Un fatídico día para mi madre (2ª parte)

Habían pasado unos cinco meses desde que ocurrió la desgracia contada en la primera parte de este relato XXX, desde entonces, mi madre (Pilar) estaba más distante conmigo que nunca. Cuando entraba en el baño, y ella se estaba duchando rápidamente se ocultaba sus partes ya fuese con las manos o con la toalla porque no quería que la viese desnuda, o por ejemplo, cuando llegó verano, íbamos a pasar muchos domingos a la piscina como cada verano y cada vez que me veía con el móvil, me preguntaba que que estaba haciendo, aunque uno de esos días que estábamos en la piscina, le hice fotos en bikini, y al llegar a casa las pasé al ordenador.

Al día siguiente, del día de piscina, me levanté sobre las ocho de la mañana y me fui al baño, casualmente, mi madre estaba en bragas y sujetador e inmediatamente, me dijo que saliese del baño. Sobre las nueve y media, me dijo que se iba a comprar, entonces, llamé a Marian mi antigua profesora de FOL y a mi tía Amparo para ver si podían venir a casa para lo que ellas ya sabían, pero hubo un problema, y era que a lo mejor Marian no podía venir, entonces me dijo que me avisaría.

Finalmente, dos horas más tarde, me confirmaron las dos que si podían venir tanto Marian como Amparo. Sobre las tres y media llegaron a casa y les pregunté que si habían comido y me dijeron que sí. Mi madre las saludó con un beso a cada una y preguntándoles qué tal y si habían comido.

Para disimular un poco, le dije a Amparo que si podía venir a mi habitación porque le quería enseñar una cosa de clase y me dijo que encantada. Al entrar en mi habitación, cerré la puerta y le di un besazo y me dijo que estaba deseando verme.

Cuando Marian y mi madre terminaron de recoger la cocina, fuimos todos al salón y cuando mi madre se iba a sentar, llegó Marian y la agarró del pelo, acto seguido, Amparo la desnudó por completo y le esposó las manos a una silla. Más tarde, Amparo cambió las esposas por una cuerda y le ató de nuevo las manos, acto seguido, me quité toda la ropa, al igual que Marian, y al verla soltó una pequeña carcajada y me dijo que se le olvidó depilarse aunque a mí no me importaba como le dije; al decirle eso, me dijo: “aisss, pero qué bueno eres” dándome un beso después.

Una vez que todos estábamos desnudos, Marian le metió a mi madre un dilatador eléctrico por la vagina y a los pocos segundos, empezó a gritar del dolor que padecía. Al rato, Amparo le azotaba el culo a mi madre con una vara de madera redonda durante unos veinte minutos aproximadamente mientras que le hacía una mamada a Marian en la vagina.

Después, le empecé a hacerle un dedo a mi madre por la vagina mientras que Marian se ponía en cuclillas para hacer pis mientras que yo me acercaba para darle un beso y tocarle los pechos.

Finalmente, Amparo se puso en cuclillas y me hizo una paja mientras le tocaba sus preciosos pechos a la vez que ella se masturbaba la vagina.

 

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Mi madre tiene una charla con mi profesora

Todo comenzó hace dos años, mi madre (Pilar) había sido citada por mi  profesora de inglés (Lourdes) para hablar sobre un problema que tuve con ella días atrás. Tres días antes más o menos Lourdes me dijo que me quedara en la clase porque quería hablar conmigo sobre las notas, al principio me asusté pero me dijo que no pasaba nada. La charla fue con total normalidad; Lourdes me dijo que quería hablar con mi madre y que en teoría era una charla rutinaria sobre cómo iba mi curso. Cuando terminó de hablar conmigo, me dijo que recogiera todas mis cosas porque todos mis compañeros ya se habían ido y que iba a cerrar la clase.

Mientras recogía mis cosas, Lourdes borraba la pizarra y fue en ese momento cuando me quedé mirándole su culo, me pilló y me dijo: “¡Raúl! ¿Qué miras?” Yo no sabía que decirle en ese momento, me dijo que me esperara un momento, cerró la puerta de la clase y me dijo que esperara. Me preguntó qué me pasaba, y bajó la mirada y me vio el pene erecto, ella se enfadó y me dijo que esto se lo contaría a mi madre y que me fuera de clase inmediatamente.
Por la tarde, Lourdes llamó a mi madre y le dijo que quería verla con urgencia el lunes.

El lunes después del fin de semana, mi madre fue a hablar con Lourdes y estaba yo presente, le dijo lo que había pasado y ella se enfadó como nunca antes. Al final de la charla, cuando íbamos a salir de la sala le volví a tocar el culo a Lourdes y entonces ambas me preguntaron que qué me pasaba y que por qué lo hacía. Lourdes me estaba mirando el bulto que tenía debajo del pantalón al igual que mi madre, entonces me puse serio y le dije a mi madre que se quitara toda la ropa delante de mi profesora.

Cuando estaba completamente desnuda, Lourdes la miró de arriba abajo. Pilar no se había depilado sus partes desde hacía un mes y tenía vello. Entonces le dije a Lourdes que se quitase toda la ropa como había hecho Pilar. Lourdes se quitó toda su ropa y mi madre se quedó mirando su vagina, que la tenía peluda más o menos como la suya.

Al rato de que todos (los 3) estuviésemos desnudos, Lourdes me dijo que quería hacer pis. Le dije que no iba a ir al baño y mi madre también se lo estaba haciendo. Lourdes se puso en cuclillas y orinó tranquilamente observando la vagina de mi madre. Cuando Lourdes terminó de hacer pis, le tocó la vagina a Pilar, que también estaba en cuclillas y le orinó un poquito encima, a mi madre le entraron ganas de hacer pis justo cuando Lourdes le hace un dedo por la vagina.

Después, Pilar me dijo que me quitara la ropa y le mostrara mi pene a Lourdes; ella se quedó asombrada y con mucha vergüenza me lo tocó. Cogiendo un poco más de confianza, me empezó a hacer una paja mientras que mi madre le comía el coño.

Al final se masturbaron la una a la otra mientras que Lourdes me hacía una paja, y terminé eyaculando en los pechos de mi madre.

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Incesto con mi tía y mi madre

Antes de nada, comentar que la historia de incesto con mi tía y mi madre que os voy a contar es totalmente cierta y sin ninguna metáfora de ningún tipo.
Todo comienza hace un año. Era un día no normal como otro cualquiera; mi madre (Pilar) que tiene 48 años se iba a trabajar cuando de repente mi tía (Amparo) que tiene 54 me llama por teléfono; me dijo que quería hablar primero conmigo, le dije que se pasara por casa. Tardó unos 10 minutos en llegar a mi casa, cuando llegó me dijo que desde que se fue su hijo de casa estaba un poco sola y desanimada, a lo que se me ocurrió una idea descabellada.

Llamé a mi madre y le dije que Amparo estaba muy sola y que por qué no se venía a vivir con nosotros. A ella le pareció genial, así de esa forma no estaría tan sola. Después de que mi madre me confirmara que Amparo venía a vivir con nosotros, nos pusimos manos a la obra con la mudanza.
Mi madre y yo fuimos a casa de mi tía para empezar a recoger cosas para nuestra casa; empezamos a hacer maletas metiendo ropa y tal. Mientras estaba colocando la ropa interior de mi tía en la maleta, mi madre ayudaba a mi tía a recoger un poco la casa para que no quedara nada descolocado.

Cuando llegamos a nuestra casa, le presentamos la casa a mi tía y empezamos a colocar la ropa en la habitación, una vez que la colocamos, mi madre me dijo que se iba a duchar para relajarse un poco de la mudanza y despejarse. A continuación, mi tía me dijo que si le enseñaba mi habitación a lo que yo sin problema ninguno le mostré, de repente mi pene se puso erecto y yo intentaba ocultarlo, aunque Amparo se dio cuenta y me puso mala cara (como si estuviera enfadada por la erección). Le mostré la habitación a mi tía y me dijo que le gustaba y que si su estancia en nuestra casa iba a ser un estorbo.

Después, mientras yo estaba en el salón viendo la tele mi tía le dijo a mi madre que si podían hablar juntas de sus cosas (algo que me parecía normal), fueron a la habitación de mi madre y le dijo Amparo a Pilar que yo me había puesto erecto. Cuando les vi salir de la habitación a mi tía y a mi madre, les vi la cara y estaban como un poco enfadadas como si yo hubiese hecho algo malo.

Al día siguiente, yo me levanté más o menos sobre las nueve y mi tía y mi madre ya se habían levantado como una media hora antes; fui a la cocina y al llegar ya habían terminado de desayunar y me dijeron que iban a salir a comprar debido a que mi madre ese día no trabajaba. Por la tarde, más o menos después de comer, y de recoger toda la cocina, por casualidad, vi cómo Amparo le daba un azote en el culo a mi madre, ellas no sabían que yo estaba en el pasillo cerca de la cocina cuando ocurrió lo del azote, aunque se asustaron porque pensaban que lo había visto (aunque así fue). Pasaron unas dos horas más o menos, y Pilar le dijo a mi tía en voz baja (porque no quería que yo me enterase) que tenía que salir a comprar compresas porque se le habían acabado. Amparo le dijo que a ella le quedaban dos, pero que también tenía que comprar. Entonces, fueron a su habitación a cambiarse y cuando mi madre ya estaba casi cambiada, le entraron ganas de hacer pis y mi tía entró al baño (porque solo tenemos uno) para maquillarse, pero no se había dado cuenta de que mi madre estaba dentro; cuando mi tía abrió la puerta, mi madre dio un grito de susto y se ocultó la vagina porque pensaba que era yo quien entraba al baño y la estaba espiando. Pero cuando ya vio que era mi tía, mi madre se limpió y le oí decir: “Pensé que eras Raúl”. Amparo preguntó y mi madre le dijo que estos últimos días yo estaba muy raro.

Al día siguiente, tanto mi madre como mi tía ya se habían levantado y se acababan de duchar, fui al salón y me las encontré en ropa interior; mi madre tenía un sujetador de color blanco y un tanga rosa y mi tía un tanga negro y un sujetador azul celeste; cuando me vieron recién levantado, se enfadaron conmigo porque pensaban que las estaba espiando, se fueron a cambiar y ordenaron un poco la casa.

Por la tarde, yo me quedé pensando en lo que había pasado por la mañana y me hice una paja. Más tarde, oí cómo Amparo le preguntaba a mi madre que cómo la tenía y mi madre le dijo que ya me la había visto y que le gustaba bastante.

Llegó la noche y encontré a mi madre maquillándose, pensé que iban a salir pero cuando ya no íbamos a la cama, mi tía y mi madre entraron en mi habitación y me dijeron que querían hablar conmigo. Fuimos al salón y mi tía le quitó a mi madre el pantalón del pijama y mi madre a mi tía la camiseta. Al momento me dijeron: “Somos todo tuyas”. Yo me quedé asombrado y mi tía se me acercó y me besó, a continuación mi madre me empezó a tocar el pene mientras que mi tía me besaba; después se levantaron las dos y mi madre se quitó el tanga y se quedó completamente desnuda y mi tía me dijo que le bajara el tanga. Cuando las dos se quedaron frente a mí completamente desnudas, me dijeron: ¿qué te parece cariño, te gusta? Nada más que me hizo la pregunta respondí que sí.

Mi madre me dijo que comenzara por donde quisiese. Le dije que se diese la vuelta; al instante, mi tía le dio un azote a mi madre en el culo y le dijo: “cómo me encanta tu culo, cariño”.

Le empecé a lamer el culo a mi madre mientras mi tía besaba a mi madre, a continuación mi madre me empezó a hacer una paja mientras yo le tocaba el coño y me dijo, ¿te gusta mi vagina? Al instante le respondí dándole un beso en sus labios; al rato, mientras le metía el pene a mi madre por el culo le empecé a hacer un dedo a Amparo por el coño; mi madre se sacó el pene de su culo y se puso en cuclillas para chuparle el coño a mi tía. Mientras mi tía se excitaba con la comida que le estaba regalando mi madre, se me ocurrió tocarle el culo y masajearle un poquito su coño.

Diez minutos más tarde, mi madre se volvió a poner en cuclillas para hacerme una mamada mientras que mi tía se tumbaba para chuparle el coño. En ese momento, mientras mi tía le chupaba el coño a mi madre, se hizo pis encima, cosa que a mi tía le encantó. Al final, mi tía me dio un beso y me dijo que esperaba que hubiese disfrutado

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Relato erótico de incesto: culeando a mi mamá de forma inesperada

Mi nombre es Javier y voy a contarles cómo estoy culeando a mi mamá desde hace ya varios meses. Tengo 21 años y ella 41, es una señora muy guapa de unos 1.65 de estatura, pechos grandes, culo hermoso y lo que más me encanta… su concha es peluda y muy jugosa.

Bueno, hace varios meses un día que llegué un poco mareado de una parrillada con mis amigos. Llegué a eso de las 8 de la noche y llamé a mi madre, pero no respondió, así que la busqué y fui a su recámara. Entré y no la vi, pero escuché la regadera, me acerqué y la puerta de la ducha estaba entreabierta. Entonces, pasó lo mejor, estaba duchándose ese hermoso cuerpo y vi cómo bamboleaba sus tetas y cómo enjabonaba su hermosa concha peluda. La miré unos minutos y luego me fui a mi habitación ya excitadísimo donde me tuve que hacer una paja de fábula pensando en todo lo que vi y en cómo me gustaría estar culeando a mi mamá, tras lo cual terminé echando leche en abundancia.

Al día siguiente me dio un poco de vergüenza verla en el desayuno. Ella estaba con una bata y ya me imaginaba su culo grande y sus tetas debajo de ella. Pasaron varios días y yo seguía pensando en ella, hasta que un fin de semana mis padres tuvieron que acudir a un matrimonio y se fue con mi padre. Cuando la vi salir estaba radiante con un vestido por encima de la rodilla y bien ajustado, lo cual permitía ver su hermoso culo.

Se fueron y yo también salí con mis amigos. Cuando volví, aún no habían llegado, así que me dormí. De pronto sonó la puerta y supuse que ya habían llegado, pero solo regresó mi mamá, cosa que me extrañó, por lo que fui a hablar con ella. Noté que había llorado y le pregunté que qué pasó. Me dijo que se había peleado con mi papá porque se puso celoso de un primo de ella con el que bailó un momento y discutieron, tras lo cual mi papá se fue con sus papás a su casa. Le dije que se calmara y que no se preocupase, que al día siguiente volvería como si no hubiese pasado nada. Vi que estaba súper mareada y me dijo que se puso a tomar más porque no le gustó la discusión, entonces le dije que se durmiera y me dijo: “ayúdame a desvestirme, estoy muy mal”, entonces le quité el vestido y salieron a la luz sus hermosas tetas cubiertas con un sostén blanco. A través de su calzón se notaban sus bellos púbicos, que los tenía en cantidad ya que era transparente y por detrás se marcaba en su culo. Inmediatamente mi verga se paró y no pude disimularlo.

Al subirla a la cama, mi mamá notó que mi verga estaba parada, y me dijo: “qué te está pasando”. Yo no sabía qué decir, quise que se echara en la cama para taparla pero se sentó al filo de la cama y me preguntó que por qué lo tenía parado. Me puse nervioso y no tuve más opción que decirle la verdad, que hacía unas semanas la había visto en la ducha desnuda y que ahora como estaba con su calzón también me provocó una excitación. Ella no dijo nada y hubo un silencio que pareció eterno y de pronto dijo: “eres mi hijo y eso no creo que esté bien, yo se que a muchos hombres les causo excitación porque dicen que tengo un buen culo y varias veces me propusieron tener alguna relación con ellos pero nunca lo hice por respeto a tu padre, en tu caso es algo diferente hijo y no sé qué decirte”.

Culeando a mi mamá mientras llegaba mi papá

Yo me acerqué un poco y la abracé; le pedí que me perdonara y que no volvería a suceder, pero al verla así me causó bastante excitación, ella me dijo: “¿¿en serio te excito?? Le dije: “sí mamá, eres muy hermosa y tienes un cuerpo bello”. De pronto levantó su mano y tocó por encima de mi bóxer y dijo: “hijo esto está muy duro y grande, y no sé por qué me está calentando”, se sacó su sostén y me dijo que le chupara las tetas, cosa que hice con frenesí tomando cada una de las tetas y chupándolas rico. Ella ya gemía y mis manos bajaron a su concha, donde hice a un lado su calzón y le metí mano… ufff eso estaba mojadídismo. Se echó y le quité el calzón, abrió las piernas y le empecé a chupar su concha peluda que estaba muy mojada. De pronto me dice: “échate”, y se subió encima de mí dándome su culo para que siguiese chupando su concha. Ella también chupaba mi verga, y así estuvimos unos 10 minutos hasta que se volvió a echar y me dijo: “hijo, móntame, quiero sentir tu verga dentro de mí, hazme el amor porque tu padre ya no lo hace de seguido, ¡¡culéame rico papiiiiiiii!!”. Después de este tiempo culeando a mi mamá, yo ya estaba que reventaba, así que la monté y dirigí mi verga a su concha y de un golpe se la metí hasta el fondo. Ella dio un suspiro y empezamos a culear. Se movía rico hacia mí, queriendo que entrara más a fondo mi pichilo. Me decía “qué rico pichilo tienesssss, culéame hijo, soy tuya, ¡más, más, más!”. Como estaba muy excitado, no duramos mucho y me desleché dentro de ella como un volcán.

Después de haber estado culeando a mi máma, descansamos como media hora y aún no llegaba mi padre. Hablamos de lo que sucedió y de alguna manera ambos sentíamos culpa. De pronto mi verga se paró de nuevo y ella lo notó, y me dijo: “¿¿de nuevo quieres culear??” A lo cual contesté que sí, que quería montarla de nuevo. Dicho esto, me agarró la verga y la acarició, me la chupó rico y se puso a cuatro patas. Me dijo: “méteme tu pichilo, así, entra más a fondo”. Me acerqué y le metí mi pichilo hasta el fondo. Ella gemía fuerte y movía su culo hacia mí para que le entrase más al fondo, así culeamos como 15 minutos hasta que terminé encima de su culo. Ya estábamos cansados nos besamos un rato. Me dijo: “ve a tu habitación, y de esto nadie tiene que saber nada, solo es entre tú y yo por favor”. Me fui y me dormí como un bebé cansado. Al día siguiente la vi de una manera diferente, ella tenía una sonrisa de complicidad y volvió mi padre, pero todo cambió en nuestras vidas. Más adelante les contaré nuestras aventuras más excitantes.

Soy de La Paz Bolivia y me gustaría contactar con personas que, al igual que yo he estado culeando a mi mamá, ellos también hayan pasado o que pasan por lo mismo y, de alguna manera, entablar amistad, ya sean chicas o chicos.

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Mi primera vez de incesto

Hola, mi nombre es Nataly. Tengo 23 años, soy finita (hasta parezco de menos edad, al menos eso dicen).

Quiero contarles sobre mi primera vez de incesto. Este tema se me hacía morboso, y hasta pecador (pues así te lo pintan), pero al mismo tiempo muy excitante.

He leído muchos relatos acerca del tema, la mayoría cuentan de quedarse a solas, de no animarse a dar el siguiente paso con el o la familiar que les causa ciertos efectos. Conmigo pasó algo diferente, pues fue para una Noche Buena, ¡¡y vaya que NOCHE BUENA!!

Para esa fecha en que solemos reunirnos toooda la familia, desde el mayor hasta el menor de los familiares.

Debo decir que a los 12 años, ya era una chica que se masturbaba casi a diario. Mi primera experiencia sexual fue a los 13, muy chica a decir verdad, con un hombre mayor (pero eso es otro asunto). He sido muy, muy caliente. Desde chiquilla me gusta ver porno, inicié como una niña curiosa hasta que le hallé el placer.

Regresando a lo que estaba, como les decía era una cena familiar. Yo me vestí muy bien, me gusta mostrar mi cuerpo, como dije… soy delgada pero de muy buen ver. Llevaba puesta una blusa tallada escotada y falda corta, tacones altos… en fin, a cualquiera se le paran los pensamientos al verme. Bueno, siguiendo con lo que de verdad importa, me senté a la par de mi tío Edwin, señor de 52 años (en ese entonces) bien conservado, pequeña barriga, ojos claros, cabello ya con unas cuantas canas pero aún se notan sus destellos de aquel cabello castaño que en su juventud relucía por ahí. Siempre ha sido muy cariñoso conmigo, el caso es que me senté en medio de él y uno de mis primos. Empezó la cena, el brindis de media noche, las platicas, otro brindis, las risas, otro brindis y así poco a poco se fue consumiendo la noche. Mi tío no toma demasiado, tiene sus límites. Yo tampoco bebía, acababa de cumplir 15, mis papás no lo permitían. En fin, mi tío sí tenía algunas copas encima, pero no como para caerse de borracho. Y noté que me veía extraño, de reojo lo observé y veía mis pechitos, que lucían bien en aquella blusa. Luego noté que bajaba los brazos y trataba de rozar mi pierna. Y no sé por qué, pero sentí escalofríos. A esa hora de la madrugada (2 de la mañana, aproximadamente) algunos primitos se habían dormido, otros jugaban en la calle, solo quedaban los adultos y uno que otro primo más o menos de mi edad. Cada uno involucrado en su charla, entonces mi tío me empezó a platicar, que si la escuela, las vacaciones, sus viajes, etc. Y de repente me pregunta por “el novio”, le digo que no tengo, se ríe y me soba la pierna. A mí me fascinó esa sensación. Hablaba quedito y me decía, “Estás hermosa”. Yo le respondía inocentemente “Gracias tío”. Entonces sus caricias se tornaron mas atrevidas, a pesar de estar en la mesa con los demás, sus manos se introdujeron en medio de mis piernas, buscando “algo” y eso me hizo estremecer y suspirar, él lo notó, por supuesto. Me tomó de la mano, me susurró: “Ven conmigo”, como IDIOTIZADA, lo seguí. Volteando a ver quien nos observaba, pero todos seguían en sus pláticas sin fin. Me llevó a la lavandería que estaba a unos pasos del comedor (donde todos estaban reunidos), entré y, de inmediato, él cerró la puerta; me tomó del rostro y me dijo que era hermosa y me besó, ¡De lengua! Mi tío, hermano de mi mamá sabía hacer eso! Fue exquisito, le correspondí, por supuesto. Y pues, empezó a tocar mis nalgas por encima de la falda y se pegaba a mí como restregando su miembro en mí. Lo sentía ahí, queriendo salir. Fue algo delicioso, me quitó la blusa y tomaba mis pechos, como si jamás hubiera tenido unos entre sus manos, me bajó el brassier y los lamía, ¡yo estaba en la gloria, iba a ser mi primera vez de incesto! Luego metió sus manos bajo mi pequeña falda, hizo a un lado mi tanga, y me dedeaba sin dejar de besarme. Me bajó la falda, y la tanga. Se quitó el pantalón, y ¡¡wow!! Salió esa hermosura de unos 23 cm! Parecía tener vida propia buscando mi cueva ¡Quedé asombrada! Quería que me la metiera, pero claro… él quería verla dentro de mi boca, y así fue, me dispuse a comerla, la besaba, chupaba, subía y bajaba con mi lengua. Él quería meterla toda, pero era muy grande para mi boca, la tragaba lo más que podía, se me olvidaron las risas y pláticas que se escuchaban afuera, solo quería sentir ese sabor, mmmm delicioso, lo veía y él estaba recostado sobre la secadora, el rostro hacia el techo con los ojos cerrados. Y en ese momento pensé que estaba mal, pero… ¿cómo iba a estar mal algo que te hacía sentir maravilla?

Luego me levantó, me cargó y me sentó en la silla que la abuela tenía para poner un sinfín de cosas, era algo alta, perfecta para coger. Él quedaba justo para penetrarme, pero antes me comió como jamás me habían comido, fue maravilloso sentir su lengua, besaba mis labios rasuraditos, ese movimiento de lengua que entre mas rápido te hace sentir aún más escalofríos, y tuve mi primer orgasmo. El lo disfrutaba, lo veía en su cara de placer. Luego levantó mis piernas y me dijo: “Cómo quisiera que vieran que te disfruto, y me habría encantado ser yo quien te hiciera mujer por primera vez”, y la introdujo poco a poco, no fue tan difícil ya que no era gruesa, aunque tampoco muy delgada, pero fue espectacular su mete y saca, mete y saca, yo encantada, ¡extasiada! Luego me cargó, y así me tuvo en un vaivén extraordinario, hasta que iba a acabar lo sacó, me volteó… se masturbó un poco y me lo dejó caer en las nalgas, yo para eso había tenido 3 orgasmos ya. Quería que abriera mi agujero trasero, pero escuchamos que empezaban a preguntar por nosotros. Nos limpiamos con las toallas que habían ahí, nos besamos. Me abrazó tan tiernamente, que hasta sentí enamorarme de él.

Por momentos me sentía culpable, pero me di cuenta de que nada más hermoso que el amor entre familia, ¿qué no?

Desde aquella primera vez de incesto he practicado incesto con otros tíos, primos, mi padrino… en fin. De experiencias se disfruta la vida.

A la fecha aún lo hago con mi tío, sigo soltera y a él lo amo. Luego les contaré cómo fue que le dejé hacerme el anal.

Espero que les haya gustado mi historia, que es real, por supuesto.

Besitos.

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La Elección Correcta

La Elección Correcta

Ana era sorda desde los dos años de edad pero había aprendido a leer los labios, comunicarse mediante lenguaje de signos e incluso a hablar medianamente bien a pesar de no escucharse a sí misma.

Era una preciosa joven de ojos verdes con una melena castaña con tendencia a rizarse. Su fino rostro de facciones atractivas resplandecía con la luz propia de la adolescencia, aunque sus sensuales labios carnosos le hacían parecer más adulta de lo que era realmente. Las líneas de su esbelto cuerpo dibujaban unas piernas largas y fuertes, una cintura plana y un torso flexible dotado de unos provocativos pechos que formaban los escotes más excitantes.

Era alta y con un cuerpo envidiable, gracias al cual había logrado su propio grupo de admiradores cada vez que tenía un partido de voleibol. Chicos de su instituto, algunos bastante guapos y populares entre las chicas, aunque Ana solo tenía ojos para una persona… La cual la estaba ignorando deliberadamente mientras se cepillaba los dientes en el cuarto de baño.

 Por favor, Alex, no vayas…  Soltó Ana con su torpe voz mientras se apoyaba en el marco de la puerta. Pero Alex seguía inmutable.

– … Por favor…  Insistió colocándose a su espalda para que la viese a través del espejo. – … No vayas con ella…  Gesticuló en lenguaje de signos. Aunque él la miraba no obtuvo ninguna respuesta.

Se quedó inmóvil y abatida observando a su hermano mellizo frente al espejo mientras la esquivaba con la mirada. Le odiaba profundamente cuando hacía eso.

Él le sacaba algo más de una cabeza a su hermana y era un chico terriblemente guapo a sus diecisiete años. Compartía un sinfín de rasgos con ella; como el color del pelo, sus enormes ojos verdes o las formas características de su rostro, aunque en él le hacían parecer menos maduro. Y su cuerpo, ágil y atlético, era tan normal como podía serlo para un chico que se pasaba las tardes jugando al fútbol o practicando karate en el gimnasio del barrio mientras descuidaba sus estudios. Se notaba que estaba en forma.

Él también atraía a las chicas con la misma facilidad con la que su hermana atraía a los chicos, pero en su caso sí que las prestaba atención… Al menos hasta que Ana se las espantaba… Al principio sus celos no tenían un matiz sexual o amoroso, Alex era tan solo el hermano con el que había crecido inseparable y del que no quería desprenderse, pero bien entrada en la adolescencia empezó a darse cuenta de que le amaba tanto como él le amaba a ella. Aunque ninguno sabía qué era aquello que impulsaba sus sentimientos…

 Ya sabes las cosas que dicen de Irene… Su fama es…  Alex la interrumpió volviéndose hacia ella para que le leyese bien los labios.

 ¿Y por qué crees que he quedado con ella, eh? ¡Tengo casi dieciocho años y aún no me he acostado con ninguna chica por tu culpa…! – Gritó furioso. Su hermana no podía escucharlo pero percibió el tono perfectamente.

– ¿Por mi culpa…? ¡Yo nunca quise que esto pasase! ¡No es mi culpa haberme enamorado de un niñato que sólo piensa en follar! ¡Tú ni siquiera me quieres!  Sus manos se movían con furia a la velocidad del rayo pero Alex captó cada una de sus palabras, aunque no tuvo opción de replicar ya que Ana le apartó de un empujón y salió del baño llorando amargamente.

El joven la alcanzó llegando a su cuarto y aunque en un principio se resistió, consiguió inmovilizarla contra la pared forzándola a leerle los labios de nuevo.

 ¿Que no te quiero? ¿Que no te…? ¡Idiota, no sé vivir sin ti! – Gritó justo antes de estrellarse contra sus labios. Ana no opuso resistencia y comenzó a besarle con la misma intensidad olvidándose de todo lo demás. No era la primera vez que lo hacía pero siempre se juraba que sería la última… “Los hermanos no deben hacer estas cosas. ¿Por qué tiene que besar tan bien?” pensaba a menudo.

Durante unos minutos los dos hermanos entraron en una espiral que les llevaba de besarse apasionadamente a darse besos tiernos y cortos que desbordaban amor, para después volver a devorarse con premura. El suyo era un amor poderoso e irracional que ninguno de los dos entendía y contra el que no sabían luchar. Un amor que les asustaba enormemente y que amenazaba con destruir sus vidas negándoles la felicidad, y aún así, allí estaban una vez más. Cediendo ante su instinto.

 Quédate conmigo…  Imploró Ana gesticulando todo lo despacio que podía. De alguna forma inconsciente deseaba alargar ese momento lo máximo posible para que su hermano no se marchase de su lado.

 … Déjame hacerte el amor… – Replicó Alex.

 … N… No puedo, no p… podemos…  Tartamudeó confusa. Sabía que una vida con Alex era igual de imposible que una vida sin él. Estaba dividida entre corazón y mente, que peleaban por tomar el control mientras ella sufría los efectos de esa batalla volviéndola cada vez más insegura y errática.

Alex también sufría a su manera ya que también tenía miedo de cruzar la línea. Sabía que sería prácticamente imposible tener una vida normal pero prefería lamentarse por intentarlo que lamentarse el resto de su vida por no haber tenido el valor. Además, Ana le mantenía bloqueado en ese perpetuo tira y afloja que no le dejaba pasar página. No le permitía estar con otras chicas pero tampoco estar con ella… Se estaba volviendo loco y tenía que escapar de todo aquello fuese como fuese.

 No puedo seguir así Ana… Se acabó.  Eran palabras demasiado duras como para pronunciarlas con la voz, así que las gesticuló con cierto miedo mientras se apartaba de ella provocando que un nuevo torrente de lágrimas volviese a recorrer sus rosadas mejillas.

La joven se dejó caer con la espalda contra la puerta hasta quedar sentada en el suelo hecha un ovillo, observando cómo su hermano desaparecía por la escalera que conducía al salón. El pecho comenzó a dolerle por el esfuerzo de sus pulmones acelerándose con furia o tal vez porque sabía que le estaba perdiendo para siempre. Irene no sería más que la primera, muchas chicas estaban locas por él y harían lo que fuese por tenerle… ¿Porqué ella no podía hacerlo también…? “Tal vez sea lo mejor, no tenemos futuro” “No, no, no, ¡Ve tras él idiota!”. Su cabeza era un hervidero de contradicciones, miedo y deseos que estaban empezando a desesperarla. Pero entonces comenzó a imaginarle teniendo sexo con otras chicas, disfrutando de lo que ellas podían darle, haciéndole feliz de formas que ella no se atrevía…

No, no podía con eso… No podía hacer frente a algo así, por lo que cedió ante los celos que le hacían hervir la sangre y salió corriendo escaleras abajo dispuesta a hacer cualquier locura para detenerle. Alex era suyo y no iba a dejarle marchar con ninguna otra.

Le halló en la puerta buscando las llaves de su moto y en ese instante Ana recordó que las había guardado en el bolsillo trasero de su pantalón. Siempre las escondía cuando sabía que iban a discutir para evitar que hiciese lo de siempre y saliese corriendo. Pero ese día Alex no estaba para juegos.

 Dame las llaves, Ana… – Soltó asegurándose de que su hermana captaba el tono. Ella no protestó y se las ofreció con evidente nerviosismo.

Iba a hacerlo, se lo iba a decir de un momento a otro… Casi había encontrado las palabras. “Quédate… Quédate y hazme el amor… No quiero perderte…” Sólo necesitaba reunir el valor necesario para decírselo.

Las rodillas comenzaron a temblarle cuando le vio girarse para abrir la puerta con una expresión extraña. “También es duro para él. No le he dejado otra alternativa…” se culpó. “¡Detenle Ana, no le pierdas!”

 Alex, no te vayas… Yo… – Comenzó. Pero su hermano ya se había detenido incluso antes de empezar a hablar. Se aferraba a la puerta nervioso tratando de decidir qué hacer, y cuando ella se dispuso a completar su frase accediendo a sus deseos, él volvió a impedírselo dando un paso hacia atrás y cerrando con fuerza. Lloraba amargamente.

 Tú ganas. N… No quiero perderte… No puedo. – Confesó abatido cuando ella se puso frente a él.

Cuando la estrechó entre sus brazos ella aún estaba paralizada por la sorpresa. ¿Qué significaba aquello? ¿La estaba escogiendo a pesar de todo? De pronto volvió a respirar como si llevase siglos sin hacerlo, como si de de repente le hubiesen quitado de encima el peso del mundo… Por primera vez en su vida estaba sintiendo de verdad el amor que su hermano sentía por ella. Era un amor limpio, puro, sin la obsesión por el sexo que solía mostrar… Le hacía sentirse a salvo del mundo, como si no existiese nada más que ellos dos.

Comenzó a darse cuenta de que ya no estaba segura de nada. ¿De qué le valían las dudas? ¿Porqué negarse a aquello que le ofrecía el destino? Era su hermano, si. Pero también era la persona a la que amaba y sin la única que no podría vivir. Además, él también la amaba, ahora estaba completamente segura de ello. ¿Qué le importaba al mundo lo que hicieran en su intimidad? Una a una sus barreras morales se fueron derribando solas hasta hallarse a sí misma, vacía de dudas y preocupaciones, abrazada a su alma gemela.

 Espero que al menos me dejes seguir besándote… – Gesticuló con una sonrisa resignada. Ella le correspondió con un tierno beso mientras en su mente todo empezaba a dar la vuelta. Cosas que tenían sentido dejaron de tenerlo y cosas que nunca tuvieron sentido para ella empezaron a construir la verdad sobre lo que deseaba para sí misma. “Piensa en ti por una vez” se decía una y otra vez.

– … Ven… – Su mano temblorosa se aferró a la muñeca de Alex mientras este la observaba extrañado.

Tiró suavemente de él mientras le conducía escaleras arriba aún sin creerse lo que estaba haciendo o lo que pensaba hacer. Ni siquiera se atrevía a pensarlo, sólo se dedicaba a dejarse guiar por esa voz que susurraba en su cabeza invitándola a ser egoísta por una vez en su vida. A ser ella misma y no quien los demás esperaban que fuese.

 Le condujo al interior de su cuarto y cerró la puerta tras ella mientras cogía todo el aire que podía en sus pulmones. Nunca había estado más nerviosa pero aún así halló un atisbo de excitación imaginando lo que iba a ocurrir allí.

 Quédate ahí… – Le indicó. Su hermano aún no entendía muy bien lo que pasaba por lo que se quedó en su sitio aguantando la mirada de Ana directamente a sus ojos esperando una explicación.

Era demasiado tarde para dar marcha atrás así que agarró su fina camiseta de tirantes blanca y comenzó a levantarla lentamente desde la cintura hasta que salió por su cabeza, quedándose con un elegante sujetador azul marino con finas rallas horizontales de color blanco. Alex comenzó a hablar pero ella evitó mirarle mientras empezaba a desabrochar su pantalón vaquero corto y lo dejaba caer al suelo. Sus braguitas hacían juego con el sujetador ajustándose con elegancia a sus suaves  caderas. Hubiese sido una visión realmente imponente para cualquier hombre, pero Alex la miraba embobado como si contemplase a una autentica diosa. Su diosa. Ana lo notó y comenzó a ruborizarse mientras se mordía el labio inferior.

Su corazón empezó a acelerarse por la vergüenza que sentía pero eso no le impidió desabrocharse el sujetador y echarlo a un lado, esta vez sí, mirándole para ver su reacción.

Alex comenzó a mostrarse nervioso en su sitio mientras devoraba con sus ojos los perfectos pechos de su hermana que resaltaban sobre su figura con firmeza y provocación. Tenían un buen tamaño y estaban coronados por unos delicados pezones de tono oscuro que se abrían discretamente hacia los lados invitándole a soñar.

Con sus braguitas se tomó más tiempo, no era fácil… Pero finalmente se deshizo de ellas con lentitud mostrando su pubis escasamente poblado. “Ya está, ya lo has hecho”. “Deja que te mire… Te gusta como lo hace. Ésta eres tú…” se dijo a sí misma. Lo cierto es que al principio le incomodaba su mirada porque nunca nadie la había mirado de esa forma, pero pronto empezó a disfrutarla. De alguna forma disparaba su ego y le hacía sentir bien, por lo que comenzó a relajarse y abandonar esa postura nerviosa y encorvada transformándose en una perfecta escultura hecha para inspirar los pecados más inconfesables en la mente de su hermano, quien parecía a punto de desmayarse.

 Quítate la ropa… – Le indicó nerviosa.

A diferencia de ella su hermano no era tan sutil ni delicado por lo que su camiseta gris voló sobre el escritorio derribando una pequeña lámpara y causando un pequeño caos entre sus cosas, lo que le provocó una sonrisa mientras le observaba acercarse con nerviosismo para arreglarlo.

 Alex, A… Alex… N… No importa. Luego lo colocaré… Continúa… – Soltó tratando de reconducir la situación.

El joven se había quedado pálido pero volvió a ocupar su lugar y comenzó a quitarse su pantalón pirata negro al mismo tiempo que sus zapatillas, e igual que a Ana, la ropa interior se le resistía aunque bajo ella ya se intuía una erección prometedora.

– Espera… – Soltó mientras se acercaba a él temblorosa.

Enseguida notó el calor que emanaba del cuerpo de su hermano debido a la excitación y el nerviosismo del momento, así que le abrazó para dejarse envolver por ese calor reconfortante antes de deslizar ella misma la ropa interior y hacerla caer al suelo.

Se quedó paralizada al ver aquella potente erección que se alzaba entre ambos y descansaba sobre su vientre quemándole la piel. No era de un tamaño alarmante pero si lo suficiente como para que cualquier chica suspirase pensando en la que se le venía encima.

“Ya has hecho lo más difícil, ahora… disfrútalo. Sé tú misma.” Se animó. A esas alturas ya se sentía en caída libre y el pudor daba paso a la excitación, por lo que agarró las manos de Alex y las posó suavemente sobre sus pechos invitándole a acariciarlos.

   Yo tampoco quiero perderte…  Dejó que su hermano asimilara sus palabras unos segundos antes de auparse hacia su labio inferior y morderlo con ternura.

Sus labios se entrelazaron arropando a unas lenguas que se buscaban desesperadamente mientras sus cuerpos se frotaban y sus manos se exploraban con timidez. Aún sentía la erección de su hermano frotándose contra su vientre y sabía que tarde o temprano iba a tener que tocarla, así que no lo demoró más y comenzó a acariciar su pene con suavidad. Estaba caliente y duro como una piedra cuando se aferró a él y comenzó a masturbarlo. Su timidez e inexperiencia hicieron que sus movimientos fuesen rápidos hasta que él detuvo su mano indicándole que bajase el ritmo.

 S… Si vas tan rápido yo…  Susurró ante sus ojos. Ella se disculpó con un tímido gesto y una sonrisa nerviosa. Hasta ese instante no se había dado cuenta de lo mucho que se le había acelerado el corazón a causa de las caricias de su hermano, que aunque explorasen su espalda y sus nalgas siempre regresaban irremediablemente a sus pechos como el oleaje a la playa.

El joven se inclinó para alcanzarlos con su boca mientras ella besaba su cabeza y acariciaba su cabello con cariño. Le gustaba la delicadeza que mostraba con sus labios pero no era una postura cómoda, por lo que le condujo a la cama para ponérselo más fácil.

Ana había tenido mil fantasías sobre cómo sería estar íntimamente con un chico. Se había masturbado en muchas ocasiones pensando en su hermano por lo que el placer no le era en absoluto desconocido… Pero aquello superaba todas sus expectativas. Sentir aquellos besos por su cuerpo, aquellas caricias sobre su vientre templando sus nervios, aquellas miradas que Alex le dedicaba cada pocos segundos como si aún no terminara de creerse lo que estaba ocurriendo… Era algo maravilloso.

“Tonta… ¿Por qué no has hecho esto antes…?” Se preguntó.

Sabía que el momento de la verdad estaba cerca a pesar de que le encantaba aquél baile de caricias y besos. Aún le quedaba mucho por descubrir sobre el cuerpo de Alex pero notaba su impaciencia y sabía que estaba tan excitado que su erección podría desbordarse en cualquier momento. Finalmente y tras mucho pensarlo solicitó una tregua para alcanzar un cajón de la mesilla de noche y rebuscar en él mientras su hermano recorría con los labios su vientre peligrosamente cerca de su Pubis. Finalmente sacó un preservativo con una sonrisa ruborizada.

– Seguro que pensabas que fue mamá quien te quitó los preservativos de tu escondite…  Gesticuló divertida.

Aquella caja de doce preservativos llevaba en su cajón más de un año y medio. Desde poco antes de que su hermano y ella se confesasen su amor una noche de verano tras volver de la playa. Por aquellos días Alex se mostraba cada vez más obsesionado con el sexo y se masturbaba a menudo. Ella lo sabía y no le importaba, pero no soportaba la idea de que su hermano se acostase con chicas, por lo que no iba a ponérselo nada fácil. De alguna extraña forma estaba convencida de que Alex era suyo y no estaba dispuesta a que nadie se lo quitase.

 ¿¡Eras tú!?  Preguntó alarmado.

 Me puse furiosa cuando me enteré de que los habías comprado y no pude soportar la idea de que los utilizases con cualquier chica… Puse tu cuarto patas arriba para encontrarlos…  Confesó esperando que no se enfadase demasiado. Pero en lugar de ello él volvió a lanzarse a sus labios mientras se lo quitaba de la mano.

Ana sabía que a esa edad cualquier adolescente sabía cómo ponerse un preservativo,  por lo que no le sorprendió mucho la habilidad de su hermano. Tal vez lo habría ensayado en más de una ocasión, tantas como preservativos le faltaban a la caja y durante un segundo dudó. “¿Y si no es virgen? ¿Y si ha hecho esto más veces y todo es una mentira?” Se preguntó. Pero lo cierto es que ya no importaba. No hacía aquello por él, sino por ella. Era lo que deseaba y las dudas no iban a detenerla.

 ¿Estás… segura de esto?  Preguntó impaciente Alex.

Ana estaba segura. A esas alturas no estaba dispuesta a abandonar y decepcionarle. Quería perder su virginidad con la persona que amaba… Pero aún así tardó unos segundos en poder decirlo.

 … Hazlo, pero… Despacio…  Gesticuló nerviosa.

Había leído y escuchado infinidad de cosas sobre la primera vez de una chica. Que  si algunas disfrutaban, que si a otras “sufrían terriblemente” o que (como afirmaban unas pocas) estaban tan nerviosas que ni se habían enterado de la penetración. Demasiada información que no le sirvió de nada, porque nada podría haberla preparado para aquello.

Cuando su hermano comenzó a presionar introduciendo su pene, notó como se abría paso dentro de ella con leves punzadas de dolor que estuvieron a punto de obligarla a detenerle, más por miedo que por otra cosa, en realidad. Pero no lo hizo. Aguantó la primera penetración convenciéndose a sí misma de que no era tan malo como imaginaba, aunque su hermano reparó en su expresión tensa.

 ¿Quieres que pare…?  Susurró ante su rostro. Pero ella negó con la cabeza mientras le agarraba por las caderas y abría un poco más las piernas invitándole a continuar.

La segunda embestida fue una réplica de la primera pero esa vez estaba preparada, por lo que expulsó el aire de sus pulmones recibiendo lentamente una tercera embestida mucho más llevadera. La cuarta fue incluso mejor aunque la quinta volvió a ponerla en guardia. Aún así, la sensación que tenía era mejor de lo esperado y comenzó a relajarse mientras le atraía a sus labios volviendo a la nube en la que había estado unos instantes antes. Una a una, las embestidas fueron mejorando a medida que el placer sustituía al dolor inicial, dándose cuenta de que todo estaba en su cabeza. Según se concentraba en besar a Alex o en sentir sus caricias sobre su piel, comenzaba a estar segura de que el sexo era todo lo maravilloso que se suponía que debía ser.

Le permitió acelerar el ritmo lentamente consciente de que estaba llegando al final, aunque ella aún estaba comenzando a excitarse. No podía culparle, aquello era mucho más de lo que ambos habían previsto hacer y no estaba resultando para nada “traumático.” Más bien todo lo contrario.

Supo que había terminado cuando su hermano apoyó la frente justo sobre la suya y se quedó inmóvil con la respiración contenida, mientras su pene se descargaba por completo aún presionando su cérvix. “Ya está, lo has hecho, Ana.” Se dijo con una sonrisa complacida, aunque no podía evitar sentir un regustillo amargo (o decepcionante) pensando que no llegaría al clímax. Tal vez Alex se dio cuenta de ello o simplemente es que se sentía tan excitado cumpliendo el sueño de hacer el amor con su hermana, que dejó su pene en su interior mientras recuperaba el aliento a base de caricias y tiernos besos que supusieron una grata sorpresa para ella. Estaba impidiendo que se desmotivara mientras recuperaba las fuerzas.

Durante unos largos y placenteros minutos se besaron tanto y con tanta pasión que sus labios comenzaron a enrojecerse y dejar cierto escozor adictivo, hasta que las caderas del joven comenzaron a moverse de nuevo pillándola por sorpresa. “Te ama, quiere complacerte… ¡Aprovéchalo!”

Cerró los ojos mientras se mordía el labio inferior dejándose envolver por cada una de las oleadas de placer que traían sus movimientos. Sabía que estaba gimiendo con cada respiración porque notaba la vibración sutil e intermitente de su pecho, pero hasta que no reparó en la sonrisa de su hermano no supo cuán profundos eran esos gemidos. De pronto se sintió avergonzada y se refugió en su hombro mientras él mantenía el ritmo, aunque con un poco más de ímpetu en sus empujones para obligarla a gemir aún más. “Le gusta escucharte, ¡no te contengas!” se dijo mientras comenzaba a notar que le faltaba la respiración. Aquello era una absoluta locura, su excitación se estaba acelerando descontroladamente mientras sentía que su interior ardía en llamas que provocaban que su piel brillase sudorosa y resbaladiza. Cada caricia acababa en unas uñas clavándose en la piel del otro, cada beso terminaba con un mordisco en los labios del otro, cada penetración acababa con una exhalación desbocada hasta que ambos supieron que aquello estaba llegando a su fin.

Ana ni siquiera se dio cuenta de que una lágrima se escapaba por su mejilla derecha mientras el intenso baile la elevaba a un clímax que desbordó sus sentidos y su sexo. Por unos instantes ni siquiera era consciente de que su hermano seguía empujando con fuerza hasta que volvió a eyacular, esta vez sí, quedando completamente agotado con la cabeza sobre su hombro.

Sus pensamientos eran una explosión caótica de imágenes y sentimientos que giraban en torno a Alex. Recuerdos recientes y recuerdos lejanos se entremezclaban conformando la imagen de la persona que tenía sobre ella tratando de recuperarse. Era el chico que le hacía sonreír cada mañana con un beso en la mejilla, quien deslizaba su mirada por su escote buscando fantasías, quien le cedía su trozo de manta para que no pasase frío en el sofá… Era su amor prohibido, su hermano travieso, su amigo leal…

Finalmente el joven se apartó quedándose aún lado para deshacerse del preservativo mientras comenzaban a sentir la desaceleración de emociones que les devolvió a la realidad.

 ¿Estás bien…? – Preguntó él. “Si tú supieses…” Ella asintió con timidez.  ¿Por qué has cambiado de opinión respecto a esto? – Gesticuló Alex algo más calmado.

 … No lo sé… Supongo que hiciste la elección correcta al quedarte..– Respondió ella. “Pero nunca te hubiese dejado marchar…” Pensó mientras le besaba.

Durante un buen rato los dos se quedaron abrazados en silencio. Su relación había roto las cadenas que la oprimían y todo se había complicado mucho más entre ellos. Tenían que aclarar muchas cosas antes de seguir adelante con sus vidas… Pero no sería aquella preciosa tarde, no mientras aún les quedasen fuerzas para seguir besándose. “Ya nos preocuparemos mañana…” se dijo con una sonrisa y sin perder de vista aquél cajón de su mesilla de noche…

FIN

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La bienvenida que mi prima me dio

Mi prima me dio una de las mejores bienvenidas que se pueden dar y os lo quiero contar con este relato porno, que es una historia real, aunquelos nombres son ficticios porque Julieta y yo somos primos y nuestra familia no puede saber lo que ella y yo hacemos.

Me llamo Máximo y mi prima es Julieta. Ambos tenemos 36 años.

Esta historia es continuación del 1er encuentro que sostuve con ella. Después de ese 1er encuentro tuve que volver al país donde vivo, pero nos comunicábamos a diario usando todos los medios posibles: teléfono, internet y hasta la convencí para usar Skype para poder vernos.

Al principio fue un poco difícil, pero empezamos mandándonos fotos con poca ropa, luego sin ropa…Con posterioridad fueron pequeños vídeos, ella mostrándome sus tetas tocándolas, acariciándolas y yo viendo cómo se le iban poniendo duros los pezones. Ver su cara de cómo se iba poniendo loquita, caliente y muy ardiente. Yo del otro lado de la pantalla, viéndola así y tocándome el pene queriendo explotar de mi pantalón de lo duro que se me ponía. Algunas veces también me masturbé para que ella viera cómo me dejaba. Era una locura porque yo lo hacía estando en la oficina de mi trabajo, pero era tanto el deseo que yo no me podía resistir. Fueron algunas veces que hicimos esas locuras y eran en su cuarto o en la azotea de la casa.

Decidí hacer un viaje a mi país y volver a verla aprovechando que ahora ella estaba pasando un tiempo en mi casa cuidando a nuestra tía, que estaba un poco enferma…Llegué a Lima, luego a mi casa y solo tenía una idea fija en mi cabeza: subir a casa de mi tía y ver por fin a mi primita, a mi amor, a mi mujer.

Subí y la vi: ahí estaba ella, nos miramos fijamente, ambos con ganas de abrazarnos, besarnos, tocarnos… pero como nuestra relación era prohibida tuvimos que aguantar las ganas y ser discretos, pero a la vez astutos para aprovechar cuando nos quedásemos solos. Cuando mi tía no nos estaba viendo, por fin pude abrazarla, la besé  con pasión y pude sentir su cuerpo junto al mío, y con ese beso vino el deseo, las ganas… no me resistí y toqué sus pechos sintiendo cómo los pezones se le ponían duros mientras que a mí también se me ponía duro el pene también. Entonces, hice que ella lo tocase para que sitiera cómo me dejaba. No pude resistirme y también me puse a tocarle el trasero… ohh cuánto lo desee, cuánto lo extrañé, cuánto lo adoro porque es grande, porque es rico, porque es mío y ella sabe por qué yo tengo tantas fotos de él que ya provocaron tantas erecciones en mí y tantas masturbaciones.

Llegó la hora del almuerzo, todos sentados a la mesa, Julieta frente a mí, después de un momento siento su pie en mi pierna por encima del pantalón, luego por dentro, en mi piel, no esperaba esa travesura de ella pero ella es así: atrevida, le gusta el peligro,  las emociones fuertes y yo adoro todo eso de ella…sigue jugando con su pie hasta llegar a mis genitales… ohh qué sensación rica, divina, mi pene va despertando, él está adorando esta bienvenida, él está loco por salir, que ella lo sienta así de piel a piel, ese masaje está haciendo que moje mi ropa interior y ella lo está disfrutando porque veo su cara de placer  y yo estoy adorando esa masturbación con su pie.

Mi prima me obsequió con un postre divino

El almuerzo terminó y mi tía se fue adormir. Yo, que ya no aguantaba, más le dije a Julieta: te espero en la azotea. Ella llego toda linda: tenía puesto un pantalón y una blusa que le quedaban muy bien. Entonces, la tomo en mis brazos, la beso con todas mis ganas y ella me corresponde con pasión. Nuestros cuerpos eran dos cuerpos ardientes, así siento que ya mi pene explota  y paso mi mano por sus senos… qué ricos que los tenía, duritos y con los pezones grandes, cosa que me encanta. Ahí intento meter mi mano por dentro de su pantalón, y para mi suerte resultó muy fácil, parece que ella lo escogió pensando en que haríamos travesuras y así sería más fácil, así que mi mano entró fácilmente, llegando al monte de Venus. Qué deliciosa sensación estar ahí por fin tocando a mi primita. Bajo un poco, y puedo inmediatamente darme cuenta de que no soy el único que ya está mojado: Julieta está empapada de líquidos, de juguitos vaginales. Ahí meto un dedo en su conchita, entrando fácilmente.

Ella me mira con tanta pasión que me deja cada vez más loco. Saco el dedo y lo llevo a mi boca para sentir y saborear su rico sexo…me siento y saco mi pene, finalmente libre después de una intensa sesión de amor, de masturbación, ya estaba muy mojado. Julieta lo ve, lo mira con mucho deseo, no pierde tiempo y se lanza sobre él, se lo lleva a la boca y empieza a darme una chupada rica, deliciosa. Me volví loco al verla así, muy puta y chupándomela con fuerza y con ganas mientras que yo hago presión en su cabeza para que entre toda mi polla en su boquita. Por un momento tuve temor de que alguien nos viese, que vieran como mi prima estaba chupándome el pene ahí a plena luz del día, pero yo quería más y ella también porque ya se movía y gemía un poco. Imagino que ella quería otra cosa…ella pedía otra cosa y yo ahí recibiendo ese tratamiento tan bueno con esa boca deliciosa que chupaba, lamía, succionaba, apretaba mi pene con tal ganas que yo fácilmente pude eyacular en ese momento, pero sabía que también tenía que darle a ella el placer que se merecía por haberme esperado tantos meses…le susurré al oído y le dije “vamos al cuartito, que es más oscuro”, ella aceptó rápidamente, fuimos hasta un cuarto pequeño que servía de depósito, pero no tenía puerta, así que entramos, nos besamos, comencé a cogerle las tetas, se las chupaba… estaban duras y ella gemía, le encanta que le chupe las tetas, tan ricas, deliciosas y que tanto me excitan.

A continuación le beso el cuello sin sacar mis manos de sus tetas, beso su nuca y bajo finalmente a su monte de Venus. Está tan mojada que veo que ya no aguanta más y le digo “ya quiero hacerte mía, ya quiero meterte todo mi pene”, ella me dice que sí y se baja rápidamente el pantalón. Yo la ayudo a bajar su calzoncito, se pone de espaldas mostrándome su trasero, su culazo, ese culazo lindo que adoro. Al verla así me pone más loco, agarro mi pene y lo sobo en sus nalgas, en su concha y su concha toda mojadita pongo primero la cabeza de mi pene y no tiene problema de entrar siento como va entrando y se mete toda, la muy perra ahora esta con mi pene adentro, gozando gimiendo, después de meses de espera estamos ahí, sin importarnos que alguien nos vea, yo comiendo a mi prima como si fuera una puta  porque a ella le encanta que me la coma y ella sabe por qué digo que es mi puta…pues conmigo está aprendiendo el arte del amor,  aunque antes ni se había masturbado, conmigo está sacando todo lo putita que puede ser.

Ahí estaba ella, rogándome que no se la saque, pidiéndome que la agarré de las caderas y la apreté fuerte y yo metiendo con todas mis ganas todo lo que podía y ella comiéndose toda mi pinga…estaba siendo tan rico, dulce , divino… una sensación fenomenal hasta que ella me avisó que ya venía su orgasmo, que acabaría mojando más mi pene así dentro de ella,,, que gemía diciéndome “amor ahí viene, ahí viene…métemela más porque te la voy a mojar toditaaaa”.

Bueno, este es mi primer relato y solo es la primera parte porque el día de sexo aún no acaba y yo aun no le daba mi gozo a ella y tenía otros planes por realizar y todo seria ahí, en mi casa y con la familia ahí.

Si les gustó, espero comentarios y habrá más relatos.

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2. Tania e Iván: El Amante Perdido

– Hey peque… ¿Estás conmigo? – La voz de mi hermana Erika me sacó de mi estado y de pronto me encontré de nuevo sentada a su lado, en su coche y rumbo a su piso de Toledo. No sabía muy bien si me había quedado dormida o soñando despierta.

– ¿Qué?… – Dije desorientada.

– jajajaja… ¿Donde te habías ido? Estabas en las nubes – Se burló.

– No… No sé. Me… Me he quedado en blanco… – Mentí lo mejor que pude.

Lo cierto es que recordar la primera vez que mi hermano y yo habíamos estado juntos me había excitado bastante. Tenía las palmas de las manos unidas entre mis piernas y me había estado rozando disimuladamente sin apenas ser consciente de ello.

– ¿Pensabas en Iván? ¿Le echas… de menos? – Preguntó en un tono serio.

– Si… Muchísimo. Hace ya un montón que no hablo con él ni sé nada… ¿Cómo… Cómo le va…? – Pregunté tratando de disimular.

– Bueno… Papá está harto de él. Dice que no hace nada en el instituto. Que discute por todo y que se pasa casi todo el día encerrado en su cuarto. Yo he hablado con él y le he metido caña… Pero no hay manera. Quizás si hablas tú con él, te haga más caso… – Me lanzó una mirada fugaz.

– ¿Yo? – Pregunté atónita.

– Si. ¿Qué te parece si le llamamos cuando lleguemos a mi casa? Si papá no se entera podrás hablar con él todo lo que quieras… Además, él también se muere de ganas de hablar contigo – Dijo con total tranquilidad.

– Te ha… Él… ¿te ha preguntado… por mí?… – Pregunté sorprendida tratando de controlar mi entusiasmo por la idea.

– Si. La verdad es que me pregunta muchísimo por ti. También te echa de menos. Aunque intenta disimularlo – No pude evitar esbozar una sonrisa al imaginarlo. Saber aquello me reconfortaba de una forma increíble.

– ¿Sabes si tiene… Algo? ¿Alguna chica o…? – Sólo pensarlo hacía que me diese un vuelco el corazón.

Yo me había mantenido fiel a él y apenas me había fijado en nadie simplemente por que le quería. Pero había pasado casi un año completo desde que nos separaran y no habíamos tenido ocasión de despedirnos. Además, controlaban las escasas veces que nos dejaban hablar por teléfono y mi madre me impedía conectarme a Internet. ¿Como nos dejaba eso? ¿Seguiría queriéndome después de tanto tiempo?.

Yo vivía en una prisión que controlaba todos mis movimientos y probablemente él también. Quizás mi padre habría logrado quebrarle y se había dado por vencido.

¿Podría culparle si hubiera decidido rehacer su vida sin mí?. ¿No sería lo mejor para los dos?. Seguramente si, pero no podía evitar sentir miedo ante la posibilidad de perderle definitivamente.

Erika hizo una mueca.

– Pues… la verdad es que si… Está loco por una chica. Yo la he visto y es bastante guapa. Además creo que ya han tenido “algo” aunque por lo que sé, ahora no están juntos… Pero no me hagas mucho caso. No sé mucho del tema… – Dijo sin perder de vista la carretera. Me pareció notarla algo tensa, pero no dije nada.

Ella no lo sabía pero acababa de hacerme polvo por dentro. “Lo ha hecho… Se ha olvidado de mí “. Pensé abatida. Comencé a llorar descontroladamente y mi hermana se dio cuenta.

– Eeeeh… Eeeeh… Eeeeh… Peque… ¿Qué pasa? ¿Tanto le echas de menos? – Preguntó con expresión triste. Yo asentí como pude, lo cual hizo que me sintiera peor.

Me dio un par de caricias en la mejilla pero agarró el volante impotente.

– Joder. Yo creo que papá y mamá se están pasando. No sé que hicisteis para cabrearles tanto, pero una cosa es que os castiguen y otra ya que os mantengan separados e incomunicados desde hace casi un año. Es que yo flipo, de verdad… – Dijo mirándome de nuevo de forma extraña.

Yo seguí llorando desconsolada pero tras un par de minutos puse todo mi empeño en serenarme antes de que a mi hermana le pudiera dar por sospechar. Ella me dirigió  una sonrisa tierna y cómplice.

– Jopé… Con lo que molaba cuando nos íbamos de vacaciones todos juntos… Tú e Iván os hicisteis uña y carne en las últimas ¿verdad?. Las de Gijón. Hasta dormisteis en el mismo cuarto ese año por qué yo no podía dormir con tus ronquidos jajaja…- Recordar aquello me arrancó una sonrisa leve que mi hermana recompensó pellizcándome la mejilla.

– Si… Esas vacaciones fueron geniales jejeje – Sentenció.

– Recuerdo las noches que  os pegabais Iván y tú. Algunas veces mamá y papá se levantaron por qué no parabais de armar jaleo. Y luego por la mañana no había quien os despertara… – Aquello también me arrancó una media sonrisa.

Yo sabía que lo nuestro estaba mal, que nunca podríamos ser una pareja normal. Pero le amaba sin remedio y en el fondo solo deseaba verle feliz. “Le tuve para mí más tiempo del que habría  soñado. Tengo que conformarme con eso” Pensé. Pero resulta muy difícil convencerse de algo cuando tu corazón no para de golpearte con fuerza en el pecho insistiendo en lo contrario.

De todas formas Erika tenía razón en algo. Fue un verano genial, y si definitivamente había perdido a mi hermano para siempre, al menos en mis recuerdos siempre sería mío.

Volví a dejarme llevar por los recuerdos una vez más en cuanto se instauró un incómodo silencio en el coche. En poco tiempo retrocedí de nuevo a aquellas vacaciones, un día después de cometer ambos la mayor locura de nuestras vidas…

————————————–

Los dos estábamos tumbados en nuestras camas a oscuras. Con la única y débil luz de la noche entrando por la ventana acompañada del sonido del oleaje.

Sabía que Iván aún no se había dormido por que hacía pocos minutos que habíamos apagado la luz y él sabía que yo no estaba dormida por que según decían, yo roncaba un poco…

Llevábamos sin hablar desde el día anterior por la tarde. Justo después de nuestro “encuentro” sexual. Nos evitábamos mutuamente y a penas nos dirigíamos miradas fugaces y avergonzadas durante la comida o la cena. Incluso nuestros padres y hermana se dieron cuenta y pensaron que estábamos enfadados.

Pero aquella noche yo estaba muy confusa. Por un lado, la situación con mi hermano me aterraba. Era consciente de que dos hermanos teniendo sexo estaba mal. Pero por otro lado, después de haberlo procesado un poco… Me excitaba…

A penas había podido olvidarlo desde que ocurrió y andaba caliente y distraída todo el día.

En aquel momento, con mi cuerpo húmedo por el calor y la excitación y mi corazón latiendo a toda velocidad, de alguna forma, encontré el valor para hablarle.

– Iván… – Susurré a la silueta oscura sobre su cama. Cuando vi que no contestaba dejé pasar unos segundos.

– Iván… – Insistí.

– ¿Qué quieres Tania? – contestó casi de inmediato. Parecía molesto.

– Yo… lo de ayer… Fue mi culpa… – Dije con miedo. Él guardó silencio.

– Iván… – No dijo nada pero contestó con un leve sonido nasal.

– Es que… ¡Jolín!. No sé que me pasa. Últimamente solo puedo pensar en eso… – Me resultó increíble que me hubiese atrevido a decir aquello.

– ¿En lo que hicimos? – Contestó.

– Si… Bueno, también… Pero me refiero a “eso”… Al… Sexo… – No sabía cómo iba a acabar aquella conversación pero ya había comenzado y no podía parar.

– ¿Por qué? – Dijo.

– No… No sé… Pero es que siempre… Estoy excitada ¡jolín!… – Mi hermano se incorporó sobre un codo para mirarme al notar que estaba a punto de echarme a llorar. Pero no dijo nada.

– Bueno, estás en la edad… En parte es normal – Dijo con tranquilidad.

– Si, no sé… Supongo. Pero Iván… Lo que hicimos ayer… Está muy mal ¿no?… –

– Si, Tania. Está fatal… – Susurró incómodo.

– Entonces… ¿Por qué me gustó tanto? – Me tapé la boca maldiciéndome por mi estupidez. Pero mi hermano siguió callado y su silencio constante comenzó a molestarme.

– Bueno, vale… Olvídalo… – Farfullé dándome la espalda.

– A mí también me gustó… – Soltó enseguida. Mi rostro dibujó una enorme sonrisa.

Casi inmediatamente escuché como salía de la cama y se acercaba a mí. Un escalofrío tremendo recorrió mi cuerpo dejándome inmóvil mientras mi hermano tiraba de mi hombro poniéndome boca arriba y agarraba mis pechos por encima de la camiseta.

Bajo ella no llevaba nada y en la parte de abajo tan sólo llevaba un pantalón corto blanco muy finito sobre la parte de abajo de uno de mis bikinis de color rojo.

Lentamente se tumbó a mi lado mientras me comenzaba a levantar la camiseta y algún beso fugaz se estrellaba en mi cuello o mi mejilla.

Yo estaba muy excitada y me apetecía acariciarle, tocarle. Tocarme a mí. Aún así seguía confusa e inmóvil. Pero cuando agarró una de mis manos y la introdujo dentro de su pantalón haciéndome tocar su pene erecto, me decidí.

Lo sujeté con fuerza y comencé a masturbarle mientras cubría mi torso de besos y caricias.

Su cuerpo estaba tan húmedo y caliente como el mío. Acaricie su pecho y noté sus pezones erizados, pero no más que los míos. Cada segundo que pasaba estaban más y más sensibles bajo el asedio de sus dedos.

Sus besos se estaban concentrando en mi mejilla peligrosamente cerca de mi boca, por lo que torcí el rostro para esquivarle dejando mi cuello expuesto. El mordisco que me lanzó al momento me hizo clavarle las uñas y tratar de separarlo de mí. Pero tras unos segundos aquella sensación se transformó en un placer inmenso que disparo mi excitación obligándome a buscar mi vagina con la mano libre.

Cuando soltó mi cuello, lo noté palpitar y observé el rostro de mi hermano a pocos centímetros del mío. Comprendí enseguida que quería besarme en la boca.

Durante unos segundos me mordí el labio inferior pensativa. ¿Debíamos cruzar esa línea? ¿Qué significaría hacerlo? ¿Importaba realmente después de lo que estábamos haciendo?… Al final no importó, por que cuando se acercó a mis labios lentamente yo… no me aparté.

Dejé que nuestros labios conectaran y no tardé en corresponder su beso dejándome llevar.

Yo no tenía mucha experiencia en besar a los chicos. Había tenido algún noviete pero casi nunca les dejaba meter la lengua.

Una vez, no hacía mucho, me dejé besar en serio por uno. Pero fue él quien lo hizo casi todo y tras varios segundos decidí que el chico no me gustaba lo suficiente para dejarle tocar mis pechos .

Pero con Iván era otra cosa. Tal vez por la situación o tal vez por mi grado de excitación, no lo sé.

El caso es que me encontré devorando sus labios y su lengua, aprendiendo sobre la marcha todo lo que tenía que saber a cerca de los besos. Lo que transmitían, lo que implicaban…

Todo se detuvo unos segundos después. El beso se ralentizó hasta desaparecer y ambos nos quedamos mirando en silencio. Algo nació en ese instante… Algo bonito, cálido… Algo inmenso.

Tras aquello me lancé de nuevo a sus labios y todo volvió a acelerarse, pero esta vez fue él quien comenzó a acariciarme entre las piernas mientras yo aún seguía masturbándole.

Sus dedos eran más fuertes y osados que los míos por lo que no tardaron en penetrarme con fuerza provocándome una sensación extrema.

Cuando separó sus labios de nuevo, fue para descender lamiendo mi cuerpo mientras retiraba lentamente mi pantalón corto y la parte inferior del bikini deshaciéndose de ellos.

Pensé que se detendría para “jugar” con mis pechos de nuevo, pero apenas les dedicó unos segundos y siguió descendiendo disparando mis alarmas.

Cuando pasó de largo mi ombligo, tuve claro lo que pretendía.

– No. No no no ¡no!… Iván, dios… No… – Mis súplicas fueron en vano. La lengua y los labios de mi hermano comenzaron a explorar mi vagina húmeda.

Si lo hacía bien o mal, no lo sabía. Tan sólo sabía que aquello me gustaba muchísimo.

El tacto de su lengua ardiente estimulando mi clítoris mientras uno de sus dedos me penetraba hizo que estuviese a punto de perder el control.

Quería gritar, gemir, retorcer las sábanas con mis puños hasta romperlas, pero no podía hacer ruido y provocar una catástrofe. En lugar de ello me mordí los labios, la mano o la camiseta que tenía subida hasta el cuello, tratando de controlar la respiración.

Los minutos comenzaron a pasar. Mi vagina ardía de placer y mi hermano no parecía dispuesto a parar a pesar de tenerme al borde del éxtasis. Pero entonces, tan lentamente como había bajado, su boca comenzó a ascender.

Le lancé una mirada de frustración al creer que me quedaría a medias pero entonces vi que se había bajado el pantalón y su pene erecto apuntaba a mi vagina acercándose lentamente.

Su cuerpo impedía que cerrara las piernas así que empujé sus hombros con fuerza.

– ¡Iván!… ¡No! ¡Espera! Espe… – Sus labios silenciaron a los míos mientras la cabeza de su pene comenzaba a frotarse con mi rajita húmeda.

Empujé su cuerpo con fuerza y escapé de sus labios.

– No… Iván, por favor… Por favor, por favor, porfa… Eso no… – Le supliqué.

– No tengas miedo peque… No te voy a hacer daño… – Su mirada era extraña, como si me suplicara que le dejase seguir aunque la presión de su pene iba en aumento.

– Dios, Iván… No me hagas esto por favor… No… – Le dije. Pero lo cierto es que no puse mucho empeño en detenerle mientras lo decía.

Estaba a punto de perder la virginidad con mi hermano y aunque hacerlo me aterraba, mi cuerpo pedía a gritos que me dejara llevar.

Supongo que cuando has cruzado la línea todo cambia. No importa cuanto te asustes o te arrepientas. Sabes que no hay vuelta atrás y que lo único que puedes hacer es seguir adelante y descubrir por que lo arriesgaste todo. En mi caso ya hacía rato que crucé esa línea y ahora tenía que averiguar por que…

Mi hermano agarró su pene para frotarlo con mis labios y lubricarlo para poco después presionarlo contra la entrada de mi vagina.

– Iván… Porfa… – Supliqué dándome por vencida mientras la cabeza de su pene comenzaba a entrar.

– ¿Quieres que pare…? – Preguntó tembloroso. Mi cabeza estaba hecha un lío. La razón y el deseo pugnaban por tomar el control.

– No… Sólo que… – Mis ojos se empañaron. Me sentía estúpida. Iván volvió a besarme mientras lentamente su pene entraba en mí.

– Ten cuida… Aaaaah ¡dios!… – Grité en un susurro cuando la metió entera.

Aquello me sorprendió y tuve que esforzarme por no hacer ningún ruido. Nunca había tenido nada tan grande dentro de mí y aunque sentía un leve escozor en el interior, no era comparado al placer.

Mi hermano volvió a retirarla lentamente dejándome una sensación extraña e inmediatamente volvió a penetrarme un poco más rápido arrancándome un pequeño grito que ahogué en mi garganta.

Una tras otra, oleadas de placer comenzaron a saturar mi mente obligando a mi cuerpo a actuar por instinto.

Mis labios buscaron su cuello, sus hombros, su rostro… Su boca. Cuanto más me penetraba más ganas tenía de besarle y acariciarle. Estaba perdiendo la virginidad con mi hermano, pero al menos podía seguir soñando que era algo perfecto. Esforzarme por conseguirlo y… Lograrlo.

– Dios… Iván, naaaah… No… Dios, no pue aaaah… ¡No aguanto más! – Susurré cómo pude. Mi hermano aceleró el ritmo.

Lo que vino después fueron un par de minutos de respiración acelerada, besos despiadados, caricias desesperadas y miradas desafiantes hasta que me derrumbé tapando mis labios con desesperación para ahogar los gemidos que trataban de salir por mi boca.

Toda la fuerza de mi cuerpo se escapó al final en un leve chorro que empapó el pene de Iván y que no cesaba de empujar rítmicamente mientras que mis sentidos comenzaban a funcionar de forma caótica.

Su aliento entrecortado chocaba ardiente contra mi piel mientras yo me retorcía bajo su cuerpo completamente fuera de control.

A penas sentí como sus labios succionaban la piel de mi cuello durante un buen rato mientras mi cuerpo comenzaba a calmarse. Sabía que él aún no se había corrido pero aún así bajó bastante el ritmo hasta casi detenerse. Me concedió los minutos que necesitaba para recuperarme.

– Dios Iván… Es… – Quise expresarle todo el caos de emociones y sentimientos que me hacían tener cada milímetro de mi cuerpo a flor de piel. Pero no me salieron las palabras.

Él sonrió y volvió a besarme en los labios con más ternura de lo que esperaba. Aquello fue sorprendentemente agradable y no tuve más remedio que aceptarlo. Cada vez me estaba pillando más por mi hermano.

Lentamente, sus caderas comenzaron a moverse reanudando el va y ven que me había llevado al orgasmo e hizo que mi cuerpo se estremeciera de placer otra vez. Pero no se precipitó. Sabía que yo aún trataba de recuperarme así que se contuvo y como en un oleaje lento y suave, mi cuerpo se dejaba mecer sobre un mar de sábanas blancas. Mientras tanto nuestras miradas se cruzaban, nuestras manos dibujaban entre sombras y destellos débiles las formas del otro. Los labios sellaban con besos el peligroso secreto que había nacido el día anterior.

– Ya no me arrepiento de nada peque… Me da igual… Esto no puede ser tan malo… – Dijo empujando hasta el fondo y provocándome un estallido de placer que volvió a encenderme.

– Aaaaahhora no… Aaaaah ahora no me llames… Peque… – Mis susurros rompieron el silencio de nuestro cuarto y enseguida supe que lo había dicho excesivamente alto. Pero no ocurrió nada. Nadie se quejó.

Sus movimientos comenzaron a acelerarse mientras el sudor de nuestra piel facilitaba el roce de nuestros cuerpos. Mi excitación se desbordaba por mi vagina produciendo sonidos húmedos y empapando mis inglés y mi trasero dejando un rastro frío.

Su respiración era errática y el tacto de sus latidos bajo mi mano indicaba que su corazón se esforzaba al máximo. Yo también me esforzaba a mi manera, mordiendo su piel, arañándola tal y como había visto o leído. Pero a decir verdad, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Sólo sé que él reaccionaba a todo lo que hacía y ello me hacía sentir bien.

Tardé un poco en volver a ponerme a su altura en cuanto a la excitación pero no me hizo falta forzarlo. Nuestros cuerpos se entendían perfectamente y simplemente ocurrió. Pasados unos minutos ambos nos movíamos jadeantes de placer hasta que estallé en otro orgasmo que acabó con las pocas fuerzas que me quedaban. Mientras trataba de mantener mis gemidos bajo control, contemplaba a mi hermano tensándose sobre mí con una mirada desgarradoramente atractiva.

Creí que se correría dentro, pero en su mente aún debía de quedar algún rastro de lucidez y su semen acabó esparcido por mi cuerpo en una abundante lluvia templada.

Poco después, la luz de una lamparilla vieja en el otro extremo del cuarto nos permitió encontrar un paquete de toallitas húmedas con el que limpiarnos. Vestirnos y volver a tumbarnos entre besos y caricias.

Cuando comencé a pensar con calma me llevé la mano al cuello para tratar de aliviar el escozor. Comenzó entonces un juego silencioso de mordiscos, cosquillas y forcejeos que de alguna forma nos ayudó a relajarnos y no afrontar inmediatamente lo inevitable.

– ¿Ahora qué? – Pregunté acomodándome en su pecho mientras el sueño hacía presa de mí.

Él no contestó. Se limitó a acariciar mi cabello y mi espalda después de darme un profundo beso en la cabeza.

Supe entonces que no había un plan. Que tendríamos que improvisar día a día y hacer frente a los obstáculos que surgieran. Pero también supe en ese instante, mientras me quedaba dormida sobre su cuerpo, que era posible ser feliz.

Aquella noche finalmente el sueño me atrapó con una enorme sonrisa en mis labios.

————————————–

La ventanilla del coche se bajó de repente y el aire fresco del exterior me golpeó en la cara devolviéndome a la realidad.

Erika me sonreía aún con el dedo en el botón que controlaba la ventanilla.

– Eeeeh ¡despierta!… Llevo un rato hablando sola ¿sabes? – Dijo.

– ¿Qué?… Dime… Perdona… – Contesté confusa mirando la carretera.

– Estás muy rara Tania. ¿Qué te pasa? ¿Y por qué sudas tanto? – Preguntó.

Era cierto. Mi cuerpo ardía por culpa de los recuerdos que repasaba en mi mente. Mis manos sudorosas aún estaban entre mis piernas y frotaban el pantalón lentamente.

– ¿Te haces pis? – Preguntó mi hermana mirándome las manos.

– Si… Un poco – Mentí.

– Aguanta que ya casi estamos. Aunque cuando veas lo que te tengo preparado… Igual te haces pis encima jajaja – Dijo con una expresión maliciosa. Parecía inquieta.

– ¿Qué es? ¿Qué es? Dímelo porfi… – Le supliqué. Ella se rió mientras se metía por una calle que tenía un aspecto antiguo y paró en un lado de la calle. Yo no le quitaba ojo de encima mientras parecía buscar algo por la ventanilla.

– ¿Te acuerdas que hace un rato te he dicho que a veces hago magia? – Preguntó fijando su vista en algo del exterior.

– Si… – Contesté confusa.

– Pues ese es mi mejor truco… – Agarró mi barbilla obligándome a girar la cabeza y mirar por la luna delantera. Al principio no lo vi, después me negué a creerlo y luego simplemente me quedé clavada en mi asiento contemplando a mi hermano Iván sonriéndome casi al final de la calle. Erika me plantó un beso en la mejilla tras quitarse el cinturón de seguridad.

– ¿De verdad pensabas que no sabía nada, tonta?. Me costó su tiempo pero al final él me lo contó todo… – Miré a mi hermana que tenía una sonrisa de oreja a oreja.

– Erika… Yo no sabía cómo… – Ella me silenció con un dedo en los labios.

– ¿Tú estás enamorada? – Me preguntó expectante.

Observé a Iván caminando hacia nosotras y entonces recuperé la confianza.

– Si… Le quiero más que a mi vida Erika… – Dije completamente decidida.

– ¡Pues corre y bésale tonta! – Miré a mi hermana incrédula suplicando que no fuese una broma de las suyas. Pero cuando desabrochó mi cinturón de seguridad se puso seria y besó mi frente.

– Corre… – Dijo en apenas un susurro.

Y entonces bajé del coche y corrí con todas mis fuerzas para encontrarme con él. Mi amante perdido…

Continuará…

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1. Tania e Iván: El Amante Inesperado

Hola, me llamo Tania.

Soy una joven madrileña que hasta hace tan sólo dos años y pico tenía una vida normal.

Iba a un instituto normal. Tenía amigas normales, novietes normales, padres normales y dos hermanos… Bueno, supongo que también normales hasta ese momento.

Mis padres son lo más normal del mundo. Ella es de altura media y regordeta con un pecho muy grande y caído. Mi padre es alto y con una barriga considerable, bastante hecho polvo para su edad, dicho sea de paso. El caso es que son las típicas personas que no mirarías dos veces.

La mayor de sus tres hijos es mi hermana Erika. Es una chica muy guapa con un cuerpo bastante atractivo. Es alta y esbelta con una talla 90 de pecho. Siempre luce su 1 ’73 de altura con una ropa muy elegante pero sin “insinuar” ni enseñar demasiado, y su pelo dorado, casi siempre está sujeto con una diadema o en una pequeña y cuidada coleta. Es de piel clarita y sus ojos verdes resaltan bajo sus elegantes gafas de pasta negras (que no se pone mucho, la verdad). Es bastante alegre y positiva y su cara está hecha para sonreír. Actualmente está en su último año de carrera de veterinaria que compagina con su trabajo en una pastelería. Vive en Toledo compartiendo piso con una amiga.

El segundo es mi hermano Iván. Un año y poco mayor que yo. Siendo objetiva he de decir que no es un chico “muy muy” guapo ni tiene un físico impresionante pero tampoco es feo. Decir que es “de lo mejor del montón” es la mejor forma de describirle. Roza el 1 ’82 de altura y es de pelo castaño con los ojos de color verde oscuro. Es muy divertido cuando le conoces, pero a primera vista parece serio. También creo que es la persona más inteligente que conozco, aunque lo desaprovecha bastante en el instituto.

Y por último voy yo. “La peque”. Me describen como una chica bastante extrovertida y alocada que no para quieta. Físicamente soy delgadita con un cuerpo estirado y bonito de 1 ’65 con poco pecho. Es un pecho discreto pero atractivo y sé que aún tengo que desarrollarme un poco más, así que no me preocupo. Tambien soy guapa aunque ni por asomo me acerco a mi hermana Erika, y mis ojos marrones van a juego con mi melena larga y sedosa de color caoba.

Ahora que ya sabéis quien es quien creo que puedo empezar a contaros mi historia, que aunque comenzó hace unos casi tres años, primero nos remontaremos a hace pocas semanas. Una tarde en la que esperaba ansiosa a mi hermana mayor para irnos a pasar juntas un fin de semana lejos de mi casa…

——————–

Hace dos semanas;

Erika se estaba retrasando.

Llevaba sentada en la jardinera de mi portal tanto rato que tenía el trasero dolorido por los picos de los ladrillos. A mis pies, mi maletita excesivamente cargada para un fin de semana se zarandeaba al ritmo de mi pie nervioso.

Estaba bastante inquieta e impaciente. Aunque hablaba con mi hermana por teléfono o whatsapp todos los días, llevaba sin verla cerca de dos meses. Pero más que por eso, tenía ganas de alejarme de mi madre unos días y escapar de su férreo control y su continuo desprecio.

Relacionarme con gente cálida y alegre no me vendría nada mal, la verdad.

Cuando vi llegar el coche de mi hermana perdí la noción del entorno y no me fijé en que mi madre había salido del portal y estaba a mi lado. Cuando la vi finalmente, me atraganté y ella se limitó a lanzarme su habitual mirada de desprecio. Ambas esperamos en silencio a que Erika se bajara del coche y viniese hacia nosotras.

– Mamá por dios… Alegra esa cara que sólo me la llevo un fin de semana… – Le dijo Erika mientras le daba un abrazo.

– Por mí como si te la llevas a tu casa a vivir – Respondió mi madre tajante.

– Va… No seas así. Además, sabes que yo me la llevo encantada – Mi hermana me hizo un gesto de burla arrancándome una sonrisa justo antes de darme un fuerte abrazo y besuquearme las mejillas hasta enrojecerlas.

Hablaron unos minutos más sobre la universidad, el piso de Erika y cosas a las que no presté mucha atención. Luego llegó el momento de marcharnos y mi hermana le soltó otro rápido abrazo a mi madre. Yo no me atreví a hacer lo mismo.

– Hasta el lunes mamá… – Le dije tímida. Ella contestó con un leve movimiento de cabeza que me indicaba que me dirigiese al coche mientras apenas me miraba.

– Ya te vale madre… Ya te vale… – Erika cogió mi maleta y tiró de mí para marcharnos. Siempre la llamaba “madre” cuando algo no le gustaba.

Diez minutos después estábamos saliendo del barrio cantando “Las de la intuición” de Shakira que sonaba en la radio a todo volumen. Cuando terminó apagó la radio y se puso seria.

– ¿Cómo la aguantas? ¿De verdad es así siempre? – Yo asentí con tristeza.

– Lo que no sé es como la has convencido para que me deje ir contigo el finde… – Dije distraída con el tráfico.

– Bueno, a veces hago magia… Pero esta vez me ha costado lo mío ¿sabes?. Y eso que llevo un año y pico sin tener ni idea de que coño pasa con esta familia. Perdón por la palabrota… – Soltó una risita.

– ¿A que te refieres? – Pregunté.

– Venga ya, peque… Mamá antes no te trataba así. Ni a ti ni a Iván. A quien por cierto no puedo ni nombrarle sin que se ponga hecha una furia. Además, cuando se separó de papá hizo lo imposible por qué os quedarais con ella y unos meses después va y manda a Iván a Barcelona con papá sin previo aviso. Ahora mamá y papá no se hablan, tampoco te dejan a ti hablar mucho con Iván por que no os dejan tener móvil y aquí ando yo, haciendo de enlace entre todos pero sin que ninguno me contéis qué coño ha pasado… ¡Hay perdón otra vez! – Me lanzó una rápida y penetrante mirada y luego volvió a centrar su atención en la carretera.

– No se Erika… Yo tampoco sé… – Comencé a decir.

– ¡Chist! Si no me lo quieres contar, no me lo cuentes. Pero ni se te ocurra mentirme a la cara diciéndome que tú no sabes nada ¿entendido? – Me interrumpió. Le costaba ponerse seria, pero cuando lo conseguía daba bastante miedo. Me limité a asentir con expresión triste y guardar silencio.

– Bueno peque… Al menos quiero que aproveches el fin de semana para disfrutar. Verás como no te olvidas de Toledo fácilmente… – Me agarró la rodilla y me hizo cosquillas. Luego clavó su dedo índice en mi estómago y mis costillas mientras me retorcía de risa implorando piedad. Siempre sabía como encontrarme las cosquillas…

Unos minutos después, ya más calmadas las dos, me sentí culpable de no atreverme a contarle lo que había ocurrido realmente. No podría entenderlo. Jamás lo haría. Ella era mi único apoyo y mi mejor amiga. Si la perdía a ella no me quedaría nada por lo que seguir adelante. Por mucho que me doliese no podía decirle nada.

Me dejé caer abatida en mi asiento y apoyé la cabeza en la ventanilla ocultando mi rostro bañado en lágrimas. Si Erika me vio llorar no dijo nada.

“¿Cómo hemos llegado a esto?” Me repetía una y otra vez mientras mi mente rebuscaba entre mis recuerdos tratando de hacer memoria. Lentamente, esos recuerdos me fueron atrapando y sin querer, perdí la noción del momento remontándome a aquel día. El día en que todo comenzó.

——————–

Hace Tres años;

Era verano. Mis padres habían decidido llevarnos a mis hermanos y a mi a Gijón para pasar unos quince días en la playa. Habían alquilado un apartamento bastante bien situado frente al paseo marítimo y en un par de días ya estábamos perfectamente acomodados y relajados.

Mi hermana y yo nos paseábamos en bikini todo el día, mi madre con un camisón corto bastante viejo y sin mangas, y ellos únicamente con sus pantalones cortos.

Desde hacía unos meses, mi cuerpo había empezado a despertar sexualmente y yo aprovechaba para frotarme disimuladamente con cualquier cosa, como los bordes de las mesas, las sillas, etc. Y más recientemente había comenzado a masturbarme con torpeza y también algo de miedo. Como aquella tarde.

Hacía poco rato que habíamos comido y la mayoría estaban echándose la siesta, así que aproveché el momento.

Mis dedos presionaban mi clítoris describiendo pequeños y grandes círculos aleatoriamente. La mayoría de foros y vídeos que había consultado dejaban claro que era así como tenía que hacerlo y la verdad es que era bastante efectivo. El calor de mi cuerpo se había disparado, mi respiración se estaba acelerando por momentos y las pequeñas descargas de placer que me asaltaban venían como un oleaje que cada minuto se volvía más violento.

No pude evitar la tentación de penetrarme con un dedo de la otra mano y aquello fue la chispa que prendió la mecha.

Mi mente no paraba de darle vueltas a la sensación con la que me había despertado una noche no hacía mucho. Sudorosa, con las braguitas empapadas, con la respiración acelerada y el corazón desbocado en mi pecho. Era algo nuevo para mí, pero no era una mojigata. Sabía perfectamente que aquella noche había tenido mi primer orgasmo, y fue increíble. Se quedó grabado en mi mente casi como una obsesión.

Desde entonces me masturbaba cada día una o dos veces tratando de revivirlo, pero si bien unas veces tenía más éxito que otras, siempre me quedaba muy lejos de conseguirlo.

Aquella tarde, encerrada en el cuarto de baño, no marchaba mal el asunto. Mi dedo estaba llegando más adentro de lo que me había atrevido a meterlos nunca y el jueguecito de mi clítoris estaba haciendo maravillas. Estaba segura de poder conseguirlo esa vez.

Aceleré el ritmo de mis dedos en mi vagina que creó un efecto dominó por todo mi cuerpo. La respiración se hizo tan pesada que arrastró una serie de pequeños gemidos que me esforcé por ahogar. Mi piel se erizaba por momentos y mi pecho parecía a punto de explotar con los latidos de mi corazón.

Tragué saliva e incluso se me humedecieron un poco los ojos mientras mi atención se centraba en mis pezoncitos erizados e hipersensibles.

Era genial. Mi vagina cada vez estaba más húmeda y sensible permitiéndome introducir el dedo con más facilidad. Un segundo dedo reforzó al primero y se me escapó un pequeño gemido. De hecho estaba tan confiada que dejé escapar unos cuantos más de forma controlada. ¡Estaba a punto!… Mi estómago se tensó, mis piernas se cerraron instintivamente y entonces…

La puerta sonó varias veces sacándome de mi estado y arrojándome violentamente a la realidad cuando escuché la voz ronca y profunda de mi padre.

– Tania. Llevas mucho rato ahí ¿no? ¿estás bien? – Dijo. De pronto toda la excitación que había sentido desapareció de golpe y quedó sustituida por una enorme crispación.

– ¡Si! ¡Ya salgo! – Mi enfado iba en aumento mientras trataba de colocarme mi bikini rosa rápidamente por si se abría la puerta. Aunque era un miedo injustificado ya que sabía perfectamente que había echado el seguro.

– Si se despierta tu madre dile que me he bajado a la playa – Contestó.

– ¡Vale papá! ¡Genial, gracias! ¡Muchas gracias por avisar! – Le grité malhumorada.

¡Después de haber estado tan cerca, todo se había fastidiado en un segundo!. Apreté los dientes para no dar el enorme grito que aguardaba en el fondo de mis entrañas y contuve un par de lágrimas de rabia. “¡Jolín, ya casi estaba!” pensé.

No tardé mucho en abrir la ventana, lavarme  y limpiar un poco. Salí del baño con el bikini colocado en su sitio, apresurada por llegar a mi cuarto para cambiármelo, pero la puerta estaba entrecerrada. Yo no la había dejado así. Me asomé sigilosa y vi que mi hermano estaba sentado en mi cama de espaldas a mí mirando mi tablet. No me extrañó mucho ya que dormía en el mismo cuarto que yo. Pero verle ahí distraído, era una oportunidad que no podía dejar pasar.

Como aún no se había percatado de mi presencia decidí asustarle y echarle una pequeña regañina por cogerla sin mi permiso. Aún sentía mi interior bastante caliente y mi vagina muy sensible pero me agazapé y avancé lentamente.

El brazo de Iván se movía de manera extraña pero no presté mucha atención. Avancé y avancé emocionada por que prometía ser la madre de todos los sustos y a mi hermano le costaría igualarlo.

Pero justo a un paso suyo algo debió fallar por que se giró velozmente hacia mí con los ojos como platos. Yo reaccioné instintivamente lanzándome sobre él y echándolo sobre la cama mientras le hacía cosquillas.

– ¡Ja! ¡Te he pillado capullo! ¿Qué haces con mi tablet? – Estaba tan concentrada en hacerle cosquillas y retenerle que no me fijé en su cara de susto. Tampoco quise fijarme en el bulto de su entrepierna duro que se frotaba con la mía mientras me movía sobre él. Era un roce placentero que me estaba encendiendo inconscientemente ya que para mí, aquello era tan sólo un juego. Al menos al principio. Pero por algún motivo no paré.

Iván forcejeaba conmigo para escapar, pero me aferré a él y seguí forzando la situación todo lo que pude para extraer cada roce de su entrepierna caliente. Siempre simulando que le hacía cosquillas. Pero llegó un momento en que aquello ya resultaba ridículo y simplemente seguí rozándome sentada sobre él. Estaba tremendamente excitada y aunque la situación me asustaba, no paré. Él tampoco se resistió mucho tiempo y se quedó mirando avergonzado la pared mientras aquello ocurría.

Pronto solo podía oírse mi respiración mezclada con pequeños gemidos junto con su respiración acelerada y profunda.

Para mi sorpresa, la mitad de su pene erecto sobresalía del su pantalón soltando leves gotas de liquido preseminal sobre su cuerpo y manchando la parte de abajo de mi bikini cuando avanzaba sobre él. Manchas que según se resecaban, se volvían blanquecinas. Pero aquello no nos detuvo. No a mí. No tan cerca de alcanzar el clímax, como aquella noche…

No podía pensar con claridad, pero si podía sentir cada mínimo roce de su entrepierna con la mía y en aquel momento, esa sensación me poseía y me controlaba completamente.

Era absurdo tratar de disimular o fingir. Posé las palmas de mis manos sobre su pecho y me incliné hacia adelante para acelerar el ritmo y la presión. Él me miró con una expresión extraña y pareció dudar. Yo no pude aguantar su mirada y la esquivé como pude hasta que sentí sus manos aferrarse a mis pechos. Traté de impedirlo con una mano pero insistió y lo dejé pasar.

Sus caricias se volvían mas confiadas cada segundo y no tardó en descolocarme la parte de arriba dejando mis tetas afiladas al descubierto. Traté de cubrirme pero siguió insistiendo hasta que logró apartar mi brazo y aferrarse a ellas mientras le dirigía una mirada de reproche. También cedí y le dejé tocarme. Sólo podía pensar en la excitación que sentía con el roce de nuestros sexos. Nada más me importaba.

La excitación de ambos estaba a punto de desbordarse y aceleramos el ritmo.

El roce de su piel en mis pezones erizados me provocaba una sensación rara. Me ardían y estaban muy sensibles pero definitivamente aquello me gustaba mucho. Estaba cerca, muy cerca. Pero faltaba algo.

Lancé mi mano bajo el bikini empapado para estimular el clítoris y eso fue espectacular. Mi entrepierna se deslizaba sobre la suya con suavidad. Una mano posada sobre su pecho y la otra dándome placer. Las suyas sobre mis tetas masajeaban con suavidad quemándome la piel. Mis gemidos se ahogaban en mi garganta. Su respiración se quebraba en la suya. Nuestras miradas se quedaron cruzadas mientras manteníamos aquella expresión avergonzada… Y entonces pasó.

Mi bikini se empapó enseguida mientras todas mis emociones y sentidos se escapaban por mi vagina obligándome a retorcerme y caer sobre su pecho sudoroso exhausta. Tapándome la boca con la mano empapada que antes me daba placer y dejando que un par de lágrimas de vergüenza, satisfacción, miedo y alegría se escaparan por mi rostro y se estrellasen en su pecho.

Apenas fui consciente cuando se giró colocándome boca arriba y comenzó a moverse sobre mí igual que había hecho yo. Pero a diferencia de mí, el había sacado su pene completamente. Era de un tamaño aceptable, aunque yo aún no entendía mucho de esas cosas.

Sus manos aún seguían acariciando mis pechos desesperadamente e incluso se atrevió a acercar su rostro y lamerlos.

¿Debí haber reaccionado? ¿Debí haberme resistido?. Tal vez, pero no lo hice. Mi mente estaba saturada por una explosión de sentimientos y sensaciones caóticas que trataba desesperadamente de ordenar.

La visión de mi hermano sobre mí frotando su miembro con mi entrepierna, acariciando y besando mis pechos no era más real que el sueño que tuve “aquella noche” y del que apenas recordaba nada.

Finalmente tras unos largos segundos, comencé a recuperarme y ser consciente de mi entorno. Fui cayendo lentamente en la realidad mientras mi hermano aún se frotaba conmigo unos segundos más hasta que  al fin se tensó y eyaculó sobre mi cuerpo sin parar de frotarse.

El primer chorro de semen llegó hasta mi pecho izquierdo describiendo en mi piel una línea recta y blanca. El segundo y el tercero fueron menos intensos y pronto mi ombligo quedó inundado de aquella cosa que veía en directo por primera vez en mi vida. Los siguientes fueron disminuyendo hasta que ya no eyaculó más. Pero mi bikini rosa quedó hecho un desastre.

Estaba tan sorprendida y aterrada que me quedé inmóvil. A medida que menguaba su excitación, Iván también se hacía consciente de la situación y se levantó lentamente mientras yo me incorporaba avergonzada tapándome el rostro con las manos. Al sentir el semen cada vez más frío resbalando por mi cuerpo, traté de limpiármelo rápidamente pero mis manos solo consiguieron esparcirlo más por mi piel.

Inmediatamente me preocupé más por cubrirme mis pechos con el bikini debido a la vergüenza y lo acabé pringando mientras intentaba colocarlo, pero se había enredado bastante y me temblaba el pulso. Al final lo dejé y me tapé con las palmas de las manos.

Iván me observaba en silencio con una expresión de miedo sentado al borde de su cama. Al principio yo no me atreví a mirar más allá de mis rodillas, pero sentía tanto la presión de su mirada sobre mí que al final cedí y le miré igual de asustada y triste.

– Tania… No podemos decir nada a nadie o nos matan… – Dijo tembloroso. Yo solo asentí con la cabeza mientras comenzaban a escaparse de mis ojos un par de lágrimas.

Volví a ocultarme detrás de mis manos tras comprobar de arriba abajo mi cuerpo y mi bikini empapado con manchas blancas. Prefería que me viese las teas a que me viese la cara.

Por alguna razón no podía dejar de sentirme culpable de aquella situación.

– ¡Jopé! Jopé, jopé. Dios Iván… – Comencé a desesperarme. Iván se arrodilló frente a mí y acarició mis rodillas.

– Eh… Cálmate… Tampoco es tan grave ¿Vale? No hemos llegado a hacer nada… – Parecía que mi hermano trataba de convencerse a sí mismo más que a mí, pero yo no tenía ganas de hablarlo y me levanté para escapar al baño a limpiarme. En ese instante vi la tablet al borde de la cama y la cogí solo para soltarla tras comprobar que mi hermano estaba viendo los videos porno que tenía guardados para mis “experimentos”. No me resultó difícil imaginar que estaba haciendo mientras los veía.

– Jopé Iván… ¡Somos unos putos salidos de mierda! – Susurré cubriéndome de nuevo. Luego me escabullí al baño arrancándome la parte superior del bikini desesperada.

Cuando me planté desnuda frente al espejo me puse a analizar la situación con claridad al mismo tiempo que examinaba la ropa y el semen blanco de mi piel. En mi mente persistía la idea de que lo que habíamos hecho era terrible, pero el placer era innegable. Al fin había conseguido lo que llevaba tanto buscando, revivir aquella noche y más aún. Esto era más fuerte, más reciente, ¡Más real!. Mi boca dibujó una sonrisa satisfecha que disimulé mordiéndome el labio inferior mientras observaba el semen aún pegado a mi piel. “Ahí lo tienes estúpida. Ya lo has conseguido”.

En un alarde de valentía empapé mi dedo índice con el semen de mi ombligo y lo chupé sin pensarlo. El sabor era agrio y salado pero extrañamente no muy desagradable. o al menos no tanto como tenía entendido. Seguí chupando tratando de imaginar que era un pene y como tal, acabé chupando dos dedos de mi mano mientras de vez en cuando recogía más semen y lo saboreaba.

No dejé de mirarme mientras chupaba y chupaba ensayando expresiones lascivas y después de un rato ya no quedaba más semen que tragar ni más expresiones que ensayar. Reaccioné con enfado al darme cuenta de que mi mano izquierda había comenzado a explorar mi vagina de nuevo y me di cuenta de que tenía un problema.

La ducha no fue tan tranquila como esperaba… Me puse en cuclillas mientras el agua templada caía sobre mi pelo y mi espalda. Cerré los ojos y comencé a masturbarme. Mi clítoris ardía bajo el estimulo de mis dedos mientras con la otra mano me penetraba rápidamente. Ni siquiera quería repetir el orgasmo anterior, me conformaba con cualquier cosa, uno pequeño. Solo uno más.

En mis pensamientos no podía evitar recordar a mi hermano sobre mí frotándose, y eso me provocaba sentimientos encontrados. Más aún cuando eso derivaba en fantasías en las que me penetraba violentamente aumentando mi excitación.

Me pareció escuchar abrirse la puerta y volver a cerrarse. Poco después escuché la cortina de la bañera moverse y entonces una mano se posó en mi espalda. Ni siquiera me asustó. No me hacía falta abrirlos para saber que era Iván, aún así los abrí. En ese momento estaba sacando su pene del pantalón que estaba medio erecto mientras observaba como yo seguía masturbándome. El pantalón cayó al suelo y se quedó completamente desnudo.

– Jolín Iván… – Me lamenté. Observé indecisa como comenzaba a masturbarse sin dejar de mirar mi cuerpo desnudo.

– He echado el seguro pero aún van a tardar un buen rato en despertarse… – Dijo decidido. Cerré los ojos maldiciéndome por lo que iba a decir.

– … Jopé… Vale Iván. Pasa… – Apenas dije aquello, mi hermano entró apresuradamente con su erección a escasos centímetros apuntando a mi rostro. No pude evitar imaginarme chapándosela. Sería mi primera vez…

– Después de esto se acabó eh… – Él Asintió.

– No Iván, lo digo en serio. Se acabó… – Insistí.

– Ya… Tienes razón… – Contestó chocando su pene contra mi mejilla.

– Y no pienso “hacerlo”, así que no te hagas líos… – Dije acariciando su pene indecisa.

– Solo haz lo que tú quieras peque… – Su expresión era de puro deseo. Sabía que tenia ganas de que se la chupara. Volví a morderme el labio indecisa…

– … Buuuf… Ahora no me llames peque… – Y sin pensarlo más me la introduje en la boca de golpe. Sus manos comenzaron a acariciar mis mejillas y mi cabeza.

El sabor era mucho más intenso que el semen de mi cuerpo y su pene más grande y duro de lo que había calculado. Podía notar el calor de su piel en mi boca. Lentamente sacó el pene para volver a introducirlo y en pocos segundos comencé a coger confianza para hacerlo yo misma. Tal y como había visto en los videos.

Seguí lamiendo y acariciando con la lengua su pene mientras con mis manos continuaba masturbándome al compás. He de reconocer que la situación me dio bastante morbo. Igual que ver las expresiones de mi hermano, entonces me puse juguetona y comencé a lanzarle miradas y sonrisas lascivas. Quería sentirme sucia.

A medida que se la chupaba iba aprendiendo más cosas sobre él, sobre mí. Sobre lo que le gusta a los hombres y como jugar con ellos. Disfruté aquello más allá de la excitación y el morbo. Lo disfruté por sentirme deseada. Fueron unos minutos deliciosos.

– Tania… Buuuf Tania… Me corro… – Justo en ese momento su pene se tensó más de lo normal y expulsó sobre mi boca una gran cantidad de semen. Ver su cara fue un regalo para mí. Retiré mi boca indecisa decidiendo si debía tragármelo y así lo hice. Pero antes dejé caer un poco a la bañera ya que me parecía demasiado para una primera vez. Mi hermano alucinó.

Después de eso se la chupé un poco más para extraer cada ápice de placer de su cuerpo. Si era la última vez podía permitirme ese lujo y después, llegaría mi turno. Por suerte o por desgracia yo ya estaba muy excitada cuando introdujo dos dedos en mi vagina después de ponerme de pie y agacharse él. Le obligué a ir despacio cuando me di cuenta de que sus dedos eran mas largos que los míos y llegaban donde nunca antes había llegado.

Al principio sentía un ligero escozor mezclado con placer dentro de mi vagina y estuve a punto de obligarle a detenerse. Pero esa sensación remitió poco a poco dejándome a merced de los dedos de mi hermano mientras yo estimulaba mi clítoris. Aquello se me fue de las manos una vez más. Me quedé apoyada en la pared fría incapaz de moverme mientras trataba de ocultar mis gemidos bajo la palma de mi mano. Incluso cuando dejé de estimular mi clítoris por miedo a perder la cabeza, mi hermano tomó el relevo y en poco tiempo estaba suplicándole que parara. Pero no paró. En realidad tampoco deseaba que lo hiciera. Al final me corrí en su mano y me desvanecí sobre sus hombros tratando de ahogar los gemidos. Hasta él se asustó y se puso en pié para abrazarme examinando sus dedos levemente ensangrentados.

Refugiada en su pecho, Lentamente comencé a recuperarme y poco después sin dedicarnos ni una sola palabra, nos duchamos juntos rápidamente y salimos del baño por separado.

Durante el resto del día ambos nos evitamos y aquella misma noche, obligados a dormir juntos, no nos atrevimos a cruzar palabra.

Ambos estábamos asustados, confusos y avergonzados. Parecía que la semana y media que aún nos quedaba de vacaciones en Gijón se nos presentaba complicada. Ojalá entonces hubiese sabido cuánto…

Continuará…

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