De cómo empecé dándole clases a una compañera y acabé metiéndosela por el culo

Era el verano de hace 4 años, una compañera de clase había suspendido una asignatura, la cual yo mismo había aprobado con bastante buena nota, así que me pidió que la ayudara a estudiar para los exámenes de septiembre. Yo estaba en mi pueblo pasando el verano, pero venía todos los días a Madrid porque trabajaba de verano de portero en una finca, así que como estaba de mañana llegué al acuerdo con ella de que después de comer me pasaría por su casa para darle clase.

Así lo hice, y así fueron pasando los días. Esta chica siempre había sido cariñosa conmigo, y cuando dábamos clase, a lo mejor me ponía una pierna encima mientras hacía algún ejercicio o me pasaba una mano por los hombros o alguna cosa así, hasta que un buen día, cuando llegué a su casa, me abrió la puerta vestida muy ligerita, tan solo una especie de top muy suelto que dejaba adivinar sus tetas, bastante grandes y apetecibles, y unos shorts de tela de estos que se ve la mitad del culo. Aquí ya empecé a sospechar, porque habíamos tenido nuestras confidencias y sabía que, aunque me parecía de guarras, me ponían muchísimos esos pantaloncillos enseñaculos. Como todos los días, me tenía preparada una botella de nestea bien fría, así que primero pasamos a su cocina para beberme un vaso rápido antes de empezar con los números. Cuando me puso el vaso, al cerrar la botella, se le cayó el tapón al suelo, y al agacharse a recogerlo, se le apretaron mucho los shorts en la piel y pude adivinar que llevaba un tanga de triangulito, que en alguna ocasión también había comentado que me gustaban. Aquí ya tuve que disimular para que no se me notara la polla, que se estaba empezando a hacer notar con un bulto serio. Me puse la mochila delante, terminamos con la bebida y nos fuimos a su cuarto a dar la clase, como siempre. Me di cuenta de que estaba sola, cosa que me extrañó, ya que sus padres son muy católicos y son de los de dejar la puerta abierta mientras está con un chico en casa y de no dejarla sola.

Dimos la clase, yo bastante cardíaco por su ropa y por la forma que estaba teniendo de tocarme y actuar ese día, que al principio no di importancia ya que las achaqué al calentón que tenía por la escenita de la cocina. Por fin terminamos la clase, yo estaba sentado en una silla en su cuarto de espaldas a la puerta esperándola, ya que ella había salido un momento al baño o algo así, estaba con los ojos cerrados abanicándome (hacía un calor horrible aquel año y ni con la ventana abierta de par en par hacíamos casi nada) y, de repente, noto que me empieza a tocar los hombros. Hasta aquí nada raro, porque la finca donde trabajaba era muy pija y yo muchas veces llegaba a su casa con mucha tensión en el cuerpo, y no era la primera vez que me daba un masaje. El susto me lo llevé cuando noto que me empieza a besar y a chupar muy sensualmente el cuello. Aquí abrí los ojos y dije en voz alta:

-“¿Qué haces Nunu?” (La muchacha se llama Nuria).

-“¿Qué pasa que no te gusta?”

Y según estaba diciendo esto, dio la vuelta hasta ponerse delante de mí. Dios, nunca me podré olvidar de esa imagen. Una chica pelirroja, con los ojos verdes más bonitos que yo he visto en mi vida, con unas tetas espectacularmente bien puestas y un cuerpazo alucinante, de pie delante de mí solo con un tanga rojo.

Me fui a levantar de la silla, pero ella se me adelantó y empujándome suavemente por los hombros me obligó a volver a sentarme, al tiempo que se ponía de rodillas delante de mí. A esas alturas no tenía fuerzas para resistirme a nada, y menos aún a lo que iba a pasar. Yo estaba con una erección de caballo y ella de rodillas casi entre mis piernas, me acariciaba la polla con la mano por encima del pantalón con una sonrisa pícara. Sin cambiar la expresión de su cara, me bajó la bragueta, metió la mano y esquivando mi bóxer me la sacó y se la metió en la boca entera. Qué mala es. Sabía que me encantaban esas mamadas profundas por nuestras interminables charlas sobre el sexo con nuestras respectivas parejas, igual que lo del tanga y los shorts culeros. Se metía mi polla en la boca y se la sacaba, subiendo y bajando la cabeza, rodeándomela con esos labios gruesos que tiene, masturbándome con su boca, de repente, empezó a subir el ritmo y a mover la cabeza cada vez más deprisa, se la sacó de la boca y me dijo:

-“No te corras aún, que tengo otra sorpresa para ti”.

Metiéndosela por el culo a petición propia

Y antes de que pudiese decir ni media palabra, se la volvió a tragar enterita moviendo la cabeza arriba y abajo como si le fuese la vida en ello. Yo estaba a punto de correrme y ella al darse cuenta, paró, se sacó mi polla de la boca brillante de su saliva, se puso de pie y cogiéndome de la mano, me hizo levantarme detrás de ella. Cuando llegamos a la puerta de su habitación, se bajó el tanga y se agachó diciéndome:

-“Nunca he follado por el culo, quiero que tú seas el primero que me la mete por ahí”

-“¿Estás segura?”. -Le pregunté muy cachondo, pero con cierta preocupación, porque no las tenía todas conmigo de no hacerla daño, debido al considerable grosor de mi pene.

-“Sí, sí. Métemela, despacio, pero hazlo”.

Después de decirme esto, la hice un breve masaje en el ano con mis dedos, metiéndole algunos para dilatárselo un poco, hasta que decidí acercar mi polla a su culo y, apoyando primero la punta, le oí decir:

-“Métemela ya”.

Empecé a metérsela, primero despacio, hasta que le entró la punta. Ahí me detuve un poco para que se le acostumbrase, porque aunque no se quejaba, notaba cómo su cuerpo se tensaba y sus manos se crispaban. Cuando se relajó, le metí otro poco y repetí el mismo proceso que antes, y así hasta que la tenía metida entera dentro de su precioso y caliente culo. Cuando la tenía toda dentro, giró un poco la cabeza y entre jadeos me dijo:

-“Ya no me duele, fóllame de una vez”.

Dicho esto, empecé a bombearla, suavemente pero con firmeza y noté cómo su cuerpo se tensaba ante mí y cómo gemía y se retorcía de placer, igual que yo, que apenas me tenía en pie, debido al placer de estar metiéndosela por el culo a una de las mejores chicas que conocía. Poco a poco, fuimos subiendo el ritmo, hasta que yo la dije:

-“Me voy a correr preciosa”.

Cuando le dije esto, se separó de mí sacándosela del culo y, girándose y mirándome con esa sonrisa otra vez, y su pelo rojo alborotado, se puso en cuclillas delante de mí y volvió a chupármela, esta vez usando las manos para empujársela mas dentro de la boca, hasta casi convertirlo en una garganta profunda. No tardé mucho en volver a estar a las puertas de la corrida, pero esta vez, después de decírselo no hubo ningún cambio, solamente subió el ritmo y me hizo correrme en su boca. Jamás había tenido un orgasmo tan sumamente devastador, ni me había corrido de una forma tan abundante. Recuerdo que se le llenó la boca y los últimos latigazos fueron a parar a su preciosa cara, que sonriente los recibía con los ojos cerrados y una expresión de satisfacción plena. Después de esto, fue al baño a escupir, porque nunca le ha gustado tragárselo, aunque siempre deja que se le corran en la boca. Cuando volvió, estuvimos un buen rato tumbados en la cama, desnudos, hasta que llegó la hora de que me fuese.

Estuvimos así todo el verano. Por suerte, ella aprobó el examen y yo pude seguir viéndola.

Este es mi relato erótico de cómo terminé metiéndosela por el culo a mi alumna. Es la primera vez que escribo algo en SexoEscrito.com. Agradezco las felicitaciones y también las críticas que estén dirigidas a ayudarme a mejorar mi forma de escribir. Espero que os guste.

 

La entrada De cómo empecé dándole clases a una compañera y acabé metiéndosela por el culo aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.