Historia de sexo: Reencuentro con mis profesoras

La historia de sexo que os voy a contar ocurrió en una excursión de final de carrera, pues estaba terminando mis estudios. El día de la excursión se acercaba, era miércoles y todo iba con total normalidad estábamos todos los amigos hablando de la excursión y genial. El jueves, al término de las clases, nos dijeron que al final del día, nosContinuar leyendo »

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Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? (3ª parte)

(Relato erótico continuación de Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? parte 2) Yo, tumbada en la cama, me quedo esperando a que me busques el juguete erótico. Tú cansada y fatigada, te quedas al lado unos segundos hasta que reaccionas y te das cuenta de que mi proposición de que me “presentes” a tu amiguito es totalmente en serio. TeContinuar leyendo »

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 ¡Oh, pequeña y dulce Muerte!!! Todo lo bueno termina  

Habían ya pasado unos nueve meses desde que toda esta historia comenzó, me sentía totalmente llena, pero sabía bien que esta historia terminaría. Al principio yo sabía que él había tenido una novia, ella era demandante lo asediaba constantemente, por algún motivo se habían dado un descanso… hacía unos días, sin intención lo escuché hablar con ella, que tendrían que hablar cuando volviera.

Yo – Patricio, dime la verdad… Hablaste con ella?

Patricio – Si. ¿Pero cómo lo sabes?

Y – Lo escuché sin querer… Me imaginó que vuelves con ella

P – No lo sé, lo único que te puedo decir, es que no quiero que esto acabe.

Y – Sabes que sí te tengo será solo para mí, no me gusta compartir,

Pasaron un par de semanas y ni uno comentó nada, seguíamos como sí todo fuera igual, incluso peor, en cada instante a solas nos devorábamos con una necesidad insaciable, la lujuria nos había consumido por entero y cuando no estábamos juntos, al menos yo tenía sueños de su cuerpo sobre el mío, sus manos apretándome, su lengua recorriendo cada milímetro de mi piel, sus labios reclamando su derecho a poseer los míos. Todo esto me producía orgasmos húmedos y sonoros, me vi obligada a fingir que tenía horrendas pesadillas, así mis papás no sabían la real razón de esos escandalosos despertares nocturnos ( ellos lo atribuían al estrés causado por el estudio). Hasta que, llegó el día en que se reuniría con esa mujer. Yo ya no quería estar más ahí cuando eso pasara, así que decidí planear un último encuentro entre los dos, el último gran recuerdo, esto tenía que ser especial.

Como pude me hice con la casa que unos tíos tenían en la playa, ya que aun no llegaba la temporada de vacaciones, la casa estaba disponible, era el lugar perfecto, privado, seguro, cómodo y muy alejado de todo, eso era bueno ya que los dos éramos algo escandalosos a la hora de hacer el amor y eso nos daría cierta privacidad. Compré todo lo necesario para el fin de semana, comida, y algunas cosas en esa tiendita que tanto placer me había dado ”secretos de a dos”, también hice aseo, puse flores y prepare la habitación principal, para que fuera todo lo más cómodo posible, muchos cojines, un par de sillas, frente a la cama había un gran espejo que cubría casi toda la pared y una de esas pequeñas bancas acolchadas al pie de la cama… todo eso abría un gran abanico de opciones sexis a las cuales sacar provecho.

No me costó demasiado convencerlo de pasar el fin de semana largo los dos solos, no dije lo evidente, ya que no quería que el peso de la triste despedida empañara todo lo que había preparado. Con el pretexto de obtener el necesario descanso y conveniente soledad para relajarme, salí con el auto de mi padre de la casa ese viernes por la mañana y me dirigí a su departamento, Patricio salió de su edificio con un bolso al hombro, enfundado en unos blue jeans que se ajustaban perfecto en su trasero y una camiseta blanca que dejaba muy claro sus trabajados brazos y espalda… era una visión divina a mí muy humilde parecer. Metió su bolso en el maletero, subió al auto y me beso profundamente –Listo.- me dijo, con esas escuetas palabras tomamos camino a la costa.

Al cabo de 1 hora y media ya estábamos en nuestro destino, bajamos del auto y nos dirigimos a la puerta, abrí algo nerviosa, se notaba en mis manos temblorosas, me aparté y lo dejé entrar, entonces pasé y  cerré la puerta tras de mí. Ni uno de los dos hablaba, nos quedamos quietos como estatuas de piedra, sin saber cómo actuar, y es que a pesar de no decirlo los dos teníamos claro lo que este viaje significaba, yo por mi parte apenada por perder esta ilícita relación que tanto placer me producía y tanta seguridad me había dado y él por su lado sabiendo que perdía a esta compañía siempre dispuesta, que de alguna manera había llenado su vida estos últimos meses… pero también sabía que no podía tener al queso y al ratón sin que uno se comiera al otro. Decidí mostrarle la casa y los alrededores, a él le gustó mucho y claro a medida que mas veía, más entendía que mi plan era que esto fuera inolvidable, así que se dispuso a cumplir con su agradable labor.

Comimos algo liviano y hablamos de la vida, como el par de amigos que en verdad éramos, pero pronto llego la hora de los amantes… entonces la atmósfera cambió, nuestras manos inquietas tocaron el rostro del adversario y comenzamos a besarnos en el sillón, yo como siempre había elegido un atuendo fácil de quitar, una camiseta de tirantes sin sostén y unos pantalones deportivos sin nada por debajo, así quede desnuda rápidamente, él tampoco llevaba ropa interior, así que nos liberamos rápido de todo lo que se interponía en el camino. Lo tomé de la mano y nos dirigimos al cuarto, al pie de la cama aun parados comenzamos a comernos la boca, con esa hambre casi primitiva que ya tan bien conocíamos, mientras él bajaba a mis pechos yo observaba nuestro reflejo en el espejo, no me parecía que fuésemos los dos, sino otras personas que se veían muy bien juntas, me sentía una voyeur de esos dos desconocidos, Patricio por supuesto notó mí fascinación y me hizo sentar en esa pequeña banca a los pies de la cama, pero antes se sentó él con las piernas abiertas, así yo ocupaba el espacio frente a ellas, me senté y me ordeno mirar al frente, lo hice. Entonces comenzó a besar mi cuello y tocar mis senos, yo podía ver la intensa escena reflejada en el espejo, veía como el pellizcaba suavemente mis pezones y de vez en cuando levantaba la vista para saber donde estaban posados mis ojos, sus manos comenzaron a abrirse camino por mi vientre, con ellas separo mis piernas, abrió bien mi escondida vulva y empezó a masajear mi clítoris lentamente, casi tortuosamente, mientras yo me perdía  de a poco en el movimiento de sus manos,  hipnotizada con sus expertas caricias. Comencé a sentir esa oleada de calor que me invadía desde el centro expandiéndose a las extremidades, veía como de mi vagina emanaba ese licuado placer que lo mojaba todo a su paso, gemía despacio sentía como al mismo tiempo su pene crecía pegado a mi trasero, en ese minuto decidí pararme y colocarme en la cama, me puse de rodillas y me apoyé en mis manos viendo siempre adelante, él me miró con algo de asombro ya que sabía bien que no me agradaba eso de verme como un objeto, pero el momento lo ameritaba y yo quería sacar hasta el último de mis demonios fuera.

Así en cuatro patas, desnuda con los pechos colgando, ya no me parecía en nada a mí misma. Le apuntçe la bolsita blanca de letras rojas que estaba en el velador, en ella encontró un vibrador y un aceite de chocolate, él sabía bien como usarlos, se untó en la mano en el fragante aceite y comenzó a masajear mi espalda mientas de a poco se ponía tras de mí, prendió el vibrador y lo puso en mi clítoris que ya estaba muy sensible, mientras con la otra mano situaba su pene en la entrada de mi deseosa vagina y se hundió lentamente en mí, lo sentí llenándome, hasta llegar al tope, se movía como un maestro en su especialidad, mientras con una mano sostenía el vibrador con la otra agarraba mi cadera para poder envestirme mejor. Yo gozaba con cada movimiento, pedía mas rápido y mas intenso, cada que miraba el espejo veía en su cara el empeño que ponía en su ardua labor, como corría el sudor por su frente, como se movían mis pechos, pero algo faltaba, ya llevábamos un rato y no podía llegar al orgasmo, en ese momento y con la calentura a tope apoyé el pecho en la cama, así quedé solo con el trasero levantado, él finalmente comprendió que obtendría acceso total a la última de mis barreras (si bien en nuestro primer encuentro logró meter la punta del meñique, eso jamás paso de ahí y él lo había intentado varias veces).

Me sentía completamente comprometida, yo quería todo, él dudó y me preguntó

P – ¿Estás segura?

Y – Sí… dale pero despacio, probemos primero

No fue sino decir esto y comenzó a amasar mi trasero sin salir de mí aun, de a poco acercó su dedo a mi ano y lo empezó a estimular, palpaba de a poco, la sensación era placentera sin lugar a dudas, lo veía como algo  prohibido, de repente sentí caer un liquido justo en mí centro, el aceite de chocolate seguro… Patricio siguió así un rato, hasta que comenzó a hundir su índice lentamente, al principio por instinto apreté, entonces él me dijo que me relajara, si no, no funcionaría, que tenía que hacer como si pujara, que eso lo facilitaría. Así que con los ojos bien cerrados lo hice y lo sentí dentro, al principio dolió un poco, pero la sensación de estar verdaderamente llena me invadió y comencé a palpitar y contraerme mientas el apremiaba fuerte nuevamente en mi vagina y hacia movimientos circulares con su dedo dilatando mi recién desvirgado trasero, fue entonces que comencé a gritar como una verdadera perdida, mientras el rugía su propia perdición a mi espalda y se pegaba a ella para decirme al oído cuanto me extrañaría.

 

Ese fin de semana fue épico sin lugar a dudas, no me arrepiento de nada.

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La Aprendiz en busca de sexo intenso

Después de lo sucedido esa mañana de sexo intenso (en los dos relatos de sexo anteriores), estaba muy intranquila, casi alienada en mi mente.

Solo podía pensar en ese sexo intenso. Durante la clase de Economía solo veía ante mí imágenes cortadas, sus manos tocándome muy profundo, sus besos hambrientos y nuestros cuerpos sudorosos, refregándose el uno contra el otro… ¡¡¡ahhhh!!! Eso solo acrecentaba mi excitación. En eso estaba, cuando el profesor me pregunta por el Modelo Económico actual y su implicación en la política pública, esta demás decir que di una respuesta escueta y apenas acertada, muy fuera de mi estilo, que normalmente era muy florido y didáctico.

Llegué por la tarde a mi casa y entré derecha al baño, sin detenerme ni a saludar, abrí la llave del agua, mientras esta se atemperaba comencé a lavar mi pobre pantaleta que quedó hecha una pena. Justo en ese momento mi mamá golpea y me pregunta que si no se saludar… yo le respondí que venia que me hacía pipí y aprovecharía de tomar una ducha ya que por la tarde me iría donde Claudia a pasar la noche. La idea no le encantó, pero me dejó en paz. Así que al fin me metí bajo el agua y comencé a jabonar mi cuerpo, a pasar mis manos en los mismos lugares que él lo había hecho, a sentir las mismas reacciones de mi cuerpo caliente, en ese momento tome la ducha teléfono y comencé a enjuagar el jabón, dirigí el chorro a mi sexo ansioso de atención, para así poder limpiar los restos de mi intensa actividad sexual matutina (de la cual aún quedaban rastros), poco a poco  comencé a sentir nuevamente esa agradable sensación de aceleración, metí un dedo en mi interior aún apuntando el chorro de agua con mi otra mano… comencé a subir a mi pequeño cielo, jadeaba despacito, estaba a punto… y entonces mi mamá golpeó nuevamente,  diciéndome que saliera luego para comer algo. ¡QUE FRUS TRA CIÓN! Igual que siempre interrumpiendo el mejor momento.

Salí del baño envuelta en mi bata y con una toalla en el pelo, busqué en la cocina mi plato y lo lleve a mi cuarto, al llegar allí percibí el rico aroma de la comida, solo allí me di cuenta cuánta hambre tenía, yo creo que a causa del mismo sexo intenso y el hecho de mi fallido intento en la ducha. Me atiborré con ese rico plato de pasta… (Mmmm, ñam! qué rico estaba :P). Ahora, satisfecha una de mis hambres, tenía el pequeño problema de cómo prepararme para satisfacer la otra, en ese tiempo era solo una estudiante sin mucho dinero, de tal manera mi estilo se reducía a lo que mis papás quisieran comprarme, no tenía muchas cosas finas o provocativas en mi closet, el conjunto interior de la mañana era el más sexi de mi arsenal, así que decidí ponerme algo sencillo, un sostén negro de copa lisa, y una pantaleta de algodón a tono, sin grandes pretensiones, al fin que esa era mi verdad diaria y de seguro no duraría mucho puesto, arriba solo me puse un vestido de tirantes gruesos  despegado del cuerpo con un motivo floral en colores azules y rojos, unas sandalias de tiras  y por supuesto mi perfume de rosas frescas. (Todo muy fácil de quitar).

Al irme de mi casa repetí a mi madre la historia que ya había creado con mi querida amiga Claudia (quien sin cuestionarme el porqué del engaño, aceptó apoyarlo), solo le dije a mi incauta madre que quizá volvería al medio día del día siguiente y que yo le avisaría de cualquier cambio de plan. Salí casi corriendo por un par de cuadras con mi bolsito al hombro, casi desesperada por no llegar tarde, hasta que un par de esquinas mas allá me lo encontré, estacionado en su moto con ese porte y actitud relajada, me monte mientras él me ponía el casco, se acomodó, lo abracé y con un rugido salimos disparados a su casa. Al llegar vi un espacioso loft, moderno y austero… ahí recién nos saludamos:

Patricio – Es un placer tenerte aquí solo para mí, espero que esta noche sea la primera de muchas otras.- Eso lo dijo lentamente y marcando sus palabras con gran intensidad.

Yo – La verdad no se que esperar, pero sí es como lo de la mañana estoy dispuesta a aprender lo que me quieras enseñar.- Mi voz estaba cagada de ansiedad y lujuria.

P – No te preocupes, iremos de a poco, no quiero apurar el resultado, quiero darte placer sin restricciones, quiero disfrutarte y que me disfrutes.-

Y – Eso me preocupa, no sé si estaré a tú altura… En mi casa no puedo ni darme placer en paz.-

P – ¿A sí?… Bueno a eso le pondremos una solución, acá podrás hacer lo que tú quieras, y eso es a partir de ahora…

Continuando un día de sexo intenso…

Y solo así, me tomó de la mano y subimos por una escala angosta a un altillo que contenía su cama, una grande y blanca, sencilla pero se veía cómoda –haz lo que quieras- dijo con malicia en su mirada, yo al sentir el desafío lo acepté y comencé a desnudarlo, todo lo rápido que pude. Fuera camiseta, pantalones junto al bóxer y zapatillas. Yo solo quería admirar su cuerpo y ver todos los detalles de cerca, tocarlo a placer, sentir la tensión de su cuerpo, es que a pesar de no ser un adonis de belleza, tenía un cuerpo marcado, definido y bien tonificado que hacían de él un digno lienzo que admirar. Yo por mi parte, con mi metro sesenta y cinco, un cuerpo voluptuoso y pálido como una de esas pinturas barrocas, no sé bien qué me veía… bueno, si lo sospechaba, ya que más de una vez lo vi embobado en mi escote e hipnotizado viéndome caminar (siempre he sido muy femenina, o eso me dicen).

Él, de pie frente a mí ya expuesto, dijo que teníamos que estar en iguales condiciones, así que con un poco de pudor me quité el vestido dejándolo caer, siguiéndolo el sostén y la pantaleta de cerca, al ultimo las sandalias, así quedamos, frente a frente (yo incomoda y cohibida, él esplendoroso) me miró como si fuera la mismísima Venus de Milo y dijo: -no te cubras, todo lo que veo me gusta.- así que con mi nueva confianza, lo empujé a la cama y comencé a tomarlo suavemente por los hombros, mientras le comía la boca con las mismas ganas que en la tarde me comí la pasta, bajé a su pecho saboreando con mi lengua la sal de su sudor, seguí al abdomen con pequeños mordiscos, hasta llegar a su miembro que aún estaba en reposo, solo comenzando a moverse al sentir mis caricias y pequeñas lamidas. Pasé mi mano sobre él, le separé un poco las piernas, para así poder tomarlo desde abajo (nunca fui una asidua onanista, ni propia ni ajena, pero quería hacerlo bien), así que él separó sus piernas ayudándome a tener mejor acceso a su falo aún dormido. Al verme indecisa me preguntó qué pasaba, yo le dije que me avergonzaba ser vista en tan calurosa actividad, así que cerró los ojos y se limito a respirar pausadamente. Al fin cómoda, levanté su miembro con una mano, mientras con la otra presionaba su perineo y sus testículos, hasta que de a poco comenzó a crecer y engordar hasta ponerse duro como un palo.

Confieso que estaba fascinada, nunca había podido analizar así una erección, paso a paso, sin prisa, eso me tentó a experimentar con él, pasando mi mano de arriba abajo lentamente pero con firmeza, hasta que llegó a su tamaño final, el cual me pareció aún más grande que en la mañana, decidí lamerlo con mi lengua lánguida y tibia, de arriba a abajo, hasta los gemelos (él se retorcía y gruñía, moviendo un poco la cadera), mientras yo subía nuevamente para meter la cabeza en mi boca y succionar con fuerza, dejándolo a ratos para alternar con mis manos enroscándose en el tronco rítmicamente, pasé mi lengua en la punta, donde ya emanaban gotas de excitación y las esparcí con la lengua hasta el frenillo, con el dedo pulgar e índice amasé un poco la cabeza apretándola como queriendo exprimirlo. Él, ya loco de placer en un susurro dijo – ¡¡¡me voy!!!- Y con un bufido, lo dejó salir. Mis manos quedaron empapadas de su eyaculación, mientras su miembro aún se contraía y escupía hasta la última gota de placer… Yo que nunca hice algo así, y excitada como estaba por la sesión de sexo intenso, me chupé los dedos para averiguar cuál era su sabor, era algo que no podía definir… era más bien sui géneris, ni bueno, ni malo, solo distinto, algo viscoso, tibio y blanquecino… no noté que él me miraba, al darme cuenta me puse roja como un tomate, pero al ver que lo que veía le gustaba seguí lamiéndome y lamiendo su hombría hasta la última gota. Me dijo que había sido la mamada más dulce y ardiente de su vida  :3.

Me abalancé sobre él, lo besé con frenesí, como si hubiese estado perdida en el desierto y él fuera un manantial, entonces me tocó y comprobó que estaba preparada para seguir, así que se giró sobre mí en un rápido movimiento, quedando sobre mí cuerpo hirviente, con su mano agito un poco su adormilado miembro, este se despertó nuevamente cual militar listo a servir, lo coloco en la entrada de mi húmeda vulva y lo metió de una sola estocada, me provoco escalofrío, me llegó hasta el fondo en un bien calculado movimiento, comenzó a envestirme salvajemente mientras mi cadera se acompasaba a su ritmo, rápido y duro – siéntelo, así profundo y fuerte.-

Solo unos minutos más de desenfreno, de sexo intenso, bombeando en mi interior, con suaves mordidas en mi cuello y mis uñas clavadas en su espalda, comencé a gemir nuevamente, cayendo en una deliciosa espiral orgásmica. La mejor experiencia sexual que viví hasta ese instante, vendrían muchas más… y la noche aún no comenzaba.

Caí exhausta a su lado como una muñeca de trapo, él me abrazó y puso su cabeza en mis senos, como buscando un refugio donde descansar, en definitiva no estaba  nada preparada para tanto sexo intenso, pero sí estaba muy dispuesta a aprender lo que él me ofrecía en ese plano, quería experimentar ya que mis relaciones anteriores si bien no habían sido malas, siempre estuvieron coartadas, ya sea por locación, tiempo o simplemente que como adolescentes no disponíamos de la logística necesaria para experimentar a nuestras anchas. Mientras reposábamos hablamos de todo esto y de sus propias experiencias, así de alguna forma, nos estábamos conociendo mejor.

Más sexo intenso… con juguetes eróticos

Claro que después de tanto hablar de sexo intenso, preferencias, fantasías sexuales y demás, el ambiente se había vuelto a caldear entre nosotros, circulaba la excitación pura y espesa. Mi nuevo tutor me pidió que me acostara mirando hacia abajo y me relajara, así que sin dudar lo hice, de repente oí sus pasos alejarse y abrir un cajón, después lo cerro y volvió, de reojo vi que en su mano traía una pequeña bolsa de cartón, blanca y con las palabras secreto de a dos, escritas en rojo, me produjo gran curiosidad pero me pidió cerrar los ojos, así que en contra de mis deseos lo hice… Comenzó a darme un masaje fantástico en la espalda, untándome con alguna sustancia resbalosa y con aroma a chocolate, siguió bajando por mi espalda hasta llegar a mis nalgas, de ahí pasó inmediatamente a mis pies, subió por las piernas hasta llegar a las rodillas, desde ese punto comenzó a torturarme lentamente, subiendo justo hasta mis glúteos y volviendo a bajar, hasta que comenzó a masajear (como un verdadero profesional) mi trasero, el cual yo sin pensar subía, como ofreciéndolo en bandeja de plata, él se limitó a darme una sonora nalgada, para dejarme quieta, eso me hizo excitar aún más. Dentro de toda esa parafernalia  sentí un zumbido, así como así lo sentí  caer sobre mi piel ya erizada, Patricio comenzó a mover ese pequeño artilugio de placer en torno a mi hinchada vulva, lo movía con una mano y con la otra se introducía en mi, primero un dedo y luego otro, la sensación era celestial.

Yo podía sentir cómo todo se removía dentro de mí y esa sensación ya tan familiar de llegar a la gloria, me sobrecogía una vez más. Con mis manos tenía ya arrugada toda la ropa de cama, intentando agarrarme de algún lugar, como para no caer a ese abismo sin fin, no tan rápido… entonces él con un rápido movimiento me giró, quedando boca arriba mientras me volvía a meter los dos dedos dentro, en tanto con la palma de la otra mano comenzó a acariciar y presionar mi bajo vientre, la sensación era mucho más intensa, casi incontenible, yo me retorcía como una poseída, sentía cómo esa urgencia me apremiaba cada vez más. Él apuró el paso, sabiendo que ya no resistiría mucho más, presionó al mismo tiempo por última vez, fuera y dentro… – ¡aaahhhhhhh! Un grito como un relámpago me partió en dos, el placer salió acuífero de mí, como una cascada clara, dejando a su paso una interminable secuencia de espasmos y la sensación de haber corrido un maratón en solo 5 minutos… “¡oh, cansancio divino!”. Lo abracé, miré sus ojos y me dormí profunda, como una bendita, soñando con Dionisio, sus sátiros y Ninfas. Al despertar por la mañana tenia a mi propio Dios del Sexo, desnudo y erecto, enrollado en mí, ofreciéndome el mejor despertar de mi vida.

Sé que esta historia de sexo intenso es un poco larga, pero si les agrada seguiré con ella… espero los inspire 😉

 

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DILDOS SUPERSÓNICOS (POESÍAEROTICOPORNOSURREALISTA)

Entre el valle del Tíbet y el monte de Venus corren miles de lenguas o ríos o mares o tal vez carreteras de seda adheridas al cuero con licores nocivos para los cerebros, pero imprescindibles para las hadas viscosas, como el pergamino huidizo hasta tal punto que, antes de nacer, ya estaba muerto en alguna cuneta inverosímil como las canciones ruidosas del capellán, que rinde pleitesía al oso de más de una tonelada de angustias.

Y los californianos degenerados escondidos entre los juncos de estrellas, níveas como las calaveras de los antiguos romanos, redondos como el ojo de un volcán yerto entre el zumbido calibrado de los tordos de casa Triana, errante como el carro de miss 2023.

Y no es válida la resignación ante los cientos de gemidos liberados de las bocas crujientes de los sapos quemados de tanto cigarrillo apagado en su hipotecada charca.

Abierta como las antorchas humantes que salen de su vagina de cremosa licuación, fomentada desde las camillas de un hospital cualquiera de cualquier anfiteatro liliputiense del sur de la zona pública aérea, que se castiga cuando el maremágnum del zorro con raro sexapil y con testículos de rinoceronte maduro y sin remordimiento de haberse comido el nido de amor de un sacerdote triturado por tener la sotana demasiado abre-fácil.

Restar las micromilésimas que separan una nalga y otra sin rezar ni padrenuestros ni hostias en forma de bombas racimo con cacatúas chirriantes al masticar huesos de termitas cachondas al probar las salivas de la tierra volátil y sincera.

Notas la germinación en tu clítoris de llama ancestral y lejana en los tiempos de las tribus urbanas, que sólo depositan el voto cuando una prostituta les limpia la dermis de peinados a la derecha y cinturones con escudos asesinos.

Has rezado hoy ante los maniquís sadomasoquistas que te ordenan que limpies todos los días el sable sediento de orgasmos interminables con el amor de una madre.

La fábrica de robots ha vendido dildos supersónicos que se resguardan de las tormentas antes de que suene el rayo de algún superhéroe.

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