La princesa wikinda. Pt. 1

LA PRINCESA WIKINDA  1 Todo el mundo pensaba que eran extraños. Quizás no del tipo de extrañeza que evoca a una de esas familias conservadoras (porque además, distaban mucho de serlo) que vivían en las colinas a las afueras del pueblo con sus establos, vacas y gallinas; ni del tipo de familias extravagantes con peinados modernos, autos exóticos y esaContinuar leyendo »

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Relato eróticos: La secretaria decente

Estas aburrida en tu trabajo, hoy apenas sonó el teléfono y tienes poco trabajo, me ves entrar a la oficina, apenas te fijas en mi, cuando estoy cerca apoyado en el mostrador, te fijas en mi sonrisa, en mis ojos, me pides que te repita lo que deseo, porque sin saber porque no entendiste lo que decía. Te extrañas deContinuar leyendo »

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Relato XXX de fantasía sexual: Voraz

Espero que mi primer relato XXX de fantasía sexual sea totalmente de su agrado.

Lo conocí un día soleado (la verdad no me interesó inmediatamente, no me pareció especial). Me lo presentó mi amigo Tomás en una de sus famosas “tardes de estudio”:

Tomás – July te presento a Patricio.

Yo– hola Patricio.

Él –Un placer July.

Solo fueron esas las palabras las que cruzamos aquel día, después solo lo olvidé toda la tarde, pero cómo no, una de mis amigas hizo comentarios lujuriosos sobre él, yo solo me limité a oír y reír con el grupo, sabía que solo era fascinación por el juguete nuevo.

Pasaron unos días después de la “tarde de estudios” y donde iba en la facultad me lo encontraba. La verdad es que era un tipo muy amable y simpático, un tanto mayor que yo, quizá unos 6 años, era ayudante del profesor de Matemáticas. Materia en la que yo me destacaba, así que sin pensarlo nos comenzamos a hacer cercanos.

Fue una mañana en la que al entrar a la facultad nos enviaron a una reunión en el casino, al cual nos dirigimos sin preguntar con mi grupo de amigas. Ahí estaba él, parado al lado de una ventana bañado por el sol matinal, lo que hacía que su camisa se transparentara un poco y dejara ver una espalda y unos brazos envidiables. Desde ese momento quedé atrapada por miles de pensamientos y más de una fantasía sexual… siendo él mismo el protagonista de cada fantasía sexual.

Más que una fantasía sexual

Sin pensarlo comencé a hacerme indispensable en su vida, con pequeños detalles, ayudas. Era demasiado evidente que me gustaba, todos lo notaban, incluso él, y yo no podía disimularlo… ese día me puse una falda amplia que quedaba por arriba de la rodilla y una polera con un generoso escote (solo quería llamar su atención). Me senté en la oficina a esperar su arribo, llego tarde como siempre. Entro sin notarme al principio y al verme saludo amable como siempre:

Patricio Hola July, ¡guau te ves infartante!

Yo Hola Patricio, no me digas ese tipo de cosas…

Entonces él se da la vuelta y saca de su bolsillo una llave y cierra la puerta lentamente hasta que la llave topa y la saca lentamente de la cerradura. Por alguna razón esto me éxito sobremanera, sentí que comenzaba a mojar mi pantaleta. Él se voltea y me mira de pies a cabeza como un leopardo a su presa, avanza lenta y elegantemente como esperando mi reacción, como no me muevo me toma de la mano y hace que me pare de mi silla. Yo como una autómata me paro y me quedo quieta, él se abalanza sobre mí y me da un beso ansioso, goloso y demandante (el cual yo no esperaba), pero me adapto rápido y le respondo con igual hambre, me pego a él, a su cuerpo tonificado y fibroso, siento hasta el más mínimo de sus movimientos. Sus manos comienzan a explorar mi cuerpo, primero mis pechos que son grandes redondos suaves y con una leve fragancia de Rosas, baja con sus besos hasta ese pronunciado escote y con sus dedos comienza a destapar ese pecho poco a poco hasta que lo libera y este queda levantado solo por la copa del sostén, comienza a chupar y besar mientras con la otra mano libera el pecho que falta y lo masajea como un poseso -mmm lo siento delicioso-.

Yo aún no me muevo, me siento como estacada en suelo, pero la sensación de su toque sobre mi comienza a enloquecerme, así que tímidamente comienzo a acariciar su pelo mientas le dejo hacer. Mis pezones se yerguen como un par de estandartes y comienzo a sentir ese pequeño cosquilleo eléctrico desde la cabeza recorriendo la columna y alojándose en lo más profundo de mi vientre, además siento su erección golpear en mi sexo, el cual cada vez está más preparado para lo que se viene.

Él sigue en su camino a mi perdición, sus manos bajan por mi espalda y desabrochan en un rápido movimiento la falda que cae al piso como el pétalo de una flor, entonces me agarra con toda confianza el trasero y lo aprieta lo amasa de repente me vuelve a besar la boca y me mira sonríe pícaro y comienza a bajar mis pantaletas de encaje sin decir palabra, como si supiera que yo no lo impediría, estas caen y quedo expuesta de la cintura para abajo solo con mis sandalias de medio taco. Me observa con una expresión satisfecha y dice:

 Sé que no lo esperabas, pero ya no lo resisto más y ese escote me provocó hasta el límite, ahora te haré mía y será mejor de lo que imaginaste, si quieres puedes gritar, ya que estamos solos en este piso.

Yo solo asentí y me tiré hacia él con ganas, solté su cinturón y comencé a bajar el cierre… pero él me detuvo y me sentó sobre el borde del escritorio, me besó y bajó su mano hasta mi ya inundada vulva.

 ¡Qué lista esta señorita! Pero quiero más.

Así comenzó a jugar con sus dedos en mis labios mayores, a separarlos llegando a ese pequeño vértice de placer mimándolo con múltiples tocadas pequeñas y rápidas, se agachó y haciendo que separara bien las piernas observó con una lujuria sin fin ese mar rosado y jugoso, acercó su cara e inspiró profundo. Acto seguido comenzó a besar y chupar como un bebé a su chupete. Yo sentía que iba a explotar de placer, solo podía acariciar sus fuertes brazos y su cabeza, comencé a temblar y arquear mi espalda. Él lo supo por mi temblor, por lo que metió su dedo medio en mi vagina y justo ahí hice la más increíble y húmeda explosión que jamás había hecho… pero este no es el fin de este relato XXX de fantasía sexual.

 

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Las nalgas de Angela

Este es un relato XXX que la imaginación me dejó. Lo escribí a petición una chica de un grupo de Facebook. Espero que les guste.

Era un día de verano un poco caluroso en la playa. Estaba caminando por la arena divagando en varios pensamientos. Levanto la mirada y la veo caminando, a lo lejos, hacia mí. Al momento de acercarnos la saludo: “Hola”; ella me contesta con un “¿Qué tal?”. “¿Qué haces?”, me pregunta. Le digo que sólo estaba caminando, tratando de distraerme un poco y de alejarme de la monotonía del trabajo. Me pregunta si puede acompañarme a lo que le contesto que no hay problema. “Me llamo Angela, ¿y tú?”; “Daniel”. Así fue como comenzó nuestra introducción y la plática posterior que llevo a uno de los encuentros sexuales más cachondos que he tenido.

Seguimos hablando y al cabo de cierto tiempo nos encontramos frente a un hotel. Ella, Angela, me pregunta si la acompaño un momento al hotel mientras una de sus manos me acaricia el miembro sobre el pantalón. “Vamos” le digo mientras la encamino en dirección al hotel con mi mano en sus caderas. Una vez dentro de la habitación me siento en un sillón bastante cómodo. Angela enciende el televisor y sintoniza un canal de música. La música que empieza a suena, casualmente, es un blues lento y bastante erótico. Siguiendo ese ritmo, Angela empieza a bailar lentamente y sensualmente. Se acerca a mí y se sienta sobre mis piernas moviéndose. Se para y se aleja desvistiéndose lentamente. Con poca ropa, un brassiere cubriendo sus pechos de una chica de 23 años, y una tanga que no deja nada a la imaginación y muestra esas tremendas, duras, y bien formadas nalgas que tiene, se acerca a mí gateando.

Con sus manos en mis piernas siento como va jalando de ellas para abrirlas, desabrochar mi pantalón y bajarlo. Con un bulto en mi bóxer, debido a la excitación que traía, Angela me ve a la cara mientras lentamente me lo quita. Voltea a verme de nuevo y, sonriendo, se acerca a mi pene para darle unas lamidas. Lentamente lo lame. Llega a la punta y hace círculos con su lengua al rededor de la cabeza. Mis ojos se van hacia atrás por el placer que ese movimiento me provoca. Se para y se sienta en mis piernas. Puedo sentir cómo va entrando mi verga erecta en su conchita húmeda y apretada al mismo tiempo que la escucho pujando por tener mi pedazo de carne entrando en ella. Así sigue haciéndolo una y otra vez hasta que desliza con facilidad hacia adentro y hacia afuera. Los sentones que me da son con fuerza. “Reviéntame el ano” me dice entre gemidos. “¿Te gusta mi verga, Angela? Te gusta sentirla dura dentro de ti, ¿verdad mami?”; “Sí, bebé; métemela más. Más. Más. Duro. Fuerte. Hasta adentro”

Después de taladrar su puchita me pregunta: “¿Estás por venirte? Hazlo, pero hazlo en mis nalgas; me encanta sentir la leche de mi pareja escurriendo por mis nalgas.” Rápidamente se pone a gatas en el suelo. Levanta su culo presentándome las nalgas y meneándolas, tentándome a eyacular en ellas. Las aprieto, las beso y las muerdo antes de liberar mi semen y que pinte esas blancas morenas con un color blanco.

Angela queda así, a gatas, en el suelo. Jadeando y bañada en sudor, este recorriendo su cara, y mi semen recorriendo sus redondas nalgas morenas.

 

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Las nalgas de Angela

Este es un relato XXX que la imaginación me dejó. Lo escribí a petición una chica de un grupo de Facebook. Espero que les guste.

Era un día de verano un poco caluroso en la playa. Estaba caminando por la arena divagando en varios pensamientos. Levanto la mirada y la veo caminando, a lo lejos, hacia mí. Al momento de acercarnos la saludo: “Hola”; ella me contesta con un “¿Qué tal?”. “¿Qué haces?”, me pregunta. Le digo que sólo estaba caminando, tratando de distraerme un poco y de alejarme de la monotonía del trabajo. Me pregunta si puede acompañarme a lo que le contesto que no hay problema. “Me llamo Angela, ¿y tú?”; “Daniel”. Así fue como comenzó nuestra introducción y la plática posterior que llevo a uno de los encuentros sexuales más cachondos que he tenido.

Seguimos hablando y al cabo de cierto tiempo nos encontramos frente a un hotel. Ella, Angela, me pregunta si la acompaño un momento al hotel mientras una de sus manos me acaricia el miembro sobre el pantalón. “Vamos” le digo mientras la encamino en dirección al hotel con mi mano en sus caderas. Una vez dentro de la habitación me siento en un sillón bastante cómodo. Angela enciende el televisor y sintoniza un canal de música. La música que empieza a suena, casualmente, es un blues lento y bastante erótico. Siguiendo ese ritmo, Angela empieza a bailar lentamente y sensualmente. Se acerca a mí y se sienta sobre mis piernas moviéndose. Se para y se aleja desvistiéndose lentamente. Con poca ropa, un brassiere cubriendo sus pechos de una chica de 23 años, y una tanga que no deja nada a la imaginación y muestra esas tremendas, duras, y bien formadas nalgas que tiene, se acerca a mí gateando.

Con sus manos en mis piernas siento como va jalando de ellas para abrirlas, desabrochar mi pantalón y bajarlo. Con un bulto en mi bóxer, debido a la excitación que traía, Angela me ve a la cara mientras lentamente me lo quita. Voltea a verme de nuevo y, sonriendo, se acerca a mi pene para darle unas lamidas. Lentamente lo lame. Llega a la punta y hace círculos con su lengua al rededor de la cabeza. Mis ojos se van hacia atrás por el placer que ese movimiento me provoca. Se para y se sienta en mis piernas. Puedo sentir cómo va entrando mi verga erecta en su conchita húmeda y apretada al mismo tiempo que la escucho pujando por tener mi pedazo de carne entrando en ella. Así sigue haciéndolo una y otra vez hasta que desliza con facilidad hacia adentro y hacia afuera. Los sentones que me da son con fuerza. “Reviéntame el ano” me dice entre gemidos. “¿Te gusta mi verga, Angela? Te gusta sentirla dura dentro de ti, ¿verdad mami?”; “Sí, bebé; métemela más. Más. Más. Duro. Fuerte. Hasta adentro”

Después de taladrar su puchita me pregunta: “¿Estás por venirte? Hazlo, pero hazlo en mis nalgas; me encanta sentir la leche de mi pareja escurriendo por mis nalgas.” Rápidamente se pone a gatas en el suelo. Levanta su culo presentándome las nalgas y meneándolas, tentándome a eyacular en ellas. Las aprieto, las beso y las muerdo antes de liberar mi semen y que pinte esas blancas morenas con un color blanco.

Angela queda así, a gatas, en el suelo. Jadeando y bañada en sudor, este recorriendo su cara, y mi semen recorriendo sus redondas nalgas morenas.

 

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Autorretrato mientras me masturbo

La decisión está tomada y busco acomodarme sobre mi cama. Desnudo, cierro los ojos mientras acaricio mi escroto. Me encanta sentir cómo la piel se encoge y se mueve hacia no sé dónde mientras me masturbo, juntando todos sus pliegues para presionar suavemente a los gemelos.
Masturbo con suavidad mi pene, desde el punto donde se extiende hacia afuera. Lo aprieto un poco y siento lentamente cómo se endurece. Dejo mi falo encendido y estiro el brazo hacia el frasco con crema lubricante. Saco un poco y froto con ella mi glande.
Es una sensación deliciosa, y extiendo el aceitoso fluido por toda la longitud de mi falo. Mientras lo recorro con mi mano, siento cómo se endurece más cada vez, y la sensación del frote sobre mi piel se incrementa a medida que me concentro en mi glande, disminuye un poco al alejarme de él y me dirijo hacia el fondo y así, nuevamente.
Dependo de esa crema lubricante. Sin prepucio que me permita una sensación de frote de piel con húmeda piel, necesito sentir que mi mano se desliza sobre mi verga y la recorre cuando me masturbo, llevando placer que se interrumpe tan solo de vez en cuando para apretar con suavidad mis huevos.
Veo, con mis ojos cerrados, cómo se reproducen en mi memoria recuerdos recientes y lejanos. Aún mis fantasías se pueden ver mientras mi sensación es la de una penetración real al cuerpo de mi amante.
Aprieto más, sin proponérmelo, cuando imagino que entro por el ano de alguien o por la novísima gruta de una joven que me ha entregado su virginidad.
Continúo frotándome, sin sacudirme. Simplemente me froto, subiendo y bajando con mayor intensidad. Sé que pronto explotaré y así lo dejo ser.
Aunque sé que la explosión se acerca, no me entero del instante último sino hasta que está ya encima y me entero de los espasmos que me sacuden mientras de mi se escupen, con potencia aún, hasta mi pecho y casi hasta mi rostro, los escupitajos de mi semen, espeso y cálido, que dejan charcos húmedos sobre mi pecho y mi abdomen deslizándose, lentamente, hacia el colchón.

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Autorretrato mientras me masturbo

La decisión está tomada y busco acomodarme sobre mi cama. Desnudo, cierro los ojos mientras acaricio mi escroto. Me encanta sentir cómo la piel se encoge y se mueve hacia no sé dónde mientras me masturbo, juntando todos sus pliegues para presionar suavemente a los gemelos.
Masturbo con suavidad mi pene, desde el punto donde se extiende hacia afuera. Lo aprieto un poco y siento lentamente cómo se endurece. Dejo mi falo encendido y estiro el brazo hacia el frasco con crema lubricante. Saco un poco y froto con ella mi glande.
Es una sensación deliciosa, y extiendo el aceitoso fluido por toda la longitud de mi falo. Mientras lo recorro con mi mano, siento cómo se endurece más cada vez, y la sensación del frote sobre mi piel se incrementa a medida que me concentro en mi glande, disminuye un poco al alejarme de él y me dirijo hacia el fondo y así, nuevamente.
Dependo de esa crema lubricante. Sin prepucio que me permita una sensación de frote de piel con húmeda piel, necesito sentir que mi mano se desliza sobre mi verga y la recorre cuando me masturbo, llevando placer que se interrumpe tan solo de vez en cuando para apretar con suavidad mis huevos.
Veo, con mis ojos cerrados, cómo se reproducen en mi memoria recuerdos recientes y lejanos. Aún mis fantasías se pueden ver mientras mi sensación es la de una penetración real al cuerpo de mi amante.
Aprieto más, sin proponérmelo, cuando imagino que entro por el ano de alguien o por la novísima gruta de una joven que me ha entregado su virginidad.
Continúo frotándome, sin sacudirme. Simplemente me froto, subiendo y bajando con mayor intensidad. Sé que pronto explotaré y así lo dejo ser.
Aunque sé que la explosión se acerca, no me entero del instante último sino hasta que está ya encima y me entero de los espasmos que me sacuden mientras de mi se escupen, con potencia aún, hasta mi pecho y casi hasta mi rostro, los escupitajos de mi semen, espeso y cálido, que dejan charcos húmedos sobre mi pecho y mi abdomen deslizándose, lentamente, hacia el colchón.

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Masajes sensuales a mi cuñada

Me casé con mi novia, ella es una chica realmente hermosa, de piel blanca y cabello como de oro, sus ojos y todo lo de ella es hermoso, tomando en cuenta que tiene un trasero espectacular, grande y redondo, que se conjuga realmente bien con sus firmes piernas. Sus características son totalmente naturales, y es la razón por la cual sus hermanas también son así, muy parecidas, aunque sinceramente, la mayor tiene un trasero de mayor proporciones, que sinceramente creo que es perfecto. Hago estas descripciones, porque creo que la vida es un constante flujo de acontecimientos extraños que sin lógica suceden, y cuando pasan no hay justificación para las cosas que llegan a sentirse, es decir, ¿por qué mi cuñada tiene que ser tan atractiva a mis ojos si mi esposa es físicamente como ella y es mejor persona? Es increíble, ¿no? Pero así solemos ser los humanos, contradictorios en toda nuestra manera de vivir.
Cuando nos mudamos a nuestro nuevo hogar, había que hacer trabajos de pintura y cosas semejantes, detalles que harían de ese lugar un agradable espacio para comenzar a vivir. Mi esposa tenía un trabajo de tiempo completo y esos días le tocaban muchas más actividades hasta bien entrada la tarde, por eso mi cuñada se ofreció a ayudarme con algunas cosas, entre esas, pintar. Estábamos pintando el patio trasero con un sustituto de la pintura de buena calidad, era Cal, y la cal, al contacto con la piel tiende a lastimarla, resecándola. Mi cuñada por su inexperiencia pintando se manchó mucho, incluyendo la cara, el pecho y los hombros, le dije que al terminar se diera un baño para que no le hiciera daño y bueno, así fue, cuando terminó se duchó. Me había dicho que le dolía un poco la espalda antes de bañarse y por esa razón le dije que si quería al salir del baño le daba un masaje.
Así pues, salió y le dije que si quería el masaje y aceptó. Se fue a una habitación que teníamos al lado de donde dormiría con mi esposa y se acostó solo con un short y su brassier, comencé a masajear sus piernas, su espalda baja, de verdad que aunque tratara de evitarlo, ver ese trasero allí, tan cerca de mis manos era una real tortura, quería tocarlo desesperadamente, pero honorablemente me contenía. Desabotoné su brassier para poder masajear bien su espalda y ella no lo vio como algo inusual, pues no lo era, pero mi cabeza ya estaba entrando en la zona esa donde los hombres dejamos de pensar claramente, ¡qué bella era su espalda, con pequitas y de piel blanca!, ciertamente mi cuñada es muy hermosa.
Entonces, le dije que la cal había caído en su pecho, que se volteara para colocarle crema humectante, se dio la vuelta y se tapó los senos con un paño, mientras yo le aplicaba la crema muy pero muy cerca de esos lindos senos, ella con sus ojos cerrados estaba tranquila, no decía ninguna palabra, sus labios eran atractivos, provocaba darle un dulce beso, volví a pedirle que se diera la vuelta y comencé nuevamente a darle masajes sensuales en sus piernas. Le dije que la próxima vez tenía que ser sin short para poder llegar un poco más arriba, y ella contestó que estaba bien.
Todas esas pequeñas palabras que decíamos tendían a excitarme, y por esa razón mi pene bajo mi short estaba… puff, súper parado, queriendo salir de allí. Masajeé sus pies, y sin pensar mucho me saqué el pene, ya que ella estaba bocabajo y no veía, y lo coloqué en las plantas de sus pies, le eché crema y le daba masajes sensuales… con la punta de mi pene, ella no decía nada, pero a todas estas yo creo que no se estaba dando cuenta de lo que yo hacía, mi corazón temía que se explotara, palpitaba como desbocándose, era la segunda vez que hacía esto de ponerle mi pene en sus pies y ella creo que no lo notaba. Así estuve un rato y luego lo escondí, volví a masajearle un poco sus piernas y ella estaba súper relajada. Le dije que ya estaba listo, y me dio las gracias, se veía en su rostro que le había gustado. Claro, ella no sabía que mi pene había masajeado sus pies. Me salí de la habitación y se quedó sola, acomodó la cama de forma tal que no parecía que nadie se había recostado allí. Cuando llegó su hermana, pensé que le contaría que le había dado un masaje, como algo normal, pues otras veces lo había hecho incluso en presencia de mi esposa, (obvio sin lo del pene), pero esta vez mi cuñada no dijo nada, fue como si eso no hubiese sucedido.
Yo había tenido una serie de sueños con mi cuñada, que eran muy intensos, y un día me atreví a contárselos, escribiéndoselos en una hoja con lujo de detalles, pensando que luego de leerlos ni de broma se dejaría dar más masajes sensuales por mí ni nada parecido, pero me vi muy sorprendido cuando luego de leer semejante escrito acerca de mis sueños, donde la penetraba hasta por el culo, ella comenzó a escribirme con más regularidad por Whassap. Le pregunté qué había sentido cuando leyó eso y me dijo que le había dado rabia, pues nadie nunca se había enamorado de ella así. Y yo era el esposo de su hermana, que ya no quería volver a leer esos sueños… pero siempre me escribía, me hablaba incluso más que antes y hasta me pidió que le volviera a dar un masaje, o dos, ¡¡noooooo!!, no entiendo cómo no se daba cuenta de cuánto eso me torturaba.
Un día fuimos mi esposa y yo a visitarla junto con una tía y su primo, a donde ella vivía con su esposo, quien tuvo que irse de viaje, y nos quedamos en el apartamento solo 5 personas, su tía con su primo pequeño, mi cuñada, mi esposa y yo. A la tía le dijo que durmiera en su cama junto con el hijo, y mi esposa durmió con su hermana en dos colchones que juntaron y lanzaron en la sala de estar; yo me quedaría dormido en el sillón. Mi cuñada se colocó un mini short que dejaba al aire la mitad de sus nalgas ¡Dios santo!, bueno estaba en su casa, podía vestir como quisiera y yo no debía estar mirando más. Cuando podía dejaba escapar mis miradas a ese blanco trasero perfecto.
Nos fuimos a dormir, y en la madrugada no podía aguantar lo incomodo del sillón, así que fui, medio dormido y me lancé entre mi esposa y su hermana, de veras tenía sueño, pero ya al estar allí vi lo cerca que estaba de ese trasero y se me encendieron las ganas de tocarlo “dormido” … lo intenté, pero me ganaban los nervios, incluso levanté la sábana para verlo mejor y tuve una tremenda erección. ¡Qué problema, qué rabia que ella me pusiera así de cachondo y ni se lo imaginara! A eso de las cinco de la mañana ella se rodó y quedó muy pegadita a mí, y le coloqué una mano en el muslo, muy arriba, sonó el despertador y ella se despertó, yo medio miraba con los ojos entreabiertos, tomó su celular, lo revisó y se dio cuenta de mi mano, pero no se movió… se quedó inmóvil mientras yo la sentía. No sé si era porque no quería despertarme al moverse, pero sí sé que no se movió. Fue algo tonto, pero ese momento fue intenso para mí. Yo pensé “nada, ya con esto sí es verdad que me dejará de hablar o por lo menos no estará más con eso de que le de masajes sensuales o relajantes”.

Más que masajes sensuales

Sin embargo, estaba por pasar algo más confuso. Varias veces veíamos películas juntos, mi esposa mi cuñada y yo, y luego de estas cosas que habían pasado, volvimos a hacerlo, yo me recostaba entre ellas dos porque a mi esposa no le gusta sentirse apretada porque le da calor y mi cuñada no estaría en medio de los dos, así que me tocaba a mí estar en el medio. Así fue que un día, en medio de la película, sin que mi esposa se diera cuenta (que persona mala que soy 🙁 ) le empecé a hacer cariños a mi cuñada, en el brazo, o en la pierna, o en el pie, y ella se quedaba quieta, no me respondía ni me rechazaba, solo se quedaba quietecita. Bueno, no le paré a la situación, pensé que en vez de ella estar sintiendo rico quizás solo se quedó quieta para no hacerme sentir mal o no poner incómoda la situación, pero lo que más me ponía mal la cabeza es que se volvía a repetir la situación, varias veces, con otras películas.
Un día equis, me dijo que por favor le diera un masaje, que tenía dolor; yo le dije a mi esposa que viniera conmigo y ella estuvo un rato, pero luego bajó a la cocina con su mamá, estábamos en casa de mi suegra. Entonces, estaba yo allí otra vez solo dando masajes sensuales a mi cuñada, pero esta vez sí que estaba más decidido a que se diera cuenta de que mi pene se ponía duro por ella. Así, cuando le masajeé los pies mi pene se paró, no lo saqué de mi mono, pero sí se notaba bastante lo erecto que estaba y elevé uno de sus pies y recosté sus dedos en mi pene y lo pasaba de arriba abajo, hasta agarré sus dos pies y colocándolos a los lados de mi pene lo apretaba con ellos, pasándolo de un lado a otro, de muchas formas, lo único que faltaba era bajar hasta mis bolas, claro tenía el mono puesto pero tuvo que haberlo sentido. Ella ya no hablaba, solo respiraba relajada, me senté obre ella y le di masaje a sus hombros, metí mis manos por debajo de su pecho casi tocando sus senos y masajeaba intensamente abrieron de golpe la puerta y era un perrito pequeño que ellas tienen, mi cuñada dio un salto del susto, lo cual me dijo que si estaba sintiendo algo extraño, ¿por qué se iba a asustar…? Terminé de darle el masaje y me senté a un lado de la cama y comenzamos a conversar. Ella ni siquiera se puso el brassier y se elevó y casi podía ver el pezón de su seno. ¡Qué tortura! Será que no se daba cuenta de nada y me consideraba muy inofensivo, pero ya me estaba haciendo mal esta situación.
La última vez que vimos una película juntos, ella andaba con un vestido y sandalias, se tumbó en la cama con las sandalias puestas, y le dije en presencia de mi esposa que se las quitara para que no ensuciara la cama, y me dijo que era un pesado, eso lo dijo como en forma de broma, pero igual se las quitó. A media película extendí mi mano y le agarré el pie, duro, de forma que no pudiera decir que no se daba cuenta, esto lo hice por debajo de la sábana e intenté quitar la sábana con la que cubría su pie y durante el resto de la película no paré, solo me concentré en darle caricias a su pie y ella no lo quitaba, cuando la película terminó, mi esposa se fue al baño a orinar y entonces no me aguanté y le dije a mi cuñada que sus pies eran lindos, nunca he tenido ese tipo de fetiches por los pies, pero me gustaba acariciárselos a ella, me senté así recostado, ella extendió sus piernas, le quité la sabana de los pies y se los comencé a acariciar de arriba abajo, así de frente a ella, y solo dijo que no sabía si le olían mal sus patitas, a lo cual respondí que no, que olían muy bien y seguí dándole caricias hasta que escuché la puerta del baño, y me acosté de nuevo como estaba. Ya estaba claro, lo hice sin crema ni nada, mi cuñada tampoco es una tonta, tiene que saber que me gustaba acariciarla, ¡qué complicado es no saber qué es lo que siente!
Después de eso estuvimos de nuevo por su apartamento de visita y estábamos conversando. Ella decía que le dolían muchos sus pies, yo le dije a mi esposa “será que le doy masaje” y mi esposa le dijo a ella, “déjate dar masaje”, y bueno, estábamos los tres en la cama bocarriba, yo sentado, y me pasó la crema. Me coloqué sus pies en mis muslos, muy cerca de mi pene, al rato me puse duro, y como vestía una camisa manga larga por fuera del pantalón, en un movimiento súper arriesgado saqué mi pene casi hasta las bolas, lo escondí bajo mi camisa y coloqué el pie de mi cuñada pegando firme a mi pene desnudo. Ella se tapó la cara con una revista y hablaba como loca, no sé si disimulando o qué, pero fue muy excitante hacer eso mientra le daba masajes sensuales en sus lindos pies.
Actualmente, no le hablo mucho a ella, no por los masajes sensuales y demás, o quizás sí. A la larga estos masajes sensuales nos dieron remordimiento, pero bueno, fue excitante mientras duró. Que Dios nos perdone 🙁

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Fantaseando con mi madre y mi tía

Comenzaba el verano, y mi madre (Pilar) y mi tía (Amparo) ya se estaban empezando a probar vestidos y ropa de verano que tenían de años anteriores, algunas de las cosas no le gustaban como le quedaban a mi madre y decidieron ir de compras.

Al día siguiente yo me levanté como cada día, me lavé, hice la cama y mi madre me dijo que se iban a comprar ropa aprovechando que empezaban las rebajas de verano.

Pasaron más o menos unas tres horas cuando llegaron, mi madre se había comprado un vestido con estampados y mi tía unos pantalones “shorts” y unas sandalias grises.

Al rato, me enseñaron todo lo que se habían comprado cada una y me preguntaron que si me gustaba. Yo afirmé que sí y que le quedaban bastante bien.

Por la tarde, me eché la siesta como un día cualquiera de verano, al levantarme, me levanté con el pene erecto como cuando te levantas por la mañana, yo no le di importancia cuando me entraron ganas de ir al baño, me encontré a mi madre maquillándose para ir a salir, le pregunté qué adónde iban y me dijeron que a comprar una cosa. Me quedé pensativo dándole vueltas a que iban a comprar, cuando volvieron, me saludaron rápido y se metieron en la habitación, al cabo de una hora ya extrañado con todo lo que estaba pasando esa tarde, fui a la habitación donde se habían metido mi tía y mi madre, fue entonces cuando me las encontré dándose un beso.

Por la noche, nos fuimos a dormir. Como cada noche, mi madre y mi tía me dieron las buenas noches y se fueron rápidamente a la cama; no le di más importancia hasta que al día siguiente, cuando me levanto, me las encuentro desnudas en la cama. Cuando me vieron, se taparon rápidamente y me dijeron que me fuera de la habitación inmediatamente.

Me fui a mi habitación y me hice una paja fantaseando con mi madre y mi tía…

 

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Fantaseando con mi madre y mi tía

Comenzaba el verano, y mi madre (Pilar) y mi tía (Amparo) ya se estaban empezando a probar vestidos y ropa de verano que tenían de años anteriores, algunas de las cosas no le gustaban como le quedaban a mi madre y decidieron ir de compras.

Al día siguiente yo me levanté como cada día, me lavé, hice la cama y mi madre me dijo que se iban a comprar ropa aprovechando que empezaban las rebajas de verano.

Pasaron más o menos unas tres horas cuando llegaron, mi madre se había comprado un vestido con estampados y mi tía unos pantalones “shorts” y unas sandalias grises.

Al rato, me enseñaron todo lo que se habían comprado cada una y me preguntaron que si me gustaba. Yo afirmé que sí y que le quedaban bastante bien.

Por la tarde, me eché la siesta como un día cualquiera de verano, al levantarme, me levanté con el pene erecto como cuando te levantas por la mañana, yo no le di importancia cuando me entraron ganas de ir al baño, me encontré a mi madre maquillándose para ir a salir, le pregunté qué adónde iban y me dijeron que a comprar una cosa. Me quedé pensativo dándole vueltas a que iban a comprar, cuando volvieron, me saludaron rápido y se metieron en la habitación, al cabo de una hora ya extrañado con todo lo que estaba pasando esa tarde, fui a la habitación donde se habían metido mi tía y mi madre, fue entonces cuando me las encontré dándose un beso.

Por la noche, nos fuimos a dormir. Como cada noche, mi madre y mi tía me dieron las buenas noches y se fueron rápidamente a la cama; no le di más importancia hasta que al día siguiente, cuando me levanto, me las encuentro desnudas en la cama. Cuando me vieron, se taparon rápidamente y me dijeron que me fuera de la habitación inmediatamente.

Me fui a mi habitación y me hice una paja fantaseando con mi madre y mi tía…

 

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Fantasía sexual cumplida: compartir mi leche

Mi esposa Karla y yo siempre hemos tenido una excelente relación sexual y una gran comunicación, diría que somos muy abiertos de mente y siempre estamos preocupados por satisfacer al otro. Hablamos frecuentemente de nuestras fantasías sexuales y hacemos lo posible para cumplirlas o recrearlas de algún modo, haciendo que no solo estemos muy unidos, sino que además tengamos un matrimonio que, después de 15 años, sigue siendo tan o más fogoso que el primer día. Sin embargo, había una fantasía sexual mía que ella no había querido darme gusto de realizar… Era el venirme en su boca y su cara… como en las películas porno. Ella no tiene problema con el sexo oral, siempre y cuando no termine con un final lleno de leche en su boca y cara.

Un día hablábamos de mi fantasía sexual y tuve que decirle que, aunque respetaba su posición, a mí me gustaría mucho correrme en su boca. Ella ya me había permitido que lo hiciera con otra mujer y, aunque fue muy rico, yo quería que fuera la boca de ella. Ella lo pensó unos días y un día llegó con una propuesta que resultó muy salomónica como verán.

Me dijo: “yo lo hago si tú accedes a esto: te vienes dentro de mí normalmente e inmediatamente después me harás sexo oral, ¿quieres que sienta tu leche en mi boca? Pues primero tú la sentirás en la tuya, ¡así me demostrarás que mi temor no tiene fundamento!
Lo pensé unos días y unas noches después de una tranquila, pero muy agradable, noche de sexo. Me vine en su vagina en posición de misionero clásica, luego la abrí de piernas con delicadeza y empecé a chuparla como nunca… Elevaba sus nalgas con sus manos y ponía mi lengua entre su vagina, la chupaba. Ella estaba entre encantada y sorprendida… Excitada y metida en nuestro juego, se sentó con toda su vagina abierta sobre mi cara. Yo metía mi lengua y ella me decía: trágatelo todo!!! Límpiame con tu lengua, no quiero nada de tu leche por ahí. Es tuya, tómala…
Lo hice, debo confesar más que por la recompensa prometida, por el orgullo de varón. Ella no iba a ganar el juego y si me retiraba… perdía…
Al principio, cuando sentí la mezcla de semen y líquidos vaginales en mi lengua y boca, fue difícil, además me acababa de venir, así que no estaba propiamente con mi excitación a pleno.
Cuando por la gravedad y por sus movimientos empezó a salir un poco más de lo que yo esperaba, tuve la intención de mover mi cara, pero sus piernas no me lo hicieron fácil… Así que decidí gozarlo y empecé a chuparla como nunca y tragaba lo que recibía como una niña buena.
Increíblemente, cuando mi actitud mejoró, empecé a calentarme de nuevo, empecé a gozarla y cuando ella se vino seguí lamiéndola toda, ahora lo quería todo lo que había sido mío y lo que era de ella. Para no alargarme la noche termino con otro polvo de antología que después les contare en otro relato.

Pasaron unos días, estaba yo dormido cuando sentí cómo su boca tocaba mi pene y mis testículos, mi pene iba creciendo entre su boca, la sensación era deliciosa… Me desperté y la vi a ella totalmente desnuda y con su cabeza en mi entrepierna. La quise coger cuando puso mis manos arriba y me dijo: esta mañana es para ti, vas a gozar como nunca, tendrás una mamada como nunca te he dado. No te he tocado en una semana para que tuvieras tus reservas llenitas…
Tomó mi pene y lo chupó como si fuera la última verga del universo… Chupaba mis huevos y luego su lengua no se retiraba de mi pene. Me dijo: te voy a extraer todo, me lo voy a tragar sin desperdiciar nada, soy tuya mi amor… Y esta leche tuya es mía. Fue la última palabra que oí esa mañana de su boca. Yo gemía y jadeaba como una puta mientras ella me la chupaba, me succionaba el glande, cogía los huevos con sus manos y chupaba, solo chupaba, yo sentí cuándo salieron mis primeros líquidos y ella no se retiraba, esta vez iba a tragárselo en serio… iba a tragárselo todo para mi deleite y gozo. Sentía su boca caliente y húmeda chupando mi verga que estaba dura, y a punto de explotar. Sentía su lengua cada vez que se movía sus manos apretaban y jalaban mis huevos. Yo no la tocaba solo recibía. Yo me concentraba en como aguantar al máximo, no quería que se acabara.

Finalmente, como todo lo bueno, mi mente no aguantó más y dejó explotar mi verga. Sentía los espasmos de mi pene en su boca. Sentía cómo mi leche entraba en su boca y ella recibía complaciente. Yo no podía hablar, estaba completamente eléctrico. Su lengua seguía chupando mi pene, que estaba tan sensible que no lo resistía pero ella lo quería todo. Terminó diciéndome “puedes venirte en todo mi cuerpo, nada está vetado para ti ahora: en mis senos, nalgas, culo, boca, cara, vagina… donde quieras”.

Y aunque no es algo fácil de aceptar y contar a los amigos, debo confesar que, aunque me encantó cómo se lo tragó, ahora me fascina chuparla cuando tiene mi leche en su vagina, en su culo, en sus tetas, en su boca y en su cara…

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La zorra de Karla cumplió mi fantasía erótica

En esta historia el protagonista no soy yo, es mi esposa. Para ponerles en contexto debo decirles que mi esposa Karla y yo somos una pareja, digámoslo así, muy liberal en cuestión de sexo. Cuando la conocí sabía que con ella el tema de la monogamia no iba a funcionar, así que me enamoré y me adapté. Sé que a ella le gusta el sexo con otros hombres y a mí encanta estar con otras mujeres, así que cada uno tiene su espacio y su tiempo. Por regla general no nos contamos las experiencias que tenemos fuera del matrimonio, pero a veces si la situación fue muy especial y vale la pena hablarlo… ¿Por qué no?

Un día Karla me oyó hablar con un amigo sobre una fantasía erótica que tenía yo. Mi fantasía es que una mujer me pague por tener sexo y me trate como a la más guarra de las zorras.

Karla, que está buscando experiencias interesantes, se quedó pensando en mi fantasía y pensó: ” Debe haber muchos hombres que tengan esa fantasía. De solo pensar en pagarle a un hombre para que sea zorra por primera vez, me pongo muy caliente… ¿Por qué no? ”

Así que un día se inscribió a un chat de sexo como el que tenemos en nuestra web, en busca del hombre perfecto para realizar su fantasía. Luego de una intensa búsqueda, según ella, fue difícil encontrar al hombre perfecto. Debía ser muy lindo, pues ella no se acuesta con cualquiera, debía ser muy creativo, inteligente y no tener límites en el sexo, pero al mismo tiempo debía ser un caballero, pues ella no se iba a arriesgar a que el hombre se saliera de su fantasía y se pusiera agresivo o algo peor.

-Hola Juan, estás entonces listo… La propuesta es así de sencilla: Quiero que seas mío por una noche, pero realmente mío, te voy a pagar 300 dólares, para que seas mío, estés para mí, hagas lo que yo quiera, te encargues de mis más sucios deseos y quiero aclararte que tus necesidades no me interesan, debes actuar como un profesional, eres una zorra a mi servicio. Si te interesa finalmente, te envío mi dirección, te espero hoy a las 9:00 pm.

-Acepto Karla, pero con una condición: No aceptaré nada con otro hombre o perversiones extrañas con animales ni nada por el estilo, solo tú y no podrás filmarme ni tomarme fotos.

-Te espero.

A las 9:00, llega a la puerta un hombre alto, de buen  cuerpo,  elegante, joven, de unos 25 años, cabello rubio y corto. Para ponerlos en el cuadro, Karla es una mujer de 40 años, muy hermosa, con unas tetas grandes y muy redondas, caderas anchas, pelo ondulado castaño, ojos café, de color trigueño, muy latina en sus facciones, labios anchos y carnosos. No es porque sea mi mujer, pero es una hembra como pocas.  Tiene una mirada y una voz muy sensual e imponente.

-Pasa Juan, toma asiento, sírvete un trago… bajo enseguida.

Al rato bajó Karla, con una levantadora de color rojo, con bordes negros, que dejaban ver una lencería muy sexi, en el mismo tono rojo con los calzones negros y unos ligueros que sostienen unas medias del mismo tono rojo y unos zapatos negros de tacón alto. Parecía que ella fuera la que estuviera a la venta y no el.

Sacó un billete de U$100, lo puso en la mesa y le dijo:

-El resto cuando termines…

Karla hizo realidad mi fantasía sexual con un esclavo

Él se levantó a saludarla con un beso y ella rápidamente lo detuvo, se recostó en el diván de la sala, prendió un cigarrillo, tomó su whisky y le dijo:

-Juan quiero que te desvistas para mí, ten cuidado, no quiero que te quites los calzoncillos, no quiero ver tu miembro… aún.

Juan se desvistió sensualmente, mientras ella reía, y se burlaba un poco, no de el sino de la situación… Cuando estaba terminando de desvestirse, ella le dijo: Juan ven para acá y desvísteme lentamente…

Él empezó por quitarle la levantadora y mientras le masajeaba los senos empezó a besarle el cuello y los hombros, luego la giró hacia él y empezó a besarla por el pecho, justamente encima de sus senos, mientras le acariciaba el culo. Luego le retiro le desabrocho el sostén por la espalda con una mano y la dejó caer al sofá…

Ella le dijo: Muy bien hermoso, ahora ven y chúpamelas. Se refería a sus tetas, ella le cogió la nuca con fuerza y le pegaba las tetas a su cara, casi sin dejarlo respirar, luego con su mano le indicaba que quería que le tragar su pezón.

Luego le dijo: Vas a chuparme toda mi vulva y lo harás hasta que yo diga, y mientras lo haces no te olvides que tengo tetas…

Juan le bajó sus bragas y como se le había ordenado abrió sus labios y empezó a chuparle esa hermosa vulva, que estaba jugosa y rosada, le besaba los muslos por la entre pierna, y de vez en cuando subía por su ombligo y le besaba las tetas, como ella se lo había recomendado. Ella no tenía ningún afán, él estaría en  esa situación hasta que ella se lo pidiera.

Y decidió probarlo haber que tan metido estaba en su papel. Abrió sus piernas, las levantó un poco, las puso en frente de su cara y le dijo:

-Juan, cariño, ¿ves mi cuca, ves el hueco de mi culo… ? Bien pues quiero que pases tu lengua y me la metas en mi cuca, luego bajes por el espacio entre los dos agujeros y me chupes esa zona y finalmente quiero que lamas el culo, metas tu lengua en mi ano…

Juan se sentía humillado como nunca, le dolía su verga de no poderla doblar pues su calzón no se lo permitía y ella no le dejaba sacar su miembro que seguía doblado, pero a la vez estaba excitado como nunca, sabía que esa noche no la iba a volver a tener en mucho tiempo y el era muy macho para ser coartado por ninguna hembra, y aunque era algo que no había hecho para ninguna mujer… aceptó humildemente su penitencia y empezó a chupar…  Ella así supo que su fantasía erótica iba como lo había imaginado.

-Juan ahora ven hermoso… bájate los calzoncillos y muéstrame tu cosa… Ven acércate miremos que es lo que traes…

Ella le tocó la verga y por primera vez Juan empezó a sentir algo de alivio a esta excitación.

Su glande estaba húmedo y ella lo tocó con la punta de los dedos, sintiendo los primeros líquidos de él, se unto sus dedos con la humedad del pene de Juan y luego tomó sus dedos se los acerco a la boca de Juan y le dijo: Chupa zorra, siente tu verga… Siente a lo que sabes… chúpate como la zorra que eres y eso mientras con la otra mano le apretaba los huevos con fuerza,

En ese momento aún sin venirse Juan expulsó un poco de semen de su pene.

Ella le dijo: Tú te vienes cuando yo te diga, ¿entiendes cariño? Ahora por perra me tocará castigarte.

Le amarró una cuerda de cuero con una cadena de las que se usan en las sesiones sado, al pene, y lo empezó a jalar guiándolo hacia la alcoba para finalmente acostarlo en la cama. Luego amarró sus manos a la cabecera de la cama con una pañoleta de satín y las piernas abiertas con otra pañoleta similar. Él yacía de espaldas en la cama y su pena parado a 90 grados, dejaba ver sus testículos expuestos, ella se acercó y empezó a chuparle las bolas, se las succionaba y apretaba con fuerza, luego empezó a chuparle la verga y le decía: -Si te llegas a venir te voy a poner a tragar toda tu leche…

Juan le decía: -No me importa pero no puedo más… Déjame… me tienes loco…

Ella le decía: – Cálmate cariño, acá estás solo para satisfacerme zorra -y le daba una pequeña cachetada en la punta del pene.

Él Jadeaba de la excitación y del dolor y ella lo golpeaba un poco…

Ella se abrió de piernas y se le acerco a la cara… y le dijo… Chúpame el ano, chúpamelo. Ella estaba sumamente excitada y mientras él la chupaba ella se tocaba con fuerza el clítoris. En ese momento ella no aguantó más…

Sacó un condón de su cartera… le puso el condón en su enorme verga, que estaba dura y a punto de estallar.

Luego se hizo en posición arriba clavándose todo el miembro de Juan, ella sentía que el pene que estaba entrando por su vagina iba a salir por la boca. Una verga como la de Juan que era poco mayor al promedio y en ese grado de excitación y dureza se sentía como una estaca clavada hasta lo más hondo.

Ella empezó a mover su pelvis con fuerza, luego con sus uñas le aruñaba el pecho a Juan hasta que le sacaba un poco de sangre, mientras ambos gritaban y jadeaban…

Finalmente ella le dio permiso y le dijo mientras estaba en el más intenso de los orgasmos: -Vente dentro de mí, siénteme zorra!!!

Juan se vino y ella cayó exhausta en su pecho…

A los pocos minutos, se levantó con una gran cara de satisfacción, lo soltó de sus amarras.

Sacó los $200 y le dijo: Te has ganado tu dinero cariño.

 

 

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La zorra de Karla cumplió mi fantasía erótica

En esta historia el protagonista no soy yo, es mi esposa. Para ponerles en contexto debo decirles que mi esposa Karla y yo somos una pareja, digámoslo así, muy liberal en cuestión de sexo. Cuando la conocí sabía que con ella el tema de la monogamia no iba a funcionar, así que me enamoré y me adapté. Sé que a ella le gusta el sexo con otros hombres y a mí encanta estar con otras mujeres, así que cada uno tiene su espacio y su tiempo. Por regla general no nos contamos las experiencias que tenemos fuera del matrimonio, pero a veces si la situación fue muy especial y vale la pena hablarlo… ¿Por qué no?

Un día Karla me oyó hablar con un amigo sobre una fantasía erótica que tenía yo. Mi fantasía es que una mujer me pague por tener sexo y me trate como a la más guarra de las zorras.

Karla, que está buscando experiencias interesantes, se quedó pensando en mi fantasía y pensó: ” Debe haber muchos hombres que tengan esa fantasía. De solo pensar en pagarle a un hombre para que sea zorra por primera vez, me pongo muy caliente… ¿Por qué no? ”

Así que un día se inscribió a un chat de sexo como el que tenemos en nuestra web, en busca del hombre perfecto para realizar su fantasía. Luego de una intensa búsqueda, según ella, fue difícil encontrar al hombre perfecto. Debía ser muy lindo, pues ella no se acuesta con cualquiera, debía ser muy creativo, inteligente y no tener límites en el sexo, pero al mismo tiempo debía ser un caballero, pues ella no se iba a arriesgar a que el hombre se saliera de su fantasía y se pusiera agresivo o algo peor.

-Hola Juan, estás entonces listo… La propuesta es así de sencilla: Quiero que seas mío por una noche, pero realmente mío, te voy a pagar 300 dólares, para que seas mío, estés para mí, hagas lo que yo quiera, te encargues de mis más sucios deseos y quiero aclararte que tus necesidades no me interesan, debes actuar como un profesional, eres una zorra a mi servicio. Si te interesa finalmente, te envío mi dirección, te espero hoy a las 9:00 pm.

-Acepto Karla, pero con una condición: No aceptaré nada con otro hombre o perversiones extrañas con animales ni nada por el estilo, solo tú y no podrás filmarme ni tomarme fotos.

-Te espero.

A las 9:00, llega a la puerta un hombre alto, de buen  cuerpo,  elegante, joven, de unos 25 años, cabello rubio y corto. Para ponerlos en el cuadro, Karla es una mujer de 40 años, muy hermosa, con unas tetas grandes y muy redondas, caderas anchas, pelo ondulado castaño, ojos café, de color trigueño, muy latina en sus facciones, labios anchos y carnosos. No es porque sea mi mujer, pero es una hembra como pocas.  Tiene una mirada y una voz muy sensual e imponente.

-Pasa Juan, toma asiento, sírvete un trago… bajo enseguida.

Al rato bajó Karla, con una levantadora de color rojo, con bordes negros, que dejaban ver una lencería muy sexi, en el mismo tono rojo con los calzones negros y unos ligueros que sostienen unas medias del mismo tono rojo y unos zapatos negros de tacón alto. Parecía que ella fuera la que estuviera a la venta y no el.

Sacó un billete de U$100, lo puso en la mesa y le dijo:

-El resto cuando termines…

Karla hizo realidad mi fantasía sexual con un esclavo

Él se levantó a saludarla con un beso y ella rápidamente lo detuvo, se recostó en el diván de la sala, prendió un cigarrillo, tomó su whisky y le dijo:

-Juan quiero que te desvistas para mí, ten cuidado, no quiero que te quites los calzoncillos, no quiero ver tu miembro… aún.

Juan se desvistió sensualmente, mientras ella reía, y se burlaba un poco, no de el sino de la situación… Cuando estaba terminando de desvestirse, ella le dijo: Juan ven para acá y desvísteme lentamente…

Él empezó por quitarle la levantadora y mientras le masajeaba los senos empezó a besarle el cuello y los hombros, luego la giró hacia él y empezó a besarla por el pecho, justamente encima de sus senos, mientras le acariciaba el culo. Luego le retiro le desabrocho el sostén por la espalda con una mano y la dejó caer al sofá…

Ella le dijo: Muy bien hermoso, ahora ven y chúpamelas. Se refería a sus tetas, ella le cogió la nuca con fuerza y le pegaba las tetas a su cara, casi sin dejarlo respirar, luego con su mano le indicaba que quería que le tragar su pezón.

Luego le dijo: Vas a chuparme toda mi vulva y lo harás hasta que yo diga, y mientras lo haces no te olvides que tengo tetas…

Juan le bajó sus bragas y como se le había ordenado abrió sus labios y empezó a chuparle esa hermosa vulva, que estaba jugosa y rosada, le besaba los muslos por la entre pierna, y de vez en cuando subía por su ombligo y le besaba las tetas, como ella se lo había recomendado. Ella no tenía ningún afán, él estaría en  esa situación hasta que ella se lo pidiera.

Y decidió probarlo haber que tan metido estaba en su papel. Abrió sus piernas, las levantó un poco, las puso en frente de su cara y le dijo:

-Juan, cariño, ¿ves mi cuca, ves el hueco de mi culo… ? Bien pues quiero que pases tu lengua y me la metas en mi cuca, luego bajes por el espacio entre los dos agujeros y me chupes esa zona y finalmente quiero que lamas el culo, metas tu lengua en mi ano…

Juan se sentía humillado como nunca, le dolía su verga de no poderla doblar pues su calzón no se lo permitía y ella no le dejaba sacar su miembro que seguía doblado, pero a la vez estaba excitado como nunca, sabía que esa noche no la iba a volver a tener en mucho tiempo y el era muy macho para ser coartado por ninguna hembra, y aunque era algo que no había hecho para ninguna mujer… aceptó humildemente su penitencia y empezó a chupar…  Ella así supo que su fantasía erótica iba como lo había imaginado.

-Juan ahora ven hermoso… bájate los calzoncillos y muéstrame tu cosa… Ven acércate miremos que es lo que traes…

Ella le tocó la verga y por primera vez Juan empezó a sentir algo de alivio a esta excitación.

Su glande estaba húmedo y ella lo tocó con la punta de los dedos, sintiendo los primeros líquidos de él, se unto sus dedos con la humedad del pene de Juan y luego tomó sus dedos se los acerco a la boca de Juan y le dijo: Chupa zorra, siente tu verga… Siente a lo que sabes… chúpate como la zorra que eres y eso mientras con la otra mano le apretaba los huevos con fuerza,

En ese momento aún sin venirse Juan expulsó un poco de semen de su pene.

Ella le dijo: Tú te vienes cuando yo te diga, ¿entiendes cariño? Ahora por perra me tocará castigarte.

Le amarró una cuerda de cuero con una cadena de las que se usan en las sesiones sado, al pene, y lo empezó a jalar guiándolo hacia la alcoba para finalmente acostarlo en la cama. Luego amarró sus manos a la cabecera de la cama con una pañoleta de satín y las piernas abiertas con otra pañoleta similar. Él yacía de espaldas en la cama y su pena parado a 90 grados, dejaba ver sus testículos expuestos, ella se acercó y empezó a chuparle las bolas, se las succionaba y apretaba con fuerza, luego empezó a chuparle la verga y le decía: -Si te llegas a venir te voy a poner a tragar toda tu leche…

Juan le decía: -No me importa pero no puedo más… Déjame… me tienes loco…

Ella le decía: – Cálmate cariño, acá estás solo para satisfacerme zorra -y le daba una pequeña cachetada en la punta del pene.

Él Jadeaba de la excitación y del dolor y ella lo golpeaba un poco…

Ella se abrió de piernas y se le acerco a la cara… y le dijo… Chúpame el ano, chúpamelo. Ella estaba sumamente excitada y mientras él la chupaba ella se tocaba con fuerza el clítoris. En ese momento ella no aguantó más…

Sacó un condón de su cartera… le puso el condón en su enorme verga, que estaba dura y a punto de estallar.

Luego se hizo en posición arriba clavándose todo el miembro de Juan, ella sentía que el pene que estaba entrando por su vagina iba a salir por la boca. Una verga como la de Juan que era poco mayor al promedio y en ese grado de excitación y dureza se sentía como una estaca clavada hasta lo más hondo.

Ella empezó a mover su pelvis con fuerza, luego con sus uñas le aruñaba el pecho a Juan hasta que le sacaba un poco de sangre, mientras ambos gritaban y jadeaban…

Finalmente ella le dio permiso y le dijo mientras estaba en el más intenso de los orgasmos: -Vente dentro de mí, siénteme zorra!!!

Juan se vino y ella cayó exhausta en su pecho…

A los pocos minutos, se levantó con una gran cara de satisfacción, lo soltó de sus amarras.

Sacó los $200 y le dijo: Te has ganado tu dinero cariño.

 

 

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