Sexo con dos mujeres gordas

Una chica gorda, bastante rellenita

Hace unos diez meses, por tema de trabajo, me mudé a Valencia. Encontré un piso de alquiler bastante apañado, algo pequeño, pues tenía tan solo 4 viviendas, pero muy económico y con lo justo para vivir en él la temporada que duraría mi contrato en aquella ciudad.

Como ya he dicho, el piso era muy pequeño. Apenas tenía un salón-cocina, una habitación y un baño el cual tenía una ventana que daba a un ojo patio. Desde aquella ventana podía verse las otras tres ventanas de los cuartos de baños del resto de pisos.

Pasaron unos días hasta que pude conocer a uno de mis nuevos vecinos. Lo primero en que me fijé al verla en el portal, fue lo rellenita que estaba para la estatura que tenía. Apenas mediría 1,60, quizás menos, y pesaría unos 80 kilos.

Era una chica de unos 25 años, muy simpática y agradable a la hora de hablar con ella. La ayudé a subir un par de bolsas y ahí fue cuando empezamos a conocernos poco a poco. Yo no conocía a nadie en esa ciudad por lo que me vino bastante bien conocerla, sobre todo por lo simpática que era y porque en mi trabajo de aquel entonces no tenía prácticamente compañeros a los que conocer o con los que hablar.

Siempre me gustaron las mujeres gordas

He de reconocer que siempre he tenido gustos algo peculiares en tema de sexo y es que siempre me ha puesto cachondo ver porno en internet de chicas gordas teniendo sexo.
Es algo que nunca he comentado con nadie ya que mis amigos no ven con buenos ojos a las chicas con problemas de peso (No sé por qué lo llaman “problemas” de peso ya que muchas no lo consideran un problema y se sienten bien siendo como son).

Mis amigos siempre suelen hacer bromas cuando ven a una mujer gorda y yo a veces les río la gracia, pero en realidad yo no las veo de la forma en que las ven ellos, sino que reconozco que muchas chicas con sobrepeso me ponen bastante cachondo.

Pues bien, pasaron varios días incluso meses, en los que poco a poco fui entablando amistad con Carmen, que es como se llamaba mi vecina (aunque yo solía referirme a ella como “la vecina de enfrente”). Cuando un día me confesó que yo le gustaba y que le parecía un tío simpático y bastante atractivo, que incluso me echaría un polvo si me dejase.

Yo en aquel momento no supe cómo responderle ya que solíamos hablarnos con confianza, decíamos tonterías, hablábamos de sexo e incluso teníamos un juego que era decirnos a quien nos tiraríamos de la gente que veíamos por la calle cuando salíamos a tomar unas cervezas.  Creo que gracias a aquel tonto juego ella se dio cuenta de que me gustaban las chicas de talla grande y eso pudo soltarla a proponerme aquello.

La cosa es que en el momento que me dijo que incluso me echaría un polvo, lo tomé a cachondeo riéndome y haciéndome el tonto. En realidad, a esas alturas, me ponía bastante cachondo. Más aun si tenemos en cuenta que no echaba un polvo desde hacía unos meses, antes de mudarme a Valencia.

Dos mujeres gordas mejor que una

Pasaron unos días y todo siguió normal hasta que un día Carmen (la vecina de enrente), me propuso ir a su apartamento a ver una película, algo que nunca habíamos hecho y que todos sabemos lo que significa en lenguaje adulto. Automáticamente le respondí que me parecía bien y que esa noche veríamos una película que tenía alquilada del videoclub de abajo.

Esa misma noche al entrar a su apartamento, tras abrirme Carmen la puerta, quedé bastante sorprendido al pasar al salón y ver allí a otra chica. Carmen nos presentó y dijo que era una vieja amiga que estaba de visita. Aunque nunca olvidaré el vestido ajustado de aquella chica, nada informal para una simple “visita de amigas”. Por lo que empecé a darle vueltas a la cabeza pensando que aquello parecía estar planeado por Carmen.

La amiga de Carmen se llamaba Julia, al menos así es como me la presentó Carmen. Una chica de unos 30 años, un metro ochenta de altura y unos 130 kilos de peso pude calcular a ojo. Era enorme, una mujer muy grande, con un gran sobrepeso, pero lo mejor es que era muy guapa, morena y con un gran escote ajustado.

No tardó Carmen en dejarnos solos mientras nos conocíamos un poco, con la excusa de que tenía que ir la baño un momento. Fueron solo unos minutos en los que Julia y yo hablamos de poca cosa cuando apareció en el salón Carmen, en bata de baño apagando la luz del salón y dejando encendida solo la luz del pasillo por lo que quedaba todo el salón en una ligera penumbra.

Con cara de sorpresa, en parte, pues me esperaba algo parecido de Carmen, pero no contaba para nada con que habría allí nadie más, empecé a ponerme cachondo con aquella situación.

Yo estaba sentado en el sofá (era bastante grande y cómodo), junto a Julia, mientras Carmen se iba acercando a mí de frente. Entre risas de ella y de Julia recuerdo que sentí en aquel momento una mezcla entre nervios y excitación cuando de repente Carmen abría frente a mí su albornoz.

Llevaba un conjunto de lencería de talla XXL muy sexy, aunque en penumbra apenas pude ver bien los detalles. Era negro con grandes bordados y una medias de rejillas que marcaban bien sus grandes piernas. Empecé entonces a notar como Julia se acercaba, con cierta dificultad, en el sofá al sitio donde yo estaba. Mientras Carmen bailaba frente a mi, quitándose poco a poco algunos complementos que llevaba.

Al principio estaba algo cohibido por la situación y por la soltura de ambas chicas, pero de repente decidí pasar a la acción y disfrutar de aquella situación. Recuerdo que me prometí que me follaría a aquellas dos chicas gordas como nunca había follado con nadie.

Me puse de pie, frente a Carmen y me acerqué a comerle la boca, mientras empezaba a tocarla con una sola mano, agarrándola bien fuerte del culo. Mientras con la otra mano tocaba el pecho de Julia que aun estaba sentada en el sofá bien cerca nuestra.

Julia empezaba a ponerse bastante cachonda y mientras decía en voz alta “- Espero que tengas una buena polla.”, me iba desabrochando el pantalón en busca de mi rabo.

Cuando consiguió bajarme los pantalones no tardó en acercar su cabeza en busca de mi polla, la cual se metió en la boca ya en plena erección. Yo dejé de besar a Carmen y mientras mantenía una mano en la entrepierna de Carmen, masturbándola, giré mi cuerpo hacia Julia para que pudiese chupármela bien. He de decir que Julia es la tía que mejor la chupa de todas las que he conocido.

Llegamos a un punto en el que mi excitación era máxima. Tenía a Carmen gimiendo mientras le hacía un dedo y a Julia semitumbada en el sofá masturbándose, frotándose el clítoris como nunca había visto a una chica, a la vez que hacía la mejor mamada.

Julia aun no se había quitado el vestido, pero al no llevar bragas le bastó con subírselo a la altura de su cadera.

Entonces le pedí a las dos chicas que se pusiesen a cuatro patas en el sofá una junto a la otra. Les confesé lo mucho que me gustaban los culos de chicas de talla grande y que quería follármelos a la vez. No pareció disgustarles la idea ya que no tardaron en ponerse en el sofá de rodilla, agarrándose con las manos al respaldo del mismo sofá. Julia sin dejar de frotarse el clítoris como una posesa.

Tenía allí dos culos gigantescos, grandes como ningún otro que hubiese visto antes. Sobre todo el de Julia que era realmente grande. Empecé a penetrar primero el de Carmen, dilatándolo poco a poco, mientras empujaba suavemente y la agarraba fuertemente de las nalgas. Cuando empezó a entrar bien mi dura polla por su culo entonces decidí cambiar al culo de Julia que seguía masturbándose y gimiendo. Por suerte tengo una polla algo grande y no tuve problemas para penetrarlas entre tanta carne, especialmente con Julia que era bastante gorda.

Al introducir mi polla en el ano de Julia quedé sorprendido ya que a diferencia de Carmen, no tuve que hacer ningún esfuerzo. Entró a la primera, como si estuviese preparada para el sexo anal de hacía ya rato. Tenía un ano algo flojo por lo que tras follarla un rato por el culo decidí volver al culo de Carmen que aunque era más pequeño, era mas prieto y duro de follar. Mientras me follaba a Carmen por el culo, Julia se levantó del sofá y se arrodilló junto a mí pidiendo que le metiese la polla en la boca, que le gustaba chupar pollas y estaba muy cachonda.

Os podéis imaginar mi reacción, sin pensármelo dos veces, saqué la polla del culo de Carmen y directamente se la metí en la boca a Julia. La muy guarra parecía disfrutar con mi polla. Hacías cosas con la lengua que nunca había probado, era realmente buena.

De repente, y sin querer correrme aún, empecé a notar ganas de eyacular, por lo que avisé a Julia de que parara. Esta, lejos de hacerme caso, apretó más con su boca mi dura polla, chupando con más fuerza hasta que no puede evitarlo y me corrí como nunca lo había hecho.

Tras tragarse Julia toda mi lefa, se levantó y le dijo a Carmen que tenía razón, que no estaba nada mal su amigo. Carmen entre risas me dijo que había sido algo rápido pero que había estado bien. Yo aun mareado por la fuerte eyaculación, entre risas les prometí que la siguiente, que ya las conocía mejor a las dos, sería mejor aun.

Me vestí y quedamos los tres en ver otro día otra película, allí en el piso de Carmen. Tras lo que me fui a mi apartamento que estaba justo enfrente donde caí boca arriba en la cama nada más llegar, aún sin creerme lo que me había pasado ese día y lo increíbles que eran esas dos gordas chicas. De fondo, todavía podía oírlas en el piso de Carmen hablando y riendo mientras yo no paraba de pensar en cómo podría mejorar la próxima vez que quedásemos.

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