Mi vecino voyeurista. Parte 5. Final

La zorra riquilla de mi voyeurista Entonces me tomó, él, varios centímetros más bajo que yo, y muy delgado, me tomó con una fuerza increíble entre sus brazos. Me tomó y me apretó contra él, como si fuera de su propiedad. Y yo sentía esa fuerza, esa ira, ese deseo correr por sus venas. Y me sentía asustada, amedrentada, meContinuar leyendo »

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Mi vecino voyeurista 4: Una necesidad

Esa noche no pude dormir, me sentía demasiado culpable para hacerlo. Todo había llegado demasiado lejos. Sentía que ahora definitivamente le había sido infiel, paradójicamente mientras él me hacía el amor. Sentía que había traicionado su confianza, su bondad. Por eso, esa misma noche me juré que todo iba a terminar. Mire el reloj y marcaban las 5 de laContinuar leyendo »

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Una noche de sexo en el taxi

Hola soy Selena de nuevo, y esta vez es para contaros una de mis aventuras de sexo en el taxi: Brian mi marido, se encontró un día de repente en la calle, pues la empresa para la que trabajaba hizo ajustes, y tras pagarle una indemnización, se encontró con un dinero en el banco……. pero con 49 años y sinContinuar leyendo »

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Relato erótico de una infidelidad femenina

Saludos. Soy nuevo en esta página web de relatos eróticos. Este relato erótico es de una experiencia sexual totalmente real. Quizás a los que leáis esto os parezca lo típico y no os llame la atención pero es mi vivencia y algo que me pasó y que jamás pensé que me sucedería a mí.              Soy músico profesional de giras yContinuar leyendo »

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Historia de sexo: Reencuentro con mis profesoras

La historia de sexo que os voy a contar ocurrió en una excursión de final de carrera, pues estaba terminando mis estudios. El día de la excursión se acercaba, era miércoles y todo iba con total normalidad estábamos todos los amigos hablando de la excursión y genial. El jueves, al término de las clases, nos dijeron que al final del día, nosContinuar leyendo »

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Sexo en las clases de salsa

Hola somos Selena y Bryan, nos hemos apuntado a un club que tiene de todo, en principio la idea era hacer piscina y un poco de gimnasio, pero a la semana me dijo que le gustaría aprender salsa. Claro que en eso momento yo no sabía que en realidad lo que buscaba era tener sexo en las clases de salsa.Continuar leyendo »

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Orgía en el cine de mi mujer por mi culpa

Orgía en el cine de mi mujer por mi culpa. Sí, por mi culpa. Si me lo permitís, os voy a contar la historia de sexo real más deleznable que me ha ocurrido en esta vida. Y que sepáis que admito que me pongáis los adjetivos que os vengan a la mente, me los merezco todos. Solo deciros que, aContinuar leyendo »

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Orgía en clase: Actividades extraescolares (1)

La orgía de un conserje… Llevaba trabajando como conserje en aquel centro de estudios para mayores casi siete años, siendo de natural solitario y silencioso. Viendo a profesores y alumnos ir y venir sin darle demasiado apego a aquel trabajo, que a fin de cuentas me había caído casi a modo de caridad, ya que para poco más parecía servir aContinuar leyendo »

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El placer peligroso de la entrega

Mi pareja jugaba al póker, y ya os conté en otro relato XXX que una vez que perdió me toco pagar a mí. Y bueno, eso volvió a suceder, solo que esta vez fue la última. Había ganado por unas semanas y me compró una pulsera preciosa por lo que no podía quejarme. Pero una noche volvió a perder y lo quiero contarContinuar leyendo »

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Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo?

Si alguna chica de las que entran por esta web a leer fantasías sexuales tiene la fantasía lésbica de probar con otra chica, debes leer esto e imaginar lo que te escribo. Si eres chico seguro que también te pondrá muy caliente pensar en esta fantasía lésbica.

Estamos tú y yo en la cama, la descripción física de nuestros cuerpos es lo de menos, lo dejo a tu elección. Ya hemos hablado durante un tiempo y ambas sentimos la atracción por la otra. Por llegar a ese momento de fusionar placeres, el tuyo y el mío.

Hago que te tumbes bocabajo en la cama, que te coloques de la forma más cómoda para ti. Yo me retiro de tu lado unos instantes. Después lo siguiente que notas es tímidamente el roce de mis pelos por una de tus piernas. A continuación, mi pelo largo acaricia con suavidad tus piernas, ahora ya las dos. Desde los tobillos voy subiendo hacia tu cuerpo. Además puedes sentir por el colchón como me voy moviendo y la cama se va adaptando al cambio de lugar de mi peso.

Las caricias pasan de las piernas a la espalda y de repente tu cuerpo siente el contacto del mío. Tu piel es abrazada por la mía, me he subido encima de ti. Ahora tu cuello es el centro de mi deseo. Tumbada sobre tú lo único que hago es respirar despacio sobre tu cuello y esperar a que tu piel se erice y un escalofrío nazca y vaya hacia el brazo y la columna.

Vuelvo a moverme y ahora me coloco a cuatro patas sobre ti, con mis rodillas sujetando tus caderas y mis manos apoyadas junto a tus hombros. Cariñosamente te voy dando besos por la espalda. Voy haciendo una especie de caminito serpenteante hasta llegar a la parte baja de tu espalda. Ahí saco los dientes y los marco en uno de tus glúteos. Yo estoy bastante excitada con la situación y mi vagina hace rato que está emanando flujos. Así que me vuelvo a mover para ahora sentarme sobre ti. Poner mi pubis y vagina caliente y húmeda sobre tu delicada piel de la espalda. Te agarro del pelo de tu cabeza y lentamente voy deslizándome por tu espalda. Aprovecho la humedad de mi vagina para que lubrique y relaje la fricción de tu cuerpo contra el mío. A la vez que uso el resalto de tus vértebras como juguete para masturbarme y sentir más placer según froto mi clítoris contra tu cuerpo.

Esto lo hago varias veces, primero más lento y recorriendo tu espalda por completo. Después voy más rápido pero usando menos espacio, hasta que termino sentada sobre ti casi sin moverme del sitio pero frotándome más enérgicamente. Ahora sí que estoy más caliente y toca ponerte a ti igual de cachonda que yo. Así que me quito de encima de ti y me pongo otra vez a cuatro patas pero en dirección contraria a ti. Todo para poder ir lamiéndote la espalda y limpiando todos los fluidos que he estado dejando por tu piel. Comienzo en la parte alta de tu espalda y voy dirección hacia tu culete. Mientras voy lamiéndote puedes notar perfectamente como mis pezones duritos van arañándote. Al final llego a tus nalgas, paso mi lengua por el medio a la vez que con las manos te separo las piernas. Paro un segundo y me pongo detrás de ti, meto una mano por debajo de tu vientre y tiro hacia arriba de él. Para que termines estando en pompa o a cuatro patas, según tu experiencia sexual. Así vuelvo a pasar mi lengua por tu cuerpo, ahora ya si llego a tu vagina con facilidad. Juego con tus labios a la vez que con las ingles.

Justamente en este punto, es el momento de jugar y romper la barrera de la lectura, escribe en los comentarios cómo quieres que sigamos “jugando” en esta fantasía lésbica y lo pongo en el siguiente relato dentro de unos días ;).

¡¡¡Espero ardiente vuestros comentarios a esta fantasía lésbica!!!

 

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Relato XXX de fantasía sexual: Voraz

Espero que mi primer relato XXX de fantasía sexual sea totalmente de su agrado.

Lo conocí un día soleado (la verdad no me interesó inmediatamente, no me pareció especial). Me lo presentó mi amigo Tomás en una de sus famosas “tardes de estudio”:

Tomás – July te presento a Patricio.

Yo– hola Patricio.

Él –Un placer July.

Solo fueron esas las palabras las que cruzamos aquel día, después solo lo olvidé toda la tarde, pero cómo no, una de mis amigas hizo comentarios lujuriosos sobre él, yo solo me limité a oír y reír con el grupo, sabía que solo era fascinación por el juguete nuevo.

Pasaron unos días después de la “tarde de estudios” y donde iba en la facultad me lo encontraba. La verdad es que era un tipo muy amable y simpático, un tanto mayor que yo, quizá unos 6 años, era ayudante del profesor de Matemáticas. Materia en la que yo me destacaba, así que sin pensarlo nos comenzamos a hacer cercanos.

Fue una mañana en la que al entrar a la facultad nos enviaron a una reunión en el casino, al cual nos dirigimos sin preguntar con mi grupo de amigas. Ahí estaba él, parado al lado de una ventana bañado por el sol matinal, lo que hacía que su camisa se transparentara un poco y dejara ver una espalda y unos brazos envidiables. Desde ese momento quedé atrapada por miles de pensamientos y más de una fantasía sexual… siendo él mismo el protagonista de cada fantasía sexual.

Más que una fantasía sexual

Sin pensarlo comencé a hacerme indispensable en su vida, con pequeños detalles, ayudas. Era demasiado evidente que me gustaba, todos lo notaban, incluso él, y yo no podía disimularlo… ese día me puse una falda amplia que quedaba por arriba de la rodilla y una polera con un generoso escote (solo quería llamar su atención). Me senté en la oficina a esperar su arribo, llego tarde como siempre. Entro sin notarme al principio y al verme saludo amable como siempre:

Patricio Hola July, ¡guau te ves infartante!

Yo Hola Patricio, no me digas ese tipo de cosas…

Entonces él se da la vuelta y saca de su bolsillo una llave y cierra la puerta lentamente hasta que la llave topa y la saca lentamente de la cerradura. Por alguna razón esto me éxito sobremanera, sentí que comenzaba a mojar mi pantaleta. Él se voltea y me mira de pies a cabeza como un leopardo a su presa, avanza lenta y elegantemente como esperando mi reacción, como no me muevo me toma de la mano y hace que me pare de mi silla. Yo como una autómata me paro y me quedo quieta, él se abalanza sobre mí y me da un beso ansioso, goloso y demandante (el cual yo no esperaba), pero me adapto rápido y le respondo con igual hambre, me pego a él, a su cuerpo tonificado y fibroso, siento hasta el más mínimo de sus movimientos. Sus manos comienzan a explorar mi cuerpo, primero mis pechos que son grandes redondos suaves y con una leve fragancia de Rosas, baja con sus besos hasta ese pronunciado escote y con sus dedos comienza a destapar ese pecho poco a poco hasta que lo libera y este queda levantado solo por la copa del sostén, comienza a chupar y besar mientras con la otra mano libera el pecho que falta y lo masajea como un poseso -mmm lo siento delicioso-.

Yo aún no me muevo, me siento como estacada en suelo, pero la sensación de su toque sobre mi comienza a enloquecerme, así que tímidamente comienzo a acariciar su pelo mientas le dejo hacer. Mis pezones se yerguen como un par de estandartes y comienzo a sentir ese pequeño cosquilleo eléctrico desde la cabeza recorriendo la columna y alojándose en lo más profundo de mi vientre, además siento su erección golpear en mi sexo, el cual cada vez está más preparado para lo que se viene.

Él sigue en su camino a mi perdición, sus manos bajan por mi espalda y desabrochan en un rápido movimiento la falda que cae al piso como el pétalo de una flor, entonces me agarra con toda confianza el trasero y lo aprieta lo amasa de repente me vuelve a besar la boca y me mira sonríe pícaro y comienza a bajar mis pantaletas de encaje sin decir palabra, como si supiera que yo no lo impediría, estas caen y quedo expuesta de la cintura para abajo solo con mis sandalias de medio taco. Me observa con una expresión satisfecha y dice:

 Sé que no lo esperabas, pero ya no lo resisto más y ese escote me provocó hasta el límite, ahora te haré mía y será mejor de lo que imaginaste, si quieres puedes gritar, ya que estamos solos en este piso.

Yo solo asentí y me tiré hacia él con ganas, solté su cinturón y comencé a bajar el cierre… pero él me detuvo y me sentó sobre el borde del escritorio, me besó y bajó su mano hasta mi ya inundada vulva.

 ¡Qué lista esta señorita! Pero quiero más.

Así comenzó a jugar con sus dedos en mis labios mayores, a separarlos llegando a ese pequeño vértice de placer mimándolo con múltiples tocadas pequeñas y rápidas, se agachó y haciendo que separara bien las piernas observó con una lujuria sin fin ese mar rosado y jugoso, acercó su cara e inspiró profundo. Acto seguido comenzó a besar y chupar como un bebé a su chupete. Yo sentía que iba a explotar de placer, solo podía acariciar sus fuertes brazos y su cabeza, comencé a temblar y arquear mi espalda. Él lo supo por mi temblor, por lo que metió su dedo medio en mi vagina y justo ahí hice la más increíble y húmeda explosión que jamás había hecho… pero este no es el fin de este relato XXX de fantasía sexual.

 

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Relatos XXX de sexo anal: usada como pago

Mi pareja comenzó a jugar póker lo que para mí es quedarme sentarme frente a la TV, y servir tragos a ratos para no dormirme. Por suerte solo juega a veces. Con él nos vemos los fines de semana que viajamos a la capital a su departamento. Este fin de semana jugaron él y tres compañeros del trabajo, 45, 50 años, mineros, de pelo tieso, grandes y camionetas 4×4. Estaban bastante bien los tres, pensé cuando los vi. Ellos me dejaban la mirada en mi cola y me decían alguna broma por mi vestido que era abotonado todo adelante, pero nada más, y claro, habían pasado 20 días solos en la mina; después me senté en el sillón a ver TV y creo me dormí hasta que sentí a Jorge que me decía “vamos a la pieza a conversar”.

Yo seguí durmiendo todavía. Jorge se acercó, estaba pálido.

– He perdido mucho -me dijo-, no me queda nada, y Eusebio que está ganando todo dice que si te sientas en sus piernas me deja seguir ¿qué dices Peladita?

Jorge me dice Peladita cuando anda en algo malo. No sabía si echarle unos garabatos o hacerle cariño: ganó lo segundo…

– Si es solo sentarme, y tú estás acá… bueno, -le dije.

Ellos se dieron vuelta a mirarme cuando volví, el que se llamaba Eusebio echó la silla atrás y me dijo “acá linda”. Me senté con cuidado en sus piernas, con las rodillas juntas, y giré las piernas para ponerlas bajo la mesa. Sentí inmediatamente el bulto en mi trasero. Me rodeó con sus brazos, olió mi cuello y dejó las cartas vueltas abajo. Jorge pidió cartas. Yo no entiendo mucho el juego, pero sabía que estaba siendo usada como pago por la deuda de Jorge, por lo que seguí sentada allí y no tardó en poner la mano sobre mi pierna bajo la mesa y comenzó lentamente a subirla.

Yo estaba incómoda sintiéndome usada, y Jorge se daba cuenta, pero no decía nada. No sabía si los demás se daban cuenta de que me metía mano. Me iba a parar, pero la cara de Jorge era de “quédate ahí”, aunque igual me levanté y me fui a encerrar al dormitorio. Estaba entre la indignación y la excitación, una mezcla de enojo, rabia y deseo (si la que me lee es mujer va a entender). A los pocos minutos Jorge abrió la puerta.

– Peladita -me dijo-, te toca irte a sentar allá. Y por cómo lo dijo era una orden.

– Pero, ¿y los demás? -le pregunté.

– Los demás no importan. Ya se van. Tú sabes, acá nadie nos conoce… y tú sabes cómo son las cosas.

Cuando decía: “tú sabes cómo son las cosas” debía de obedecer, obedecer o mandarme a cambiar, irme, desaparecer de su vida.

– Bueno, -le dije muy despacio-, pero tú estás ahí, ¿sí?

– Sí, por supuesto Peladita, ya nunca te dejo sola, anda tranquila.

Me alisé el pelo, el vestido y volví humilde y callada al living al lugar donde estaba sobre Eusebio. Y siguieron jugando mientras él me metía la mano por mi vestido hacia arriba. Yo tenía mis dos manos con las puntas de los dedos afirmadas en el borde de la mesa, los demás atentos a las cartas me repasaban de reojo y veían cómo me agitaba. Ya era obvio lo que hacía y los tres estaban pendientes a cómo reaccionaría yo.

En un momento Eusebio me dijo al oído: “anda al baño y te sacas toda la porquería de ropa que tienes debajo y te vienes a sentar acá de nuevo”. Realmente no esperaba ni ese tono para hablarme ni que se refiriera así a mi ropa, pero obedecí, en esas circunstancias estoy aprendiendo a ser sumisa, pierdo la voluntad y obedezco consciente de que me hago daño… pero igual obedezco. “Es mi naturaleza”, como le dice el escorpión a la rana. En el baño me arreglé el pelo, me sequé la entrepierna, me quité el brasier y el colales que tenía, me estiré el vestido y regresé despacio. Él se puso de lado y yo me subí a sus piernas con las rodillas bien juntas sin decir nada y quedé atrapada nuevamente entre su cuerpo y la mesa, al lado de Jorge, frente a Luis y a mi otro lado el Chico Nano, otro compañero de trabajo.

De ser usada, a ser follada

Repartieron cartas y con la mano derecha medio las levantaba y con la otra desabrochaba mi vestido hasta mi entrepierna, luego palpaba mis labios, haciendo que me estremeciera. Los demás al poco rato se dieron cuenta, no podía evitar apretar mis manos cuando pasaba un dedo un poco más adentro de mí, e imploraba “húndeme tierra”. Ellos me miraban socarrones, satisfechos de verme allí incómoda, de sentir mi respiración que se alteraba, del pelo que se me caía sobre la frente y de cómo me iba hacia adelante de la mesa tratando de doblarme sobre mi cuando uno de sus dedos ingresaba en mi rajita. En un instante intenté bajar mi mano para detener la de él pero me ordenó al oído, seco, duro: “deja las manos sobre la mesa, ni pienses en sacarlas de allí”. Pero en ese momento me dio un respiro.

Pensaba miles de cosas en esos segundos: si me mojo mucho le voy a mojar los pantalones, no puede ser que me deje hacer esto, si aún tendré perfume, ¿cómo llegué acá Dios mío, estaré muy despeinada? Mientras, Eusebio les dijo a los tres con que jugaba:

– A ver… si pierdo abro dos botones de acá, y mostró la pechera de mi vestido.

– ¿Y si ganas?

– Gano monedas, -dijo.

– Veamos, “pago por ver”, -dijo Luis frente a mí, y se rieron.

Ganó esa vez, pero perdió la próxima y abrió dos botones, dejando mi pecho al descubierto. Sin embargo, mis pezones permanecieron tapados por el borde del vestido. Su mano regresó a mi entrepierna, a mis labios ya mojadísimos y sus dedos comenzaban a penetrarme levemente, yo estaba retraída, avergonzada, pero me manejaban los dedos de ese hombre haciendo removerme en el asiento y sentir su sexo más y más duro bajo mis piernas. El pelo se me vino a los ojos y levanté una mano para subírmelo, pero me susurró al oído: “te dije que dejaras esa mano sobre la mesa, no la saques de allí. ¿O no entiendes?”.

Jorge me miraba interesado y sonriente. Los demás me miraban atentos ahora a cada detalle, habían dejado de jugar y estaban pendientes de mí, sabían que estaba en las últimas. Yo volvía a echarme hacia adelante y ahora exhibiendo mis pequeños pechos sobre la mesa, pero no era momento para remilgos. “Que va, me dije, somos todos adultos y no es la primera vez que van a ver un par de tetas pequeñas”, pero al irme hacia adelante le permitía clavarme mejor los dedos y jadeando volvía atrás. Luis y el Chico se echaban adelante casi tocando sus rostros con el mío, mirándome curiosos, con la maldad en sus ojos. Yo jadeaba apretando y estirando los dedos de mi mano sobre la mesa, sentía el aliento a ron de sus bocas al lado de mi mejilla y comenzaba a jadear.

En un momento sentí que Eusebio me empujaba hacia abajo dejándome a mí de pie con las manos sobre la mesa y sin atreverme a volver la cara, solo miraba la superficie de la mesa esperando expectante asesando, presintiendo a los otros a mi lado y tratando de recuperar mi respiración normal.  Pero se volvió a sentar, corrió la silla hasta dejarla junto a la mesa, lo que hizo que tuviera que volverme a sentar sobre él, pero me levantó la falda y sentí su sexo duro y caliente entre mis nalgas.

– Ábrete, -me ordenó-, que te vas a sentar sobre él y quedarte quietita.

Yo obedecí. Separé mis nalgas con ambas manos y me relajé para dejarme penetrar, cuando sentí su cabeza en el anillo de mi ano me dejé caer lentamente, por suerte lo tenía húmedo y eso facilitó que resbalara algo hacia mi interior. Volví a poner las manos sobre la mesa y sentí cómo me levantaba, me abría fuerte y cuando me traspasaba su verga dura hasta mis riñones no pude evitar un grito de dolor, apreté con mis manos el mantel tirándolo y algo cayó. “Dale tío”, gritó, quizás, Luis. Ya estaba empalada, luego dejó de doler, solo un poco de ardor y sentía palpitar su cabeza dentro, muy dentro de mí. Yo me estaba quietita pensando que cualquier movimiento me haría gritar de nuevo. Entonces, sus dedos volvieron por mi vagina, buscando mi clítoris, que estaba duro de inflamado. Yo no quería ver nada, solo sentía el olor del alcohol, un perfume de hombre muy dulce, y cómo me metía dedos y me humedecía que era una vergüenza, quería morir allí, pero quería también que siguiera y era tan fuerte el deseo que me eché adelante y comencé ya entregada a jadear lentamente, las manos agarradas al mantel. Era inevitable que se dieran cuenta de cómo estaba de caliente, pensé, estaban muy cerca. Me tenía abierta por atrás, apenas moviéndose, pero sentía que me partía en dos y sus dedos me entraban y salían llenos de sabia mía, rodeaban mi botón, lo pellizcaban y comenzaba ese nudo en el bajo vientre que me hacia gemir. Me estiré enderezándome y volví a echarme adelante en la mesa permitiendo que me clavara aún más profundamente, los brazos estirados hacia Luis que estaba frente a mí y las manos como garras doblando el mantel, ahora sí que estaba jadeando a más no poder, volví a estirarme para evitar sus dedos dentro y al agacharme nuevamente me terminó de empalar y yo grité de dolor y placer, me iba cuando sacó los dedos de mi vagina muy muy mojados y me dijo “chupa puta” y yo sumisa lo hice, los otros se rieron. Dejé de hacerlo y volvió a repetirlo: “chupa”, miré su mano, sus dedos juntos y volví a chuparlos y sentí mi sabor dulzón de mujer caliente.

– ¿Quién quiere ver el orgasmo de esta Peladita? -preguntó.

– ¡Vamos tío, reviéntala! ¡Que está lista…!

– No señores, es mía por esta noche la Peladita, así que si quieren verla terminar, lo jugamos a la carta mayor. Entonces me sacó de encima de él, me dejó atónita, pasmada. Y me ordenó sentarme en el suelo en una esquina, “y cuidadito con dedearte”. Yo estaba como ida, obedecí sin decir palabra y me senté en suelo con la espalda a la pared. El suelo estaba frío, mi cuerpo jadeaba aún, por mi pierna corrían mis fluidos hasta mojar el vestido.

Ganó otro y me llamó, yo me enderecé con dificultad y cuando estaba a su lado me dijo, anda a traer crema. Yo me volví y le traje una de manos que tenía. Me puso delante de él frente a la mesa me levantó el vestido y puso sus dedos en mi ano untados en la crema.

– Espero que sea sin alcohol -me dijo.

-No es sin alcohol -le respondí tímidamente, mientras sentía cómo me entraba esa suavidad.

Él tenía ya los pantalones bajados, por lo que me sentó encima abriéndome con sus dos manos. Yo relajé mi ano y esperé abierta a ser usada clavándome su verga dura y estirada. Esta vez resbaló sin dolerme, diría que hasta mi cintura, se acercó más a la mesa dejándome aprisionada allí entre su pecho y el borde de ella, el vestido arrugado en la cintura y abierto delante me dejaba desnuda junto a Jorge y al tal Chico y frente a Luis que me miraba vivaracho. “Ahora te vas a correr perrita, delante de mí”, me dijo riéndose.

El maldito ahora puso crema en sus dedos, que pasó por mi clítoris y mi vagina, una crema helada, fresca y que resbalaba como espuma y me devolvía a la calentura anterior sin preámbulos. Mi resistencia a ser usada duró segundos, sus dedos helados pellizcaban mi vulva inflada como globo, me penetraba los dedos y los sacaba deseando que los volviera a clavar, lo hizo tres, cinco, diez veces mientras yo me doblaba hacia adelante de la mesa… ya no jadeando, roncaba, emitía un ruido como gutural de mi garganta y sabia que de un momento a otro me iba a correr delante de todos. Allí sobre la mesa, a centímetros de las caras de esos dos que me daban vuelta, con el pelo revuelto mojado de transpiración mientras sentía una gota caerme por el cuello, mi respiración se volvió entrecortada, el corazón se me apuró, me bajaba algo del estómago hacia mis piernas cuando se detuvo. Yo tenía los brazos estirados sobre la mesa y quede palpitando, vibrando, tensa como cuerda de violín.

– ¿Quieres que siga, Peladita? -me preguntó.

Yo no podía decir palabra por lo sorprendente de su pregunta, y no me podía imaginar cómo estaba allí entregada como un corderito y usada como un juguete.

– Peladita, ¿quieres que siga, o que te mande a sentar a la esquina de nuevo?

– Sigue, le contesté.

– No te escucho.

– Sigue por favor, -le dije apocada, humilde. Y ahora, acá escribiéndolo, debo decir, debo de reconocer, o de reconocerme a mí misma que eso me excitaba más, que me tuvieran así, allí, me hacía sentirme mujer, femenina, una hembra que les daba lo que ninguna otra les daba, el placer de sentirse machos, poderosos. Que ninguna por mina que fuese, por muy mujer que se creyera, llegaba allí donde yo estaba. Siendo usada por un macho y con esos cuatro hombres mirándome, pendientes de cada detalle mío. Y quizás por eso le rogué, le supliqué, le imploré que me hiciera terminar.

Entonces volvió al juego del mete y saca y en segundos sentía que volvía ese fuego dentro de mi estomago, sola le acomodaba mi ano, le movía mis caderas y jadeaba como una perra, como a cuadras de distancia escuchaba que uno de ellos decía “está roja esta mina”, “se le abren las narices”. Luis, que estaba delante de mí al otro lado de la mesa, me tomó de las manos y yo apreté las suyas como garras, tiritando. Estaba corriéndome cuando alguien me pellizcó el pezón hasta casi rompérmelo, pero fue terriblemente excitante mientras convulsionaba uno, dos minutos. Boqueaba y tenía espasmos como pescado recién sacado del agua, según me dijeron después. Cuando sentía que terminaba, que se me salía todo por mi entrepierna, que me abandonaba parte de mi cuerpo, me dejé caer sobre la mesa exhausta. Fue el orgasmo más grande que he tenido, incluso más que uno en que me masturbaran en una casa en la playa.

Pasaron varios minutos en que se volvieron a sentar y yo me enderecé y eché la cabeza atrás dejándola descansar en el cuello de Eusebio y me topé con su cara. Si me hubiera besado lo hubiera aceptado. Aunque Jorge estuviera a mi lado, total, él me puso en esta situación. Pero no lo hizo, me dijo “vamos al baño para que me limpies” y con dificultad me levanté separándome de su sexo y lo seguí cabizbaja al baño mientras mi vestido caía al suelo y los demás me miraban desnuda riéndose sentados a la mesa.

En el baño le lavé ese fierro que aún estaba duro con el agua fría corriendo y bastante jabón y se le puso más duro, luego lo sequé y me dijo que me sentara en la taza del baño, me lo metió en la boca y se masturbó en mis labios, yo también permanecía aún excitada y me tocaba, hasta que iba a terminar y me separó y escupió todo su semen en la cara, en el pelo, era mucho, mucho, que me chorreó por el cuello por el hombro por la frente. Se guardó la polla aún sucia y me tomó del brazo a la altura del hombro y así, casi colgando de su mano, (él mide más de 1.80 y yo me empino a 1,50, y pesa seguro el doble de mis 47 kilos) así, casi en el aire me sacó afuera, donde estaban los otros sentados todavía en la mesa de póker. Yo hice el ademán de limpiarme, pero me lo impidió.

Usada para dar placer a todos…

– Ya está bautizada, -les dijo, casi colgada por mi brazo mostrándome a los tres, y me sentó en el sillón.

– Si alguien quiere darse el gusto con la Peladita, ahí está.

– ¿Para todo uso?

– Ya viste… para todo uso

Luis se puso de pie, se abrió la bragueta y se sacó su sexo, que estaba parado como un palo y se sentó a mi lado, luego me montó encima de cara a él y me dijo “mastúrbate“. Yo comencé a acariciarme frente a él hasta que sentí que terminaba dentro de mí inundándome de semen.

– Sale con cuidado que me ensucias los pantalones -me dijo, y me sacó en el aire casi hacia atrás, dejándome de pié desnuda frente a esos cuatro hombres vestidos y hasta con zapatos. El que le dicen el Chico Nano se paró y con una mano en mi espalda me empujó hacia el baño, allí me hizo lavarme la entrepierna y en el mismo baño me puso frente a la pared y comenzó desde atrás a darme duro, yo afirmada con una mano contra la pared, con la otra me logré tocar y terminar una vez más poco antes de que él me llenara nuevamente de semen. Terminó y me dejó allí. Yo recuperé mi vestido, me lo puse y volví a sentarme en la esquina del sillón con los ojos que se me cerraban de cansancio.

Creo que me dormí hasta que sentí a Jorge que me decía “vamos a la pieza a conversar”. Lo seguí casi durmiendo todavía. Jorge se acercó, estaba pálido, “he perdido mucho” me dijo. Entonces, ahora sí bien despierta, le contesté:

– Sí, y ya sé lo que quiere Eusebio…

– Y, Peladita, ¿me vas a ayudar?

 

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El día que descubrí que soy una puta

Eran las 11 de la noche y la excitación corría por todo mí ser mientras mi maestro de pintura me chupaba la vagina desenfrenadamente. Apenas tenía 17, pero ya conocía el sexo, no en su esplendor, sino algo básico con uno o dos noviecillos que había tenido.

 Con este hombre era diferente, desde el primer momento me di cuenta de que soy una puta muy caliente. Con tan solo mirarme hacía que me mojara y bailara mi boca de imaginarme con su pene en ella. Él me despertaba sensaciones que apenas identificaba, pero me encantaba hasta que caí y empezamos a tener el sexo más delicioso de mi vida hasta ese momento. Ese día en concreto me citó más temprano, me dio vino tinto y me esposó a una camilla multiposicional.

Me dijo que me tenía una sorpresa y yo rendida ante lo grave de su voz solo asentía cual sumisa ante su amo y empezó la tan magnifica sesión de sexo oral a las cuales ya me tenía acostumbrada. De repente, giró mi cuerpo aún esposada y me metió su gran pene de 22 centímetros en mi pobre vagina de la manera más fuerte que jamás había sentido. Yo escurría como un río, y gritaba de placer cada vez que empujaba su gran pene con tal fuerza en mi estrecha vagina. Cada penetración era más fuerte que la anterior, siendo yo una multiorgásmica descubierta por él, me rendía ante la magnitud de tan deliciosa forma de cogerme, y me venía una y otra vez hasta no soportarlo más.

Él, sin clemencia, seguía perforándome con tan exquisito pene. De pronto, entran dos hombres a la habitación y me dice que ese es mi regalo. Yo al principio me asusté, pero siendo consciente de que soy una puta, poco después solo tenía la inmensa curiosidad de saber qué se siente al ser bien cogida por todos los agujeros a la vez, y lo deseaba. Se dedicó a preparar mi estrecho culo, el cual solo él había penetrado, y me la metió toda mientras yo gritaba de placer.

Me la metía fuerte y rápido, y me decía:

-Toma perra, siente mi verga en tu culo niñita deliciosa. ¿Quieres más, puta, quieres más!

– ¡Sí señor, por favor dame más! -decía yo-.

Soy una puta y ellos lo disfrutan

Uno de los hombres que miraba mientras mi profesor me reventaba el culo se acercó y empezó a lamer mis pezones y por ende a chupar mis tetas; el otro, que se masturbada, se acercó e introdujo su pene en mi boca, haciéndomelo tragar todo, cosa que me encanta porque soy una puta, y me excitaba aún más. Solo quería más y más. Llegados es este punto, todos pararon, pues  era el momento de cogerme los tres al mismo tiempo: mi profesor se quedó con mi culo, se metió debajo de mi y metió su verga hasta que no quedó ni medio milímetro por fuera; uno de los hombres se puso encima y penetró mi vagina, gracias a lo cual sentí lo mas delicioso del mundo.

Así, empezaron a meter y sacar sus vergas por mis todavía solo dos agujeros ocupados, alegrándome de lo puta que soy, porque de otro modo no habría disfrutado tanto. Solo recuerdo esa sanción de deleite y mis gritos de ¡oh, por DIOS, qué delicia! ¡Quiero más duro! Y ellos me daban más duro. El que quedaba se acercó para meter su pene en mi boca. Todos mis agujeros estaban ya copados con vergas que entraban y salían duro y sin compasión. Recuerdo que el culo me ardía, pero como soy una puta insaciable yo quería más. Me encantaba ese dolor, cambiaron de sitio y siguieron metiéndome sus vergas aún con más fuerza hasta golpear mi útero yo me sentía en el cielo. El primero se vino en mi boca, el segundo en mi culo y el profesor fue el primer hombre que se vino dentro de mi vagina, mirándome fijamente a los ojos mientras se venía. Yo le suplicaba que me llenara de su leche hasta desbordarme con su semen delicioso… eso duró dos horas, de las más maravillosas de mi vida.

Después de eso descansaron rato. Yo todavía estaba esposada a aquella camilla multiposicional. Cuando abrí los ojos, uno de ellos estaba sobre mí, metiendo su pene en mi vagina y me folló brutalmente durante unos 20 minutos, tras lo cual echó su semen en mis senos. Luego estaba el otro, que también cogió mi vagina y metió su rico pene en ella y me  folló salvajemente. Se corrió en mi abdomen tras unos 15 minutos de cogida intensa. Mi profesor volvió a coger mi culo y empezó a darme duro con su gran pene como unos 20 minutos sin descanso, sin ir más lento, solo era más fuerte y más fuerte hasta que por fin se corrió dentro de mi culo…  después de eso me siguieron cogiendo hasta el amanecer, de a dos y otra vez los tres,  y de uno en uno, pero siempre en un agujero diferente. Yo, como soy una puta, no me cansaba, quería más y más todo el rato. Fue una de las mejores noches de mi vida… me llevaron a casa, mamá aun dormía. No me esperaba, pues creía que estaba con Alicia, mi mejor amiga, quien sabía mi amorío con el profesor y me cubrió para que yo tuviera sexo sin medida, porque soy una puta insaciable desde aquella vez…

Después de ese día supe que amo los pones y que no quiero uno solo, los quiero todos, uno la vez o todos a la vez pero el día que muera quiero estar cogiendo…

 

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