Mi primera vez de sexo con un desconocido

Quiero contarles una historia que cambió mi forma de vivir el sexo.

Cuando tenía 18 años, iba caminando por la calle de los cines, cuando un tipo cuarentón me interceptó y me invitó a tomar un café. Tan tierna como era yo, huí de él. No era virgen, el sexo me encantaba pero la idea de tener sexo con un desconocido, me asustó. Lo rechacé y, como tenía que hacer tiempo para una cita, decidí entrar al cine a ver una película que ya ni recuerdo cuál era.

Entré a la sala de cine y me senté en la penúltima hilera porque quería asegurarme que nadie se me acercara. Me acompañaban unas 5 personas más, sentadas bastante lejos de donde estaba yo.

No sé cuándo el tipo entró, pero sentí que alguien se acercaba a mi oído desde atrás y me decía, con voz ronca, que no había podido dejar de seguirme. Que en cuanto me vio su poya se había parado y no había podido dejar de imaginar mis pezones endurecidos por sus caricias y mi vagina humedecida por su saliva y mis jugos de excitación, que su instinto le había dicho que yo era una salvaje.

Yo sentí que mi cuerpo estaba pegado a la butaca y no pude moverme. Por un lado me excitó imaginar lo que el tipo sentía, por el otro me asustaba la situación. Estaba tratando de despejar las telarañas de deseo y decidir irme cuando sentí su húmeda lengua en mi oreja. Fue como un rayo directo a mi vagina que enseguida se humedeció. Sentí un gemido a lo lejos y me di cuenta que era yo la que lo había emitido.

Sexo con un desconocido en el cine

El tipo aprovechó ese momento para bajar sus manos y jugar con mis pezones sobre la blusa. Se dio cuenta que estaba sin corpiño y emitió una risa de placer. Obviamente se endurecieron al instante y todo mi cuerpo se tensó. Su lengua y sus manos estaban haciendo estragos en mis nervios. Cuando vio que estaba suficientemente excitada y no iba a huir pasó por arriba de los asientos. Horrorizada, vi que se hincaba delante de mí y adelantaba mi cadera. Me sentía como marioneta en manos de un titiritero. Empezó a jugar con un dedo sobre mis bragas, abrió mi blusa y empezó a lamer uno de mis pezones. De pronto su dedo estaba dentro de mi vagina. Dejó mis pezones y comenzó a lamer mi clítoris. Dos de sus dedos entraban y salían de mi vagina. Luego de unos instantes, se aventuró a lamer mi ano, sin dejar de tocar mi clítoris y jugar con sus dedos. Yo había perdido noción del tiempo y del lugar, la telaraña de la excitación me tenía totalmente atrapada. Sentí que introducía un dedo en mi culo y los movimientos entre clítoris, vagina y ano hicieron que estallara en un orgasmo que me arrancó un grito que fue acallado por su mano. Sentí que me faltaba el aire y el orgasmo se alargó. Pareció eterno y un instante a la vez. Cuando estaba bajando de ese maravilloso momento, me vi arrancada de la butaca e hincada en el piso, ya sin pensamientos de cordura comencé a chupar su pija dura y caliente.

Agarró mi cabeza e hizo que la tragara entera. Yo era buena en eso y atendí sus testículos, besé, chupé y tragué toda su poya hasta casi hacerlo estallar. Cuando se dio cuenta de que estaba por eyacular me levantó y me sentó en su falda, de espaldas a él, e introdujo su poya dura en mi vagina, que se la tragó de una sola vez. Con sus manos tocaba mi clítoris y volvió a mojar e introducir, primero uno y después dos dedos, en mi ano. Me hizo mover de nuevo y de pronto, estallé en otro orgasmo.

Me levantó y metió su poya en mi culo, me hizo apoyar las manos en el asiento de adelante para que mi cadera se levantara un poco y comenzó a arremeter con violencia una y otra vez mientras estrujaba mis tetas y me subía y bajaba, hasta que llegó su orgasmo, increíblemente, yo volví a correrme con él. Nos  tiramos los dos hacia atrás. Él siguió tocando mis tetas y mi clítoris. Yo estaba rendida y a pesar de haberme corrido 3 veces, aún me sentía excitada. Con el cuerpo comencé a seguir el juego de sus dedos, se rió en mi oído y con una voz muy sensual me dijo que no se había equivocado su instinto al creerme insaciable. Metió su lengua en mi oído, jugó con su mano en mi clítoris, siguió metiendo y sacando sus dedos en mi coño hasta que volví a correrme.

Quedé tirada sobre él y comencé a bajar a la tierra. Se dio cuenta de que se había acabado la magia y me ayudó a abrocharme los botones de la blusa y a acomodar mi falda. Mis bragas habían desaparecido y en la oscuridad del cine no pude encontrarlas. Avergonzada, no volví a mirarlo. De reojo vi que se acomodaba la ropa. Se acercó a mí, me tocó sensualmente, me dio un beso en la mejilla y me dijo que esperaba que el destino volviera a encontrarnos para gozar nuevamente de un momento como ese. Me dio las gracias y se marchó.

Lo vi marcharse, la vergüenza por lo que había hecho me golpeó de pronto, ya estaba sola y me sentí abandonada y perseguida. Salí de la sala, prácticamente corriendo. Mientras caminaba por la calle, me sentía sensual sin las bragas, y parece que lo transmitía porque varios tipos se me acercaron a decirme cosas.

Esa noche no podía dejar de recordar lo sucedido y volví a ponerme cachonda. No iba a encontrarme con mi novio esa noche pero lo llamé y con algunas frases insinuantes logré que se viniera a casa. Esa noche hicimos cosas que nunca le había dejado hacer pero esa historia se las cuento después.

Hasta la próxima.

Pruvie

La entrada Mi primera vez de sexo con un desconocido aparece primero en SexoEscrito.com.