poniendo muy cachonda”. No hizo falta decir más.

 

La entrada Un día cualquiera en la playa… aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.