Familia Perfecta 5 (Final)

Desperté lenta y pesadamente sintiéndome agotada. Al entreabrir los ojos observé a mi hermana dormida frente a mí cuya naricilla apenas rozaba la mía. Su respiración era lenta y rítmica. Su aliento, como de costumbre, olía a regaliz y rozaba mi barbilla y mi cuello como si se tratara de una pluma intentando provocarme cosquillas, que poco a poco, descendía por mi cuerpo desnudo perdiéndose en la oscuridad de las sábanas.

Sentir su paz y su tranquilidad me reconfortaba y me limité a observar su rostro desechando los recuerdos de hacía tan solo unas horas con mi hermano.

Sandra tenía el brazo derecho oculto bajo la almohada como si tratara de sujetarse la cabeza a través de ella. Mientras el otro, lo mantenía plegado sobre su pecho con su mano izquierda entrelazada con las mías.

No sabía muy bien que hora era, pero bajo la persiana comenzaba a colarse el día llevándose poco a poco los tonos grises de mi cuarto.

A medida que los minutos pasaban y la luz se volvía más y más persistente, más molesto me resultaba abrir los ojos.

En aquel juego de luces y sombras, el rostro de Sandra relucía brillante y atractivo. Sus labios entreabiertos parecían estar esperando un beso que nunca llegaba y sin saber muy bien por qué, me lancé a ellos.

No fue un beso apasionado ni mucho menos, más bien fue un beso tierno, tímido y suave que provocó que se despertara lentamente dedicándome una sonrisa profunda y una mirada risueña cuando me separé de nuevo.

– Que beso de buenos días más bonito… – Me dijo con una expresión alegre.

– Ese no era un “buenos días”… – Respondí juguetona.

– ¿No?… –

– No. Era un… “Gracias mi niña por cuidarme”. Éste si es un “buenos días”… – Dije ahogando la última palabra en sus labios.

La expresión de Sandra mientras mordía sus labios y comenzaba a explorar su boca con mi lengua era divertida.

Trató de contenerme sujetando mis hombros mientras lentamente me echaba sobre su cuerpo. Mis manos reptaban por su estómago levantando su pijama centímetro a centímetro mientras el calor de su piel impregnaba mi mano.

– Sonia espera… – Dijo tratando de detener una de mis manos que había cambiado de rumbo inesperadamente para encontrarse con su entrepierna.

Mis labios silenciaron sus protestas una y otra vez mientras sus pechitos quedaban a mi alcance y su vagina quedaba al descubierto bajo las sabanas.

El cuerpo de Sandra me parecía más atractivo y sensual que nunca y solo podía pensar en devorarlo a besos.

– ¡Sonia espera! – Utilizó todas sus fuerzas para separar mi cuerpo del suyo y se quedó mirándome enfadada.

– ¿Qué coño te pasa? No hay quien te entienda… ¿No era esto lo que querías? – Dije retirando las sábanas de mala gana mientras pasaba por encima suya para salir de la cama. Ella se aferró a mi brazo dejándome sentada en el borde.

– ¡Jolín, claro que es lo que quiero! ¿Pero qué quieres tú?. Te acostaste conmigo después de decirte que te quería. Anoche me chantajeaste para que se la chupara a Javi. Luego te fuiste a follar con él sin importarte que eso me pudiese doler a mí. Acabé recogiéndote del suelo hecha polvo y hoy, que todavía hueles a él ¿Me despiertas comiéndome la boca…? ¡Perdóname si me siento “algo” confundida y enfadada Sonia! – No dejaba de ser verdad lo que me decía, pero dicho así y saliendo de sus labios sonaba aún peor. Me hacía sentir aún más miserable.

– Ya lo sé Sandra, soy una mierda de persona… Puedes decírmelo claramente… – Dije con la voz temblorosa. Ella intuyó que estaba a punto de derrumbarme y se arrodilló en el colchón apoyando su pecho en mi espalda. Su cabeza se posó en mi hombro mientras sus brazos rodeaban mi cintura. Notaba su respiración y el calor que emanaba de sus pechos aplastados contra mi espalda. Era una sensación que me gustaba.

– No… No digas eso… Sólo estás hecha un lío – Su expresión al ver que estaba a punto de venirme abajo cambió de golpe volviéndose tierna y sensible.

La verdad es que cuanto más conocía a mi hermana, más me sorprendía y menos lograba entenderla.

– No se ni como me sigues hablando… – Le dije.

– Porque te quiero Sonia. Aunque tú no me quieras a mí. Si no te veo feliz yo no soy feliz – A pesar de todo lo que habíamos pasado, aún me resultaba raro escuchar como me expresaba sus sentimientos. Pero no tenía ninguna duda de que estaba segura, que creía en ellos con pasión.

– Sandra… No sé… Puede que algún día yo también te quie… – Traté de terminar  pero ella puso una mano tapando mi boca y negó con la cabeza.

– Me gusta cuando estamos así… – Dijo limitándose a sonreír alegremente.

– Y a mí, cielo… –

– Podría abrazarte y no soltarte nunca… –

– Pues abrázame y no me sueltes nunca… Contigo me siento más fuerte… – Dije tumbándome de nuevo a su lado. Ella me rodeó con sus brazos y piernas atrapándome en un abrazo fuerte y cariñoso, mientras lentamente hacía surcos en mi pelo con sus finos dedos. Aquello me relajó muchísimo y no tardé en sentir como mis párpados pesaban cada vez más.

– Tú a mí me haces débil… – Susurró creyéndome dormida. Besó mi pelo y se relajó hasta dormirse a mi lado poco tiempo después. Pero por mucho que lo intenté, yo no conseguí dormirme del todo y me escapé con cuidado de la cama para ponerme un pijama. El pantalón  era ajustado de color rosa claro y cuadraditos más oscuros, mientras que la parte de arriba era como una camiseta de mangas largas también ajustada y con el mismo esquema de colores que el pantalón.

Salí de mi cuarto en silencio para bajar a la cocina a hacerme algo de desayunar. Eran sobre las 09:00 de la mañana y la casa estaba desierta. Intuía que mis padres se levantarían tarde a causa de su escapadita de la noche anterior como hacían siempre que salían.

Por suerte tampoco había rastro de Javi  así que me sentí libre de hacerme unas tostadas y un colacao tranquilamente.

Un buen rato después ya había terminado de desayunar y comencé a recoger la cocina mientras veía los dibujos que daban en la tele, cuando de repente…

– Buenos días… – La voz de mi hermano cruzó la cocina golpeándome como un latigazo haciéndome soltar la botella de leche y derramarla sobre la encimera. Logré agarrarla y salvar algo de leche, pero el estropicio estaba montado y mi pijama chorreaba de cintura para abajo.

– Perdona Sonia… No quería asustarte –

– No pa-pasa nada… Ahora lo… recojo – Me puse a ello con bastante torpeza.

– Oye… Lo de anoche… – Comenzó a decir, pero era evidente que no tenía un discurso preparado y guardó silencio.

Yo me limité a tratar de limpiar la leche de la encimera dándole la espalda, pero el nerviosismo solo lograba empeorar la situación. Para mi horror, mi hermano se acercaba cada vez más a mí hasta acabar agarrando  mi cintura y rodearla con sus brazos.

– Lo siento… – Se limitó a decir mientras sus manos reptaban por mi pecho y mis brazos buscando las mías que estaban empapadas en leche.

Contenía mi respiración inconscientemente mientras su aliento cálido se estrellaba contra mi cuello  y mi mejilla.

Su entrepierna se frotaba contra mi trasero haciendo notar su erección, empujando mi cuerpo contra la encimera empapada y haciendo que mi pijama se empapase cada vez más.

Mi respiración regresó desbocada cuando me giró lentamente y comenzó a lamer mis dedos uno a uno limpiándolos de leche.

– Javi… ¿Qué… Qué haces? – Pregunté asustada. Tenía que hacer un enorme esfuerzo para no lanzarme a sus labios. Tenerle tan cerca hacía que perdiese la razón. Nada me importaba, nada existía más allá de nuestros cuerpos rozándose. Excepto Sandra.

Por primera vez, mi hermana estaba presente en mis pensamientos haciéndome sentir incómoda. Pero no lo suficiente como para rechazar el beso que me plantó por sorpresa.

Sus manos se aferraron a mis tetas con fuerza durante unos segundos hasta que decidió que la parte de arriba sobraba, me la sacó de un tirón sin hacer caso de mis quejas.

Luego llegó el turno de mi sujetador que literalmente me lo arrancó de un tirón, tirando ambos al suelo sobre el charco de leche.

Aquello se estaba descontrolando rápidamente y sabía que acabaría follándome allí mismo sin que pudiera o quisiera detenerle.

Mi pantalón bajó hasta las rodillas de otro tirón seguido de mis braguitas pero antes de darme cuenta, mi hermano me había alzado sentándome en la encimera.

El tacto frío de la leche recorriendo mi piel  contrastaba con el calor que sentía a medida que besaba mis muslos y se deshacía de mi pantalón.

Sus besos ascendieron para escoltar a los largos y fuertes dedos que ya comenzaban a penetrarme obligándome a tapar mi boca con las dos manos.

La entrada de la cocina se encontraba frente a mí, tras ella se hallaba la escalera hacia el piso de arriba. Temía que alguien bajara y nos encontrara en aquella situación, ¿O tal vez no?. Inconscientemente deseaba que nuestra hermana bajase y se uniese a nosotros para saborear mi piel salpicada de leche. Imaginar aquello disparó mi excitación.

Me dejé caer sobre la encimera hasta  que la mitad de mi espalda quedó empapada en leche. No me importaba, de hecho añadía cierto morbo. Tampoco me importaba que el resto de mi espalda estuviese apoyada sobre una ventana que daba a la calle, aunque por el ángulo con las casas de enfrente y la altura del muro del jardín, era improbable que alguien nos estuviese viendo.

Mi hermano seguía profanando mi vagina con sus dedos a toda velocidad y por un instante creí que me correría. Pero paró de golpe e introdujo aquellos dedos en mi boca.

Apenas había empezado a lamerlos cuando bajó su pantalón de deporte lo justo para que su pene totalmente erecto escapase de ellos apuntando hacia mí. Puse mis manos en su pecho para tratar de impedir lo que sabía que iba a ocurrir, pero fue inútil. Su pene encontró mi vagina y la penetró de golpe cortándome la respiración con un leve gritito.

A la segunda embestida empujé con más fuerza su pecho para alejarle pero también fue inútil. No opuse más resistencia. Mi cuerpo resbalaba sobre la leche provocando que se precipitara al suelo en sonoros goterones mientras nosotros hacíamos lo posible por no emitir ningún gemido.

Cuanto más minutos pasaban, más fuerza imprimía Javi al penetrarme y más cerca estaba de llegar al clímax. Hasta que finalmente mis fuerzas se escaparon por mi entrepierna al tiempo que mi hermano daba los últimos empujones y se desvanecía sobre mí. Traté de ahogar mis gemidos de todas las formas que se me ocurrían pero estaba segura de que alguno se escapaba poniéndonos en peligro.

Aunque se había corrido, aún mantenía un lento ritmo introduciendo su pene en mi interior. Sus caricias manchaban mis pechos de leche mientras las mías hacían lo mismo  con su rostro y su cuello.

– Nos van a pillar… – Le supliqué. Traté de alcanzar sus labios pero se retiró rápidamente para esquivarme.

Yo bajé de la encimera tratando de no caerme por la leche resbaladiza y me lancé para robarle un beso. Él volvió a rechazarme y como acto reflejo le lancé un bofetón.

– ¿Esto es todo? ¿Ya está? ¡Mírame! – Le grité sin importarme que nuestros padres o nuestra hermana se despertaran. Él trató de escapar pero mi rabia hizo que tirara de su brazo obligándole a mirarme.

– ¿Ya está no? Le echas a tu hermanita un polvo mañanero y eso es todo ¿no? – Volví a golpear su cara una segunda vez, pero agarró mis muñecas impidiendo que hubiese una tercera. Las lágrimas brotaron de mis ojos  por la impotencia de no poder moverme y traté de morderle los puños. Luego la muñeca y después cualquier parte de su cuerpo que estuviese a mi alcance, pero era inútil. Por mucho que lo intentara, por mucho que rugiese o le mostrara los dientes rabiosa, no podía competir con su fuerza.

– ¡Estate quieta! – Gritó en un susurro.

Cuando vio que no conseguiría calmarme, me atrajo de un tirón y su boca se estrelló contra la mía. Inconscientemente mi cuerpo seguía forcejeando para liberarse pero mi boca devoraba sus labios y su lengua. Lentamente dejé de resistirme hasta lograr que me soltara. Cuando la sangre volvió a circular por mis manos fui consciente de lo fuerte que me las había agarrado y le golpeé en el pecho enfadada. Pero sin dejar escapar sus labios.

– Te quiero imbecil… Te quiero, te quiero… – Le dije entre besos furiosos.

Su pene volvió a enderezarse con el frote de nuestros cuerpos y me lancé a estimularlo con unas sacudidas. Incluso se mostró más participativo a medida que su excitación regresaba correspondiendo a mis besos.

Por un instante creí que volvería a follarme sobre la encimera mientras mi cuerpo se empapaba de leche. Pero para mi sorpresa, mi hermano se sentó en una de las sillas de la cocina y me atrajo para que me sentara sobre él.

Su pene sobresalía como un mástil entre sus piernas abiertas y estaba completamente húmedo. El olor era fuerte y ácido pero era su olor mezclado con el mío, era imposible que me resultara desagradable. Me dejé caer sobre él sin dejar de perder de vista la escalera.

Su pene entró sin mucha resistencia en mi vagina empapada. El semen de su corrida anterior se escapaba sigilosamente por mis muslos en finos hilillos y los observé mientras comenzaba a cabalgar lentamente sobre su cuerpo.

En ese instante Javi comenzó a lamer mis pechos que quedaban casi a la altura de su rostro mientras subía y bajaba. Mi excitación tardó un poco en progresar hasta que comencé a amoldarme encontrando una postura idónea. Entonces todo comenzó a acelerarse.

Mis subidas y bajadas se aceleraron y mis muslos comenzaron a arder por el esfuerzo. El sudor cubrió mi piel y una sensación de calor sofocante me invadió cuando mi hermano tapó mi boca para ahogar mis gemidos. Estaba al borde de desmayarme por el agotamiento pero no pensaba rendirme. Justo a tiempo él agarró mis nalgas con sus fuertes manos y comenzó a hacerme más fácil la tarea de subir y bajar. Sus dedos apretaban con fuerza quemando la piel de mis nalgas y me hacían un poco de daño, pero no me importó. Era soportable y gracias a él había aprendido a hallar cierto placer de un poco de dolor.

La escalera se encontraba frente a mí, a unos metros. No la perdía de vista mientras subía y bajaba sobre su pene. Mi cuerpo estaba como en llamas y cada resbalón de las gotas de sudor que cubrían mi piel desnuda era una bendición ya que dejaba un rastro fugaz pero fresco tras de sí. Mi cerebro estaba saturado y era incapaz de procesar poco más que las descargas de placer que soltaba mi vagina cada vez que la llenaba con el pene de Javi, en embestidas rápidas, furiosas y profundas. Ni siquiera podía gemir para liberar la presión.

El sonido a mi alrededor llegaba a mis oídos distorsionado y lejano y entonces ya no pude más.

Me derrumbé sobre mi hermano cuando mis piernas fallaron. La escalera desapareció tras un velo negro que cubrió mis ojos y el sonido enmudeció de golpe.

Tan sólo sentía como mi vagina se inundaba aún con el pene de mi hermano en su interior en una sensación éxtasis, desahogo y alegría. La piel se me erizó se puso tan sensible que parecía que me había clavado miles de agujas por todo el cuerpo.

Cuando comencé a recuperarme, el frío me invadió. Me encontré con el rostro sobre el hombro de mi hermano y la boca entreabierta sobre su cuello. Respirar se había convertido en un trabajo pesado y mantenerme consciente en una prioridad. Uno a uno, todos los nervios de mi cuerpo volvían a estar bajo control y comencé a notar como mi hermano continuaba zarandeando mi cuerpo. Mi vagina aún estaba a flor de piel y notaba sus embestidas en mi interior con una mezcla caótica de sensaciones. En ocasiones eran placenteras y en ocasiones dolían. A veces ni siquiera las notaba. Pero le dejé acabar mientras rodeaba su cuello con mis brazos y volvía a vigilar la escalera recuperando el aliento.

No tardó mucho en correrse de nuevo y bajé la vista para verlo. Noté palpitar su pene en mi interior cuando lo hundió con todas sus fuerzas y adiviné por la expresión de su rostro que estaba siendo una buena corrida.

Le observé en silencio mientras sus manos acariciaban mi trasero y sus besos se perdían en mis pechos y mis pezones erizados. Le observé en silencio y entonces me di cuenta. Fue como una revelación que te cala hasta lo más profundo. Algo que creía entender pero no era así.

Él no me amaba y jamás lo haría. Yo solo era un cuerpecito bonito al que follarse y ni siquiera me veía como a su hermana cuando lo hacía. Así le resultaba más fácil. Su mirada al final se encontró con la mía y nos miramos en silencio un buen rato.

Durante todo ese tiempo ambos nos comunicamos como nunca antes lo habíamos hecho con palabras. Por fin ambos entendíamos los sentimientos del otro y qué esperar de ellos.

– No puedes obligarme a quererte… Como me quieres tú – Me dijo en un abrazo.

– Ya… Lo sé… Pero Javi… tú tienes que asumir que “esto” está pasando. Conmigo, tu hermanita pequeña… ¿Tú quieres que sea sólo sexo?. Perfecto, lo entiendo… – Me separé para mirarle de nuevo a los ojos. – Pero no me trates como a una “guarrilla” a la que te tiras en los baños de una discoteca y luego no vuelves a ver nunca más… Quiero que me trates bien y no como a una… – Me silenció con un profundo beso antes de que me fuese por las ramas como solía hacer cuando estaba nerviosa.

– Lo sé enana… Lo sé. No volverá a pasar, créeme – Dijo totalmente decidido y volví a abrazarle.

– Javi… – Dije unos segundos más tarde.

– Dime… –

– Que no se te olvide esta tarde comprar condones… Que como sigamos así al final me dejas embarazada, capullo… – Comenzó a reírse cuando le solté un mordisco en el hombro y después me ayudó a ponerme en pie y mantener el equilibrio mientras mis piernas se recuperaban poco a poco. Entonces fui consciente de como mis muslos estaban empapados de mis propios fluidos al correrme y del abundante semen que escapaba de mi vagina. Luego él se puso en pie también empapado y juntos examinamos sorprendidos el suelo salpicado y la silla hecha unos zorros. Ver la leche derramada sobre la encimera no ayudó a levantarme el ánimo.

– Vale enana, compro los condones con una condición… –

– Dime… – A penas le prestaba atención ya que estaba tratando de hacerme una idea de cómo íbamos a limpiar aquello.

– Que te encargues tú de limpiar… – Me giré para negarme en rotundo pero mi hermano ya estaba retrocediendo por la puerta con una sonrisa maliciosa. Antes de poder quejarme, me lanzó a la cara mi pantalón de pijama empapado y se escabulló rápidamente escaleras arriba.

Empapada en leche, sudor y semen, contemplé la cocina hecha unos zorros y me lamenté. Pero casi una hora y media después, con la cocina limpia de nuevo y recién duchada, aún no había podido borrar de mi cara la estúpida sonrisa que se había dibujado en mis labios. Puede que Javi no me quisiera nunca, pero al menos podría tenerle en mi cama… O en la suya. O… En la cocina, el salón, la buhardilla, el sótano, la ducha, etc.

Durante las siguientes semanas gastamos bastantes condones e incluso tuvimos sexo sin ellos cuando se nos acababan.

Además, la mayoría de las noches mi hermana Sandra se colaba en mi cuarto o yo en el suyo. No siempre teníamos sexo pero sí la mayoría de las veces. Su amor hacia mí suplía la falta de amor de Javi y comencé a sentirme de nuevo plenamente feliz.

Incluso la relación de Sandra con Javi se normalizó después de unos días, el ambiente en casa mejoró y casi un mes después solo faltaba una pequeña pieza del puzzle por encajar…

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Aquella mañana desperté abrazada a la espalda de Sandra. Ambas estábamos desnudas sobre las sábanas y una toalla enorme después de una noche especialmente “intensa” en mi cuarto.

Últimamente me sentía insaciable y obligaba a mis hermanos a emplearse al 100% en la cama. El sexo con Sandra estaba cargado de ternura y cariño. Los orgasmos que sentía con ella eran muy diferentes de los que me provocaba Javi, pero a veces incluso más placenteros. Con él tenía un sexo mucho más intenso y unos orgasmos que calificaría como más físicos. Pero la verdad es que sin saberlo, mis hermanos se complementaban a la perfección.

Deseché de mi mente la idea de juntarlos a ambos para formar un trío justo cuando mi hermana se giró sobre sí misma desperezándose. Me dedicó una sonrisa al verme y yo la correspondí con un beso tierno en la frente.

– Buenos días… ¿Qué tal ha dormido mi niña? – Pregunté.

– ¡Buuuf! Sonia, mi amor… Cualquier noche de estas vas a acabar conmigo ¿Sabes?… – Dijo fingiendo preocupación. Ambas reímos y jugueteamos un rato antes de levantarnos para vestirnos, pero agarré sus manos y la senté a mi lado en la cama. Llevaba días dándole vueltas a una cosa que a veces me hacía sentir mal con mi hermana. Pero por primera vez, aquella mañana me sentí con valor para hablar con ella.

– Cielo… Quiero decirte algo. Verás… – Suspiré tratando de quitarme de encima la repentina inseguridad que comenzó a acosarme pero mi hermana apretó mis manos y clavó sus preciosos ojos en los míos dándome ánimos.

– Sandra… Tú sabes que te quiero muchísimo. Más que a mi vida, cielo. Ya se que no es igual que lo que sientes tú pero sabes que me esfuerzo por darte todo lo que llevo dentro. Yo… Yo… Yo no sé si somos novias, hermanas, amantes o yo que sé… Pero me gusta. Tú… Tú me gustas. Tu forma de ser, tu cuerpecito precioso y las cosas que me haces a veces… – Tomé aire cuando ella dejó escapar una risita avergonzada y traté de calmarme para evitar acelerarme de nuevo.

– Sandra… Lo que quiero decirte es que aunque no esté enamorada igual que tú, sí que lo estoy “a mi manera”… No sé si me explico… – Sus ojos se empañaron y asintió levemente.

– Perfectamente… Ya sé que tú no me amas Sonia. Pero a veces consigues que me crea que sí que lo haces… Y con eso me basta. Estoy contigo ¿no? ¿Qué más puedo pedir?… Es más de lo que esperaba – Me dijo antes de abrazarme con fuerza.

Después de unos segundos me separé y volví a enfrentarme a sus ojos.

– Escucha… Hay otra cosa. Yo… He estado con Javi a veces, desde que empezó todo esto. Lo siento mi vida, pero no consigo borrar lo que siento por él y… Yo… Yo… Lo he intentado pero no sé cómo… Ya sé que para él es sólo sexo pero es la única forma de poder tenerle… Y yo… Yo no quiero perderte pero tampoco mentirte y no se que hacer para… ¿De qué te ríes?… – Mi hermana se revolcaba por la cama sujetándose el estomago.

– Jajajaja Me encanta cuando te pones así… Jajajaja ¡Hay! Me hago pis… jajajaja – Yo no entendía nada. La actitud de mi hermana me había descolocado y no era la respuesta que esperaba al decirle que seguía acostándome con nuestro hermano. Durante unos largos segundos dejé que se riera a gusto sin saber muy bien si reírme yo también o molestarme. Al final ella se dio cuenta de mi incomodidad y se recompuso con evidentes ganas de ir al baño.

– Jajaja Vale… Perdona… Es que te pones tan mona cuando te estresas… – Se sentó de nuevo a mi lado con las manos en su entrepierna y sin dejar de agitarse.

– ¿Estás enfadada?… – Le pregunté aún descolocada.

– No. Al principio cuando me di cuenta si, y mucho… No te dije nada por que no quería perderte… Pero luego vi como los días pasaban y tú volvías a sonreír. Tu actitud conmigo fue a mejor e incluso Javi volvió a sonreír también. Me costó mucho aceptarlo y a veces me cuesta, no te voy a engañar… Pero lo único que quiero es que tú seas feliz y que no me dejes nunca… –

– ¡Claro que no te voy a dejar nunca! Eres la mejor persona que conozco… Y eres mucho más madura que yo… – Besé sus labios y abracé su cuerpo desnudo con fuerza. – Tengo mucho que aprender de ti… –

Ella me devolvió el beso con su característico estilo. Lento pero intenso, tierno y sensual. Sus manos se aferraron a mis pechos con fuerza mientras me dejaba devorar tumbándome en la cama. Sus besos en mi cuello comenzaron a excitarme rápidamente y de nuevo besó mis labios con pasión mostrándome una risa malévola.

– Así que tienes mucho que aprender de mí… – preguntó. Asentí excitada mientras buscaba desesperada sus labios. – Pues te daré clases particulares… Cuando vuelva del baño… – Se separó de mí rápidamente y escapó del cuarto enrollándose en la toalla sin dejar de sonreír y dedicarme una mirada lasciva.

Me quedé allí tumbada. Excitada por sus besos, alegre por que se lo había tomado bastante mejor de lo que esperaba y feliz. Feliz por qué todo volvía a marchar bien en casa. Por que en eso consiste.

No importa lo que vean los demás desde fuera de mi casa, sino lo que sintamos nosotros desde dentro. Tengo relaciones sexuales con mi hermano mayor y mi hermana pequeña pero ¿a quien le importa la manera en que nos queramos o nos relacionemos mientras estemos juntos?. A mí desde luego no.

FIN.

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