Follándome a mi amiga gracias a un accidente con el móvil

Hola amigos, con este ya son 3 los relatos eróticos que he subido. Esta vez les traigo una experiencia sexual que para mí ha sido de las mejores. Se trata de cómo con un accidente al mandar un mensaje terminé follándome a mi amiga. Espero les sea de su agrado. Es bastante largo, pero créanme que podrán acabar de pajearse sin tener que leer otro relato erótico o releer cómo acabé follándome a mi amiga después de un despiste mío.

Hace un año fui a verme con una amiga aprovechando mi semana de vacaciones, su nombre es Victoria y es un año mayor que yo. Es bastante bajita, pero con un cuerpo que parece fue esculpido por las más detalladas manos. Es de cabello castaño, ojos grandes y vivos, labios delgados pero exquisitos y unos senos y culo considerablemente grandes. Ella se fue a vivir a Medellín ya que sus papás encontraron trabajo allá y decidieron tomar el empleo en esa ciudad tan linda. Tomando la excusa de que no conocía la ciudad, mi familia y yo fuimos por una semana. Aproveché para escribirle a Victoria y le dije que acordáramos el día para vernos, ella emocionada me dijo que sí y dejamos el día jueves para la ocasión.

Antes de que se mudase éramos bastante amigos, así que iba a aprovechar todo el tiempo posible para ponernos al día. Mientras la esperaba puse una de las playlists de mi celular, algunas canciones de pink floyd, the smiths, the doors, aerosmith y muse, aprovechando para relajarme un poco mientras llegaba al parque en el que decidimos encontrarnos en la mañana.

Llegó a los 5 minutos un tanto agitada. Vestía una con unos vaqueros que delineaban sus lindas y trabajadas piernas junto a un buzo blanco, Victoria no usaba bra nunca porque le irritaba la piel, por lo que al igual que siempre vestía por debajo un top que dejaba sobresalir sus pezones muy considerablemente. Me tomó por sorpresa e inmediatamente nos abrazamos, yo estaba sentado así que cuando me incliné ella resbaló y quedó encima de mí con los senos bastante cerca de mi cara, ambos nos reímos de lo torpes que fuimos y decidimos ir a caminar.

Mientras me enseñaba el centro de la ciudad íbamos hablando de lo que ambos habíamos hecho el último semestre, ella me contó que había hecho unas amigas nuevas y que se la llevaban bastante bien, aparte había empezado a ir a cross fit lo cual se podía observar desde lejos en sus piernas y su pecho. Por mi lado le dije que había sacado algunas canciones nuevas en la guitarra, leído algún que otro libro al igual que ella y que estaba concentrado en mi carrera.

Ambos bastante cansados a eso de la 1:30 pm decidimos almorzar y volver al parque para tirarnos un rato al césped y seguir charlando mientras descansábamos. Al llegar seguimos con nuestra conversación, pero decidimos que era hora de hacer algo distinto por lo que empezamos a jugar verdad o reto, ya que en modo extremo los retos no son muy apropiados que digamos decidimos darle sólo con la verdad, así nos íbamos riendo ante cada confesión que hacíamos sobre sexo, que es lo que casi siempre sale en la app.

Luego de dejar de jugar le pregunté si ella ya había tenido relaciones sexuales ya, a lo que me respondió que no. Muchas veces había jugueteado con algunos hombres pero nunca la habían penetrado. Cuando me devolvió la pregunta le dije lo mismo y ambos nos reímos tímidamente, ya que nunca tocábamos el tema del sexo. Le pregunté entonces en broma si se había metido algo alguna vez ahí abajo y ella soltó una carcajada confesando que a veces usaba la parte de sujetar de los lazos que usaba en fitness para estimularse un buen rato. Ambos seguimos charlando al respecto y luego ella me confesó que le gustaba cambiar fotos con tipos, a veces entraba a SexoEscrito.com y buscaba alguien para divertirse un buen rato, mi reacción fue de risa ya que al momento le dije que yo hacía lo mismo a veces.

Me mostró entonces una conversación con un tipo, y cuando me mostró una de sus fotos me quedé perplejo y con las piernas apretadas ante la erección que casi no puedo esconder, era ella levantando el culo vistiendo solo una tanguita y en otra foto dejaba al descubierto uno de sus pezones mientras tapaba sus senos. Le dije que tenía un hermoso cuerpo y que envidiaba a aquel tipo, a lo que ella respondió con una sonrisa y me dijo que no exagerara. Decidimos que estaría bien ir a su casa, la cual estaba cerca, para así poder ver una película u hacer otra cosa.
Ahora bien, antes de seguir contando cómo acabé follándome a mi amiga, debo aclarar que en ese tiempo ella no seguía haciendo esas cosas, pero yo sí, de vez en cuando buscaba la oportunidad y me ponía a hacer sex chat y cambiar fotos con chicas si tenía suerte. En el momento en el que viajé estaba hablando con una nena bastante linda, a la cual le debo este relato erótico.

Tras un delicioso despiste terminé follándome a mi amiga

Al llegar le pedí el baño a Victoria, la cual dijo que lo usara mientras se duchaba ya que estaba algo acalorada, entonces rápidamente fui a ver lo que me había mandado, era un vídeo de ella dándose por el culito con un vibrador y con sus manos estimulaba su clítoris mientras tenía un fuerte y lubricado orgasmo. Esto, junto a la charla de hace unos minutos con mi amiga, logró prenderme, por lo que me grabé quitándome la camisa y el buzo negro que llevaba para después arrancarme el bóxer y masturbar mi venoso y duro miembro un rato en la cam. Terminado, lo guardé y mientras bajaba la cadena para disimular, le di al chat para enviarlo. Como estaba subiéndome el pantalón también, no vi qué chat oprimí, eso es algo de lo que nunca me arrepentiré.
Al salir del baño me senté en la sala esperando el mensaje de vuelta de aquella chica, pero por el contrario me llegó un mensaje de Victoria. Al abrirlo me quedé hecho un fantasma, ya que ella era la que había recibido el vídeo y me mandó un mensaje en el cual solo decía “interesante”. Ante mi confusión y la vergüenza tan inmensa que sentía decidí que lo mejor era irme para evitar cualquier problema.

Fui entonces a su pieza y toqué la puerta para disculparme e irme, cuando golpeé me respondió: “¿Esa es tu mano o tu verga?”. Si antes estaba pálido, ahora me había vuelto etéreo. Después de eso me dijo que no había seguro, por lo que podía entrar, decidí hacer todo de golpe y abrí para pedir perdón e irme, pero lo que vi a continuación me dejó con la boca sellada, Victoria estaba bocabajo en la cama y vestía una camisa de tiras con unos cacheteros…

Me sentí descompuesto, lo único que se movía de mi cuerpo era la carpa que formaba mi verga mientras tartamudeaba como idiota para ver qué decir. En eso que Victoria se levantó y se me acercó al oído diciendo: –tienes tres segundos para ver si te vas o te quedas– y mientras me miraba y empezaba a contar, antes de que pudiese lograr pronunciar el tres me le lancé sobre sus labios decidido a embestir su lengua. Abrió los ojos ya que supongo no creía que fuese a ser capaz, pero vi que no se quejó ya que esbozó una sonrisa y con sus ojos cerrados ahora decidió darme a probar de su magnífica lengua. Mientras la besaba me desabrochó el pantalón y me quitó el buzo negro que llevaba, dejando al descubierto mi abdomen, un tanto marcado, y mi verga empapando el bóxer de lo mojada que estaba.

La lancé a la cama mientras la seguía besando y me fui a sus oídos para empezar a susurrarle cosas y morderle los lóbulos, exclamaba entre jadeos que siguiera, por lo que bajando entre chupones y mordidas por su cuerpo me fui a sus senos cubiertos por esa blusa pero dejando en claro sus pezones que asomaban como dos tornillos a punto de atravesar la ropa, hundí entonces mi cara en sus tetas y mordiendo la prenda se la jalé para quitársela, dejando fuera esas tetas hinchadas tan ricas que esperaba ver desde la mañana. Lo siguiente fue más rápido, ya que apenas le di unos chupones suaves debajo de las tetas decidí quitarle la tanga, la cual estaba empapadísima de sus fluidos. Decidió ella también quitarme el bóxer por el que asomaba la punta de mi verga como necesitando aire… U otra cosa.

Ya desnudos la agarré de las manos inmovilizándola para abrirle las piernas y dirigir mi lengua a excavar ese coñito, no tuve la más mínima dificultad ya que sus fluidos ayudaban a deslizar mi lengua sin tanto esfuerzo, así entonces le mordía los labios que cada vez se separaban más como suplicando atender el centro del problema. Después de un rato decidí embestir mi lengua sin aviso previo y al hacerlo Victoria exclamó un gemido que seguramente hasta el portero del edificio escuchó, lo cual me motivaba cada vez más a ser detallado en cada parte de su coñito para atenderlo de lo mejor. Entonces decidí usar mis dedos para así mientras se la mamaba poder estimularla más, con mi pulgar le daba tocaditas en el clítoris mientras con el corazón y anular tocaba la parte superior de su vagina. Con un trabajo armónico en conjunto fue cuestión de segundos para provocarle un delicioso squirting, siguiendo con la lengua en el trabajo sentía cómo su vagina parecía ahora una cascada de placer. Pensando que estaba exhausta me tomó la cabeza para besarme mientras ahora era su turno de consentirme.

Empezó entonces a lamer cerca de mis pelotas mientras con sus dedos sobaba mi verga bastante venosa y dura ya. Así tal cual lo hice yo se lanzó sin aviso a embestir mi verga, chupando primero únicamente mi glande para después succionarlo hasta dejarlo morado. Estuvo así un buen rato hasta que me hizo venirme como si hubiesen abierto una manguera a presión. Mi semen salió disparado hacia toda la cama y su boca, el cual se tragó de una vez, como una linda putita, debido a la fuerza con la que salió.

Entonces fue cuando decidí ponerla en el ángulo del durazno dejando expuestos sus dos hoyitos para mi diversión, empecé por embestir su vagina que se dilataba y contraía deseando más, así que le hice el favor y la penetré ferozmente haciendo que sus gritos solo aumentaran más, en esto la nalgueaba y metía uno que otro dedo en su ano, que estaba listo para ser consentido también. Así que cambiaron roles, y ahora eran los dedos los que examinaban su coño mientras mi verga iba siendo devorada por su otro huequito. Tartamudeando rogaba para que no parase y para que siguiera lo más que pudiese, así que decidí aumentar el ritmo para darle lo que pedía, viniéndome de forma estrepitosa y vibrante en su culo.

Decidida a exprimirme como un limón, me tomó por mis caderas que seguían estremeciéndose y aún con una notable erección se giró y, dándome la espalda, dejaba sus nalgas separadas para que la penetrase, pero ahora ella llevaría las riendas. Decidí dejarla, por lo que mientras me permitía seguir gozando con aquel hoyo tan rico ella controlaba el ritmo de la situación, mientras se masturbaba y con las manos apoyadas en la espalda le pellizcaba los pezones sintiendo cómo sus tetas iban a estallar.
Victoria se levantó entonces y decidió que ahora su vagina volvía al juego, por lo que mi verga se fue allá mientras nos besábamos llevando un ritmo perfecto para dos cuerpos tan jóvenes. Mientras mordíamos nuestras lenguas y labios llegamos al momento éxtasis, teniendo Victoria otro squirt que empapó mi verga, la cual saqué e introduje en su boca de nuevo, ahora estando en forma de 69. Duró un poco más chorreándose cuando temblando sacudí mis caderas y dejé salir lo que quedaba de mi semen mientras sentía cómo sus fluidos bañaban mi lengua. Ambos logramos el orgasmo y nos quedamos ultra rendidos ante el trabajo en equipo tan bueno que habíamos logrado.
Después de estar follándome a mi amiga durante tanto rato, quedarnos un rato recostados y abrazados nos fuimos a la tina de su baño, nos sumergimos mientras abrazados la acariciaba y la enjuagaba al igual que ella a mí, luego nos vestimos y nos acostamos a escuchar música mientras uno que otro beso volvía. En la noche sus padres volvieron a casa, cenamos y al final cuando fui a tomar un taxi me dio un beso bastante tierno tras el cual siguieron unas risas pícaras.

Desde entonces aprovechamos la ventaja de la tecnología para seguir teniendo la oportunidad de divertirnos de vez en cuando, pero eso será para otra ocasión.

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Así es la vida, a veces se gana, a veces se pierde y muchas otras solo se ve

Todo es cuestión de encontrar el punto adecuado para mejorar cualquier dolor – decía la Sra. Lola a sus prospectos y clientes tratando de convencerlos de pasar a su sala de masajes terapéuticos que recién había abierto en una colonia de clase media.

La renta era cara y ella esperaba tener la suficiente clientela para afrontar los gastos, sobrevivir y generar algunos ahorros que pudieran garantizarle unos años seguros. Estaba en trámite de divorcio y su esposo no aportaba económicamente al destruido hogar. Nunca se llevaron bien pero supieron sobrellevar su relación. Lola había sido una mujer voluptuosa y preciosa cuando joven, blanca, alta, ojo color miel y muy simpática. Aun conservaba esos atributos físicos aunque era claro que el tiempo comenzaba a labrar huellas de cansancio en su rostro. Tenía facilidad para hacer amistades y a lo largo de sus años de matrimonio difícil había aprendido muchas labores para ganar dinero;  lavaba salas y alfombras, cocinaba, vendía ropa de buen gusto, daba consejos y ahora le había dado por meterse de lleno a la parapsicología, lo esotérico y lo naturista. Había estudiado un libro que compró en una feria y ahora estaba segura que era una experta en masajes. La reflexología era su fuerte. Ella mentía y juraba haber aprendido todas sus artes en sus múltiples viajes a oriente. Presumía que hablaba fluidamente árabe y yidish. Sabía expulsar demonios y sanar con sus manos y su voz. Se hacía llamar doctora. Era una pitonisa.

La música new age armonizaba su salón en penumbras sumergido en penetrantes aromas de sándalo y pachuli que salían de un dorado incenciario ovalado. Baratas alfombras “persas” decoraban las paredes y una espesa cortina “egipcia” daba paso a una pequeña habitación ocupada en su totalidad por una vieja y gastada cama de masajes. Esperaba impaciente en el umbral del edificio, el día era muy caluroso y sentía bochorno y fastidio pues no había trabajo. Las vecinas se pasaban de largo respondiendo apenas a sus calurosos saludos pues de todos era conocida su abundante plática. No era conveniente detenerse a charlar con La Doctora Lola.

¡Estos productos se venden solos! – le había dicho Patty a Pedro Luis cuando lo enganchó en el negocio de cosméticos, suplementos alimenticios y alimentos nutritivos. – Te ganas el 50% de lo que vendes y además obtendrás  un porcentaje de la red que vayas creando hasta la tercera y cuarta generación. Lo importante de este bussines es conseguir más gente que venda aunque eso sí, tú debes seguir comprando y vendiendo y apoyar mucho a tu grupo. Todas las compras te dan puntos. Si eres listo y acumulas 20 mil puntos mensuales por 9 meses te ganaras un viaje internacional por una semana; pero eso no es nada, tu cheque mensual irá creciendo y serás independiente económicamente – ; – además, sobra decirlo,  eres un hombre muy atractivo y veras que muchas señoras te agradecerán que les abras las puertas a este gran negocio – Ayudaras familias. Estaba demostrado que los hombres también podían vender artículos para damas.

Pedro Luis lamentaba haberse dejado convencer. Ya había invertido 10 mil pesos que no le sobraban en mercancía que no conocía, no creía que funcionará y no tenía ni idea de a quien ofrecerla. Sus amistades se reducían a hombres y mujeres adictos al gym.

Hacía más de 4 meses que no tenía un trabajo fijo desde que la empresa de plásticos en que trabajaba había cerrado. Aunque gastos personales no eran muy altos, no podía permitirse el lujo de dejar de entrenar y echar por la borda el trabajo de años. Ahora tenía que ir a un gimnasio público pues ya había vendido todos sus aparatos y pesas para sobrevivir. Hasta las playeras de compresión y sus trofeos y medallas había malbaratado en un tianguis.

Alguna vez había sido un hombre solvente que ganaba grandes sumas en comisiones de ventas pero ahora andaba volando bajo sin un quinto en la bolsa. Se transportaba en camión o a pie cuando las distancias no eran tan largas. Traía consigo un lujoso maletín de piel con muestras que bien hubiese podido atraer a algún asaltante pero él no temía pues su cuerpo de Hércules mantenía lejos a cualquier tipo que quisiera dañarlo. Su ceñida camisa colorida parecía explotar con cada movimiento que hacía, sus músculos relucían bajo la tela y hasta las venas de sus poderosos brazos podían distinguirse. Su mujer e hijas lo habían despojado de todos sus bienes y estoicamente él lo había permitido pues siempre había considerado que casas y autos eran el patrimonio de su familia. No era materialista en absoluto, se consideraba un buen hombre. Algún día recuperaría trabajo, familia y dinero. Estaba seguro.

En la angosta carretera a Zacatecas un destartalado camión rojo estaba parado a la orilla. Con el cofre humeante levantado daba la apariencia de ser un gran dragón herido y en proceso de muerte luego de ser abatido por un caballero medieval. – No puede ser – pensaba con desgano Jesús Antonio – Otra vez este maldito motor. Llevaba por lo menos 6 descomposturas fuertes en los últimos cinco meses. No tenía dinero para cambiarlo por uno menos viejo. Afortunadamente ya había entregado la mercancía e iba de regreso a casa. Era el tercer viaje de la semana y apenas era miércoles, se sentía muy cansado.

– Tomaré dos semanas de vacaciones – decidió e imaginó a su esposa Rossy y sus dos pequeños hijos corriendo en la playa. Rossy no gustaba de usar bikini pues era una mujer muy pudorosa, su estricta educación religiosa la había moldeado como una mujer virtuosa y muy temerosa de Dios. Nunca faltaba un domingo a misa y con frecuencia rezaba el santo rosario. A Jesús Antonio no le importaba que su mejor fuese una “santita” pues él tenía la dicha de verla desnuda cada que hacían el amor, no con la frecuencia que a él le gustaría pero estaba bien. A Rosa no le gustaba follar con las luces encendidas así que Antonio debía recurrir a su imaginación para mirar a su mujer en la penumbra. Rossy podía presumir de tener un cuerpo perfecto, ninguna otra mujer en la colonia tenía unas nalgas tan perfectas y una cintura tan breve como ella. Hubiese sido interesante ver  la envidia que Rossy desencadenaría entre las mujeres en una playa si se decidiera un día a usar una tanga. Sería el blanco de todas las miradas, eso sí – pensaba – El calor se disipó en su mente y una fresca brisa le alboroto el cabello bajo su gorra de base ball.

Tuvo que caminar hasta una cuesta para “agarrar” señal y entonces llamó a su esposa para avisar que no llegaría a comer. Ella comprendería pues era tan tierna y cariñosa. Se sentía un hombre feliz, jamás imaginó tener una esposa tan preciosa, tan linda y además tan buena. Se había sacado la lotería. Si no tardaba mucho el mecánico  su unidad estaría lista por la tarde y podría estar en casa al anochecer. Al siguiente día lo esperaba un largo viaje a Puebla, llevaría un cargamento de láminas de asbesto remanente de una tlapalería de un conocido. ¿No causa cáncer el asbesto? –pensó –

Era un viaje barato pues con los amigos se brindaba.  El dinero de ese flete no lo tocaría, sería el inicio del ahorro para las vacaciones.

Pedro Luis se armó de valor y se acercó a Lola para ofrecerle sus productos. La mujer era imponente, más alta que él y con tanta seguridad que lo hacía sentir un niño. – Hola, buenas tardes- dijo, – ¿No estará interesada en conocer algunos productos naturistas que vengo ofreciendo? Traigo vitaminas, proteínas y cosméticos – dijo nerviosamente

¿Compras o vendes? – Le respondió hoscamente Lola, – pues yo me dedico a lo mismo. Pedro Luis no supo que responder, era su primer intento y fallaba. Lola ojeó un catalogo y decidió que eso no servía, era pura química. – No me interesa- espetó. Él sacó fuerzas de la nada y le ofreció incorporarse a su red. No tenía porque usar los productos, lo que debía hacer era meter la mayor cantidad posible de señoras al negocio. Le platicó de los premios, de los viajes y de los cheques. Le prometió que no tenía que invertir ni un quinto. Lo único que debía hacer era presentarle mujeres interesadas en trabajar. Lola se pensó la cosa dos veces.

El teléfono sonó en casa de Rossy, era su marido que le avisaba que no llegaría a comer. – Que bueno- se dijo Rossy. No tenía ni la mas mínima idea de que hacer de comer. Ese día sus dos hijos irían a casa de unos amiguitos así que no tenía que ir a la escuela por ellos. Le sobraba toda la tarde para hacer lo que quisiera. Tenía muchos pendientes en casa; estaba muy retrasada en el quehacer. No tenían dinero para una sirvienta, así que entre ella y Antonio limpiaba la casa los fines de semana. Eso del hogar no era para ella. A veces se lamentaba no haberse casado con Ricardo, aquél buen amigo de la prepa que tanto la cautivaba; pero no. Era un mujeriego el tipo. Prefería a Antonio, no importa que no estuviese enamorada. Era trabajador, buen hombre y se dejaba manejar. Comería quesadillas, decidió.

Estaba por salir de casa cuando sonó el timbre. Subió al cuarto de arriba y vio que era la Dra. Lola acompañada de un tipo fortachón embutido en una playerita negra. Lola la aburría pero le caía bien. La escuchaba y le daba muchos consejos que nunca escuchaba. -¿No sé porque te casaste con ese hombre? – Le decía la señora, – Tu mereces algo mucho mejor, ve nomás que mujerona eres.

Lola necesitaba dinero, mucho dinero. No importaba como lo consiguiera y ese negocio parecía fácil y limpio. Pensó en Rossy; le hacía falta una distracción, además sería la más convincente prueba viviente de que los productos que venderían funcionaban. Su cuerpo de modelo y su cara de diosa convencerías a mil señoras obesas y viejas buscando su belleza y juventud perdida. El tipo no le era agradable. Apenas hablaba y su cuerpo era ofensivo para alguien como ella, natural al 100%. Seguro que se metía esteroides y estaría enamorado de sí mismo. Escuchó a Rossy bajando las escaleras y le dijo a Pedro Luis, -Aquí viene nuestra primer asociada, ya verás-

Pasen – dijo risueñamente Rossy – ; -tomen asiento  y disculpen lo humilde de mi pobre sala – Sus destellantes muebles Luis VXVI que su esposo le había comprado endeudándose hasta a la coronilla lucían fabulosos. Saludó de beso a la Dra. Lola y cuando quiso hace lo mismo con Luis, él se echó para atrás rudamente. No estaba acostumbrado a esas cosas. Pedro Luis y Lola se sentaron en un love seat y Rossy en un sillón individual frente a ellos. Les invitó un café y escuchó atentamente el plan de negocios. Se imaginó viajando por Europa del brazo de un hombre apuesto que no era su esposo. Se vio a si misma conduciendo una camioneta roja muy grande y lujosa. – Suena bien- dijo, – me interesa –

Lleno unos formatos y sirvió mas café. Ya estaba inscrita y acudiría todos los martes a juntas de capacitación en un Sanborn’s de una glamurosa plaza. El ambiente se relajaba cada vez más. La música de Tiziano Ferro se escuchaba en el fondo. Platicaron sobre sus vidas y las de sus familias y amigos; del clima, de la situación económica del país y el rato pasaba sin que se dieran cuenta. A Pedro Luis se le soltó la lengua y les contó un par de chistes que hizo que las damas se desternillaran de risa. Comenzaron con chistes de gallegos, Lola contó uno subido de tono. Rossy no paraba de reír. Que bella era. Entonces, Lola muy ocurrente dijo que los “ponchados” solían tener el pene chiquito. – Ja ja ja – , no paraba de reír Rossy. Vestía un entallado pantalón formal color beige claro y una blusa azul sin manga. El cabello suelto oliendo a shampoo y el rostro sin maquillar. Aún así se veía preciosa. Sus piernas y su hermoso culo sobresalían bajo su pantalón, incluso si entrecerrabas los ojos y echabas a volar la imaginación pareciera que estaba desnuda. Pedro Luis se sonrojo y sintió como su miembro comenzaba a henchirse bajo su bragueta. Era una broma de mal gusto, pero a él le gustaba.

Lola por su parte se sentía muy a gusto. Estaba pasando un rato muy agradable. – A ver, a ver – dijo Rossy, – que Pedro Luis nos baile -, – Siii, que nos modele su playerita- dijo Lola. Jamás lo había hecho pero Pedro Luis se puso de pie dubitativamente. Lamentaba no ser más alto, pero eso no importaba, su cuerpo era casi perfecto y eso compensaba cualquier defecto. Sus poderosas piernas eran de acero y a través del pantalón se transparentaban unos muslos y unas pantorrillas de jugador de soccer. Sus brazos bronceados daban la impresión de ser recorridos por férreas serpientes que se movían arriba y abajo. Su cuello de toro exponía sus venas y su manzana de Adán. Su pecho parecía irreal. Las balas le rebotarían. Era tan varonil. Lola y Rossy voltearon la mirada casi al mismo tiempo a la entrepierna del hombre. Un monstruo comenzaba a crecer dentro de él. Ellas sintieron como sus vaginas se mojaban automáticamente. Rossy temió haberse orinado. – ja ja ja – dijo Rossy; – Siii, los “ponchados” lo tienen pequeño- Lola se carcajeó ruidosamente, era imposible no hacerlo ante la cara de impavidez del hombre que intentaba bailarles sensualmente. Pedro Luis no sabía qué hacer. Se sentía como un ratón acorralado. Recordaba una burla similar que en su niñez había sufrido por parte de un grupo de chicos mayores, en aquella ocasión no pudo hacer nada y lloró.

Automáticamente se paso visiblemente la mano sobre su miembro acariciándolo como si fuera mayor de su tamaño real. Las chicas emitieron un gritillo que a él le pareció como el de un estadio animoso que lo impulsara a desechar su timidez. Tomó la mano de Lola que era la más cercana y sorprendido por su docilidad la pasó a lo largo de su pierna llegando apenas a tocar su más preciado órgano. A lola le fascinó el gesto de Luis y como cobra se lanzó sobre su presa tomando aquel enorme y duro palo desde su cabeza hasta los testículos. Sus blancas manos adornadas con unos largos dedos rematados en vistosas uñas rojas subían y bajaban por el pene del muchacho. Rossy estaba muda. No sabía que decir pero se le antojaba acompañar a Lola en sus caricias. – Sácatela – dijo Rosa con una voz temblorosa que se convertía en un placentero gemido, – sácatela-  -muéstrala – , – presúmela- ; – por favor-.

Luis se volvía loco, su cabeza daba vueltas y su corazón latía como licuadora intentado remoler hielos para un cocktail. Pudo más el instinto que el pudor y se bajó locamente la cremallera, se podía ver sus bóxers de color azul eléctrico mojados por la rica sacudida que Lola le había dado en unos cuantos segundos. Un negro pene salió a relucir. Rossy notó que Pedro Luis se afeitaba y se maravilló ante semejante miembro, era más grande que el de su marido. Y se veía mucho más firme. Su cabeza era violácea y redonda como una gran cereza. Se le antojó metérsela a la boca aunque ella rara vez aceptaba hacer sexo oral a su marido a menos que estuviese a punto de pedirle un regalo caro. La verga carnosa expuesta mediría unos 18 cm y una gruesa vena parecía sostenerla como si fuera un cable de acero. Era brillante y sin un pelo. La vista de Lola estaba atrapada por el movimiento autónomo del tremendo sable de Pedro Luis; se movía sola, estaba viva. La tomó con las dos manos y le dio unos suaves jalones que parecieron hacer que el volumen se incrementará al doble. En un instante que paso desapercibido para los tres la escena había cambiado y Lola tenía el gran pito de Luis en su boca. Lola babeaba como nunca lo había hecho; ¿Qué motivaba tal salivación? No lo sabía. Ella se consideraba experta mamadora y le complacía hacerlo. Esa cualidad había contribuido en gran manera a prevenir el desmoronamiento de su matrimonio.  Como si fueran piedras preciosas, Lola acurrucaba los testículos de Luis entre sus bellas y cálidas manos masajeándolos con ternura y dando pequeños tironcitos a su escroto. A la vez se metía la verga de Luis poco a poco en su húmeda boca, daba pequeñas chupaditas a la cabeza y de repente se la introducía completamente hasta tocar su profunda garganta uniendo sus labios a los huevos rasurados del chico. Con movimientos circulares llevaba de paseo aquel negro miembro entre sus mejillas y su paladar como si fuera un cepillo de dientes apenas rozándolo con sus perfectos dientes. Hacía girar su lengua enroscándola alrededor de su preciada presa que bramaba de placer. Succionaba con suavidad y luego lamía aquel el sabroso falo de arriba abajo atragantándose con la mezcla de líquidos que se derramaban en su boca amorosa. En el piso se había creado un pequeño charco de saliva y liquido preseminal. Luis estaba en éxtasis. Sus ojos iban y venían dentro de sus cavidades. Rossy seguía atónita y las ganas de orinar aumentaban. Estaba viendo en acción a la más grande maestra de la felación.

-Es tu turno de tocar corneta- le dijo Lola bromeando a Rossy mientras sacaba a relucir su par de enormes y magnificas tetas pálidas. Sus pezones eran grandes y de un color café claro. Comenzó a masturbar a Luis con una Rusa que hizo que el hombre no pudiera evitar emitir un grito de placer. – Shhhhh- dijo Rossy, – ¡hay vecinos! – Pedro se imaginaba penetrando por el culo unas nalgas de quinceañera güerita al ver como su reata desaparecía entre los senos de Lola y volvía a reaparecer una y otra vez. Estaba mojadisimo.

Rossy despertó de su embelesamiento, tomó a Luis de la camisa y le plantó un apasionado beso en la boca metiendo su lengua entre los labios del macho que algún dios les había mandado. No era virgen cuando llegó al matrimonio, pues un aventajado compañero de prepa le había hecho el favor de desvirgarla y solo con él había cogido antes y después de casarse. No se sentía culpable de engañar así a Antonio, de hecho pensaba que se lo merecía por tibio. Había salido con más hombres pero solo aquel amigo de la adolescencia se la había cogido. El beso de Rossy y Luis fue muy largo, Rossy le acariciaba los músculos del pecho y de la espalda con gran admiración. ¡que hombresote! – pensaba- y seguía besando mientras le apretaba con sus manitas el trasero. Le incomodaba un poco el delgado bigotito de Luis pero el placer del momento era mayor. Mientras tanto, Lola seguía mamándole la verga. Luis separo su rostro de Rossy quién quedó atónita ante el rechazo del macho. Él acercó su boca al oído de ella, con sus labios le quitó hábilmente el arete y lo lanzó al piso y con melosa voz le dijo; -¿quieres saber cómo coge un “ponchado” de pene pequeño?-

Rossy y su bravío pirata entraron al reducido baño de la sala mientras Lola se quedaba con las ganas de seguir comiendo hombre. – ¡Por lo menos déjenme ver! – gritó Lola cuando ellos cerraron quedamente la puerta. No se escuchó que le pusieran el seguro. Lola se bajó el pantalón negro hasta las rodillas y su mano diestra comenzó a juguetear con su dilatada raja rosita, acariciando con delicadeza un clítoris más grande de lo normal. Había puesto su bata blanca cubriendo el sillón, no fuera a ser que dejara huella de su pecado. El dedo medio de su mano derecha la penetraba expertamente. Lola se imaginaba estar cogiendo con Pedro Luis. ¡Que rico era ese momento! El mundo podía detenerse allí no importaba que todo lo demás se fuera al demonio.

Luis puso a Rossy de espaldas, recargada sobre el lavabo y de frente al espejo. Era una mujer preciosa. No esa belleza de telenovelas, ¡era una belleza real!, de nuestro pueblo mexicano. Un rostro apacible, altivo, perfecto dentro del concepto de belleza de mujer morena de nuestra raza.  Metió sus manos entre su blusa y sacó un rico par de pequeñas tetas duras. Su brasiere que por cierto le quedaba flojo cedió fácilmente. Masajeaba esas lindas gemas frías a la vez que su boca recorría el largo cuello de Rossy. Su lengua lamía y relamía su piel salada, tal como lo hubiera hecho Lola con su pene hacía un rato. Las manos de Luis bajaron por el abdomen den Rossy como si fueran dos autos deportivos recorriendo una amplia carretera en una pradera recién regada por la lluvia. Rossy ya había desabrochado su ceñido pantalón de mezclilla que cayó al suelo formando una pirámide azul. Un apretado bóxer blanco casi transparente cubría el culo de Rossy que de inmediato quedó al descubierto. Rossy misma se lo había quitado ya que Luis no pudo por su nerviosismo. El culo de Rossy era el mejor que había alguna vez visto Luis, ya fuese en persona, en película o en revista. Era grande, fabuloso y bien formado, ovalado en los costados y en forma de corazón visto desde atrás. Era una mujer caderona aunque contradictoriamente muy delgada. Un olor a coco y canela salía del cuerpo de Rossy. Luis no paró de acariciar, tocar y retocar las nalgas de Rossy. – ¡Mételo, yai!- musitaba Rossy con voz apenas audible: – ¡Cojeme, yaaaa! – Por favooor. Luis le abrió las piernas como hacen los policías a los malandros utilizando sus rodillas para abrir un poco más y acomodó su bultosa verga entre las nalgas de Rossy. Como una reptante oruga le verga encontró su camino hasta la ardiente panocha de la damisela. En ese momento Lola abrió la puerta del baño de par en par y pudo observar el paraíso. Un verdadero macho follando a una mujer casi perfecta en un sitio incorrecto pero en el momento más preciso. Luis comenzó a moverse rítmicamente sacando y metiéndole la verga a Rossy quien fue traicionada por la emoción y comenzó a llorar de placer. “Movía el culo con un swing que derretía el hielo de las cubas” tarareaba Luis con voz entrecortada. Rossy estaba exprimiendo a Luis y de repente se le vino a la mente la imagen de su esposo parado en la carretera tratando de reparar su camión bajo un sol abrasador. Borró su mente y volteó el rostro a la sala. Las lágrimas fluían por sus mejillas nublando su visión.  De reojo Veía a una Lola excitadísima a quien apenas tenía un par de semanas de conocer. Enseñando un pedacito de su lengua entre sus labios rotos, Lola no podía dejar de observar aquella pareja meciéndose rítmica y eternamente dándose una cogida de película. Rossy cayó en éxtasis cuando Luis le metió en el ano un dedo lubricado en su propia saliva; Su boca temblaba de placer y estaba segura que no podría aguantar las ganas de orinar por más tiempo. Luis bufaba mientras entraba y salía del cielo cogiendo febrilmente a Rossy. El tiempo se había esfumado en una espiral de colores, el espacio también. Casi en la cumbre del orgasmo Rossy creyó ver a Antonio mirándola fijamente con tristeza a los ojos reprochándole no ser tan complaciente con él como ahora lo era con Pedro Luis. Cerró los ojos. Los abrió nuevamente y vio a Lola en el lugar de Antonio. Repentinamente sintió como un fluido caliente inundaba su interior; Luis se estaba corriendo sin condón a la vez que emitía graciosas risitas y daba las gracias una y otra vez a Rossy jurándole amor eterno. Rossy no pudo más y dejó que su vejiga se descargara. Oleadas de un orín incoloro y sin olor corrieron entre sus piernas salpicando el pecho y mojando los pies de un Luis desnudo que había volado al espacio. Rossy estaba muy avergonzada pero el triunfo que embargaba su espíritu diluía cualquier sentimiento negativo. Ahora tocaba rogar a Dios que no quedara embarazada. No dijo nada. Lola se acercó como loba a Luis para seguir mamando y bebiendo la leche remanente. Era una depravada, lo reconocía y le encantaba.

Por la noche llegó Antonio a casa, los niños dormían plácidamente y con sigilo abrió la puerta de su habitación. Llevaba un hermoso ramo de flores para su esposa y un caro perfume de regalo para compensar su ausencia. Pensaba sorprenderla con un beso de yerbabuena pero el sorprendido fue él. Su esposa lo esperaba totalmente desnuda salvo una minúscula tanga apenas perceptible. Se le dejó ir a los brazos y lo besó una y otra vez. – Te amo Antonio; te amo- musitaba; – Sin ti la vida no vale la pena-  expresó pícaramente cerrando un ojo, -Y mira que eres malvado y me dejas sola muy a menudo-, -¿Qué tal que viene un lobo y me come?

Yo soy tu lobo – respondió gruñendo Antonio.

Rossy lo tomó de las mejillas, lo beso sonoramente y poco a poco fue quitándole la ropa y

– Esta noche es tu noche cariño –

Si quedaba embarazada iba a ser de Antonio, que él estuviera seguro de eso – pensó – mientras imaginaba como sería su próximo martes por la tarde en compañía de Pedro Luis pero sin la Dra. Lola.

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Me follé a mi amiga por la noche en la calle

Hola mi nombre es Daniel y esta es la historia de la noche en que me follé a mi amiga en pleno sitio público.

Todo comenzó en la fiesta de una amiga por su cumpleaños, ella me había invitado para festejarla esa noche en su casa, yo por supuesto le dije que sí y así fue, llego la noche y yo y dos amigos llegamos a su casa, todo pasaba con tranquilidad un grupo de amigos festejando el cumpleaños de su amiga.

Cuando de repente mientras platicaba con mis amigos en una esquina, vi entrar a una amiga su nombre era Maria, ella llevaba un apretado y sexi pantalón que dejaba ver su culo más grande de lo normal, con solo mirarlo se te venían a la mente todas las cosas que haría con él, y una blusa ligera y un poco transparente que dejaba ver sus pechos grandes cubiertos por aquel brasier rojo muy sexi.

Hacía tanto tiempo que no veía a Maria, que cuando tuve la oportunidad me acerqué a ella y comenzamos a platicar mientras bebíamos unos tragos de alcohol. El tiempo pasaba y yo sentía como ella se acercaba más y más hacia mi, cuando de repente ella se sentó encima de mi dejándome sentir su rico culo rozando mi pene, que cada vez se ponía más y más duro.

Yo por supuesto seguí con el juego y comencé a tocarle las piernas y cosas por el estilo para ponerla más caliente, cuando de repente nos comenzamos a besar, y al siguiente instante ella me susurró al oído que quería salir a tomar un poco el aire.

Salimos a tomar el aire y me follé a mi amiga en la calle

Así que salimos de la casa de mi amiga y nos dirigimos a un parque que quedaba cerca de ahí, para ese entonces ya eran como las 3 de la madrugada y la plaza se encontraba vacía nos sentamos en una banca que estaba en la esquina y no daba la luz de las lamparas. En ese momento sin pensarlo ella comenzó a acariciar mi pene por encima de mi pantalón  y en un momento sin pensarlo dos veces  me baje el cierre y deje al descubierto mi pene muy duro en ese momento  así que Maria comenzó a mamarlo una y otra vez con tanta fuerza que pereciese que fuera a tragárselo completo.

Después le dije que se pusiera encima de mí, ella  se bajo el pantalón y su tanga roja muy sexi dejando al descubierto su vagina lista para que mi pene entrara directo hasta el fondo de aquella vagina escurriendo, cuando ella se monto sobre mi quedaron sus pechos grandes y ricos listos para que se los chupara sin mas no poder mientras ella me montaba una y otra vez.

Sentía como ella se ponía más y más caliente, como gemía de placer por mi pene que la penetraba cada vez más fuerte. Debo admitirlo Maria sabia moverse muy bien encima de mi pene. Yo solo no dejaba de escuchar a Maria diciendo entre dientes que no parara mientras se le escapaba uno que otro gemido fuerte.

Después de un rato en esa posición yo sentía cómo me iba a venir, así que le dije a Maria para correrme en su boca pero ella dijo que no, ella quería sentir mi semen dentro de su vagina mojada y caliente de placer. Y así hice, me corrí dentro de ella sin previo aviso. Cuando lo sintió no podía para de gemir, y al final soltó una pequeña risa mirándome a los ojos.

Después de que me follé a mi amiga, regresamos a la fiesta de su casa como si nada hubiera pasado.

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