Sexo interracial: Mi mamá y mi amigo Francisco – Regreso

Reciban todos los lectores de sexo escrito un saludo de mi parte y el hecho es que sé que han pasado muchos años desde que inicié mi relato erótico de sexo interracial, pero hoy vuelvo para poder continuar y concluir con lo que pasó en ese tiempo. Como sabrán en la actualidad ya soy adulto, terminé la etapa escolar, la universidad y hoy cuento con un trabajo. Y como mencioné, culminar este relato es una deuda para con todos, aunque trataré solo de tocar los asuntos más interesantes que ocurrieron.

Después de ese primer encuentro entre mi madre, Francisco y sus primos, aprovecharon lo más que pudieron esos días de ausencia de mi padre, aunque siempre procuraron no ser vistos por los vecinos y por esa razón venían de noche y entraban por la puerta alterna de la casa que da a un pasaje que tiene arbustos, permitiendo no ser vistos tan fácilmente al entrar. De esas veces que se vieron, uno que otro día coincidió con mi padre llamando a casa para saber cómo nos encontrábamos y mi madre le contaba los pormenores de ese día, aunque lo hacía mientras cabalgaba suavemente a Toño mientras Francisco y Carlos aguantaban las risas de saber que mientras mi padre hablaba tranquilamente con mi madre, su concha se abría ante el pene de aquel negro, llenándola por completo y satisfaciendo su hambre de hembra lujuriosa. Y una vez finalizada la conversación, los tres se echaron a reír dejando ver con mayor precisión el blanco extremo de sus dientes que resaltan por el contraste de su piel. Mi madre también acompañó las risas de ellos, aunque más moderada pero lo que comentaron Toño y mi madre es que fue un momento bastante excitante y morboso, por tanto, para la próxima vez que mi padre llamara y estuvieran ellos lo intentarían con Francisco o Carlos. Y eso no demoró en pasar pues unos días después mi padre llamaba casi a una hora similar mientras mi mamá le lamía la verga a Toño y lo masturbaba a Carlos, y mi amigo se la cogía en perrito. Mi madre se detuvo en lo que hacía para contestar el teléfono y conversar con mi papá, aunque se tuvo que poner de rodillas para eso, pero Francisco hizo lo mismo sin sacar su pene de la vagina de mi mamá y se seguía moviendo mientras con sus manos sobaba sus tetas y sus pezones. La conversación seguía como si nada, y mi amigo disfrutaba de mi madre con los ojos cerrados, aunque también veía a mi mamá abrir los ojos de vez en cuando y aguantar hacer algún ruido cuando mi amigo empujaba toda su verga dentro de ella y supongo que era por lo grande que lo tiene Francisco como siempre decía ella. Y siendo sinceros puedo decir, ahora más que nunca, que era muy excitante verlos juntos, todo acerca del sexo interracial se me hizo muy interesante y por eso fue que me gustaba ver eso y hasta dónde podrían llegar.

Aunque las conversaciones por teléfono no eran largas igual era disfrutada por ellos y luego de eso pues continuaban como siempre entre los tres negros poseyendo a mi madre. Siempre se turnaban en las distintas poses que probaban como cuando los tres se sentaban al borde de la cama y mi mamá se dirigía donde uno de ellos y se sentaba encima, yo podía ver cómo ella agarraba la verga de su amante de turno y la dirigía a su concha y poco a poco se iba insertando acompañada de los gestos de placer de mi madre y una vez hecho eso ella empezaba a moverse con mucha soltura tratando de llenar de placer a su macho. Mi mamá subía y bajaba y sus labios vaginales parecían agrandarse producto de la excitación mientras el mástil negro brillaba por los jugos del interior de ella y eso es lo que decían ellos, lo mucho que se moja y lo caliente que es su concha. Y así, después de un rato se movía de donde estaba y pasaba al siguiente procediendo de la misma manera.

          Qué concha tan caliente tiene señora Norma. – rugió Carlos agarraba las nalgas de mi madre y la ayudaba a subir y bajar de su fierro. Siempre tan calientita y apretadita.

          Ayyyyyy también con tremenda verga me llenas más que nadie. – susurró ella.

          Pero eso no quita que lo disfrute como la buena perra que es. – dijo socarronamente el negro.

Ellos continuaron en lo suyo, entregándose el uno al otro con movimientos suaves y rápidos y yo viendo cómo esa verga entraba centímetro a centímetro y volvía a salir continuamente y sin descanso producto de la juventud del compañero sexual de mi madre, y por las expresiones de Carlos podía saber que gozaba como nadie y que seguro debía sentirse como en el cielo. El negro estaba 26 cm dentro de mi madre y ella envolvía 26 cm de verga, más unidos que nunca nadie detendría eso sino ellos cuando así lo quisieran. Así era cada vez con cualquiera de ellos, mi madre era la perra de esos negros.

Mi madre, una adicta al sexo interracial

Los encuentros con los primos de Francisco no eran tan seguidos pues ellos tenían labores que hacer, además que solo eran en los viajes que mi padre realizaba de vez en cuando, en cambio, mi madre y mi amigo sí se veían seguido por lo que ya les he contado antes pues el ser vecinos ayudaba a que el vecindario no pudiera sospechar de lo que ocurría en casa. Y mi madre me había dicho que la herida ya estaba curada pero que mi amigo le pidió algunos consejos de adultos y que por eso se iban al cuarto a conversar, yo estaba de acuerdo porque consideraba a Francisco un buen amigo y algo así como un héroe en esa época pues recuerden que eso empezó cuando yo era todavía muy joven. Lo que también empezaron a hacer es que cuando era época de colegio mi amigo venía en la tarde a casa y se encerraban en el cuarto y normalmente él se iba antes que venga mi papá pero otras veces se quedaba hasta que llegara pero para ese momento nosotros estábamos en la sala o en la cocina y Francisco ayudándome en alguna tarea del colegio cosa que así mi padre no podría sospechar que algo pasaba entre ellos pues yo estaba presente y tampoco decía que había pasado algo raro. Más bien al ver esos detalles, mi papá tomaba mayor estima y confianza a mi amigo. Y yo seguía viéndolos a través de la ventana, bien oculto y siempre probando nuevas poses sexuales como una que le decían el cangrejo y donde Francisco está echado y mi madre sentada de espaldas a él pero con las manos hacia atrás y apoyada en la cama, dependiendo de la pose muchas veces no se veía por completo la penetración pero en otras ocasiones, como en esta, la visión era completa. La negra verga entraba y salía sin compasión y sin freno ante los movimientos que realizaba mi madre que se empalaba a su gusto y sabor, mi amigo solo se dejaba llevar por ella mientras lo veía que estaba con los ojos cerrados, signo inequívoco de lo mucho que debía ser su placer y más aún cuando empezaba a mover su cabeza de un lado al otro, Francisco era presa del placer llevado al máximo. Y no era para menos al ver cómo mi mamá quebraba su pelvis y así el pene entraba y salía a buen ritmo y sonido por los gemidos que soltaba pues también ella era consumida por el fuego del placer… definitivamente, ellos parecían hechos para brindarse placer mutuamente sin importarles mi padre en lo absoluto.

          ¡¡¡Ouuuuu ouuuuu!!! – Gemía de placer mi madre sin dejar de moverse.

          Señora Norma, así es difícil dejar de pensar en verla todos los días. – casi carraspeó mi amigo sumergido en el goce.

La vagina de mi madre chorreaba del gusto empapando el negro y gordo pene de Francisco y aunque el teléfono empezó a timbrar, ellos hicieron caso omiso al mismo, la verga entraba y salía como Pedro por su casa y el teléfono timbraba una y otra vez y la verga seguía entrando y saliendo,  quien fuera que estuviera llamando iba a tener que esperar un rato hasta ser atendido. Y así fue que después de varios minutos que parecían infinitos mi madre gritaba y temblaba encima de mi amigo quien a su vez empujaba con fuerza su pene descargando sus huevos por completo y poco a poco se fueron calmando y recuperando el ritmo normal de la respiración aunque se preguntaron por el inoportuno timbrar del teléfono. Esa duda sería resuelta cuando al cabo de un rato, una vez más se escuchaba el repicar del aparato y mi madre ahora sí pudo contestar y por lo que escuché pues era mi padre y mi mamá le daba alguna explicación de porqué no contestó y que se había estado duchando y la llamada era para que no se olvide que íbamos a salir más tarde cuando él llegara. Luego de eso, conversaron un rato más y lo volvieron a hacer ahora en perrito y después se fueron a duchar juntos pues estaban sudados y ya le había dicho a mi padre que se había bañado.

Por ahora esto es lo que les puedo ir compartiendo del relato de sexo interracial y recordando sobre todo lo más saltante de esa época. Aunque no lo crean, volví. Un saludo de parte mía, David, también conocido por mi madre como el gatito ronrón.

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Así es la vida, a veces se gana, a veces se pierde y muchas otras solo se ve

Todo es cuestión de encontrar el punto adecuado para mejorar cualquier dolor – decía la Sra. Lola a sus prospectos y clientes tratando de convencerlos de pasar a su sala de masajes terapéuticos que recién había abierto en una colonia de clase media.

La renta era cara y ella esperaba tener la suficiente clientela para afrontar los gastos, sobrevivir y generar algunos ahorros que pudieran garantizarle unos años seguros. Estaba en trámite de divorcio y su esposo no aportaba económicamente al destruido hogar. Nunca se llevaron bien pero supieron sobrellevar su relación. Lola había sido una mujer voluptuosa y preciosa cuando joven, blanca, alta, ojo color miel y muy simpática. Aun conservaba esos atributos físicos aunque era claro que el tiempo comenzaba a labrar huellas de cansancio en su rostro. Tenía facilidad para hacer amistades y a lo largo de sus años de matrimonio difícil había aprendido muchas labores para ganar dinero;  lavaba salas y alfombras, cocinaba, vendía ropa de buen gusto, daba consejos y ahora le había dado por meterse de lleno a la parapsicología, lo esotérico y lo naturista. Había estudiado un libro que compró en una feria y ahora estaba segura que era una experta en masajes. La reflexología era su fuerte. Ella mentía y juraba haber aprendido todas sus artes en sus múltiples viajes a oriente. Presumía que hablaba fluidamente árabe y yidish. Sabía expulsar demonios y sanar con sus manos y su voz. Se hacía llamar doctora. Era una pitonisa.

La música new age armonizaba su salón en penumbras sumergido en penetrantes aromas de sándalo y pachuli que salían de un dorado incenciario ovalado. Baratas alfombras “persas” decoraban las paredes y una espesa cortina “egipcia” daba paso a una pequeña habitación ocupada en su totalidad por una vieja y gastada cama de masajes. Esperaba impaciente en el umbral del edificio, el día era muy caluroso y sentía bochorno y fastidio pues no había trabajo. Las vecinas se pasaban de largo respondiendo apenas a sus calurosos saludos pues de todos era conocida su abundante plática. No era conveniente detenerse a charlar con La Doctora Lola.

¡Estos productos se venden solos! – le había dicho Patty a Pedro Luis cuando lo enganchó en el negocio de cosméticos, suplementos alimenticios y alimentos nutritivos. – Te ganas el 50% de lo que vendes y además obtendrás  un porcentaje de la red que vayas creando hasta la tercera y cuarta generación. Lo importante de este bussines es conseguir más gente que venda aunque eso sí, tú debes seguir comprando y vendiendo y apoyar mucho a tu grupo. Todas las compras te dan puntos. Si eres listo y acumulas 20 mil puntos mensuales por 9 meses te ganaras un viaje internacional por una semana; pero eso no es nada, tu cheque mensual irá creciendo y serás independiente económicamente – ; – además, sobra decirlo,  eres un hombre muy atractivo y veras que muchas señoras te agradecerán que les abras las puertas a este gran negocio – Ayudaras familias. Estaba demostrado que los hombres también podían vender artículos para damas.

Pedro Luis lamentaba haberse dejado convencer. Ya había invertido 10 mil pesos que no le sobraban en mercancía que no conocía, no creía que funcionará y no tenía ni idea de a quien ofrecerla. Sus amistades se reducían a hombres y mujeres adictos al gym.

Hacía más de 4 meses que no tenía un trabajo fijo desde que la empresa de plásticos en que trabajaba había cerrado. Aunque gastos personales no eran muy altos, no podía permitirse el lujo de dejar de entrenar y echar por la borda el trabajo de años. Ahora tenía que ir a un gimnasio público pues ya había vendido todos sus aparatos y pesas para sobrevivir. Hasta las playeras de compresión y sus trofeos y medallas había malbaratado en un tianguis.

Alguna vez había sido un hombre solvente que ganaba grandes sumas en comisiones de ventas pero ahora andaba volando bajo sin un quinto en la bolsa. Se transportaba en camión o a pie cuando las distancias no eran tan largas. Traía consigo un lujoso maletín de piel con muestras que bien hubiese podido atraer a algún asaltante pero él no temía pues su cuerpo de Hércules mantenía lejos a cualquier tipo que quisiera dañarlo. Su ceñida camisa colorida parecía explotar con cada movimiento que hacía, sus músculos relucían bajo la tela y hasta las venas de sus poderosos brazos podían distinguirse. Su mujer e hijas lo habían despojado de todos sus bienes y estoicamente él lo había permitido pues siempre había considerado que casas y autos eran el patrimonio de su familia. No era materialista en absoluto, se consideraba un buen hombre. Algún día recuperaría trabajo, familia y dinero. Estaba seguro.

En la angosta carretera a Zacatecas un destartalado camión rojo estaba parado a la orilla. Con el cofre humeante levantado daba la apariencia de ser un gran dragón herido y en proceso de muerte luego de ser abatido por un caballero medieval. – No puede ser – pensaba con desgano Jesús Antonio – Otra vez este maldito motor. Llevaba por lo menos 6 descomposturas fuertes en los últimos cinco meses. No tenía dinero para cambiarlo por uno menos viejo. Afortunadamente ya había entregado la mercancía e iba de regreso a casa. Era el tercer viaje de la semana y apenas era miércoles, se sentía muy cansado.

– Tomaré dos semanas de vacaciones – decidió e imaginó a su esposa Rossy y sus dos pequeños hijos corriendo en la playa. Rossy no gustaba de usar bikini pues era una mujer muy pudorosa, su estricta educación religiosa la había moldeado como una mujer virtuosa y muy temerosa de Dios. Nunca faltaba un domingo a misa y con frecuencia rezaba el santo rosario. A Jesús Antonio no le importaba que su mejor fuese una “santita” pues él tenía la dicha de verla desnuda cada que hacían el amor, no con la frecuencia que a él le gustaría pero estaba bien. A Rosa no le gustaba follar con las luces encendidas así que Antonio debía recurrir a su imaginación para mirar a su mujer en la penumbra. Rossy podía presumir de tener un cuerpo perfecto, ninguna otra mujer en la colonia tenía unas nalgas tan perfectas y una cintura tan breve como ella. Hubiese sido interesante ver  la envidia que Rossy desencadenaría entre las mujeres en una playa si se decidiera un día a usar una tanga. Sería el blanco de todas las miradas, eso sí – pensaba – El calor se disipó en su mente y una fresca brisa le alboroto el cabello bajo su gorra de base ball.

Tuvo que caminar hasta una cuesta para “agarrar” señal y entonces llamó a su esposa para avisar que no llegaría a comer. Ella comprendería pues era tan tierna y cariñosa. Se sentía un hombre feliz, jamás imaginó tener una esposa tan preciosa, tan linda y además tan buena. Se había sacado la lotería. Si no tardaba mucho el mecánico  su unidad estaría lista por la tarde y podría estar en casa al anochecer. Al siguiente día lo esperaba un largo viaje a Puebla, llevaría un cargamento de láminas de asbesto remanente de una tlapalería de un conocido. ¿No causa cáncer el asbesto? –pensó –

Era un viaje barato pues con los amigos se brindaba.  El dinero de ese flete no lo tocaría, sería el inicio del ahorro para las vacaciones.

Pedro Luis se armó de valor y se acercó a Lola para ofrecerle sus productos. La mujer era imponente, más alta que él y con tanta seguridad que lo hacía sentir un niño. – Hola, buenas tardes- dijo, – ¿No estará interesada en conocer algunos productos naturistas que vengo ofreciendo? Traigo vitaminas, proteínas y cosméticos – dijo nerviosamente

¿Compras o vendes? – Le respondió hoscamente Lola, – pues yo me dedico a lo mismo. Pedro Luis no supo que responder, era su primer intento y fallaba. Lola ojeó un catalogo y decidió que eso no servía, era pura química. – No me interesa- espetó. Él sacó fuerzas de la nada y le ofreció incorporarse a su red. No tenía porque usar los productos, lo que debía hacer era meter la mayor cantidad posible de señoras al negocio. Le platicó de los premios, de los viajes y de los cheques. Le prometió que no tenía que invertir ni un quinto. Lo único que debía hacer era presentarle mujeres interesadas en trabajar. Lola se pensó la cosa dos veces.

El teléfono sonó en casa de Rossy, era su marido que le avisaba que no llegaría a comer. – Que bueno- se dijo Rossy. No tenía ni la mas mínima idea de que hacer de comer. Ese día sus dos hijos irían a casa de unos amiguitos así que no tenía que ir a la escuela por ellos. Le sobraba toda la tarde para hacer lo que quisiera. Tenía muchos pendientes en casa; estaba muy retrasada en el quehacer. No tenían dinero para una sirvienta, así que entre ella y Antonio limpiaba la casa los fines de semana. Eso del hogar no era para ella. A veces se lamentaba no haberse casado con Ricardo, aquél buen amigo de la prepa que tanto la cautivaba; pero no. Era un mujeriego el tipo. Prefería a Antonio, no importa que no estuviese enamorada. Era trabajador, buen hombre y se dejaba manejar. Comería quesadillas, decidió.

Estaba por salir de casa cuando sonó el timbre. Subió al cuarto de arriba y vio que era la Dra. Lola acompañada de un tipo fortachón embutido en una playerita negra. Lola la aburría pero le caía bien. La escuchaba y le daba muchos consejos que nunca escuchaba. -¿No sé porque te casaste con ese hombre? – Le decía la señora, – Tu mereces algo mucho mejor, ve nomás que mujerona eres.

Lola necesitaba dinero, mucho dinero. No importaba como lo consiguiera y ese negocio parecía fácil y limpio. Pensó en Rossy; le hacía falta una distracción, además sería la más convincente prueba viviente de que los productos que venderían funcionaban. Su cuerpo de modelo y su cara de diosa convencerías a mil señoras obesas y viejas buscando su belleza y juventud perdida. El tipo no le era agradable. Apenas hablaba y su cuerpo era ofensivo para alguien como ella, natural al 100%. Seguro que se metía esteroides y estaría enamorado de sí mismo. Escuchó a Rossy bajando las escaleras y le dijo a Pedro Luis, -Aquí viene nuestra primer asociada, ya verás-

Pasen – dijo risueñamente Rossy – ; -tomen asiento  y disculpen lo humilde de mi pobre sala – Sus destellantes muebles Luis VXVI que su esposo le había comprado endeudándose hasta a la coronilla lucían fabulosos. Saludó de beso a la Dra. Lola y cuando quiso hace lo mismo con Luis, él se echó para atrás rudamente. No estaba acostumbrado a esas cosas. Pedro Luis y Lola se sentaron en un love seat y Rossy en un sillón individual frente a ellos. Les invitó un café y escuchó atentamente el plan de negocios. Se imaginó viajando por Europa del brazo de un hombre apuesto que no era su esposo. Se vio a si misma conduciendo una camioneta roja muy grande y lujosa. – Suena bien- dijo, – me interesa –

Lleno unos formatos y sirvió mas café. Ya estaba inscrita y acudiría todos los martes a juntas de capacitación en un Sanborn’s de una glamurosa plaza. El ambiente se relajaba cada vez más. La música de Tiziano Ferro se escuchaba en el fondo. Platicaron sobre sus vidas y las de sus familias y amigos; del clima, de la situación económica del país y el rato pasaba sin que se dieran cuenta. A Pedro Luis se le soltó la lengua y les contó un par de chistes que hizo que las damas se desternillaran de risa. Comenzaron con chistes de gallegos, Lola contó uno subido de tono. Rossy no paraba de reír. Que bella era. Entonces, Lola muy ocurrente dijo que los “ponchados” solían tener el pene chiquito. – Ja ja ja – , no paraba de reír Rossy. Vestía un entallado pantalón formal color beige claro y una blusa azul sin manga. El cabello suelto oliendo a shampoo y el rostro sin maquillar. Aún así se veía preciosa. Sus piernas y su hermoso culo sobresalían bajo su pantalón, incluso si entrecerrabas los ojos y echabas a volar la imaginación pareciera que estaba desnuda. Pedro Luis se sonrojo y sintió como su miembro comenzaba a henchirse bajo su bragueta. Era una broma de mal gusto, pero a él le gustaba.

Lola por su parte se sentía muy a gusto. Estaba pasando un rato muy agradable. – A ver, a ver – dijo Rossy, – que Pedro Luis nos baile -, – Siii, que nos modele su playerita- dijo Lola. Jamás lo había hecho pero Pedro Luis se puso de pie dubitativamente. Lamentaba no ser más alto, pero eso no importaba, su cuerpo era casi perfecto y eso compensaba cualquier defecto. Sus poderosas piernas eran de acero y a través del pantalón se transparentaban unos muslos y unas pantorrillas de jugador de soccer. Sus brazos bronceados daban la impresión de ser recorridos por férreas serpientes que se movían arriba y abajo. Su cuello de toro exponía sus venas y su manzana de Adán. Su pecho parecía irreal. Las balas le rebotarían. Era tan varonil. Lola y Rossy voltearon la mirada casi al mismo tiempo a la entrepierna del hombre. Un monstruo comenzaba a crecer dentro de él. Ellas sintieron como sus vaginas se mojaban automáticamente. Rossy temió haberse orinado. – ja ja ja – dijo Rossy; – Siii, los “ponchados” lo tienen pequeño- Lola se carcajeó ruidosamente, era imposible no hacerlo ante la cara de impavidez del hombre que intentaba bailarles sensualmente. Pedro Luis no sabía qué hacer. Se sentía como un ratón acorralado. Recordaba una burla similar que en su niñez había sufrido por parte de un grupo de chicos mayores, en aquella ocasión no pudo hacer nada y lloró.

Automáticamente se paso visiblemente la mano sobre su miembro acariciándolo como si fuera mayor de su tamaño real. Las chicas emitieron un gritillo que a él le pareció como el de un estadio animoso que lo impulsara a desechar su timidez. Tomó la mano de Lola que era la más cercana y sorprendido por su docilidad la pasó a lo largo de su pierna llegando apenas a tocar su más preciado órgano. A lola le fascinó el gesto de Luis y como cobra se lanzó sobre su presa tomando aquel enorme y duro palo desde su cabeza hasta los testículos. Sus blancas manos adornadas con unos largos dedos rematados en vistosas uñas rojas subían y bajaban por el pene del muchacho. Rossy estaba muda. No sabía que decir pero se le antojaba acompañar a Lola en sus caricias. – Sácatela – dijo Rosa con una voz temblorosa que se convertía en un placentero gemido, – sácatela-  -muéstrala – , – presúmela- ; – por favor-.

Luis se volvía loco, su cabeza daba vueltas y su corazón latía como licuadora intentado remoler hielos para un cocktail. Pudo más el instinto que el pudor y se bajó locamente la cremallera, se podía ver sus bóxers de color azul eléctrico mojados por la rica sacudida que Lola le había dado en unos cuantos segundos. Un negro pene salió a relucir. Rossy notó que Pedro Luis se afeitaba y se maravilló ante semejante miembro, era más grande que el de su marido. Y se veía mucho más firme. Su cabeza era violácea y redonda como una gran cereza. Se le antojó metérsela a la boca aunque ella rara vez aceptaba hacer sexo oral a su marido a menos que estuviese a punto de pedirle un regalo caro. La verga carnosa expuesta mediría unos 18 cm y una gruesa vena parecía sostenerla como si fuera un cable de acero. Era brillante y sin un pelo. La vista de Lola estaba atrapada por el movimiento autónomo del tremendo sable de Pedro Luis; se movía sola, estaba viva. La tomó con las dos manos y le dio unos suaves jalones que parecieron hacer que el volumen se incrementará al doble. En un instante que paso desapercibido para los tres la escena había cambiado y Lola tenía el gran pito de Luis en su boca. Lola babeaba como nunca lo había hecho; ¿Qué motivaba tal salivación? No lo sabía. Ella se consideraba experta mamadora y le complacía hacerlo. Esa cualidad había contribuido en gran manera a prevenir el desmoronamiento de su matrimonio.  Como si fueran piedras preciosas, Lola acurrucaba los testículos de Luis entre sus bellas y cálidas manos masajeándolos con ternura y dando pequeños tironcitos a su escroto. A la vez se metía la verga de Luis poco a poco en su húmeda boca, daba pequeñas chupaditas a la cabeza y de repente se la introducía completamente hasta tocar su profunda garganta uniendo sus labios a los huevos rasurados del chico. Con movimientos circulares llevaba de paseo aquel negro miembro entre sus mejillas y su paladar como si fuera un cepillo de dientes apenas rozándolo con sus perfectos dientes. Hacía girar su lengua enroscándola alrededor de su preciada presa que bramaba de placer. Succionaba con suavidad y luego lamía aquel el sabroso falo de arriba abajo atragantándose con la mezcla de líquidos que se derramaban en su boca amorosa. En el piso se había creado un pequeño charco de saliva y liquido preseminal. Luis estaba en éxtasis. Sus ojos iban y venían dentro de sus cavidades. Rossy seguía atónita y las ganas de orinar aumentaban. Estaba viendo en acción a la más grande maestra de la felación.

-Es tu turno de tocar corneta- le dijo Lola bromeando a Rossy mientras sacaba a relucir su par de enormes y magnificas tetas pálidas. Sus pezones eran grandes y de un color café claro. Comenzó a masturbar a Luis con una Rusa que hizo que el hombre no pudiera evitar emitir un grito de placer. – Shhhhh- dijo Rossy, – ¡hay vecinos! – Pedro se imaginaba penetrando por el culo unas nalgas de quinceañera güerita al ver como su reata desaparecía entre los senos de Lola y volvía a reaparecer una y otra vez. Estaba mojadisimo.

Rossy despertó de su embelesamiento, tomó a Luis de la camisa y le plantó un apasionado beso en la boca metiendo su lengua entre los labios del macho que algún dios les había mandado. No era virgen cuando llegó al matrimonio, pues un aventajado compañero de prepa le había hecho el favor de desvirgarla y solo con él había cogido antes y después de casarse. No se sentía culpable de engañar así a Antonio, de hecho pensaba que se lo merecía por tibio. Había salido con más hombres pero solo aquel amigo de la adolescencia se la había cogido. El beso de Rossy y Luis fue muy largo, Rossy le acariciaba los músculos del pecho y de la espalda con gran admiración. ¡que hombresote! – pensaba- y seguía besando mientras le apretaba con sus manitas el trasero. Le incomodaba un poco el delgado bigotito de Luis pero el placer del momento era mayor. Mientras tanto, Lola seguía mamándole la verga. Luis separo su rostro de Rossy quién quedó atónita ante el rechazo del macho. Él acercó su boca al oído de ella, con sus labios le quitó hábilmente el arete y lo lanzó al piso y con melosa voz le dijo; -¿quieres saber cómo coge un “ponchado” de pene pequeño?-

Rossy y su bravío pirata entraron al reducido baño de la sala mientras Lola se quedaba con las ganas de seguir comiendo hombre. – ¡Por lo menos déjenme ver! – gritó Lola cuando ellos cerraron quedamente la puerta. No se escuchó que le pusieran el seguro. Lola se bajó el pantalón negro hasta las rodillas y su mano diestra comenzó a juguetear con su dilatada raja rosita, acariciando con delicadeza un clítoris más grande de lo normal. Había puesto su bata blanca cubriendo el sillón, no fuera a ser que dejara huella de su pecado. El dedo medio de su mano derecha la penetraba expertamente. Lola se imaginaba estar cogiendo con Pedro Luis. ¡Que rico era ese momento! El mundo podía detenerse allí no importaba que todo lo demás se fuera al demonio.

Luis puso a Rossy de espaldas, recargada sobre el lavabo y de frente al espejo. Era una mujer preciosa. No esa belleza de telenovelas, ¡era una belleza real!, de nuestro pueblo mexicano. Un rostro apacible, altivo, perfecto dentro del concepto de belleza de mujer morena de nuestra raza.  Metió sus manos entre su blusa y sacó un rico par de pequeñas tetas duras. Su brasiere que por cierto le quedaba flojo cedió fácilmente. Masajeaba esas lindas gemas frías a la vez que su boca recorría el largo cuello de Rossy. Su lengua lamía y relamía su piel salada, tal como lo hubiera hecho Lola con su pene hacía un rato. Las manos de Luis bajaron por el abdomen den Rossy como si fueran dos autos deportivos recorriendo una amplia carretera en una pradera recién regada por la lluvia. Rossy ya había desabrochado su ceñido pantalón de mezclilla que cayó al suelo formando una pirámide azul. Un apretado bóxer blanco casi transparente cubría el culo de Rossy que de inmediato quedó al descubierto. Rossy misma se lo había quitado ya que Luis no pudo por su nerviosismo. El culo de Rossy era el mejor que había alguna vez visto Luis, ya fuese en persona, en película o en revista. Era grande, fabuloso y bien formado, ovalado en los costados y en forma de corazón visto desde atrás. Era una mujer caderona aunque contradictoriamente muy delgada. Un olor a coco y canela salía del cuerpo de Rossy. Luis no paró de acariciar, tocar y retocar las nalgas de Rossy. – ¡Mételo, yai!- musitaba Rossy con voz apenas audible: – ¡Cojeme, yaaaa! – Por favooor. Luis le abrió las piernas como hacen los policías a los malandros utilizando sus rodillas para abrir un poco más y acomodó su bultosa verga entre las nalgas de Rossy. Como una reptante oruga le verga encontró su camino hasta la ardiente panocha de la damisela. En ese momento Lola abrió la puerta del baño de par en par y pudo observar el paraíso. Un verdadero macho follando a una mujer casi perfecta en un sitio incorrecto pero en el momento más preciso. Luis comenzó a moverse rítmicamente sacando y metiéndole la verga a Rossy quien fue traicionada por la emoción y comenzó a llorar de placer. “Movía el culo con un swing que derretía el hielo de las cubas” tarareaba Luis con voz entrecortada. Rossy estaba exprimiendo a Luis y de repente se le vino a la mente la imagen de su esposo parado en la carretera tratando de reparar su camión bajo un sol abrasador. Borró su mente y volteó el rostro a la sala. Las lágrimas fluían por sus mejillas nublando su visión.  De reojo Veía a una Lola excitadísima a quien apenas tenía un par de semanas de conocer. Enseñando un pedacito de su lengua entre sus labios rotos, Lola no podía dejar de observar aquella pareja meciéndose rítmica y eternamente dándose una cogida de película. Rossy cayó en éxtasis cuando Luis le metió en el ano un dedo lubricado en su propia saliva; Su boca temblaba de placer y estaba segura que no podría aguantar las ganas de orinar por más tiempo. Luis bufaba mientras entraba y salía del cielo cogiendo febrilmente a Rossy. El tiempo se había esfumado en una espiral de colores, el espacio también. Casi en la cumbre del orgasmo Rossy creyó ver a Antonio mirándola fijamente con tristeza a los ojos reprochándole no ser tan complaciente con él como ahora lo era con Pedro Luis. Cerró los ojos. Los abrió nuevamente y vio a Lola en el lugar de Antonio. Repentinamente sintió como un fluido caliente inundaba su interior; Luis se estaba corriendo sin condón a la vez que emitía graciosas risitas y daba las gracias una y otra vez a Rossy jurándole amor eterno. Rossy no pudo más y dejó que su vejiga se descargara. Oleadas de un orín incoloro y sin olor corrieron entre sus piernas salpicando el pecho y mojando los pies de un Luis desnudo que había volado al espacio. Rossy estaba muy avergonzada pero el triunfo que embargaba su espíritu diluía cualquier sentimiento negativo. Ahora tocaba rogar a Dios que no quedara embarazada. No dijo nada. Lola se acercó como loba a Luis para seguir mamando y bebiendo la leche remanente. Era una depravada, lo reconocía y le encantaba.

Por la noche llegó Antonio a casa, los niños dormían plácidamente y con sigilo abrió la puerta de su habitación. Llevaba un hermoso ramo de flores para su esposa y un caro perfume de regalo para compensar su ausencia. Pensaba sorprenderla con un beso de yerbabuena pero el sorprendido fue él. Su esposa lo esperaba totalmente desnuda salvo una minúscula tanga apenas perceptible. Se le dejó ir a los brazos y lo besó una y otra vez. – Te amo Antonio; te amo- musitaba; – Sin ti la vida no vale la pena-  expresó pícaramente cerrando un ojo, -Y mira que eres malvado y me dejas sola muy a menudo-, -¿Qué tal que viene un lobo y me come?

Yo soy tu lobo – respondió gruñendo Antonio.

Rossy lo tomó de las mejillas, lo beso sonoramente y poco a poco fue quitándole la ropa y

– Esta noche es tu noche cariño –

Si quedaba embarazada iba a ser de Antonio, que él estuviera seguro de eso – pensó – mientras imaginaba como sería su próximo martes por la tarde en compañía de Pedro Luis pero sin la Dra. Lola.

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