Relato erótico: sexo con la prima de mi amigo

Mi primer relato erótico real de sexo con la prima de mi amigo, espero les guste.
Fue hace aproximadamente 4 años, estaba de visita donde un amigo que no veía hace años y que por casualidades de la vida nos pillamos en la calle. Justo ese día era sábado, y cuando llegué (como a las 6 pm) me di cuenta habían hecho un almuerzo familiar; estaban tíos y parientes de mi amigo. Entré en un grupo de hombres, el típico club de toby, a conversar y tomar unas cervezas. Ya a las 10 estaban todos ebrios, pues venían bebiendo desde el medio día. Mi amigo se fue a dormir y me quede ahí jugando cartas y aplicándole a unas píscolas. Ya a las 12 aproximadamente se fue gran parte de la familia, quedaron 2 parejas de tíos de mi amigo y sus hijos: 3 primos, 2 hombres y 1 mujer. Ya a las 2 todos se fueron a dormir, y el papé de mi amigo me pasó un sofá cama y una frazada para tirarme en el living. Apenas me acomodé, me quedé dormido, pero de repente me despertó el peso de la frazada, en eso escucho unas risas a mis espaldas, no quise abrir los ojos por el cansancio y entre murmullos escucho la siguiente conversación de 2 mujeres:
– Lo viste?- Sí, lo tiene parado…
Apenas escuché eso supe lo que pasaba: andaba con buzo y en la posición en que me encontraba se me notaba la típica erección nocturna que uno tiene. No sabía qué hacer, tenía mucha vergüenza de que me hubieran notado. De repente sentí movimiento en el sofá cama, pensé que me iban a arropar nuevamente, pero una mano me toco la entrepierna cerca de mi pene. Temblé y la mano se apartó, pero unos segundos después volvió a tocarme, para luego sobajear mis testículos, mi erección fue más en aumento. Una risa de más lejos me hizo sentir incómodo, era la voz de la mamá de mi amigo y por su risa la reconocí, entonces comprendí que quien me estaba tocando era una de las tías y su mamá miraba. La mano entró a mi buzo y pasó directa a mi bóxer, para tocar directamente mi pene: lo agarró fuerte y no hizo nada más por unos segundos. Una voz llegó a mi oído y dijo: “Sé que estás despierto, si quieres que te la chupe, dímelo”.
Abrí lentamente los ojos… no dije nada y para mi sorpresa no era una de las tías… sino la prima de mi amigo, de la cual no me había fijado lo linda que era. Me miró, se rió, y bajó a mi pene. Lamió mi glande por mucho rato, no podía ver su cara pero se sentía espectacular, adecuándome a la luz busqué a la mamá de mi amigo pero no la vi. La prima de mi amigo continuó y sentí que eyacularía pronto, estaba muy excitado y entonces se apagó la luz… Sentí que se acercaba alguien más, se sentó a mi lado y me empezó a besar, era la madre de mi amigo. Con sus manos recorría mi pecho y luego chupó mis pezones, luego de un rato bajó a mi pene y entre ella y su sobrina empezaron a chupar mi pene en forma alternada. Iba a acabar pronto y se lo dije; ambas pararon y la madre de mi amigo se fue diciendo algo en voz baja. La prima se acercó a mi cara y me preguntó si quería penetrarla. Le dije que sí, pero en eso me dice “goloso, para la próxima” y empezó a masturbarme, luego de unos minutos no aguanté más y me vine en su mano. Con su otra mano me limpió, se levantó y se fue, quedé sin rastro de semen en mí. Arreglé mi ropa y me tapé… No sabía qué había pasado, y entre pensamientos me quedé dormido. A la mañana siguiente me desperté y no había nadie. Fui a la cocina a buscar agua y pillé a uno de los primos, me contó que solo quedaba su papá y él en la casa, que todos los demás se habían ido. Al rato baja mi amigo y más atrás su madre, quien me miró con cara de “no digas nada”. Le dije a mi amigo que me tenía que ir, que era muy tarde, pero en verdad solo tenia vergüenza y aturdimiento. Me fui rápidamente solo despidiéndome de él. Esa noche en mi casa, me llaman de un celular desconocido, no contesté, como es mi costumbre; pero al 3 llamado decidí contestar: era la prima de mi amigo. Después de presentarse me pregunta que si se le conté a alguien, le dije que no, que nadie más sabía, y me dice que este es un secreto que debería guardar, pero que quería que nos juntáramos a hablar del tema, que podía salir beneficiado…
Aquí es donde empezó una historia bizarra para mí que duró 3 meses, y que tuvo un final feliz después de todo.
Pero eso lo dejaré para otro relato erótico real.

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Familia Perfecta 5 (Final)

Desperté lenta y pesadamente sintiéndome agotada. Al entreabrir los ojos observé a mi hermana dormida frente a mí cuya naricilla apenas rozaba la mía. Su respiración era lenta y rítmica. Su aliento, como de costumbre, olía a regaliz y rozaba mi barbilla y mi cuello como si se tratara de una pluma intentando provocarme cosquillas, que poco a poco, descendía por mi cuerpo desnudo perdiéndose en la oscuridad de las sábanas.

Sentir su paz y su tranquilidad me reconfortaba y me limité a observar su rostro desechando los recuerdos de hacía tan solo unas horas con mi hermano.

Sandra tenía el brazo derecho oculto bajo la almohada como si tratara de sujetarse la cabeza a través de ella. Mientras el otro, lo mantenía plegado sobre su pecho con su mano izquierda entrelazada con las mías.

No sabía muy bien que hora era, pero bajo la persiana comenzaba a colarse el día llevándose poco a poco los tonos grises de mi cuarto.

A medida que los minutos pasaban y la luz se volvía más y más persistente, más molesto me resultaba abrir los ojos.

En aquel juego de luces y sombras, el rostro de Sandra relucía brillante y atractivo. Sus labios entreabiertos parecían estar esperando un beso que nunca llegaba y sin saber muy bien por qué, me lancé a ellos.

No fue un beso apasionado ni mucho menos, más bien fue un beso tierno, tímido y suave que provocó que se despertara lentamente dedicándome una sonrisa profunda y una mirada risueña cuando me separé de nuevo.

– Que beso de buenos días más bonito… – Me dijo con una expresión alegre.

– Ese no era un “buenos días”… – Respondí juguetona.

– ¿No?… –

– No. Era un… “Gracias mi niña por cuidarme”. Éste si es un “buenos días”… – Dije ahogando la última palabra en sus labios.

La expresión de Sandra mientras mordía sus labios y comenzaba a explorar su boca con mi lengua era divertida.

Trató de contenerme sujetando mis hombros mientras lentamente me echaba sobre su cuerpo. Mis manos reptaban por su estómago levantando su pijama centímetro a centímetro mientras el calor de su piel impregnaba mi mano.

– Sonia espera… – Dijo tratando de detener una de mis manos que había cambiado de rumbo inesperadamente para encontrarse con su entrepierna.

Mis labios silenciaron sus protestas una y otra vez mientras sus pechitos quedaban a mi alcance y su vagina quedaba al descubierto bajo las sabanas.

El cuerpo de Sandra me parecía más atractivo y sensual que nunca y solo podía pensar en devorarlo a besos.

– ¡Sonia espera! – Utilizó todas sus fuerzas para separar mi cuerpo del suyo y se quedó mirándome enfadada.

– ¿Qué coño te pasa? No hay quien te entienda… ¿No era esto lo que querías? – Dije retirando las sábanas de mala gana mientras pasaba por encima suya para salir de la cama. Ella se aferró a mi brazo dejándome sentada en el borde.

– ¡Jolín, claro que es lo que quiero! ¿Pero qué quieres tú?. Te acostaste conmigo después de decirte que te quería. Anoche me chantajeaste para que se la chupara a Javi. Luego te fuiste a follar con él sin importarte que eso me pudiese doler a mí. Acabé recogiéndote del suelo hecha polvo y hoy, que todavía hueles a él ¿Me despiertas comiéndome la boca…? ¡Perdóname si me siento “algo” confundida y enfadada Sonia! – No dejaba de ser verdad lo que me decía, pero dicho así y saliendo de sus labios sonaba aún peor. Me hacía sentir aún más miserable.

– Ya lo sé Sandra, soy una mierda de persona… Puedes decírmelo claramente… – Dije con la voz temblorosa. Ella intuyó que estaba a punto de derrumbarme y se arrodilló en el colchón apoyando su pecho en mi espalda. Su cabeza se posó en mi hombro mientras sus brazos rodeaban mi cintura. Notaba su respiración y el calor que emanaba de sus pechos aplastados contra mi espalda. Era una sensación que me gustaba.

– No… No digas eso… Sólo estás hecha un lío – Su expresión al ver que estaba a punto de venirme abajo cambió de golpe volviéndose tierna y sensible.

La verdad es que cuanto más conocía a mi hermana, más me sorprendía y menos lograba entenderla.

– No se ni como me sigues hablando… – Le dije.

– Porque te quiero Sonia. Aunque tú no me quieras a mí. Si no te veo feliz yo no soy feliz – A pesar de todo lo que habíamos pasado, aún me resultaba raro escuchar como me expresaba sus sentimientos. Pero no tenía ninguna duda de que estaba segura, que creía en ellos con pasión.

– Sandra… No sé… Puede que algún día yo también te quie… – Traté de terminar  pero ella puso una mano tapando mi boca y negó con la cabeza.

– Me gusta cuando estamos así… – Dijo limitándose a sonreír alegremente.

– Y a mí, cielo… –

– Podría abrazarte y no soltarte nunca… –

– Pues abrázame y no me sueltes nunca… Contigo me siento más fuerte… – Dije tumbándome de nuevo a su lado. Ella me rodeó con sus brazos y piernas atrapándome en un abrazo fuerte y cariñoso, mientras lentamente hacía surcos en mi pelo con sus finos dedos. Aquello me relajó muchísimo y no tardé en sentir como mis párpados pesaban cada vez más.

– Tú a mí me haces débil… – Susurró creyéndome dormida. Besó mi pelo y se relajó hasta dormirse a mi lado poco tiempo después. Pero por mucho que lo intenté, yo no conseguí dormirme del todo y me escapé con cuidado de la cama para ponerme un pijama. El pantalón  era ajustado de color rosa claro y cuadraditos más oscuros, mientras que la parte de arriba era como una camiseta de mangas largas también ajustada y con el mismo esquema de colores que el pantalón.

Salí de mi cuarto en silencio para bajar a la cocina a hacerme algo de desayunar. Eran sobre las 09:00 de la mañana y la casa estaba desierta. Intuía que mis padres se levantarían tarde a causa de su escapadita de la noche anterior como hacían siempre que salían.

Por suerte tampoco había rastro de Javi  así que me sentí libre de hacerme unas tostadas y un colacao tranquilamente.

Un buen rato después ya había terminado de desayunar y comencé a recoger la cocina mientras veía los dibujos que daban en la tele, cuando de repente…

– Buenos días… – La voz de mi hermano cruzó la cocina golpeándome como un latigazo haciéndome soltar la botella de leche y derramarla sobre la encimera. Logré agarrarla y salvar algo de leche, pero el estropicio estaba montado y mi pijama chorreaba de cintura para abajo.

– Perdona Sonia… No quería asustarte –

– No pa-pasa nada… Ahora lo… recojo – Me puse a ello con bastante torpeza.

– Oye… Lo de anoche… – Comenzó a decir, pero era evidente que no tenía un discurso preparado y guardó silencio.

Yo me limité a tratar de limpiar la leche de la encimera dándole la espalda, pero el nerviosismo solo lograba empeorar la situación. Para mi horror, mi hermano se acercaba cada vez más a mí hasta acabar agarrando  mi cintura y rodearla con sus brazos.

– Lo siento… – Se limitó a decir mientras sus manos reptaban por mi pecho y mis brazos buscando las mías que estaban empapadas en leche.

Contenía mi respiración inconscientemente mientras su aliento cálido se estrellaba contra mi cuello  y mi mejilla.

Su entrepierna se frotaba contra mi trasero haciendo notar su erección, empujando mi cuerpo contra la encimera empapada y haciendo que mi pijama se empapase cada vez más.

Mi respiración regresó desbocada cuando me giró lentamente y comenzó a lamer mis dedos uno a uno limpiándolos de leche.

– Javi… ¿Qué… Qué haces? – Pregunté asustada. Tenía que hacer un enorme esfuerzo para no lanzarme a sus labios. Tenerle tan cerca hacía que perdiese la razón. Nada me importaba, nada existía más allá de nuestros cuerpos rozándose. Excepto Sandra.

Por primera vez, mi hermana estaba presente en mis pensamientos haciéndome sentir incómoda. Pero no lo suficiente como para rechazar el beso que me plantó por sorpresa.

Sus manos se aferraron a mis tetas con fuerza durante unos segundos hasta que decidió que la parte de arriba sobraba, me la sacó de un tirón sin hacer caso de mis quejas.

Luego llegó el turno de mi sujetador que literalmente me lo arrancó de un tirón, tirando ambos al suelo sobre el charco de leche.

Aquello se estaba descontrolando rápidamente y sabía que acabaría follándome allí mismo sin que pudiera o quisiera detenerle.

Mi pantalón bajó hasta las rodillas de otro tirón seguido de mis braguitas pero antes de darme cuenta, mi hermano me había alzado sentándome en la encimera.

El tacto frío de la leche recorriendo mi piel  contrastaba con el calor que sentía a medida que besaba mis muslos y se deshacía de mi pantalón.

Sus besos ascendieron para escoltar a los largos y fuertes dedos que ya comenzaban a penetrarme obligándome a tapar mi boca con las dos manos.

La entrada de la cocina se encontraba frente a mí, tras ella se hallaba la escalera hacia el piso de arriba. Temía que alguien bajara y nos encontrara en aquella situación, ¿O tal vez no?. Inconscientemente deseaba que nuestra hermana bajase y se uniese a nosotros para saborear mi piel salpicada de leche. Imaginar aquello disparó mi excitación.

Me dejé caer sobre la encimera hasta  que la mitad de mi espalda quedó empapada en leche. No me importaba, de hecho añadía cierto morbo. Tampoco me importaba que el resto de mi espalda estuviese apoyada sobre una ventana que daba a la calle, aunque por el ángulo con las casas de enfrente y la altura del muro del jardín, era improbable que alguien nos estuviese viendo.

Mi hermano seguía profanando mi vagina con sus dedos a toda velocidad y por un instante creí que me correría. Pero paró de golpe e introdujo aquellos dedos en mi boca.

Apenas había empezado a lamerlos cuando bajó su pantalón de deporte lo justo para que su pene totalmente erecto escapase de ellos apuntando hacia mí. Puse mis manos en su pecho para tratar de impedir lo que sabía que iba a ocurrir, pero fue inútil. Su pene encontró mi vagina y la penetró de golpe cortándome la respiración con un leve gritito.

A la segunda embestida empujé con más fuerza su pecho para alejarle pero también fue inútil. No opuse más resistencia. Mi cuerpo resbalaba sobre la leche provocando que se precipitara al suelo en sonoros goterones mientras nosotros hacíamos lo posible por no emitir ningún gemido.

Cuanto más minutos pasaban, más fuerza imprimía Javi al penetrarme y más cerca estaba de llegar al clímax. Hasta que finalmente mis fuerzas se escaparon por mi entrepierna al tiempo que mi hermano daba los últimos empujones y se desvanecía sobre mí. Traté de ahogar mis gemidos de todas las formas que se me ocurrían pero estaba segura de que alguno se escapaba poniéndonos en peligro.

Aunque se había corrido, aún mantenía un lento ritmo introduciendo su pene en mi interior. Sus caricias manchaban mis pechos de leche mientras las mías hacían lo mismo  con su rostro y su cuello.

– Nos van a pillar… – Le supliqué. Traté de alcanzar sus labios pero se retiró rápidamente para esquivarme.

Yo bajé de la encimera tratando de no caerme por la leche resbaladiza y me lancé para robarle un beso. Él volvió a rechazarme y como acto reflejo le lancé un bofetón.

– ¿Esto es todo? ¿Ya está? ¡Mírame! – Le grité sin importarme que nuestros padres o nuestra hermana se despertaran. Él trató de escapar pero mi rabia hizo que tirara de su brazo obligándole a mirarme.

– ¿Ya está no? Le echas a tu hermanita un polvo mañanero y eso es todo ¿no? – Volví a golpear su cara una segunda vez, pero agarró mis muñecas impidiendo que hubiese una tercera. Las lágrimas brotaron de mis ojos  por la impotencia de no poder moverme y traté de morderle los puños. Luego la muñeca y después cualquier parte de su cuerpo que estuviese a mi alcance, pero era inútil. Por mucho que lo intentara, por mucho que rugiese o le mostrara los dientes rabiosa, no podía competir con su fuerza.

– ¡Estate quieta! – Gritó en un susurro.

Cuando vio que no conseguiría calmarme, me atrajo de un tirón y su boca se estrelló contra la mía. Inconscientemente mi cuerpo seguía forcejeando para liberarse pero mi boca devoraba sus labios y su lengua. Lentamente dejé de resistirme hasta lograr que me soltara. Cuando la sangre volvió a circular por mis manos fui consciente de lo fuerte que me las había agarrado y le golpeé en el pecho enfadada. Pero sin dejar escapar sus labios.

– Te quiero imbecil… Te quiero, te quiero… – Le dije entre besos furiosos.

Su pene volvió a enderezarse con el frote de nuestros cuerpos y me lancé a estimularlo con unas sacudidas. Incluso se mostró más participativo a medida que su excitación regresaba correspondiendo a mis besos.

Por un instante creí que volvería a follarme sobre la encimera mientras mi cuerpo se empapaba de leche. Pero para mi sorpresa, mi hermano se sentó en una de las sillas de la cocina y me atrajo para que me sentara sobre él.

Su pene sobresalía como un mástil entre sus piernas abiertas y estaba completamente húmedo. El olor era fuerte y ácido pero era su olor mezclado con el mío, era imposible que me resultara desagradable. Me dejé caer sobre él sin dejar de perder de vista la escalera.

Su pene entró sin mucha resistencia en mi vagina empapada. El semen de su corrida anterior se escapaba sigilosamente por mis muslos en finos hilillos y los observé mientras comenzaba a cabalgar lentamente sobre su cuerpo.

En ese instante Javi comenzó a lamer mis pechos que quedaban casi a la altura de su rostro mientras subía y bajaba. Mi excitación tardó un poco en progresar hasta que comencé a amoldarme encontrando una postura idónea. Entonces todo comenzó a acelerarse.

Mis subidas y bajadas se aceleraron y mis muslos comenzaron a arder por el esfuerzo. El sudor cubrió mi piel y una sensación de calor sofocante me invadió cuando mi hermano tapó mi boca para ahogar mis gemidos. Estaba al borde de desmayarme por el agotamiento pero no pensaba rendirme. Justo a tiempo él agarró mis nalgas con sus fuertes manos y comenzó a hacerme más fácil la tarea de subir y bajar. Sus dedos apretaban con fuerza quemando la piel de mis nalgas y me hacían un poco de daño, pero no me importó. Era soportable y gracias a él había aprendido a hallar cierto placer de un poco de dolor.

La escalera se encontraba frente a mí, a unos metros. No la perdía de vista mientras subía y bajaba sobre su pene. Mi cuerpo estaba como en llamas y cada resbalón de las gotas de sudor que cubrían mi piel desnuda era una bendición ya que dejaba un rastro fugaz pero fresco tras de sí. Mi cerebro estaba saturado y era incapaz de procesar poco más que las descargas de placer que soltaba mi vagina cada vez que la llenaba con el pene de Javi, en embestidas rápidas, furiosas y profundas. Ni siquiera podía gemir para liberar la presión.

El sonido a mi alrededor llegaba a mis oídos distorsionado y lejano y entonces ya no pude más.

Me derrumbé sobre mi hermano cuando mis piernas fallaron. La escalera desapareció tras un velo negro que cubrió mis ojos y el sonido enmudeció de golpe.

Tan sólo sentía como mi vagina se inundaba aún con el pene de mi hermano en su interior en una sensación éxtasis, desahogo y alegría. La piel se me erizó se puso tan sensible que parecía que me había clavado miles de agujas por todo el cuerpo.

Cuando comencé a recuperarme, el frío me invadió. Me encontré con el rostro sobre el hombro de mi hermano y la boca entreabierta sobre su cuello. Respirar se había convertido en un trabajo pesado y mantenerme consciente en una prioridad. Uno a uno, todos los nervios de mi cuerpo volvían a estar bajo control y comencé a notar como mi hermano continuaba zarandeando mi cuerpo. Mi vagina aún estaba a flor de piel y notaba sus embestidas en mi interior con una mezcla caótica de sensaciones. En ocasiones eran placenteras y en ocasiones dolían. A veces ni siquiera las notaba. Pero le dejé acabar mientras rodeaba su cuello con mis brazos y volvía a vigilar la escalera recuperando el aliento.

No tardó mucho en correrse de nuevo y bajé la vista para verlo. Noté palpitar su pene en mi interior cuando lo hundió con todas sus fuerzas y adiviné por la expresión de su rostro que estaba siendo una buena corrida.

Le observé en silencio mientras sus manos acariciaban mi trasero y sus besos se perdían en mis pechos y mis pezones erizados. Le observé en silencio y entonces me di cuenta. Fue como una revelación que te cala hasta lo más profundo. Algo que creía entender pero no era así.

Él no me amaba y jamás lo haría. Yo solo era un cuerpecito bonito al que follarse y ni siquiera me veía como a su hermana cuando lo hacía. Así le resultaba más fácil. Su mirada al final se encontró con la mía y nos miramos en silencio un buen rato.

Durante todo ese tiempo ambos nos comunicamos como nunca antes lo habíamos hecho con palabras. Por fin ambos entendíamos los sentimientos del otro y qué esperar de ellos.

– No puedes obligarme a quererte… Como me quieres tú – Me dijo en un abrazo.

– Ya… Lo sé… Pero Javi… tú tienes que asumir que “esto” está pasando. Conmigo, tu hermanita pequeña… ¿Tú quieres que sea sólo sexo?. Perfecto, lo entiendo… – Me separé para mirarle de nuevo a los ojos. – Pero no me trates como a una “guarrilla” a la que te tiras en los baños de una discoteca y luego no vuelves a ver nunca más… Quiero que me trates bien y no como a una… – Me silenció con un profundo beso antes de que me fuese por las ramas como solía hacer cuando estaba nerviosa.

– Lo sé enana… Lo sé. No volverá a pasar, créeme – Dijo totalmente decidido y volví a abrazarle.

– Javi… – Dije unos segundos más tarde.

– Dime… –

– Que no se te olvide esta tarde comprar condones… Que como sigamos así al final me dejas embarazada, capullo… – Comenzó a reírse cuando le solté un mordisco en el hombro y después me ayudó a ponerme en pie y mantener el equilibrio mientras mis piernas se recuperaban poco a poco. Entonces fui consciente de como mis muslos estaban empapados de mis propios fluidos al correrme y del abundante semen que escapaba de mi vagina. Luego él se puso en pie también empapado y juntos examinamos sorprendidos el suelo salpicado y la silla hecha unos zorros. Ver la leche derramada sobre la encimera no ayudó a levantarme el ánimo.

– Vale enana, compro los condones con una condición… –

– Dime… – A penas le prestaba atención ya que estaba tratando de hacerme una idea de cómo íbamos a limpiar aquello.

– Que te encargues tú de limpiar… – Me giré para negarme en rotundo pero mi hermano ya estaba retrocediendo por la puerta con una sonrisa maliciosa. Antes de poder quejarme, me lanzó a la cara mi pantalón de pijama empapado y se escabulló rápidamente escaleras arriba.

Empapada en leche, sudor y semen, contemplé la cocina hecha unos zorros y me lamenté. Pero casi una hora y media después, con la cocina limpia de nuevo y recién duchada, aún no había podido borrar de mi cara la estúpida sonrisa que se había dibujado en mis labios. Puede que Javi no me quisiera nunca, pero al menos podría tenerle en mi cama… O en la suya. O… En la cocina, el salón, la buhardilla, el sótano, la ducha, etc.

Durante las siguientes semanas gastamos bastantes condones e incluso tuvimos sexo sin ellos cuando se nos acababan.

Además, la mayoría de las noches mi hermana Sandra se colaba en mi cuarto o yo en el suyo. No siempre teníamos sexo pero sí la mayoría de las veces. Su amor hacia mí suplía la falta de amor de Javi y comencé a sentirme de nuevo plenamente feliz.

Incluso la relación de Sandra con Javi se normalizó después de unos días, el ambiente en casa mejoró y casi un mes después solo faltaba una pequeña pieza del puzzle por encajar…

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Aquella mañana desperté abrazada a la espalda de Sandra. Ambas estábamos desnudas sobre las sábanas y una toalla enorme después de una noche especialmente “intensa” en mi cuarto.

Últimamente me sentía insaciable y obligaba a mis hermanos a emplearse al 100% en la cama. El sexo con Sandra estaba cargado de ternura y cariño. Los orgasmos que sentía con ella eran muy diferentes de los que me provocaba Javi, pero a veces incluso más placenteros. Con él tenía un sexo mucho más intenso y unos orgasmos que calificaría como más físicos. Pero la verdad es que sin saberlo, mis hermanos se complementaban a la perfección.

Deseché de mi mente la idea de juntarlos a ambos para formar un trío justo cuando mi hermana se giró sobre sí misma desperezándose. Me dedicó una sonrisa al verme y yo la correspondí con un beso tierno en la frente.

– Buenos días… ¿Qué tal ha dormido mi niña? – Pregunté.

– ¡Buuuf! Sonia, mi amor… Cualquier noche de estas vas a acabar conmigo ¿Sabes?… – Dijo fingiendo preocupación. Ambas reímos y jugueteamos un rato antes de levantarnos para vestirnos, pero agarré sus manos y la senté a mi lado en la cama. Llevaba días dándole vueltas a una cosa que a veces me hacía sentir mal con mi hermana. Pero por primera vez, aquella mañana me sentí con valor para hablar con ella.

– Cielo… Quiero decirte algo. Verás… – Suspiré tratando de quitarme de encima la repentina inseguridad que comenzó a acosarme pero mi hermana apretó mis manos y clavó sus preciosos ojos en los míos dándome ánimos.

– Sandra… Tú sabes que te quiero muchísimo. Más que a mi vida, cielo. Ya se que no es igual que lo que sientes tú pero sabes que me esfuerzo por darte todo lo que llevo dentro. Yo… Yo… Yo no sé si somos novias, hermanas, amantes o yo que sé… Pero me gusta. Tú… Tú me gustas. Tu forma de ser, tu cuerpecito precioso y las cosas que me haces a veces… – Tomé aire cuando ella dejó escapar una risita avergonzada y traté de calmarme para evitar acelerarme de nuevo.

– Sandra… Lo que quiero decirte es que aunque no esté enamorada igual que tú, sí que lo estoy “a mi manera”… No sé si me explico… – Sus ojos se empañaron y asintió levemente.

– Perfectamente… Ya sé que tú no me amas Sonia. Pero a veces consigues que me crea que sí que lo haces… Y con eso me basta. Estoy contigo ¿no? ¿Qué más puedo pedir?… Es más de lo que esperaba – Me dijo antes de abrazarme con fuerza.

Después de unos segundos me separé y volví a enfrentarme a sus ojos.

– Escucha… Hay otra cosa. Yo… He estado con Javi a veces, desde que empezó todo esto. Lo siento mi vida, pero no consigo borrar lo que siento por él y… Yo… Yo… Lo he intentado pero no sé cómo… Ya sé que para él es sólo sexo pero es la única forma de poder tenerle… Y yo… Yo no quiero perderte pero tampoco mentirte y no se que hacer para… ¿De qué te ríes?… – Mi hermana se revolcaba por la cama sujetándose el estomago.

– Jajajaja Me encanta cuando te pones así… Jajajaja ¡Hay! Me hago pis… jajajaja – Yo no entendía nada. La actitud de mi hermana me había descolocado y no era la respuesta que esperaba al decirle que seguía acostándome con nuestro hermano. Durante unos largos segundos dejé que se riera a gusto sin saber muy bien si reírme yo también o molestarme. Al final ella se dio cuenta de mi incomodidad y se recompuso con evidentes ganas de ir al baño.

– Jajaja Vale… Perdona… Es que te pones tan mona cuando te estresas… – Se sentó de nuevo a mi lado con las manos en su entrepierna y sin dejar de agitarse.

– ¿Estás enfadada?… – Le pregunté aún descolocada.

– No. Al principio cuando me di cuenta si, y mucho… No te dije nada por que no quería perderte… Pero luego vi como los días pasaban y tú volvías a sonreír. Tu actitud conmigo fue a mejor e incluso Javi volvió a sonreír también. Me costó mucho aceptarlo y a veces me cuesta, no te voy a engañar… Pero lo único que quiero es que tú seas feliz y que no me dejes nunca… –

– ¡Claro que no te voy a dejar nunca! Eres la mejor persona que conozco… Y eres mucho más madura que yo… – Besé sus labios y abracé su cuerpo desnudo con fuerza. – Tengo mucho que aprender de ti… –

Ella me devolvió el beso con su característico estilo. Lento pero intenso, tierno y sensual. Sus manos se aferraron a mis pechos con fuerza mientras me dejaba devorar tumbándome en la cama. Sus besos en mi cuello comenzaron a excitarme rápidamente y de nuevo besó mis labios con pasión mostrándome una risa malévola.

– Así que tienes mucho que aprender de mí… – preguntó. Asentí excitada mientras buscaba desesperada sus labios. – Pues te daré clases particulares… Cuando vuelva del baño… – Se separó de mí rápidamente y escapó del cuarto enrollándose en la toalla sin dejar de sonreír y dedicarme una mirada lasciva.

Me quedé allí tumbada. Excitada por sus besos, alegre por que se lo había tomado bastante mejor de lo que esperaba y feliz. Feliz por qué todo volvía a marchar bien en casa. Por que en eso consiste.

No importa lo que vean los demás desde fuera de mi casa, sino lo que sintamos nosotros desde dentro. Tengo relaciones sexuales con mi hermano mayor y mi hermana pequeña pero ¿a quien le importa la manera en que nos queramos o nos relacionemos mientras estemos juntos?. A mí desde luego no.

FIN.

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1. Tania e Iván: El Amante Inesperado

Hola, me llamo Tania.

Soy una joven madrileña que hasta hace tan sólo dos años y pico tenía una vida normal.

Iba a un instituto normal. Tenía amigas normales, novietes normales, padres normales y dos hermanos… Bueno, supongo que también normales hasta ese momento.

Mis padres son lo más normal del mundo. Ella es de altura media y regordeta con un pecho muy grande y caído. Mi padre es alto y con una barriga considerable, bastante hecho polvo para su edad, dicho sea de paso. El caso es que son las típicas personas que no mirarías dos veces.

La mayor de sus tres hijos es mi hermana Erika. Es una chica muy guapa con un cuerpo bastante atractivo. Es alta y esbelta con una talla 90 de pecho. Siempre luce su 1 ’73 de altura con una ropa muy elegante pero sin “insinuar” ni enseñar demasiado, y su pelo dorado, casi siempre está sujeto con una diadema o en una pequeña y cuidada coleta. Es de piel clarita y sus ojos verdes resaltan bajo sus elegantes gafas de pasta negras (que no se pone mucho, la verdad). Es bastante alegre y positiva y su cara está hecha para sonreír. Actualmente está en su último año de carrera de veterinaria que compagina con su trabajo en una pastelería. Vive en Toledo compartiendo piso con una amiga.

El segundo es mi hermano Iván. Un año y poco mayor que yo. Siendo objetiva he de decir que no es un chico “muy muy” guapo ni tiene un físico impresionante pero tampoco es feo. Decir que es “de lo mejor del montón” es la mejor forma de describirle. Roza el 1 ’82 de altura y es de pelo castaño con los ojos de color verde oscuro. Es muy divertido cuando le conoces, pero a primera vista parece serio. También creo que es la persona más inteligente que conozco, aunque lo desaprovecha bastante en el instituto.

Y por último voy yo. “La peque”. Me describen como una chica bastante extrovertida y alocada que no para quieta. Físicamente soy delgadita con un cuerpo estirado y bonito de 1 ’65 con poco pecho. Es un pecho discreto pero atractivo y sé que aún tengo que desarrollarme un poco más, así que no me preocupo. Tambien soy guapa aunque ni por asomo me acerco a mi hermana Erika, y mis ojos marrones van a juego con mi melena larga y sedosa de color caoba.

Ahora que ya sabéis quien es quien creo que puedo empezar a contaros mi historia, que aunque comenzó hace unos casi tres años, primero nos remontaremos a hace pocas semanas. Una tarde en la que esperaba ansiosa a mi hermana mayor para irnos a pasar juntas un fin de semana lejos de mi casa…

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Hace dos semanas;

Erika se estaba retrasando.

Llevaba sentada en la jardinera de mi portal tanto rato que tenía el trasero dolorido por los picos de los ladrillos. A mis pies, mi maletita excesivamente cargada para un fin de semana se zarandeaba al ritmo de mi pie nervioso.

Estaba bastante inquieta e impaciente. Aunque hablaba con mi hermana por teléfono o whatsapp todos los días, llevaba sin verla cerca de dos meses. Pero más que por eso, tenía ganas de alejarme de mi madre unos días y escapar de su férreo control y su continuo desprecio.

Relacionarme con gente cálida y alegre no me vendría nada mal, la verdad.

Cuando vi llegar el coche de mi hermana perdí la noción del entorno y no me fijé en que mi madre había salido del portal y estaba a mi lado. Cuando la vi finalmente, me atraganté y ella se limitó a lanzarme su habitual mirada de desprecio. Ambas esperamos en silencio a que Erika se bajara del coche y viniese hacia nosotras.

– Mamá por dios… Alegra esa cara que sólo me la llevo un fin de semana… – Le dijo Erika mientras le daba un abrazo.

– Por mí como si te la llevas a tu casa a vivir – Respondió mi madre tajante.

– Va… No seas así. Además, sabes que yo me la llevo encantada – Mi hermana me hizo un gesto de burla arrancándome una sonrisa justo antes de darme un fuerte abrazo y besuquearme las mejillas hasta enrojecerlas.

Hablaron unos minutos más sobre la universidad, el piso de Erika y cosas a las que no presté mucha atención. Luego llegó el momento de marcharnos y mi hermana le soltó otro rápido abrazo a mi madre. Yo no me atreví a hacer lo mismo.

– Hasta el lunes mamá… – Le dije tímida. Ella contestó con un leve movimiento de cabeza que me indicaba que me dirigiese al coche mientras apenas me miraba.

– Ya te vale madre… Ya te vale… – Erika cogió mi maleta y tiró de mí para marcharnos. Siempre la llamaba “madre” cuando algo no le gustaba.

Diez minutos después estábamos saliendo del barrio cantando “Las de la intuición” de Shakira que sonaba en la radio a todo volumen. Cuando terminó apagó la radio y se puso seria.

– ¿Cómo la aguantas? ¿De verdad es así siempre? – Yo asentí con tristeza.

– Lo que no sé es como la has convencido para que me deje ir contigo el finde… – Dije distraída con el tráfico.

– Bueno, a veces hago magia… Pero esta vez me ha costado lo mío ¿sabes?. Y eso que llevo un año y pico sin tener ni idea de que coño pasa con esta familia. Perdón por la palabrota… – Soltó una risita.

– ¿A que te refieres? – Pregunté.

– Venga ya, peque… Mamá antes no te trataba así. Ni a ti ni a Iván. A quien por cierto no puedo ni nombrarle sin que se ponga hecha una furia. Además, cuando se separó de papá hizo lo imposible por qué os quedarais con ella y unos meses después va y manda a Iván a Barcelona con papá sin previo aviso. Ahora mamá y papá no se hablan, tampoco te dejan a ti hablar mucho con Iván por que no os dejan tener móvil y aquí ando yo, haciendo de enlace entre todos pero sin que ninguno me contéis qué coño ha pasado… ¡Hay perdón otra vez! – Me lanzó una rápida y penetrante mirada y luego volvió a centrar su atención en la carretera.

– No se Erika… Yo tampoco sé… – Comencé a decir.

– ¡Chist! Si no me lo quieres contar, no me lo cuentes. Pero ni se te ocurra mentirme a la cara diciéndome que tú no sabes nada ¿entendido? – Me interrumpió. Le costaba ponerse seria, pero cuando lo conseguía daba bastante miedo. Me limité a asentir con expresión triste y guardar silencio.

– Bueno peque… Al menos quiero que aproveches el fin de semana para disfrutar. Verás como no te olvidas de Toledo fácilmente… – Me agarró la rodilla y me hizo cosquillas. Luego clavó su dedo índice en mi estómago y mis costillas mientras me retorcía de risa implorando piedad. Siempre sabía como encontrarme las cosquillas…

Unos minutos después, ya más calmadas las dos, me sentí culpable de no atreverme a contarle lo que había ocurrido realmente. No podría entenderlo. Jamás lo haría. Ella era mi único apoyo y mi mejor amiga. Si la perdía a ella no me quedaría nada por lo que seguir adelante. Por mucho que me doliese no podía decirle nada.

Me dejé caer abatida en mi asiento y apoyé la cabeza en la ventanilla ocultando mi rostro bañado en lágrimas. Si Erika me vio llorar no dijo nada.

“¿Cómo hemos llegado a esto?” Me repetía una y otra vez mientras mi mente rebuscaba entre mis recuerdos tratando de hacer memoria. Lentamente, esos recuerdos me fueron atrapando y sin querer, perdí la noción del momento remontándome a aquel día. El día en que todo comenzó.

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Hace Tres años;

Era verano. Mis padres habían decidido llevarnos a mis hermanos y a mi a Gijón para pasar unos quince días en la playa. Habían alquilado un apartamento bastante bien situado frente al paseo marítimo y en un par de días ya estábamos perfectamente acomodados y relajados.

Mi hermana y yo nos paseábamos en bikini todo el día, mi madre con un camisón corto bastante viejo y sin mangas, y ellos únicamente con sus pantalones cortos.

Desde hacía unos meses, mi cuerpo había empezado a despertar sexualmente y yo aprovechaba para frotarme disimuladamente con cualquier cosa, como los bordes de las mesas, las sillas, etc. Y más recientemente había comenzado a masturbarme con torpeza y también algo de miedo. Como aquella tarde.

Hacía poco rato que habíamos comido y la mayoría estaban echándose la siesta, así que aproveché el momento.

Mis dedos presionaban mi clítoris describiendo pequeños y grandes círculos aleatoriamente. La mayoría de foros y vídeos que había consultado dejaban claro que era así como tenía que hacerlo y la verdad es que era bastante efectivo. El calor de mi cuerpo se había disparado, mi respiración se estaba acelerando por momentos y las pequeñas descargas de placer que me asaltaban venían como un oleaje que cada minuto se volvía más violento.

No pude evitar la tentación de penetrarme con un dedo de la otra mano y aquello fue la chispa que prendió la mecha.

Mi mente no paraba de darle vueltas a la sensación con la que me había despertado una noche no hacía mucho. Sudorosa, con las braguitas empapadas, con la respiración acelerada y el corazón desbocado en mi pecho. Era algo nuevo para mí, pero no era una mojigata. Sabía perfectamente que aquella noche había tenido mi primer orgasmo, y fue increíble. Se quedó grabado en mi mente casi como una obsesión.

Desde entonces me masturbaba cada día una o dos veces tratando de revivirlo, pero si bien unas veces tenía más éxito que otras, siempre me quedaba muy lejos de conseguirlo.

Aquella tarde, encerrada en el cuarto de baño, no marchaba mal el asunto. Mi dedo estaba llegando más adentro de lo que me había atrevido a meterlos nunca y el jueguecito de mi clítoris estaba haciendo maravillas. Estaba segura de poder conseguirlo esa vez.

Aceleré el ritmo de mis dedos en mi vagina que creó un efecto dominó por todo mi cuerpo. La respiración se hizo tan pesada que arrastró una serie de pequeños gemidos que me esforcé por ahogar. Mi piel se erizaba por momentos y mi pecho parecía a punto de explotar con los latidos de mi corazón.

Tragué saliva e incluso se me humedecieron un poco los ojos mientras mi atención se centraba en mis pezoncitos erizados e hipersensibles.

Era genial. Mi vagina cada vez estaba más húmeda y sensible permitiéndome introducir el dedo con más facilidad. Un segundo dedo reforzó al primero y se me escapó un pequeño gemido. De hecho estaba tan confiada que dejé escapar unos cuantos más de forma controlada. ¡Estaba a punto!… Mi estómago se tensó, mis piernas se cerraron instintivamente y entonces…

La puerta sonó varias veces sacándome de mi estado y arrojándome violentamente a la realidad cuando escuché la voz ronca y profunda de mi padre.

– Tania. Llevas mucho rato ahí ¿no? ¿estás bien? – Dijo. De pronto toda la excitación que había sentido desapareció de golpe y quedó sustituida por una enorme crispación.

– ¡Si! ¡Ya salgo! – Mi enfado iba en aumento mientras trataba de colocarme mi bikini rosa rápidamente por si se abría la puerta. Aunque era un miedo injustificado ya que sabía perfectamente que había echado el seguro.

– Si se despierta tu madre dile que me he bajado a la playa – Contestó.

– ¡Vale papá! ¡Genial, gracias! ¡Muchas gracias por avisar! – Le grité malhumorada.

¡Después de haber estado tan cerca, todo se había fastidiado en un segundo!. Apreté los dientes para no dar el enorme grito que aguardaba en el fondo de mis entrañas y contuve un par de lágrimas de rabia. “¡Jolín, ya casi estaba!” pensé.

No tardé mucho en abrir la ventana, lavarme  y limpiar un poco. Salí del baño con el bikini colocado en su sitio, apresurada por llegar a mi cuarto para cambiármelo, pero la puerta estaba entrecerrada. Yo no la había dejado así. Me asomé sigilosa y vi que mi hermano estaba sentado en mi cama de espaldas a mí mirando mi tablet. No me extrañó mucho ya que dormía en el mismo cuarto que yo. Pero verle ahí distraído, era una oportunidad que no podía dejar pasar.

Como aún no se había percatado de mi presencia decidí asustarle y echarle una pequeña regañina por cogerla sin mi permiso. Aún sentía mi interior bastante caliente y mi vagina muy sensible pero me agazapé y avancé lentamente.

El brazo de Iván se movía de manera extraña pero no presté mucha atención. Avancé y avancé emocionada por que prometía ser la madre de todos los sustos y a mi hermano le costaría igualarlo.

Pero justo a un paso suyo algo debió fallar por que se giró velozmente hacia mí con los ojos como platos. Yo reaccioné instintivamente lanzándome sobre él y echándolo sobre la cama mientras le hacía cosquillas.

– ¡Ja! ¡Te he pillado capullo! ¿Qué haces con mi tablet? – Estaba tan concentrada en hacerle cosquillas y retenerle que no me fijé en su cara de susto. Tampoco quise fijarme en el bulto de su entrepierna duro que se frotaba con la mía mientras me movía sobre él. Era un roce placentero que me estaba encendiendo inconscientemente ya que para mí, aquello era tan sólo un juego. Al menos al principio. Pero por algún motivo no paré.

Iván forcejeaba conmigo para escapar, pero me aferré a él y seguí forzando la situación todo lo que pude para extraer cada roce de su entrepierna caliente. Siempre simulando que le hacía cosquillas. Pero llegó un momento en que aquello ya resultaba ridículo y simplemente seguí rozándome sentada sobre él. Estaba tremendamente excitada y aunque la situación me asustaba, no paré. Él tampoco se resistió mucho tiempo y se quedó mirando avergonzado la pared mientras aquello ocurría.

Pronto solo podía oírse mi respiración mezclada con pequeños gemidos junto con su respiración acelerada y profunda.

Para mi sorpresa, la mitad de su pene erecto sobresalía del su pantalón soltando leves gotas de liquido preseminal sobre su cuerpo y manchando la parte de abajo de mi bikini cuando avanzaba sobre él. Manchas que según se resecaban, se volvían blanquecinas. Pero aquello no nos detuvo. No a mí. No tan cerca de alcanzar el clímax, como aquella noche…

No podía pensar con claridad, pero si podía sentir cada mínimo roce de su entrepierna con la mía y en aquel momento, esa sensación me poseía y me controlaba completamente.

Era absurdo tratar de disimular o fingir. Posé las palmas de mis manos sobre su pecho y me incliné hacia adelante para acelerar el ritmo y la presión. Él me miró con una expresión extraña y pareció dudar. Yo no pude aguantar su mirada y la esquivé como pude hasta que sentí sus manos aferrarse a mis pechos. Traté de impedirlo con una mano pero insistió y lo dejé pasar.

Sus caricias se volvían mas confiadas cada segundo y no tardó en descolocarme la parte de arriba dejando mis tetas afiladas al descubierto. Traté de cubrirme pero siguió insistiendo hasta que logró apartar mi brazo y aferrarse a ellas mientras le dirigía una mirada de reproche. También cedí y le dejé tocarme. Sólo podía pensar en la excitación que sentía con el roce de nuestros sexos. Nada más me importaba.

La excitación de ambos estaba a punto de desbordarse y aceleramos el ritmo.

El roce de su piel en mis pezones erizados me provocaba una sensación rara. Me ardían y estaban muy sensibles pero definitivamente aquello me gustaba mucho. Estaba cerca, muy cerca. Pero faltaba algo.

Lancé mi mano bajo el bikini empapado para estimular el clítoris y eso fue espectacular. Mi entrepierna se deslizaba sobre la suya con suavidad. Una mano posada sobre su pecho y la otra dándome placer. Las suyas sobre mis tetas masajeaban con suavidad quemándome la piel. Mis gemidos se ahogaban en mi garganta. Su respiración se quebraba en la suya. Nuestras miradas se quedaron cruzadas mientras manteníamos aquella expresión avergonzada… Y entonces pasó.

Mi bikini se empapó enseguida mientras todas mis emociones y sentidos se escapaban por mi vagina obligándome a retorcerme y caer sobre su pecho sudoroso exhausta. Tapándome la boca con la mano empapada que antes me daba placer y dejando que un par de lágrimas de vergüenza, satisfacción, miedo y alegría se escaparan por mi rostro y se estrellasen en su pecho.

Apenas fui consciente cuando se giró colocándome boca arriba y comenzó a moverse sobre mí igual que había hecho yo. Pero a diferencia de mí, el había sacado su pene completamente. Era de un tamaño aceptable, aunque yo aún no entendía mucho de esas cosas.

Sus manos aún seguían acariciando mis pechos desesperadamente e incluso se atrevió a acercar su rostro y lamerlos.

¿Debí haber reaccionado? ¿Debí haberme resistido?. Tal vez, pero no lo hice. Mi mente estaba saturada por una explosión de sentimientos y sensaciones caóticas que trataba desesperadamente de ordenar.

La visión de mi hermano sobre mí frotando su miembro con mi entrepierna, acariciando y besando mis pechos no era más real que el sueño que tuve “aquella noche” y del que apenas recordaba nada.

Finalmente tras unos largos segundos, comencé a recuperarme y ser consciente de mi entorno. Fui cayendo lentamente en la realidad mientras mi hermano aún se frotaba conmigo unos segundos más hasta que  al fin se tensó y eyaculó sobre mi cuerpo sin parar de frotarse.

El primer chorro de semen llegó hasta mi pecho izquierdo describiendo en mi piel una línea recta y blanca. El segundo y el tercero fueron menos intensos y pronto mi ombligo quedó inundado de aquella cosa que veía en directo por primera vez en mi vida. Los siguientes fueron disminuyendo hasta que ya no eyaculó más. Pero mi bikini rosa quedó hecho un desastre.

Estaba tan sorprendida y aterrada que me quedé inmóvil. A medida que menguaba su excitación, Iván también se hacía consciente de la situación y se levantó lentamente mientras yo me incorporaba avergonzada tapándome el rostro con las manos. Al sentir el semen cada vez más frío resbalando por mi cuerpo, traté de limpiármelo rápidamente pero mis manos solo consiguieron esparcirlo más por mi piel.

Inmediatamente me preocupé más por cubrirme mis pechos con el bikini debido a la vergüenza y lo acabé pringando mientras intentaba colocarlo, pero se había enredado bastante y me temblaba el pulso. Al final lo dejé y me tapé con las palmas de las manos.

Iván me observaba en silencio con una expresión de miedo sentado al borde de su cama. Al principio yo no me atreví a mirar más allá de mis rodillas, pero sentía tanto la presión de su mirada sobre mí que al final cedí y le miré igual de asustada y triste.

– Tania… No podemos decir nada a nadie o nos matan… – Dijo tembloroso. Yo solo asentí con la cabeza mientras comenzaban a escaparse de mis ojos un par de lágrimas.

Volví a ocultarme detrás de mis manos tras comprobar de arriba abajo mi cuerpo y mi bikini empapado con manchas blancas. Prefería que me viese las teas a que me viese la cara.

Por alguna razón no podía dejar de sentirme culpable de aquella situación.

– ¡Jopé! Jopé, jopé. Dios Iván… – Comencé a desesperarme. Iván se arrodilló frente a mí y acarició mis rodillas.

– Eh… Cálmate… Tampoco es tan grave ¿Vale? No hemos llegado a hacer nada… – Parecía que mi hermano trataba de convencerse a sí mismo más que a mí, pero yo no tenía ganas de hablarlo y me levanté para escapar al baño a limpiarme. En ese instante vi la tablet al borde de la cama y la cogí solo para soltarla tras comprobar que mi hermano estaba viendo los videos porno que tenía guardados para mis “experimentos”. No me resultó difícil imaginar que estaba haciendo mientras los veía.

– Jopé Iván… ¡Somos unos putos salidos de mierda! – Susurré cubriéndome de nuevo. Luego me escabullí al baño arrancándome la parte superior del bikini desesperada.

Cuando me planté desnuda frente al espejo me puse a analizar la situación con claridad al mismo tiempo que examinaba la ropa y el semen blanco de mi piel. En mi mente persistía la idea de que lo que habíamos hecho era terrible, pero el placer era innegable. Al fin había conseguido lo que llevaba tanto buscando, revivir aquella noche y más aún. Esto era más fuerte, más reciente, ¡Más real!. Mi boca dibujó una sonrisa satisfecha que disimulé mordiéndome el labio inferior mientras observaba el semen aún pegado a mi piel. “Ahí lo tienes estúpida. Ya lo has conseguido”.

En un alarde de valentía empapé mi dedo índice con el semen de mi ombligo y lo chupé sin pensarlo. El sabor era agrio y salado pero extrañamente no muy desagradable. o al menos no tanto como tenía entendido. Seguí chupando tratando de imaginar que era un pene y como tal, acabé chupando dos dedos de mi mano mientras de vez en cuando recogía más semen y lo saboreaba.

No dejé de mirarme mientras chupaba y chupaba ensayando expresiones lascivas y después de un rato ya no quedaba más semen que tragar ni más expresiones que ensayar. Reaccioné con enfado al darme cuenta de que mi mano izquierda había comenzado a explorar mi vagina de nuevo y me di cuenta de que tenía un problema.

La ducha no fue tan tranquila como esperaba… Me puse en cuclillas mientras el agua templada caía sobre mi pelo y mi espalda. Cerré los ojos y comencé a masturbarme. Mi clítoris ardía bajo el estimulo de mis dedos mientras con la otra mano me penetraba rápidamente. Ni siquiera quería repetir el orgasmo anterior, me conformaba con cualquier cosa, uno pequeño. Solo uno más.

En mis pensamientos no podía evitar recordar a mi hermano sobre mí frotándose, y eso me provocaba sentimientos encontrados. Más aún cuando eso derivaba en fantasías en las que me penetraba violentamente aumentando mi excitación.

Me pareció escuchar abrirse la puerta y volver a cerrarse. Poco después escuché la cortina de la bañera moverse y entonces una mano se posó en mi espalda. Ni siquiera me asustó. No me hacía falta abrirlos para saber que era Iván, aún así los abrí. En ese momento estaba sacando su pene del pantalón que estaba medio erecto mientras observaba como yo seguía masturbándome. El pantalón cayó al suelo y se quedó completamente desnudo.

– Jolín Iván… – Me lamenté. Observé indecisa como comenzaba a masturbarse sin dejar de mirar mi cuerpo desnudo.

– He echado el seguro pero aún van a tardar un buen rato en despertarse… – Dijo decidido. Cerré los ojos maldiciéndome por lo que iba a decir.

– … Jopé… Vale Iván. Pasa… – Apenas dije aquello, mi hermano entró apresuradamente con su erección a escasos centímetros apuntando a mi rostro. No pude evitar imaginarme chapándosela. Sería mi primera vez…

– Después de esto se acabó eh… – Él Asintió.

– No Iván, lo digo en serio. Se acabó… – Insistí.

– Ya… Tienes razón… – Contestó chocando su pene contra mi mejilla.

– Y no pienso “hacerlo”, así que no te hagas líos… – Dije acariciando su pene indecisa.

– Solo haz lo que tú quieras peque… – Su expresión era de puro deseo. Sabía que tenia ganas de que se la chupara. Volví a morderme el labio indecisa…

– … Buuuf… Ahora no me llames peque… – Y sin pensarlo más me la introduje en la boca de golpe. Sus manos comenzaron a acariciar mis mejillas y mi cabeza.

El sabor era mucho más intenso que el semen de mi cuerpo y su pene más grande y duro de lo que había calculado. Podía notar el calor de su piel en mi boca. Lentamente sacó el pene para volver a introducirlo y en pocos segundos comencé a coger confianza para hacerlo yo misma. Tal y como había visto en los videos.

Seguí lamiendo y acariciando con la lengua su pene mientras con mis manos continuaba masturbándome al compás. He de reconocer que la situación me dio bastante morbo. Igual que ver las expresiones de mi hermano, entonces me puse juguetona y comencé a lanzarle miradas y sonrisas lascivas. Quería sentirme sucia.

A medida que se la chupaba iba aprendiendo más cosas sobre él, sobre mí. Sobre lo que le gusta a los hombres y como jugar con ellos. Disfruté aquello más allá de la excitación y el morbo. Lo disfruté por sentirme deseada. Fueron unos minutos deliciosos.

– Tania… Buuuf Tania… Me corro… – Justo en ese momento su pene se tensó más de lo normal y expulsó sobre mi boca una gran cantidad de semen. Ver su cara fue un regalo para mí. Retiré mi boca indecisa decidiendo si debía tragármelo y así lo hice. Pero antes dejé caer un poco a la bañera ya que me parecía demasiado para una primera vez. Mi hermano alucinó.

Después de eso se la chupé un poco más para extraer cada ápice de placer de su cuerpo. Si era la última vez podía permitirme ese lujo y después, llegaría mi turno. Por suerte o por desgracia yo ya estaba muy excitada cuando introdujo dos dedos en mi vagina después de ponerme de pie y agacharse él. Le obligué a ir despacio cuando me di cuenta de que sus dedos eran mas largos que los míos y llegaban donde nunca antes había llegado.

Al principio sentía un ligero escozor mezclado con placer dentro de mi vagina y estuve a punto de obligarle a detenerse. Pero esa sensación remitió poco a poco dejándome a merced de los dedos de mi hermano mientras yo estimulaba mi clítoris. Aquello se me fue de las manos una vez más. Me quedé apoyada en la pared fría incapaz de moverme mientras trataba de ocultar mis gemidos bajo la palma de mi mano. Incluso cuando dejé de estimular mi clítoris por miedo a perder la cabeza, mi hermano tomó el relevo y en poco tiempo estaba suplicándole que parara. Pero no paró. En realidad tampoco deseaba que lo hiciera. Al final me corrí en su mano y me desvanecí sobre sus hombros tratando de ahogar los gemidos. Hasta él se asustó y se puso en pié para abrazarme examinando sus dedos levemente ensangrentados.

Refugiada en su pecho, Lentamente comencé a recuperarme y poco después sin dedicarnos ni una sola palabra, nos duchamos juntos rápidamente y salimos del baño por separado.

Durante el resto del día ambos nos evitamos y aquella misma noche, obligados a dormir juntos, no nos atrevimos a cruzar palabra.

Ambos estábamos asustados, confusos y avergonzados. Parecía que la semana y media que aún nos quedaba de vacaciones en Gijón se nos presentaba complicada. Ojalá entonces hubiese sabido cuánto…

Continuará…

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