Aventuras sexuales de un ingeniero: sexo en el carro

Queridos Cofrades: Me animé a escribir este relato erótico de mis aventuras sexuales después de varios años, después de leer varios temas y experiencias de aventuras sexuales en esta página de relatos XXX, este relato porno es 100% verdadero, además de declararme como un gran fanático de Golosisima, nuestra gran forista, decidí escribirle a la cofradía mis aventuras. Espero irContinuar leyendo »

La entrada Aventuras sexuales de un ingeniero: sexo en el carro aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Calientes en el Autobus

Microrelato

Era un día de verano y mi esposa y yo nos fuimos con un grupo de excursión. Sin ninguna intención decidimos sentarnos en los últimos asientos del autobús.

Ya después de un día de playa, a la vuelta empezamos hablar de nuestras experiencias sexuales tras lo cual y casi sin darnos cuenta empezamos a tocarnos. Yo le metí la mano entre sus piernas y empecé a masturbarla metiéndole dos dedos en su raja. Pude notar que estaba bien mojada por lo que me entraron muchas ganas de chuparle todo su coño . Disimulando, todo lo que podíamos, me agaché entre sus piernas y empecé a chupárselo, mordiendo con mis labios su clítoris y metiéndole la lengua. Saboreando sus jugos hasta que logré llegar al orgasmo.

Fue una experiencia muy excitante, no sabemos si alguien se dio cuenta pero nosotros lo pasamos bien sabroso

La entrada Calientes en el Autobus aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Compartida en una fiesta

  Hola a todos/as.

Soy una mujer de 39 años en la actualidad, felizmente casada desde hace 14  y con dos hijos preciosos. Podéis llamarme Gloria, aunque evidentemente ese no es mi nombre verdadero.

Lo que voy a contar es la historia de la experiencia más salvaje y más brutal que me haya sucedido nunca. Todo es absolutamente verídico aunque supongo que algunos/as no me creeréis. Me da igual, porque yo sé que todo es cierto y que, lamentablemente, hay bastantes personas que lo conocen.

Todo sucedió cuando tenía 21 años y estudiaba en la Universidad de mi localidad, una bonita pero no muy grande ciudad.  Por aquel entonces yo ya me había acostado con varios chicos desde que a los 17 años perdiera la virginidad con mi primer novio, un chico del instituto. Debo dejar claro que yo no era ninguna ninfómana pero sí una chica muy liberada,  liberal y feminista;  una chica a la que le gustaba sentirse dueña de su cuerpo y que se rebelaba contra el hecho comúnmente aceptado -y  que por desgracia sigue siendo así para mucha gente-  de que la mujer que dispone libremente de su sexualidad es una “zorra” mientras que el hombre que hace lo propio con la suya es un “machote”.

Aquel curso, unos compañeros de Facultad  -Juan, Luis y Ramiro-  decidieron hacer una fiesta en el piso que compartían  para celebrar la llegada de las vacaciones de Navidad.  Yo ya había estado allí, ciertamente, pues Ramiro era un chico con el que ya me había acostado un par de veces después de alguna de esas locas noches de juega propias de la juventud. Era un chico razonablemente guapo, agradable, aunque un poco pijo y engreído.   Pero no estaba nada mal como compañero ocasional de cama.

El caso es que decidí presentarme en su fiesta con mis amigas Elvira y Ana. Cuando llegamos yo ya iba bastante “puesta” de alcohol luego de haber estado  tomando con ellas varias mistelas.. Estábamos de celebración e íbamos bastante desatadas, al menos yo.

Cuando llegamos al piso habría allí alrededor de 20 personas, más o menos mitad y mitad  de chicos y chicas aunque no recuerdo haberlos contado. El ambiente ya se notaba bastante caldeado, la gente bailaba, fumaba cigarrillos -algunos algo más “fuerte”-  y en la mesa del salón había una enorme ponchera con algún tipo de cóctel de color rojizo y bastante espeso.  Ramiro comenzó a centrar su atención casi exclusivamente en mí y empezó a llenar mi copa cada poco con aquel brebaje dulzón y sumamente fuerte. Yo no era tonta, sabía de sobra lo que pretendía, pero no me importaba en absoluto.  Yo también estaba lanzada e iba dispuesta a tener un nuevo revolcón con él.

Entre cóctel y cóctel Ramiro me pasaba alguno de los porros que corrían de mano en mano hasta que llegó el momento que yo sabía que tenía que llegar: empezó a manosearme y a besarme, primero con una cierta delicadeza, hasta que vio que yo no sólo no oponía resistencia sino que me entregaba a él y participaba activamente mientras me dejaba hacer. En un momento dado, como quien no quiere la cosa, me fue empujando hacia su habitación, la misma que yo conocía bien de mis “visitas” anteriores. Entonces, ya sin asomo de delicadeza, empezó a quitarme toda la ropa hasta dejarme completamente desnuda. Así estaba yo,  tumbada en la cama preparada y dispuesta para recibirlo, cuando me percato de que Juan y Luis…también estaban allí. Mirando con una expresión de lujuria imposible de disimular

En un primer momento no me lo podía creer, y traté de taparme como pude con las manos mientras me incorporaba y exclamaba algo así como “pero…¡qué coño!…”

Entoces Ramiro se sentó junto a mí y mientras me sujetaba por lo hombros me dijo:

-Mira, Gloria, déjame que te lo explique…Sé que eres una chica abierta y sin complejos, a la que le gusta follar, no me digas que no porque nos conocemos. Y eso está bien, que todos disfrutemos de nuestros cuerpos con libertad.; para eso somos jóvenes y debemos aprovechar mientras podamos hacerlo.  El caso es que Juan y Luis siempre te han deseado y se me ocurrió que tal vez no te importaría darles una oportunidad. La verdad es que a los tres nos pone mucho la idea de compartir una chica, lo hemos hablado varias veces, y es algo que no hicimos nunca. Y seguro que tú tampoco has estado nunca con más de uno.  Seguro que te apetece probar por una vez…. no me digas que no ahora.

  Yo estaba atónita. Lo que estaba escuchando, lo que me decía Ramiro ante la mirada ávida de los otros dos era algo que nunca podía haber esperado que sucediera en realidad. Y entonces, sin saber cómo, empecé a humedecerme y a sentirme excitada como jamás lo había estado. Llevada por esa increíble excitación que sentía, además de por el alcohol que había ingerido en cantidad y los porros que había fumado, me escuché decir:

– ¡Sí, sí, qué diablos! ¿Por qué no? ¡Folladme los tres, cabrones! ¡Uno detrás de otro!

Se lanzaron sobre mí como lobos hambrientos, se desnudaban sobre la marcha mientras no dejaban de manosearme las tetas y competían entre sí por masajearme el sexo ya húmedo e introducir sus dedos frenéticos en él. Después todo se iría haciendo confuso,  no podría recordar quién ni en qué orden, ni cuantas veces me hizo esto o lo otro, pero recuerdo perfectamente que el primero que estuvo listo fue Luis quien, adelantándose a los otros, se me tiró encima y me penetró sin preámbulos. Empezó a sacudirme con fuerza, sin la menor delicadeza, mientras murmuraba entre jadeos:

– Una diosa, eso es lo que eres, una diosa del sexo…¡Oh, dios!

Eso me excitó aún más si cabe y me dio por pensar que, en efecto, eso era yo ahora: una diosa del sexo que oficiaba en el altar de la Lujuria ante sus devotos. Yo los tenía a los tres en mi poder, a mi disposición, sometidos a mi voluntad.  Aquellos falos erectos, el que me penetraba y los que disputaban por captar mi atención para que me los metiera en la boca, estaban así por mí, porque era yo la que despertaba en ellos aquel descomunal deseo. ¡Cómo me sentí de poderosa  en aquellos momentos!

De pronto Luis, sin parar de follarme, dijo:

-Hostia, no me he puesto condón con las prisas

-No importa -dijo Ramiro-  Gloria está acostumbrada a follar y toma la píldora. Es una chica prevenida, limpia y sana. Podemos corrernos en ella con toda confianza.

-¿De verdad que no te importa, Gloria? -dijo Luis entre jadeos- ¿Puedo correrme dentro?

– ¡Sí, Sí, Sí, correros todos dentro de mí! -dije yo sin reconocerme a mí misma y mientras me sacaba de la boca la polla de uno de los otros-  ¡Llenadme bien!

– Joder, no me lo puedo creer -dijo Juan mientras volvía a llenarme la boca- ¿Y en tu boca…también podemos? ¿También tragas?

– ¡Sí, Sí! -seguía diciendo yo completamente enloquecida-  Haced conmigo lo que os plazca salvo por el culo, que es algo que no soporto, me duele…

– Se me había olvidado deciros eso -dijo Ramiro sonriendo- pero tampoco es una contrariedad teniendo a nuestra disposición los otros dos agujeros, ¿verdad chicos?

Y debo decir que en eso se comportaron y respetaron mi virginidad trasera.

Después de que  Luis se hubo corrido con un rugido  en mi interior, me pusieron a cuatro patas en la cama. Juan fue el siguiente en entrar como una fiera  en mi sexo por detrás mientras Luis me ofrecía su polla pringosa para que yo se la chupara y la limpiara de sus jugos y los míos.  Y así, cuando estaba en esa posición “atendiendo” a Juan y a Luis, miré hacia la puerta y por un momento me volví a quedar helada:

La puerta estaba abierta de par en par y allí, mudos de asombro, se agolpaban varios de los demás asistentes a la fiesta dándose codazos unos a otros, empujándose para hacerse sitio,  elevando sus cabezas por encima de los demás para ver mejor.  Vi a Ana y a Elvira con los ojos completamente abiertos de incredulidad y ¿espanto? mientras al menos una de ellas se tapaba la boca con la mano.
– ¡No puede ser!  ¿Pero qué es esto?
– Por dios, ¡Se la están follando entre todos!
– Gloria, ¿qué haces?, ¡Qué vergüenza!, ¿Te has vuelto loca?
Y los tíos se reían y miraban alucinados mientras se decían entre sí:

– ¡Qué pasada, tío! ¡Le están dando por detrás mientras se la chupa a otro, joder!
– Menuda guarra la tía, si no lo veo no lo creo, jo, jo jo…¡es como una peli porno pero en vivo!

Al verlos allí, turnándose para ver mejor, escuchándolos decir esas cosas, sentí que  me invadía una sensación de profunda vergüenza. Pero instantáneamente me di cuenta de que hiciera lo que hiciera el mal ya estaba hecho, el espectáculo ya había sido visto. ¡Y yo me lo estaba pasando tan bien! ¡Me sentía tan excitada y “perversa” allí expuesta, completamente desnuda, siendo follada por un tío a la vista de todos mientras le chupaba el miembro a otro! Era la sensación más increíblemente  morbosa que había experimentado jamás y no quería parar. No podía parar. Todo me daba igual en ese momento.

 Fue entonces cuando Ramiro dijo que si había algún voluntario más que quisiera unirse a la “fiesta” era libre de hacerlo, que no se cortara.  En cuanto lo dijo vi que algunos chicos que yo no conocía se apresuraron a entrar en la habitación, aunque no supe el número exacto hasta después. Supongo que si no entraron más fue porque estaban con sus novias, o temían que estas  se enterasen o simplemente les daba vergüenza “faenar” delante de los demás. O porque no estaban lo suficientemente borrachos. Al día siguiente daría gracias de que hubiera sido así y no hubiera habido más “voluntarios”.

De los tres últimos que entraron sólo recuerdo con claridad a uno tremendamente grande, gordo y seboso, con unas greñas sudadas y  barba de tres días, un tipo al que en condiciones normales nunca hubiera dejado que me pusiera la mano encima.  No puedo olvidar cómo cuando me obligaba a mamársela sujetando mi cabeza contra su polla, entre que trataba de metérmela lo más adentro posible de la boca y que mi nariz se hundía en su flácido y abultado vientre, yo casi me ahogaba y tenía que hacer esfuerzos para respirar. En realidad aquel bruto me follaba la cara más que chuparle la polla yo a él.  Y así fue como me abandoné definitivamente a la lujuria desatada que me poseía y durante no sé cuánto tiempo dejé que los seis se turnaran en mí a su antojo, me tomaran como quisieran, me poseyeran de todas las formas que se les ocurrió y se corrieran en mi boca y mi sexo todas las veces que pudieron.  Ahora a puerta cerrada, gracias a Dios.

Cerca de las ocho de la mañana sentí que alguien me despertaba. Delante de mí estaba Ramiro en calzoncillos, ofreciéndome una toalla.  Me dijo que no quería despertarme y que no le importaba si quería quedarme más tiempo, pero que tal vez debería llamar a casa para que no se preocuparan.  En medio de la resaca y el malestar que tenía recordé con alarma de que efectivamente no había avisado a mis padres de que iba a tardar tanto, así que  sin coger siquiera  la toalla que me ofrecía, completamente desnuda como estaba, corrí al teléfono y le dije a mi preocupada madre que la fiesta se había alargado y me había quedado a dormir en casa de una mis amigas, que pronto regresaría.

Me di cuenta  de que me costaba hablar,  de que tenía la voz pastosa  y  un mal sabor de boca imposible de describir. Aún así lo primero que le pregunté a Ramiro  en cuanto colgué el teléfono fue.  “¿Cuántos?“.

– ¿No te acuerdas? -dijo como avergonzado-  verás, fuimos seis en total. Pero todos con tu pleno consentimiento, ¿eh?, nadie participó ni hizo nada que tú no quisieras hacer…hay…hay testigos. Y tú sabes que lo disfrutaste tanto como nosotros.

El cabrón se estaba curando en salud  por si a mí se me ocurría alegar que me forzaron o algo así. Pero yo sabía de sobra que él decía la verdad. Nadie me había obligado a comportarme como lo había hecho. Si me comporté como una auténtica zorra,  pues así me sentía, fue porque quise hacerlo. Para mi vergüenza.

No me hacía falta ver el estado en el que había quedado la cama, toda revuelta y llena de manchas secas perfectamente reconocibles, para tomar conciencia de lo que había sucedido. Me bastaba con ver el estado en que me hallaba yo misma:  Ahora me daba cuenta de que notaba mi sexo tremendamente irritado, pringoso y pegajoso; que tenía las ingles doloridas y que me costaba andar si no llevaba las piernas un poco separadas. También notaba la mandíbula entumecida de haber tenido la boca abierta y ocupada tanto tiempo.
Cuando me miré al espejo en el baño vi mis muslos, mi vientre, mi vello púbico, mi pecho, mi cuello y mi cara llenos de restos secos de semen.  Incluso en mi cabello había cuajarones apelmazados de la leche de aquellos seis que me habían poseído.  Me duché, restregándome todo lo que pude, y regresé a la habitación para vestirme y marcharme de allí lo antes posible. No encontré mis bragas por ningún sitio pero no me molesté en preguntarle por ellas a Ramiro:  supe de inmediato que alguno de ellos se las había quedado de recuerdo, como un trofeo. Y me sentí todavía peor. Así que me vestí sin ellas y,  sin despedirme de Ramiro ni de los otros dos que dormían exhaustos, me marché a toda prisa.

  Cuando llegué a casa, tras explicar otra vez a mis padres el retraso como pude, me encerré de nuevo en el baño y me sumergí en la bañera durante mucho tiempo. Allí a solas, por fin, pude pensar en lo que había hecho en un momento de locura, excitación, alcohol y porros.  Entonces lloré sintiéndome infinitamente avergonzada, humillada, mancillada, emputecida. Me sentía absolutamente usada y sucia por más que me enjabonara una y otra vez, por más que pasara la esponja por mi cuerpo dolorido y utilizado.  Me había comportado como la más desatada de las putas y como tal había sido tratada.

  Pero probablemente lo que me hacía sentir peor era tener que admitir que yo había disfrutado como una loca con aquello, que había gozado como nunca antes lo había hecho. No podía engañarme a mí misma. Yo pude pararlo y sin embargo les di carta blanca. Incluso los alenté a hacerme todo aquello.

  Me acordé entonces de mis amigas, de mis compañeros, del resto de los que habían mirado desde la puerta…y a la  tremenda vergüenza se añadió ahora la certidumbre de lo que estaba por venir. Y lloré más, con amargura.

  Porque lógicamente, después de las vacaciones navideñas, la noticia corrió como la pólvora por toda la Facultad.  Yo era consciente de  que la gente cuchicheaba a mis espaldas y que sonreían maliciosamente cuando creían que yo no los veía. Y como suele pasar en estos casos lo que era un hecho cierto se fue convirtiendo en un bulo que iba creciendo de tamaño: lo que había sido una sola vez con seis chicos se transformó en que yo era una ninfómana adicta a las orgías y que me había acostado en varias ocasiones  con diez, veinte o un equipo de fútbol al completo. Incluso supe que algunos me habían puesto un mote: “La viciosilla“. Debo reconocer que puestos a ponerme uno, aunque me humillara, no me pusieron el peor que podían haber elegido.  Pero de todas formas yo sentía que me había convertido en algo sí como la “puta oficial” de la Facultad, la “chica fácil” a la que todos se creían con licencia para intentar follársela. Se me empezaron a acercar más chicos de lo acostumbrado, pero yo sabía que lo que  pretendían era acostarse conmigo lo más rápidamente posible. Una vez un miserable al que contesté de mala manera ante sus insinuaciones me soltó que quién me creía yo para hacerme la estrecha cuando todos sabían que me acostaba con tíos de diez en diez. Incluso mis amigas comenzaron a distanciarse poco a poco de mí, como quien no quiere la cosa, tal vez pensando que si andaban con una “zorra” alguien podría pensar que algo compartirían con ella.

En esa situación me encontraba cuando un día se me acercó en la cafetería un chico del último curso al que no conocía y me dijo: “¿Eres Gloria, verdad? ¿Me permites que te pague el café?”  Yo me puse en guardia pensando que sería otro cabrón que venía buscando lo mismo que todos,  pero él me tranquilizó enseguida. Me dijo que había escuchado los rumores que algunos difundían sobre mí, que no le importaba si era cierto o no pero que le parecía muy mal lo que me estaban haciendo, que entendía que debía estar pasando por un mal rato, que si quería un amigo con el que desahogarme podía contar con él,  que hacía tiempo que se había fijado en mí, que le diera una oportunidad para conocerme y demostrarme que él no era como los demás y que no buscaba  de mí lo mismo que los otros.  Creo que fue allí mismo cuando comencé a enamorarme del que luego se convertiría en mi marido.

El caso es que a su lado, con su amor y comprensión, pude rehacerme poco a poco de la humillación que sentía. Nos casamos unos años después y las circunstancias laborales nos llevaron a otra ciudad distinta de la nuestra.  Eso fue un alivio para mí porque todavía es el día de hoy que no me siento a gusto paseando por aquella pequeña ciudad nuestra. Siempre tengo la incómoda sensación de que alguien me puede reconocer, de que puedo encontrame en cualquier sitio con alguno de los que me vieron desde la puerta en aquella situación y no digamos ya con alguno de los que me poseyeron de aquella manera. De hecho, hará un par de años, durante un viaje que hicimos para visitar a la familia, nos encontramos en un bar con mi antigua amiga Ana. Ella estaba en una mesa con otras cinco o seis personas y me saludó al reconocerme con una sonrisa y una leve inclinación de cabeza. Yo hice lo mismo y eso era más de lo que se merecía. Después no pude evitar mirar hacia su mesa con disimulo para ver que ella estaba hablando animadamente con los otros, señalándome, mientras todos me observaban fijamente. Pude ver en sus miradas, en sus sonrisillas, que les estaba contando la historia de “la viciosilla“. Aparté la vista y no le dije nada a mi marido, para que no se sintiera tan mal como me sentía yo.

Algunos se preguntarán por qué ahora rememoro por escrito y de forma pública, si bien desde el anonimato, esta historia que tanto daño me hizo. Con el riesgo añadido de que lo puedan leer algunos de los que tomaron parte directa o indirectamente en ella y me puedan reconocer bajo el seudónimo.  La respuesta es que ni yo misma lo sé muy bien. Tal vez lo hago como un intento de conjurar definitivamente un mal recuerdo, una mala experiencia que me marcó profundamente. O como una manera de alertar a otras mujeres, a otras chicas, de las consecuencias indeseadas que todavía hoy nos acarrea a nosotras el sucumbir a un momento de desenfreno y desinhibición sin control en comparación con lo que le sucede a los hombres.  Y también puede ser que, después de todo, sí que me gustaría que leyera esta confesión alguna de aquellas “amigas”, alguno de aquellos “compañeros”. Que supieran así el  daño que me hicieron. Y no me refiero exactamente a los seis que disfrutaron en grupo de mi cuerpo, pues a esos es a los que menos tengo que reprocharles a pesar de que se hubieran aprovechado de mi estado de embriaguez. Yo sé que lo que hicieron fue con mi pleno consentimiento.

La entrada Compartida en una fiesta aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Un día cualquiera en la playa…

Ese día nos encontrábamos en La Barra, una formación rocosa de la playa que se adentraba en el mar, en una de esas “piscinas naturales”, y por suerte, no había nadie alrededor de nosotros. Ese día, aunque caluroso, estaba nublado en la ciudad, así que en la misma playa no había demasiadas personas, prácticamente los que vivían alrededor y que solían pasar las tardes en la playa leyendo o jugando a las palas. Y nosotros…bueno, preferimos descansar apoyados contra la pared rocosa cansados de nadar para llegar allí y hablar durante un rato antes de volver, con el agua cubriéndonos hasta el pecho.

Ella llevaba ese bikini negro que tanto me encantaba, era simple, sin adornos, pero le hacían resaltar sus generosos pechos, y eran prácticamente del mismo color que su pelo. Recostada a mi lado, tenía unas buenas vistas de ellos, y no dejaba de mirarlos, y sabía que ella se daba cuenta. No me importaba, ya ella tenían bien claro que me encantaban y lo que me gustaba hacer con ellos.

Al rato, ella se quitó de su lugar, y se puso delante de mí dándome la espalda y apoyando su cuerpo contra el mío. Así que, como es obvio, la rodeé con mis brazos por su cintura y le di un par de besos en el cuello, con un mordisco al final, de juego, con el fin de molestarla un poco, y ella me devolvió la jugarreta con un codazo en el costado, cómo no…Eso me pasaba por “chincharla”. Estuvimos un tiempo así, hablando y de juegos, mientras yo jugaba con mis manos en sus caderas, en su tripita, y sobre todo,en su culo. No era una mujer con un cuerpo atlético, tenía solo un ligero sobrepeso, pero sus curvas bien marcadas, y no dejaba de ser una preciosidad aunque a veces tuviera algo de complejo.

Entre juegos…movimientos “inocentes” y algunos comentarios… llegué al punto de que ya no podía ocultar mi excitación, y ésta ya abultaba a través del bañador.. Ella me miró por encima del hombro, con esa sonrisa picara…y diciéndome :”alguien está contento hoy…y con ganas de jugar…”. En ese momento, puse mi mano en su pubis, encima de su bikini, y la apreté a mí, y le afirme al oído lo que había dicho. Ella agarró mi bañador con su mano izquierda, y empezó a mover su culo, rozándolo contra mi polla. Volvió a mirar atrás, para decir que no sabía cuánto le encantaba sentirla contra su culo, y notar lo dura que estaba.

Sexo en la playa de forma improvisada

Intentó bajarme el pantalón con el fin de sacármela. Al ver que le costaba, me los bajé yo mismo, y de repente, noté otra vez su culo contra mi polipero sin nada. Ella ya se había encargado de bajarse el bikini, y empezó a moverlo de arriba…muy pegada…agarrándose de mis muñecas, las cuales a su vez, agarraban con fuerza sus caderas:

– Así está mucho mejor…más divertido… -decía entre pequeños gemidos…
– Bueno, hay una forma de hacerlo más…”divertido” -Le respondí. Y dirigí mi mano hacía su entrepierna…y empecé a jugar con mis dedos…

Ella se agarró un pecho, era un gesto involuntario que hacía cuando algo la excitaba de verdad, dejando escapar un “dios…” en apenas un suspiro… Mis dedos empezaron a jugar con su clítoris, moviéndolo en círculos, muy despacio y suave…y aun con el agua, notaba el calor que empezaba a desprender. Recorrí con mi mano su coño, como si lo agarrará, y volví al clítoris. Entonces, en un arranque, agarró mi mano, y me suplicó que se los metiera, y se dio la vuelta, mirándome con esos ojos de deseo…de lujuria, de querer sentirme…me encantaba esa mirada. Y ahí, de pie, pasó sus brazos detrás de mi cabeza y se abrió de piernas, permitiendo meter mis dedos. Cuando sintió mis dedos dentro de ella, dejó escapar un fuerte gemido, que me puso muy cachondo, la miré a los ojos, y le dije “¿de verdad es esto lo que quieres? creo que no”. Así que no cumplí su deseo, saqué mis dedos y sin darle tiempo a responder ni pensar la agarré por su culo y la levanté; agarré mi polla y la puse en la entrada de su coñito, e intenté penetrarla. Ella hizo fuerza, resistiéndose, pero sabía que no era porque no quería, todo lo contrario, así que cogiéndola por la corola apreté fuerte contra mí, y se la metí de golpe, con mucha fuerza. Cuando sintió eso, dejó escapar casi un grito de placer, mirando al cielo, y viendo su cuello desnudo, pasé mi lengua hasta su barbilla…y cuando bajo la cabeza, empezó a besarme con pasión, como si le fuera la vida en ello, y a moverse con rapidez.

Con una mano en su culo, y el otro brazo rodeando su cintura, la ayudaba con el movimiento. El agua se agitaba revuelta a nuestro alrededor, y la temperatura no hacía más que subir en cada embestida, acompañada de besos, mordiscos… me encantaba agarrarle del pelo y tirar y morderle el cuello, y eso a ella la ponía mucho más, la ponía perra como ella solía decir. Seguimos así un buen rato, hasta que le dije que tenía una idea, y que se pusiera la parte de abajo del bikini (que tenia atada a una muñeca). Salimos de la piscina, y le señale una parte de la barra donde había una de esas zonas verdes que resbalaban y eran lisas, y le dije que se acostase. Sin pensarlo me obedeció, me metí entre sus piernas, y se las separé, y metí mi cabeza entre ellas, hice el bikini a un lado, y empecé a comérselo…a saborear su coño. Estaba que ardía, y tenía un fuerte sabor salado debido al mar, pero no me importaba, me ponía cachondo comérselo, era una chica sensible y me volvía loco hacerla disfrutar de esa manera. Me agarró de la cabeza y empezó a retorcerse, tirándome de los pelos, y a gemir cada vez más, hasta que sus piernas empezaron a temblar y estirarse… y así llegó a su primer orgasmo, en mi boca

Le di tiempo a coger aire, y le dije que se diera la vuelta. Ella se intento negar, que le daba vergüenza, pero se lo dejé claro, a esas alturas y con lo que habíamos hecho, no había vergüenza que valiera, así que le di la vuelta yo mismo. Tenía que hacerlo, ella misma se había declarado mi sumisa, aunque después estas órdenes me costaran más de una cerveza…La cogí por sus caderas, y la penetré sin pensármelo, y empecé a moverme cada vez más rápido, hasta acabar embistiéndola bien fuerte y rápido. A veces, bajaba el ritmo, y la embestía muy profundo, y apretaba, como si quisiera atravesarla el convoy la dejaba así unos segundos. Seguí así mas tiempos, no sé sí fueron segundos, o minutos. Hasta que noté que iba a volver a correrse muy fuerte esta vez, pero intentaba controlarse… no la dejé, cuando ya noté que se iba a correr, le tiré del pelo, y le hice levantar la cabeza. Dejó escapar ese orgasmo en mitad de un grito de placer, seguido por unos gemidos bastantes altos. Se quitó, y se quedó acostada de lado, cogiendo aliento… me acerqué y le puse la mano en su cara, le pregunté si podía seguir (sabía que a veces, cuando llegaba a un orgasmo, sobre todo si era muy fuerte, se ponía muy sensible y le hacía daño, y no quería eso). Me miró, y asintió con la cabeza, para después ponerse boca arriba, abrirse de piernas, y poner sus manos detrás de mi cabeza, y decirme: “sigue, fóllame hasta que te corras, y quiero que lo hagas en mi boca, soy tu putita y quiero que me trates así ahora”. Sonreí, y me puse encima de ella, y empecé a follármela, esta vez, despacio, muy pegada a ella, dejándola dentro y moviendo mis caderas para que estas rozaran con su clítoris, y cada vez más iba subiendo el ritmo… más rápido… y más fuerte… hasta un punto que la cogí del cuello, y ella agarró con sus manos mis brazos, le gustaba mucho que lo hiciera. Y empecé a follármela muy fuerte, rápido… hasta que estuve a punto de correrme, la saque, y la fui a llevar a su boca, pero por el camino no pude aguantarlo, así que antes de llegar a su destino, empecé a correrme, y el primer tiro cayó en su mejilla, y un poco más por su barbilla, aún así se la metió en la boca, y el resto fue a parar dentro de ella. Me la agarraba con fuerza mientras me la chupaba y tragaba mi leche, hasta que termine de correrme. Caí sentado, exhausto por todo…nos miramos y sonreíamos. Ella se limpió con la mano mis restos y después se sentó a mi lado. Y entonces… nos dimos cuenta…

Sexo en la playa con espectadores de lujo

No fuimos conscientes durante el sexo, nos olvidamos de nuestro alrededor mientras estábamos en la playa, y cuando nos subimos a La Barra, ni intentamos ocultarnos ni pensamos en ello. Y al acabar, y mirar en derredor, los vimos, no muy lejos, una pareja nos había visto, y nosotros ahora…a ellos. Él estaba sentado apoyado contra una roca, y las piernas estiradas, y ella, de lado, entre sus piernas, con su polla en la boca. Parecían mayores que nosotros,30 y algo años, y se notaba que eran deportistas. Me quedé sin palabras, y en parte, halagado por el hecho de haber excitado a otras personas, sin embargo ella…estaba roja de la vergüenza, pero no dejaba de mirar cómo la otra chica se metía la polla de su chico en la boca y se la tragaba entera, mirándonos de reojo. El chico, a los lejos, levantó un pulgar en señal de aprobación, y que no pasaba nada. Así que mi chica y yo, nos echamos a reír, y volvimos a nuestra piscina a descansar…

Pero a los minutos, fuimos nosotros esta vez quienes escuchábamos los gemidos a nuestras espaldas, de los otros que estaban ya follando, no hacía falta ni mirar. Y de repente, noté la mano de ella entre mis piernas, agarrándome la polla por encima del bañador, me miró y me dijo “y si…repetimos hay detrás otra vez…mientras ellos nos pueden ver y nosotros a ellos…escucharles me está poniendo muy cachonda”. No hizo falta decir más.

 

La entrada Un día cualquiera en la playa… aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Un día cualquiera en la playa…

Ese día nos encontrábamos en La Barra, una formación rocosa de la playa que se adentraba en el mar, en una de esas “piscinas naturales”, y por suerte, no había nadie alrededor de nosotros. Ese día, aunque caluroso, estaba nublado en la ciudad, así que en la misma playa no había demasiadas personas, prácticamente los que vivían alrededor y que solían pasar las tardes en la playa leyendo o jugando a las palas. Y nosotros…bueno, preferimos descansar apoyados contra la pared rocosa cansados de nadar para llegar allí y hablar durante un rato antes de volver, con el agua cubriéndonos hasta el pecho.

Ella llevaba ese bikini negro que tanto me encantaba, era simple, sin adornos, pero le hacían resaltar sus generosos pechos, y eran prácticamente del mismo color que su pelo. Recostada a mi lado, tenía unas buenas vistas de ellos, y no dejaba de mirarlos, y sabía que ella se daba cuenta. No me importaba, ya ella tenían bien claro que me encantaban y lo que me gustaba hacer con ellos.

Al rato, ella se quitó de su lugar, y se puso delante de mí dándome la espalda y apoyando su cuerpo contra el mío. Así que, como es obvio, la rodeé con mis brazos por su cintura y le di un par de besos en el cuello, con un mordisco al final, de juego, con el fin de molestarla un poco, y ella me devolvió la jugarreta con un codazo en el costado, cómo no…Eso me pasaba por “chincharla”. Estuvimos un tiempo así, hablando y de juegos, mientras yo jugaba con mis manos en sus caderas, en su tripita, y sobre todo,en su culo. No era una mujer con un cuerpo atlético, tenía solo un ligero sobrepeso, pero sus curvas bien marcadas, y no dejaba de ser una preciosidad aunque a veces tuviera algo de complejo.

Entre juegos…movimientos “inocentes” y algunos comentarios… llegué al punto de que ya no podía ocultar mi excitación, y ésta ya abultaba a través del bañador.. Ella me miró por encima del hombro, con esa sonrisa picara…y diciéndome :”alguien está contento hoy…y con ganas de jugar…”. En ese momento, puse mi mano en su pubis, encima de su bikini, y la apreté a mí, y le afirme al oído lo que había dicho. Ella agarró mi bañador con su mano izquierda, y empezó a mover su culo, rozándolo contra mi polla. Volvió a mirar atrás, para decir que no sabía cuánto le encantaba sentirla contra su culo, y notar lo dura que estaba.

Sexo en la playa de forma improvisada

Intentó bajarme el pantalón con el fin de sacármela. Al ver que le costaba, me los bajé yo mismo, y de repente, noté otra vez su culo contra mi polipero sin nada. Ella ya se había encargado de bajarse el bikini, y empezó a moverlo de arriba…muy pegada…agarrándose de mis muñecas, las cuales a su vez, agarraban con fuerza sus caderas:

– Así está mucho mejor…más divertido… -decía entre pequeños gemidos…
– Bueno, hay una forma de hacerlo más…”divertido” -Le respondí. Y dirigí mi mano hacía su entrepierna…y empecé a jugar con mis dedos…

Ella se agarró un pecho, era un gesto involuntario que hacía cuando algo la excitaba de verdad, dejando escapar un “dios…” en apenas un suspiro… Mis dedos empezaron a jugar con su clítoris, moviéndolo en círculos, muy despacio y suave…y aun con el agua, notaba el calor que empezaba a desprender. Recorrí con mi mano su coño, como si lo agarrará, y volví al clítoris. Entonces, en un arranque, agarró mi mano, y me suplicó que se los metiera, y se dio la vuelta, mirándome con esos ojos de deseo…de lujuria, de querer sentirme…me encantaba esa mirada. Y ahí, de pie, pasó sus brazos detrás de mi cabeza y se abrió de piernas, permitiendo meter mis dedos. Cuando sintió mis dedos dentro de ella, dejó escapar un fuerte gemido, que me puso muy cachondo, la miré a los ojos, y le dije “¿de verdad es esto lo que quieres? creo que no”. Así que no cumplí su deseo, saqué mis dedos y sin darle tiempo a responder ni pensar la agarré por su culo y la levanté; agarré mi polla y la puse en la entrada de su coñito, e intenté penetrarla. Ella hizo fuerza, resistiéndose, pero sabía que no era porque no quería, todo lo contrario, así que cogiéndola por la corola apreté fuerte contra mí, y se la metí de golpe, con mucha fuerza. Cuando sintió eso, dejó escapar casi un grito de placer, mirando al cielo, y viendo su cuello desnudo, pasé mi lengua hasta su barbilla…y cuando bajo la cabeza, empezó a besarme con pasión, como si le fuera la vida en ello, y a moverse con rapidez.

Con una mano en su culo, y el otro brazo rodeando su cintura, la ayudaba con el movimiento. El agua se agitaba revuelta a nuestro alrededor, y la temperatura no hacía más que subir en cada embestida, acompañada de besos, mordiscos… me encantaba agarrarle del pelo y tirar y morderle el cuello, y eso a ella la ponía mucho más, la ponía perra como ella solía decir. Seguimos así un buen rato, hasta que le dije que tenía una idea, y que se pusiera la parte de abajo del bikini (que tenia atada a una muñeca). Salimos de la piscina, y le señale una parte de la barra donde había una de esas zonas verdes que resbalaban y eran lisas, y le dije que se acostase. Sin pensarlo me obedeció, me metí entre sus piernas, y se las separé, y metí mi cabeza entre ellas, hice el bikini a un lado, y empecé a comérselo…a saborear su coño. Estaba que ardía, y tenía un fuerte sabor salado debido al mar, pero no me importaba, me ponía cachondo comérselo, era una chica sensible y me volvía loco hacerla disfrutar de esa manera. Me agarró de la cabeza y empezó a retorcerse, tirándome de los pelos, y a gemir cada vez más, hasta que sus piernas empezaron a temblar y estirarse… y así llegó a su primer orgasmo, en mi boca

Le di tiempo a coger aire, y le dije que se diera la vuelta. Ella se intento negar, que le daba vergüenza, pero se lo dejé claro, a esas alturas y con lo que habíamos hecho, no había vergüenza que valiera, así que le di la vuelta yo mismo. Tenía que hacerlo, ella misma se había declarado mi sumisa, aunque después estas órdenes me costaran más de una cerveza…La cogí por sus caderas, y la penetré sin pensármelo, y empecé a moverme cada vez más rápido, hasta acabar embistiéndola bien fuerte y rápido. A veces, bajaba el ritmo, y la embestía muy profundo, y apretaba, como si quisiera atravesarla el convoy la dejaba así unos segundos. Seguí así mas tiempos, no sé sí fueron segundos, o minutos. Hasta que noté que iba a volver a correrse muy fuerte esta vez, pero intentaba controlarse… no la dejé, cuando ya noté que se iba a correr, le tiré del pelo, y le hice levantar la cabeza. Dejó escapar ese orgasmo en mitad de un grito de placer, seguido por unos gemidos bastantes altos. Se quitó, y se quedó acostada de lado, cogiendo aliento… me acerqué y le puse la mano en su cara, le pregunté si podía seguir (sabía que a veces, cuando llegaba a un orgasmo, sobre todo si era muy fuerte, se ponía muy sensible y le hacía daño, y no quería eso). Me miró, y asintió con la cabeza, para después ponerse boca arriba, abrirse de piernas, y poner sus manos detrás de mi cabeza, y decirme: “sigue, fóllame hasta que te corras, y quiero que lo hagas en mi boca, soy tu putita y quiero que me trates así ahora”. Sonreí, y me puse encima de ella, y empecé a follármela, esta vez, despacio, muy pegada a ella, dejándola dentro y moviendo mis caderas para que estas rozaran con su clítoris, y cada vez más iba subiendo el ritmo… más rápido… y más fuerte… hasta un punto que la cogí del cuello, y ella agarró con sus manos mis brazos, le gustaba mucho que lo hiciera. Y empecé a follármela muy fuerte, rápido… hasta que estuve a punto de correrme, la saque, y la fui a llevar a su boca, pero por el camino no pude aguantarlo, así que antes de llegar a su destino, empecé a correrme, y el primer tiro cayó en su mejilla, y un poco más por su barbilla, aún así se la metió en la boca, y el resto fue a parar dentro de ella. Me la agarraba con fuerza mientras me la chupaba y tragaba mi leche, hasta que termine de correrme. Caí sentado, exhausto por todo…nos miramos y sonreíamos. Ella se limpió con la mano mis restos y después se sentó a mi lado. Y entonces… nos dimos cuenta…

Sexo en la playa con espectadores de lujo

No fuimos conscientes durante el sexo, nos olvidamos de nuestro alrededor mientras estábamos en la playa, y cuando nos subimos a La Barra, ni intentamos ocultarnos ni pensamos en ello. Y al acabar, y mirar en derredor, los vimos, no muy lejos, una pareja nos había visto, y nosotros ahora…a ellos. Él estaba sentado apoyado contra una roca, y las piernas estiradas, y ella, de lado, entre sus piernas, con su polla en la boca. Parecían mayores que nosotros,30 y algo años, y se notaba que eran deportistas. Me quedé sin palabras, y en parte, halagado por el hecho de haber excitado a otras personas, sin embargo ella…estaba roja de la vergüenza, pero no dejaba de mirar cómo la otra chica se metía la polla de su chico en la boca y se la tragaba entera, mirándonos de reojo. El chico, a los lejos, levantó un pulgar en señal de aprobación, y que no pasaba nada. Así que mi chica y yo, nos echamos a reír, y volvimos a nuestra piscina a descansar…

Pero a los minutos, fuimos nosotros esta vez quienes escuchábamos los gemidos a nuestras espaldas, de los otros que estaban ya follando, no hacía falta ni mirar. Y de repente, noté la mano de ella entre mis piernas, agarrándome la polla por encima del bañador, me miró y me dijo “y si…repetimos hay detrás otra vez…mientras ellos nos pueden ver y nosotros a ellos…escucharles me está poniendo muy cachonda”. No hizo falta decir más.

 

La entrada Un día cualquiera en la playa… aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Masturbando a mi novia en la moto

Habíamos quedado para conocernos….tomar algo y charlar.

Era verano y ella se presentó con una faldita corta, una camiseta de tirantes y una chupa vaquera…

Carmen medía 1.75 aproximadamente. Era morena, ojos color miel, unos labios carnosos, 24 años, malagueña.

Nos sentamos en una terraza cerca de la plaza de Lavapiés y estuvimos conversando todo el rato, entre risas y cervezas. Hubo muy buen rollo entre los dos pero siendo la primera cita, no esperaba yo que fuese a comerme algo con ella.

Cuando ya me iba a ir, la besé en la boca notando que ella sacaba su lengua y jugaba con la mía….Salivaba bastante, pero a mí no me importaba y empapaba mi lengua en su boca…..Luego, se lo volvía a pasar dejándolo escurrir por mi lengua….. Me di cuenta entonces que ella tenía tantas ganas como yo y que era una chica muy juguetona….No nos importaba que estuviéramos rodeados de gente, y tras 10 minutos de intensos besos y juegos linguales, me invitó a su casa….

Durante el trayecto en moto no pensé hacerle nada, pero….qué coño!! Si ella no quería ya me quitaría la mano. Podía manejar la scooter con una mano, y la otra la apoyé en sus muslos…..No me corté y quise ver hasta dónde era capaz de llegar ella, así que subí un poco más la mano, hasta llegar a sus bragas….La postura de ir en moto sentada hacía que fuese abierta, por lo que mi mano tocó directamente su chocho…..Se lo toqué un poco mientras subía por la Castellana.

Cuál fue mi sorpresa cuando ella solita se echó a un lado la braga para que mis dedos tocaran directamente su coño para que la siguiera masturbando…JODER…!! ESTABA MUY MOJADO…!!

Al llegar los primeros a un semáforo en rojo, pensé que me quitaría la mano cuando otros coches parasen a nuestro lado, pero la muy zorra no hizo nada….Yo ya le había metido dos dedos en su empapado sexo y ella se movía lentamente apretando contra el asiento…El primer coche en parar fue un taxi, que se colocó a nuestra derecha….Miré al conductor y a los pasajeros que llevaban…Eran dos chicas jóvenes, bastante guapas….Luego miré al otro coche que se paró a la izquierda. Un señor de unos 50 años….

Ese minuto allí parados, masturbando a mi pasajera, me parecieron 10. Carmen enseñaba sus muslos abiertos y mi mano desaparecía descaradamente entre ellos. El taxista que nos tenía a medio metro miraba descaradamente los pequeños movimientos que hacía mi chica para sentir más a dentro mis dedos….Seguramente nos hubiera dicho algo de no ser por llevar a aquellas chicas detrás. El otro conductor miraba también descarado mientras desde nuestra posición veía cómo se tocaba la polla por encima del pantalón.

Notaba cómo ella aumentaba el ritmo de cadera sentada sobre mi mano mientras yo la seguía masturbando. Joder, no creo que vaya a hacerlo, pero vaya si lo hizo.

No quedaba mucho tiempo, pues el muñequito del semáforo ya estaba intermitente. Ella estaba apoyada en el baúl que llevo detrás del asiento y que sirve de respaldo. Abrió un poco más las piernas, ahora descaradamente y yo empecé a frotarle el coño con mis dos dedos…haciendo lo posible por rozarle el punto G. A los pocos segundos, empezó a temblar y a soltar fluidos que empaparon el asiento y mi mano….

Semáforo en verde….

El único comentario que hizo el taxista fue….. “Qué suerte tienes, cabrón!! ” y me guiñó un ojo antes de que acelerase y les dejase allí a todos con esa imagen de mi chica corriéndose en el asiento de atrás de la moto…

Cuando llegamos a su casa echamos un polvo tremendo recordando su corrida en el semáforo mientras los demás la miraban.

Ese fue nuestro primer encuentro. Ya os contaré lo puta que era Carmen y lo bien que lo pasamos durante el año que estuvimos juntos.

La entrada Masturbando a mi novia en la moto aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

La amiga de mi novia que tanto me miraba…

Hace unas semanas decidí ir en Nochevieja a la fiesta de mi novia en un local con todos sus amigos y amigas en la cual yo no conocía a nadie.

Llegó el día de año nuevo, después de las uvas, y fui a buscar a mi novia en coche para ir al local. Estuvimos bailando y hablando sobre el polvo que íbamos a echar después de la fiesta, pero mi novia se pasó de cubatas y se quedó sentada durante dos horas, así que decidí seguir pasándomelo bien y de repente se me empezó a acercar Marta, una amiga de mi novia que me tenía fichado. No le di importancia, pero yo iba borracho y ella también; empezó a susurrarme al oído cosas muy guarras como “estoy mojadísima”, “tu novia no se va a enterar, reviéntame” y por último me dijo “sígueme al baño”, yo decidí seguirla.

Ya en el baño de los discapacitados la amiga de mi novia se empezó a desnudar y me sentó en el váter, cogió su sujetador y me ató las manos; yo estaba cachondísimo mientras me hacía un striptease, necesitaba reventarla, pero no me dejaba levantarme.

Tenía unas tetas y un coñito que me volvían loco, se me olvidó por completo que mi novia estaba fuera y me levanté, la cogí, le di la vuelta en el aire y empecé a comerle ese coñito mientras me desabrochaba el pantalón y me empezaba a chuparme la polla que la tenía más grande y dura que nunca.

Era el momento de reventarla, la puse contra la puerta y le empecé a dar flojito, aumentado poco a poco el ritmo, hasta que empezó a gemir. Nos daba igual si alguien nos escuchaba, la puse a cuatro patas en el suelo y seguí, me gritaba que parara, que se iba a correr, pero no paré.

Finalmente se corrió y le temblaban las piernas, paré 5 segundos y se la metí por el culo fuertemente, empezó a gritar que era un cabrón, pero que era el mejor polvo de su vida, eso me puso aún más cachondo y seguí dándole fuerte hasta que noté que me iba a correr; se puso de rodillas y empecé a follarle la boca hasta que me corrí en toda su cara… no teníamos papel, se pasó la mano por la cara y la chupó, se comió todo, ahí se acabó uno de los mejores polvos de mi vida. Le di lo que estaba pidiendo.

Si os gusta, os contaré la segunda parte del día de regalo de reyes en casa de mi novia… con Marta ?

La entrada La amiga de mi novia que tanto me miraba… aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

El culito de Rocio

Uno de los recuerdos más fuertes de mi infancia, fue cuando me excité por primera vez con el cuerpo de una mujer. Rocío y yo teníamos la misma edad e íbamos al mismo jardín, fuimos vecinos por muchos años durante mi niñez, y de hecho se puede decir que ella fue la primera mujer de mi vida, pues cuando éramos niños nos besábamos en su cuarto y luego frotábamos nuestros sexos desnudos, sólo porque se sentía “rico”.

Sin embargo los años pasaron, yo me mudé de barrio, ella también, yo fui a un colegio estatal a desgastar mi juventud, ella fue a una escuela de danza tradicional para hacerse artista, yo me fui de la cuidad tras graduarme y ella se quedó allí para hacer su vida. Dejamos de hablarnos completamente, pero nuestras madres nunca dejaron de ser amigas.

Un día que estaba en mi ciudad natal trabajando en un artículo para la universidad, mi madre me pidió que la acompañase “por favor” a una fiesta, lo cual me pareció extraño, pues traía en sus manos un traje formal para mí. De camino me comentó que era la fiesta de quince años de la hermana de Rocío, cuando ella pronunció ese nombre, entonces volvieron a mi cabeza los recuerdos de cuando fuimos niños y nos desnudamos el uno frente al otro por primera vez, en su casa. La verdad no sabía cómo reaccionar, que hacer, o como darle la cara a Rocío, ni siquiera la había buscado en Facebook, o alguna red social, en ese momento era realmente el desconocido con el que solía jugar a la casita.

No tenía la más mínima idea de qué hacía Rocío, o cómo lucía. Yo había subido de peso, hago lucha olímpica y la verdad estoy rellenito, pero soy muy fuerte eso sí, además parecía un hombre salido de las cavernas, con una barba espesa y corta alrededor de la quijada, bigote ralo y abultado, además mi rostro es amplio, fuerte y delgado, con mi pelo un poco largo peinado para atrás, me hacían parecer más bien un guardaespaldas. Al llegar, yo me senté a beber whiskey a sorbos, aislado porque no conocía a nadie más que mi madre, ésta se había ido a saludar a sus amigas y a chismear hasta que comenzó la fiesta y tuve que salir a bailar con ella.

Pensé que la noche sería aburrida, hasta que vi en la pista a Rocío. Estaba usando un vestido apretado y cortito de color gris, dejaba ver unas piernas fuertes por los años de danza, y un culo impresionante en forma de corazón invertido, un culito tan bien terminado en cada cachete, gordo y alto, que me quitó el aliento de golpe. Mientras subía por sus caderas un poco abultaditas, me fijé en sus pechos pequeños, que parecían tan indefensos en comparación con ese culito, para terminar en el rostro que tanto me gustaba de niño; todas las veces que nos bañamos juntos de juego, desnudos, regresaron a mi mente enseguida, entonces sin dudarlo dos veces le clavé la mirada, y sus ojos, un poco rasgados y de color negro, me miraron. Creo que también me reconoció, porque se quedó quieta y no sabía si saludarme o no, entonces yo me adelanté, levanté la mano, dejé a mi madre un rato en la mesa y me fui a saludarla.

-Hola…-, ella me interrumpió dándome un beso en la mejilla diciendo- cuánto tiempo, pensé que jamás te volvería a ver…-, sin darme cuenta, le puse mi mano en las caderas, motivado por algo inconsciente, y al sentirme ella me abrazó tan fuerte que no nos dimos cuenta de que éramos los únicos quietos en la pista de baile.

-¿Bailas conmigo?

-Sí, claro.

En ese momento sus ojos se quedaron en mí, me sentía incómodo, pero no dejé de mirarla, le sonreí y le pregunté: ¿qué pasa?, ella volvió a responder “es que en serio nunca pensé en volver a verte”. Entonces sonó una bachata, y decidí hacer mi jugada, la tomé por las caderas rodeándola con fuerza y pegando mi pelvis a la suya; entonces, ella metió su pierna en mi entrepierna y me rozaba el pene mientras bailábamos esa bachata de una forma tan sensual, que todos nos miraban admirados, pero no nos importaba, solo seguíamos bailando y ella entonces me abrazó fuerte, me besó el oído y dijo:

-Pensé que no te acordabas…

Cuando paró la música, ella se fue al baño, y supe entonces que debía actuar sigilosamente. Aprovechando que se venía el vals de la quinceañera, me escabullí detrás de Rocío. Al entrar al baño ella estaba de salida, Rocío se metió a una caseta en el baño de hombres, era mi llamado, y justo cuando yo me iba a meter detrás de ella entraron unos niños tontos a querer tomarse unas selfies, pero yo estaba a mil, los miré y les dije seriamente: “¡afuera ya!”, se fueron sin chistar.

Entré en la caseta, Rocío estaba esperando y temblaba, “no quiero que pienses mal de mí…es que…bailando…yo…”, le cerré la boca acariciando sus labios con mis dedos pulgares mientras mis otros dedos le acariciaba la nuca, ella no sabía qué hacer, estaba fría hasta que la besé, despacio primero, luego con más intensidad abriendo sus labios con mis labios y atrapándolos entre mi boca cuando los cerraba. De pronto, ella me sorprendió cuando metió su lengua hasta el fondo de mi garganta y me pegó del cabello para ella para a continuación decirme:

-Aquí no se puede…-, pero yo ya había levantado su falda y tenía mis dedos acariciándola allí; solo con la yema de los dedos, presionando levemente su vulva sobre su tanga, la recorría moviéndolos sin parar una y otra vez, acariciándola rápido mientras ella se tumbaba sobre mí tratando de que parase, diciendo entre gemidos “aquí no”, pero yo no paraba hasta que me empujó fuerte. Enojado le pregunté que dónde, y con una mirada de lujuria respondió: en mi auto, busca un  **** blanco en el estacionamiento, y entonces se fue.

Yo salí después del baño, me estaba acomodando la erección en los pantalones, me fui a la mesa y me serví una gran porción de whisky sin nada de hielo, que bajó por mi garganta quemándome, y me dio la serenidad como para esperar esos cinco minutos. Después me levanté y, sin decirle nada a nadie, me dirigí al estacionamiento, caminaba de manera decidida, había perdido mi erección pero tenía toda la voluntad del mundo para recuperarla, era que solo pensar en el culito de Rocío embutido en ese vestido me provocaba una sensación salvaje, incontenible. Caminaba mirando todas las ventanas de los coches de forma rápida hasta que, en una de ellas, se puso una mano de forma dura. Era Rocío, que se estaba tocando de forma brusca y gimiendo, tan pronto sonó la alarma desactivando el seguro de la puerta la abrí y me metí en el asiento del chófer, encima de ella.

Estábamos incómodos, así que empujé el asiento hacia atrás con mucha fuerza  y lo recliné a todo mientras ella me desataba la correa como podía, entonces se dio la vuelta de una forma fiera, me impresionó cómo me entregaba ese delicioso culito, con los pies sobre el asiento y de pecho contra el mismo, respingándolo a todo lo que daba, bien puesta en cuatro y pegada al asiento. Sin tardar le subí el vestido y de pronto, sorpresa: su culito firme se caía, ya no parecía ese corazón invertido y firme de antes, “culito con trampa”, pensé para mí mismo mientras sostenía mi pene duro a punto de penetrarla por la vagina, rozándole ese pedazo de piel entre la entrada de la vagina y el ano, entonces espabilé cuando ella grito “¡métemela ya!”, la tomé por las caderas duro, y entonces se la metí con toda mi fuerza enviándola de rostro contra la parte dura de arriba del asiento, la tomé por los cabellos y supe cómo le gustaba cuando gritó “¡así!” al jalarle del cabello.

De pronto, tras un minuto de tenerla contra el asiento dándole con todo, sentí algo que me llevó al cielo, ella me hizo soltarla del pelo y, agarrándose bien del asiento, me empujó con todo desde el culo. Entonces, comenzó a moverse como una auténtica experta, primero de arriba abajo, sin sacarla, diciendo entre gemidos “apriétame… apriétame… más duro -seguido de una serie de palabrotas-“. A continuación me tumbé sobre ella y la empujé con todo, cuando ella comenzó a moverse en círculos, pero como nunca antes lo había sentido. Yo estaba a mil, gemía tan duro en su oído, con toda mi fuerza tratando de meterle mi lengua en el tímpano, hasta que, sin darme  cuenta, me vine con todo lo que tenía gimiendo a gritos en su oído, no me da vergüenza decir que fueron tres minutos tan intensos, porque ella no permitió que la sacase ni un momento mientras movía sus caderas al ritmo de quién sabe qué canción que me estuviese bailando en ese momento.

Ella se fue contra el asiento y se dio la vuelta, me abrazó muy fuerte por cuello y me besó mientras lloraba diciendo “por qué te olvidaste de mí, yo te amaba”. Yo solo atiné a quedarme callado. Entonces, la besé en los labios despacito, como cuando éramos niños, dejando mis labios sobre los de ella. Luego abrí mi boca atrapando sus labios entre mis labios y chupándolos suavemente y soltándolos una y otra vez; mi lengua se metió en su boca buscando su lengua, comenzando un juego en el que ella buscaba rozarme con locura mientras yo escapaba para lanzarme contra su boca de nuevo. Apenas busqué descansar, mientras que ella comenzó a chupar mi lengua con todo al tiempo que yo masajeaba sus pechos.

En cierto modo sabía que tenía que compensarla de alguna manera, sólo duré tres minutos, así que bajé de su boca a su pelvis, y abriendo sus piernas levemente comencé a chupar sus muslos por la parte interna mordisqueándolos suavemente. De pronto, cuando llegué a su entrepierna, abrí bien la boca para chupar con todas mis fuerzas esa parte de su piel, metiéndole dos dedos en la vagina y moviéndolos de un lado al otro suavemente, entonces ella se arqueó tanto que me levantó del rostro, de modo que, con malicia, le mordí la entrepierna empujándola yo esta vez; como respuesta, me agarró de los cabellos con fuerza apretando contra su entrepierna, gritando otra serie de insultos combinados con “más duro”. Entre palabrota y palabrota golpeaba con furia mi espalda tratando de sentarse inútilmente.

Para cerrar el momento, la tomé por las piernas y, poniéndolas sobre mis hombros, me fui directo sobre su vagina abriéndola con mis dedos a todo lo que daba, puse la punta de mi lengua sobre su sexo abierto -ella solo atinaba a mirarme desde su posición con esos ojos llenos de lujuria, respirando como loca-, y luego, abrí despacio mi boca… para comenzar a succionar chupándolo como un bebé con su chupón, pero con fuerza, moviendo mi cabeza de un lado al otro mientras tenía su sexo abierto en mi boca. Esta vez con tres dedos en su interior comencé a penetrarle con fuerza, y ella estaba que se sofocaba, hasta que se vino de una forma intensa en mi rostro, maldiciendo y gritando palabrotas mientras movía las caderas golpeando mi rostro contra sus entrepierna una y otra vez.

Después, cuando nos calmamos y recuperamos la compostura,  nos dedicamos a caminar de la mano por los jardines de la casa. Dentro, la fiesta continuaba, los adultos que no estaban ebrios se dedicaban a conversar o bailar, los muchachos de la fiesta estaban robando alcohol para embriagarse a escondidas de sus padres, o estaban jugando a darse besos y manosearse debajo de las mesas. Rocío me miró fijamente, no sabíamos qué iba a pasar, ella me preguntaba constantemente “ahora, ¿qué se supone que somos?”, yo le respondía de la misma forma “lo que tú quieras linda… lo que tú quieras…”

La entrada El culito de Rocio aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Sexo en el centro comercial con sorpresa…

Hola amig@s,

Hace algunos años mi mujer y yo tuvimos una temporada que nos gustaba follar en lugares públicos, creo que casi todas la parejas han pasado por esa etapa. Nos gustaba especialmente tener sexo en el centro comercial más importante de nuestra zona y que pertenece a una conocida marca en España. Una noche al salir del cine, estábamos bastante calientes y nos dirigimos a los baños de la planta baja, a esas horas el centro está cerrado pero quedan abiertas algunas zonas del parking y servicios. Nos metimos en el servicio de mujeres y nos dirigimos a la última puerta en donde cerramos con el pestillo. Comenzamos a besarnos mientras yo metía mi mano por debajo de la falda y deslizaba la palma por los labios del coño de mi mujer. Me encanta pasear la mano así, sintiendo todas partes húmedas y calientes hasta que llega el momento de introducir mi dedo corazón dentro de ella y jugar con él en su interior, sentir sus espasmos, hasta que llega el momento de  follarla con los dedos muy rápido hasta casi ver que llega al orgasmo y parar, hacer que te desee tanto que la folles y ver esa mirada de “házmelo”.

Estaba muy excitado y llegó el momento de dirigir la cabeza de mi mujer hacia mi polla, y ella respondió con gusto, chupando generosamente mi pene y huevos, deleitándome con la sensación de tener mis partes llenas de su saliva, con mis manos agarrando su cabello y guiándola para follarme la polla con la boca. Cuando ya necesité la necesidad de poseer su cuerpo la levanté, le quité el tanga totalmente empapado, la empotré contra la pared poniendo pierna derecha apoyada en el retrete y la otra pierna aguantando con mi brazo derecho. El baño era pequeño, por lo que mi mujer apoyaba sus manos contra la pared y puerta formando una cruz, y así, en esa postura, se la clavé. Mi polla totalmente hinchada y dura la penetraba; al principio lentamente, después acelerando el ritmo y fuerza de las embestidas, ya podíamos sentir cómo nuestros muslos se mojaban y…

Sexo en el centro comercial…con espontánea incluida

De repente, alguien entra al baño, ¡¡e intenta abrir la puerta en donde estábamos!! Nos quedamos paralizados, no decimos nada, me quedo dentro de ella sin mover ni un músculo. Pero la desconocida no dijo nada y se metió en el baño de al lado. Mi mujer y yo nos miramos a los ojos, como diciéndonos no hagas ruido.

Sin embargo, en unos segundos empecé a oír uno sonido un muy singular… ¡La desconocida se estaba masturbando! Ese sonido tan característico de una paja femenina… me pongo duro mientras lo recuerdo. Aquella mujer se estaba masturbando a nuestro lado, y puede que fuera a causa nuestra, puede que se hubiese puesto tan caliente al intuir que una pareja estaba follando en el baño de al lado que no se reprimió en darse placer. Me pongo duro de recordarlo  y en aquel momento todavía mucho más. Finalmente, la mujer acabó en un par de minutos y se fue.

Entonces seguí follándome a la que entonces era mi novia, pero imaginando que esa mujer abría la puerta y nos miraba practicar sexo mientras ella se masturbaba viéndonos y nosotros a ella.

Reconozco que me lo he imaginado muchas más veces, y también he fantaseado pensando en qué habría pasado si no hubiéramos puesto el pestillo…

 

La entrada Sexo en el centro comercial con sorpresa… aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Follada vestida y sin bragas en un vehículo sin ser descubiertos

Hola a todos. ?

Soy nuevo en el foro… Este es mi primer relato erótico

Dedico este material a todos aquellos necesitados de un buen orgasmo. Si eres chico o chica, te puedo asegurar que con este relato porno conseguirás sacar todo eso que te tiene caliente ahora mismo. “Tienes mi garantía”.

Ok, medidas bajito, pelo castaño, ojos café claros de esos translucidos con el sol. Uso lentes, pero si hago el amor me los quito para que disfruten de mi mirada penetrante, tengo buenas piernas, piel clara, aunque un poco bronceada porque vivo en el caribe y siempre vivo tomando sol. Tengo una buena polla, no es grande, algunos buenos centímetros, pero nunca se muere, y es bien gordita, si me excitas solo la verás durita y bien rojita, y como verás si eres chica, vas a poder cogerme como quieras, hasta que quedes satisfecha. Tengo buenos récords, si te digo la verdad después de 4 eyaculaciones solo me canso, pero no se me baja, aunque me gusta que me violen. Las chicas que han estado conmigo suelen aprovecharse, porque como no se me baja se quedan hay bien tranquilitas subiendo y bajando, mientras yo aprovecho y me tomo una siesta boca arriba.

Viene el relato erótico…

y si eres chica y estás leyendo, sííí, tú….(espero que te frotes bien esa concha oísteee ? No me hagas perder mi tiempo 8-). Si no eres chica… Calma, no desesperes, para los chicos también deje unos buenos párrafos, para que se la jalen sin piedad, pensando en el culo de la chica que mencionaré más adelante. Jeje así que:

Enjoy…

Bueno, salimos a la playa, yo estaba con una chica de mi misma estatura. Culito bien redondito, pocas tetas, pero ya sabes, de esas que no tienen perdedera. El camino era largo, y ese era mi día para expresarme sexualmente. Estaba medio calentón, la verdad que sí, la tenía bien dura y parada y ya se tornaba incómodo, pues esta maldita poya, ya sabes… de esas que son como: ARRIBA LAS MANOS!! jajaja, es que se me para siempre para el frente, me delata muy fácilmente, tengo entonces que acomodarla, condenarla con el elástico de los boxer, porque como entenderás si no lo hago estoy perdido ? .

En fin, estoy con esta chica muy guapa, que estamos teniendo relaciones desde hace UNOS BUENOS MESES  ya, camino a la playa: ella con un mini jean, donde podía admirar esas jugosas piernas que tiene, también con una blusita sin bra, debido al calor que había, jodiendo y jodiendo. Llegamos a la playa  y como de costumbre la misma rutina, comida, bla bla bla, YA YO NO QUERÍA PLAYA, QUERÍA SEXO!!!!!

ENTONCES LO PEOR: ella y yo siempre nos la pasábamos abrazaditos dentro del agua, pero como se fue a bañar con su pantaloncito jean, me era difícil metérsela, aunque podía ver cómo ella abría las piernas y se me posaba en mi polla, que estaba debajo del pantalón. Se me posaba como haciendo una llamada a los dioses para que mi polla rompiera mi bañador y ese pantaloncito jean, cosa que era imposible ? .

El día estaba cayendo, y como a las 3 de la tarde para adelante ella comenzó a tomar cerveza (yo no tomo cerveza, la verdad es que solo me gusta follar) ? Seguían los malditos jueguitos y ya al caer la tarde ella me dice que le ayude a cambiarse la ropa: veo que se despoja de toda su ropa LLENA DE TIERRA Y SAL, y yo agarrándole dos toallas y ella en el centro tapada por las mismas, desnudándose para mí. Me comienza a pedir una blusa, nunca pide bragas, luego me pide que le pase una mini y se la pone, ? Así que nos montamos en el vehículo y ella iba sin bragas.

Follada sin bragas…pero vestida

Un vehículo de 3 plazas, el último asiento era de nosotros, un vehículo americano bastante amplio. Quedábamos los dos como de cucharita, ella delante y yo detrás. El frío comenzó a menguar, yo tenía una sudadera de esas finas, un pantalón ancho con tela suave, el ziper que subía y bajaba fácil, y un boxer con compartimento para poder sacar el pipi jeje. Ella, en cambio solo tenía la faldita y una blusita, así que nos dormimos y yo aprovechaba y la abrazaba y al abarcarla con mi cuerpo ella quedaba dentro de mi sudadera, y como recompensa quedaba agarrándole los dos pechos bien duritos y redonditos. Nos arropamos con una toalla gigante de esas usadas para picnic, de modo que no quedaba nada al descubierto, PEEERFECTO!!!! Ella comenzó a menearse muy despacito con su faldita sin bragas, y yo sobándole las tetas aún con mi pantalón normal… ya la tenia BIEN DURAAA!!!!! Pero no podía metérsela, recordé que estaba ella muy borracha y que no teníamos condones ¡Qué maldita vaina! -_-, tuve que esperar casi una hora y esa tipa jodiendo, en fin.

Llegamos a un pueblito, ya era de noche, allí compré dos cajas de condones. Como la tenía bien parada decidí entrar al baño, me puse mi condón y salí con él bien puesto y ajustadito. La caja decía SENSITIVO ULTRA DELGADO.  Salí con mi condón puesto, allá me esperaba ella “durmiendo”. JAJAJA sí, cómo no, pues me le recosté de cucharita, esta vez con el zipper debajo, ojo no era un zipper metálico, era como plástico, ya que el pantalon era de tela, TU SABES DE ESO QUE NO TE MOLESTAN EN LA VAGINA, “PARA LAS CHICAS :-) “. Pues bien ella se pega más y puedo sentir que estaba ya bien babosa. Así como el que no sabe la cosa,  se la fui metiendo suave y al pasito.

En el segundo asiento iban dose doñas que desde que salimos de la playa comenzaron a dormir, nunca se dieron cuenta de nada. :mrgreen: En el que seguía iba un seño y ora doña, ella y yo quedábamos en el del final, en el tercer asiento “solos, solitos, solitos”, pero ojo, si ella gemía se iban a dar cuenta.

Se la fui metiendo al pasito hasta que quedamos pegaditos. Como no podíamos movernos mucho, ella luchaba para frotarse el clítoris con el tallo de mi pene. Si no  tuviera la concha tan chiquita, se me hubiera tragado las bolas, pero al tener la concha tan chiquita, ya sabes, me quedaba esa concha apretadita, el más mínimo movimiento sentía cómo la misma diosa Ishtar se me clavaba hasta más no poder, pues hay movimientitos leves pero intensos, ella se masturbaba, frotaba su clítoris con la piernas juntas y yo ahí detrás de ella, de cucharita, tratando de sacarle mi polla por la misma boca, la verdad quería darle bien duro, pero no podía, TENÍAMOS QUE SER DISCRETOS. En una veo que me apretaba más, wow sííí, se me va saliendo pero sin dejarlo de apretar, y vuelve y se me la mete hasta el fondo. Yo le susurraba que no se moviera mucho, además, el condón de podía romper ? Se calmó, pero sin bajar la intensidad. Ella seguía al pasito, bien apretadita mmmmm sííí, apretadita. Ahí sentía cómo me apretaba la cabecita, ella de insistente y yo con mi pene debajo de esa minifalda sin bragas, metiéndosela sin piedad. La verdad no entiendo qué es lo que ella deseaba, porque con esa conchita lo único que podía era reposarse en  la base de mi pene, y frotarse bien duro su clítoris, con tremendo monstruo dentro de ella. Cuando creía que ella estaba apretándome, PUES NOO, es que era apretadita la maldita, siempre  fue, hasta que dicide apretármela bien, aún más duro. Tan solo un pequeño jaloncito y yo eyaculo aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, dentro de su conchita, tuve que taparle la boca, estaba casi gimiendo.

Saco rápidamente, me quito el condón lo amarro, me lo guardo en el bolsillo envuelto en una servilleta,  y ella desesperada, me agarra la polla y se la mete sin piedad de nuevo, esta vez sin condón ? , MI GENTEEEE!!  Si antes era bueno, pues ahora multiplíquenlo por 10^10, Dios qué delicia, sentía las paredes de su vagina. Ya no me importaba nada, con esta polla tan hinchada. Se la metí y se la metí. En una vi cómo nos llamaba el chófer, y yo haciendo bramidos como cuando uno está durmiendo. Nada más se escuchaban ellos diciendo esta gente se emborracharon, deben de estar bien dormiditos ? , PUES SÍ, se la estaba metiendo BIEN DURO!!!!  Y SIN PIEDAD!!! PEGADITOS Y APRETADITOS!!! Hasta que no aguanté más, estiré los brazos y mientras que con uno le sobaba sus tetitas tan ricas duritas y redonditas, con otro le tapaba la boca para que no gimiera, hasta que se la metí!!!!!!, durooo!!!!! hasta el fondo!!!!!! bien apretadito!!!!! ella, estaba a mil, y yo sentía esas dos nalgas redonditas chocándome sin piedad, PERO OJO, DISCRETO, JAJA, en una me voy a venir, y quiero salir, pero ella me APRIETA MÁS, no estaba decidida a dejarme escapar, trató de forzarme, pero si forzaba más “NOS DESCUBRIRÍAN”, y mientras jala y jala, apreita! Mmm, aprieta, me vengo AAAAAHHH, SÍÍÍÍ!! Riiiiicoooo!!! Dentro de su vagina, sin condón :roll: Dioooosss, cuánto semen hay, pero era tan rico, cuando se la eché en el fondo fue que me soltó. Con la misma toalla le limpié su concha, nos quedamos durmiendo y solo recuerdo cómo nos prendían la luz y nos despertaban. Al otro día ella se tomó una pastilla y no hubo problemas. Nooo, no quedó embarazada, jejeje.

ESPERO QUE LO HAYAN DISFRUTADO, PUEDEN VENIR MÁS RELATOS ERÓTICOS, SOLO PÍDANLO, VINE A ESTA COMUNIDAD PARA QUEDARME. BAY :-)

FIRMA: HIPSTER 777   ?

La entrada Follada vestida y sin bragas en un vehículo sin ser descubiertos aparece primero en SexoEscrito.com.

Sexo en la plaza

La protagonista de este relato es Mariela, una damita de cabello negro, menuda y busto algo generoso. Gusta vestir faldas o minifaldas y, en un día de invierno, no es la excepción. Pulover, falda y pantys, que le llegan hasta la cintura, para abrigarle las piernas.

Mientras cruza una plaza un hombre se le acerca por detrás. Es un vecino que hace tiempo la observa con deseo, y ella hace lo mismo. Ella se voltea y le levanta una ceja, con lo cual él sonríe. Tras un rato, ella se vuelve a voltear, le guiña un ojo y él vuelve a sonreír. Sabiendo que le sigue, se dirige hasta una zona poco transitada de la plaza, con bancas y arbustos altos. Al llegar, la mujer se voltea y le lanza un beso, tras lo cual se ubica delante de un banco.

Él se acerca por detrás y le dice al oído:

Espero que tengas algo más en mente.-

-Hace frío y quiero algo más que soplarte besos.-

-Entonces estamos de acuerdo- Tras decir esto le agarra una nalga que resalta por sus ajustadas pantys y falda.

Pero…a mi manera

Acto seguido se voltea y se sienta en la banca. Se levanta la falda dejando al descubierto desde su cintura para abajo y, tras apoyar la manos en su vientre, le dice “Hazlo tuyo”.

Obedeciendo, su amante se arrodilla delante de ella y comienza a acariciarle las piernas, para calentarlas un poco, ella se ríe por las cosquilla. De repente las manos de él van hasta su cintura y, rápidamente, le baja las pantys hasta por debajo de las rodillas. Un escalofrío recorre las piernas de Mariela y él,al darse cuenta, vuelve a hacer fricción para calentarlas.

Le abre un poco las piernas, le baja la bombacha y comienza el cunnilingus que sube la temperatura de los dos (la de ella aún más de lo que ya estaba). La mujer apoya ambas manos en la banca y echa la cabeza hacia atrás. Por momentos se cerciora de que no haya “moros en la costa” y sigue disfrutando de cómo la lengua le recorre desde su clítoris y a todo lo largo de su Monte de Venus.

Abre más sus piernas para facilitarle las cosas al hombre. Cierra los ojos. Él le introduce un dedo en su vagina, ella aprieta los dientes. Su dedo índice se mueve adelante hacia atrás. Mientras la lengua de él le lame el clítoris.

Tras un rato introduce, también, el dedo medio. Abre más las piernas y exclama –En cualquier momento me harás olvidar el frió-. Se lleva una mano al cuello y después se acaricia el pecho. Su amigo saborea su vagina mientras le introduce los dedos.

-Así mi amor. Te sale muy bien– Le dice la muchacha.

Modestia aparte…soy bueno.

Mariela mira a su alrededor y escucha con atención. Le parece que rondan personas cerca. Debe ser la hora, a media tarde, en que salen del trabajo. Le apoya una mano en la cabeza y le pide que suba el ritmo mientras abre las piernas todo lo que puede. Hacerlo en un lugar publico le agrega emoción y “adrenalina”, pero no quieren ser descubiertos.

La vagina y boca de él se empapan a la vez. La mujer se muerde el labio inferior antes de tener un orgasmo. Cuando le llega el orgasmo ella aprieta los dientes y contiene un gemido. Mientras que la boca de su amante se humedece, saboreando y penetrándola con los dedos. Tras acabar, ella se ríe un poco y él exhala.

¿Cómo te sientes?-Le pregunta Mariela.

A decir verdad…estoy duro

Algo excitado, supongo

Ni que lo dudes. Me arde el rostro y tengo una interesante erección

Mmm…déjame ver, por favor

Ella se sube la prenda interior y las pantys mientras el se pone de pie. Tras dar un vistazo alrededor se desabrocha el pantalón y baja un poco el mismo, y el calzoncillo, dejando al descubierto su pene. Un pene firme y muy erecto. Tras pedirle que se acerque, la chica lo toma con su mano derecha y comienza a masturbarlo, mientras en su roto expresa lascivia.

Él cierra los ojos y, olvidando rápidamente el fresco en su entrepierna, se deja llevar por los dedos femeninos recorriéndole el pene. Cuando lleva un rato, no mucho, ya que venía excitado de practicarle sexo oral, eyacula. Mariela cubre la punta del pene con su mano izquierda, mientras lo sigue masturbando con la otra. El semen le mancha toda la palma.

Tras acabar, el muchacho se levanta la ropa mientras ella se mira la mano manchada. Él, como buen caballero, le alcanza, sin que se lo pida, un pañuelo para limpiarse. Mientras se limpia, Mariela le dice:

Se te fue el frío ¿no?

Ni que lo digas…lástima que ya lo vuelvo a sentir

¿Pero te divertiste?

¡Por supuesto! Eres grande, mujer…

¿Nos volveremos a ver?

Quizás…

Tras responder, Mariela le acaricia el rostro y le da un beso en la mejilla y se despide diciendo “Hasta la próxima, amor”.

La entrada Sexo en la plaza aparece primero en SexoEscrito.com.

Sexo en el metro

Volviendo de la universidad me sentía agotado, pero con una sensación de previa excitación que intentaba controlar día a día. Es que las mujeres que estudian allá son increíbles, sólo verlas te vuelve loco y, al parecer, ellas lo saben y aumentan su sensualidad con su forma de caminar y mirar.

Cuando llegué a la estación donde me subo, el metro iba repleto, pero eso no impidió que pudiera verla frente a mí, era una mujer despampanante, su cara me era familiar pero no estaba seguro, quizás la confundía. En los primeros metros que anduvo el vagón, no pude quitarle la vista de encima, su cara era la mezcla perfecta de dulzura y perversión, una mirada seria y una sonrisa coqueta, un culo impresionante, unas piernas que le hacían honor en un pantalón negro marcado y unas tetas justas que resaltaban con su blusa apretada. Fijé mi vista en ella como un estúpido enamorado o un caliente voraz. A pesar de mi deseo, jamás pensé que pudiera tener sexo en el metro con ella. Al poco tiempo ella comenzó a mirarme también, y quedamos varias veces pegados mirándonos, no hablábamos pero nos dijimos muchas cosas.

Sexo en el metro con una no tan desconocida

El tren paró, bajó un poco de gente, pero subió mucha más, la inercia de la masa me llevó a, sin querer, chocar con ella de frente, sus senos se incrustaron en mi pecho, mi pene erecto y retenido en el jeans rozó sus deliciosos muslos y nuestros labios a punto de besarse. Ella debe tener unos treinta y algo, yo 21. Mi inexperiencia hizo que intentara hablarle pero me calló con un dedo y me besó, primero tiernamente, me abrazó por el cuello y actuaba como mi novia hasta que la puerta se cerró. La gente comenzó a ocupar los diminutos espacios vacíos y nosotros quedamos reducidos a una esquina íntima. Ahí su lengua conoció la mía y sentí su mano acariciando mi pene, que se iba endureciendo cada vez más. Me preguntó al oído si todo eso era por ella, asentí, y mordió mi oreja, luego me besó en la mejilla y continuó por el cuello mientras bajaba el cierre del pantalón y sacaba mi pene. Cuando lo vio y lo tomó, me miró con perversión y comenzó a masturbarme. Su mano helada me excitaba aún más. Estábamos muy juntos, yo comencé a tocar sus tetas por encima de la blusa, luego por debajo, las movía, las apretaba y jugaba con sus pezones hasta ponerlos duros y, entonces, bajé mi mano y acaricié su sexo por encima del pantalón. No traía bragas y, si no hubiese sido negro, se habría manchado con lo húmeda que estaba. De pronto paró, se volteó, giró su mano, agarró mi pene y lo hizo rozar con su culo. Entonces reaccioné, intenté bajar sus pantalones, pero se negó, así que comencé a refregarme en su culo, ella se movía suavemente, yo agarré sus nalgas, pasaba mi pene hasta llegar a sentir su sexo, donde ella se tocaba. Ella murmuró “no aguanto más”, miró rápidamente hacia todas las direcciones, se bajó un poco los pantalones y con su mano metió mi polla en su concha. Pegó un grito ahogado, se sacó la bufanda que aún traía colgada como estola, me la ató a la boca, luego tomó mis manos, una la dejó en su cintura y la otra la llevó a su boca. Comencé a penetrarla fuerte y duro, yo escuchaba sus gritos resentidos, mi cuerpo se movía solo como una máquina, ella me mordía los dedos y botaba pequeños y leves gritos de placer, yo hacía lo mismo pero no se escuchaba. Nos movíamos a ritmo, podía ver su culo chocar chocando conmigo, ella estaba afirmada de la pared del metro.

De pronto, voltea su cara y me dice: “te bajas en la próxima estación”. Palidecí, pero no podía parar, entonces se giró, tomó mi polla en sus manos y comenzó a masturbarme de nuevo. Con mucha maestría acariciaba mis testículos, rodeaba la cabeza e hizo que me corriera en sus manos. Me dijo “hay que hacer esto rápido”, se subió los pantalones, metí mi poya en mis jeans, tomó mi mano aún con mi semen en la suya y bajamos del vagón en la estación que era mi destino.

Desde allí, yo debía tomar un microbús hasta mi casa, así que nos subimos, nos sentamos al final, también iba repleto y ya posicionados en los asientos, tomó la mano que me ensució y la limpió con su lengua, lo mismo hizo con las suyas. Entonces tuve una epifanía y me di cuenta del que era la profesora del optativo al que renuncié. Reí disimuladamente. Recuerdo que abandoné ese ramo porque ella me escuchó contándole a un compañero que la profe me calentaba mucho, que estaba muy buena y me era imposible prestar atención. En esa oportunidad, ella sólo acarició mi espalda, pero yo morí de vergüenza y no tuve la cara de volver a esa clase. Por eso me conocía y sabía detalles de mi rutina.

Luego de ese flashback, me abalancé sobre ella, besándola con pasión, tocando sus pechos con una mano y con la otra sus muslos, ella sólo me miraba con complicidad y deseo, hasta que me dijo al oído: “también recuerdo dónde vives”.

La entrada Sexo en el metro aparece primero en SexoEscrito.com.

Sexo en la playa con una chica alta

La protagonista de este relato se llama Lucy, mujer alta (180cm de estatura), cabello lacio oscuro. Es parecida a la modelo Adrianne Curry (en la imagen).

 Esta de vacaciones en el mar. Paseando en la playa.

Alguien viene de frente, se cruzan sus miradas, le resulta conocido, o si…es un viejo amigo Tom. Lucy nota como el la mira, ella le sonríe.

 

Lucy sigue su caminata hasta llegar a unos arbustos en una zona donde casi no hay gente. Tira su toalla en el suelo y se recuesta encima. Sobre ella el cielo azul, delante la playa y el interminable océano, a su derecha no hay nadie y a su izquierda los arbusto que la ocultan de las personas que hay para ese lado.

Tras un rato de brocearse decide sentarse, las piernas flexionadas , sus brazos sobre las rodillas y su cabeza apoyada en sus brazos, contemplando el mar hasta que…unas manos tapan sus ojos. Ella, casi, que sabe quien es. Le habla y lo confirma. Es su buen y viejo amigo.

 

Tom comienza a besarle el cuello mientras la rodea con los brazos. Lucy mira el mar mientras le besa el cuello. Las manos de el bajan hasta su vientre. Lu esta sorprendida, haciéndolo en una playa con solo unos arbustos para mantenerlos ocultos de las miradas ajenas. Ha decir verdad el riesgo le agrega algo de sabor y excitación.

 

Tom lleva su mano derecha hasta el pubis de ella, debajo de la pieza inferior de su bikini. Lucy gime un poco, apoya su cabeza en el hombro derecho de el, cierra los ojos y sigue gimiendo mientras es masturbada.

Ahora ella lleva su mano derecha hasta debajo de la malla de el, toma su pene entre sus dedos y comienza a masturbarlo, de arriba a abajo, haciendo que se ponga bien erecto.

Asi estan un rato. Ambos sentados, ella apoyada contra el y ambos masturbando al otro.

 

Tom decide quitarle la pieza superior de bikini a Lucy. Tras hacerlo, y sin previo aviso, la chica se detiene, voltea, con las manos empuja el pecho del chico para que se recueste boca arriba. Ahora el recostado y ella encima de el.

Tom vuelve a la acción y le quita la segunda pieza del bikini, bajándoselo hasta las rodillas, y con ambas manos la vuelve a masturbar. Ella cierra los ojos, apoya sus manos en el pecho de el, y se deja llevar.

 

Cuando su vagina esta bien húmeda Lucy le quita la malla a el y tira a un costado la prenda inferior de su bikini. Lo mira con lascivia mientras se muerde el labio inferior. Ahora ella lo masturba a el. Tom lanza un gemido mientras recuesta su cabeza.

Su pene cada vez mas erecto mientras ella lo masturba alternando con ambas manos. Lu lo mira esta duro y erecto.

 

Ya humeda ella y excitado el pasan a la siguiente fase. Lucy introduce el pene de el en su vagina. Tom, con mucho placer, exclama –Que locura (esto de hacerlo en la playa)-. La toma de la cintura y, acompañando su moviendo, la sube y baja con ritmo. Ella se vuelve a tocarse el clítoris con su mano izquierda, mientras la derecha la deja apoyada en el pecho de el.

 

Lucy siente el sol a su espalda, la humedad del mar, el miembro dentro de ella, su vagina húmeda, su excitación, la loca mirada de el, sus manos en su cintura como domandola.

Tomo siente su pene presionado por la cálida, suave y mojada vagina de ella, sus manos en su estrecha cintura, sus labios llenándose de sal, mientras ve sus pequeños y lindos senos moviéndose de adelante hacia atrás.

 

Haciendo el amor y haciéndolo…¡en la playa! Para algunos algo muy morboso para otros es solo el nombre de un trago.

 

Aumentan el ritmo ella empieza a exclamar -¡si!,¡si!,¡si!, ¡s…- y el -Lucy, Lucy, Lucy, Lu…-. Ambos acaban. Lucy siente llegar su orgasmo, con su corazón acelerándose, al sacudirse su vagina y explotar un sensación de placer. Tom igualmente mientras eyacula y el semen invade el sexo de ella.

 

Tras un momento Lucy se encorva hacia atrás, alza los brazos, mira al cielo y le exclama –Que placer-. Lo mira a el y le sonríe. Se dan un beso. Los labios de el le resultan humedos, pegajosos y salados. Tan empalagoso…pero le encanta.

 

Tom le alcanza una toalla grande con el que ella se cubre. El hace lo mismo. Y se quedan, sentados lado a lado, mirando el mar.

La entrada Sexo en la playa con una chica alta aparece primero en SexoEscrito.com.