Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? (3ª parte)

(Relato erótico continuación de Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? parte 2) Yo, tumbada en la cama, me quedo esperando a que me busques el juguete erótico. Tú cansada y fatigada, te quedas al lado unos segundos hasta que reaccionas y te das cuenta de que mi proposición de que me “presentes” a tu amiguito es totalmente en serio. TeContinuar leyendo »

La entrada Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? (3ª parte) aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? (continuación)

Siguiendo el juego de fantasía lésbica que comencé hace unos días con este relato XXX y según el comentario de Ricardo:

Estamos las dos, tú y yo, con las hormonas revolucionadas y entregadas a la pasión y el morbo de comenzar el placer.

Has estado un rato a 4 patas, y con mi lengua he lubricado completamente tu vagina. Todo sin contar el placer que he sentido de saborear tu cuerpo. Tonos dulces con toques salados y templados que últimamente eran más calientes. Después de esto, yo me canso de sólo dar placer y no recibirlo, al igual que tú, que siento cómo ardes en deseos de poder disfrutar de mi cuerpo.

Así que te volteas en la cama y te pones boca arriba, yo me giro y me coloco al revés para encajar en un perfecto 69 lésbico.

Como todo el tiempo tienes una actitud más paradita y sumisa, en cuanto pongo mis rodillas por los laterales de tu cuerpo, te falta tiempo para estirar el cuello y sacar la lengua para llegar a mí. Yo antes de notarte sigo con mi juego. Aprovecho mis pechos voluptuosos y pezones duritos que tengo, para arrastrarlos por tu ombligo, vientre bajo y llegar al pubis. Lo intercalo con hacer una especie de péndulo y moverlos también de un lado a otro. Tu inquietud ya es palpable, presiento la fuerza de la pasión en tu interior. Estás muy inquieta y con tus manos me sujetas por las caderas y parte del culo. Con la boca intentas moverte de un lado para otro para ver si en algún momento llegas a tocar mi cuerpo. Te revuelves entre el placer de las cosquillas, las caricias que te produzco y tus propias ganas de darme sexo oral.

Para no ser muy mala contigo, me incorporo un poco como si fuera a sentarme sobre mis talones, pero en lugar de usar mi cuerpo, uso tu cara. Según lo hago siento una oleada de placer. Tu lengua está justamente entre mis labios vaginales. Tus manos que se habían apartado por un instante, vuelven a mi cuerpo. Esta vez abrazando mis piernas y juntándose delante de mí, en mi regazo. Yo disfruto de sentirte y voy dándote juego de cadera para que si quieres, puedas recorrer todo mi sexo. Sutilmente roto mis caderas hacia adelante para que tu boca pase de mi vagina a mi ano. Casi te obligo a que me hagas un beso negro.

Varios escalofríos más tarde, me tumbo sobre tu cuerpo para controlar mi excitación y no tener el primer orgasmo tan rápido. Según me agacho, mis culo vuelve a subir y mi vagina retoma su posición natural que es en tu boca. Pero ahora con mucha más jugosidad, estoy muy húmeda.

Me recoloco bien para darte todo el placer que pueda. Esto es que tal como estás tú, puesta bocarriba y yo a 4 patas sobre ti, paso mis brazos por debajo de tu piernas entrelazándolos. Justo con las manos por tu ingle y vulva, para así poder manipularla bien y ayudarme mientras te la como. Para empezar, no uso apenas los dedos, solo mi lengua para recorrer tu vagina exteriormente nuevamente. De forma esporádica te doy algún beso por los laterales. A la vez, voy sintiendo que tu subes la intensidad conmigo, yo la subo para ti. Comienzo a usar mis dedos a la vez que mi boca. Tiro de los labios hacia fuera, apartándolos para dejar más expuesta tu vagina. Según abro tu entrepierna surge tu clítoris, que me ocupo de darle cariño con la punta de lengua para luego usar mis dientes. Lo sujeto con ellos y sin apretar excesivamente te muerdo y tiro un poquito de él.

Jugando y jugando presiento tu orgasmo. Cada vez tienes el coño más húmedo y desprende más y más calor. Hasta que de forma progresiva van sonando a lo lejos y taponados por mi vagina, gemidos varios. La última señal son pequeñas contracciones por tu ano y labios. En ese momento coloco mi boca presionando contra tu cuerpo y haciendo un sello entre tus labios y los míos. Muevo la lengua por tu interior en círculos, y en segundos se inunda toda mi boca. Temporalmente paras de darme placer y tu respiración se dispara para casi hiperventilar. Yo estoy disfrutando de tu orgasmo bebiéndome todo lo que sale de tu interior. Un líquido tremendamente caliente y fluido, muy dulce y con algo de acidez a la vez. ¡Riquísimo! De los mejores que he probado, pero yo también quiero correrme en tu boca.

Así que mientras tú te repones un poco, yo me masturbo sobre tu cara con una mano mientras me acaricio las tetas con la otra mano. No tardo mucho tiempo en correrme y soltarte todo lo que llevo dentro en tu boca. Se nota que no estás muy acostumbrada porque te cuesta succionar todo el líquido que sale de mi.

Después de ese momento de placer tan intenso, me tumbo al lado tuya mirando al techo. Aunque como soy un poco viciosa, en cuanto recupero la respiración, por instinto mis manos van a mi coño y me voy masturbando nuevamente.

Sin ni siquiera mirarme, me preguntas: “¿Quieres conocer a un amigo muy complaciente que guardo aquí? Es mi “amigo” fiel para cuando estoy sola

A lo que yo respondo: “Yo soy muy simpática y los amigos de mis amigas, son también mis amigos, preséntamelo

Y ya lo siguiente es cuestión de otra historia que no sé si os gustará conocerla 😉 Contadme qué opináis en los comentarios.

 

La entrada Fantasía lésbica: ¿Te atreves a jugar conmigo? (continuación) aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

La Profesora de Piano 2

Anteriormente: La Profesora de Piano

María, la profesora de piano, y Ana, su pupila, vuelven a entregarse al placer entre mujeres.

Otra semana, otro día y otra lección. Cada tecla que tocaba era una nota que emitía. Cada nota era parte una partitura. Una partitura para una música que invadía el departamento.

Al llegar al final la música acabo y reino el silencio por un instante. Hasta que lo invadió el sonido del aplauso de una única persona.

-Muy bien Ana, lo has hecho bien, -Felicitó María a su querida alumna.

-Gracias profe…María-Dijo La aludida sonriendo tímidamente.

Hacia solo dos semanas que habían hecho el amor por primera vez. Durante siete días no habían tenido contacto alguno. Tiempo en el que Ana dudo de volver a las clases. Tomo la decisión, tras mucho meditarlo, de faltar a la clase de la semana anterior. Con la idea de cortar y no ver más a María. A pesar del maravilloso sexo y la complicidad, se sentía rara, culpable y en falta.

Al día, la veinteañera, recibió un correo electrónico de su profesora (para ella ex-profesora) con las simples dos palabras de “Vuelve Ana”.

Esas solas palabras le hicieron gritar de alegría y casi saltar. Tanto, que su hermana le preguntó qué le pasaba. No pudo contenerse y la abrazó con fuerza mientras le decía “María me quiere de vuelta, María no me cortó, ¡María me ama!”.

A ella no pudo evitar contarle lo sucedido con la profesora. Después de que la hallara, tras varios minutos, de estar sentada con las piernas apoyadas en el pecho y mirando el mismo metro cuadrado de pared blanca.

En cambio a sus padres no les había contado. No por que fueran a rechazar su homosexualidad. Si no que, como a todos los padres, les costaría asimilar la idead de que su “pequeña princesa” tenía algo llamado “sexo”.

La joven (más bien “la más joven” ya que la profesora aun lo era) vivió con gran ansiedad, cada uno de, los seis días antes de poder volver a ver a su profesora.

Normalmente demoraba cinco minutos en bañarse. Pero la noche anterior había demorado quince. Mientras estaba debajo de la ducha no pudo evitar bajar su mano hasta su pelvis. Cerró los ojos e imaginó la sonrisa de la mujer, su belleza, delicadas manos y su abultado pecho, mientras se masturbaba debajo del agua cálida. Fue un orgasmo delicioso.

Con la clase ya concluida, María invitó a Ana a tomar té. Ambas se sentaron en el sofá mientras, entre sorbos, charlaban de temas mundanos (el clima, la política, la música).

Al terminar la pupila se desperezo. Por lo que su maestra le sugirió que se recostara. Ella lo hizo recostándose…en las piernas de la otra mujer. Durante un rato, la treintañera se dedico a acariciar el rostro y cabello de la veinteañera.

Cuando la alumna tenía los ojos pesados, teniéndolos más tiempos cerrados que abiertos, la profesora tomo una de las tazas de té vacía y la miro. Levanto una ceja como si hubiera descubierto algo.

-No le puse leche al te-Comento la mujer.

-Mmm…-Fue todo lo que respondió la chica.

-¿Te gustaría un poco de leche?

-Mmm… sí… no estaría mal-Levanto su mano y la apoyo en el pecho izquierdo de María.

La maestra le siguió el juego a su pupila. Abriéndose la camisa y quitándose el corpiño/sostén (que termino tirado en el suelo) dejando al desnudo su pecho izquierdo.

Tras contemplarlos un momento, mientras le subía la temperatura, Ana se acerco y se prendió, con la boca, al seno como un niño al de una madre que le amamanta. Chupaba y apretaba con la boca. No salía leche… ¿pero qué importancia tenía?

La mujer se acomodo mejor. Tomándola entre sus brazos y apoyando su mano izquierda en la nuca de la chica. Tras un rato desnudo su otro su otro seno. Sus pechos eran de talla generosa, blandos y de grandes pezones.

-Ahora el otro-Le pidió María a Ana con suavidad. Ella obedeció y se prendió al otro pecho.

La mujer echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Sentía como le chupaba y lamia el pecho. Recorriendo con la lengua alrededor del pezón. Empapando en saliva. Sus labios y alientos eran cálidos. Sus manos tibias le tocaban y apretaban ambos pechos.

A cada segundo que pasaba su vagina se humedecía más. Se excitaba más. Empezó a gemir y a decir el nombre de su alumna-amante “Ana, Ana, Ana,…”.

No pudo resistir bajar una hasta debajo de la bombacha/bragas de su pupila para masturbarla. Al comenzar se prendió a su pecho con más intensidad y apretujar, ambos, con más fuerza.

María bajo la mirada y se cruzo con la de Ana, cargada de lascivia. Mientras la mano derecha de la más joven le tomaba el pecho izquierdo y la boca con la aureola y piel de alrededor dentro. Mientras la mujer la masturbaba.

Cuando la maestra llego al orgasmo apretó con fuerza el pubis de su pupila. Ella gritó un poco. Se dio cuenta del orgasmo de la más joven cuando esta, de repente, hundió su rostro entre sus senos gimiendo.

Cuando el éxtasis de ella había acabado, quitó la mano de debajo de la ropa interior de su amante. Notó que los dedos estaban mojados y los chupó.

Ana aún tenía la cabeza hundida entre los pechos de María. Con la máxima suavidad y lentitud del mundo le separó el rostro de su pecho. Dedicaron un rato a mirarse para después unirse en un beso.

Se besaban con intensidad. Una se sorprendió al sentir la lengua de la otra dentro de su boca, y le correspondió. Se abrazaron con fuerza y se acariciaron la una a la otra.

Ana cortó el beso, solo lo suficiente, para abrirse la prenda superior y tirar su corpiño/sostén al costado. Quería sentir sus senos contra los de María. Pecho contra pechos, latidos contra latidos, calor contra calor, mujer contra mujer.

Se siguieron besando mientras cada par de manos recorría, de arriba a abajo la espalda de la otra. El corazón les latía a mil a ambas.

En el último momento la maestra-amante tomo con fuerza el rostro de su pupila-amante. Le dio un beso tan largo que casi la dejó sin aire. Cuando el interminable beso acabo juntaron sus frentes y cerraron los ojos. Solo se escuchaba la respiración de las dos.

María por fin hablo.

-Nunca, nunca jamás creas que puedo llegar a estar molesta contigo.-Ana abrió los ojos y miro sus bellos ojos, su hermosa mirada- Eres tierna, eres amorosa, eres dulce, eres amable, eres inteligente, eres tan buena. Me gusta charlar contigo. Me gusta escuchar tu música. Me gusta tanto ser tu profesora. Me gusta tanto tenerte cerca… Me gustas tanto. -Remató esas palabras con otro beso en los labios.

-Vos también me gusta.-Respondió la pupila- Digo lo mismo de vos… Y me gusta ser tu amante y me gusta hacer el amor con vos.

Se sentaron lado a lado abrazadas, con sus pechos desnudos y el cabello revuelto.

-¿Sabes una cosa Ana? Después de tu turno tengo más alumnos. Pero hoy decidí decirles que no iba a poder darles clase.

-Claro. Ibas a estar muy, pero muy, ocupada.

-Si quieres puedo pasarte al último turno. Tendremos todos los días, después de clase, solo para nosotras dos… ¿Qué te parece?

-La verdad que no…Me queda bien este horario, no tengo ganas de tener clases más tarde. Además no quiero que hacer el amor, con vos, se vuelva una rutina horaria, como una clase.

-¿No te gustan mis clases?-Pregunto sorprendida la mujer.

-¡¿Qué?! Obvio que me gustan tus clases. Pero me gusta más hacer el amor.

-En ese caso, lo haremos más desestructurado.

-Como tiene que ser. El sexo debe ser sin rutinas ni reglas.

-Detalle…entre vos y yo habrá una regla al tener relaciones.

-¿Cual?-pregunto la chica levantado las cejas.

-Que la pasemos muy bien las dos.

-Jajaja.

La profesora de piano pasó un brazo por detrás de los hombros de la joven. A lo cual ella apoyo la cabeza en el hombro de ella y María su cabeza sobre la de Ana.-La próxima ves que nos veamos, si podemos, me gustaría hacer el amor en la ducha. Bajo la lluvia de agua caliente.

-¿Después de que me enjabones?

-Por supuesto

-¿Sexo oral?

-También.

-En ese caso más me vale estar atenta a mi correo electrónico-Dijo en tono jocoso.

María le dio un beso en la mejilla a Ana. Apoyó su frente en la cabeza de ella. Y dedicó el siguiente rato a oler el aroma perfumado de su cabello.

 

La entrada La Profesora de Piano 2 aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.

La Profesora de Piano

Tras mucho desearse mutuamente. Una profesora de piano y su alumna pueden, por fin, darse placer mutuamente.

En un departamento suena música, se puede oír desde la vereda de enfrente, proviene de un piano. Quien lo toca es Ana, una joven menuda de unos 21 años de edad, bajo la guía de María su profesora, de 31 años.

María observa a su alumna. Su mirada se posa en sus manos tocando, correctamente, las teclas y emitiendo una música acorde a las partituras. De momento no tiene ninguna corrección de importancia para hacerle.

La profesora dedica a mirarle las manos a la chica. Pero, ya no, como las manos de una pianista si no como las manos de una mujer. No observa los movimientos, sino la feminidad de sus dedos. Podría tomarle las manos, con la excusa de hacer alguna corrección, y disfrutar del tacto, del calor de sus dedos. Pero hacía tiempo que no lo hacía y temía quedar en evidencia.

Cuando Ana terminó de interpretar la pieza musical, María se puso de pie para mover las páginas del libro de partituras, que estaba encima del piano, y elegir una nueva pieza musical.

Mientras su profesora corría las paginas, Ana no pudo evitar mirarle el escote. Desde la primera vez, hacía algunas semanas, que la había visto usando una remera sin mangas escotada, esa visión se le hacía irresistible. Mantuvo la mirada clavada en el pecho de su profesora hasta un segundo antes que volteara la mirada hacia ella.

María le pidió que por favor interpretara las partituras que acababa de elegir. Mientras su alumna las leía y se preparaba, ella se puso de pie y se ubicó detrás de Ana. Mientras tocaba el piano, la mujer se sintió tentada de apoyar sus manos en los hombros de la joven, aunque fuera un instante para comentar algo…pero no, no debía y no podía hacerlo. La profesora puso las manos detrás de la cintura. Y se dedicó, como debía hacer siempre, a escuchar y ver a la joven como una alumna más.

Al terminar la pieza María felicitó a Ana, y le dijo que ya se podía ir, que la clase había terminado. La chica se puso de pie y no pudo evitar sonreír a su profesora. Acercó su rostro al de ella y le dio un suave beso en la mejilla izquierda, a modo de despedida. Su piel era tibia y tersa, hacía que su deseo por la mujer no hiciera más que crecer. Fue un segundo, pero un segundo hermoso.

Mientras la veía dirigirse a la puerta de salida, María se dejaba llevar por el calor del beso que le dio. Para ella Ana era dulce, graciosa, educada, y amorosa. Había terminando aceptando que la deseaba como cualquier ser humano puede desear a otro. Podía decirle algo al respecto o no, podía hacer algo en ese momento o esperar a mas adelante, podía hacer algo más adelante o nunca. ¿Qué hacer?

-¿Ana?-Le dijo en tono casi imperceptible. La aludida se volteó y la miró.

-¿Sí, profesora?-

-Mmm…No hace falta que seas tan formal Ana. Somos casi como dos buenas amigas, que una le enseña algo a la otra.

Mientras María se quedaba callada (no sabía qué decir). Ana la miraba y la añoraba para sí. Tras un momento de silencio, la mujer se lleva una mano al pecho y, por fin, pudo decir:

-Te quiero, Ana- No pudo evitar sonrojarse y agachar la mirada. Le ardía el rostro y empezó a sudar. Ni que fuera una adolescente.

-Yo también…Sos muy agradable María. Es un gusto ser tu alumna.

-Sos un amor ¿Puedo abrazarte?-

-…Si…obvio.

María se acerca, le rodea con los brazos y la abraza. Al separarse nota como Ana miraba su cuello y bajaba un poco la mirada. Está algo tensa.

Ana acerca su rostro al cuello de la mujer…Se detiene y la mira a los ojos…Cierra los ojos y acerca más su rostro…Está a pocos centímetros del cuello…Llega y comienza a besarle el cuello. María responde acariciándole el cabello.

La boca de Ana sube por el cuello hasta la mejilla. Separa sus labios del rostro de la treintañera, esta nota cómo los labios de la más joven tiemblan, sabe lo que quiere hacer…Le da el “sí” con la mirada. La pupila toma el rostro de su maestra con las manos y besa con fuerza sus labios. Ambas cierran los ojos y se dejan llevar por la sensación. Ana hacía mucho que quería hacer esto ¡Y lo está haciendo!

María se separa de ella y la toma de las manos para guiarla a un sofá que hay en la habitación. Antes de llegar, y para su sorpresa, Ana la empuja haciendo que caiga de espalda sobre el mismo. La chica se tira sobre ella y continúa besándola. Baja hasta su pecho. María sabe lo que quiere hacer y se lo dice: “soy toda tuya”.

La chica le hace caso y le quita la remera sin mangas escotada. Mira su corpiño y se lo quita lentamente. Ahora, los generosos senos de la mujer están totalmente al descubierto. Ana hunde su rostro entre las tetas de ella, la mujer se ríe. La chica comienza a besar entre ellos. La treintañera lleva sus manos a la nuca de la joven mientras comienza a lamerle el seno izquierdo. La profesora cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás. Su alumna hace de todo. Primero lame su seno izquierdo y después lo chupa y trata de metérselo lo más que puede en la boca. Segundo hace lo mismo con el seno derecho mientras su mano derecha recorre el izquierdo. Y tercero toma ambos senos con las manos mientras, alternando, lame y chupa un seno a la vez. Para María es como si quisiera amamantarse. Le parece tan tierno, y le excita tanto…

Ana considera que una sola boca y dos manos es poco. Le cuesta abarcar esos generosos senos; pero, por fin, están a su merced después de tanto tiempo soñando con ellos…y de masturbarse bajo la lluvia pensando en ellos. Con las manos junta lo más que puede ambos pechos para poder chupar, a la vez, ambos pezones. Lo hace lo mejor que puede y, lo suficiente, para excitar a su maestra. María desliza sus, hasta ahora pasivas, manos por la espalda de su pupila. Hasta llegar a la parte baja y meterlas por debajo del pantalón de Ana y tomarle ambos glúteos. Lo cual hace que esta se detenga por un segundo y se muerda el labio inferior.

Siguen por un rato. Ana lamiendo, chupando, succionando y mordisqueteando las tetas de María. Y María apretando y acariciándole el trasero a Ana. Cada vez más excitadas. Hasta que…la alumna tiene un orgasmo. La joven hunde su rostro entre los senos de la profesora mientras le vibra el cuerpo. María la abraza y estruja contra sí mientras aquella experimenta el mejor orgasmo de su vida.

Cuando acaba la más joven recuesta su rostro, apoyando una mejilla, sobre el pecho de su maestra como para quedarse dormida. Esta la acaricia y lleva, de vuelta, las manos a su trasero. Para ahora hacer que haga, con la pelvis, un movimiento de adelante hacia atrás frotándola contra su propia pelvis. Con ese movimiento, cargado de erotismo, María es llevada a lo más alto y alcanzando su propio orgasmo.

Con su pecho desnudo y su pupila recostada en su pecho. Sus senos empapados de saliva y besos. Sus manos aun en el trasero de ella. María cierra los ojos. Escucha la respiración de Ana mientras se va quedando dormida. Sube las manos y la abraza. Siente su calor y su afecto.

Y María se queda dormida.

La entrada La Profesora de Piano aparece primero en Relatos eróticos SexoEscrito.com.