Mi gran sorpresa: de voyeur a un trío bisexual

Últimamente mi esposa salía mucho por las noches con sus amigas, o al menos eso decía ella, se arreglaba  y  vestía de forma muy sexi, minifalda blanca  y muy corta, tacones altos, camisetas muy ajustadas y con escotes  de vértigo, siempre llegaba de madrugada y cansada de bailar. Yo siempre me imaginaba que se habría follado a algún que otro tipo de los que van a las discotecas de moda. Sabiendo que mi esposa está muy bien, y que es caliente como un horno, era probable que alguien quisiera montarla en las noches calurosas de Santiago, pero para nosotros no era ningún problema, ya que siempre hemos sido muy liberales y respetamos nuestros gustos y nuestros deseos.

Yo aprovechaba su ausencia y hacía lo que últimamente más me gustaba hacer: practicar de voyeur. Me había comprado hacía unas semanas unos prismáticos de alto alcance, y me dedicaba a espiar a un vecino mulato que siempre tenía visitas de mujeres espectaculares,y por su puesto siempre acababa follando en la pieza que justo daba enfrente de mi salón. Uff era una máquina follando, era un chico joven y esbelto, musculoso y con una polla enorme, podía follar 4 horas sin parar; normalmente las mujeres acababan agotadas e incluso a alguna la vi cómo le gritaba que ya no podía más, que parara, pues estaba al borde del desmayo. Yo disfrutaba muchísimo viendo esos cuerpos agitarse, con las piernas bien abiertas y en mil y una posturas. Había mujeres de todo tipo: rubias, altas, bajas, blancas, negras, casi todas tenían unos senos grandes y curvas muy pronunciadas, aunque también las había delgaditas y casi planas. Me pasaba las tardes-noches disfrutando otra forma de hacer sexo, acababa masturbándome como un loco, me hacía hasta 5 y 6 pajas viendo ese cuerpo moreno taladrando a jovencitas y no tan jovencitas durante largas horas. La verdad, y no lo voy a ocultar, me gustaba mucho aquel hombre. Siempre me han atraído un poco los hombres, pero este me daba mucho morbo, sobre todo cuando le veía desnudo con su enorme tronco erecto dentro de las bocas, culos o coños de sus amantes. Era una auténtica máquina de follar.

Cuando llegaba mi esposa de sus fiestas, yo ya estaba en la cama feliz; cansadito, pero feliz y con mi verga relajada de tanto placer. De esta manera, ya casi no follábamos, pues ella llegaba cansada y yo ya había tenido mi buena ración de sexo. Esto hizo que la relación perdiera color y calor, ya todo había cambiado y estábamos más distantes.

En las últimas semanas, mi querido vecino tenía a diario la visita de dos mujeres: la primera siempre era distinta, rubias, morenas , altas, bajas etc., pero la segunda, que siempre iba sobre las 12 de la noche, era la misma, una mujer morena con pelo negro  y largo y con muchas curvas, es decir entradita en carnes y que estaba muy bien, pero que muy bien. Siempre que aparecía por la ventana en la habitación de mi amigo estaba de espaldas, es decir, que nunca le podía ver la cara, y eso me traía por el camino de la desesperación. ¡Deseaba tanto verle la cara y las tetas, y ese conejo que se tragaba la batuta del mulato sin contemplación!, pero nada, era imposible, la veía montar a mi amigo y cabalgarle como una fiera salvaje, gritaba de tal forma que podía oír sus gritos entre el dolor y el placer, siempre con la ventana abierta y sin cortinas, era mejor que ver una película porno. Llegué a pensar que a mi vecino le gustaba que le vieran follando, e incluso pensé que él me veía desde su cama y eso le ponía más cachondo y apretaba más fuerte a sus amantes.

Yo, de todas mis aventuras nocturnas, no contaba nada a mi esposa, más que nada porque me apetecía tenerlo como un secreto o mejor como mi tesoro escondido, no porque le sentara mal que yo me masturbara viendo cómo otras parejas follaban, como dije somos muy liberales y no tenemos prejuicios con el sexo.

Un día, mientras observaba cómo mi amigo se follaba por el culo a su segunda amante, me fijé en algo que no sé cómo expresar, pero que me sobresaltó y me puso tenso. La mujer tenía un pequeño tatuaje a la altura de la cadera… al principio no le di mucha importancia y pasó casi desapercibido, pero después, afinando mis prismáticos, llegué a distinguir claramente el dibujo: era un sol y una luna idéntico al que tiene mi mujer en el mismo lugar. Después me fui fijando en más detalles de la mujer y…claro, ¡no podía ser! ¡Aquella amazonas que se trajinaba al mulato era mi mujer! Incluso en un breve instante en el que por primera vez se giró y pude ver el rostro entre el enredado cabello lo vi claramente, aquella devora hombres era mi querida esposa. Al principio no sabía qué hacer, tenía muchos sentimientos encontrados y contradictorios, pero después de un rato en el que me tranquilicé un poco, volví a observar lo que hacían; y claro, lo que estaban haciendo era follar y disfrutar como auténticos animales salvajes. Mi esposa lo montaba, se tragaba aquella magnífica polla hasta el fondo de su garganta e incluso se tragaba toda la leche que él le vertía cuando se corría entre espasmos de locura. Lo que me resultó más raro es que, viendo esto y sabiendo quién era ella, me excitaba mucho más. Aquella noche tuve cerca de diez orgasmos, algo que nunca me había pasado, me corría casi sin tocarme, me apretaba los huevos y mi leche salía sola, era una locura y desenfreno, no sé muy bien cómo explicarlo,  probaron todas las posturas imaginables y, después de casi 5 horas de sexo sin control, terminaron tumbados en la cama riendo y fumando.

Cuando vi que ella se vestía para salir a la calle, yo me duché y limpié todo el semen que salpicaba el suelo del salón, e inmediatamente me metí en nuestra cama. A los 15 minutos llegó mi mujer y cuando sentí que se acercaba a la habitación yo no sabía cómo iba a reaccionar. Para mí equello era algo nuevo y estaba confuso, pero lo más sorprendente es que mi reacción fue, que  cuando se metió en la cama, me lancé contra ella y comencé a follarla como un poseso. M e sentía más excitado que nunca y quería solamente darle con mi polla más placer, lo  que también me sorprendió fue su respuesta, que fue la de montarme y follarme como gata en celo. Mientras nos besábamos y nos follábamos mutuamente, pensé que mi esposa sí que era una máquina de follar y que realmente estaba en forma…

Proponiendo un trío bisexual a mi mujer

Al día siguiente estuve todo el tiempo pensando en qué decirle y en  qué hacer. No sabía si contarle todo lo que había visto la noche anterior y por lo tanto que sabía todo sobre su aventura o no decirle nada y seguir espiándola cada noche. Al final opté por no decirle nada y solamente cuando llegó la hora y me dijo que iba a salir a tomar unas copas y a bailar con sus amigas no pude más y le dije: “¿vas a salir con tu amiga mulata?”. Ella me sonrió con una sonrisa totalmente cómplice y no dijo nada, sólo abrió la puerta y se fue.

Aquella noche follaron como siempre, es decir, como unos hambrientos de sexo, pero con la peculiaridad de que ella en todo momento estuvo de cara a la ventana, como queriéndome dejar ver su cara de placer y de vez en cuando una sonrisa cargada de picardía. En ese momento me di cuenta de que ella sabía que yo estaba escondido en la oscuridad observando sus “bailes” nocturnos, y eso me calentó más todavía y tomé la decisión de no esconderme ni de estar a oscuras para que ella también pudiera ver cómo me masturbaba viéndola disfrutar con mi vecino.

Esa noche no llegó a dormir conmigo ya que se fue directa al trabajo desde la casa. Cuando llegó la noche apareció por casa y se sentó a mi lado mientras yo veía una película porno. Ella me besó como si nada y yo comencé a hacer comentarios de la película y sobre todo del tamaño de las vergas de los actores.

Yo: mira qué pollas tan grandes tienen estos actores, ¿verdad?

Esposa: sí, no están mal, aunque a mí no me parecen tan grandes.

Yo: claro, hay muchachos de la vecindad que la tienen mucho más grande…

Esposa: sí, mucho, mucho más grande y gruesa.

Escuchando esto ya no pude más, la miré a los ojos y le dije:

Yo: Claro y hay vecinitas egoístas que las quieren para ellas solas y no las comparten ¿verdad?

Entonces mi esposa dio un salto en el sofá y me miró con una mirada entre incrédula, pícara y lasciva mientras se le escapaba una pequeña sonrisa entre sus labios.

Esposa: No me digas que quieres follarte al vecino…no me lo puedo creer.

Yo: A nuestro vecino se lo folla la mitad de la ciudad y tú también, entonces no veo cuál puede ser el problema por probar conmigo… Ya sabes que a mí los hombres en algunos momentos también me gustan.

Esposa: Jajajaja no te puedo creer, además este mulato es muy hombre no creo que quiera contigo…

La corté tajantemente.

Yo: bueno, o al menos podríamos hacer algo los tres juntos, me apetece unirme a tus fiestas de noche.

Esposa: Está bien, vente esta noche, a ver si te atreves, ¡jajaja! no te creo nada.

Esa noche salimos los dos bien vestidos y sexis: mi mujer con su ropa ajustada y yo con mis pantalones de cuero y mi camisa negra a medio abrochar. No puedo negar que estaba un poco nervioso, pero cuando llegué y conocía a Tony me relajé bastante, era muy simpático y tranquilo, mi mujer nos presentó y ninguno de los dos tuvo una mala actitud para con el otro, él vio como algo muy normal tener enfrente al marido de la amante que se follaba todas las noches tomando unas cervezas y charlando. La charla sólo duró un rato hasta que él me preguntó directamente qué es lo que yo quería hacer, si quería masturbarme mientras ellos follaban, si quería follarme a mi mujer a la vez que él también se la follaba (doble penetración), o qué. En ese momento me sentí tímido y no me atreví a decirle la verdad, que era que quería que él me follara mientras yo me follaba a mi esposa para hacer un trío bisexual, lo cual era un sueño que toda mi vida había tenido, y acabé diciéndole que quería que nos folláramos los dos a mi mujer.

Esto le gustó mucho, ya que su cara se iluminó y sonrió, y en unos instantes ya estábamos los tres en la cama, yo comencé comiendo coño y él puso en la boca de mi esposa aquella tremenda herramienta. Cuando la vi de cerca me quedé con la boca abierta; era mucho más grande de lo que yo podía percibir desde mi departamento con los prismáticos, ella comenzó a hacerle una mamada increíble. Era capaz de metérsela entera hasta casi vomitar, la tragaba con ansias como si realmente se la fuera a comer y estuviera hambrienta. Esta escena me puso supercaliente y saqué mi verga que con sus buenos 23 cm parecía de juguete al lado de aquel tronco moreno. De una sola vez se la metí entera por el coño y comencé a empujar mientras ella lamía el pollón desde los huevos hasta la punta del glande. Ufff, era demasiado, eso era una locura de placer y de morbo, después de estar un buen rato así, cambiamos de postura y él comenzó a follarle el coño y yo comencé a meterle mis dedos por el culo. Mi esposa empezó a gemir como una loba, después le metí mi polla en el culo y ya comenzó a gritar entre placer y dolor. Aquel majestuoso cuerpo se estaba tragando dos buenas vergas a la vez. Así seguimos un rato hasta que Tony se salió al baño y yo seguí rompiéndole el culo con toda mi fuerza. De pronto, y por sorpresa, noté los dedos de Tony en mi culo impregnándome con algo grasiento el agujero de mi culo, metiendo seguidamente sus dedos en él. Esto casi me hace correr instantáneamente, me giré y le sonreí y diciéndole dos palabras: “Por fin”. Entonces, él se tumbó en la cama y puso su cabeza entre el culo de mi esposa y mi verga, que entraba y salía del mismo, sacó su lengua y comenzó a lamerme el culo y la verga, cosa que a mí me encantó hasta tal punto de que saqué  mi polla y se la metí de un golpe; Tony la empezó a mamar y a lamer de una forma maravillosa, era capaz de tragarla entera hasta los huevos y yo comencé a gemir y casi a correrme. Antes de llegar al orgasmo me lancé a su cipote y lo comencé a mamar, era genial, grandioso, me llenaba totalmente la boca y la garganta, mi mujer mientras tanto dejaba que Tony le comiera el coño, que ya lo tenía encharcado de sus flujos. Yo, después de un buen rato, me fui a lamer el culo de Tony, que se dejaba fácilmente penetrar por mi lengua.

De un trío normal a un trío bisexual

Pasado un buen rato cambiamos de postura y comencé a follarme a mi mujer a cuatro patas, y entonces pasó lo que yo más esperaba, noté la cabeza gorda de la polla de Tony llamando a la puerta de mi ano; enseguida dilaté y con un poco de esfuerzo comenzó a entrar en mí. Eso me volvió loco, su pollón entraba poco a poco y me llenaba entero por dentro hasta que, en un momento y de forma inesperada, dio un fuerte empujón y la metió entera. Yo solté un fuerte grito de dolor que me hizo quedar inmóvil; comencé a respirar fuerte y rápido como para soportar el dolor, parecía que me habían reventado por dentro. Tony entonces intentó salir de mí, pero yo le puse la mano en el culo y le empujé contra mi ano y le dije, “no, no te salgas, quiero que me folles bien el culo, pero hazlo despacio, por favor”, él se untó de vaselina la polla y mi culo, y comenzó a moverse despacito, al rato mi dolor se convirtió en placer y comenzamos a follar los tres de nuevo; a todo esto, mi esposa ya estaba encharcada, mi polla entraba y salía de ella con mucha facilidad y comenzamos a gemir los 3 a la vez. Yo estaba en el paraíso, follando por delante y follado por detrás, por fin cumplía mi sueño de hacer un trío bisexual.

Después de unas horas nos corrimos los tres, bueno mi mujer se corrió 5 o 6 veces seguidas; nosotros sólo una vez, pero fue maravilloso, compartimos todos nuestros flujos, la mayoría del semen de Tony acabó en mi boca…

Después de este primer trío bisexual seguimos durante algunos meses teniendo sesiones imparables de sexo, hasta que Tony se tuvo que ir a su país. Esto nos dejó muy tristes a mi esposa y a mí, pero contentos por haber disfrutado esta experiencia inolvidable. Desde entonces, la relación con mi mujer mejoró mucho y ahora andamos buscando nuevas experiencias.

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Así es la vida, a veces se gana, a veces se pierde y muchas otras solo se ve

Todo es cuestión de encontrar el punto adecuado para mejorar cualquier dolor – decía la Sra. Lola a sus prospectos y clientes tratando de convencerlos de pasar a su sala de masajes terapéuticos que recién había abierto en una colonia de clase media.

La renta era cara y ella esperaba tener la suficiente clientela para afrontar los gastos, sobrevivir y generar algunos ahorros que pudieran garantizarle unos años seguros. Estaba en trámite de divorcio y su esposo no aportaba económicamente al destruido hogar. Nunca se llevaron bien pero supieron sobrellevar su relación. Lola había sido una mujer voluptuosa y preciosa cuando joven, blanca, alta, ojo color miel y muy simpática. Aun conservaba esos atributos físicos aunque era claro que el tiempo comenzaba a labrar huellas de cansancio en su rostro. Tenía facilidad para hacer amistades y a lo largo de sus años de matrimonio difícil había aprendido muchas labores para ganar dinero;  lavaba salas y alfombras, cocinaba, vendía ropa de buen gusto, daba consejos y ahora le había dado por meterse de lleno a la parapsicología, lo esotérico y lo naturista. Había estudiado un libro que compró en una feria y ahora estaba segura que era una experta en masajes. La reflexología era su fuerte. Ella mentía y juraba haber aprendido todas sus artes en sus múltiples viajes a oriente. Presumía que hablaba fluidamente árabe y yidish. Sabía expulsar demonios y sanar con sus manos y su voz. Se hacía llamar doctora. Era una pitonisa.

La música new age armonizaba su salón en penumbras sumergido en penetrantes aromas de sándalo y pachuli que salían de un dorado incenciario ovalado. Baratas alfombras “persas” decoraban las paredes y una espesa cortina “egipcia” daba paso a una pequeña habitación ocupada en su totalidad por una vieja y gastada cama de masajes. Esperaba impaciente en el umbral del edificio, el día era muy caluroso y sentía bochorno y fastidio pues no había trabajo. Las vecinas se pasaban de largo respondiendo apenas a sus calurosos saludos pues de todos era conocida su abundante plática. No era conveniente detenerse a charlar con La Doctora Lola.

¡Estos productos se venden solos! – le había dicho Patty a Pedro Luis cuando lo enganchó en el negocio de cosméticos, suplementos alimenticios y alimentos nutritivos. – Te ganas el 50% de lo que vendes y además obtendrás  un porcentaje de la red que vayas creando hasta la tercera y cuarta generación. Lo importante de este bussines es conseguir más gente que venda aunque eso sí, tú debes seguir comprando y vendiendo y apoyar mucho a tu grupo. Todas las compras te dan puntos. Si eres listo y acumulas 20 mil puntos mensuales por 9 meses te ganaras un viaje internacional por una semana; pero eso no es nada, tu cheque mensual irá creciendo y serás independiente económicamente – ; – además, sobra decirlo,  eres un hombre muy atractivo y veras que muchas señoras te agradecerán que les abras las puertas a este gran negocio – Ayudaras familias. Estaba demostrado que los hombres también podían vender artículos para damas.

Pedro Luis lamentaba haberse dejado convencer. Ya había invertido 10 mil pesos que no le sobraban en mercancía que no conocía, no creía que funcionará y no tenía ni idea de a quien ofrecerla. Sus amistades se reducían a hombres y mujeres adictos al gym.

Hacía más de 4 meses que no tenía un trabajo fijo desde que la empresa de plásticos en que trabajaba había cerrado. Aunque gastos personales no eran muy altos, no podía permitirse el lujo de dejar de entrenar y echar por la borda el trabajo de años. Ahora tenía que ir a un gimnasio público pues ya había vendido todos sus aparatos y pesas para sobrevivir. Hasta las playeras de compresión y sus trofeos y medallas había malbaratado en un tianguis.

Alguna vez había sido un hombre solvente que ganaba grandes sumas en comisiones de ventas pero ahora andaba volando bajo sin un quinto en la bolsa. Se transportaba en camión o a pie cuando las distancias no eran tan largas. Traía consigo un lujoso maletín de piel con muestras que bien hubiese podido atraer a algún asaltante pero él no temía pues su cuerpo de Hércules mantenía lejos a cualquier tipo que quisiera dañarlo. Su ceñida camisa colorida parecía explotar con cada movimiento que hacía, sus músculos relucían bajo la tela y hasta las venas de sus poderosos brazos podían distinguirse. Su mujer e hijas lo habían despojado de todos sus bienes y estoicamente él lo había permitido pues siempre había considerado que casas y autos eran el patrimonio de su familia. No era materialista en absoluto, se consideraba un buen hombre. Algún día recuperaría trabajo, familia y dinero. Estaba seguro.

En la angosta carretera a Zacatecas un destartalado camión rojo estaba parado a la orilla. Con el cofre humeante levantado daba la apariencia de ser un gran dragón herido y en proceso de muerte luego de ser abatido por un caballero medieval. – No puede ser – pensaba con desgano Jesús Antonio – Otra vez este maldito motor. Llevaba por lo menos 6 descomposturas fuertes en los últimos cinco meses. No tenía dinero para cambiarlo por uno menos viejo. Afortunadamente ya había entregado la mercancía e iba de regreso a casa. Era el tercer viaje de la semana y apenas era miércoles, se sentía muy cansado.

– Tomaré dos semanas de vacaciones – decidió e imaginó a su esposa Rossy y sus dos pequeños hijos corriendo en la playa. Rossy no gustaba de usar bikini pues era una mujer muy pudorosa, su estricta educación religiosa la había moldeado como una mujer virtuosa y muy temerosa de Dios. Nunca faltaba un domingo a misa y con frecuencia rezaba el santo rosario. A Jesús Antonio no le importaba que su mejor fuese una “santita” pues él tenía la dicha de verla desnuda cada que hacían el amor, no con la frecuencia que a él le gustaría pero estaba bien. A Rosa no le gustaba follar con las luces encendidas así que Antonio debía recurrir a su imaginación para mirar a su mujer en la penumbra. Rossy podía presumir de tener un cuerpo perfecto, ninguna otra mujer en la colonia tenía unas nalgas tan perfectas y una cintura tan breve como ella. Hubiese sido interesante ver  la envidia que Rossy desencadenaría entre las mujeres en una playa si se decidiera un día a usar una tanga. Sería el blanco de todas las miradas, eso sí – pensaba – El calor se disipó en su mente y una fresca brisa le alboroto el cabello bajo su gorra de base ball.

Tuvo que caminar hasta una cuesta para “agarrar” señal y entonces llamó a su esposa para avisar que no llegaría a comer. Ella comprendería pues era tan tierna y cariñosa. Se sentía un hombre feliz, jamás imaginó tener una esposa tan preciosa, tan linda y además tan buena. Se había sacado la lotería. Si no tardaba mucho el mecánico  su unidad estaría lista por la tarde y podría estar en casa al anochecer. Al siguiente día lo esperaba un largo viaje a Puebla, llevaría un cargamento de láminas de asbesto remanente de una tlapalería de un conocido. ¿No causa cáncer el asbesto? –pensó –

Era un viaje barato pues con los amigos se brindaba.  El dinero de ese flete no lo tocaría, sería el inicio del ahorro para las vacaciones.

Pedro Luis se armó de valor y se acercó a Lola para ofrecerle sus productos. La mujer era imponente, más alta que él y con tanta seguridad que lo hacía sentir un niño. – Hola, buenas tardes- dijo, – ¿No estará interesada en conocer algunos productos naturistas que vengo ofreciendo? Traigo vitaminas, proteínas y cosméticos – dijo nerviosamente

¿Compras o vendes? – Le respondió hoscamente Lola, – pues yo me dedico a lo mismo. Pedro Luis no supo que responder, era su primer intento y fallaba. Lola ojeó un catalogo y decidió que eso no servía, era pura química. – No me interesa- espetó. Él sacó fuerzas de la nada y le ofreció incorporarse a su red. No tenía porque usar los productos, lo que debía hacer era meter la mayor cantidad posible de señoras al negocio. Le platicó de los premios, de los viajes y de los cheques. Le prometió que no tenía que invertir ni un quinto. Lo único que debía hacer era presentarle mujeres interesadas en trabajar. Lola se pensó la cosa dos veces.

El teléfono sonó en casa de Rossy, era su marido que le avisaba que no llegaría a comer. – Que bueno- se dijo Rossy. No tenía ni la mas mínima idea de que hacer de comer. Ese día sus dos hijos irían a casa de unos amiguitos así que no tenía que ir a la escuela por ellos. Le sobraba toda la tarde para hacer lo que quisiera. Tenía muchos pendientes en casa; estaba muy retrasada en el quehacer. No tenían dinero para una sirvienta, así que entre ella y Antonio limpiaba la casa los fines de semana. Eso del hogar no era para ella. A veces se lamentaba no haberse casado con Ricardo, aquél buen amigo de la prepa que tanto la cautivaba; pero no. Era un mujeriego el tipo. Prefería a Antonio, no importa que no estuviese enamorada. Era trabajador, buen hombre y se dejaba manejar. Comería quesadillas, decidió.

Estaba por salir de casa cuando sonó el timbre. Subió al cuarto de arriba y vio que era la Dra. Lola acompañada de un tipo fortachón embutido en una playerita negra. Lola la aburría pero le caía bien. La escuchaba y le daba muchos consejos que nunca escuchaba. -¿No sé porque te casaste con ese hombre? – Le decía la señora, – Tu mereces algo mucho mejor, ve nomás que mujerona eres.

Lola necesitaba dinero, mucho dinero. No importaba como lo consiguiera y ese negocio parecía fácil y limpio. Pensó en Rossy; le hacía falta una distracción, además sería la más convincente prueba viviente de que los productos que venderían funcionaban. Su cuerpo de modelo y su cara de diosa convencerías a mil señoras obesas y viejas buscando su belleza y juventud perdida. El tipo no le era agradable. Apenas hablaba y su cuerpo era ofensivo para alguien como ella, natural al 100%. Seguro que se metía esteroides y estaría enamorado de sí mismo. Escuchó a Rossy bajando las escaleras y le dijo a Pedro Luis, -Aquí viene nuestra primer asociada, ya verás-

Pasen – dijo risueñamente Rossy – ; -tomen asiento  y disculpen lo humilde de mi pobre sala – Sus destellantes muebles Luis VXVI que su esposo le había comprado endeudándose hasta a la coronilla lucían fabulosos. Saludó de beso a la Dra. Lola y cuando quiso hace lo mismo con Luis, él se echó para atrás rudamente. No estaba acostumbrado a esas cosas. Pedro Luis y Lola se sentaron en un love seat y Rossy en un sillón individual frente a ellos. Les invitó un café y escuchó atentamente el plan de negocios. Se imaginó viajando por Europa del brazo de un hombre apuesto que no era su esposo. Se vio a si misma conduciendo una camioneta roja muy grande y lujosa. – Suena bien- dijo, – me interesa –

Lleno unos formatos y sirvió mas café. Ya estaba inscrita y acudiría todos los martes a juntas de capacitación en un Sanborn’s de una glamurosa plaza. El ambiente se relajaba cada vez más. La música de Tiziano Ferro se escuchaba en el fondo. Platicaron sobre sus vidas y las de sus familias y amigos; del clima, de la situación económica del país y el rato pasaba sin que se dieran cuenta. A Pedro Luis se le soltó la lengua y les contó un par de chistes que hizo que las damas se desternillaran de risa. Comenzaron con chistes de gallegos, Lola contó uno subido de tono. Rossy no paraba de reír. Que bella era. Entonces, Lola muy ocurrente dijo que los “ponchados” solían tener el pene chiquito. – Ja ja ja – , no paraba de reír Rossy. Vestía un entallado pantalón formal color beige claro y una blusa azul sin manga. El cabello suelto oliendo a shampoo y el rostro sin maquillar. Aún así se veía preciosa. Sus piernas y su hermoso culo sobresalían bajo su pantalón, incluso si entrecerrabas los ojos y echabas a volar la imaginación pareciera que estaba desnuda. Pedro Luis se sonrojo y sintió como su miembro comenzaba a henchirse bajo su bragueta. Era una broma de mal gusto, pero a él le gustaba.

Lola por su parte se sentía muy a gusto. Estaba pasando un rato muy agradable. – A ver, a ver – dijo Rossy, – que Pedro Luis nos baile -, – Siii, que nos modele su playerita- dijo Lola. Jamás lo había hecho pero Pedro Luis se puso de pie dubitativamente. Lamentaba no ser más alto, pero eso no importaba, su cuerpo era casi perfecto y eso compensaba cualquier defecto. Sus poderosas piernas eran de acero y a través del pantalón se transparentaban unos muslos y unas pantorrillas de jugador de soccer. Sus brazos bronceados daban la impresión de ser recorridos por férreas serpientes que se movían arriba y abajo. Su cuello de toro exponía sus venas y su manzana de Adán. Su pecho parecía irreal. Las balas le rebotarían. Era tan varonil. Lola y Rossy voltearon la mirada casi al mismo tiempo a la entrepierna del hombre. Un monstruo comenzaba a crecer dentro de él. Ellas sintieron como sus vaginas se mojaban automáticamente. Rossy temió haberse orinado. – ja ja ja – dijo Rossy; – Siii, los “ponchados” lo tienen pequeño- Lola se carcajeó ruidosamente, era imposible no hacerlo ante la cara de impavidez del hombre que intentaba bailarles sensualmente. Pedro Luis no sabía qué hacer. Se sentía como un ratón acorralado. Recordaba una burla similar que en su niñez había sufrido por parte de un grupo de chicos mayores, en aquella ocasión no pudo hacer nada y lloró.

Automáticamente se paso visiblemente la mano sobre su miembro acariciándolo como si fuera mayor de su tamaño real. Las chicas emitieron un gritillo que a él le pareció como el de un estadio animoso que lo impulsara a desechar su timidez. Tomó la mano de Lola que era la más cercana y sorprendido por su docilidad la pasó a lo largo de su pierna llegando apenas a tocar su más preciado órgano. A lola le fascinó el gesto de Luis y como cobra se lanzó sobre su presa tomando aquel enorme y duro palo desde su cabeza hasta los testículos. Sus blancas manos adornadas con unos largos dedos rematados en vistosas uñas rojas subían y bajaban por el pene del muchacho. Rossy estaba muda. No sabía que decir pero se le antojaba acompañar a Lola en sus caricias. – Sácatela – dijo Rosa con una voz temblorosa que se convertía en un placentero gemido, – sácatela-  -muéstrala – , – presúmela- ; – por favor-.

Luis se volvía loco, su cabeza daba vueltas y su corazón latía como licuadora intentado remoler hielos para un cocktail. Pudo más el instinto que el pudor y se bajó locamente la cremallera, se podía ver sus bóxers de color azul eléctrico mojados por la rica sacudida que Lola le había dado en unos cuantos segundos. Un negro pene salió a relucir. Rossy notó que Pedro Luis se afeitaba y se maravilló ante semejante miembro, era más grande que el de su marido. Y se veía mucho más firme. Su cabeza era violácea y redonda como una gran cereza. Se le antojó metérsela a la boca aunque ella rara vez aceptaba hacer sexo oral a su marido a menos que estuviese a punto de pedirle un regalo caro. La verga carnosa expuesta mediría unos 18 cm y una gruesa vena parecía sostenerla como si fuera un cable de acero. Era brillante y sin un pelo. La vista de Lola estaba atrapada por el movimiento autónomo del tremendo sable de Pedro Luis; se movía sola, estaba viva. La tomó con las dos manos y le dio unos suaves jalones que parecieron hacer que el volumen se incrementará al doble. En un instante que paso desapercibido para los tres la escena había cambiado y Lola tenía el gran pito de Luis en su boca. Lola babeaba como nunca lo había hecho; ¿Qué motivaba tal salivación? No lo sabía. Ella se consideraba experta mamadora y le complacía hacerlo. Esa cualidad había contribuido en gran manera a prevenir el desmoronamiento de su matrimonio.  Como si fueran piedras preciosas, Lola acurrucaba los testículos de Luis entre sus bellas y cálidas manos masajeándolos con ternura y dando pequeños tironcitos a su escroto. A la vez se metía la verga de Luis poco a poco en su húmeda boca, daba pequeñas chupaditas a la cabeza y de repente se la introducía completamente hasta tocar su profunda garganta uniendo sus labios a los huevos rasurados del chico. Con movimientos circulares llevaba de paseo aquel negro miembro entre sus mejillas y su paladar como si fuera un cepillo de dientes apenas rozándolo con sus perfectos dientes. Hacía girar su lengua enroscándola alrededor de su preciada presa que bramaba de placer. Succionaba con suavidad y luego lamía aquel el sabroso falo de arriba abajo atragantándose con la mezcla de líquidos que se derramaban en su boca amorosa. En el piso se había creado un pequeño charco de saliva y liquido preseminal. Luis estaba en éxtasis. Sus ojos iban y venían dentro de sus cavidades. Rossy seguía atónita y las ganas de orinar aumentaban. Estaba viendo en acción a la más grande maestra de la felación.

-Es tu turno de tocar corneta- le dijo Lola bromeando a Rossy mientras sacaba a relucir su par de enormes y magnificas tetas pálidas. Sus pezones eran grandes y de un color café claro. Comenzó a masturbar a Luis con una Rusa que hizo que el hombre no pudiera evitar emitir un grito de placer. – Shhhhh- dijo Rossy, – ¡hay vecinos! – Pedro se imaginaba penetrando por el culo unas nalgas de quinceañera güerita al ver como su reata desaparecía entre los senos de Lola y volvía a reaparecer una y otra vez. Estaba mojadisimo.

Rossy despertó de su embelesamiento, tomó a Luis de la camisa y le plantó un apasionado beso en la boca metiendo su lengua entre los labios del macho que algún dios les había mandado. No era virgen cuando llegó al matrimonio, pues un aventajado compañero de prepa le había hecho el favor de desvirgarla y solo con él había cogido antes y después de casarse. No se sentía culpable de engañar así a Antonio, de hecho pensaba que se lo merecía por tibio. Había salido con más hombres pero solo aquel amigo de la adolescencia se la había cogido. El beso de Rossy y Luis fue muy largo, Rossy le acariciaba los músculos del pecho y de la espalda con gran admiración. ¡que hombresote! – pensaba- y seguía besando mientras le apretaba con sus manitas el trasero. Le incomodaba un poco el delgado bigotito de Luis pero el placer del momento era mayor. Mientras tanto, Lola seguía mamándole la verga. Luis separo su rostro de Rossy quién quedó atónita ante el rechazo del macho. Él acercó su boca al oído de ella, con sus labios le quitó hábilmente el arete y lo lanzó al piso y con melosa voz le dijo; -¿quieres saber cómo coge un “ponchado” de pene pequeño?-

Rossy y su bravío pirata entraron al reducido baño de la sala mientras Lola se quedaba con las ganas de seguir comiendo hombre. – ¡Por lo menos déjenme ver! – gritó Lola cuando ellos cerraron quedamente la puerta. No se escuchó que le pusieran el seguro. Lola se bajó el pantalón negro hasta las rodillas y su mano diestra comenzó a juguetear con su dilatada raja rosita, acariciando con delicadeza un clítoris más grande de lo normal. Había puesto su bata blanca cubriendo el sillón, no fuera a ser que dejara huella de su pecado. El dedo medio de su mano derecha la penetraba expertamente. Lola se imaginaba estar cogiendo con Pedro Luis. ¡Que rico era ese momento! El mundo podía detenerse allí no importaba que todo lo demás se fuera al demonio.

Luis puso a Rossy de espaldas, recargada sobre el lavabo y de frente al espejo. Era una mujer preciosa. No esa belleza de telenovelas, ¡era una belleza real!, de nuestro pueblo mexicano. Un rostro apacible, altivo, perfecto dentro del concepto de belleza de mujer morena de nuestra raza.  Metió sus manos entre su blusa y sacó un rico par de pequeñas tetas duras. Su brasiere que por cierto le quedaba flojo cedió fácilmente. Masajeaba esas lindas gemas frías a la vez que su boca recorría el largo cuello de Rossy. Su lengua lamía y relamía su piel salada, tal como lo hubiera hecho Lola con su pene hacía un rato. Las manos de Luis bajaron por el abdomen den Rossy como si fueran dos autos deportivos recorriendo una amplia carretera en una pradera recién regada por la lluvia. Rossy ya había desabrochado su ceñido pantalón de mezclilla que cayó al suelo formando una pirámide azul. Un apretado bóxer blanco casi transparente cubría el culo de Rossy que de inmediato quedó al descubierto. Rossy misma se lo había quitado ya que Luis no pudo por su nerviosismo. El culo de Rossy era el mejor que había alguna vez visto Luis, ya fuese en persona, en película o en revista. Era grande, fabuloso y bien formado, ovalado en los costados y en forma de corazón visto desde atrás. Era una mujer caderona aunque contradictoriamente muy delgada. Un olor a coco y canela salía del cuerpo de Rossy. Luis no paró de acariciar, tocar y retocar las nalgas de Rossy. – ¡Mételo, yai!- musitaba Rossy con voz apenas audible: – ¡Cojeme, yaaaa! – Por favooor. Luis le abrió las piernas como hacen los policías a los malandros utilizando sus rodillas para abrir un poco más y acomodó su bultosa verga entre las nalgas de Rossy. Como una reptante oruga le verga encontró su camino hasta la ardiente panocha de la damisela. En ese momento Lola abrió la puerta del baño de par en par y pudo observar el paraíso. Un verdadero macho follando a una mujer casi perfecta en un sitio incorrecto pero en el momento más preciso. Luis comenzó a moverse rítmicamente sacando y metiéndole la verga a Rossy quien fue traicionada por la emoción y comenzó a llorar de placer. “Movía el culo con un swing que derretía el hielo de las cubas” tarareaba Luis con voz entrecortada. Rossy estaba exprimiendo a Luis y de repente se le vino a la mente la imagen de su esposo parado en la carretera tratando de reparar su camión bajo un sol abrasador. Borró su mente y volteó el rostro a la sala. Las lágrimas fluían por sus mejillas nublando su visión.  De reojo Veía a una Lola excitadísima a quien apenas tenía un par de semanas de conocer. Enseñando un pedacito de su lengua entre sus labios rotos, Lola no podía dejar de observar aquella pareja meciéndose rítmica y eternamente dándose una cogida de película. Rossy cayó en éxtasis cuando Luis le metió en el ano un dedo lubricado en su propia saliva; Su boca temblaba de placer y estaba segura que no podría aguantar las ganas de orinar por más tiempo. Luis bufaba mientras entraba y salía del cielo cogiendo febrilmente a Rossy. El tiempo se había esfumado en una espiral de colores, el espacio también. Casi en la cumbre del orgasmo Rossy creyó ver a Antonio mirándola fijamente con tristeza a los ojos reprochándole no ser tan complaciente con él como ahora lo era con Pedro Luis. Cerró los ojos. Los abrió nuevamente y vio a Lola en el lugar de Antonio. Repentinamente sintió como un fluido caliente inundaba su interior; Luis se estaba corriendo sin condón a la vez que emitía graciosas risitas y daba las gracias una y otra vez a Rossy jurándole amor eterno. Rossy no pudo más y dejó que su vejiga se descargara. Oleadas de un orín incoloro y sin olor corrieron entre sus piernas salpicando el pecho y mojando los pies de un Luis desnudo que había volado al espacio. Rossy estaba muy avergonzada pero el triunfo que embargaba su espíritu diluía cualquier sentimiento negativo. Ahora tocaba rogar a Dios que no quedara embarazada. No dijo nada. Lola se acercó como loba a Luis para seguir mamando y bebiendo la leche remanente. Era una depravada, lo reconocía y le encantaba.

Por la noche llegó Antonio a casa, los niños dormían plácidamente y con sigilo abrió la puerta de su habitación. Llevaba un hermoso ramo de flores para su esposa y un caro perfume de regalo para compensar su ausencia. Pensaba sorprenderla con un beso de yerbabuena pero el sorprendido fue él. Su esposa lo esperaba totalmente desnuda salvo una minúscula tanga apenas perceptible. Se le dejó ir a los brazos y lo besó una y otra vez. – Te amo Antonio; te amo- musitaba; – Sin ti la vida no vale la pena-  expresó pícaramente cerrando un ojo, -Y mira que eres malvado y me dejas sola muy a menudo-, -¿Qué tal que viene un lobo y me come?

Yo soy tu lobo – respondió gruñendo Antonio.

Rossy lo tomó de las mejillas, lo beso sonoramente y poco a poco fue quitándole la ropa y

– Esta noche es tu noche cariño –

Si quedaba embarazada iba a ser de Antonio, que él estuviera seguro de eso – pensó – mientras imaginaba como sería su próximo martes por la tarde en compañía de Pedro Luis pero sin la Dra. Lola.

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La verga de mi negrito me hizo swinger

Me encantó verte, gracias por darme el mail y poder seguir en contacto. Me gustó mucho tu novia, muy maja. Sé que cuando dijiste que te contase con pelos y señales todo lo que me ha pasado desde que dejamos de estar juntos, no te referías a cosas banales, sino a sexo, sexo y sexo, en fin, sé lo que tienes en la cabeza constantemente, pues estuve contigo mucho tiempo.
Vamos al grano. Como dirían los antiguos, yo sólo te tuve a ti como hombre hasta que nos separamos. Sólo te probé a ti, como te gustaba decir a ti, sólo probé tu “rabo”. Al que adoraba, por cierto, al principio de mi soledad echaba muchísimo de menos tenerlo dentro de mí, dentro de mi boca, adoraba su olor, su sabor, todo.

Pasado un tiempo de pura agonía de dolor, en un viaje a Madrid por trabajo decidí contratar un scort que me quitase mi necesidad de sexo. Contraté una habitación doble y por internet conseguí el tf de un negrito al que ponían por las nubes sus clientas, le llamé y quedé con él antes de ir al hotel, le contraté la noche entera, un pastón. Apareció muy elegante y subimos a la habitación. Yo me quise dar una ducha y estar limpita, me metí en el baño y al poco rato apareció él sin que yo le dijese nada y se metió conmigo. Me estuvo enjabonando y acariciando, sobre todo las tetas, esas de las que tanto presumías con los amigotes “todo natural”, estuvo dedicado a ellas el mismo tiempo que yo me dediqué a tener en mi mano su creciente sexo, tenía el aparato más grande que había pasado por mis manos. Lo lavé y aquello fue creciendo y creciendo. Me lo metí en la boca allí mismo, una sola vez y casi no pude. Acabamos de ducharnos agarrados. Nos servimos una copa del minibar desnudos y luego pasó lo que tenía que pasar, me devoró el coño (seré un poco grosera, me cuesta poner palabras suaves para describir esto) hasta que me hizo rebotar del colchón como si me estuviese dando un ataque de epilepsia. Me corrí de una forma deliciosa. La primera vez acompañada desde que me dejaste. Por cierto, esa época de soledad me estuve masturbando compulsivamente mientras estaba en casa. A lo mejor dos veces antes de ir a currar y luego otras dos veces cuando volvía a casa. Tengo unos cuantos aparatitos (ahora ya no los uso sola) empecé con un consolador y acabé con unos vibradores extraordinarios. Hubo un sábado que me masturbaría unas diez veces.

Sigamos con mi primer negrito. Después estuvimos un rato abrazados, mientras él me volvía a magrear las tetas. Me comí un rato la verga de mi negrito y me puso a vivir con su martillo pilón, impresionante, se corrió dentro de mí y gocé extraordinariamente.

Descansamos otro rato, medio dormidos, y mi negrito me volvió a martillear con su cosa descomunal. No se corrió y nos dormimos. Al levantarnos le pregunté si en el precio venía un polvo mañanero, me dijo que sí y me puse a comerle la polla, quería que se corriese dentro de mi boca pero me quitó, me puso encima de él y me sugirió que le cabalgase. Me corrí muy pronto porque puso uno de sus dedos en mi clítoris y no pude más. Le sugerí que se corriese con una comida de polla pero me dijo que no, que mejor dentro de mí. Volví a la carga y se corrió. Una delicia. Nos duchamos juntos otra vez y me estuvo magreando las tetas constantemente. Incluso dentro del ascensor, por dentro del sujetador metió sus manos imparables. Fin del primer encuentro.

Tuve encuentros parecidos a éste cada vez que salía por trabajo fuera. Tuve que pasar una semana en Madrid por una convención y contraté cuatro de los cinco días que estuve allí a cuatro chicos, miento, contraté a tres porque repetí domingo y jueves con el mismo, con el negrito de mi primer encuentro. En el encuentro del domingo me propuso ir con él para una fiesta que quería hacer una pareja, le contrataban a él con una pareja, o sea, a mí. Como nos íbamos a ver el jueves le dije que me lo pensaría. Me dijo que debería acostarme con el señor por lo menos, el resto era cosa mía. Me habló fenomenal de la pareja.

El domingo merece una especial mención, cuando le llamé le dije que quería probar el sexo anal, suavecito le dije. Me dijo que perfecto, que a él le encantaba hacerlo. Seguía siendo la polla más grande que me había comido y con la que se había divertido mi vagina, y fue la polla primera que me rompió el culo. Él me llevó fenomenal y cuando estaba supercaliente le dije que si quería dejar de ser suavecito que podría hacerlo como a él le gustase. Y le gustaba rapidito y fuerte. Me corrí como en mi vida bajo su dedo constante en mi clítoris mientras me martilleaba el culo. Mi negrito es un cielo.

Le dije que sí a su proposición de hacer un intercambio de parejas.

Me llamó a la semana siguiente y me dijo que el encuentro con la otra pareja sería en un chalet de la sierra de Madrid, la noche del sábado. Me fue a buscar al AVE y me llevó en su coche hasta el sitio acordado. Yo me imaginaba que abrirían la puerta y estarían medio desnudos y en ropa interior con mucho encaje, pero nada más lejos de la realidad. Estaban los dos en camiseta y vaqueros, muy informales. Nos propusieron picar algo y darnos un baño después. Como estábamos contratados no había más cáscaras. Cenamos y nos fuimos a tomar una copa en la piscina de la casa, donde hacía una temperatura perfecta. Nos desnudamos todos y ya no volvimos a ponernos la ropa hasta que salimos de su casa después de comer el domingo. Eran encantadores. Él era un tanto regordete con una pequeña tripita cervecera y ella era directamente gordita, con unos pechos inmensos. El momento inicial fue dentro de la piscina como cabía esperar. Después de un baño previo, el señor de la casa se acercó por detrás y me cogió las tetas sin decirme ni mu. Se acercó un poco más y pegó toda su entrepierna en mi culo. Mi negrito ya estaba fuera de la piscina, tumbado en la hierba y la señora de la casa estaba haciéndole una mamada. Yo, de la forma más natural del mundo, me di la vuelta y le agarré el sexo a mi pareja, acariciándolo. Nos empezamos a besar. Al rato estábamos fuera viendo cómo le hacía un perrito mi negrito a la señora. Se conocían mucho de otras veces porque él la cogía con dureza del pelo forzándola a mirar hacia arriba y la taladraba sin piedad. Hice lo que me salió de dentro, le cogí el sexo al señor y me le meti en la boca. Estuve mamándole hasta que me quitó y me dio para el pelo a perrito también, parecía que era la norma de la casa. Me encantó la cabalgada del señor. Una verdadera delicia, sabía qué teclas tocar en cada momento. Después de corrernos los cuatro volvimos al salón a tomarnos otra copita y charlar. Mi negrito estuvo todo el rato magreando las tetas de la señora y el señor no paró de hacer lo mismo con las mías entre sorbo y sorbo de alcohol.

Vi que el miembro del señor volvía a despuntar, así que empecé a acariciarlo. Al rato estaba completamente erecto y le hice una mamada que trajo como recompensa semen para mi estómago, no le dejé gotita por limpiar. Los otros dos continuaban follando cuando les volví a mirar. Ella le cabalgaba suavemente hasta que se corrió. Nos dijeron que nos quedáramos a dormir y aceptamos.

Inesperadamente sólo dormimos. No tuvimos sexo durante la noche. Me desperté y bajé a la cocina, la mujer se estaba tomando un café. Como no había más tazas limpias, decidí fregar algunas para poder desayunar. En estas estaba cuando bajó el señor totalmente erecto. Saludó a su esposa: ¡buenos días cariño¡ y se puso detrás de mí, me acarició intentando lubricar mi vagina y me ensartó la polla. Su mujer acertó a decir que era una estampa perfecta y un ¡Me gusta verte disfrutar, cielo¡ Cuando se corrió dentro de mí, yo no me conseguí correr, ella dijo que estaba recaliente y que iba a despertar al negrito. Al poco se la escuchaba gemir (por no decir gritar) como una loca disfrutando de la verga de mi negrito.

Mientras desayunamos el señor y yo, me dijo que ellos solían hacer fiestas con otras parejas, sin pagar, claro, y que si me apetecería ir a alguna de ellas. Así comencé a entrar en el mundo swinger, en el que vivo desde hace unos cuantos años ya. El final de fiesta fue tomando el sol, mi negrito me hizo volar bajo la dictadura de su lengua. Luego el señor me estuvo comiendo el sexo otra vez mientras los otros hacían lo mismo. La señora me comió la boca y ciertamente me gustó. Nos corrimos casi a la vez enganchadas nuestras lenguas. Luego antes de comer me subí a duchar a la habitación, la señora entró también sin avisar y estuvimos disfrutando un buen rato de nuestros sexos mientras ellos hacían la comida. Nos secamos, nos tumbamos en la cama y nos estuvimos comiendo el coño mutuamente hasta que nos corrimos.

Mi negrito me dijo que si volvía de vez en cuando a ir con él a estas sesiones que no me cobraría cada vez que esté con él. De hecho, a la semana siguiente me llamó y vino a verme, fui a buscarle a la estación y lo llevé a mi casa. Le dije que a partir de ahora, sin dinero de por medio, no debía hacerse lo que yo quisiera únicamente. Desde que le dije que me lo hiciese como quisiera (cuando lo del suavecito) mis relaciones con él fueron más placenteras si cabe. Era lo que queríamos hacer los dos, no yo. Empezó a tener fijación con darme por el culo, pero es que a mí ahora me encanta. Dice que eyacular dentro de mi culo es lo más placentero del mundo y eso a mí me encanta porque dedicándose a lo que se dedica es un gran cumplido. Cuando viene por aquí suelen ser dos tipos de días, si viene a principios de semana está conmigo normal, con esa tranca grande y recta que tiene me suele llenar todos mis orificios dejando su semillita en cada uno de ellos (a veces está de lunes a jueves en mi casa) y si es antes del fin de semana suele cuidar mucho su eyaculación, pero con su lengua mitiga realmente mi necesidad de tener su sexo dentro de mí. En estas ocasiones me lame el coño constantemente, sin parar. Algún jueves he contado yo que me he corrido seis veces sobre todo con su lengua.

He ido con él a otros encuentros con parejas de cierto nivel, sólo me ha invitado a cosas que sabe que me gustaría. Gente maja y me avisa de si la señora quiere también guerra. Tiene llave de mi casa y viene cuando quiere. Digamos que con él yo sólo lo hago entre semana y si es fin de semana es que hemos ido a alguna fiesta, aunque pocas veces lo hacemos entre nosotros porque cada uno suele estar con uno de los clientes. Cuando voy a Madrid me suelo reservar con él un lunes para que se pueda ocupar de mí su inmensa, gorda y recta verga. Me muero por la verga de mi negrito, que lo sepas, pero tengo muchas más pululando a mi alrededor.

Exactamente me muero por su verga en mi vagina, para el culo prefiero la de un amigo de mis amigos de Madrid, inglés, negro también, la tiene grande, no como la de mi negrito, pero es inmensamente ancha y adoro como me lo rompe, según le veo en una fiesta me pego a él y no paro hasta que me taladra el ojete. Mi otro negro tiene además una peculiaridad y es que me presiona los botoncitos de mis areolas a la vez mientras me da por el culo subiendo de intensidad según se va poniendo a tono. Eso provoca en mí una intensidad superpotente, pues estoy a la vez repleta de su ancho miembro con un ligero atisbo de dolor que va desapareciendo, mientras en el que me provoca en los pezones va subiendo. Me corro que no veas.

Para hacer lamiditas la de mis negros no suelo abarcarlas y prefiero otras más pequeñas que me las pueda comer enteritas y que se me corran como locos, como la de mi amigo de la sierra. Para comerme a mí, prefiero una chica, mi amiga de la sierra me lo hace fenomenal.

Te contaré uno de mis episodios con esta señora y otra tipa estupenda, levantina ella, con la que nos embarcamos en una aventura un tanto peligrosilla pero que al final no lo fue tanto. Con mis amigos fui a una fiesta en Alicante, a bordo de un yate de unos amigos suyos. Follamos a saco como casi siempre y acabamos comiendo al día siguiente en la casa de esta nueva amiga levantina con su marido, mis amigos, un conocido ruso y yo. El ruso nos habló de que tenía que preparar una reunión con unos exmilitares rusos en una visita que harían a Mallorca. Vendrían chicos, alguno con alguna jovencita rusa, pero sobre todo casados sin esposa, serían unos quince en total y querían chicas que sólo hablaran español, pero que no fuesen putas. Nos invitaba a ser esas chicas. Entre el señor de la sierra y el de la amiga levantina nos animaron, el ruso nos prometió que nos tratarían muy bien. Sería un fin de semana en un yate en el que ellos harían negocio y nos follarían y nosotras tomaríamos el sol y follaríamos. Fuimos al yate, al final fueron dos rubias escuálidas de tetas operadas y nosotras tres, 5 para 15. Sólo podríamos vestirnos si teníamos frío y tendríamos que obedecer cuando quisieran tener sexo. Para ponerte un ejemplo, nos tocó hacer una mamada a tres rusos, los más gordos, mientras ellos veían un partido en la tele con una copa en la mano. Nos follaron a saco, las pobres jovencitas estuvieron recibiendo casi todo el tiempo. A una no la recuerdo sin estar follando. Con alguno de los más jóvenes, totalmente fibrosos y musculosos, fue realmente delicioso, disfruté mucho con aquellos tipos. A mí me eyacularon los 15, mis compañeras de fatigas estuvieron con alguno menos, pero casi todos. Fue como un maratón.

A fuerza de ir entrando en el mundo swinger he ido conociendo a mucha gente, y ahora ya selecciono muchísimo con quién voy. Normalmente tengo la agenda ocupada de reuniones de este tipo, casi todos los fines de semana me apunto a un festival y si no lo tengo me voy con las amigas que andan un tanto mosqueadas. A veces se creen que tengo novio y otras que no me como una rosca, yo sólo les digo que he quedado con unos amigos. No digo ni mú.

Soy bastante requerida, porque saben que suelo ir sola a las reuniones, que doy buen aspecto, que mis enormes tetas enamoran a los chicos, que no tengo prejuicios a hacérmelo con quien sea y que me lo paso bomba con el sexo anal.

Bueno, esto es todo, seguro que te has relamido leyendo cómo la verga de mi negrito me hizo swinger.

Un beso

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