Trío con mis dos hombres

Hola. Nuevamente me he animado a escribir un relato porno. Primero agradecer a los cientos de correos que me han enviado. Para quienes no han leído mi anterior relato erótico, me describo: Soy Alicia, 43 años, una mujer chilena, casada con un hombre maravilloso que ha logrado sacar lo más lujurioso de mí. Después de convencerme de aquel primer tríoContinuar leyendo »

La entrada Trío con mis dos hombres aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Araceli y Marisa: sexo con mis profesoras favoritas

Hace mas o menos unos cuatro años estuve en una academia reforzando mi inglés y las matemáticas, dos asignaturas que siempre se me han dado fatal.

Sexo con mis profesoras favoritas

Araceli me ayudó en las matemáticas y Marisa en el inglés.

Cuando pasó un tiempo más o menos un año de haber empezado en esa academia, ya habíamos terminado la clase y la academia cerraba a las ocho de la tarde; yo fui el último en recoger todas mis cosas cuando solo quedaban ellas dos en la academia cuando se me ocurrió entrar en el almacén donde tenían la impresora y una puerta donde estaba el baño.

Cuando entré en el almacén, me encontré a Araceli recogiendo sus cosas y Marisa recogiendo el papel de la impresora cuando me preguntaron que si quería algo. Le respondí que no quería nada y que ya me iba.

Cuando pasaron dos días después, volví a la academia como un día normal y a la misma hora, entonces hice la misma operación cuando al entrar en el almacén la puerta del baño estaba abierta y la luz encendida ya que no esperaban que nadie entrase allí.

Cuando abrí la puerta del almacén, Araceli estaba haciendo pis y me vio entrar, entonces, acto seguido, se ocultó la vagina para que no se la viese, y me dijo que que hacía allí y que me fuera inmediatamente de allí. Le dije que quería entrar al baño y me dijo que esperase fuera, en vez de hacerle caso, Marisa entró también y me dijo lo mismo que Araceli. Al cabo de un rato, Marisa entró en el baño con Araceli cosa que me extrañó bastante y cerró la puerta, les oía hablar pero no sabía lo que estaban hablando. Entonces abrí la puerta del baño de nuevo y les vi. Araceli estaba sentada en el váter haciendo pis mientras que Marisa estaba descalza y en cuclillas. Araceli me vio con el pene erecto y me dijo que era un guarro y que siempre que le veía me quedaba mirándole sus pechos.

Entonces Marisa me dijo que me quitara todo, de la misma forma se lo dije a ella y nada mas que ella lo hizo le dije que se volviera a poner en cuclillas como estaba antes.

Para empezar, le metí el pene a Marisa entre sus pechos lo que es comúnmente una cubana, mientras me hacía Marisa una cubana, le dije a Araceli que se diese la vuelta, cuando Araceli se dio la vuelta, le toqué el culo haciéndole un dedo. Al rato, Araceli se puso en cuclillas, mientras que Marisa le hacía una mamada a su vagina, al rato Marisa me cogió el pene y me empezó a hacer una mamada para después metérselo en su culo al que antes Araceli le había hecho un dedo.

Pasada una media hora Araceli se volvió a poner en cuclillas y se metió un vibrador mientras que a Marisa le volvía a meter el pene por su vagina depilada.

La entrada Araceli y Marisa: sexo con mis profesoras favoritas aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Un polvo mientras trabajo

Hola, ¿qué tal estáis?, yo vengo super contento con lo que me ha ocurrido. Estábamos montando el cable de televisión en un piso. Hacia mucho calor, estábamos sudando mi compañero y yo, y al llegar a la altura de uno de los cuartos de baño vimos como entraba en él una chica.
Empezó a desnudarse, tenía un cuerpo de infarto, no podía apartar la mirada, ella se dió cuenta de que la podía ver, pero no le molestó, es más, yo diría que le gustaba.
Entró a la ducha y abrió el grifo, empezó a enjabonar su cuerpo, se sobaba las tetas y se tocaba el coňito. Yo no pude evitar empezar a empalmarme, ¡joder que buena estaba!.
Me miro y sonrió, -¿quieres pasar?-, me dijo.
-Me encantaría pero nunca dejo a mí compaňero solo-, contesté.
-Entiendo, pues pasad los dos si queréis-.
¡Joder!, me corrió un escalofrío por todo el cuerpo y nos dijimos, esto no podemos dejarlo escapar. Así que entramos de un salto y entramos con ella en la baňera.
-Voy a lavarme- le dije, y ella me dijo -Ni se te ocurra, quiero saborear tal y como estas, me encanta cuando el chico está sudado, así puedo de verdad sentir su sabor-.

Empecé a besarla mientras le cogía las tetas, que par de tetas más lindas. Mi compañero se agachó y empezó a chuparle el culito, eso a el le encanta. Yo moje mis dedos y empecé a acariciar su clítoris, luego le metí dos dedos en la vagina y los movía en círculos, ella empezó a gemir.
-Estoy muy mojada chicos, a ver que tenéis para mi-. Se arrodilló y sacamos nuestras pollas que estaban ya soltando líquido preseminal. Empezó a hacernos unas pajas a la vez que nos chupaba los huevos, era una chica que le encantaba mamar, eso lo notamos enseguida. Se las metía entera en la boca, las chupaba como una puta.
-Quiero que me folléis los dos ahora mismo-, el se tumbó y ella se sentó sobre su polla, se la metió por el culito, se inclinó hacia atrás abriéndose de piernas mientras me miraba, -Venga es todo tuyo, cógeme-, me arrodille y se la metí hasta el fondo, le chupaba las tetas y le encantaba. Los dos le estábamos dando fuerte y rápido, nunca he visto disfrutar tanto a una mujer follando.

-Quiero que os corráis juntos dentro de mi, que me llenéis con vuestra leche calentita y pueda sentirla dentro de mi, eso me vuelve loca, ¡vamos chicos no esperéis más!-, pues allí vamos nena, toma toda para ti joder, -¡uh!, ¡oh! ¡ah!, dios que gustazo nena-.

Terminó besándonos a los dos juntos, que polvazo más bueno, sin esperarlo. Son los mejores.

La entrada Un polvo mientras trabajo aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Sexo con dos mujeres gordas

Una chica gorda, bastante rellenita

Hace unos diez meses, por tema de trabajo, me mudé a Valencia. Encontré un piso de alquiler bastante apañado, algo pequeño, pues tenía tan solo 4 viviendas, pero muy económico y con lo justo para vivir en él la temporada que duraría mi contrato en aquella ciudad.

Como ya he dicho, el piso era muy pequeño. Apenas tenía un salón-cocina, una habitación y un baño el cual tenía una ventana que daba a un ojo patio. Desde aquella ventana podía verse las otras tres ventanas de los cuartos de baños del resto de pisos.

Pasaron unos días hasta que pude conocer a uno de mis nuevos vecinos. Lo primero en que me fijé al verla en el portal, fue lo rellenita que estaba para la estatura que tenía. Apenas mediría 1,60, quizás menos, y pesaría unos 80 kilos.

Era una chica de unos 25 años, muy simpática y agradable a la hora de hablar con ella. La ayudé a subir un par de bolsas y ahí fue cuando empezamos a conocernos poco a poco. Yo no conocía a nadie en esa ciudad por lo que me vino bastante bien conocerla, sobre todo por lo simpática que era y porque en mi trabajo de aquel entonces no tenía prácticamente compañeros a los que conocer o con los que hablar.

Siempre me gustaron las mujeres gordas

He de reconocer que siempre he tenido gustos algo peculiares en tema de sexo y es que siempre me ha puesto cachondo ver porno en internet de chicas gordas teniendo sexo.
Es algo que nunca he comentado con nadie ya que mis amigos no ven con buenos ojos a las chicas con problemas de peso (No sé por qué lo llaman “problemas” de peso ya que muchas no lo consideran un problema y se sienten bien siendo como son).

Mis amigos siempre suelen hacer bromas cuando ven a una mujer gorda y yo a veces les río la gracia, pero en realidad yo no las veo de la forma en que las ven ellos, sino que reconozco que muchas chicas con sobrepeso me ponen bastante cachondo.

Pues bien, pasaron varios días incluso meses, en los que poco a poco fui entablando amistad con Carmen, que es como se llamaba mi vecina (aunque yo solía referirme a ella como “la vecina de enfrente”). Cuando un día me confesó que yo le gustaba y que le parecía un tío simpático y bastante atractivo, que incluso me echaría un polvo si me dejase.

Yo en aquel momento no supe cómo responderle ya que solíamos hablarnos con confianza, decíamos tonterías, hablábamos de sexo e incluso teníamos un juego que era decirnos a quien nos tiraríamos de la gente que veíamos por la calle cuando salíamos a tomar unas cervezas.  Creo que gracias a aquel tonto juego ella se dio cuenta de que me gustaban las chicas de talla grande y eso pudo soltarla a proponerme aquello.

La cosa es que en el momento que me dijo que incluso me echaría un polvo, lo tomé a cachondeo riéndome y haciéndome el tonto. En realidad, a esas alturas, me ponía bastante cachondo. Más aun si tenemos en cuenta que no echaba un polvo desde hacía unos meses, antes de mudarme a Valencia.

Dos mujeres gordas mejor que una

Pasaron unos días y todo siguió normal hasta que un día Carmen (la vecina de enrente), me propuso ir a su apartamento a ver una película, algo que nunca habíamos hecho y que todos sabemos lo que significa en lenguaje adulto. Automáticamente le respondí que me parecía bien y que esa noche veríamos una película que tenía alquilada del videoclub de abajo.

Esa misma noche al entrar a su apartamento, tras abrirme Carmen la puerta, quedé bastante sorprendido al pasar al salón y ver allí a otra chica. Carmen nos presentó y dijo que era una vieja amiga que estaba de visita. Aunque nunca olvidaré el vestido ajustado de aquella chica, nada informal para una simple “visita de amigas”. Por lo que empecé a darle vueltas a la cabeza pensando que aquello parecía estar planeado por Carmen.

La amiga de Carmen se llamaba Julia, al menos así es como me la presentó Carmen. Una chica de unos 30 años, un metro ochenta de altura y unos 130 kilos de peso pude calcular a ojo. Era enorme, una mujer muy grande, con un gran sobrepeso, pero lo mejor es que era muy guapa, morena y con un gran escote ajustado.

No tardó Carmen en dejarnos solos mientras nos conocíamos un poco, con la excusa de que tenía que ir la baño un momento. Fueron solo unos minutos en los que Julia y yo hablamos de poca cosa cuando apareció en el salón Carmen, en bata de baño apagando la luz del salón y dejando encendida solo la luz del pasillo por lo que quedaba todo el salón en una ligera penumbra.

Con cara de sorpresa, en parte, pues me esperaba algo parecido de Carmen, pero no contaba para nada con que habría allí nadie más, empecé a ponerme cachondo con aquella situación.

Yo estaba sentado en el sofá (era bastante grande y cómodo), junto a Julia, mientras Carmen se iba acercando a mí de frente. Entre risas de ella y de Julia recuerdo que sentí en aquel momento una mezcla entre nervios y excitación cuando de repente Carmen abría frente a mí su albornoz.

Llevaba un conjunto de lencería de talla XXL muy sexy, aunque en penumbra apenas pude ver bien los detalles. Era negro con grandes bordados y una medias de rejillas que marcaban bien sus grandes piernas. Empecé entonces a notar como Julia se acercaba, con cierta dificultad, en el sofá al sitio donde yo estaba. Mientras Carmen bailaba frente a mi, quitándose poco a poco algunos complementos que llevaba.

Al principio estaba algo cohibido por la situación y por la soltura de ambas chicas, pero de repente decidí pasar a la acción y disfrutar de aquella situación. Recuerdo que me prometí que me follaría a aquellas dos chicas gordas como nunca había follado con nadie.

Me puse de pie, frente a Carmen y me acerqué a comerle la boca, mientras empezaba a tocarla con una sola mano, agarrándola bien fuerte del culo. Mientras con la otra mano tocaba el pecho de Julia que aun estaba sentada en el sofá bien cerca nuestra.

Julia empezaba a ponerse bastante cachonda y mientras decía en voz alta “- Espero que tengas una buena polla.”, me iba desabrochando el pantalón en busca de mi rabo.

Cuando consiguió bajarme los pantalones no tardó en acercar su cabeza en busca de mi polla, la cual se metió en la boca ya en plena erección. Yo dejé de besar a Carmen y mientras mantenía una mano en la entrepierna de Carmen, masturbándola, giré mi cuerpo hacia Julia para que pudiese chupármela bien. He de decir que Julia es la tía que mejor la chupa de todas las que he conocido.

Llegamos a un punto en el que mi excitación era máxima. Tenía a Carmen gimiendo mientras le hacía un dedo y a Julia semitumbada en el sofá masturbándose, frotándose el clítoris como nunca había visto a una chica, a la vez que hacía la mejor mamada.

Julia aun no se había quitado el vestido, pero al no llevar bragas le bastó con subírselo a la altura de su cadera.

Entonces le pedí a las dos chicas que se pusiesen a cuatro patas en el sofá una junto a la otra. Les confesé lo mucho que me gustaban los culos de chicas de talla grande y que quería follármelos a la vez. No pareció disgustarles la idea ya que no tardaron en ponerse en el sofá de rodilla, agarrándose con las manos al respaldo del mismo sofá. Julia sin dejar de frotarse el clítoris como una posesa.

Tenía allí dos culos gigantescos, grandes como ningún otro que hubiese visto antes. Sobre todo el de Julia que era realmente grande. Empecé a penetrar primero el de Carmen, dilatándolo poco a poco, mientras empujaba suavemente y la agarraba fuertemente de las nalgas. Cuando empezó a entrar bien mi dura polla por su culo entonces decidí cambiar al culo de Julia que seguía masturbándose y gimiendo. Por suerte tengo una polla algo grande y no tuve problemas para penetrarlas entre tanta carne, especialmente con Julia que era bastante gorda.

Al introducir mi polla en el ano de Julia quedé sorprendido ya que a diferencia de Carmen, no tuve que hacer ningún esfuerzo. Entró a la primera, como si estuviese preparada para el sexo anal de hacía ya rato. Tenía un ano algo flojo por lo que tras follarla un rato por el culo decidí volver al culo de Carmen que aunque era más pequeño, era mas prieto y duro de follar. Mientras me follaba a Carmen por el culo, Julia se levantó del sofá y se arrodilló junto a mí pidiendo que le metiese la polla en la boca, que le gustaba chupar pollas y estaba muy cachonda.

Os podéis imaginar mi reacción, sin pensármelo dos veces, saqué la polla del culo de Carmen y directamente se la metí en la boca a Julia. La muy guarra parecía disfrutar con mi polla. Hacías cosas con la lengua que nunca había probado, era realmente buena.

De repente, y sin querer correrme aún, empecé a notar ganas de eyacular, por lo que avisé a Julia de que parara. Esta, lejos de hacerme caso, apretó más con su boca mi dura polla, chupando con más fuerza hasta que no puede evitarlo y me corrí como nunca lo había hecho.

Tras tragarse Julia toda mi lefa, se levantó y le dijo a Carmen que tenía razón, que no estaba nada mal su amigo. Carmen entre risas me dijo que había sido algo rápido pero que había estado bien. Yo aun mareado por la fuerte eyaculación, entre risas les prometí que la siguiente, que ya las conocía mejor a las dos, sería mejor aun.

Me vestí y quedamos los tres en ver otro día otra película, allí en el piso de Carmen. Tras lo que me fui a mi apartamento que estaba justo enfrente donde caí boca arriba en la cama nada más llegar, aún sin creerme lo que me había pasado ese día y lo increíbles que eran esas dos gordas chicas. De fondo, todavía podía oírlas en el piso de Carmen hablando y riendo mientras yo no paraba de pensar en cómo podría mejorar la próxima vez que quedásemos.

La entrada Sexo con dos mujeres gordas aparece primero en SexoEscrito.com.