Las flores del infierno (otra vez)

Sí, otra vez, y por una razón bien curiosa: soñé con dos de los personajes. Entonces lo vi como una señal: debería terminar esto. Y de hecho debí terminarlo hace mucho tiempo, incluso ahí tengo tirado el borrador del capítulo final, pero bueno, no sé qué pasó, supongo que me aburrí o algo por el estilo. En todo caso, estoy retomando esto. Corregir es mucho más tedioso que escribir. Cuando uno escribe se deja llevar, hay un sentimentalismo y una inmediatez, y no queda de otra. La corrección es el golpe de la realidad. Requiere mucho esfuerzo y fortaleza mental, porque entre más crítico va uno más siente que debería dejar de perder el tiempo en algo en lo que nunca será lo suficientemente bueno. ¡Pero bah! Uno es masoquista.

Esta no es la mejor de las historias pero le tengo un cariño enorme, así que aquí está otra vez, con un muy sincero intento de corrección, aunque no sé qué tan bien logrado (no mucho, me temo).
Apenas llevo corregido hasta el capítulo cuatro (y ya me pican las manos para volver a corregir esos capítulos, pero también tengo que pensar en mis otros proyectos). Seguiré así. Si consigo corregir un capítulo a la semana lo consideraré un éxito. Deséenme suerte ;)
LAS FLORES DEL INFIERNO
Juvenil, fantasía, sobrenatural.
Sinopsis: Amira está cansada de la severidad inquebrantable de su madre y del extremismo espiritual al que la somete, pero acepta los castigos de buena gana al no conocer otra vida que esa, temiéndole a la verdadera realidad del mundo. Una tarde de lluvia, se ve atrapada en medio del tráfico, con el cuerpo entumecido presa del pánico que le producen los rayos, deseando que alguien se acerque a ayudarla.Desde el otro lado de la acera un joven la observa, su mirada es profunda y oscura, tanto que Amira se pierde y no nota que, a pesar de la lluvia, el agua no lo toca.
Advertencias: leve contenido sexual (bien leve).
Actualmente corrigiendo.
Capítulos


También en Wattpad:


Lo que dejamos atrás (erótico)

¡Hola a todos y todas!
Me he dado cuenta de que he dejado de publicar mis historias en el blog (Wattpad me ha absorbido) pero planeo cambiar esto. Por eso aquí traigo esta historia, que puede que no sea habitual en mí, porque es romance hetero con toques eróticos. Hay que probar de todo (¿) XD
Sin nada más que agregar (aparte de que espero que lo lean) dejo aquí los datos. En wattpad ya llevo 3 capítulos subidos y también los iré subiendo en entradas independientes aquí en el blog, con la lista de capítulos en esta que es la entrada oficial.
Dicho esto: los datos.
LO QUE DEJAMOS ATRÁS
Sinopsis: Colton y Laura se conocen en una discoteca, ambos huyendo de sus respectivas situaciones familiares, y luego de una noche de sexo casual, comienza a surgir entre ellos una atracción que se verá manchada por las decisiones que otros tomaron mucho tiempo atrás.
Advertencias: Contenido +18, sexo explícito, incesto.
Estado: en publicación.




Lista de capítulos
Uno
Dos
Tres


También en WATTPAD:

El diario de Josephine Jones (Novela corta juvenil)

Hola a todas y todos, esta entrada sólo es para anunciar uno de mis trabajitos juveniles. Ya lleva su tiempito en Wattpad, y no pienso compartirlo en el blog hasta que esté completo (cosa que pasará pronto), pero igual quiero darlo a conocer, así que, si tienen una cuenta en Wattpad, pueden echarle una miradita antes de que llegue a su fin. Nunca se sabe, tal vez le termine gustando.
Esta historia la ideé como algo breve y ligero. Una chica que es algo encerrada, tiene pocos amigos, y se la pasa jugando y viendo series, se queda encerrada durante un aparente apocalipsis zombi. Aburrida, decide iniciar un diario. Al principio, sus entradas son ingenuas y hasta tontas, busca aparentar. Es como si quisiera aparentar frente a aquella persona o persona que puede que llegue a encontrar su diario. Con el paso del tiempo, sin embargo, ya no le es posible seguir distanciándose de la realidad, y cosas pasan (obvio) que harán que madure de golpe.

Sonará algo seria, pero es un trabajito ligerito y breve, bastante entretenido y divertido (si se me permite decirlo); una lectura ligera cuando sólo se quiere matar unos cuantos minutos.
Y sin más, los datos.
Título: El diario de Josephine Jones.
Sinopsis: ¿Hay alguna moraleja en esta historia?  Nunca obedezcan a sus padres. Josephine Jones jamás imaginó que a sus dieciséis años le tocaría vivir un apocalipsis zombie. Menos aún, que tendría que vivirlo encerrada, en espera de ser rescatada, sin conocer el paradero de sus padres y hermanos, sin convivir con ningún ser humano decente en mucho tiempo. Josephine Jones descubrió que estaba cansada de esperar. Por eso este diario.
Advertencias: ninguna. Bueno, zombis (¿)
Por ahora, sólo en WATTPAD:
Los capítulos son bastante breves (porque esto se supone es un diario y JJ no es muy dada a escribir demasiado) pero con el tiempo se van haciendo un poco más extensos.
Y bueno, no sé qué más decir de este trabajito.
Espero que le den una oportunidad.
Ojalá les guste.
Gracias por su atención.
Saludos.
Atte.

Seiren. 

El diario de Josephine Jones (Novela corta juvenil)

Hola a todas y todos, esta entrada sólo es para anunciar uno de mis trabajitos juveniles. Ya lleva su tiempito en Wattpad, y no pienso compartirlo en el blog hasta que esté completo (cosa que pasará pronto), pero igual quiero darlo a conocer, así que, si tienen una cuenta en Wattpad, pueden echarle una miradita antes de que llegue a su fin. Nunca se sabe, tal vez le termine gustando.
Esta historia la ideé como algo breve y ligero. Una chica que es algo encerrada, tiene pocos amigos, y se la pasa jugando y viendo series, se queda encerrada durante un aparente apocalipsis zombi. Aburrida, decide iniciar un diario. Al principio, sus entradas son ingenuas y hasta tontas, busca aparentar. Es como si quisiera aparentar frente a aquella persona o persona que puede que llegue a encontrar su diario. Con el paso del tiempo, sin embargo, ya no le es posible seguir distanciándose de la realidad, y cosas pasan (obvio) que harán que madure de golpe.

Sonará algo seria, pero es un trabajito ligerito y breve, bastante entretenido y divertido (si se me permite decirlo); una lectura ligera cuando sólo se quiere matar unos cuantos minutos.
Y sin más, los datos.
Título: El diario de Josephine Jones.
Sinopsis: ¿Hay alguna moraleja en esta historia?  Nunca obedezcan a sus padres. Josephine Jones jamás imaginó que a sus dieciséis años le tocaría vivir un apocalipsis zombie. Menos aún, que tendría que vivirlo encerrada, en espera de ser rescatada, sin conocer el paradero de sus padres y hermanos, sin convivir con ningún ser humano decente en mucho tiempo. Josephine Jones descubrió que estaba cansada de esperar. Por eso este diario.
Advertencias: ninguna. Bueno, zombis (¿)
Por ahora, sólo en WATTPAD:
Los capítulos son bastante breves (porque esto se supone es un diario y JJ no es muy dada a escribir demasiado) pero con el tiempo se van haciendo un poco más extensos.
Y bueno, no sé qué más decir de este trabajito.
Espero que le den una oportunidad.
Ojalá les guste.
Gracias por su atención.
Saludos.
Atte.

Seiren. 

CHARLIE (Novela juvenil romántica)

¡Hola a todas y todos!
Vuelvo con una novelita corta, hetero, agrego, pero esta vez, juvenil. Me ha dado por escribir hetero por todas esas novelas pseudo-románticas y/o eróticas que me explotan las bolas con sus conceptos erróneos y sus ideales enfermizos, tan en boga ahora, y tan dañinos, debo decir. Así que espero haber conseguido un trabajo decente (como me lo planteé) porque poco a poco tiene que ir cambiando esta manera tan errónea de ver el romance. Un granito a la vez.
Muchas gracias de antemano por leer. Ya hacen mucho por mí al leerme, pero no estaría de más (sería un excelente plus) que me votaran, comentaran, compartieran y recomendaran.



Charlie
Género: Novela juvenil romántica.
Advertencias: leve contenido sexual.
Sinopsis:
Charlie era un joven ocupado. Dalia llevaba la buena vida de los adolescentes despreocupados. Charlie parecía vivir en al aire, cuando tenía el agua hasta el cuello. Dalia parecía madura para su edad, pero en realidad no lo era.Dalia y Charlie congeniaron de inmediato. Charlie era bastante normalito y esto le resultó atractivo a Dalia. Dalia era un poquito diferente, y esto le gustó a Charlie. Entonces ocurrió lo que, por gravedad, tiende a ocurrir en estos casos: Dalia y Charlie comenzaron una relación.Pero lo que Dalia no sabía era que Charlie era mucho más de lo que aparentaba, y aunque Charlie era bueno, centrado, respetuoso, y la quería mucho, llevaba consigo una carga que Dalia no sabía si podría soportar.
PD: Suena bien cliché, lo acepto, pero juro que no lo es.
Quise variar un poquito las cosas y espero haberlo conseguido.



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Pueden leerla en línea y/o descargar el PDF: AQUÍ
(No se preocupen, es en Google Drive, es seguro).


Pero también pueden leerla en Wattpad: Aquí.

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Espero sea de su agrado.
La retroalimentación siempre es bienvenida.
No olviden echarle una miradita a mis otros artículos y relatos.
Muchas gracias.

Saludos.


Charlie (Novela corta) Capítulos 1 y 2

¡Hola a todas y todos!
Vuelvo con una novelita corta, hetero, agrego, pero esta vez, juvenil. Me ha dado por escribir hetero por todas esas novelas pseudo-románticas y/o eróticas que me explotan las bolas con sus conceptos erróneos y sus ideales enfermizos, tan en boga ahora, y tan dañinos, debo decir. Así que espero haber conseguido un trabajo decente (como me lo planteé) porque poco a poco tiene que ir cambiando esta manera tan errónea de ver el romance. Un granito a la vez.
La subiré al blog, irán dos capítulos por entrada, y, al igual que en Wattpad, serán dos capítulos al día. Así se irá la semana. Ya está prácticamente terminada, por lo que no teman que no cumpla la promesa. Lo haré. Lo prometo.
Sin más, espero que disfruten la lectura. Que también está en 

Wattpad: Aquí.

Muchas gracias de antemano por leer. Ya hacen mucho por mí al leerme, pero no estaría de más (sería un excelente plus) que me votaran, comentaran, compartieran y recomendaran.
Saludos a todas y todos.
Atte.
Seiren.

Charlie
Género: Novela juvenil romántica.
Advertencias: leve contenido sexual.
Sinopsis:
Charlie era un joven ocupado. Dalia llevaba la buena vida de los adolescentes despreocupados. Charlie parecía vivir en al aire, cuando tenía el agua hasta el cuello. Dalia parecía madura para su edad, pero en realidad no lo era.
Dalia y Charlie congeniaron de inmediato. Charlie era bastante normalito y esto le resultó atractivo a Dalia. Dalia era un poquito diferente, y esto le gustó a Charlie. Entonces ocurrió lo que, por gravedad, tiende a ocurrir en estos casos: Dalia y Charlie comenzaron una relación.
Pero lo que Dalia no sabía era que Charlie era mucho más de lo que aparentaba, y aunque Charlie era bueno, centrado, respetuoso, y la quería mucho, llevaba consigo una carga que Dalia no sabía si podría soportar.
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PD: Suena bien cliché, lo acepto, pero juro que no lo es.

Quise variar un poquito las cosas y espero haberlo conseguido





1




No le importaba. Já. ¿Tenía doce años? Quince apenas. Pero ese salto entre doce y quince había sido enorme, aunque a veces no lo parecía. Por momentos sentía que seguía teniendo doce, pero pronto recordaba todas las cosas que había hecho, ¡en tan sólo tres años! Adiós virginidad (aunque nunca le importó mucho), bye bye dependencia emocional paterna, cero novios, pocos amigos, e incluso así, pensaba que había recolectado bastantes experiencias. Tres años siempre resultan una cantidad exagerada cuando se es tan joven y tan curioso.  Pero entre esos tres años y los varios minutos que llevaba de espera apenas podía percibir diferencia alguna. Aun así, no iba a dejar que le importara; aunque la dejaran plantada, no tenía que ser la gran cosa.
Miró el reloj en su muñeca una vez más. Ya pasaba media hora. No tenía caso. A veces se preguntaba si no era demasiado puntual para su edad. Luego entró en cuenta de que la puntualidad no era cosa de edad, sino de educación. «Maldito bobo maleducado». Esperaría cinco más, luego, un helado y a la casa. De todas formas, el tonto de Robert ni siquiera era la gran cosa. Al inicio se había pasado noches enteras tratando de descifrar qué demonios en él le resultaba atractivo. Y al final sólo pudo llegar a una conclusión: no trataba mal a nadie. Podía hacer bromas con los amigos de vez en cuando, pero eso de ser grosero, sexista, machista, homofóbico, y demás ridiculeces inventadas por seres humanos excesivamente acomplejados, pues no las había notado en él. Y tampoco le iba del todo mal en clases, era de nota promedio, siempre, y parecía tener cierto talento con la música, pero de ahí, nada, ni guapo era. Bueno, quizá un poco, como cuando hacía ese movimiento, como si estuviera avergonzado, daba un paso al frente, agachaba un poco la cabeza y se acomodaba el cabello detrás de las orejas, casi con la mirada perdida sonreía, excusándose con el mundo por ser tan estúpidamente adorable. Aunque comenzaba a replantearse ahora si no era cosa suya más que de Robert. Cosa suya y de sus hormonas que se sentían solitarias. Lo que sí resultaba obvio era que la puntualidad no era una de sus cualidades.
«Esto ni una cita es, y ya parezco un monumento a la estupidez. Bah, no vale la pena».
Dalia miró el reloj por última vez y caminando muy lentamente se alejó de la plaza, llegó a la heladería de la esquina y se compró una inmensa Magnun de almendras que devoró con descaro. Se quedó en el establecimiento por el aire acondicionado, que afuera se sentía a 40º y estaba de mal humor. Así devoró el helado sin reparos, ignorando el escándalo de los chicos de la mesa de la esquina, y suprimiendo la tentación de comprar otro.
Llegó a su casa después de rodear, con mucha mucha paciencia, el parque central, recorrer el callejón detrás de la licorería de la esquina (otra esquina, una más cerca de su casa) y la casa del señor de los gatos (porque las solteronas modernas no tienen gatos, tienen jóvenes apenas en la edad legal). Pasó por la casa de su mejor amiga, pero sabía que no se encontraba, andaba en la piscina (muy sensata ella) con su novio, el estúpido de Charlie. Le resultó tan cliché que su amiga saliera con tal idiota que ni siquiera se molestó, «estas cosas no suelen durar, la naturaleza es sabia y Darwin no estaba tan equivocado.» Selección natural. Adaptación. No cumplirían ni una. Dalia ya se estaba preparando para el moderno ritual de post—ruptura, con guantes de boxeo, una caja de cerillas y mucho chocolate. «Y luego dicen que las mujeres somos complicadas».
Vio su laptop encendida y se dio un ligero golpecito en la cabeza. Comenzaba el momento de enumerar las cosas positivas que salían de las negativas. Lo negativo: Robb no había llegado a la cita. Lo positivo: su pobre máquina no sufriría toda una tarde de temperaturas infernales arriesgando así su integridad y, de paso, el bienestar emocional de Dalia. La apagó, la desconectó, y luego se tiró a la cama. De todas formas, Robert no iba a llegar. No sabía por qué pensó que lo haría. Tal vez había sido una broma, no de él, claro, Dalia no podía creerlo del todo, sólo en porcentajes mínimos, y aunque ella nunca era la excepción, tampoco era siempre la estadística. Así que no, no lo creía cosa de Robb, pero sí de sus amigos, después de todo, medio salón de clases sabía que gustaba de él. Y en realidad, medio salón de clases no estaba tan interesado en su vida, es que ella misma lo había soltado de sopetón. Pensó que así se iniciaría un nuevo ritual: en el que te confiesas para así superar un amor que, en otra circunstancia, cualquier persona aceptaría; pero Dalia no veía nada bueno en eso por ningún lado y estaba dispuesta a superar esa etapa sin importar cuántos rituales tuviera que atravesar, y aunque tuviera que desobedecer a sus alocadas hormonas.
Pero Robb se ruborizó, agachó la cabeza, dio un paso adelante, y ¡bam! La besó. Medio salón de clases estalló en sorpresa, en verdad nadie lo esperaba (medio salón de clases conocía a Robb mejor de lo que Dalia lo hacía). Y Dalia, aturdida por la inocencia de tal acción (una inocencia ni buscada ni esperada, puesto que no era lo suyo), apenas tuvo tiempo para invitarlo a salir. La respuesta no vino de inmediato gracias a la ambigua intervención del profesor de matemáticas, pero llegó después de clases, en forma de un mensaje de texto decentemente escrito que no la hizo sospechar sino hasta ahora, que estaba en la cama, con el celular intacto mostrando cero señales de vida. Cassy no la llamaría sino hasta en la noche, le gustaba tanto el sexo con el tarado de Charlie que seguramente le hablaría de eso... otra vez; así que no había razón para que sonara, aparte que para una disculpa, de Robb, por ejemplo. Pero nada. Nada. Absolutamente nada.
Cuando sintió sueño dejó de importarle.
Dalia se quedó dormida durante cinco extensos minutos que le parecieron una eternidad. Cuando se espera algo de alguien, naturalmente, todo irá en tu contra. Las leyes del universo, nada más. Se levantó y fue al refrigerador por yogurt, congelado, como le gustaba. Subió de nuevo a su habitación, y aunque tenía ganas, no encendió la laptop porque temió que el calor la hubiera resentido demasiado. Se volvió a sentar sobre su cama, con las piernas recogidas, mientras, cucharada a cucharada, sentía como su garganta se congelaba.
Y de todas formas, Robb tendría muchas cosas que hacer. Ayudaba en el negocio familiar los fines de semana, y boba ella, era sábado. Y si no era esto, pues tampoco era una obligación acudir a una cita aunque ya la hubiera aceptado. Si a última hora le dio miedo o sintió arrepentimiento, pues estaba muy en su derecho de demostrarlos como mejor la pareciera a él, y lógicamente, esta demostración no tenía por qué cumplir los ideales de Dalia en cuanto a la no asistencia de citas, que en este caso, para ella, lo sensato habría sido avisar. Tan fácil como eso. Ni siquiera se lo iba a tomar personal.
Pero este misterio, esta razón desconocida, este dilema, esta variable X, no la dejaba en paz. En el peor de los casos, le habría pasado algo. Su vida nunca había sido tan dramática y no creía que comenzaría a serlo con Robb. Y aunque lo pareciera, tampoco era de las que le daba muchas vueltas a las cosas, así que después de comer el yogurt, tomó su celular y marcó.
—¿Pasa algo? —respondió Robert del otro lado. Vaya saludo. «Y vaya él, haciéndose el importante».
—Soy Dalia.
—Lo sé, me fijé antes de contestar.
—Sensato tú.
—¿Pasó algo?
—No, nada. ¿Estás bien?
—Trabajando todavía, pero todo en orden.
—Ya veo. Entonces nos vemos en el colegio el lunes.
—Claro.
O lo había olvidado o no lo sabía. Ya. ¡Pero y qué más daba! La tarde del sábado se había deshecho y el cielo parecía forrado de papel maché azul oscuro espolvoreado con escarcha barata. Cinco minutos habían sido una eternidad, pero las cuatro horas restantes apenas habían existido.








2




Robb recibió una mirada tan penetrante, tan acusante, tan innegablemente amenazante, intimidante, increíblemente incómoda y desquiciadamente persistente. La mirada le pertenecía a Cassy, que se había tomado demasiado personal su desplante. Dalia le había dicho que en verdad no le había importado tanto, pero ¡ah! ¡Qué va a convencer uno a las mejores amigas!
—Estaba trabajando.
—No lo excuses, es un idiota. Charlie nunca me ha dejado plantada. Y además, es puntual.
—¡Quién lo diría! —exclamó, divertida—. De todas formas, no es tan grande, un «me gustas» raras veces equivale a un «estoy enamorada de ti». Para fortuna mía, parece que todavía tengo remedio. Las mariposas en mi estómago estaban equivocadas, como casi siempre.
—Bueno, él se lo pierde.
—¡Nah! No creo. No parecía muy interesado en primer lugar. Creo que de haber hecho mi confesión en un lugar no tan público, me habría rechazado lo más educadamente posible.
—Para después jactarse a tus espaldas —masculló—. Los que parecen educados siempre son los más pedantes.
—No importa ya. Bájale a tu calentura que ya pareces reactor nuclear.
—Con gusto le derrito lo que le queda de cerebro a ese descerebrado.
Robert las evitó el resto del día, sin saber por qué recibía tanto odio de parte de ellas; de Cassy sobre todo. Aunque Dalia parecía serena la mayor parte del tiempo, de tanto en tanto notaba algo en su mirada, pero ella no lo miraba con rencor, como Cassy, sino más bien con decepción. Robb recordó la confesión y el beso, luego vino la confusión, unas agallas más grandes que las del tiburón blanco, y un roce entre labios que, aunque inocente, le había resultado inusitadamente placentero. Jamás había pensado en Dalia de esa manera. Ella era algo aparte, entre silenciosa y apasionada. Cuando se enojaba provocaba mucho miedo en verdad y raramente se le veía reír con alguien más que no fuera Cassy. Pero era inteligente. Robert encontró esto muy atractivo a pesar de nunca haberlo considerado antes. Tenía unas libras de más. Algunas chicas del salón la llamaban gorda, algunos chicos decían que estaba bien, normal, que con hambre pasa todo. Estos comentarios siempre le resultaban groseros pero nunca dijo nada. A sus ojos, Dalia no podía tener más que unas quince libras de sobre peso, pero era alta, así que había cierto equilibrio que la hacía ver bastante atractiva, al menos para él, aunque al sentarse se le formaban rollitos en el estómago. Él, de todas formas, tampoco era un modelito, llevaba ortodoncia por sus dientes chuecos, y además le salían espinillas casi todas las semanas. Cierto que no era del todo flaco, pero no era atlético, no tenía músculos, era casi desgarbado, una postura que lo hacía parecer enfermizo. Lo salvaba su rostro, que no estaba del todo mal, y su cabello, liso y sedoso, milagro de la naturaleza más que trabajo propio. No era popular, pero tampoco el hazmerreír. Para ocupar este puesto tendrían que marcharse al menos seis de sus compañeros, así que por el momento se sentía a salvo.
Pero el punto aquí era que había hecho algo, y no sabía qué. Habría que ver. «¡Mujeres!» Lo que suelen decir los muchachos inmaduros.
Cuando salió de clases, en el portón principal se encontró a Dalia. Comía una cremita congelada y lo hacía con tantas ganas que se le antojó una.
—¿En dónde la compraste?
—En la tienda a dos cuadras —respondió Dalia—. Me han ganado las ganas —sonrió. Dalia tenía una bonita sonrisa —. A que se te antojó.
—No lo negaré.
—Si prometes comerla rápido, te doy la de Cassy.
—Oh no, gracias. Ya no puedo con sus miradas —se apartó, incómodo.
—Descuida. Ya se le pasará.
—Digo, ¿qué demonios le hice para que me mire así? —preguntó en verdad consternado —. Si aparezco en las noticias de las siete, será cosa de ella. No bromeo.
—Ah, es que entonces no sabías —intervino—. Se lo dije, pero no te cree tan bueno  —volvió a sonreír —. ¡Demonios! Tuve que haber apostado.
—No sé de qué estás hablando...
—De la cita del sábado —respondió Dalia, como si nada. El fin de semana realmente le había servido para poner las cosas en orden, y ya para el domingo en la tarde había dejado de sentirse mal.
—Cita... ¿con quién?
—Conmigo.
—No recuerdo...
—Descuida. Ya sabía yo que se trataba de una broma. 
Robb se quedó ido en el rostro de Dalia, en su mirada juguetona, y en sus voluptuosos labios. Ya se había terminado su cremita, pero los labios le habían quedado algo inflamados, casi morados. ¿Qué esperaba encontrar en ese rostro? ¿Decepción, dolor, rencor? Pues no había nada. Podría darle vuelta, desollarla, momificarla, y el resultado sería el mismo. No había rasgo alguno que delatara su descontento. Sin enterarse de nada, supo que Dalia ya había pasado de él. Era decepcionante.
—No tengo idea de quién pudo haber sido. Lo siento.
—No hay problema —dijo Dalia —. No ha sido tu culpa.
—¡Habría ido! —intervino Robert bruscamente. Luego volvió a retroceder, más apenado, como si fuera posible. Había que ver a este chico —. Digo, eres agradable.
—Bueno, podríamos salir, como amigos, claro. Es obvio que no te gusto, pero estoy bien con eso.  
«Jamás la había considerado». Y no tenía por qué comenzar a considerarla ahora sólo porque sabía que gustaba de él. No era justo. No se sentiría bien consigo mismo si lo hacía simplemente por esa razón. Robb no se consideraba una buena persona, pasaba tan pendiente de sus propias faltas que olvidaba ver sus cualidades, y cada vez que notaba algo extraño en otro, algo que encontró guiado por algún prejuicio, se lamentaba y se castigaba a sí mismo. Dalia no conocía esta parte de él, nunca lo haría ya, pero tanto a ella, como a los demás, el que Robb tuviera tanto tacto con las personas parecía un rasgo tan positivo como agradable, una cualidad envidiable. No sabían las desventajas con las que Robb vivía por ello.
—Tienes razón —respondió Robb, pero no se disculpó, no quería parecer arrogante y pretencioso.
—Claro.
—Me tomó por sorpresa —continuó él, tímido, sumamente consciente de sus palabras, aunque sin saber el efecto que esperaba provocar en ella —, me sentí halagado. Jamás pensé... es que eres tan aparte, si no es Cassy, no es nadie, y además, no creo que fuéramos lo suficientemente cercanos como para...
—Comprendo —lo interrumpió Dalia —. Y ni yo misma lo sé, sólo sucedió. Digo, siempre me has resultado muy agradable, y no eres tan como el resto de los chicos. Eres amable —suspiró—. Quizás tengas razón y ha sido cosa mía, como un capricho o algo. Tuve que haber pensado mejor las cosas antes de decirte algo, o mejor aún, no decir las cosas en frente de todo el salón de clases.
—No me sorprende —sonrió Robert—, a veces simplemente parece que el resto del mundo no existe para ti.
Pero sí existía, aunque tal vez de una manera diferente, o más normal de lo que le gustaría aceptar, ni ella misma lo sabía.
Cassy apareció a los pocos minutos que Robb se marchara. Dalia, como buena amiga, la puso al corriente de la conversación, y aunque esto no disipó por completo el rencor de Cassy, si la influenció lo suficiente como para aminorar el ardor que despedía con sus miradas.  Robb nunca le había caído mal, pero tenía que respetar el código ético entre amigas. Y eso era justamente lo que había hecho.

Hasta que todo cambia (relato erótico hetero).

Hola a todas y todos.
Según esto, mi última publicación fue el 30 de marzo. Hoy es 8 de abril, así que no estoy tan dejada, eh.
Decidí experimentar un poco, porque no soy muy dada a escribir hetero, y mucho menos a escribir porno/erótico, así que había que intentarlo, aunque fuera por diversión. Escribo esta entrada en una pausa, porque estoy terminando este RelatoLargo/NovelaCorta (creo que más relato). Espero guste lo suficiente para que lo compartan. No olviden comentar tampoco.
Hasta que todo cambia.
Romance (poco), erótico, heterosexual.
 
Advertencias:
Contenido sexual. Recomendado para mayores de 16.
 
Sinopsis:
 Tea y Adrián se conocen desde hace tiempo y la familiaridad entre ellos siempre impidió que se consideraran mutuamente para ciertas cosas. No obstante, distraídos y ajenos a ellos mismos, en una noche tan común como cualquier otra, tienen sexo por primera vez.
Las cosas no cambian. La dinámica es la misma entre ambos, la única diferencia es que tienen sexo cada vez que se les antoja, como si fuera la cosa más cotidiana del mundo.
En el fondo sólo esperan mantener las cosas así todo el tiempo posible. Aunque en el fondo también sienten que cuando termine eso que tienen, todo quedará igual.
Nada tiene que cambiar.

Ruptura (Relato)

Va sobre un engaño.
Advertencias: leve contenido sexual. Engaño.
PD: No encontré una imagen apropiada xD
PD2: Gracias por leer.
EN WATTPAD


Ruptura



La lata de cerveza cayó estrepitosamente y comenzó a rodar calle abajo. Las farolas del alumbrado público alcanzaban a bañar el pavimento con su tenue luz. La noche estaba cálida. Los tres habíamos bebido de más.
En el edificio de al lado, dos pisos arriba, la fiesta seguía desarrollándose con naturalidad. A través de la ventana podía verse el errático ir y venir de las luces. La cortina ondeaba a pesar de que no hacía viento. Apenas alcanzábamos a escuchar el ruido de la música. Una chica descansaba cerca del barandal, sólo era apreciable su silueta y la del vaso que sostenía en la mano y que no se había empinado ni una tan sola vez en los últimos diez minutos.
Sólo pasó —murmuré.
Simon se sobaba la quijada. Johan, en cambio, se movía de un lado a otro, de extremo a extremo del auto. Balbuceaba como loco.
Joder, Carol, estas cosas no «sólo pasan» ¡Qué demonios tienes en la cabeza! —golpeó el auto con el puño y se alejó, medio arrepentido. Se detuvo un par de metros después.
Oye, hombre...
¡Tú ni me hables! ¡Demonios!
Estamos algo colocados —intervine—, lo mejor es seguir con esto mañana.
Johan metió las manos en uno de sus bolsillos y agitó las llaves que guardaba dentro, haciéndolas titilar. Las extrajo y las quedó viendo, confundido. Luego nos miró a Simon y a mí. El odio seguía ahí, brillando en sus ojos. No dijimos nada.
Y tampoco dijimos nada cuando Johan se subió a su automóvil y lo puso a andar de repente. El sonido de las llantas sobre el asfalto consiguió asustarme, se me erizó la piel. Me abracé a mí misma y suspiré. Simon seguía sobándose.
Volví a suspirar. Tenía calor y sudaba en exceso, pero creo que fue más por el nerviosismo. Jamás me había peleado con Johan, las cosas no tenían por qué suceder así, sin embargo...
Ha sido todo culpa mía —dijo Simon. Se acomodó la ropa y se acercó a la acera. Se sentó. Escondió, un momento nada más, su rostro entre sus manos. Maldijo casi en silencio.
Si ha pasado es por algo —dije yo, acercándome a él —. ¿Te arrepientes?
Joder, no, Cary. Es sólo que... no sé, no debió enterarse así.
Habría reaccionado igual —comenté ausente —. O no sé, al menos eso creo.
Y tú... ¿te arrepientes?
Simon tenía un tatuaje en el hombro. Lo vi la noche que tuvimos sexo por primera vez. Antes de eso jamás lo había visto sin camisa. Ese día no había pasado nada en particular. Nos encontramos por pura casualidad en el centro comercial, el saludo obligatorio, había una persona que nos conectaba después de todo. Y sí, nos llevábamos bien cuando estaba Johan presente, porque nos agradábamos, pero sin él con nosotros, establecimos una distancia, como si inconscientemente supiéramos que algo podría pasar. Y entonces pasó. Comimos. Caminamos. Platicamos tanto y nos sentimos tan a gusto que decidimos seguir la fiesta a solas. No habíamos probado ni una tan sola gota de alcohol cuando comenzamos a besarnos. Cuando menos lo supe ya estaba sin ropa, ida en el tatuaje extraño que Simon tiene en el hombro. No pensé en Johan ni una tan sola vez.
Era estúpido preguntarnos el uno al otro si nos arrepentíamos, lo habíamos hecho más de veinte veces desde entonces, todo en tan solo tres meses. Pero no, si había que decirlo, ni siquiera sentí culpa la primera vez.
Claro que no, Simon.
Simon se puso de pie. Comenzó a andar erráticamente en la dirección que Johan se había ido. Vamos, que debía sentirse una mierda, eran amigos de verdad, no sólo de juerga. Los dos chicos decentes, chicos normales que jamás habían experimentado este tipo de drama.
Esta no me la va a perdonar. —Apenas alcancé a escuchar sus palabras. Simon tenía las manos hundidas en su cabello. Ya venía de regreso. Me senté y lo esperé. Hizo el amago de irse en más de una ocasión, pero al final, se sentó a mi lado —. Pero no quiero dejarte —agregó.
Le tomé las manos y le busqué los labios. Lo besé con fuerza. Al sentir su lengua la tomé entre mis dientes, pero pronto la liberé para morder su boca.
No supe cuándo dejó de gustarme Johan y comencé a interesarme en Simon, pero ahí estábamos ahora y esa era la situación. No había manera de volver al pasado para regañarnos a nosotros mismos y decirnos que no merecía la pena poner en riesgo una amistad así. Sobre todo porque yo no estaba muy segura de esto. Cuando estaba en la cama con Simon, cuando nos besábamos o cuando simplemente nos encontrábamos para comer juntos, sentía que lo valía. Por supuesto no sabía qué pensaba él.
Simon se levantó, dudó un instante, no sabía qué hacer, pero me miraba, y esto pareció bastarle. Me llevó hasta su auto, al asiento trasero. Adentro estaba todavía más caliente, pero no encendió el aire acondicionado. Olía a desodorante ambiental.
Enseguida me quité la blusa, no llevaba sostén. Mis senos brillaban humedecidos por el sudor. La primera reacción de Simon fue morderlos. Gemí y le halé el cabello, me había hecho daño.
Disculpa.
Está bien, sólo ando pre, el cuerpo se me pone como loco, todo sensible.
Él lo sabía, no tenía por qué darle explicaciones, sólo decirle: «oye, ya sabes».
Lamió un pezón y besó el otro.
Hasta toda sudorosa hueles delicioso, Cary —dijo —. Pero lo salado no te lo quita nada.
Reí.
Pronto comencé a llorar.
Simon me atrajo hacia él y me abrazó con fuerza. Sentí la erección contra mi cuerpo, quise alejarme, desnudarme por completo y decirle: oye, nada de abrazos, tengamos sexo y nada más, me llevas a casa y ya veremos mañana cómo arreglamos las cosas con Johan. Vamos, sexo, sólo sexo. Pero Simon también lloraba, lo escuché en su pecho.
Terminaré con él —sollocé—, y contigo, así seguro en un par de días vuelven a ser amigos.
Simon negó con tanta fuerza que me golpeó la cabeza. Me apretó incluso más. Me hacía daño, pero me dejé.
Yo te besé primero —dijo, tratando de tomar toda la culpa consigo.
Ya. Pero yo te devolví el beso. Además, siempre soy la primera que se desviste, si vamos a eso... un beso es inofensivo, ya, pasa a veces, ya sabes...
Esa vez, yo me desvestí primero y él comenzó a acariciarme entre las piernas. Estaba tan mojada, tan inexplicablemente excitada. De haber bebido, fácilmente hubiéramos culpado al alcohol. ¿Acaso estas cosas no suceden más cuando la gente está borracha? Pero no, nosotros estábamos mejor que sobrios, completamente hechizados con la realidad que nos envolvía. Una realidad falsa en la que no existía Johan. Por eso pudimos hacer lo que hicimos a continuación. Simon me acarició con la lengua, yo con la mano, y entonces lo sentí dentro, y abrí los ojos como nunca antes porque por un momento pensé que si al fin reconocía en verdad a la persona con la que estaba teniendo sexo, todo terminaría y no se repetiría. No fue así.
Simon ahora me acariciaba. Dentro del auto el calor era insoportable y yo estaba sudadísima, ya completamente desnuda. Otra vez habíamos dejado de pensar en Johan.
Me gusta Simon, me gusten verdad.
Yo tenía sus dedos dentro y sólo podía pensar en lo bonito que se veía su rostro acalorado. Entonces un movimiento, gemí, lo abracé, comenzó el ir y venir de mis caderas. Tomé su rostro entre mis manos, junté su frente con la mía. Escuché cómo desabrochaba el cinturón y se bajaba la cremallera, y entonces me dejé ir, apretándolo con más fuerza, arrancándoles los labios de tajo entre gemido y gemido.
Pensé que Johan habría notado algo. Llevábamos casi un mes sin sexo. Yo ya no lo buscaba en su cama, ni el placer de sus labios. ¿Me pasaría igual con Simon? ¿Pasaría de él como había pasado de Johan?
Estás pensando —masculló Simon, agitado.
Reí. Agité la cabeza. Él enterró sus dedos en mi cabello, su otra mano descansaba en mi espalda. Mis senos rosaban su pecho desnudo. Sudábamos excesivamente. Era ridículo.
Abre una ventana —reí.
Se negó. Le mordí una oreja.
Eres una escandalosa.
Y qué más da. Imagina cómo se ve el auto desde afuera, con tanto movimiento —reí otra vez. Reía mucho cuando estaba nerviosa.
Precisamente. Ya es suficiente espectáculo.
Me mordió el hombro izquierdo, luego la boca.
Ya. Pero si no hay nadie afuera.
Me apretó más, me hizo daño, pero me gustaba que me abrazara con tanta fuerza. Entonces colocó ambas manos en mis caderas, yo estaba hecha una loca sobre él, sintiéndolo con cada fibra nerviosa. Me gustaba así, concentrarme tanto, tratando de encontrar sensaciones nuevas. A veces me dolía. Se me tensaba todo el vientre, las piernas. Se me acalambraba el cuerpo, completito, quedaba hecha una masa deforme y me terminaba fundiendo en él.
Más, Sim... más... —gemí.
Me arañó la espalda.
Simon —volví a gemir —. Duele...
Le arañé los hombros. Mordí su cuello. El dolor cesó relajándome por completo. Segundos después, el terminó también.
Me quedé echa un ovillo en el asiento trasero. Simon todavía no había puesto el auto a andar.
¿Segura quieres irte ahí?
Despiértamente cuando lleguemos a tu casa.
De acuerdo.
El ronroneo del motor y el ligera vibración del auto en movimiento me relajaron bastante. Me quedé dormida un segundo, pero fue suficiente para soñar con Johan. Lo conocí en la universidad, ambos de primer ingreso, en carreras diferentes, al pasar las clases generales no nos volveríamos a ver. Me gustaba tanto Johan en ese momento, tanto como me gustaba Simon ahora. ¿Me pasaría otra vez? ¿Dejaría de gustarme Simon y me interesaría en alguien más?
Sentía las piernas pesadas y me ardía un hombro. Todavía estaba mojada. El aire entraba violentamente. Simon corría. El viento se colaba por su ventana.
A Simon lo conocí después. No iba a la misma universidad, aunque estudiaban lo mismo que Johan. Su familia no tenía para tanto, era una universidad menos prestigiosa, pero él parecía inteligente, educado, hacía comentarios certeros, me ofrecía su silla cuando no había más espacio. Los chicos no solían llevar a sus chicas a las reuniones. Yo siempre iba y él no hacía que me sintiera ignorada. Odiaba eso, odiaba quedar relegada a «una de las novias». Él nunca me miró así.
Sentía los labios inflamados, tenía el cabello revuelto, los pezones sensibles me dolían al rozarse contra la tela de la camisa de Simon.
El auto se detuvo. Esperé un momento, quería que Simon me despertara, pero se quedó quieto y no dijo nada. Podía escuchar su agitación junto con el ronroneo del motor del auto. Pero sólo eso. Sus pensamientos jamás los escucharía.
¿Me quieres, Simon? —pregunté, jugando a la dormida.
Sí —respondió, sin dudar. Se me encogió el pecho por completo. Apenas podía respirar.
Entonces pidamos perdón, pidamos perdón hasta perder la voz.
Mañana —murmuró.
Puso el auto a andar nuevamente. Ahora iba más lento, el aire no se colaba dentro con tanta violencia. Pensé en lo mucho que quería a Simon, y que no valía la pena seguir preguntándome si algún día le haría algo similar a él. Pero lo haré bien, terminaré primero, y luego, lo que sea. Da miedo querer, pero también dejar de querer, como si lo primero fuera lo natural y lo segundo el desastre.
La vida, la vida...
Cuando el auto se detuvo por segunda ocasión, por fin me quedé dormida.