Sexo intenso con Aries

Cuando me subí al coche me saludó, así nada más. Sin besos, sin abrazos, pero con la sonrisa llena de ganas. Ese día había elegido una blusa gris especialmente escotada, la redonda línea dejaba al descubierto la parte superior de mis senos y pude sentir su mirada sobre ellos, saboreando lo que estaba por venir.

Llegamos a la habitación de siempre, con el jacuzzi y la enorme regadera doble. Casi como un ritual fui directo a dejar mis cosas mientras comentábamos como nos había ido últimamente. En cuanto me quité la chamarra ya estaba atrás de mí, recorriendo con una mano la curva de mis glúteos, el interior de mis muslos, mientras que la otra subía por dentro de la blusa, haciendo a un lado el sostén para poder apretar mis senos. Me giró hacia él y sin dejar de tocarme me besó suavemente, pero con la promesa de las ganas que llevaba semanas aguantando. Bajé la mano y pude sentir cómo su verga crecía con la excitación.

– Quiero chupártela.

Aún medio vestido lo aventé sobre la cama y abrí sus pantalones, dejando salir su delicioso miembro. Primero lo primero, un par de besitos en la punta, una buena lamida desde la base. Escucharlo gemir cuando me la metí completa a la boca. Su sabor me vuelve loca, no puedo evitar querer mamársela hasta que se venga en mi boca, en mi cara. Pero sé que eso no va a pasar. No con él. El sexo intenso es un deporte para nosotros, una carrera de resistencia. Me empuja para poder terminar de quitarse la ropa y mientras está sentado desnudándose, yo me voy quitando la ropa frente a él. Sus manos recorren mis piernas, mi espalda, mis senos, mientras besa mi abdomen y mi vientre.

Se levanta de pronto y me gira sobre la repisa, dejando mis nalgas al aire, aún con la tanga puesta. Deja que sus dedos recorran mis labios exteriores, inflamándolos de ganas. Se lleva un dedo a la boca y regresa, para empezar a explorar la entrada de mi coño, solo para comprobar que estoy bien mojada para él. Empuja un poco hacia adentro y empieza a dibujar círculos justo en la entrada, haciéndome gemir de expectación. Ya bien mojada, sus dedos van hacia mi clítoris, empiezo a temblar. Sé lo que quiere, quiere que me corra para él, en él.

– ¿Y como está mi deliciosa putita?

– Bien caliente para ti cariño, y apretada.

– Justo como te quería.

Me levanto y se pone frente a mi, la verga dura, lista para cogerme hasta hacerme gritar.

– Levanta tu pierna.

Apoyo el pie en el buró, permitiéndole que se acomode entre mis muslos, jugando con su glande en mi clítoris y deslizándolo hasta mi coño empapado. Empuja fuerte, de nuevo me hace temblar.

– Ah! Justo así la querías. Bien adentro.

Me ve directo a los ojos, la excitación de tenerlo adentro me hace cerrarlos pero sé que él me sigue viendo, disfrutando de como me da placer. Es lo que más me gusta de coger con él, que no le importa nada más que hacerme venir y lo disfruta tanto o tal vez más que yo.

Con un movimiento rápido me levanta de la cadera sin salirse de mí. Su verga tiene el tamaño para quedarse clavado en mi interior mientras me tira sobre la cama. Siento su peso encima y abro las piernas, levanto la cadera, para permitirle entrar hasta el fondo. Esta vez no hay más previos, empieza a follarme con ganas, con fuerza, deteniéndome entre sus brazos. Siento el primer orgasmo explotar a su alrededor, apretándolo, estrujándolo. Veo su sonrisa de satisfacción al hacerme correr.

Usualmente el juego se acaba aquí para mí, los hombres dicen que los ordeño. Pero no con Aries, esto es apenas el principio. Cambia a un ritmo más lento pero no deja de moverse en mí, sacando casi toda la verga y volviendo a entrar, dejándome sentir cada centímetro de ella en mi vagina y sus testículos golpeando contra mis glúteos. Me vuelve loca, empiezo a mover la cadera a su ritmo y entonces empieza a darme tan fuerte que me clava de nuevo contra el colchón. Cierro los ojos, dejo que mis manos recorran su espalda mientras me pierdo en la sensación y el placer. Otra vez me corro, otra vez sonríe y se levanta para quedar frente a frente. Es un mamón, se pone a hacer lagartijas mientras me la mete, dejándome ver perfectamente cómo me va abriendo y la extensión completa de su miembro, empapado en mi jugo.

– Show-off. – Le digo con una sonrisa y aprovecho la posición para dejar que mis dedos se enreden en el vello de su pecho. Es un oso, tal cual. Encuentro sus pezones y empiezo a juguetear con ellos, rozándolos con la punta de mis dedos. Cierra los ojos y gime profundamente

– Uy sí, putita, sabes que eso me encanta – Empieza a murmurar mientras mi lengua lame su pezón derecho y mis dedos aprietan el izquierdo hasta que se ponen duros. Lo chupo, eso lo dispara y empieza a enterrarse con fuerza de nuevo dentro de mí. La posición en la que estoy hace que tenga un acceso completo, puedo sentir la punta de su pene golpeando el fondo de mi vagina cada vez con más fuerza.

En medio de tanto sexo intenso, entre gemidos, logro decirle – Así, justo así – Sin voltear a verme me ordena – Se dice “más duro” – Otra vez me voy a correr, es como si el cabrón hubiera encontrado el botón de “orgasmo” en mi coño. Regreso a sus pezones, y mientras le mordisqueo uno le suplico.

– ¡Más duro! ¡Más!

No tengo que decirlo dos veces, mientras me embiste con violencia puedo sentir como toda mi vagina se contrae alrededor de él, puedo sentir que su miembro pulsa en mi interior, aguantándose la eyaculación pero dejándose disfrutar del orgasmo. No se detiene y me deja terminar, empujar la cadera para que entre más al fondo. Cuando termino empiezo a temblar. Él se levanta frente a mi, con su verga aún atrapada en mi coño contraído por el orgasmo. Me recorre descaradamente con la mirada y sus manos estrujan mis pechos, sus dedos aprietan mis pezones, los jalan.

– Muy bien putita, muy bien. –

Se aleja, puedo sentir como escurro la parte interior de los muslos y lo veo allí, hincado en la cama frente a mi, con la verga llena de mi. Me volteo y quedo en cuatro puntos frente a él, no le pregunto nada, solo me meto su verga a la boca. Ya no está dura, pero probarme en él me hace lamerlo completo, hasta que logro que tenga otra erección. Le gusta que lo masturbe, desde la empuñadura, mientras me meto el glande a la boca y se lo lamo de todas las formas que se me ocurren. Cuando está listo me levanto y lo aviento sobre el colchón, quiero metérmela otra vez.

– Es mi turno de estar arriba, y te tengo un regalo.

– ¿Ah si? A ver.

Saco un churro y el encendedor y le doy una larga fumada, llenando mis pulmones del embriagante humo. Me inclino sobre él y dejo salir el humo mientras me besa, dejando que lo aspire directo de mi boca. Nada como un buen viaje compartido a Orgasmolandia. Hincada junto a él abro las piernas y me acomodo sobre su cadera, la punta de la verga lista en mi coño. Sus manos en mi cadera me guían hasta abajo, entrando suavemente en mí. Las ganas me hacen levantarme y empezar a mover la cadera furiosamente, tallando mi clítoris en su vello púbico. Es casi instantáneo, me arqueo hacia atrás de placer y dejo expuesto mi clítoris, él se aprovecha y con su pulgar me masturba mientras yo muevo mi cadera, sintiéndolo bien adentro. Puedo sentir cómo me corro de nuevo, empapando su cadera, su vello, sus testículos.

– Me haces venir de formas que no sabía que podía venirme – Lo miro directo a los ojos, – Carajo, estoy enamorada de tu verga y mientras más me das, más quiero. 

Se ríe de mí, pero sé perfectamente que es justo lo que quiere oír, su puta personal suplicando que la folle de todas las formas que se le ocurran.

– Me encanta que descubras cosas nuevas. 

Agarra uno de mis senos, apretándolo con suavidad, acariciando el pezón erecto con sus dedos para luego acercarme a él y lamerlo, tomándolo entre sus dientes, tironeándolo levemente. Sus manos en mi cadera me detienen para permitirle entrar a su gusto, sus dedos bajan justo a la altura de la base de mis nalgas para estirarme y abrirme. Miro el espejo y veo mi reflejo, cabalgándolo, disfrutándolo. Si alguien grabara esto podríamos hacernos millonarios con una gran película porno. Quiero probar otro ángulo y me volteo, dándole la espalda, de forma que puede ver perfecto como me la mete completa en el espejo. El reflejo no miente, su gran verga me tiene empalada hasta el fondo y yo no puedo parar de moverme, guiada por él, hasta correrme de nuevo.

Caigo en la cama agotada y él se levanta a llenar el jacuzzi. El agua es un ambiente maravilloso, sé las cosas que puede hacer allí, las posiciones que pueden ocurrírsele. No entiendo como mi cuerpo agotado puede seguir queriendo más de esto, más de él. Regresa a la cama y me abre las piernas, su mano recorre mi muslo hasta llegar a mi coño bien rasurado, lo acaricia, disfrutando la humedad causada por él y para él, para que pueda deslizarse dentro de mi todas las veces que quiera. Si, soy su puta, puede cogerme hasta que se harte. Se la he mamado mientras ve la tele, solo porque estaba aburrido. Y me fascina. Cuando estoy bien caliente otra vez me deja, va al jacuzzi y se mete.

– Sé una buena putita y prepárame otro toque. – Vaya que lo tengo consentido, obedezco sin chistar.

Pongo música, un playlist que le he estado armando, canciones con las que quiero que me coja. Cuando me meto, el agua está hirviendo pero no me importa, justo empieza Closer.

– Esta es la canción que me recuerda a ti.

Sonrío de nuevo, él sabe que es justamente lo que quiero. “I want to fuck you like an animal”. He estado viendo su verga a través del agua, no lo puedo evitar, quiero más de él así que mi mano va directo a masturbarlo de nuevo. El ritmo de la música es perfecto y cuando su erección está lista, me monto de nuevo en él, deslizando cada centímetro de su miembro hasta el fondo de nuevo. Segundo round y la música sigue sonando, él me guía, me da el movimiento, el ritmo, y yo me dejo llevar. El agua salpica todo, no importa, solo importa que está dentro de mi otra vez y que me estoy corriendo de nuevo, sus manos en mi cadera, deteniéndome para no perderse ni una sensación cuando mi coño vuelve a estrujarlo. Coger en el jacuzzi es una de mis formas favoritas, lo muevo hasta que encuentro la posición exacta. Acomodo su glande directo a la entrada de mi coño.

– Estás seca mi amor.

– Es lo malo del agua. Pero te puedo asegurar que por dentro estoy bien húmeda y caliente.

– Veamos si es cierto.

Sus dedos de nuevo a la base de mis nalgas, me abre y empuja hasta adentro. Grito por el dolor/placer.

– Relájate y déjame cogerte rico. 

Murmura cosas sobre lo rico que es cogerme en mi oído, otra vez me dejo ir, llevada por él, cada vez más duro, más profundo.

– Quiero que me cojas hasta que me desmaye de placer. No quiero que pare el sexo intenso

Grito mientras me vengo de nuevo. Esta vez no me deja descansar, aprieta más mi cadera y empieza a moverse dentro de mi.

– Eres mi fantasía perfecta, una puta a la que le gusta que me la coja como se debe y que sabe venirse bien rico. 

Lo escucho gemir, eso me prende más todavía. Saber que me desea así, solo por el placer que le doy, por el placer que me da. La música sigue, yo la sigo, no sé cuanto tiempo ha pasado y todo desparece a mi alrededor cuando comienza “You could be mine”. El ritmo de la canción, su verga bien enterrada en lo más profundo de mi, lo empujo y quedo arriba de él. El agua me ayuda a moverme sin esfuerzo, hasta adentro, viendo como disfruta que me lo coja así. Me corro de nuevo y me dejo caer hacia atrás en el agua. Pero él no va a dejar que se quede en eso y me detiene con sus piernas. Me va a hacer venir otra vez, hasta que no pueda ni respirar. Pone sus manos en mi espalda baja, enterrándose de nuevo hasta adentro con furia, con ganas. Lujuria pura. Nada más, sexo en su forma más primitiva, haciendo que todo mi cuerpo tiemble.

Cuando termino me suelta, me hundo en el agua. No puedo moverme, todo mi cuerpo está a punto de desplomarse. Lo veo salir del agua, tirarse en la cama. –Ven aquí, ándale, relájate – Verlo allí tirado, desnudo, es ver mis más locas fantasías hechas hombre. Tengo que tocarme. Sigo en el agua, así que me deslizo y quedo con las piernas totalmente abiertas para qué vea lo que estoy haciendo.

– Ese es el problema con las multiorgásimcas, todos los hombres quieren una pero cuando la tienen, ya no saben que hacer con ella. 

Tengo que reírme, es cierto. Pero él sabe muy bien que hacer conmigo. Cogerme. Así de sencillo, una y otra vez, duro. Nos hemos aguantado las ganas de que me deje bien marcada su mano por toda mi piel, tal vez algún día. Deseo tanto el dolor al sentir su palma golpeando mis nalgas, mis muslos, mis senos.

Salgo del jacuzzi directo a la cama y me enciendo un cigarro, al fin un respiro, pero siento mi coño palpitar todavía, disfrutando de las últimas oleadas de placer y expectante ante volver a recibir la verga que tanto desea. La idea me da escalofríos. Estoy sentada a la altura de su cadera, así que tengo total acceso a su pubis, la tentación es mucha, acaricio su muslo hacia los testículos, metiendo uno en mi boca. No se lo esperaba así que lo que quiera que me estaba diciendo se queda a medias. Enterrar la cara en su vello y olerlo, mientras mi lengua acaricia suavemente el testículo en mi boca y mi mano se aprieta alrededor de su pene.

– Se me va a poner dura otra vez. – Levanto la mirada. – Esa es la idea. 

Aprovecho y cambio de testículo, me lo quiero comer todo, su sabor es adictivo, su olor me embota los sentidos y solo puedo pensar en qué nuevos trucos hacer para darle más placer, en que tan pervertida puedo llegar a ser para él. Puedo ver en sus ojos que él también quiere saberlo.

Su verga está lista otra vez, tan dura como en el primer round, es un maldito dios del sexo, y yo soy la musa que lo inspira a dejarse llevar a lo más profundo de la perversión. Le he contado todas mis fantasías, todo lo que quiero que me haga y que me haga hacer, incluso las más obscuras, las que me niego incluso a mi misma. Lo he hecho mientras me la mete toda en mi coño apretado, constantemente húmedo cuando él está cerca. Voy a montarlo otra vez. Tengo que hacerlo disfrutar con mis orgasmos. Abro las piernas sobre su erección, llevándolo a la entrada, solo la puntita, me mojo más, estoy lista para que mi coño se lo coma completo otra vez.

Cuando me la meto sus brazos me jalan hacia él, quedo recargada sobre su hombro, he aprendido a dejarlo hacerme, relajarme, solo sentirlo meterla una y otra vez, enseñándome a sentir placer. Lamo el sudor de su hombro, subo por su cuello, siento su barba raspar mi mejilla. Es perfecto, carajo, perfecto. Cierro los ojos y aspiro profundamente, su olor llena mis pulmones, es la droga más dulce que he probado. Siento como sus dedos dejan mi culo al aire y mi coño se abre más para su verga. Voy a enloquecer, me levanto empiezo a mover la cadera de nuevo, lo miro, otra vez sonríe.

– Eso es preciosa, vente rico.

– Para ti, lo que sea cariño. ¿Te gusta que me venga para ti?

– Me encanta, me encanta ver como disfrutas que te la meta.

No puedo más y dejo que mi cuerpo estalle en un orgasmo como jamás lo había sentido. 1, 2, 3, 4, 5 fuertes contracciones, pierdo la cuenta. No puedo respirar, no puedo parar de temblar en contracción tras contracción de placer. Grito, ya no importa nada, no me importa que me escuchen en las otras habitaciones o en tres cuadras a la redonda. Que se enteren que este hombre sabe cogerme como nadie lo ha hecho. Termino y me dejo caer de nuevo sobre su pecho, me abraza casi hasta tierno, acariciándome con sus manos, empujando suave su verga para que sepa que aún está allí y que me va a dar más. Va construyendo el siguiente orgasmo lentamente. Sigo mojada, cada vez más, más caliente ¿Cómo lo hace? No lo sé. Otra vez hacia arriba, otro orgasmo listo para él.

– ¿Otro? No seas tan puta.

– Contigo no lo puedo evitar, quiero que me hagas venir.

Ya no supe cuantas veces más repetimos la escena, hasta que caigo a un lado de él, boca abajo. Pone su mano en mi espalda, baja hasta donde inician mis nalgas y vuelve a subir.

– Anda, termina de venirte, de disfrutarlo.

Si, eso es lo que debo hacer, dejo que todo mi cuerpo se relaje después del maratón de placer que me acaba de dar. Cierro mis ojos, lo siento moverse junto a mi, seguir acariciando mi cuerpo. Toma mis piernas y me gira sobre mi costado para acomodarse entre mis muslos. Trato de moverme pero deja caer su peso sobre mi

– Tranquilita, deja que me acomode dentro de ti. 

Soy adicta a él, sabe que voy a hacer lo que me pida. Me quedo quieta, dejando que su verga dura me penetre de nuevo, sintiendo sus testículos contra el interior de mi muslo. Embiste duro, grito otra vez. En cuanto ya está bien adentro aumenta el ritmo, la fuerza, abro más las piernas, rodeando su cintura con la pierna libre, sus manos acariciando mi espalada y apretando mis senos. Voy a desmayarme de placer cuando me corro otra vez. Vuelve a girarme, quedo boca abajo, sintiendo su peso sobre mi, su cadera contra mis nalgas, su verga bien dentro de mi coño. Me murmura lo mucho que lo excita que su putita disfrute tanto que se la coja y no para hasta que me vuelvo a correr. Levanto la cadera y aprieto los músculos para que sepa que quiero más pero se levanta y me da una nalgada

– Suficiente, quiero que te quedes con ganas de más para la próxima vez. –

No sé cuando lo voy a volver a ver, no es importante. Estaré allí, lista, húmeda y caliente para disfrutar del sexo intenso con él.

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