Sexo anal con tres amigos II

¡Hola! Por fin he podido conectarme para subir la última parte de mi experiencia de sexo anal con tres amigos. Ha sido un verano muy…movidito! Jijij. Espero que os pongáis tan calientes leyéndolo como yo recordándolo y escribiéndooslo, ?

Noche de sexo anal brutal

Dejé de comerle la polla a sus amigos por un instante, pues necesitaba concentrarme en relajar el esfínter para que entrasen los primeros centímetros de una polla que podría medir unos 22 centímetros de largo por unos cinco y medio de ancho. Noté perfectamente cómo entraba el glande después de un pequeño embate que me sacó un breve gemido de dolor. Empezó a meter y sacar el glande morado de su enorme pene unas cuantas veces hasta que decidió, sin previo aviso, meterme gran parte del mismo. Casi me entraron ganas de vomitar al sentir toda aquella carne en mi recto, y al empezar el movimiento de salida, descubrí todo un mundo nuevo de placer.

Así, tras las primeras acometidas pude continuar comiéndoles la polla a los amigos de Iván, que se afanaba en meterme hasta el último centímetro de su lanza, notando sus huevos golpear contra mi mojado chochito. Jamás había empezado a follar por el culo antes que por mi rajita, pero sentía un placer indescriptible en mi ano, que se estaba dilatando de una forma que jamás en mi vida pude haber sospechado.

En ese momento me pregunté cómo iba a sentirme cuando Rubén me penetrase con aquél misil, más corto que el rabo de Iván, pero de unos seis centímetros o más. No podía abarcar su tronco con una mano, y pensar en eso me asustó un poco. Supuse que con más lubricante podría solucionarlo.

Iván me tenía bien agarrada por las caderas, atrayéndome hacia él casi con violencia y gimiendo como un poseso. Yo también gemía y casi gritaba, aunque me contenía para no dar el espectáculo.

-Tío, me toca ya, ¿no? –Sugirió Rubén-.

-No, no, ahora quiero esta polla –dije mientras movía el miembro de Darío, pues tenía un rabo durísimo y algo menos grueso que Rubén-.

-Toma tío, jódete colega, prefiere mi polla, jajajaja.

Rubén no dijo nada, pero hizo una mueca como de desaprobación. Por su parte, Iván salió de mí y, en lugar de venir a darme su polla, se sentó en el sillón de atrás.

Darío ocupó mi dilatado esfínter anal, y entró apretando, pero sin dificultad. Era maravilloso ver cómo tres tíos tan buenos, con esas pollas tan grandes y tanta experiencia en eso de follar, estaban tan  excitados con mi cuerpo y con mi manera de moverme. Miré hacia atrás, al sillón en el que estaba sentado Iván pajeándose, y me puso muy cachonda ver la cara de vicio que tenía mi amigo mientras miraba cómo Darío me empalaba. Rubén me cogió la cabeza y me hincó en su grueso miembro, cosa que me costó bastante debido al gran tamaño del mismo. Darío me dio una fuerte nalgada al mismo tiempo que aceleraba sus embestidas, pero yo apenas podía gemir por tener la boca ocupada y a Rubén empujándome hacia abajo, como queriendo traspasar mi garganta. Le daban igual mis arcadas, la gran cantidad de saliva que se me salía y mis ojos lagrimeantes, él solo quería que abarcase la mayor cantidad de rabo posible.

-Me vas a ahogar, cabrón –le reproché, una vez conseguí liberarme-.

-Toma, cómeme los huevos –y se cogió los dos huevos y me los ofreció-.

Empecé a lamerlos suavemente, pero en cuanto cerró los ojos por el placer, succioné uno de ellos con fuerza, metiéndolo y sacándomelo de la boca con la misma fuerza de succión. Él soltó un alarido, no sé si de placer o de dolor, pero al poco me levantó la cabeza y se levantó. Darío salió de mí y Rubén nos invitó a cambiar de postura. Él volvió a sentarse, y me pidió que  me subiera encima de él, cosa que hice.

No todo fue sexo anal

Coloqué su miembro en la entrada de mi vagina, empecé a frotarlo suavemente mientras él me comía los pezones, primero uno, luego otro y finalmente juntando mis tetas y comiéndoselas enteras al mismo tiempo. Logré meterme la cabeza de su polla en mi cuevita, y solo con eso noté cómo jamás había estado tan llena. Mi chochito no dejaba de lubricar, y un cosquilleo me subía por la barriga y por la espalda hacia arriba. Poco a poco fue entrando cada vez más en mi interior, hasta que me cogió por las caderas y, mientras me miraba a los ojos, me la metió toda del tirón. A mi grito de dolor y placer le siguió una serie de embestidas en mi coño que me hizo estallar en el primer orgasmo de la noche.

Fue el orgasmo más largo que nunca había tenido, pues Rubén no paró de follarme ni siquiera cuando me quedé sin fuerzas encima de él, pues me tenía bien agarrada por la cintura y bien penetrada por el coño. Frenó su ritmo al sentir que se corría y salió de mí. Enseguida ocupó su lugar Iván, pero al penetrarme se dio cuenta de que mi coñito ya estaba secándose y nos iba a doler a ambos, así que me colocó a cuatro patas de nuevo, me hincó la cabeza en el sofá para dejarle completamente servido el culo, se untó la polla con lubricante y empezó a follarme de nuevo el ano sin compasión. Yo ya solo podía gritar, aunque al tener la boca contra el sofá casi no se me oía.

Cuando ya no podía aguantar más, Iván salió de mi culo, sentí un chorrito de lubricante en mi agujero y, sin mediar palabra, sentí la enorme verga de Rubén penetrar de forma brutal en él. Iván se colocó debajo de mi boca ofreciéndome su verga. Mis gritos hicieron que Rubén me tratase con algo más de suavidad, cosa que aprovechó Iván para meterme su polla en la boca y no dejarme salir de ahí.

Me excitaba enormemente sentir cómo Rubén me atraía hacia él agarrándome por las caderas y penetrándome con suavidad. Cuando logró meter toda su polla hasta los huevos, empezó a masajearme el clítoris con una de sus manos, cosa que agradecí, pues mi vagina empezó a lubricar de nuevo. Mientras él me estimulaba mi botoncito, yo empecé a balancearme de adelante hacia atrás para sentir su virilidad en mi recto. El placer que sentía era indescriptible, tanto, que empecé a acelerar el ritmo hasta que fue Rubén quien volvió a cogerme de la cintura para aumentar la violencia de las acometidas. Así, dando un sonoro alarido de placer, me inundó el recto con su leche caliente, saliendo un poco de la misma debido a la gran cantidad de leche.

Iván seguía recibiendo mi mamada al tiempo que le pajeaba la polla y, cuando vi que no podía aguantar más, me la saqué de la boca y le pedí que se corriera dentro de mi culo. Se levantó como un resorte y me penetró con suma facilidad. Nada más comenzar el mete saca se corrió dentro de mí, cosa que agradecí, pues sentir esos fluidos calientes en mi recto me aliviaban mi dolorido ano.

Darío vino hacia mí, me ofreció su polla y la empecé a mamar con gusto, pasando la lengua por el glande hasta los huevos, los cuales succioné con placer mientras veía cómo se retorcía de gusto. Al mismo tiempo, empecé a sentir las caricias de Iván en mis nalgas, intercalando leves cachetazos en ellas que me excitaban muchísimo. Cuando la polla de Darío estuvo bien parada de nuevo, me tumbé bocarriba en el sofá para que me follara en la postura del misionero, lo cual aceptó de inmediato. Metió toda su verga en mi rajita y empezó un mete saca constante, rápido y delicioso, mmm, sentía de nuevo un hormigueo por todo mi cuerpo cuando de pronto Rubén me puso el glande de su polla morcillona en la boca. El placer que me estaba proporcionando Darío me hacía imposible concentrarme en mamarle la polla a Rubén, hasta que no pude más y, tras acariciarme yo misma el clítoris, estallé en un nuevo orgasmo. Sin embargo, esa polla no dejaba de taladrarme, mientras que Iván, sentado en el  otro sillón, mostraba una verga dura de nuevo, al igual que Rubén, al que tímidamente le comía la punta de su miembro.

Volvimos a cambiar de postura, esta vez Rubén se acostó debajo, metiéndome su gruesa polla en el coño; Iván se puso en mi retaguardia, para volver a taladrarme el ano, ese ano que tanto le gustaba y que tan dolorido tenía yo; por último, Darío me dio a mamar su polla, que estaba rojísima.

Al principio solo Iván arremetía contra mi culo, pues Rubén se limitó a meterme toda la polla dentro y Darío disfrutaba de la mamada de campeonato con la que le estaba obsequiando. De esta forma, pajeándole la polla al mismo tiempo que le comía los huevos, Darío no pudo contenerse más y me enchufó su rabo en la boca hasta casi rozarme la campanilla, donde descargó un enorme torrente de semen. Creo que a Rubén le tuvo que caer algo, pues se quejó y empezó a insultar a Darío mientras este se reía del otro, casi mareado por la enorme corrida que acaba de tener. Rubén empezó a  su vez a meter y sacar su polla en mi coño al mismo tiempo que Iván me empalaba por detrás.

-Aaahh, ya no puedo mááás…-gritaba Iván sin dejar sus acometidas-.

-¡Vamos, córrete dentro, dame tu leche…córrete dentro!

Así fue cómo se corrió por segunda vez en mi culito mi amigo Iván, quien al terminar de correrse vino hasta mí y me besó en la frente, pues aún tenía restos de semen de su amigo Darío en la comisura de los labios. Rubén me cogió del culo para fijar mi cuerpo contra el suyo, empezó a follarme con gran violencia por el coño con su gran polla gorda y yo sentí casi desfallecer cuando me sobrevino el tercer orgasmo. Él, al ver que me estaba corriendo de nuevo, siguió con su ritmo. Una vez paré de gemir, salió de mí, me tumbó bocabajo en el sofá, me abrió los cachetes del culo y me metió poco a poco la polla hasta quedar completamente enterrada en mi interior. Se tumbó encima de mí y empezó a follarme de menos a más al mismo tiempo que me mordía la nuca y me lamí la oreja. Me tenía abrazada con sus manos en mis tetas y su polla entrando y saliendo de mi dilatado ano hasta que, en un último empujón que me hizo sentir su polla casi en el estómago, volvió a inundarme el recto con su semen.

Al terminar de correrse me dio un beso en la nuca y me ayudó a sentarme. Luego, entre los tres me llevaron al baño, pues no podía ni andar. Tras orinar y expulsar casi todo el semen de mi ano, me ayudaron a ducharme, pues no solo no podía andar, sino que además no podía entrar en la bañera, ni agacharme.

Cuando vino mi pareja unos días después, le conté que me había caído. Menos mal que las nalgadas y embistes que recibí me dejaron algunos cardenales y gracias a eso me creyó.

Desde entonces tengo claro que nunca más voy a tener sexo anal con desconocidos. Al menos no la primera vez.

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