Sexo intenso con Géminis

Nos conocimos en una comida de los amigos de un amigo, y enseguida adiviné la sesión de sexo intenso que me esperaba con él. Era un tipo tranquilo, una buena persona según decían todos, de pocas palabras pero muy amable siempre. Pero ellos no podían ver lo que yo vi.

Cuando sentí su mirada por primera vez, estaba sentado casi en un rincón del cuarto y era como sí me estuviera toqueteando toda con la mirada. Las tetas, las nalgas, el coño. Pude sentir como mojaba la tanga solo de ver la lujuria en su mirada. Iba a cogerme y yo lo sabía, solo tenía que esperar. La idea de que este hombre, que parecía ser el más dulce y reservado, tenía una cara oculta llena de vicios y placeres, me excitaba aún más.

Algunos habíamos decidido quedarnos en casa de los anfitriones a dormir. Ya muy cerca del amanecer me levanté con cuidado para no despertar a nadie y fui a la cocina a por agua. Fue cuando me lo encontré. Solo llevaba unos boxers y pude ver su amplio pecho y sus brazos, y la creciente erección que hacía que me pusiera más caliente.

Sexo intenso al amanecer…

No me dijo nada pero su media sonrisa llena de perversidad delataba que el sexo sería muy intenso. Se acercó a mi y me acorraló contra el refrigerador. Me beso con una intensidad casi animal. Sus manos fueron directo a mis senos y a mi coño, solo tenía que hacer a un lado la tanguita que ya estaba empapada de mis jugos y meter la mano bajo mi playera.

Mientras apretaba mi pezón, deslizó un dedo dentro de mí para comprobar qué tan mojada estaba. Ahogué un gemido mordiéndome la mano. Estaba sobre mí como un animal salvaje, tallando su verga contra mi pierna mientras me masturbaba para hacerme venir.

En cuanto sintió mi orgasmo metió el dedo lo más profundo que pudo, levantándome unos centímetros del suelo. Me estremecía sin poder controlar y este macho lo estaba disfrutando terriblemente. Cuando terminé me volteó contra la pared y sin más, sacó su verga y la deslizó hasta lo más profundo de mi coño. Sus manos en mi cadera me detenían casi como garras. Era sexo intenso en su más pura expresión animal.

Mis senos se tallaban contra la fría pared mientras este hombre/animal me cogía en toda la extensión de la palabra hasta hacerme correr otra vez. Tomó mi cabello y me arrastró al baño, cerrando la puerta tras nosotros. Extendió una toalla y se sentó en la taza cerrada, dejando su gruesa verga llena de mis jugos al aire. Obedeciendo una orden no dicha, me acerqué y la metí en mi boca. Sus manos tomaron mi cabeza y empezó a follarme la boca, metiéndose hasta el fondo.

Mientras se la estaba mamando, bajé la mano a mi entrepierna para masturbarme. Estaba en cuatro patas y solo abrí un poco más las piernas para poder alcanzar mi clítoris, inflamado por el placer de hacía unos minutos y a la espera de la siguiente embestida. Me toqué toda mientras lo escuchaba gemir muy suavemente de placer. Estalló en mi boca al mismo tiempo que yo me corría en mis dedos. Levantó mi cara para verme a los ojos mientras me tragaba su leche.

Tomó mi mano, con la que me había masturbado, llena de mis jugos  y la llevó de nuevo a su verga bien mojada por mi saliva, aún medio erecta después de venirse, y me hizo masturbarlo para ponérsela dura otra vez mientras sus manos jugaban con mis pechos. Entonces me acostó sobre la toalla y levantó mis piernas para recargarlas en sus hombros, rozó con sus dedos desde mi culo hasta mi clítoris. La posición hacía que todo quedara expuesto para que lo inspeccionara hasta estar seguro de que estaba lista, entonces se volvió a clavar en mí hasta el fondo.

Tirada en el piso del baño mientras estaba siendo salvajemente follada por este hombre, que no me había dicho una sola palabra en toda la noche, me vine una y otra vez, ahogando los gritos en una toalla de mano mientras lo escuchaba gruñir por lo bajo junto a mi oído mientras su verga me abría completa.

Se levantó bruscamente y me hizo parar frente al espejo, recargada en el lavamanos. Podía verlo atrás de mí, podía sentir cómo sus manos recorrían mis nalgas y sus dedos acariciaban mi culo. Metió un dedo para abrirme. Cerré los ojos para disfrutarlo y sentí cómo me jalaba el cabello, quería que viera cómo me iba a coger por el culo. Puso la punta de su verga y empezó a empujar suavemente, no me soltaba del cabello. Sentí como la metió toda, hasta que sus bolas tocaron mis muslos. En el espejo podía ver como mis tetas se movían siguiendo el ritmo de sus movimientos, podía verlo viéndome, disfrutando poseerme. Vi mi expresión al terminar otra vez, el grito de placer ahogado y su cara cuando volvió a descargar todo su semen en mi, escurriéndose por mi culo hacia mis muslos. Se recargó en mi unos segundos, acariciándome las tetas todavía y recuperando la respiración. Después, simplemente se guardo la verga llena de mi y salió del baño sin decir nada.

Salí tambaleante del baño y lentamente me deslicé hacia la recámara donde estaba él y abrí la puerta. Lo encontré tumbado en la cama desnudo. Me miró fijamente y de nuevo vi esa media sonrisa perversa que me volvía loca. El sexo intenso aún no había terminado…

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Mi primera vez de sexo con un desconocido

Quiero contarles una historia que cambió mi forma de vivir el sexo.

Cuando tenía 18 años, iba caminando por la calle de los cines, cuando un tipo cuarentón me interceptó y me invitó a tomar un café. Tan tierna como era yo, huí de él. No era virgen, el sexo me encantaba pero la idea de tener sexo con un desconocido, me asustó. Lo rechacé y, como tenía que hacer tiempo para una cita, decidí entrar al cine a ver una película que ya ni recuerdo cuál era.

Entré a la sala de cine y me senté en la penúltima hilera porque quería asegurarme que nadie se me acercara. Me acompañaban unas 5 personas más, sentadas bastante lejos de donde estaba yo.

No sé cuándo el tipo entró, pero sentí que alguien se acercaba a mi oído desde atrás y me decía, con voz ronca, que no había podido dejar de seguirme. Que en cuanto me vio su poya se había parado y no había podido dejar de imaginar mis pezones endurecidos por sus caricias y mi vagina humedecida por su saliva y mis jugos de excitación, que su instinto le había dicho que yo era una salvaje.

Yo sentí que mi cuerpo estaba pegado a la butaca y no pude moverme. Por un lado me excitó imaginar lo que el tipo sentía, por el otro me asustaba la situación. Estaba tratando de despejar las telarañas de deseo y decidir irme cuando sentí su húmeda lengua en mi oreja. Fue como un rayo directo a mi vagina que enseguida se humedeció. Sentí un gemido a lo lejos y me di cuenta que era yo la que lo había emitido.

Sexo con un desconocido en el cine

El tipo aprovechó ese momento para bajar sus manos y jugar con mis pezones sobre la blusa. Se dio cuenta que estaba sin corpiño y emitió una risa de placer. Obviamente se endurecieron al instante y todo mi cuerpo se tensó. Su lengua y sus manos estaban haciendo estragos en mis nervios. Cuando vio que estaba suficientemente excitada y no iba a huir pasó por arriba de los asientos. Horrorizada, vi que se hincaba delante de mí y adelantaba mi cadera. Me sentía como marioneta en manos de un titiritero. Empezó a jugar con un dedo sobre mis bragas, abrió mi blusa y empezó a lamer uno de mis pezones. De pronto su dedo estaba dentro de mi vagina. Dejó mis pezones y comenzó a lamer mi clítoris. Dos de sus dedos entraban y salían de mi vagina. Luego de unos instantes, se aventuró a lamer mi ano, sin dejar de tocar mi clítoris y jugar con sus dedos. Yo había perdido noción del tiempo y del lugar, la telaraña de la excitación me tenía totalmente atrapada. Sentí que introducía un dedo en mi culo y los movimientos entre clítoris, vagina y ano hicieron que estallara en un orgasmo que me arrancó un grito que fue acallado por su mano. Sentí que me faltaba el aire y el orgasmo se alargó. Pareció eterno y un instante a la vez. Cuando estaba bajando de ese maravilloso momento, me vi arrancada de la butaca e hincada en el piso, ya sin pensamientos de cordura comencé a chupar su pija dura y caliente.

Agarró mi cabeza e hizo que la tragara entera. Yo era buena en eso y atendí sus testículos, besé, chupé y tragué toda su poya hasta casi hacerlo estallar. Cuando se dio cuenta de que estaba por eyacular me levantó y me sentó en su falda, de espaldas a él, e introdujo su poya dura en mi vagina, que se la tragó de una sola vez. Con sus manos tocaba mi clítoris y volvió a mojar e introducir, primero uno y después dos dedos, en mi ano. Me hizo mover de nuevo y de pronto, estallé en otro orgasmo.

Me levantó y metió su poya en mi culo, me hizo apoyar las manos en el asiento de adelante para que mi cadera se levantara un poco y comenzó a arremeter con violencia una y otra vez mientras estrujaba mis tetas y me subía y bajaba, hasta que llegó su orgasmo, increíblemente, yo volví a correrme con él. Nos  tiramos los dos hacia atrás. Él siguió tocando mis tetas y mi clítoris. Yo estaba rendida y a pesar de haberme corrido 3 veces, aún me sentía excitada. Con el cuerpo comencé a seguir el juego de sus dedos, se rió en mi oído y con una voz muy sensual me dijo que no se había equivocado su instinto al creerme insaciable. Metió su lengua en mi oído, jugó con su mano en mi clítoris, siguió metiendo y sacando sus dedos en mi coño hasta que volví a correrme.

Quedé tirada sobre él y comencé a bajar a la tierra. Se dio cuenta de que se había acabado la magia y me ayudó a abrocharme los botones de la blusa y a acomodar mi falda. Mis bragas habían desaparecido y en la oscuridad del cine no pude encontrarlas. Avergonzada, no volví a mirarlo. De reojo vi que se acomodaba la ropa. Se acercó a mí, me tocó sensualmente, me dio un beso en la mejilla y me dijo que esperaba que el destino volviera a encontrarnos para gozar nuevamente de un momento como ese. Me dio las gracias y se marchó.

Lo vi marcharse, la vergüenza por lo que había hecho me golpeó de pronto, ya estaba sola y me sentí abandonada y perseguida. Salí de la sala, prácticamente corriendo. Mientras caminaba por la calle, me sentía sensual sin las bragas, y parece que lo transmitía porque varios tipos se me acercaron a decirme cosas.

Esa noche no podía dejar de recordar lo sucedido y volví a ponerme cachonda. No iba a encontrarme con mi novio esa noche pero lo llamé y con algunas frases insinuantes logré que se viniera a casa. Esa noche hicimos cosas que nunca le había dejado hacer pero esa historia se las cuento después.

Hasta la próxima.

Pruvie

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