Oscura fantasía erótica. Deseos no revelados

– Esto no está funcionando -pensé después del prólogo de mi oscura fantasía erótica-.

Frustrada, cerré la computadora de golpe y me tallé los ojos bajo los lentes. Llevaba horas frente a la pantalla tratando de terminar los pendientes del día, pero invariablemente regresaba al sitio, donde una página en blanco se burlaba de mi incapacidad de ignorarla. Siempre me han gustado los retos, aunque definitivamente creo que es más fácil cuando tienes alguna idea de lo que se espera de ti.

La noche anterior había soñado con esa sombra enorme que me cubría. Atada a un poste, hincada, rodillas separadas y con los brazos levantados sobre mi cabeza, las cuerdas se apretaban firmemente alrededor de mi torso. Sentía una suave corriente de aire frío acariciar cada rincón de mi cuerpo expuesto, haciendo que toda mi piel se erizara expectante; podía sentir su presencia imponiéndose sobre mi voluntad, rozando apenas con una delgada vara mis pechos. Cuando dejó caer el primer azote desperté, pero la imagen de este enorme hombre con el rostro oculto en la penumbra de mi subconsciente me había perseguido todo el día. Marina levantó la vista de su pantalla. Bendita tecnología que nos permitía trabajar desde cualquier lugar con conexión a internet. Era costumbre que cuando alguna de las dos no podía concentrarse, se fuera a trabajar a casa de la otra. Estar junto a ella siempre me había ayudado a tranquilizar mi mente.

-¿Qué? ¿Volviste a trabar la computadora?

-No. Es esta idea que no me deja de dar vueltas en la cabeza.

-Sigues pensando en él.

Marina cerró su computadora y la dejó sobre la mesa. La tarde comenzaba a caer tiñendo las nubes con tonos rosas y naranjas de fantasía, que contrastaban con los púrpuras de la noche, mientras esta iba ganando terreno en el firmamento. Vi cómo se dirigía a la cocina para poner una nueva carga de café. Dejé la computadora sobre la mesa y me acerqué a la barra, tomé una galleta, la empecé a mordisquear sin poner atención, mirando fijamente a la nada mientras Milán, la gata de Marina, se tallaba contra mis piernas, pidiendo atención.

-Bueno, pues ya lo hizo, te exhibió públicamente. ¿Qué vas a hacer?

-Aún no lo sé. Supongo que seguir escribiendo. El problema es que ni siquiera sé por dónde empezar. Quiero hacer tantas cosas que no puedo poner orden en mis fantasías. La distancia le pone un algo interesante. Así puedo ser cualquier cosa que él quiera, y viceversa. Es como la máxima expresión del juego de rol.

Marina ha sido mi mejor amiga por años, podría decirse que es la persona que mejor me conoce en todo el mundo. Nos conocimos en la universidad. Ella era un par de años mayor, pero estaba cursando una materia de primer año que se había saltado por falta de tiempo. Yo acababa de empezar la carrera, pero dado que venía de estar toda la vida en una escuela pequeña, entrar a la enorme universidad había sido un gran cambio para mí. Podría decirse que ella me adoptó. Conforme pasaba el tiempo, más fascinada estaba yo por esta mujer, así que cuando en una fiesta tuve la oportunidad de besarla, no lo dudé. Su olor embriagaba mis sentidos y mis manos por fin recorrían su cintura, sintiendo el sudor de toda una noche de baile, mientras se abrían paso entre la ropa para sentir la curva de sus pequeños senos, preludio de lo que había deseado hacer por tanto tiempo.

Aún podía recordar la dulzura de su miel escurriendo por las comisuras de mis labios y lo suave de su piel. En más de una ocasión me quedaba viéndola dormir a mi lado, rozando las curvas de su espalda con mis dedos. Los años habían ido modificando nuestra relación y cada quien había tomado su camino, pero nunca dejé de soñarla. Su piel blanca como alabastro contra una cama de hojas verdes en un rincón escondido del bosque, ahogando sus gemidos con mi boca mientras mis manos recorrían su humedad, haciéndola arquearse de placer. Ella sabía que nunca iba a dejar de desearla y cada vez que me sorprendía mirándola con nostalgia, acariciaba mi rostro, me miraba con esos hermosos ojos color miel mientras sonreía dulcemente, y continuaba con lo que fuera que estuviese haciendo. Me dio mi taza humeante de café, regresó a su sillón para acomodarse recogiendo las piernas y me miró fijamente.

-Entonces esto es un juego de rol.

-No tengo ni idea de que sea. Sé que lo reté con el comentario sobre la censura, pero sinceramente no me esperaba que pasara esto.

Marina negó con la cabeza mientras soltaba un largo suspiro de resignación. Me conocía lo suficientemente bien para saber que cuando se me metía una idea (o un hombre) en la cabeza, no iba a parar hasta conseguir lo que quería, y yo no estaba de humor para seguir discutiendo el asunto. Quería saber más sobre aquel que había encontrado el modo de colarse hasta lo más profundo de mis fantasías más perversas. En cuanto terminé mi café guardé mis cosas y me despedí de mi amiga. Al salir de su casa, me detuve bajo la luz de una farola para ponerme los audífonos, dejando que la música envolviera mis pensamientos.

Caminar de regreso me daba tiempo para dejar volar mi imaginación. La noche había traído un viento helado que cortaba la piel, haciendo que casi todos los transeúntes eligieran otros métodos de transporte, dejando las calles casi vacías para disfrutarlas. Las primeras gotas de una llovizna otoñal caían sobre mis mejillas mientras buscaba calles poco transitadas, escondiéndome entre las sombras de los árboles para evitar que las pocas personas con las que me topaba vieran la sonrisa dibujada en mis labios mientras iba soñando despierta, continuando en mi imaginación el sueño de la noche anterior, dejando a los demonios abrirse paso entre mis pensamientos para susurrarme los más perversos vicios, las fantasías más oscuras de mis deseos no revelados.

Sentía el primer azote sobre mis pechos. No se había contenido, la delgada vara había dejado la marca de una profunda línea roja que cruzaba justo por debajo de mis pezones, minúsculas gotas de sangre emanaban de los poros castigados. Todo mi cuerpo se estremeció, tratando de liberarse instintivamente por un momento, temeroso de saber que esto apenas era el principio. El sonido de la vara cortando el aire rompió el silencio, descargando la fuerza del segundo azote justo por encima de mi pezones esta vez. Un tercer azote dio de lleno en ellos, arrancándome un gemido de dolor que intenté apagar entre dientes. Pude sentir el suave roce de sus dedos sobre las marcas. Levanté el pecho, ofreciéndolo a esas manos que apenas me tocaban. Detuvo su camino en mi pezón derecho, dibujando una y otra vez la línea que lo cruzaba por el centro, haciendo que se endureciera. Cuando lo apretó entre sus dedos, una descarga de excitación estalló desde mi entrepierna haciéndome abrir las piernas un par de centímetros más.

Mis tobillos cruzados estaban atados al poste, obligándome a mantener las rodillas abiertas todo el tiempo. Casi no podía sentir las piernas por la posición, pero no había forma de soltarme de mis ataduras. No es que quisiera liberarme, solo tenía que probar qué tan firmes eran los amarres. Mis movimientos se vieron frenados por una fuerte punzada de dolor al sentir la vara descargarse contra la parte interior de mi muslo izquierdo. El castigo continuó alternándose entre mis muslos, comenzando cerca de la rodilla y subiendo un par de centímetros con cada azote, deteniéndose a menos de un palmo de distancia de mi entrepierna. Levanté la mirada para verlo, sonriendo descaradamente al mirarle directo a los ojos.

-Asumo que estás esperando a que diga algo como “gracias Señor”, ¿no?

Sabía muy bien que el chistesito me iba a costar caro, definitivamente no era la clase de hombre que permitía una burla así sin castigo. No sabía qué esperar, pero no podía evitar retarlo, empujar los límites cada vez un poco más, un canto de sirena que llama a los más sádicos demonios del averno, ofreciendo el lienzo virgen de la blancura de mi piel como sacrificio en el altar de la lujuria. Esas líneas escarlata eran apenas las primeras, tan anheladas, tan deseadas.

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Sexo duro como recompensa

El sexo duro, o sexo hardcore, es algo que mucha gente –sobre todo mujeres- ve con recelo. Yo, por mi parte, encuentro en el sexo duro un plus de excitación en mis experiencias sexuales, aunque siempre he respetado a aquellas tías que no hayan accedido a experimentar el morbo del sexo hardcore.

Tal es el caso de mi actual pareja, Virgi, a quien le gusta mucho el sexo en pareja, el típico polvo de besitos, caricias y te quiero. A mí, todo lo que sea follar me parece de puta madre, pero claro, la cabra tira al monte y después de varios meses de relación le saqué el tema del sexo duro y le pregunté qué le parecía el tema, a lo cual ella me respondió con un sonoro “ni lo pienses”. La verdad es que me imaginaba de antemano esa respuesta, así que a partir de ahí, cada vez que follábamos intentaba introducir pequeñas variantes para ir tanteando el terreno…Un día probé a darle un par de nalgadas bien sonoras, a lo cual no le dio demasiada importancia –más bien podría decir que pareció gustarle, aunque no me dijo nada-. Otro día intenté ponerla a cuatro patas, pero se negó… Incluso un día me atreví a masajearle el ano, cosa a la que no puso impedimentos, pero cuando intenté introducirle un dedo… ¡Por poco me mata!

A pesar de la poca variedad de experiencias sexuales con Virgi, la seguía queriendo por la forma de ser que tiene y por cómo se comporta conmigo, así que traté de seguir siendo el novio perfecto. De este modo, estuve en todo momento con ella dándole clases de conducir, pues no es muy diestra en eso de manejar vehículos. Si me hubieran dicho los buenos frutos de mi conducta, creo que no me lo habría creído jamás. En efecto, Virgi aprobó el examen práctico de coche, por lo que estaba realmente feliz y motivada…”cuando llegue a casa te voy a dar lo tuyo”. Esas fueron sus palabras exactas, por lo que lo dispuse todo para un magnífico recibimiento.

Nada más llegar, sin mediar palabra, me dio un largo beso que dio lugar a besos más cortos, casi inocentes, pero muy seguidos y sin parar de mirarme con una cara de lujuria que nunca antes le había visto. Pronto notó que mi paquete iba creciendo, por lo que mientras me besaba de esa forma tan ardiente empezó a acariciarme la polla por encima del pantalón. Mis manos se fueron directamente a por ese tremendo culo respingón y apretado, entrenado a base de spinning en el gimnasio. A pesar de sus vaqueros y de su culotte, podía escuchar con claridad el sonido de su concha húmeda al juntar y separar sus glúteos, cosa que me encendió aún más.

Cuando me disponía a llevarla en brazos hasta la cama para hacer lo mismo de siempre, Virgi paró de besarme, sin dejar de masajearme la polla, y me dijo:

-Ahora me toca a mí darte tu premio…

-Qué pre…pre…miooo?? –mientras le hacía la pregunta, sin perder ni un segundo, sacó mi polla del pantalón y empezó a hacerme una mamada algo torpe, insegura, pero con una cara de vicio y una dulzura en la forma de comérmela que hicieron de esa mamada la mejor que jamás me hayan hecho.

-Te gusta, eh, te gusta? –decía cada vez que salía mi polla de su boca.

-Sí, sí, sigue así cariño…sigue, mmmm.

De forma instintiva le cogí la cabeza para guiarla a mi antojo. Como no puso ninguna pega, seguí dirigiendo la situación a mi antojo hasta que sin darme cuenta le estaba follando la boca con ímpetu. Ella se dejaba hacer, aunque me paraba poniendo sus manos en mis piernas de forma discreta, como pidiendo un respiro. Le miré a los ojos y vi cómo le lagrimeaban. Se estaba portando como una campeona. A continuación la puse de pie.

-Déjame ver a qué sabe mi polla, -le dije mientras la ponía de pie y le comía la lengua para saborear mi propia polla en su boca. Ella no dejaba de pajearme mientras tanto.

Así, de pie, la puse de espaldas a mí, apoyando sus manos contra la pared y haciéndole ofrecerme su tremendo culazo. Le metí el dedo corazón hasta el fondo, comprobando así lo mojada y cachonda que estaba. Le metí también el dedo anular y empecé a pejearla desde atrás con un ritmo intenso y constante mientras le comía el cuello con lamidas, mordiscos y chupetones, lo cual incrementaba todavía más el estado de excitación de ambos hasta que, sin esperarlo, dejó de gemir durante unos segundos…Ahí estaba, ya venía su primer orgasmo, y se hizo notar mediante un tremendo alarido mientras todo su cuerpo se quedaba sin fuerzas, con mis dos dedos bien adentro y mi polla preparada para ensartar a mi novia.

-Aaaahh, uuuffff, aaaaahh, mmmmm, diooooossss… -gritaba a la par que jadeaba-.

Saqué mis dedos empapados –y arrugados- por sus jugos vaginales y, mirándola a los ojos, me metí en la boca el dedo corazón. Al hacer el gesto para introducirme el dedo anular, Virgi me cogió la mano, sacándome el dedo de la boca, y se metió ambos dedos en la suya. Me chupaba y lamía los dedos como si de mi polla se tratase, manteniéndome la mirada con un aire de auténtica zorra en celo, lo cual hacía que mi polla palpitase, deseosa por llevarse su parte.

Así, con los dedos mojados tanto por el coño de mi novia como por su saliva, me humedecí la polla, atraje para mí el culo de Virgi y me abrí camino a través de su chochito. Empecé el mete y saca atrayéndola por las caderas, pero me di cuenta de que tenía carta blanca, así que la cogí por los pelos con la mano izquierda, mientras que con la derecha le daba nalgadas. Sabía que pegarle en el culo la ponía más cachonda, así que no había nada que temer. Después de pocas embestidas, ya me la estaba follando con dureza. Con el culo rojo por las nalgadas, el cuello morado por los muerdos y el coño completamente abierto por la tremenda follada que le estaba dando, mi recatada novia se había transformado en una auténtica máquina de follar.

Sin soltarla de los pelos y sin sacarle la polla, la retiré de la pared para ponerla a cuatro patas en el suelo. Con una visión espectacular de su trasero, continué cabalgándola cogiéndola de la cadera y de los pelos, tirándole hacia atrás para poder comerle la boca, ahogando así sus gemidos y aumentando todavía más el clímax. Sin sacarle el rabo en ningún momento, la tumbé bocabajo, notando así su culo en mi pelvis y comiéndole la boca por la comisura de los labios desde atrás.

-Esta es mi putita. Así me gusta…

-Mmmm, oooooaaaaahhh, síííí…sigue, sigue, me corro otra veeez, sigueee!

Y seguí dándole, metiendo y sacando mi verga de ese agujero tan placentero y apetitoso. Como no se corría, salí de ella, la volteé y empecé a comerle el coño con avaricia.

-Ooooaaaahhh, sííí, qué rico cariño, sigue, no pares!!

Tras una buena comida de coño a la par que la masturbaba nuevamente, llegó su segundo orgasmo entre más espasmos y tirones de pelo…aunque esta vez me tocó a mí sufrirlos.

-Quiero polla. Métemela. Quiero tu polla. Fóllame.

Al oír eso me abalancé encima de ella y empecé a follarla en esa postura que tan poco me gusta, pero con un nuevo matiz. Ahora me la estaba follando con violencia mientras ella no paraba de gritar de placer y de pedir que le diera más y más fuerte. Cuando estuve a punto de correrme, le metí la polla en la boca para que probase sus propios jugos. A juzgar por su forma de chupármela diría que le encantaron. Mientras me la chupaba, yo le daba pequeños guantazos en la mejilla por donde abultaba mi polla en su boca.

-Te lo tenías muy calladito, eh. La chupas como una puta. Como mi puta, porque eso es lo que eres.

Para no darle tiempo a pensar, volví a comerle le lengua y la puse de nuevo en pompa.

Mi verga entraba y salía sin dificultad. Nos lo estábamos pasando como nunca teniendo esa primera experiencia de sexo duro, así que me humedecí la yema de los dedos y empecé a darle un masaje anal con la idea de romperle el culo. De esta forma, logré un nuevo hito con Virgi, meterle un dedo en su ano. Le metí más o menos la mitad del dedo índice, y luego un poco ambos dedos pulgares. Todo parecía listo, así que humedecí su ano y mi polla, que estaba llena de sus fluidos, y me dispuse a ensartarle el culo.

-Me dueleee…no sigas, por favor, no sigas…

-Un poquito más cariño, solo un poquito más…-le contesté mientras hacía lo posible por introducirle al menos el glande.

-Ya está, por favor…no puedo, me duele, uuuufff –Imploraba Virgi mientras se echaba hacia adelante.

Contrariado por el pequeño contratiempo, la levanté, la llevé hasta la cocina en brazos, la coloqué encima de la mesa y empecé a follármela con dureza mientras la atraía hacia mí por las piernas. Ver su boba entreabierta, sus ojos bizcos por el placer y sus gemidos ahogados, sin fuerzas, me incitaban a follarla con mayor énfasis para arrancarle gemidos más sonoros, aunque ya no le quedaba aliento. Estaba exhausta, y yo también, por lo que el reflejo de eyacular pronto se hizo inaguantable.

-Uuuoooooh, me corro, me corrooo!-Exclamé justo antes de dar rienda suelta a mi torrente de esperma.

Virgi me dio un empujón para que me saliera de ella y, cogiéndose las tetas me las ofrecía con mirada de auténtica zorra. No me lo pensé dos veces y descargué toda mi leche sobre sus tetas, aunque algún borbotón de esperma le cayó en la cara y el pelo.

Cuando terminé de correrme, con una sonrisa medio pícara, medio inocente, se empezó a lamer mi leche mientras yo le refregaba mi rabo por sus tetas y su boca. Luego nos dimos un gran abrazo y me dijo…

-Otro día intentaremos que puedas probar el culo de tu putita, ¿sí?

Estos fueron los inicios del sexo duro con mi mujer, al cabo de unas semanas probamos con el sexo anal y a partir de ahí solemos tener bastante sexo hardcore…pero sexo hardcore verdad.

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