Intercambio de parejas en familia

Hola, soy diego, soy de Valparaíso, Chile. Tengo 38 años y mi mujer Sofía 32, ambos típica pareja ardiente y fantasiosa…Nos gusta probar de todo en el sexo… ¡Incluso el Intercambio de parejas en familia!
Este primer intercambio de parejas en familia pasó un fin de semana muy frío en nuestra ciudad por la época de invierno. A mi mujer la llamó su hermana menor de 26 años, lissett, diciendo que estaban solos en casa y aburridos sin panorama para ese sábado. Estaba muy helado y daban pocas ganas de carrete, por lo que mi Sofía me preguntó si nos íbamos con su hermana y su pareja a beber algo…
-Bueno total no hay nada que hacer –dije.
A las 10 de la noche estábamos en casa de lissette y también estaba Pablo, su pareja. Estaban acomodados en el salón. Buscamos cervezas los hombres, mientras las chicas preparaban algo para picar. Luego preguntaron qué deseábamos hacer: ver películas, karaoke o algo entretenido. Dijimos que algo entretenido. Entonces, Pablo sacó ron y unas cartas muy especiales…eran de parejas filmando.
Dijeron las chicas:
-El que pierda a la carta mayor saca prenda o penitencia…
-Empecemos por las penitencias- dijimos, sin saber que ello daría pie al intercambio de parejas en familia.

Una excusa para el intercambio de parejas en familia

En la primera mano perdí yo…las chicas elegían….mi cuñada dijo que bailase sobre la mesa…luego perdió Pablo… ¡Que haga un baile de caño con la escoba…! Ya estábamos bebidos y perdió mi cuñada. ¡Que gatee por los sillones lo más sexy que pueda…uffff!. ¡Qué gateo! Andaba con un escote soberbio y donde se agachaba se le veían casi los pezones.
Ella es de 167, Tetas algo grandes y un culto regio paradito, rubia… Pablo y yo somos muy parecidos 1,77 trigueños. Y Sofía 1,73, morena tetona algo de guatita y un culazo…
Seguimos y perdió Sofía…Dijimos que bailase sobre una silla. Cuando empezó Pablo casi se cae de espaldas, ya que Sofía andaba con una mini que dejaba apreciar sus tornados muslos y sin meter creo abrió más de la cuenta sus piernas que casi dejaban ver su tesoro… Luego dijimos penitencias más calientes, ya que los cuatro estábamos salidos y ardiendo…carta menor pierde… De nuevo perdí yo… la camisa, dijeron. Después lissette la blusa… ufff que tetas tenía, muy parecidas a su hermana, aunque a diferencia de ella es blanca. Luego Pablo su pollera y mi pareja su blusa. Ya los cuatro estábamos muy calientes. Segunda vuelta, pierde Sofía y se saca su mini de forma muy sexy dando la cola donde estábamos sentados Pablo y yo. Este quedó muy prendido… luego yo perdí y me quité los vaqueros, quedando en bóxer ajustados que no tapaban mi erección. Las chicas silbaban… y Pablo me siguió, se quitó sus pantalones y quedó en unos slips muy sexys… Al final mi casete perdió y sacó su pantalón esta nos dejó locos ya que usaba tanga.
Pablo dijo:
-¿Qué tal si animamos la noche y ponemos música para bailar?
-¡Bravo! -gritamos.
Puso el reggaetón del momento. Bajamos la luz y yo iba a tomar a Sofía cuando Pablo me adelanta y me dice:
-No, cuñadito esta morenaza es mía esta noche…
Ella, muy coqueta, le sonríe en gesto de aprobación. Yo me fui donde lisset, pero no quería, ya que mi verga estaba por arrancarse y ese cuerpo de mi cuñada no ayudaba mucho. Sonaba el primer tema y todos estábamos apretados refregándonos, ya era todo evidente.

¡Que comience el intercambio de parejas en familia!

Giré a ver a mi mujer y vi cómo le refregaba el culo en la verga a Pablo mientras este le cogía las tetas…
-¡Guau sí que van adelantados! -dije, viendo cómo una mano tomaba mi cipote tieso y lo comenzaba a jalar… mi cuñada también quería caña.
-Si estamos en confianza, ¿por qué no cantas algo afinadito? –pregunté-.
Ella privadamente me miró, se agachó y se tragó mis 20 cm como un loly… pop… ¡ufff cómo lo mamaba! Mientras yo gozaba, Pablo se había sentado y quitado el slip. Mi mujer se lo follaba, ya sólo se escuchaban quejidos de goce… tomé a mi cuñada y la llevé donde estaban los otros tortolos dándose duro. La agaché frente a mi mujer y se dispuso a chuparle la conchita mientras yo se lo enterraba por su culito, que ya estaba muy mojado y fácil le cabían dos dedos. Mi mujer no aguantó y gritó que se iba a correr. Yo no lo dudé y le dije:
-¡Que te deje rellenita para después comértela!
La acabada que se dieron fue genial, le corría el semen por sus muslos… allí mi cuñada me estiró en la alfombra y se sentó sobre mí, mirándome, y Pablo se lo clavó por el culo. Dio un grito que se enteró toda la cuadra… luego Sofía, aún chorreando, puso su conchita en mi cara para que yo se la comiera mientras ellas se basaban con desenfreno.
Fue un cuadro liberal exquisito. Terminamos agotados, y de premio dormí con mi cuñada y mi mujer con Pablo. Lo que pasó al otro día, y quién nos pilló, eso es para otra ocasión. Espero que les guste este relato porno de intercambio de parejas en familia. Es mi primer relato erótico, pero no será el último….

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1. Tania e Iván: El Amante Inesperado

Hola, me llamo Tania.

Soy una joven madrileña que hasta hace tan sólo dos años y pico tenía una vida normal.

Iba a un instituto normal. Tenía amigas normales, novietes normales, padres normales y dos hermanos… Bueno, supongo que también normales hasta ese momento.

Mis padres son lo más normal del mundo. Ella es de altura media y regordeta con un pecho muy grande y caído. Mi padre es alto y con una barriga considerable, bastante hecho polvo para su edad, dicho sea de paso. El caso es que son las típicas personas que no mirarías dos veces.

La mayor de sus tres hijos es mi hermana Erika. Es una chica muy guapa con un cuerpo bastante atractivo. Es alta y esbelta con una talla 90 de pecho. Siempre luce su 1 ’73 de altura con una ropa muy elegante pero sin “insinuar” ni enseñar demasiado, y su pelo dorado, casi siempre está sujeto con una diadema o en una pequeña y cuidada coleta. Es de piel clarita y sus ojos verdes resaltan bajo sus elegantes gafas de pasta negras (que no se pone mucho, la verdad). Es bastante alegre y positiva y su cara está hecha para sonreír. Actualmente está en su último año de carrera de veterinaria que compagina con su trabajo en una pastelería. Vive en Toledo compartiendo piso con una amiga.

El segundo es mi hermano Iván. Un año y poco mayor que yo. Siendo objetiva he de decir que no es un chico “muy muy” guapo ni tiene un físico impresionante pero tampoco es feo. Decir que es “de lo mejor del montón” es la mejor forma de describirle. Roza el 1 ’82 de altura y es de pelo castaño con los ojos de color verde oscuro. Es muy divertido cuando le conoces, pero a primera vista parece serio. También creo que es la persona más inteligente que conozco, aunque lo desaprovecha bastante en el instituto.

Y por último voy yo. “La peque”. Me describen como una chica bastante extrovertida y alocada que no para quieta. Físicamente soy delgadita con un cuerpo estirado y bonito de 1 ’65 con poco pecho. Es un pecho discreto pero atractivo y sé que aún tengo que desarrollarme un poco más, así que no me preocupo. Tambien soy guapa aunque ni por asomo me acerco a mi hermana Erika, y mis ojos marrones van a juego con mi melena larga y sedosa de color caoba.

Ahora que ya sabéis quien es quien creo que puedo empezar a contaros mi historia, que aunque comenzó hace unos casi tres años, primero nos remontaremos a hace pocas semanas. Una tarde en la que esperaba ansiosa a mi hermana mayor para irnos a pasar juntas un fin de semana lejos de mi casa…

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Hace dos semanas;

Erika se estaba retrasando.

Llevaba sentada en la jardinera de mi portal tanto rato que tenía el trasero dolorido por los picos de los ladrillos. A mis pies, mi maletita excesivamente cargada para un fin de semana se zarandeaba al ritmo de mi pie nervioso.

Estaba bastante inquieta e impaciente. Aunque hablaba con mi hermana por teléfono o whatsapp todos los días, llevaba sin verla cerca de dos meses. Pero más que por eso, tenía ganas de alejarme de mi madre unos días y escapar de su férreo control y su continuo desprecio.

Relacionarme con gente cálida y alegre no me vendría nada mal, la verdad.

Cuando vi llegar el coche de mi hermana perdí la noción del entorno y no me fijé en que mi madre había salido del portal y estaba a mi lado. Cuando la vi finalmente, me atraganté y ella se limitó a lanzarme su habitual mirada de desprecio. Ambas esperamos en silencio a que Erika se bajara del coche y viniese hacia nosotras.

– Mamá por dios… Alegra esa cara que sólo me la llevo un fin de semana… – Le dijo Erika mientras le daba un abrazo.

– Por mí como si te la llevas a tu casa a vivir – Respondió mi madre tajante.

– Va… No seas así. Además, sabes que yo me la llevo encantada – Mi hermana me hizo un gesto de burla arrancándome una sonrisa justo antes de darme un fuerte abrazo y besuquearme las mejillas hasta enrojecerlas.

Hablaron unos minutos más sobre la universidad, el piso de Erika y cosas a las que no presté mucha atención. Luego llegó el momento de marcharnos y mi hermana le soltó otro rápido abrazo a mi madre. Yo no me atreví a hacer lo mismo.

– Hasta el lunes mamá… – Le dije tímida. Ella contestó con un leve movimiento de cabeza que me indicaba que me dirigiese al coche mientras apenas me miraba.

– Ya te vale madre… Ya te vale… – Erika cogió mi maleta y tiró de mí para marcharnos. Siempre la llamaba “madre” cuando algo no le gustaba.

Diez minutos después estábamos saliendo del barrio cantando “Las de la intuición” de Shakira que sonaba en la radio a todo volumen. Cuando terminó apagó la radio y se puso seria.

– ¿Cómo la aguantas? ¿De verdad es así siempre? – Yo asentí con tristeza.

– Lo que no sé es como la has convencido para que me deje ir contigo el finde… – Dije distraída con el tráfico.

– Bueno, a veces hago magia… Pero esta vez me ha costado lo mío ¿sabes?. Y eso que llevo un año y pico sin tener ni idea de que coño pasa con esta familia. Perdón por la palabrota… – Soltó una risita.

– ¿A que te refieres? – Pregunté.

– Venga ya, peque… Mamá antes no te trataba así. Ni a ti ni a Iván. A quien por cierto no puedo ni nombrarle sin que se ponga hecha una furia. Además, cuando se separó de papá hizo lo imposible por qué os quedarais con ella y unos meses después va y manda a Iván a Barcelona con papá sin previo aviso. Ahora mamá y papá no se hablan, tampoco te dejan a ti hablar mucho con Iván por que no os dejan tener móvil y aquí ando yo, haciendo de enlace entre todos pero sin que ninguno me contéis qué coño ha pasado… ¡Hay perdón otra vez! – Me lanzó una rápida y penetrante mirada y luego volvió a centrar su atención en la carretera.

– No se Erika… Yo tampoco sé… – Comencé a decir.

– ¡Chist! Si no me lo quieres contar, no me lo cuentes. Pero ni se te ocurra mentirme a la cara diciéndome que tú no sabes nada ¿entendido? – Me interrumpió. Le costaba ponerse seria, pero cuando lo conseguía daba bastante miedo. Me limité a asentir con expresión triste y guardar silencio.

– Bueno peque… Al menos quiero que aproveches el fin de semana para disfrutar. Verás como no te olvidas de Toledo fácilmente… – Me agarró la rodilla y me hizo cosquillas. Luego clavó su dedo índice en mi estómago y mis costillas mientras me retorcía de risa implorando piedad. Siempre sabía como encontrarme las cosquillas…

Unos minutos después, ya más calmadas las dos, me sentí culpable de no atreverme a contarle lo que había ocurrido realmente. No podría entenderlo. Jamás lo haría. Ella era mi único apoyo y mi mejor amiga. Si la perdía a ella no me quedaría nada por lo que seguir adelante. Por mucho que me doliese no podía decirle nada.

Me dejé caer abatida en mi asiento y apoyé la cabeza en la ventanilla ocultando mi rostro bañado en lágrimas. Si Erika me vio llorar no dijo nada.

“¿Cómo hemos llegado a esto?” Me repetía una y otra vez mientras mi mente rebuscaba entre mis recuerdos tratando de hacer memoria. Lentamente, esos recuerdos me fueron atrapando y sin querer, perdí la noción del momento remontándome a aquel día. El día en que todo comenzó.

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Hace Tres años;

Era verano. Mis padres habían decidido llevarnos a mis hermanos y a mi a Gijón para pasar unos quince días en la playa. Habían alquilado un apartamento bastante bien situado frente al paseo marítimo y en un par de días ya estábamos perfectamente acomodados y relajados.

Mi hermana y yo nos paseábamos en bikini todo el día, mi madre con un camisón corto bastante viejo y sin mangas, y ellos únicamente con sus pantalones cortos.

Desde hacía unos meses, mi cuerpo había empezado a despertar sexualmente y yo aprovechaba para frotarme disimuladamente con cualquier cosa, como los bordes de las mesas, las sillas, etc. Y más recientemente había comenzado a masturbarme con torpeza y también algo de miedo. Como aquella tarde.

Hacía poco rato que habíamos comido y la mayoría estaban echándose la siesta, así que aproveché el momento.

Mis dedos presionaban mi clítoris describiendo pequeños y grandes círculos aleatoriamente. La mayoría de foros y vídeos que había consultado dejaban claro que era así como tenía que hacerlo y la verdad es que era bastante efectivo. El calor de mi cuerpo se había disparado, mi respiración se estaba acelerando por momentos y las pequeñas descargas de placer que me asaltaban venían como un oleaje que cada minuto se volvía más violento.

No pude evitar la tentación de penetrarme con un dedo de la otra mano y aquello fue la chispa que prendió la mecha.

Mi mente no paraba de darle vueltas a la sensación con la que me había despertado una noche no hacía mucho. Sudorosa, con las braguitas empapadas, con la respiración acelerada y el corazón desbocado en mi pecho. Era algo nuevo para mí, pero no era una mojigata. Sabía perfectamente que aquella noche había tenido mi primer orgasmo, y fue increíble. Se quedó grabado en mi mente casi como una obsesión.

Desde entonces me masturbaba cada día una o dos veces tratando de revivirlo, pero si bien unas veces tenía más éxito que otras, siempre me quedaba muy lejos de conseguirlo.

Aquella tarde, encerrada en el cuarto de baño, no marchaba mal el asunto. Mi dedo estaba llegando más adentro de lo que me había atrevido a meterlos nunca y el jueguecito de mi clítoris estaba haciendo maravillas. Estaba segura de poder conseguirlo esa vez.

Aceleré el ritmo de mis dedos en mi vagina que creó un efecto dominó por todo mi cuerpo. La respiración se hizo tan pesada que arrastró una serie de pequeños gemidos que me esforcé por ahogar. Mi piel se erizaba por momentos y mi pecho parecía a punto de explotar con los latidos de mi corazón.

Tragué saliva e incluso se me humedecieron un poco los ojos mientras mi atención se centraba en mis pezoncitos erizados e hipersensibles.

Era genial. Mi vagina cada vez estaba más húmeda y sensible permitiéndome introducir el dedo con más facilidad. Un segundo dedo reforzó al primero y se me escapó un pequeño gemido. De hecho estaba tan confiada que dejé escapar unos cuantos más de forma controlada. ¡Estaba a punto!… Mi estómago se tensó, mis piernas se cerraron instintivamente y entonces…

La puerta sonó varias veces sacándome de mi estado y arrojándome violentamente a la realidad cuando escuché la voz ronca y profunda de mi padre.

– Tania. Llevas mucho rato ahí ¿no? ¿estás bien? – Dijo. De pronto toda la excitación que había sentido desapareció de golpe y quedó sustituida por una enorme crispación.

– ¡Si! ¡Ya salgo! – Mi enfado iba en aumento mientras trataba de colocarme mi bikini rosa rápidamente por si se abría la puerta. Aunque era un miedo injustificado ya que sabía perfectamente que había echado el seguro.

– Si se despierta tu madre dile que me he bajado a la playa – Contestó.

– ¡Vale papá! ¡Genial, gracias! ¡Muchas gracias por avisar! – Le grité malhumorada.

¡Después de haber estado tan cerca, todo se había fastidiado en un segundo!. Apreté los dientes para no dar el enorme grito que aguardaba en el fondo de mis entrañas y contuve un par de lágrimas de rabia. “¡Jolín, ya casi estaba!” pensé.

No tardé mucho en abrir la ventana, lavarme  y limpiar un poco. Salí del baño con el bikini colocado en su sitio, apresurada por llegar a mi cuarto para cambiármelo, pero la puerta estaba entrecerrada. Yo no la había dejado así. Me asomé sigilosa y vi que mi hermano estaba sentado en mi cama de espaldas a mí mirando mi tablet. No me extrañó mucho ya que dormía en el mismo cuarto que yo. Pero verle ahí distraído, era una oportunidad que no podía dejar pasar.

Como aún no se había percatado de mi presencia decidí asustarle y echarle una pequeña regañina por cogerla sin mi permiso. Aún sentía mi interior bastante caliente y mi vagina muy sensible pero me agazapé y avancé lentamente.

El brazo de Iván se movía de manera extraña pero no presté mucha atención. Avancé y avancé emocionada por que prometía ser la madre de todos los sustos y a mi hermano le costaría igualarlo.

Pero justo a un paso suyo algo debió fallar por que se giró velozmente hacia mí con los ojos como platos. Yo reaccioné instintivamente lanzándome sobre él y echándolo sobre la cama mientras le hacía cosquillas.

– ¡Ja! ¡Te he pillado capullo! ¿Qué haces con mi tablet? – Estaba tan concentrada en hacerle cosquillas y retenerle que no me fijé en su cara de susto. Tampoco quise fijarme en el bulto de su entrepierna duro que se frotaba con la mía mientras me movía sobre él. Era un roce placentero que me estaba encendiendo inconscientemente ya que para mí, aquello era tan sólo un juego. Al menos al principio. Pero por algún motivo no paré.

Iván forcejeaba conmigo para escapar, pero me aferré a él y seguí forzando la situación todo lo que pude para extraer cada roce de su entrepierna caliente. Siempre simulando que le hacía cosquillas. Pero llegó un momento en que aquello ya resultaba ridículo y simplemente seguí rozándome sentada sobre él. Estaba tremendamente excitada y aunque la situación me asustaba, no paré. Él tampoco se resistió mucho tiempo y se quedó mirando avergonzado la pared mientras aquello ocurría.

Pronto solo podía oírse mi respiración mezclada con pequeños gemidos junto con su respiración acelerada y profunda.

Para mi sorpresa, la mitad de su pene erecto sobresalía del su pantalón soltando leves gotas de liquido preseminal sobre su cuerpo y manchando la parte de abajo de mi bikini cuando avanzaba sobre él. Manchas que según se resecaban, se volvían blanquecinas. Pero aquello no nos detuvo. No a mí. No tan cerca de alcanzar el clímax, como aquella noche…

No podía pensar con claridad, pero si podía sentir cada mínimo roce de su entrepierna con la mía y en aquel momento, esa sensación me poseía y me controlaba completamente.

Era absurdo tratar de disimular o fingir. Posé las palmas de mis manos sobre su pecho y me incliné hacia adelante para acelerar el ritmo y la presión. Él me miró con una expresión extraña y pareció dudar. Yo no pude aguantar su mirada y la esquivé como pude hasta que sentí sus manos aferrarse a mis pechos. Traté de impedirlo con una mano pero insistió y lo dejé pasar.

Sus caricias se volvían mas confiadas cada segundo y no tardó en descolocarme la parte de arriba dejando mis tetas afiladas al descubierto. Traté de cubrirme pero siguió insistiendo hasta que logró apartar mi brazo y aferrarse a ellas mientras le dirigía una mirada de reproche. También cedí y le dejé tocarme. Sólo podía pensar en la excitación que sentía con el roce de nuestros sexos. Nada más me importaba.

La excitación de ambos estaba a punto de desbordarse y aceleramos el ritmo.

El roce de su piel en mis pezones erizados me provocaba una sensación rara. Me ardían y estaban muy sensibles pero definitivamente aquello me gustaba mucho. Estaba cerca, muy cerca. Pero faltaba algo.

Lancé mi mano bajo el bikini empapado para estimular el clítoris y eso fue espectacular. Mi entrepierna se deslizaba sobre la suya con suavidad. Una mano posada sobre su pecho y la otra dándome placer. Las suyas sobre mis tetas masajeaban con suavidad quemándome la piel. Mis gemidos se ahogaban en mi garganta. Su respiración se quebraba en la suya. Nuestras miradas se quedaron cruzadas mientras manteníamos aquella expresión avergonzada… Y entonces pasó.

Mi bikini se empapó enseguida mientras todas mis emociones y sentidos se escapaban por mi vagina obligándome a retorcerme y caer sobre su pecho sudoroso exhausta. Tapándome la boca con la mano empapada que antes me daba placer y dejando que un par de lágrimas de vergüenza, satisfacción, miedo y alegría se escaparan por mi rostro y se estrellasen en su pecho.

Apenas fui consciente cuando se giró colocándome boca arriba y comenzó a moverse sobre mí igual que había hecho yo. Pero a diferencia de mí, el había sacado su pene completamente. Era de un tamaño aceptable, aunque yo aún no entendía mucho de esas cosas.

Sus manos aún seguían acariciando mis pechos desesperadamente e incluso se atrevió a acercar su rostro y lamerlos.

¿Debí haber reaccionado? ¿Debí haberme resistido?. Tal vez, pero no lo hice. Mi mente estaba saturada por una explosión de sentimientos y sensaciones caóticas que trataba desesperadamente de ordenar.

La visión de mi hermano sobre mí frotando su miembro con mi entrepierna, acariciando y besando mis pechos no era más real que el sueño que tuve “aquella noche” y del que apenas recordaba nada.

Finalmente tras unos largos segundos, comencé a recuperarme y ser consciente de mi entorno. Fui cayendo lentamente en la realidad mientras mi hermano aún se frotaba conmigo unos segundos más hasta que  al fin se tensó y eyaculó sobre mi cuerpo sin parar de frotarse.

El primer chorro de semen llegó hasta mi pecho izquierdo describiendo en mi piel una línea recta y blanca. El segundo y el tercero fueron menos intensos y pronto mi ombligo quedó inundado de aquella cosa que veía en directo por primera vez en mi vida. Los siguientes fueron disminuyendo hasta que ya no eyaculó más. Pero mi bikini rosa quedó hecho un desastre.

Estaba tan sorprendida y aterrada que me quedé inmóvil. A medida que menguaba su excitación, Iván también se hacía consciente de la situación y se levantó lentamente mientras yo me incorporaba avergonzada tapándome el rostro con las manos. Al sentir el semen cada vez más frío resbalando por mi cuerpo, traté de limpiármelo rápidamente pero mis manos solo consiguieron esparcirlo más por mi piel.

Inmediatamente me preocupé más por cubrirme mis pechos con el bikini debido a la vergüenza y lo acabé pringando mientras intentaba colocarlo, pero se había enredado bastante y me temblaba el pulso. Al final lo dejé y me tapé con las palmas de las manos.

Iván me observaba en silencio con una expresión de miedo sentado al borde de su cama. Al principio yo no me atreví a mirar más allá de mis rodillas, pero sentía tanto la presión de su mirada sobre mí que al final cedí y le miré igual de asustada y triste.

– Tania… No podemos decir nada a nadie o nos matan… – Dijo tembloroso. Yo solo asentí con la cabeza mientras comenzaban a escaparse de mis ojos un par de lágrimas.

Volví a ocultarme detrás de mis manos tras comprobar de arriba abajo mi cuerpo y mi bikini empapado con manchas blancas. Prefería que me viese las teas a que me viese la cara.

Por alguna razón no podía dejar de sentirme culpable de aquella situación.

– ¡Jopé! Jopé, jopé. Dios Iván… – Comencé a desesperarme. Iván se arrodilló frente a mí y acarició mis rodillas.

– Eh… Cálmate… Tampoco es tan grave ¿Vale? No hemos llegado a hacer nada… – Parecía que mi hermano trataba de convencerse a sí mismo más que a mí, pero yo no tenía ganas de hablarlo y me levanté para escapar al baño a limpiarme. En ese instante vi la tablet al borde de la cama y la cogí solo para soltarla tras comprobar que mi hermano estaba viendo los videos porno que tenía guardados para mis “experimentos”. No me resultó difícil imaginar que estaba haciendo mientras los veía.

– Jopé Iván… ¡Somos unos putos salidos de mierda! – Susurré cubriéndome de nuevo. Luego me escabullí al baño arrancándome la parte superior del bikini desesperada.

Cuando me planté desnuda frente al espejo me puse a analizar la situación con claridad al mismo tiempo que examinaba la ropa y el semen blanco de mi piel. En mi mente persistía la idea de que lo que habíamos hecho era terrible, pero el placer era innegable. Al fin había conseguido lo que llevaba tanto buscando, revivir aquella noche y más aún. Esto era más fuerte, más reciente, ¡Más real!. Mi boca dibujó una sonrisa satisfecha que disimulé mordiéndome el labio inferior mientras observaba el semen aún pegado a mi piel. “Ahí lo tienes estúpida. Ya lo has conseguido”.

En un alarde de valentía empapé mi dedo índice con el semen de mi ombligo y lo chupé sin pensarlo. El sabor era agrio y salado pero extrañamente no muy desagradable. o al menos no tanto como tenía entendido. Seguí chupando tratando de imaginar que era un pene y como tal, acabé chupando dos dedos de mi mano mientras de vez en cuando recogía más semen y lo saboreaba.

No dejé de mirarme mientras chupaba y chupaba ensayando expresiones lascivas y después de un rato ya no quedaba más semen que tragar ni más expresiones que ensayar. Reaccioné con enfado al darme cuenta de que mi mano izquierda había comenzado a explorar mi vagina de nuevo y me di cuenta de que tenía un problema.

La ducha no fue tan tranquila como esperaba… Me puse en cuclillas mientras el agua templada caía sobre mi pelo y mi espalda. Cerré los ojos y comencé a masturbarme. Mi clítoris ardía bajo el estimulo de mis dedos mientras con la otra mano me penetraba rápidamente. Ni siquiera quería repetir el orgasmo anterior, me conformaba con cualquier cosa, uno pequeño. Solo uno más.

En mis pensamientos no podía evitar recordar a mi hermano sobre mí frotándose, y eso me provocaba sentimientos encontrados. Más aún cuando eso derivaba en fantasías en las que me penetraba violentamente aumentando mi excitación.

Me pareció escuchar abrirse la puerta y volver a cerrarse. Poco después escuché la cortina de la bañera moverse y entonces una mano se posó en mi espalda. Ni siquiera me asustó. No me hacía falta abrirlos para saber que era Iván, aún así los abrí. En ese momento estaba sacando su pene del pantalón que estaba medio erecto mientras observaba como yo seguía masturbándome. El pantalón cayó al suelo y se quedó completamente desnudo.

– Jolín Iván… – Me lamenté. Observé indecisa como comenzaba a masturbarse sin dejar de mirar mi cuerpo desnudo.

– He echado el seguro pero aún van a tardar un buen rato en despertarse… – Dijo decidido. Cerré los ojos maldiciéndome por lo que iba a decir.

– … Jopé… Vale Iván. Pasa… – Apenas dije aquello, mi hermano entró apresuradamente con su erección a escasos centímetros apuntando a mi rostro. No pude evitar imaginarme chapándosela. Sería mi primera vez…

– Después de esto se acabó eh… – Él Asintió.

– No Iván, lo digo en serio. Se acabó… – Insistí.

– Ya… Tienes razón… – Contestó chocando su pene contra mi mejilla.

– Y no pienso “hacerlo”, así que no te hagas líos… – Dije acariciando su pene indecisa.

– Solo haz lo que tú quieras peque… – Su expresión era de puro deseo. Sabía que tenia ganas de que se la chupara. Volví a morderme el labio indecisa…

– … Buuuf… Ahora no me llames peque… – Y sin pensarlo más me la introduje en la boca de golpe. Sus manos comenzaron a acariciar mis mejillas y mi cabeza.

El sabor era mucho más intenso que el semen de mi cuerpo y su pene más grande y duro de lo que había calculado. Podía notar el calor de su piel en mi boca. Lentamente sacó el pene para volver a introducirlo y en pocos segundos comencé a coger confianza para hacerlo yo misma. Tal y como había visto en los videos.

Seguí lamiendo y acariciando con la lengua su pene mientras con mis manos continuaba masturbándome al compás. He de reconocer que la situación me dio bastante morbo. Igual que ver las expresiones de mi hermano, entonces me puse juguetona y comencé a lanzarle miradas y sonrisas lascivas. Quería sentirme sucia.

A medida que se la chupaba iba aprendiendo más cosas sobre él, sobre mí. Sobre lo que le gusta a los hombres y como jugar con ellos. Disfruté aquello más allá de la excitación y el morbo. Lo disfruté por sentirme deseada. Fueron unos minutos deliciosos.

– Tania… Buuuf Tania… Me corro… – Justo en ese momento su pene se tensó más de lo normal y expulsó sobre mi boca una gran cantidad de semen. Ver su cara fue un regalo para mí. Retiré mi boca indecisa decidiendo si debía tragármelo y así lo hice. Pero antes dejé caer un poco a la bañera ya que me parecía demasiado para una primera vez. Mi hermano alucinó.

Después de eso se la chupé un poco más para extraer cada ápice de placer de su cuerpo. Si era la última vez podía permitirme ese lujo y después, llegaría mi turno. Por suerte o por desgracia yo ya estaba muy excitada cuando introdujo dos dedos en mi vagina después de ponerme de pie y agacharse él. Le obligué a ir despacio cuando me di cuenta de que sus dedos eran mas largos que los míos y llegaban donde nunca antes había llegado.

Al principio sentía un ligero escozor mezclado con placer dentro de mi vagina y estuve a punto de obligarle a detenerse. Pero esa sensación remitió poco a poco dejándome a merced de los dedos de mi hermano mientras yo estimulaba mi clítoris. Aquello se me fue de las manos una vez más. Me quedé apoyada en la pared fría incapaz de moverme mientras trataba de ocultar mis gemidos bajo la palma de mi mano. Incluso cuando dejé de estimular mi clítoris por miedo a perder la cabeza, mi hermano tomó el relevo y en poco tiempo estaba suplicándole que parara. Pero no paró. En realidad tampoco deseaba que lo hiciera. Al final me corrí en su mano y me desvanecí sobre sus hombros tratando de ahogar los gemidos. Hasta él se asustó y se puso en pié para abrazarme examinando sus dedos levemente ensangrentados.

Refugiada en su pecho, Lentamente comencé a recuperarme y poco después sin dedicarnos ni una sola palabra, nos duchamos juntos rápidamente y salimos del baño por separado.

Durante el resto del día ambos nos evitamos y aquella misma noche, obligados a dormir juntos, no nos atrevimos a cruzar palabra.

Ambos estábamos asustados, confusos y avergonzados. Parecía que la semana y media que aún nos quedaba de vacaciones en Gijón se nos presentaba complicada. Ojalá entonces hubiese sabido cuánto…

Continuará…

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