Del placer de desvirgar

He podido acomodarme entre las piernas de mujeres jóvenes y vírgenes, y así desvirgar a muchas de ellas. Cuánto más joven, más crece la expectativa de una deliciosa velada.

La excitación que llevó a Carolina a mi cama se fue acumulando por causa de su sensualidad.

Ya la habían manoseado muchos desde hacía tiempo. Le habían metido la mano bajo su calzón y le habían restregado sus núbiles pechos en madrigueras improvisadas entre los arbustos de solares baldíos.

Había tenido la sensación de besarse, si bien torpemente, con enlace entre lenguas y la sensación de saliva ajena en la propia boca.

Había sentido los besos e inexpertas caricias de otra mujer en la intimidad.

Había invadido la santidad del dormitorio de su madrina para dejarse manosear por mí, y había sentido lo que se siente cuando un hombre experimentado besaba sus pechos. Esa excitación, poderosa, la llevó semidesnuda a mi cama, pero es el instante mismo de la penetración lo que queda grabado como placer sublime e inolvidable.

Poco placer existe tan delicioso, si acaso existe, como sentir el glande asomarse a la entrada de una gruta vaporosa y caliente, sudada de néctar de amor, la calidad espesa de ese jugo bendito y la sensación en el pene al frotarla recorriendo a lo largo aquel conducto destinado a albergar una verga dura y agrandada.

Sentir la resistencia a la presión inicial a esa cuevita inspira la mayor ternura y deseo por hacer las cosas bien. Entrar despacito mientras se siente la intensa agitación de su respiración y los jadeos acelerados en su voz; observar su rostro sin perder la concentración y encontrar sus ojos cerrados y una expresión que no indica con claridad si es placer, dolor, perdición… crea de por sí otra oleada de maravillosas sensaciones.

Sí, esa resistencia inicial al desvirgar es inolvidable.

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Del placer de desvirgar

He podido acomodarme entre las piernas de mujeres jóvenes y vírgenes, y así desvirgar a muchas de ellas. Cuánto más joven, más crece la expectativa de una deliciosa velada.

La excitación que llevó a Carolina a mi cama se fue acumulando por causa de su sensualidad.

Ya la habían manoseado muchos desde hacía tiempo. Le habían metido la mano bajo su calzón y le habían restregado sus núbiles pechos en madrigueras improvisadas entre los arbustos de solares baldíos.

Había tenido la sensación de besarse, si bien torpemente, con enlace entre lenguas y la sensación de saliva ajena en la propia boca.

Había sentido los besos e inexpertas caricias de otra mujer en la intimidad.

Había invadido la santidad del dormitorio de su madrina para dejarse manosear por mí, y había sentido lo que se siente cuando un hombre experimentado besaba sus pechos. Esa excitación, poderosa, la llevó semidesnuda a mi cama, pero es el instante mismo de la penetración lo que queda grabado como placer sublime e inolvidable.

Poco placer existe tan delicioso, si acaso existe, como sentir el glande asomarse a la entrada de una gruta vaporosa y caliente, sudada de néctar de amor, la calidad espesa de ese jugo bendito y la sensación en el pene al frotarla recorriendo a lo largo aquel conducto destinado a albergar una verga dura y agrandada.

Sentir la resistencia a la presión inicial a esa cuevita inspira la mayor ternura y deseo por hacer las cosas bien. Entrar despacito mientras se siente la intensa agitación de su respiración y los jadeos acelerados en su voz; observar su rostro sin perder la concentración y encontrar sus ojos cerrados y una expresión que no indica con claridad si es placer, dolor, perdición… crea de por sí otra oleada de maravillosas sensaciones.

Sí, esa resistencia inicial al desvirgar es inolvidable.

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Follándome a mi amiga gracias a un accidente con el móvil

Hola amigos, con este ya son 3 los relatos eróticos que he subido. Esta vez les traigo una experiencia sexual que para mí ha sido de las mejores. Se trata de cómo con un accidente al mandar un mensaje terminé follándome a mi amiga. Espero les sea de su agrado. Es bastante largo, pero créanme que podrán acabar de pajearse sin tener que leer otro relato erótico o releer cómo acabé follándome a mi amiga después de un despiste mío.

Hace un año fui a verme con una amiga aprovechando mi semana de vacaciones, su nombre es Victoria y es un año mayor que yo. Es bastante bajita, pero con un cuerpo que parece fue esculpido por las más detalladas manos. Es de cabello castaño, ojos grandes y vivos, labios delgados pero exquisitos y unos senos y culo considerablemente grandes. Ella se fue a vivir a Medellín ya que sus papás encontraron trabajo allá y decidieron tomar el empleo en esa ciudad tan linda. Tomando la excusa de que no conocía la ciudad, mi familia y yo fuimos por una semana. Aproveché para escribirle a Victoria y le dije que acordáramos el día para vernos, ella emocionada me dijo que sí y dejamos el día jueves para la ocasión.

Antes de que se mudase éramos bastante amigos, así que iba a aprovechar todo el tiempo posible para ponernos al día. Mientras la esperaba puse una de las playlists de mi celular, algunas canciones de pink floyd, the smiths, the doors, aerosmith y muse, aprovechando para relajarme un poco mientras llegaba al parque en el que decidimos encontrarnos en la mañana.

Llegó a los 5 minutos un tanto agitada. Vestía una con unos vaqueros que delineaban sus lindas y trabajadas piernas junto a un buzo blanco, Victoria no usaba bra nunca porque le irritaba la piel, por lo que al igual que siempre vestía por debajo un top que dejaba sobresalir sus pezones muy considerablemente. Me tomó por sorpresa e inmediatamente nos abrazamos, yo estaba sentado así que cuando me incliné ella resbaló y quedó encima de mí con los senos bastante cerca de mi cara, ambos nos reímos de lo torpes que fuimos y decidimos ir a caminar.

Mientras me enseñaba el centro de la ciudad íbamos hablando de lo que ambos habíamos hecho el último semestre, ella me contó que había hecho unas amigas nuevas y que se la llevaban bastante bien, aparte había empezado a ir a cross fit lo cual se podía observar desde lejos en sus piernas y su pecho. Por mi lado le dije que había sacado algunas canciones nuevas en la guitarra, leído algún que otro libro al igual que ella y que estaba concentrado en mi carrera.

Ambos bastante cansados a eso de la 1:30 pm decidimos almorzar y volver al parque para tirarnos un rato al césped y seguir charlando mientras descansábamos. Al llegar seguimos con nuestra conversación, pero decidimos que era hora de hacer algo distinto por lo que empezamos a jugar verdad o reto, ya que en modo extremo los retos no son muy apropiados que digamos decidimos darle sólo con la verdad, así nos íbamos riendo ante cada confesión que hacíamos sobre sexo, que es lo que casi siempre sale en la app.

Luego de dejar de jugar le pregunté si ella ya había tenido relaciones sexuales ya, a lo que me respondió que no. Muchas veces había jugueteado con algunos hombres pero nunca la habían penetrado. Cuando me devolvió la pregunta le dije lo mismo y ambos nos reímos tímidamente, ya que nunca tocábamos el tema del sexo. Le pregunté entonces en broma si se había metido algo alguna vez ahí abajo y ella soltó una carcajada confesando que a veces usaba la parte de sujetar de los lazos que usaba en fitness para estimularse un buen rato. Ambos seguimos charlando al respecto y luego ella me confesó que le gustaba cambiar fotos con tipos, a veces entraba a SexoEscrito.com y buscaba alguien para divertirse un buen rato, mi reacción fue de risa ya que al momento le dije que yo hacía lo mismo a veces.

Me mostró entonces una conversación con un tipo, y cuando me mostró una de sus fotos me quedé perplejo y con las piernas apretadas ante la erección que casi no puedo esconder, era ella levantando el culo vistiendo solo una tanguita y en otra foto dejaba al descubierto uno de sus pezones mientras tapaba sus senos. Le dije que tenía un hermoso cuerpo y que envidiaba a aquel tipo, a lo que ella respondió con una sonrisa y me dijo que no exagerara. Decidimos que estaría bien ir a su casa, la cual estaba cerca, para así poder ver una película u hacer otra cosa.
Ahora bien, antes de seguir contando cómo acabé follándome a mi amiga, debo aclarar que en ese tiempo ella no seguía haciendo esas cosas, pero yo sí, de vez en cuando buscaba la oportunidad y me ponía a hacer sex chat y cambiar fotos con chicas si tenía suerte. En el momento en el que viajé estaba hablando con una nena bastante linda, a la cual le debo este relato erótico.

Tras un delicioso despiste terminé follándome a mi amiga

Al llegar le pedí el baño a Victoria, la cual dijo que lo usara mientras se duchaba ya que estaba algo acalorada, entonces rápidamente fui a ver lo que me había mandado, era un vídeo de ella dándose por el culito con un vibrador y con sus manos estimulaba su clítoris mientras tenía un fuerte y lubricado orgasmo. Esto, junto a la charla de hace unos minutos con mi amiga, logró prenderme, por lo que me grabé quitándome la camisa y el buzo negro que llevaba para después arrancarme el bóxer y masturbar mi venoso y duro miembro un rato en la cam. Terminado, lo guardé y mientras bajaba la cadena para disimular, le di al chat para enviarlo. Como estaba subiéndome el pantalón también, no vi qué chat oprimí, eso es algo de lo que nunca me arrepentiré.
Al salir del baño me senté en la sala esperando el mensaje de vuelta de aquella chica, pero por el contrario me llegó un mensaje de Victoria. Al abrirlo me quedé hecho un fantasma, ya que ella era la que había recibido el vídeo y me mandó un mensaje en el cual solo decía “interesante”. Ante mi confusión y la vergüenza tan inmensa que sentía decidí que lo mejor era irme para evitar cualquier problema.

Fui entonces a su pieza y toqué la puerta para disculparme e irme, cuando golpeé me respondió: “¿Esa es tu mano o tu verga?”. Si antes estaba pálido, ahora me había vuelto etéreo. Después de eso me dijo que no había seguro, por lo que podía entrar, decidí hacer todo de golpe y abrí para pedir perdón e irme, pero lo que vi a continuación me dejó con la boca sellada, Victoria estaba bocabajo en la cama y vestía una camisa de tiras con unos cacheteros…

Me sentí descompuesto, lo único que se movía de mi cuerpo era la carpa que formaba mi verga mientras tartamudeaba como idiota para ver qué decir. En eso que Victoria se levantó y se me acercó al oído diciendo: –tienes tres segundos para ver si te vas o te quedas– y mientras me miraba y empezaba a contar, antes de que pudiese lograr pronunciar el tres me le lancé sobre sus labios decidido a embestir su lengua. Abrió los ojos ya que supongo no creía que fuese a ser capaz, pero vi que no se quejó ya que esbozó una sonrisa y con sus ojos cerrados ahora decidió darme a probar de su magnífica lengua. Mientras la besaba me desabrochó el pantalón y me quitó el buzo negro que llevaba, dejando al descubierto mi abdomen, un tanto marcado, y mi verga empapando el bóxer de lo mojada que estaba.

La lancé a la cama mientras la seguía besando y me fui a sus oídos para empezar a susurrarle cosas y morderle los lóbulos, exclamaba entre jadeos que siguiera, por lo que bajando entre chupones y mordidas por su cuerpo me fui a sus senos cubiertos por esa blusa pero dejando en claro sus pezones que asomaban como dos tornillos a punto de atravesar la ropa, hundí entonces mi cara en sus tetas y mordiendo la prenda se la jalé para quitársela, dejando fuera esas tetas hinchadas tan ricas que esperaba ver desde la mañana. Lo siguiente fue más rápido, ya que apenas le di unos chupones suaves debajo de las tetas decidí quitarle la tanga, la cual estaba empapadísima de sus fluidos. Decidió ella también quitarme el bóxer por el que asomaba la punta de mi verga como necesitando aire… U otra cosa.

Ya desnudos la agarré de las manos inmovilizándola para abrirle las piernas y dirigir mi lengua a excavar ese coñito, no tuve la más mínima dificultad ya que sus fluidos ayudaban a deslizar mi lengua sin tanto esfuerzo, así entonces le mordía los labios que cada vez se separaban más como suplicando atender el centro del problema. Después de un rato decidí embestir mi lengua sin aviso previo y al hacerlo Victoria exclamó un gemido que seguramente hasta el portero del edificio escuchó, lo cual me motivaba cada vez más a ser detallado en cada parte de su coñito para atenderlo de lo mejor. Entonces decidí usar mis dedos para así mientras se la mamaba poder estimularla más, con mi pulgar le daba tocaditas en el clítoris mientras con el corazón y anular tocaba la parte superior de su vagina. Con un trabajo armónico en conjunto fue cuestión de segundos para provocarle un delicioso squirting, siguiendo con la lengua en el trabajo sentía cómo su vagina parecía ahora una cascada de placer. Pensando que estaba exhausta me tomó la cabeza para besarme mientras ahora era su turno de consentirme.

Empezó entonces a lamer cerca de mis pelotas mientras con sus dedos sobaba mi verga bastante venosa y dura ya. Así tal cual lo hice yo se lanzó sin aviso a embestir mi verga, chupando primero únicamente mi glande para después succionarlo hasta dejarlo morado. Estuvo así un buen rato hasta que me hizo venirme como si hubiesen abierto una manguera a presión. Mi semen salió disparado hacia toda la cama y su boca, el cual se tragó de una vez, como una linda putita, debido a la fuerza con la que salió.

Entonces fue cuando decidí ponerla en el ángulo del durazno dejando expuestos sus dos hoyitos para mi diversión, empecé por embestir su vagina que se dilataba y contraía deseando más, así que le hice el favor y la penetré ferozmente haciendo que sus gritos solo aumentaran más, en esto la nalgueaba y metía uno que otro dedo en su ano, que estaba listo para ser consentido también. Así que cambiaron roles, y ahora eran los dedos los que examinaban su coño mientras mi verga iba siendo devorada por su otro huequito. Tartamudeando rogaba para que no parase y para que siguiera lo más que pudiese, así que decidí aumentar el ritmo para darle lo que pedía, viniéndome de forma estrepitosa y vibrante en su culo.

Decidida a exprimirme como un limón, me tomó por mis caderas que seguían estremeciéndose y aún con una notable erección se giró y, dándome la espalda, dejaba sus nalgas separadas para que la penetrase, pero ahora ella llevaría las riendas. Decidí dejarla, por lo que mientras me permitía seguir gozando con aquel hoyo tan rico ella controlaba el ritmo de la situación, mientras se masturbaba y con las manos apoyadas en la espalda le pellizcaba los pezones sintiendo cómo sus tetas iban a estallar.
Victoria se levantó entonces y decidió que ahora su vagina volvía al juego, por lo que mi verga se fue allá mientras nos besábamos llevando un ritmo perfecto para dos cuerpos tan jóvenes. Mientras mordíamos nuestras lenguas y labios llegamos al momento éxtasis, teniendo Victoria otro squirt que empapó mi verga, la cual saqué e introduje en su boca de nuevo, ahora estando en forma de 69. Duró un poco más chorreándose cuando temblando sacudí mis caderas y dejé salir lo que quedaba de mi semen mientras sentía cómo sus fluidos bañaban mi lengua. Ambos logramos el orgasmo y nos quedamos ultra rendidos ante el trabajo en equipo tan bueno que habíamos logrado.
Después de estar follándome a mi amiga durante tanto rato, quedarnos un rato recostados y abrazados nos fuimos a la tina de su baño, nos sumergimos mientras abrazados la acariciaba y la enjuagaba al igual que ella a mí, luego nos vestimos y nos acostamos a escuchar música mientras uno que otro beso volvía. En la noche sus padres volvieron a casa, cenamos y al final cuando fui a tomar un taxi me dio un beso bastante tierno tras el cual siguieron unas risas pícaras.

Desde entonces aprovechamos la ventaja de la tecnología para seguir teniendo la oportunidad de divertirnos de vez en cuando, pero eso será para otra ocasión.

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Sexo oral en el Aula A5

Mis días en el instituto eran sumamente agradables, sobre todo cuando por fin pude tener sexo oral en el aula con Andrea…
Hice lo usual: levantarme, ducharme y vestirme e ir al colegio… y ahora me veo en el aula A5 vacía esperando a que la reunión de apertura de inicio de clases comenzara nunca entraba a dichas aperturas siendo una pérdida de tiempo. Allí estaba, un chico de 18 años común y corriente.
Pasaron 10 minutos y miré cómo la puerta se iba abriendo, para mirar el cuerpo bien formado de mi compañera de clases Andrea. Alta, cabello castaño y ojos color miel, una sensual boca y un enorme culo, y no hablemos de sus pechos…
No me inmuté, y me quedé mirándola, tenía una hora para jugar con ella. Andrea se acercó y se sentó en la mesa, sonreí al verla. Poco a poco se giró hacia mí colocando sus piernas a cada lado del borde de la mesa dándome una vista clara de sus bragas. Mis manos se colocaron en sus piernas acercándola más a mí. Subí su falda poco a poco viendo cómo daba un leve respingo.

Sexo oral en el aula a Andrea

Incliné mi rostro hasta sus piernas y besé poco a poco su blanca piel, ella se estremeció un poco ante tal acto. Mis manos se deslizaban a los costados de sus piernas subiendo poco a poco hasta sentir sus braguitas… y las fui bajando lentamente, ella no puso objeción ante ello. Moví mi rostro metiéndome en su falda hasta sentir la calidez que emanaba su intimidad. Empujé suavemente su cuerpo hacia atrás, sus codos estaban sobre la mesa reclinada hacia ella. Subí un poco su falda y la miré. Ella estaba sonrojada.
La miré mientras bajaba mi rostro y posaba mis labios sobre la tela de sus braguitas, de donde emanaba esa calidez… moví mis labios sobre su vagina a través de la tela haciendo que ella liberara algún que otro suspiro haciendo que esa calidez aumentase… Necesitaba hacerle sexo oral en el aula a mi compañera.
Con los pulgares separé sus labios mayores y metí mi lengua entre los pliegues de la tela sintiendo do su botón cálido. La tela de sus bragas se iba humedeciendo. Un leve “Aaahh” salía de su hermosa boca. Hundí más mi rostro y con esto metí más mi lengua moviéndola frenéticamente. Ella no paraba de suspirar y eso me encantaba.
Bajé sus bragas hasta sus tobillos, y miré con lujuria su sexo. “¡Deja de mirarlo, pervertido!”-dijo ella calmando su respiración. Tomé sus piernas acercándola más y más a mí, su rostro era una combinación de deseo y algo de pánico.
Pero fue más de placer cuando hundí mi rostro en su intimidad, moviendo mi lengua entre los labios vaginales de ellas tortuosamente lento. “Ahhhh Desmont” y acto seguido –me cogió del cabello. Moví mi lengua sobre el capullo de su clítoris masajeándolo, lubricando más su botoncillo. Ella respondía con leves suspiros y gemidos ahogados cuando ejercía un poco de presión sobre su clítoris.
Empecé a sentir sus jugos haciendo más fácil la tarea de estimularle. Ella tomaba de mis cabellos alejándome de su sexo… pero yo la tenía bien sujeta de sus piernas, haciendo imposible alejarme.
Chupé fuerte su clítoris, y su cadera se movió sola, viendo cómo empezaba a sufrir espasmos, allí en ese momento metí mi lengua dentro de ella y exploré de forma frenética moviendo mi lengua rápidamente dentro de ella. Enterrando un poco sus uñas en mi cabeza. “Des.. ya… para… ya… m~me voy a venir… por.. favor paraaa” su cadera se movía frenética sobre mi boca, movía mi cabeza sobre su sexo de manera vulgar… “Nnghh… Nnnhgg” su voz se iba agudizando, cerró sus ojos mientras mordía su labios inferior “Mmmmm….” chupé su clítoris “Aaahhhh.. ahhhhh… ya… para… Ah.. ah. Aaaahhhhhh!!” Su cadera se movía libremente mientras sentía sus jugos en mi boca…
Me separé de su sexo, tomando aire del trabajo que había hecho… ella por su parte trataba de calmar su respiración, su pecho subía y bajaba, notándose en su blusa sus pezones erectos…aún su cadera se movía, y sus piernas temblaban de vez en cuando como un tic nervioso… “Eres… un…Pervertido…” susurró, quedándose en la mesa, con sus bragas aún por los tobillos…

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Strip Poker con mi hermanastro

Nota: escribo este relato erótico para plasmar de alguna forma mi fantasía filial. No quiere decir que todo ocurriese tal y como a continuación lo cuento. Espero que disfruten de esta pequeña historia de sexo en familia.

Lo que se suponía iba a ser una gran noche de fiesta con mi hermanastro(a partir de ahora hermano) y mis dos primos, saliendo con nuestros amigos de fiesta por la ciudad, acabó siendo una noche un tanto extraña y es que pronto se cancelaron los planes de salir de fiesta debido a que el tiempo no acompañaba.

Una fuerte tormenta empezó a caer en nuestro barrio, lloviendo como pocas veces había visto. Lluvia acompañada de un fuerte viento y truenos. Por lo que al final los cuatro optamos por no salir esa noche y quedarnos en casa.

Mis padres ya habían salido a cenar fuera con mis tíos, avisándonos que esa noche llegarían tarde a casa, y mi hermano y yo, al ver como se había truncado el plan de salir con nuestros amigos, esa noche decidimos quedarnos en casa y llamar para pedir unas pizzas(Nuestros padres nos habían dejado algo de dinero).

Esa noche nos tocaba cuidar de nuestros primos Juan y Laura, los cuales estaban de visita el fin de semana. Pese a vivir en otra ciudad venían a visitarnos de vez en cuando ya que tienen una edad parecida a la nuestra y ya desde pequeños jugábamos mucho juntos. Podría decirse que nos hemos criado los cuatro juntos.

Tras pedir un par de pizzas para cenar, nos pusimos a hacer tiempo viendo la tele. Pasando de canal en canal sin nada que nos gustase ver. No tardó mi primo Juan en decir que se aburría y que iba a ser una noche muy larga, tras lo cual, mi prima Laura propuso de jugar a algun juego de cartas.

A mi nunca me gustaron demasiado los juegos de cartas pero esa noche no había otra cosa que hacer, así que le seguí la corriente a mi prima y enseguida empezamos los cuatro a decir nombres de juegos de cartas que se nos pasaban por la cabeza. Sorprendentemente mi hermano Rafa fue el que más nombres de juegos propuso y eso que yo pensaba que, al igual que a mi, el no jugaba prácticamente nada a juego de cartas.

Tras un par de minutos de discusión sobre a qué jugaríamos, sin tener claro un juego que conociéramos los cuatro, sonó el timbre de la puerta. Finalmente habían llegado las pizzas y las cervezas.

Mi prima Laura y yo corrimos a coger el dinero y a abrir al pizzero mientras mi primo Juan y mi hermano Rafa aún seguían discutiendo en el salón a qué juego jugaríamos después de cenar.

El repartidor de pizzas y las cervezas

Mi prima que pese a ser la menor de los cuatro siempre había sido muy espabilada y picarona, fue la que habló con el pizzero pagándole las pizzas y una buena propina para que no dijese nada al ver para quién eran las cervezas que habíamos pedido(Mi prima y yo por poco no éramos menores de edad pero lo aparentábamos).

Tras hablar con nosotras durante unos minutos, al recibir su propina el pizzero se marchó muy contento y algo cachondo por culpa de la forma picarona de hablar que solía usar mi prima con los chicos.

De vuelta al salón, ya con las pizzas bien calientes y las cervezas bien frías, mi prima empezó a preguntarme.

-¿Te has fijado en la espalda del pizzero?- Con cara de cachonda y una gran sonrisa. A lo que respondí.

-Claro que me he fijado, pero no sin antes fijarme en su culo- empezamos a reír las dos, y es que el muchacho que nos trajo las pizzas estaba bastante bien.

Al llegar al salón y ver a mi hermanastro y mi primo callados(algo que ya me pareció bastante raro entonces), esperando que llegásemos, pusimos las pizzas en la mesa del salón y nos sentamos a comer los cuatro.

Mientras comíamos, mi primo que es el mayor de todos, empezó a explicar a qué íbamos a jugar al poker texas holdem, juego de cartas al que los cuatro sabíamos jugar y que no habría que explicar demasiado.

Seguíamos comiendo mientras hablábamos de algunos de nuestros amigos y amigas mientras mi hermano, apoyado por mi primo, no paraba de meterse con mi prima por un amigo que tenemos en común y que a ella le gustaba de pequeña.

En uno de los comentarios de mi hermano mi prima se cansó levantándose de la mesa, llamándole idiota y pidiéndome que la acompañase al baño. Yo la apoyé, diciendo a mi hermano lo imbécil que podía llegar a ser a veces y que ya le valía.

La seguí al baño, donde nada más llegar cambió su cara de enfado por una ligera sonrisa, y es que ya estaba maquinando algún tipo de plan para ser ella quien se riera de ellos.

Entramos las dos al baño, cerrando la puerta con llave, tras lo cual empezamos a hablar sobre lo tontos y simples que son los chicos a veces(podíamos oírles de fondo haciendo ruidos infantiles, imitando la voz del chico que siempre le gustó a mi prima acompañado de besos y frases del tipo “Siempre me has gustado Laura”).

Mi prima cabreada decidió reírse de ellos a su manera. Empezó a decirme que no me preocupara por ella, que se encontraba bien, pero para devolverles la gracia les haría ver que tan machitos eran. Me propuso que jugásemos con ellos no al poker de toda la vida si no a un Strip Poker. Lo dijo riendo, pensando en las caras que pondrían. Sobretodo la de mi hermano, que es quien siempre se metía con ella por ser la más pequeña.

Tras volver del baño a la mesa, donde aún seguían haciendo el tonto, mi prima llamándolos infantiles, les propuso lo siguiente:

-El juego de poker en sí es algo aburrido, además que no disponemos de dinero para apostar. Así que si os atrevéis, podríamos jugar a Strip Poker- poniendo cara de chula y desafiante a los dos graciosillos.

Al mencionar la palabra Strip Poker, pude ver como la cara de mi hermano y mi primo se transformaba en un poema. Yo empecé a reír diciéndole a mi prima que eso sonaba bastante divertido, y que seguro esa noche las cartas estaban del lado de las chicas, convirtiéndolo en una guerra de sexos.

Tras unos segundos de silencio mientras nosotras terminábamos de comer y de beber(ellos habían terminado mientras estábamos en el baño) ambos se miraron con cara de incrédulos y seguidamente mi hermanastro, que seguía con idea de meterse con mi prima aceptó el desafío por él y mi primo. Jugaríamos a Strip Poker, ya estaba decidido(a los pocos días me enteré que mientras nosotras estábamos en el baño, ellos también habían pensado en proponernos jugar a Strip Poker).

Tras cenar y recoger la mesa mientras habríamos más cervezas, los cuatro discutíamos sobre las reglar, acordando que perderían los dos primeros en quedarse en ropa interior y ganarían los otros dos. En todo momento mi hermano y mi primo hablaban muy seguros del resultado, en el cual ellos iban a ganar y nos iban a hacer pasar vergüenza. Nada más lejos de la realidad…

La importancia de una buena mano en el Strip Poker

Recuerdo que empezamos a jugar los cuatro en la mesa redonda, unos enfrente de otros. Yo tenía a mi primo enfrente y mi hermano a mi prima. Tocándome a mi ser la primera en decidir en jugar o pasar, apostar una prenda de más o hacer Check.

No era una buena mano, por lo que hice check y, tras volverme el turno, pasar ya que mi prima había subido una prenda en su apuesta(Se la veía con ganas de humillar a mi hermano y mi primo). Esa mano la terminó ganando mi prima la cual quedaba jugando contra mi hermano. Este, que no podía creerse la suerte de la doble pareja de mi prima, entre refunfuños se quitó el reloj y los zapatos.

Dos manos más y ya estábamos los cuatros sin tenis o calcetines, eran las primeras prendas que nos atrevíamos a apostar. Los cuatro cada vez más picados los unos con los otros debido a que la suerte esa noche estaba bastante repartida.

Una ronda en la que quedamos mi prima y yo apostando contra mi primo hasta dos prendas, seguras de nuestra buena mano, terminamos perdiendo. Quedándonos yo en bragas y ella en sujetador. Ya quedaban pocas prendas para que hubiese un claro ganador.

No sabría decir si era porque ya llevábamos unas cuantas manos jugadas y nos quedaba poca ropa o si era porque llevábamos unas cuantas rondas de cerveza, pero se notaba que la actitud había empezado a cambiar y la vergüenza empezaba a desvanecerse. Ya no peleábamos por si eran las chicas las que ganarían o los chicos, cada uno quería dejar desnudo al resto y no ser el que quedaba en ropa interior. Ya no había piques o insultos entre mi prima y mi hermano, ya solo reíamos cuando alguien se atrevía a apostar una prenda de más y animábamos a postar al resto. Fue en ese momento en que todo fue a más.

Desnudada y castigada por su hermano

Mi prima a punto de perder, se atrevió a apostar contra su hermano que también estaba a solo una prenda de perder. Y tras sacar las 3 cartas de la mesa se declaró como oficial, que la primera persona en perder había sido mi prima. La cual sin pensárselo quedó únicamente en braguitas y sujetador, teniendo que levantarse de la mesa y dar una vuelta a la mesa para que todos la viéramos. Era el castigo para los dos perdedores.

Mi prima algo triste por verse obligada a dejar de jugar, justo cuando todo estaba tan reñido(Solos les quedaba una prenda para perder a mi primo y a mi hermano. A mi dos prendas) siguió bebiendo mientras me animaba a ganarles a los dos gracisillos.

La siguiente ronda tuve suerte y con un Full destrocé la mano de mi primo, el cual solo tenía una mísera pareja de reyes. Derrotado quedó en boxers y con vergüenza dió una vuelta a la mesa tal como había tenido que hacer su hermana una mano antes. Todos pudimos ver como se marcaba en su boxer una ligera erección, seguramente debida a la excitación de aquella situación. No podía imaginar que mi primo tuviese semejante paquete. Un buen bulto que sin duda llamó la atención incluso de su hermana, la le señalaba riéndose de él, humillándole delante del resto.

Nada más sentarse mi primo Juan, mi prima Laura se levantó de la silla y dijo:

-Esto es un rollo, justo cuando la cosa estaba más interesante he perdido, y aun me queda ropa. Es injusto.- quedaba claro en la forma de pronunciar las palabras que el alcohol de la cerveza estaba haciendo efecto en nosotros. Seguidamente se quitó el sujetador delante de nosotros, dejando ver su pequeños y preciosos pechos, colocándolo sobre la mesa al grito de: -Esta es mi siguiente apuesta. Entro de nuevo a la partida, no seáis unos rajados- con voz desafiante a mi hermano y mi primo.

Mi primo Juan no se lo pensó dos veces y prometió que él haría lo mismo con la prenda que le quedaba pero solo si valía tanto como las dos partes de la prenda femenina. Apuesta de unos boxers por un sujetador y unas braguitas, lo cual lo vimos todos algo justo. Seguimos jugando nuevamente los cuatro, ésta vez hasta quedar completamente desnudos.

Alguien quedaría completamente desnudo

La siguiente mano era más delicada ya que había que pensarse mejor el apostar una prenda, sobretodo mi primo y mi prima que estaban a solo una prenda de quedarse desnudos allí delante de todos.

La siguiente mano recuerdo que la perdí contra mi hermano Rafa y mi primo Juan apostando las dos prendas que me quedaban antes de quedarme en ropa interior, aunque sabía que podría seguir jugando con el sujetador y las braguitas. Ellos sacaron la misma escalera al rey de picas mientras que yo, que buscaba color, no lo conseguí.

Me quedé en braguitas y di la vuelta a la mesa. Fue entonces cuando al pasar por al lado de mi primo pude ver su enorme polla, bastante dura y recostada a un lado bajo los apretados boxers. No hacía por esconderla e incluso diría que entonces quería que la viese. Y mi hermano, pese a que no hice por fijarme en él, pude ver que estaba tocándose ligeramente sobre el pantalón, prenda que aún le quedaba por perder. Al pasar junto a mi prima le susurré al oído:

-Vaya polla tiene tu hermano tía, no me había fijado nunca- entre risas de ambas, volví a mi silla y seguimos jugando. ¡Solo ganarían los que no quedasen desnudos!

Siguiente ronda y 3 jugadores con tan solo una prenda y mi hermano aun con dos. Decidimos ponernos en su contra. Incluso mi primo parecía haber dejado de apoyarlo e iba contra él.

Yo podía notar perfectamente como mi hermano no quitaba ojo a mi prima, como la miraba con deseo cada vez más cachondo con aquella situación. Y es que todos estábamos bastantes cachondos a esa alturas del juego.

De repente mi hermano se arriesgó con un trío de corazones y perdió. Mi prima le había sacado un full en su cara, tras lo que se rió de él, y éste picado se quedó en boxers. Empezó a dar su vuelta a la mesa, como todos habíamos hecho ya. La vuelta a la mesa de la vergüenza. Pero al llegar a la altura de mi prima, mientras ésta se reía y le animaba a caminar más despacio antes de llegar a su silla de nuevo, mi hermano se le acercó y le dejó ver su pene delante de todos. No era tan grande como el de mi primo Juan, pero tampoco estaba nada mal. Rasurado y bien duro se lo acercó a mi prima diciéndole:

-¿Ves? para que veas lo hombre que es tu primo y dejes de reírte- mi prima callada acercó su mano a mi hermano tocándole su duro rabo, a la vez que mi hermano, caliente pero quizás aún cortado, volvía a su silla para poder seguir jugando.

Ahora todos estábamos a una sola prenda de quedar desnudos. No había marcha atrás, solo dos podían ganar, y teníamos que ser las chicas.

El siguiente Dealer me tocaba a mi y sería yo la que repartía las cartas. Una pareja de sietes para mi, una pareja de cuatros para mi hermano Rafa, un As de picas y un tres de diamantes para mi primo Juan y para mi prima Laura un As de copas y una dama de corazones. La suerte estaba echada y en la mesa comenzaban a salir las cartas.

¿Adivináis qué cartas salieron? Fue increíble pero salieron un siete, un As de trébol y una dama de picas. Todos empezamos a apostar creyendo tener nuestra mano ganadora, pensando que la suerte ahora si estaba de nuestro lado e íbamos a ver al resto desnudos. Todo decidimos apostar y arriesgarnos.

Esa noche tuve suerte

Salieron dos cartas más en la mesa. Otro siete y otra dama. Ya tenía mi Poker cuando todos decidimos en voz alta jugar el todo o nada. Levantamos cartas y empezamos a reir todos. Ellos por vergüenza quizás, pero yo porque era la ganadora y los vería a todos desnudos por perder una partida de Strip Poker, algo que les recordaría el resto de sus vidas.

Mientras yo permanecía sentada, entre ellos se pusieron de acuerdo por quien sería el primero en dar una nueva vuelta a la mesa, esta vez desnudos. Comenzó mi prima, la más picante y cachonda de todos(nunca tuvo demasiada vergüenza).

Mientras reía empezaba a girar alrededor de la mesa lentamente hasta llegar al lado donde estaba mi hermano. Allí le puso sus manos sobre los hombros de mi hermano Rafa y girando levemente a mi hermano se le sentó sobre en las piernas, tocando suavemente su duro pene, mientras mi primo y yo flipábamos al ver la escena.

Cachondos y mientras reían, mi hermano y prima animaban a mi primo a dar el la vuelta a la mesa. Era su turno por haber perdido junto al resto.

Mi primo, algo más tímido que su hermana pero con un gran pene que pedía algo de guerra, empezó a girar alrededor de la mesa pasando primero por el lado donde estaba mi hermano y su hermana. Ésta al pasar desnudo junto a ellos le dió entre risas un bofetón en el culo a su hermano, animándolo a llegar hasta mi. Una vez lo tenía delante, no podía quitar ojo a aquella increíble y viríl polla. No había visto todavía muchas, pero aquella sin duda era al más grande hasta el momento.

Lo agarré de la cintura hasta tenerlo más cerca y sin pensármelo dos veces mientras le agarraba el culo, que quedaba casi a la altura de mi cabeza(yo seguía sentada, esperando  en mi imaginación aquel momento hacía rato) y le empujaba su enorme polla hasta mi boca. A esas horas de la  noche y tras un juego de calentamiento bastante alargado entre cerveza y risas, estaba muy cachonda.

Empecé a chupársela poco a poco. Notaba como casi no me cabía en la boca de lo gruesa y dura que la tenía. Y mientras más se la chupaba podía notar como me agarraba más fuerte la cabeza, acompañando mis movimientos. Chupar pollas es algo que siempre me ha gustado, he de admitirlo.

De fondo, mientras me concentraba en hacerle la mamada más perfecta a mi primo, podía oír como mi hermano y mi prima murmuraban mientras se dirigían al sofá que estaba a un par de pasos de la mesa donde estábamos nosotros.

Entre mamada y mamada pude ver de reojo como mi hermano se tumbada en el sofá y mi prima se colocaba encima de él. Colocando con su mano la dura polla de mi hermano e introduciendola con suavidad. Podía apreciar perfectamente en ese momento la expresión de placer en sus caras. Como si llevasen toda la noche esperando ese momento.

Mantuvimos el ritmo por un rato hasta que mi primo, cansado de esperar y ardiente en deseo de darme placer a mi, me hizo levantarme de la silla, agarrándome del brazo y llevándome al sofá donde estaban mi prima y hermano, follando desde hacía rato. El sofá era bastante grande, de estos en forma de L y lleno de cojines grandes, por lo que los cuatro cabíamos perfectamente.

Me tumbó boca arriba junto a mi prima, que estaba también tumbada boca arriba siendo follada por mi hermano. Y justo cuando mi primo se echaba encima mía, yo agarraba a mi prima de la mano, entrelazando nuestros dedos cada vez más fuerte a la vez que notaba como la gran polla de mi primo me penetraba poco a poco. Mi primo comenzó entonces a follarme con suavidad, prácticamente apoyando su pecho sobre mi pecho, y con su boca cerca de mi oreja pude escuchar como me susurraba lo cachondo que le tenía desde hacía tiempo.

En el piso no se escuchaba otra cosa que mis gemidos y los de mi prima entrelazados. Mi hermano y mi primo, concentrados en hacer bien su trabajo, apenas jadeaban cuando de repente mi prima gritó fuertemente de placer, un gemido que seguro había podido escuchar algún vecino, y que sin duda era debido al fuerte osgasmo que acababa de tener.

Mientras estaba mi prima gimiendo a la vez que se corría, empezamos tanto mi hermano, mi primo y yo a reír. Fue una risa un tanto cómplice, de aquel buen rato que estábamos pasando los cuatro juntos.

Mi primo me cogió de la cintura y con fuerza me dio la vuelta, colocándome de rodillas a cuatro patas sobre el sofá. Me quedé con mi cara sobre la de prima la cual aun seguía con los ojos cerrados, cara de placer y ligeros espasmos, inmersa en aquel gran orgasmo.

No pude resistirme al verla tan cerca y le di un beso, uniendo nuestras bocas mientras mis hermano seguía follándola con suavidad a la vez que mi primo me lo hacía a mi bien duro, como buscando correrse rápido. Me comí la boca con mi prima durante un buen rato mientras disfrutábamos aquel momento de placer. Algo que me llevó a tener un orgasmo a mi también.

Mi hermano fue el primero en correrse de los chicos y lo hizo dentro del chochito de mi prima. Mi prima no lo dejaba salir, agarrándolo fuerte de la cintura, estaba como poseída por la lujuria.

Mi primo poco después, que avisó con correrse, sacó su enorme polla de mi cálido y mojado coñito y se corrió sobre mi culo y espalda. Yo a la vez que él, y frotándome fuertemente el clítoris con mi mano derecha, lo tuve también. Empecé a correrme mientras aun notaba a mi primo restregando su dura polla entre mi coño y mi ano, esparciendo su semen sobre mi.

Por lo que podría decirse que fue una noche bastante completa. Todos llegamos al orgasmo, unos detrás de otros.

Tras quedar exhaustos, limpiarnos y vestirnos, pasamos a recoger la mesa que aún seguía con trozos de pizza y latas de cerveza. No queríamos que al llegar nuestros padres viesen que habíamos estado bebiendo alcohol. Reímos y bromeamos sobre cosas que no tendrían que ver con aquel momento de sexo en grupo. Nunca más volveríamos a hablar de aquel momento. Haciendo como si nunca hubiese pasado, pero todos guardaríamos el recuerdo de aquella noche de Strip Poker en familia.

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Compartida en una fiesta

  Hola a todos/as.

Soy una mujer de 39 años en la actualidad, felizmente casada desde hace 14  y con dos hijos preciosos. Podéis llamarme Gloria, aunque evidentemente ese no es mi nombre verdadero.

Lo que voy a contar es la historia de la experiencia más salvaje y más brutal que me haya sucedido nunca. Todo es absolutamente verídico aunque supongo que algunos/as no me creeréis. Me da igual, porque yo sé que todo es cierto y que, lamentablemente, hay bastantes personas que lo conocen.

Todo sucedió cuando tenía 21 años y estudiaba en la Universidad de mi localidad, una bonita pero no muy grande ciudad.  Por aquel entonces yo ya me había acostado con varios chicos desde que a los 17 años perdiera la virginidad con mi primer novio, un chico del instituto. Debo dejar claro que yo no era ninguna ninfómana pero sí una chica muy liberada,  liberal y feminista;  una chica a la que le gustaba sentirse dueña de su cuerpo y que se rebelaba contra el hecho comúnmente aceptado -y  que por desgracia sigue siendo así para mucha gente-  de que la mujer que dispone libremente de su sexualidad es una “zorra” mientras que el hombre que hace lo propio con la suya es un “machote”.

Aquel curso, unos compañeros de Facultad  -Juan, Luis y Ramiro-  decidieron hacer una fiesta en el piso que compartían  para celebrar la llegada de las vacaciones de Navidad.  Yo ya había estado allí, ciertamente, pues Ramiro era un chico con el que ya me había acostado un par de veces después de alguna de esas locas noches de juega propias de la juventud. Era un chico razonablemente guapo, agradable, aunque un poco pijo y engreído.   Pero no estaba nada mal como compañero ocasional de cama.

El caso es que decidí presentarme en su fiesta con mis amigas Elvira y Ana. Cuando llegamos yo ya iba bastante “puesta” de alcohol luego de haber estado  tomando con ellas varias mistelas.. Estábamos de celebración e íbamos bastante desatadas, al menos yo.

Cuando llegamos al piso habría allí alrededor de 20 personas, más o menos mitad y mitad  de chicos y chicas aunque no recuerdo haberlos contado. El ambiente ya se notaba bastante caldeado, la gente bailaba, fumaba cigarrillos -algunos algo más “fuerte”-  y en la mesa del salón había una enorme ponchera con algún tipo de cóctel de color rojizo y bastante espeso.  Ramiro comenzó a centrar su atención casi exclusivamente en mí y empezó a llenar mi copa cada poco con aquel brebaje dulzón y sumamente fuerte. Yo no era tonta, sabía de sobra lo que pretendía, pero no me importaba en absoluto.  Yo también estaba lanzada e iba dispuesta a tener un nuevo revolcón con él.

Entre cóctel y cóctel Ramiro me pasaba alguno de los porros que corrían de mano en mano hasta que llegó el momento que yo sabía que tenía que llegar: empezó a manosearme y a besarme, primero con una cierta delicadeza, hasta que vio que yo no sólo no oponía resistencia sino que me entregaba a él y participaba activamente mientras me dejaba hacer. En un momento dado, como quien no quiere la cosa, me fue empujando hacia su habitación, la misma que yo conocía bien de mis “visitas” anteriores. Entonces, ya sin asomo de delicadeza, empezó a quitarme toda la ropa hasta dejarme completamente desnuda. Así estaba yo,  tumbada en la cama preparada y dispuesta para recibirlo, cuando me percato de que Juan y Luis…también estaban allí. Mirando con una expresión de lujuria imposible de disimular

En un primer momento no me lo podía creer, y traté de taparme como pude con las manos mientras me incorporaba y exclamaba algo así como “pero…¡qué coño!…”

Entoces Ramiro se sentó junto a mí y mientras me sujetaba por lo hombros me dijo:

-Mira, Gloria, déjame que te lo explique…Sé que eres una chica abierta y sin complejos, a la que le gusta follar, no me digas que no porque nos conocemos. Y eso está bien, que todos disfrutemos de nuestros cuerpos con libertad.; para eso somos jóvenes y debemos aprovechar mientras podamos hacerlo.  El caso es que Juan y Luis siempre te han deseado y se me ocurrió que tal vez no te importaría darles una oportunidad. La verdad es que a los tres nos pone mucho la idea de compartir una chica, lo hemos hablado varias veces, y es algo que no hicimos nunca. Y seguro que tú tampoco has estado nunca con más de uno.  Seguro que te apetece probar por una vez…. no me digas que no ahora.

  Yo estaba atónita. Lo que estaba escuchando, lo que me decía Ramiro ante la mirada ávida de los otros dos era algo que nunca podía haber esperado que sucediera en realidad. Y entonces, sin saber cómo, empecé a humedecerme y a sentirme excitada como jamás lo había estado. Llevada por esa increíble excitación que sentía, además de por el alcohol que había ingerido en cantidad y los porros que había fumado, me escuché decir:

– ¡Sí, sí, qué diablos! ¿Por qué no? ¡Folladme los tres, cabrones! ¡Uno detrás de otro!

Se lanzaron sobre mí como lobos hambrientos, se desnudaban sobre la marcha mientras no dejaban de manosearme las tetas y competían entre sí por masajearme el sexo ya húmedo e introducir sus dedos frenéticos en él. Después todo se iría haciendo confuso,  no podría recordar quién ni en qué orden, ni cuantas veces me hizo esto o lo otro, pero recuerdo perfectamente que el primero que estuvo listo fue Luis quien, adelantándose a los otros, se me tiró encima y me penetró sin preámbulos. Empezó a sacudirme con fuerza, sin la menor delicadeza, mientras murmuraba entre jadeos:

– Una diosa, eso es lo que eres, una diosa del sexo…¡Oh, dios!

Eso me excitó aún más si cabe y me dio por pensar que, en efecto, eso era yo ahora: una diosa del sexo que oficiaba en el altar de la Lujuria ante sus devotos. Yo los tenía a los tres en mi poder, a mi disposición, sometidos a mi voluntad.  Aquellos falos erectos, el que me penetraba y los que disputaban por captar mi atención para que me los metiera en la boca, estaban así por mí, porque era yo la que despertaba en ellos aquel descomunal deseo. ¡Cómo me sentí de poderosa  en aquellos momentos!

De pronto Luis, sin parar de follarme, dijo:

-Hostia, no me he puesto condón con las prisas

-No importa -dijo Ramiro-  Gloria está acostumbrada a follar y toma la píldora. Es una chica prevenida, limpia y sana. Podemos corrernos en ella con toda confianza.

-¿De verdad que no te importa, Gloria? -dijo Luis entre jadeos- ¿Puedo correrme dentro?

– ¡Sí, Sí, Sí, correros todos dentro de mí! -dije yo sin reconocerme a mí misma y mientras me sacaba de la boca la polla de uno de los otros-  ¡Llenadme bien!

– Joder, no me lo puedo creer -dijo Juan mientras volvía a llenarme la boca- ¿Y en tu boca…también podemos? ¿También tragas?

– ¡Sí, Sí! -seguía diciendo yo completamente enloquecida-  Haced conmigo lo que os plazca salvo por el culo, que es algo que no soporto, me duele…

– Se me había olvidado deciros eso -dijo Ramiro sonriendo- pero tampoco es una contrariedad teniendo a nuestra disposición los otros dos agujeros, ¿verdad chicos?

Y debo decir que en eso se comportaron y respetaron mi virginidad trasera.

Después de que  Luis se hubo corrido con un rugido  en mi interior, me pusieron a cuatro patas en la cama. Juan fue el siguiente en entrar como una fiera  en mi sexo por detrás mientras Luis me ofrecía su polla pringosa para que yo se la chupara y la limpiara de sus jugos y los míos.  Y así, cuando estaba en esa posición “atendiendo” a Juan y a Luis, miré hacia la puerta y por un momento me volví a quedar helada:

La puerta estaba abierta de par en par y allí, mudos de asombro, se agolpaban varios de los demás asistentes a la fiesta dándose codazos unos a otros, empujándose para hacerse sitio,  elevando sus cabezas por encima de los demás para ver mejor.  Vi a Ana y a Elvira con los ojos completamente abiertos de incredulidad y ¿espanto? mientras al menos una de ellas se tapaba la boca con la mano.
– ¡No puede ser!  ¿Pero qué es esto?
– Por dios, ¡Se la están follando entre todos!
– Gloria, ¿qué haces?, ¡Qué vergüenza!, ¿Te has vuelto loca?
Y los tíos se reían y miraban alucinados mientras se decían entre sí:

– ¡Qué pasada, tío! ¡Le están dando por detrás mientras se la chupa a otro, joder!
– Menuda guarra la tía, si no lo veo no lo creo, jo, jo jo…¡es como una peli porno pero en vivo!

Al verlos allí, turnándose para ver mejor, escuchándolos decir esas cosas, sentí que  me invadía una sensación de profunda vergüenza. Pero instantáneamente me di cuenta de que hiciera lo que hiciera el mal ya estaba hecho, el espectáculo ya había sido visto. ¡Y yo me lo estaba pasando tan bien! ¡Me sentía tan excitada y “perversa” allí expuesta, completamente desnuda, siendo follada por un tío a la vista de todos mientras le chupaba el miembro a otro! Era la sensación más increíblemente  morbosa que había experimentado jamás y no quería parar. No podía parar. Todo me daba igual en ese momento.

 Fue entonces cuando Ramiro dijo que si había algún voluntario más que quisiera unirse a la “fiesta” era libre de hacerlo, que no se cortara.  En cuanto lo dijo vi que algunos chicos que yo no conocía se apresuraron a entrar en la habitación, aunque no supe el número exacto hasta después. Supongo que si no entraron más fue porque estaban con sus novias, o temían que estas  se enterasen o simplemente les daba vergüenza “faenar” delante de los demás. O porque no estaban lo suficientemente borrachos. Al día siguiente daría gracias de que hubiera sido así y no hubiera habido más “voluntarios”.

De los tres últimos que entraron sólo recuerdo con claridad a uno tremendamente grande, gordo y seboso, con unas greñas sudadas y  barba de tres días, un tipo al que en condiciones normales nunca hubiera dejado que me pusiera la mano encima.  No puedo olvidar cómo cuando me obligaba a mamársela sujetando mi cabeza contra su polla, entre que trataba de metérmela lo más adentro posible de la boca y que mi nariz se hundía en su flácido y abultado vientre, yo casi me ahogaba y tenía que hacer esfuerzos para respirar. En realidad aquel bruto me follaba la cara más que chuparle la polla yo a él.  Y así fue como me abandoné definitivamente a la lujuria desatada que me poseía y durante no sé cuánto tiempo dejé que los seis se turnaran en mí a su antojo, me tomaran como quisieran, me poseyeran de todas las formas que se les ocurrió y se corrieran en mi boca y mi sexo todas las veces que pudieron.  Ahora a puerta cerrada, gracias a Dios.

Cerca de las ocho de la mañana sentí que alguien me despertaba. Delante de mí estaba Ramiro en calzoncillos, ofreciéndome una toalla.  Me dijo que no quería despertarme y que no le importaba si quería quedarme más tiempo, pero que tal vez debería llamar a casa para que no se preocuparan.  En medio de la resaca y el malestar que tenía recordé con alarma de que efectivamente no había avisado a mis padres de que iba a tardar tanto, así que  sin coger siquiera  la toalla que me ofrecía, completamente desnuda como estaba, corrí al teléfono y le dije a mi preocupada madre que la fiesta se había alargado y me había quedado a dormir en casa de una mis amigas, que pronto regresaría.

Me di cuenta  de que me costaba hablar,  de que tenía la voz pastosa  y  un mal sabor de boca imposible de describir. Aún así lo primero que le pregunté a Ramiro  en cuanto colgué el teléfono fue.  “¿Cuántos?“.

– ¿No te acuerdas? -dijo como avergonzado-  verás, fuimos seis en total. Pero todos con tu pleno consentimiento, ¿eh?, nadie participó ni hizo nada que tú no quisieras hacer…hay…hay testigos. Y tú sabes que lo disfrutaste tanto como nosotros.

El cabrón se estaba curando en salud  por si a mí se me ocurría alegar que me forzaron o algo así. Pero yo sabía de sobra que él decía la verdad. Nadie me había obligado a comportarme como lo había hecho. Si me comporté como una auténtica zorra,  pues así me sentía, fue porque quise hacerlo. Para mi vergüenza.

No me hacía falta ver el estado en el que había quedado la cama, toda revuelta y llena de manchas secas perfectamente reconocibles, para tomar conciencia de lo que había sucedido. Me bastaba con ver el estado en que me hallaba yo misma:  Ahora me daba cuenta de que notaba mi sexo tremendamente irritado, pringoso y pegajoso; que tenía las ingles doloridas y que me costaba andar si no llevaba las piernas un poco separadas. También notaba la mandíbula entumecida de haber tenido la boca abierta y ocupada tanto tiempo.
Cuando me miré al espejo en el baño vi mis muslos, mi vientre, mi vello púbico, mi pecho, mi cuello y mi cara llenos de restos secos de semen.  Incluso en mi cabello había cuajarones apelmazados de la leche de aquellos seis que me habían poseído.  Me duché, restregándome todo lo que pude, y regresé a la habitación para vestirme y marcharme de allí lo antes posible. No encontré mis bragas por ningún sitio pero no me molesté en preguntarle por ellas a Ramiro:  supe de inmediato que alguno de ellos se las había quedado de recuerdo, como un trofeo. Y me sentí todavía peor. Así que me vestí sin ellas y,  sin despedirme de Ramiro ni de los otros dos que dormían exhaustos, me marché a toda prisa.

  Cuando llegué a casa, tras explicar otra vez a mis padres el retraso como pude, me encerré de nuevo en el baño y me sumergí en la bañera durante mucho tiempo. Allí a solas, por fin, pude pensar en lo que había hecho en un momento de locura, excitación, alcohol y porros.  Entonces lloré sintiéndome infinitamente avergonzada, humillada, mancillada, emputecida. Me sentía absolutamente usada y sucia por más que me enjabonara una y otra vez, por más que pasara la esponja por mi cuerpo dolorido y utilizado.  Me había comportado como la más desatada de las putas y como tal había sido tratada.

  Pero probablemente lo que me hacía sentir peor era tener que admitir que yo había disfrutado como una loca con aquello, que había gozado como nunca antes lo había hecho. No podía engañarme a mí misma. Yo pude pararlo y sin embargo les di carta blanca. Incluso los alenté a hacerme todo aquello.

  Me acordé entonces de mis amigas, de mis compañeros, del resto de los que habían mirado desde la puerta…y a la  tremenda vergüenza se añadió ahora la certidumbre de lo que estaba por venir. Y lloré más, con amargura.

  Porque lógicamente, después de las vacaciones navideñas, la noticia corrió como la pólvora por toda la Facultad.  Yo era consciente de  que la gente cuchicheaba a mis espaldas y que sonreían maliciosamente cuando creían que yo no los veía. Y como suele pasar en estos casos lo que era un hecho cierto se fue convirtiendo en un bulo que iba creciendo de tamaño: lo que había sido una sola vez con seis chicos se transformó en que yo era una ninfómana adicta a las orgías y que me había acostado en varias ocasiones  con diez, veinte o un equipo de fútbol al completo. Incluso supe que algunos me habían puesto un mote: “La viciosilla“. Debo reconocer que puestos a ponerme uno, aunque me humillara, no me pusieron el peor que podían haber elegido.  Pero de todas formas yo sentía que me había convertido en algo sí como la “puta oficial” de la Facultad, la “chica fácil” a la que todos se creían con licencia para intentar follársela. Se me empezaron a acercar más chicos de lo acostumbrado, pero yo sabía que lo que  pretendían era acostarse conmigo lo más rápidamente posible. Una vez un miserable al que contesté de mala manera ante sus insinuaciones me soltó que quién me creía yo para hacerme la estrecha cuando todos sabían que me acostaba con tíos de diez en diez. Incluso mis amigas comenzaron a distanciarse poco a poco de mí, como quien no quiere la cosa, tal vez pensando que si andaban con una “zorra” alguien podría pensar que algo compartirían con ella.

En esa situación me encontraba cuando un día se me acercó en la cafetería un chico del último curso al que no conocía y me dijo: “¿Eres Gloria, verdad? ¿Me permites que te pague el café?”  Yo me puse en guardia pensando que sería otro cabrón que venía buscando lo mismo que todos,  pero él me tranquilizó enseguida. Me dijo que había escuchado los rumores que algunos difundían sobre mí, que no le importaba si era cierto o no pero que le parecía muy mal lo que me estaban haciendo, que entendía que debía estar pasando por un mal rato, que si quería un amigo con el que desahogarme podía contar con él,  que hacía tiempo que se había fijado en mí, que le diera una oportunidad para conocerme y demostrarme que él no era como los demás y que no buscaba  de mí lo mismo que los otros.  Creo que fue allí mismo cuando comencé a enamorarme del que luego se convertiría en mi marido.

El caso es que a su lado, con su amor y comprensión, pude rehacerme poco a poco de la humillación que sentía. Nos casamos unos años después y las circunstancias laborales nos llevaron a otra ciudad distinta de la nuestra.  Eso fue un alivio para mí porque todavía es el día de hoy que no me siento a gusto paseando por aquella pequeña ciudad nuestra. Siempre tengo la incómoda sensación de que alguien me puede reconocer, de que puedo encontrame en cualquier sitio con alguno de los que me vieron desde la puerta en aquella situación y no digamos ya con alguno de los que me poseyeron de aquella manera. De hecho, hará un par de años, durante un viaje que hicimos para visitar a la familia, nos encontramos en un bar con mi antigua amiga Ana. Ella estaba en una mesa con otras cinco o seis personas y me saludó al reconocerme con una sonrisa y una leve inclinación de cabeza. Yo hice lo mismo y eso era más de lo que se merecía. Después no pude evitar mirar hacia su mesa con disimulo para ver que ella estaba hablando animadamente con los otros, señalándome, mientras todos me observaban fijamente. Pude ver en sus miradas, en sus sonrisillas, que les estaba contando la historia de “la viciosilla“. Aparté la vista y no le dije nada a mi marido, para que no se sintiera tan mal como me sentía yo.

Algunos se preguntarán por qué ahora rememoro por escrito y de forma pública, si bien desde el anonimato, esta historia que tanto daño me hizo. Con el riesgo añadido de que lo puedan leer algunos de los que tomaron parte directa o indirectamente en ella y me puedan reconocer bajo el seudónimo.  La respuesta es que ni yo misma lo sé muy bien. Tal vez lo hago como un intento de conjurar definitivamente un mal recuerdo, una mala experiencia que me marcó profundamente. O como una manera de alertar a otras mujeres, a otras chicas, de las consecuencias indeseadas que todavía hoy nos acarrea a nosotras el sucumbir a un momento de desenfreno y desinhibición sin control en comparación con lo que le sucede a los hombres.  Y también puede ser que, después de todo, sí que me gustaría que leyera esta confesión alguna de aquellas “amigas”, alguno de aquellos “compañeros”. Que supieran así el  daño que me hicieron. Y no me refiero exactamente a los seis que disfrutaron en grupo de mi cuerpo, pues a esos es a los que menos tengo que reprocharles a pesar de que se hubieran aprovechado de mi estado de embriaguez. Yo sé que lo que hicieron fue con mi pleno consentimiento.

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Sexo en grupo… mi segunda vez. Relato erótico gay

En diciembre de 2006, a mis dulces 18 y entrada la esperada época navideña, tras iniciarme en el mundo del internet y de los chats para conocer personas, conocí a un chico de mi ciudad llamado Alex de 19 años; alto, con un lindo rostro y un cuerpo gordito. Nos vimos casi a ciegas, fui a localizarlo en un café internet donde él se encontraba y al sentarme a su lado vi que chateaba con un tipo de otra ciudad cercana y estaban fijando un encuentro para esa misma tarde. Alex me habló de este tipo y de otro amigo suyo que estaban interesados en verlo ese día para tener sexo en grupo, me preguntó si deseaba acompañarlo a visitar a sus amigos y yo por no quedarme toda la tarde de aquel domingo sin nada que hacer, lo acompañé.

Durante el viaje en bus, Alex me contó que en realidad él no conocía a estos tipos y que les había mentido diciéndoles que ya estábamos en la universidad, por lo cual me convenció de no decirles la verdad, porque al fin y al cabo íbamos a visitarlos únicamente para “hablar” un rato.

Estando ya en la ciudad en la que quedamos de encontrarnos con los otros dos hombres, nos dispusimos a buscar la dirección que nos habían dado y tras buscar y buscar durante unos 10 minutos, encontramos la vivienda. Al entrar en aquella casa se presentaron dos tipos de unos 28 años cada uno. Uno de ellos se llamaba Jorge y el otro también se llamaba Alex, al igual que mi gordito amigo. Jorge era delgado, atlético y bastante amigable; por su parte, Alex era más alto, fornido y un poco distante o antipático para mi gusto. Ambos eso sí, eran guapos, educados y parecían estar muy interesados en nosotros. Me senté en su sala de estar junto a mi amigo, conversamos entre otras cosas de sus trabajos, Jorge era profesor de matemáticas en una universidad y Alex estudiante de alguna carrera universitaria. Para hacer más amena aquella visita los anfitriones de la “fiesta” ordenaron telefónicamente hot dogs mientras tenían una conversación en la cual salió a relucir la verdadera intención de los tres tipos con los que me encontraba: tener sexo en grupo.

Después de haber disfrutado de los hot dogs, Jorge; mi amigo Alex y el otro Alex se dirigieron a la recámara decididos a hacer lo que habían planeado mientras yo detrás de ellos, les pedí el baño prestado, lleno de nervios e indecisión por lo que iban a hacer y en lo cual yo en ese momento no quería participar en la sesión de sexo en grupo.

Estando en el baño pensé en decir alguna mentira y evitar el sexo en grupo, pero no sabía cómo regresar a mi pueblo ya que, aunque la ciudad en la que estaba quedaba a solo 30 minutos de viaje en bus a mi provincia, no tenía conocimiento ni siquiera de que bus tomar ni en donde hacerlo, así que decidí quedarme pero no tener sexo con ellos si me lo pedían. Salí del baño y para mi sorpresa, Jorge estaba esperándome y recuerdo que me dirigió alguna palabra amable que no recuerdo muy bien (creo que me dijo que dejara el miedo o algo así), me sonrió, se lanzó hacia mí y rápidamente me dio un beso, pero no cualquier beso, fue bastante apasionado ya que introdujo su áspera lengua en mi boca haciendo que mis miedos fueran disminuyendo, y de esta manera fue aumentando mi confianza en aquel hombre, me produjo tranquilidad estar entre sus brazos y sí, también empecé a sentir la excitación en mis partes íntimas.

Me llevó de la mano al cuarto y al entrar, vi a los otros dos hombres ya acostados en la cama besándose y empezándose a desnudar para tener sexo en grupo. Me quedé en la puerta de la habitación mirándoles algo aterrado y perplejo, mientras ellos voltearon a verme y Jorge, quien ya se había sentado en la cama también, me hacia señales para que me acostara a su lado. Jorge empezó a quitarme la ropa y yo a él, pude ver lo bien que se veía su cuerpo a media luz, ya que la luz de la habitación estaba apagada y solo entraba luz por la ventana. Los otros dos ya estaban desnudos y Alex empezaba a penetrar a mi amigo que empezó a quejarse de dolor ya que según sus palabras el hombre fornido de 28 años lo tenía muy grueso.

Estando ya Jorge y yo desnudos y al quedar su verga descubierta me dispuse a mamársela, una verga riquísima de unos 17 cm, ricos huevos y vellos a medio salir. Se la chupe durante unos minutos mientras él tocaba mi pene de arriba a abajo y observaba como mi boca se deslizaba por su miembro. Luego, se acostó cómodo en la cama y sacó un condón, se lo puso y no pude tener más pánico por lo que vendría… Me iba a penetrar.

Recuerdo que empezó intentando metérmelo en la posición del misionero, me cogió las piernas y las puso en sus hombros, y tras intentar y no poder hacerlo, ya que me dolía bastante, me pidió que me sentara en su polla pues así entraría más fácil. Y así fue, después de hacerlo despacio, logré meter la cabeza de su pene en mi ano, empecé a bajar despacio con algo de dolor, pero a medida que subía y bajaba el dolor se iba, dando lugar a una sensación que para ese momento desconocía, se sentía bien aunque era algo extraño, ya que al Jorge empezar a metérmelo y sacármelo cada vez más fuerte tuve la sensación de querer ir al baño (lo típico que le pasa a los inexpertos que confunden el placer anal con ganas de hacerse caca). Pese a sentir esto seguí cabalgando en la verga de Jorge, la estaba disfrutando mucho adentro y tras escuchar a mi amigo Alex gemir de placer al ser penetrado (supongo que ya no le dolía tanto), empecé también a gemir como toda una putilla desesperada; los dos gemíamos fuerte como gatas.

Fue excitante, tanto, que después de que el tipo dejó de penetrar a mi amigo, – pues el dolor al parecer siguió y no lo dejaba continuar -, me propuse a mamársela al fornido hombre después de que se quitó el condón; de esta manera mi amigo Alex y yo se la chupábamos mientras Jorge seguía dándome fuerte por mi culito. Nunca pensé que disfrutaría tanto tener una polla dentro del culo y otra polla gruesa y peluda dentro de mi boca.

Mi amigo Alex y el otro tipo se masturbaron y eyacularon, Alex mi amigo, fue a darse un duchazo para limpiar el semen que derramó en su estómago. Mientras tanto yo seguí gozando el pene de mi amado Jorge dentro de mí, hasta que eyaculó quedando toda su leche en el condón. No obstante, ocurriría una de las situaciones más bochornosas que me han ocurrido hasta ahora: en el momento en que Jorge se dispuso a sacar su miembro de mi ano se me escapó un gas (un pedo) y para desgracia mía fue uno de esos de olor nauseabundo, y mi vergüenza no pudo ser mayor. Creo que el hot dog me sentó mal, muy mal.

Después de eso me sentí un poco enfermo, cansado y muy avergonzado por lo que había sucedido. Mi amigo Alex y yo nos despedimos de nuestros amantes de sexo en grupo, quienes nos confesaron que eran pareja desde hace años y también que se habían dado cuenta de que les habíamos mentido en cuanto a nuestras edades, de hecho, dijeron que ya lo sabían pero que nos follaron porque no iban a perder la oportunidad de comerse nuestros culitos jóvenes. Ambos hombres nos dieron dinero para pagar los tiquetes del bus de regreso a casa y de esa manera nos marchamos del lugar.

Mi amigo Alex y yo, estando ya en el bus de regreso a nuestra ciudad, empezamos a hablar de la sesión de sexo en grupo, nos excitamos y él sin pensarlo dos veces metió su mano derecha entre mi pantalón para tocar mi pene, lo tanteó un poco y me dijo que nos hiciéramos una paja, pero yo, ya no tenía ganas de nada más a decir verdad. Así que Alex sacó su pene y se masturbó también en el bus, era ya de noche y el auto iba con pocos pasajeros, estábamos en la parte trasera del bus, con la oscuridad que brinda la noche y empecé a mirar a Alex jalándose la verga, en ese momento tuve un impulso de agacharme y darle un par de lamidas a su glande, pero solo fueron dos lamidas. El se la jaló hasta hacer salir su semen y lo esparció en una de sus manos, tenía un lindo pene, totalmente afeitado, de tamaño pequeño pero lindo y unos huevos rosaditos.

Regresamos a nuestra ciudad, y cada cual se fue a su respectiva casa. Después de ese día no lo volví a ver, solo llegamos a hablar en una u otra ocasión a través de Hotmail MSN jajajja (si, MSN de Hotmail en ese entonces), nunca nos volvimos a encontrar en nuestras vidas, no sé qué habrá sido de la vida de él ni de ninguno de los otros dos hombres, pero me queda el grato recuerdo de que la primera vez que me penetraron fue en esa oportunidad.

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Celia de Adolescente a Bebe (parte 3)

  1. VISITA AL MÉDICO

Pasado el tiempo una mañana de sábado el padre de Celia fue a despertarla. Celia sin ganas de nada no se levantaba hasta que el padre se puso serio y la saco de la cama.

  • Vamos Celia, que vamos a llegar tarde
  • ¿A dónde vamos Papá?
  • Al médico.
  • Vale pues un momento que voy al baño
  • No, nada de baño.

Entonces el padre de Celia empezó a desnudar a Celia, le quitó el pijama y la dejó desnuda encima de la cama.

  • Celia no te muevas, ahora vuelvo.
  • Papa me hago pis en serio, no puedo más.
  • Ni pis ni pas, haberte levantado antes.

A los 5 minutos aparece el padre de Celia con una cuchilla de afeitar.

  • ¿Para qué es esa cuchilla papá?
  • Celia, las niñas a tu edad no tienen pelos ahí.
  • Papa ya soy mayor, a mi edad y mucho antes se tienen pelos.
  • Celia no me cabrees…

Después de todos los acontecimientos sucedidos los días atrás, Celia se calló y dejó que su padre la depilara el chocho.

  • Ya está listo Celia, un chocho acorde a tu edad.
  • Sí papá… – dijo Celia por miedo a que fuera a más la cosa.
  • Bueno, hace calor, aunque estemos en marzo, te voy a poner esto y creo que ya, que es suficiente.
  • ¿Solo unas bragas papá?
  • Bueno, porque solo hace un poco de calor, te pongo esta camiseta.
  • ¿Ya? ¿Nada más?
  • Celia…
  • Me callo papa, sí… perdón… y te recuerdo que me hago pis.
  • Ni pis ni pas que llegamos tarde, vamos al coche.

Entonces Celia bajó con su padre al portal y de ahí al garaje y se montaron en el coche, con la suerte para Celia de que no se encontró con ningún vecino.

Al llegar a la clínica, su padre aparco el coche y salieron ambos el coche. Una vez en la sala de espera, Celia le repetía una y otra vez.

  • Papá me meo, no puedo más.
  • Celia, como vuelvas a decir que te meas te castigaré severamente.

Celia se calló, y no volvió a decirlo, asumiendo que se iba a acabar meando encima de un momento para otro.

El doctor llamo a Celia y entraron ella y su padre. Realmente el médico era un pediatra muy amigo del padre de Celia.

  • ¿Hay que ver cómo crece tu pequeña eh?
  • La verdad es que si.
  • Celia desnúdate por completo y ponte en la camilla, ¿solo traes camiseta y bragas?
  • Doctor, ya le comenté que mi hija se comportaba raro.
  • Bueno vamos a ver qué tal su salud.

Le auscultó los pulmones, oídos, boca…

Después de un rato, llegó al chocho.

  • Bueno Celia, ahora tengo que revisarte el chocho, no te preocupes.

Celia miró a su padre y en cuanto el doctor le abrió las piernas y separó los labios del chocho, Celia se meó encima de él abundantemente. Además, había mojado sus bragas y camiseta de pis también.

Rápidamente, su padre con su mano le pegó un guantazo fortísimo a Celia en el chocho.

  • Hija, eres una guarra.

Celia se retorcía en el pis de dolor mientras el pediatra se quedaba sin palabras…

¿Volverá Celia desnuda a casa?

¿Cómo reaccionará el pediatra?

¿Bajará todavía más su padre la edad?

CONTINUARÁ…. COMÉNTALO!!

 

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Mi primera experiencia sexual con 13 años

Con apenas 13 años recién cumplidos tuve mi primera experiencia sexual junto a unos amigos, con unas chicas de 14, 15 y 13 años. Una experiencia que me ocurrió hace ya unos años pero que nunca olvidaré.

Para mí fue algo más que mi primera vez. El tema del sexo era algo completamente nuevo, pero también sería nuevo el estar a solas con varias chicas. Por otra parte, era impensable que la cosa terminara como terminó, con una orgía de adolescentes. Algo que me marcaría el resto de mi vida. Una experiencia sexual inolvidable.

En aquel entonces yo estaba en el colegio,en primero de secundaria. Todos los días en el colegio salíamos al patio a jugar y entre risas y carreras los chicos hablábamos de las chicas. Éramos muchos ya los que empezábamos a sentir atracción por las chicas de nuestra edad. Recuerdo cómo discutíamos sobre los culos de las chicas de la clase y cómo intentábamos verles las braguitas mientras jugaban en el patio a la comba. Ellas también empezaban a sentir algo por los chicos porque algunas ya empezaba a tontear con los chicos mas guapos del colegio.

Un día, todos los del equipo del colegio fuimos a jugar a balonmano a otro colegio de la ciudad. Jugábamos todos los fines de semana en un campeonato entre los colegios de la ciudad. Durante el calentamiento previo al partido, salió a la pista un grupo de chicas de nuestra edad a animar al equipo contrario. Ellos jugaban en casa y según vimos como atontados tenían unas animadoras bastante atractivas. Chicas de nuestra edad, adolescentes, algunas con un cuerpo ya en desarrollo bastante atractivas. Aún recuerdo la cara de tontos que tenían algunos de mis compañeros mientras miraban a esas chicas, vestidas con una falda de color azul y una camiseta corta roja. Yo me sentía atraído por alguna de ellas pero no estaba tan salido como mis compañeros por aquel entonces.

Era un buen día de primavera sobre las cinco de la tarde cuando se celebró el partido. Hacía bastante calor y no parábamos de sudar mientras corríamos dándolo todo por ganar aquel partido. Aunque jugué bastante bien en la delantera, marcando incluso cuatro goles finalmente mi equipo perdió. No pudimos hacer nada contra la superioridad del equipo contrario, quizás es porque nosotros no teníamos animadoras, quizás porque éramos peores.

Ya en el vestuario, mientras algunos aún hablaban de la suerte que habían tenido los otros o de lo comprado que estuviese el árbitro, mis colegas Javi y Pedro y yo empezamos a hablar de lo buenas que estaban las animadoras. Nos quedamos de los últimos hablando de las chicas mientras terminábamos de recoger nuestra equipación y ropa… cuando al salir del vestuario, vimos para nuestra sorpresa que algunas de las chicas animadoras aún estaban allí sentadas en las gradas, hablando y riéndose.

Las chicas era cuatro, recuerdo bien que eran bastante atractivas, guapas de cara y buen cuerpo pese a su edad, 14,15 y 13 años. Estaban en las gradas junto a la puerta de los vestuarios de chicos. Parecían esperar a que saliésemos. Pedro, que nunca tuvo nada de vergüenza, se acercó a hablar con ellas. Se presentó y nos llamó para que nos acercásemos Javi y yo. Al acercarnos y hablar un poco pude ver que eran algo presumidas y arrogantes aunque he de decir que estaban aún más buenas de cerca. Se llamaban Marta, Julia, Vanesa y Natalia. Bastante espabiladas ya que pronto se hicieron con la situación. Ni siquiera Pedro sabía responderles a sus frases picantes y calientes. Recuerdo cómo estábamos los tres amigos callados y sonrojados frentes a aquellas chicas que parecían jugar con nosotros entre risas e indirectas. Al parecer les gustábamos y se habían quedado esperando a que saliésemos del vestuario. Una de ellas, Natalia, pensaba que habría otro chico con nosotros pero al ver que no decidió irse dejándonos allí a los tres chicos y las tres chicas. Al parecer yo le gustaba a Julia, a Vanesa le gustaba Pedro y a Marta le gustaba mi amigo Javi.

Estuvimos unos minutos hablando hasta que sin más rodeos Vanesa nos dijo que si les enseñábamos dónde estaban las duchas ya que estaban algo sucias y cansadas de animar al otro equipo con aquel calor. Muy cortado y sin apenas saber qué decir, Pedro cogió de la mano a Vanesa y adelantado al resto se dirigió a las duchas del vestuario. Al entrar en el vestuario, ellas dijeron que ya sabían dónde estaban las duchas. Nosotros, todavía bastante cortados, nos miramos mientras escuchábamos de fondo cómo hablaban y reían. Estaban planeando cómo realizarían su plan para jugar con nosotros. Lo cierto es que se las veía bastante cachondas con aquel juego que se traían entre manos.

En cuestión de unos minutos nos llamaron, diciéndonos que fuésemos desnudos porque ellas ya lo estaban. Nosotros con la idea de verlas denudas nos desnudamos y entramos a la zona de las duchas. Donde estaban ellas totalmente vestidas. Nos habían engañado como a tontos, y rápidamente empezaron a reírse cuando entramos totalmente desnudos y con una erección a medias de solo imaginárnoslas desnudas.

Tras taparnos con las manos y quejarnos por su engaño se acercaron y pidiéndonos perdón por su broma empezaron a insinuarse hablando de nuestros penes. Al parecer les gustó lo que vieron y se acercaron a cada uno de nosotros con cara de querer ver más. Para mí era algo totalmente nuevo, que una chica me tocara y más aún de una forma sexual, mientras me miraba el pene y mis testículos con cara de curiosidad. Conforme me tocaba podía notar cómo tenía una dura erección. Mi pene parecía bombear más sangre que nunca.

Mientras nos tocaban el pene y veían cómo estábamos aún cortados por la situación, se miraron las unas a las otras y acto seguido las tres se arrodillaron chupándonos la polla en la zona de las duchas. Podía escuchar cómo Javi gemía y se corría en apenas un minuto y cómo acto seguido lo hacía Pedro. Motivo por el que Vanesa y Marta empezaron a reírse de ellos y a meterse con ellos. Pese a que eran mis amigos y no me gustaba aquella actitud hacia ellos, mientras me la chupaban no pude decir nada para defenderlos y seguí allí con los ojos cerrados concentrado en aquella boca caliente y húmeda que parecía saber lo que hacía bastante bien.

Tras escuchar cómo Pedro insultaba a las dos chicas y estas escupir en una de las duchas abrí los ojos viendo cómo Pedro y Javi se iban de allí bastante enfadados. Yo, todavía concentrado en no correrme porque me encantaba como Julia movía la lengua, decidí ignorar el enfado de mis amigos y quedarme allí el máximo tiempo posible. De repente empecé a notar cómo eran varias las manos que tocaban mis piernas, y es que al abrir los ojos nuevamente pude ver a las 3 chicas tocándome mientras Julia seguía comiéndome la polla.

Sentí un escalofrío recorriéndome la espalda, recuerdo que gemí como nunca lo había hecho al masturbarme, mientras ellas me decían que lo estaba haciendo bastante bien, que sabía aguantar no como mis amigos. Empezaban a decirme lo guapo que les parecía y lo grande que tenía el pene para la edad que tenía entonces, que serían unos 13 centímetros.

Ya con los ojos abiertos y disfrutando de aquel momento vi cómo una de las chicas se quitaba el sujetador, era la que tenía más pecho y mejor culo, la que estaba más desarrollada. Acercándose a mi cara me pidió que le chupase los pezones, que aquello le encantaba. Estaba muy cachonda porque podía ver cómo las tres chicas tenían la mano metida en la falda, vi cómo se tocaban el clítoris por encima de las bragas mientras me chupaban y prácticamente me obligaban a hacer lo que querían. Llegué a sentirme su juguete, pero aquello me encantaba. Mientras le chupaba los pechos a una de ellas veía como las otras dos me chupaban la polla por turnos, me la agarraban y se la pasaban la una a la otra mientras reían y hablaban frases cortas en voz baja.

Yo no podía salir del asombro ante aquella situación que cada vez me gustaba más. Una de las chicas que me la estaban chupando se puso en pie y junto a la otra me enseñó sus pechos. Me dijo que si quería chupárselos tendría que besarla, a lo que no tardé en decirle que quería chupárselos. Me comió la boca con muchas ganas, tras lo que se retiró levemente y me dijo que si me gustaba como sabía el semen de mi amigo Pedro. La muy guarra me recordó que poco antes Pedro se le había corrido en la boca. Decidí no pensarlo mucho y seguir disfrutando por lo que le dije que me acercase el pezón. Allí seguía aguantando las ganas de correrme mientras Julia me pajeaba y me daba con la lengua cada vez mas rápido y les comía los pezones a las otras dos chicas. Parecían querer que me corriese rápido, pero inexplicablemente yo seguía aguantando, supongo que sería por la mezcla de placer con la vergüenza y sorpresa de la situación.

De repente y sin previo aviso, me corrí. Algo nuevo debió hacerme Julia con la lengua ya que de repente noté cómo soltaba toda mi leche en su boca. Tras lo que ella soltó una arcada. Sus amigas empezaron a reírse de ella. Julia entre tos y risas escupía mis semen en el suelo de las duchas. Las tres sorprendidas por lo que habían tardado en hacer que me corriese me dieron la enhorabuena mientras empezaron a vestirse. Yo me quedé desnudo apoyado en la pared, casi mareado por el gran orgasmo que había tenido y confundido por aquella situación. Pude ver cómo se iban del vestuario las tres chicas entre risas y comentarios.

Nunca olvidaré aquel momento ni aquel comentario entre risas de una de ellas a Julia diciéndole “Julia esta vez has perdido tú“.

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