Desvirgando jovencitas en un pub

Ir desvirgando jovencitas hoy en día no es algo que se pueda hacer con facilidad, pues casi ninguna llega entera a los dieciocho años. Sin embargo, hay veces que la fortuna nos sonríe y se dan todos los factores, como por ejemplo que unas amigas hagan una apuesta y la perdedora tenga que perder la virginidad el mismo día de la apuesta, y que tú seas el elegido simplemente porque no eres como los demás.

No voy a echarme flores, no puedo ir vacilando de ir desvirgando jovencitas a diario ni de ir desvirgando jovencitas en un pub, tal y como me recriminan de cachondeo mis amigos, pues esto solo se ha dado una vez en mi vida.

Efectivamente, este verano salí con unos amigos de copas y terminamos haciendo un pequeño tour por los pubs de la zona. A mí no me gusta bailar, ni mucho menos carroñear como hace la mayoría de mis colegas, por lo que las barras de los pubs suelen ser mi hábitat. Esa noche de sábado nos habíamos cruzado varias veces con un grupito de chavalas, tendrían unos 20 años, alguna tendría algunos años menos y otras alguno más, pero esa sería la media de edad. Mientras que mis amigos se dedicaban a soltar piropos estúpidos cada vez que nos las cruzábamos, yo pasaba del tema.

Cuando llevábamos un rato en el último pub de la noche, entró el grupo de chavalas, por lo que mis amigos fueron como buitres a ver a cuál podían cazar. Yo, por mi parte, me limité a pedirme un whiskey. Para mi sorpresa, se me acercó la más joven y guapa del grupo, se pidió un mojito y empezó a hablarme. Se puso a criticar a los tíos como mis amigos mientras que yo solo la escuchaba. En el fondo podía notar su nerviosismo, pero no sabía por qué estaba nerviosa, así que cuando se terminó su segundo mojito en menos de diez minutos pensé que alguien tenía que pararla, tanto de hablar como de beber, y sin mediar palabra la atraje para mí y, sin darle más opción, le metí la lengua hasta la campanilla.

-Vaya, -dijo sonrojada cuando paré de besarle- sí que eres directo.

-Quieres bailar? –le pregunté, más por salir del mal trago que por querer bailar-.

-Vale!

Nos pusimos a bailar, aunque en realidad solo nos limitamos a refregarnos mutuamente hasta que se puso de espaldas a mí y empecé a besarle el cuello mientras recorría todo su cuerpo con mis manos. Ella, por su parte, parecía estremecerse al mismo tiempo que ponía su culo perfecto en mi abultado paquete. Con el contoneo de caderas se giró y estaba vez fue ella quien empezó a devorarme la lengua a mí, momento que aproveché para llevar mis manos a ese culito tan apetecible. Por desgracia, sus ajustados shorts me impedían ir más allá, pero noté perfectamente la forma que tuvo de abrir sus piernas para que pudiera alcanzar su almejita desde atrás.

Esta jovencita preciosa no se atrevía a llevar su mano a mi paquete, aunque ya se lo había restregado bastante con su culo,  y ahora hacía lo propio con uno de sus muslos mientras nos besábamos y yo le negreaba el culo y el chochito al mismo tiempo.

-Acompáñame al WC…

En ese instante supe, una vez más, iba a tener sexo en un WC. La verdad es que me encanta follar en lugares públicos, el morbo a ser descubiertos, o sencillamente el morbo de tener la certeza de que otros saben que estás follando en ese momento es algo indescriptible. Así que me dispuse a ir con ella al WC del pub para terminar lo que habíamos empezado en la pista de baile.

Nada más entrar la puse contra la pared, sin parar de besarla y acariciándole el coño por encima del short. Ella empezó a gemir, con la respiración entrecortada y echándome los brazos por la espalda.

Me extrañó que no se bajase el short, ni que me bajase los pantalones, que solo se dejase hacer. No le di más importancia y le desabotoné el short para empezar a meterle mano directamente, pero ella reaccionó quitándome la mano. Eso me desconcertó, “esta solo va  a ser una calienta pollas más”, pensé. Estaba equivocado.

Al ver mi cara de sorpresa, la jovencita se arrodilló y dejó al descubierto mi polla, que salió de mi bóxer como un misil. Enseguida se lo metió en la boca, saboreándolo con deleite y metiéndose todo lo que podía. Yo guiaba su cabecita, intentando forzar cada vez un poquito más su garganta para tratar de abarcar el máximo de polla posible. Me estaba regalando una mamada de auténtica experta, tanto era así que cuando empezó a chupar y pajear mi verga temí correrme antes de poder follármela, así que le sujeté la cabeza para frenar su entusiasmo. La puse de pie, le quité por completo el short, la subí al lavabo y empecé a comerle el coño. Nuevamente, cuando fui a meter mis dedos, me retiró la mano con brusquedad.

-Qué pasa? No quieres…que te…? –Pregunté midiendo mis palabras-.

-Es que… soy virgen –dijo con algo de vergüenza-, nunca me la han metido.

Eso hizo que mi polla se viniese abajo, aunque paradójicamente mis ganas de enchufarla bien enchufada aumentaron de forma exponencial.

-Entiendo…si no quieres…

-Sí quiero. Métemela, pero ten cuidado por favor. Quiero que me folles.

Esas palabras bastaron para que mi rabo volviese a rellenarse de sangre y presentar una erección tan potente que casi me dolía. Volví a comerle el coño, acariciando su clítoris y saboreando cada gota de placer que emanaba de esa cuevita inexplorada. Me incorporé y puse mi miembro sobre su vulva para aumentar su excitación y para que se fuese haciendo a la idea. Mientras mi polla estaba sobre su chochito y pubis me comía la boca y el cuello de forma alterna, al mismo tiempo que le cogía sus tetas.

Me puse el preservativo, lo humedecí con saliva y apoyé mi glande sobre la entrada de su coño. Dejé que mirase para que conservase aquella magnífica estampa. Ella miraba con los ojos entrecerrados, mordiéndose los labios mientras que se apoyaba bien en el lavabo con las dos manos. Yo, cogiéndola por la parte baja de la espalda y por el cuello, me dispuse a desvirgarla de la forma más romántica posible y, tras apretar un poco, escuchar un alarido de ella y notar cómo se estremecía por completo, fui consciente de estar desvirgando a una jovencita en el WC de aquel pub.

-Uff, cuidado, despacio…-imploraba la chica mientras sentía cómo la penetraba con cuidado-.

-Vas a ver cómo te va a gustar…

-Mmm, me gusta, pero despacito…mmm, sigue, sigue, aaahh, sí…

De esta forma, abrazado a ella sobre el lavabo seguí penetrándola cada vez más profundamente, como cada vez más profundos eran sus suspiros y gemidos. Saqué mi polla de ese recién estrenado coño y, ahora sí, pude masturbarlo a placer para conseguir que se corriese mientras se retorcía de placer.

Aunque casi no tenía fuerzas, la puse en pie, apoyada contra el lavabo, y empecé a follármela por el coño desde atrás mientras le sobaba las tetas y le mordía el cuello. Ya no parecía importarle la profundidad de la penetración ni la fuerza de las embestidas, solo quería más y más hasta que le flaquearon las fuerzas en las piernas con un nuevo orgasmo que la dejó sin poder levantarse del suelo.

Arrodillada, me quitó el preservativo algo ensangrentado y volvió a practicarme otra mamada de campeonato al mismo tiempo que me masturbaba.

-Oooh, me corrooo –exclamé, vencido por el placer-.

Sacó mi polla de su boca y, sin dejar de pajearme, apuntó en dirección al váter. Observaba con cara de guarra cada gota de leche que proyecté contra el váter entre espasmos que me sacudían de pies a cabeza. Una vez hube terminado, me limpió la polla con su deliciosa boquita. Le ayudé a levantarse del suelo y salimos del WC entre las miradas de todo el mundo. Sus amigas aplaudían, mientras que los míos tenían los ojos como platos.

Luego, paseando por la calle, me comentó que era su cumpleaños y que sus amigas habían apostado que no sería capaz de perder la virginidad el día de su mayoría de edad. Me comentó que mi comportamiento era el de un tío diferente a los demás, y que quería que su primera vez fuese con alguien así. Y yo encantado de poder ir desvirgando jovencitas por ser tan especial.

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