Primer relato erótico

Bueno, yo entré a esta página de relatos eróticos porque me gusta leer relatos XXX de experiencias reales. A veces hay quienes pueden ver lo que estoy viendo en mi computadora, y como me gusta ver vídeos porno, no puedo hacerlo a todas horas porque me daría vergüenza si se dan cuenta de lo que estoy viendo, pero leer historiasContinuar leyendo »

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La Primera vez de Loreto

Loreto había sido una niña con mucha confianza en sí misma, siempre el centro de su mundo, todos la querían y hacían su voluntad. Ella siempre fue más amiga de los niños que de las niñas y en definitiva siempre supo que le atraía una clase muy específica de hombre. Pasaron los años, Loreto se convertía día con día enContinuar leyendo »

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Relatos XXX: Evolución de mi Señora PRIMERA PARTE

Tengo muchos años de estar con mi mujer. De hecho, comenzamos desde que ella era bastante joven, siendo yo mayor que ella.
Yo no sabía que cuando todavía no era mi novia, salía con sus vecinos a la calle y en algún momento, debido a sus edades, dejaron de llegar a sus casas a la hora que sus padres querían, tardando más de lo habitual debido a la exploración de nuevos límites en su sexualidad.

Ahí, los juegos dejaron de ser simples besitos para pasar a ser algo más en los que ella era la protagonista. Primero se turnaban. Se iba uno de ellos con ella a un rincón de un desvencijado y abandonado edificio y al principio tan solo se besaban torpemente. Primero uno, y luego otro. Y así, todas las tardes, en un momento dado, dejaban sus juegos infantiles para ir a besarse con ella, complaciente para todos.

En algún momento, alguno de ellos la comenzó a tocar en sus infantiles pechos que apenas comenzaban a brotar. Aunque ella se resistía al principio, su resistencia no era muy efectiva ni era muy convencida, así que uno de ellos tuvo acceso a sus pechos.

Sin que ella lo supiese, ese chico lo comentó a los demás, y pronto todos buscaban tener acceso a sus pechos. Al igual que con el primero, ella se resistía un poco pero sin mucha convicción. En poco tiempo, tocar, manosear y besar sus pechitos ya era parte de la rutina y ella ni se oponía ya.

Después, uno de ellos, que pudo haber sido el primero en tocar sus pechos o quizá pudo haber sido otro, comenzó a tocarle el sexo. Aquí, la resistencia inicial fue más enérgica que cuando tocaban sus pechos las primeras veces, pero terminó siendo ineficaz. Al poco tiempo, todos la tocaban toda. Como esos juegos escondidos se comenzaron a dilatar un poco más, casi todos comenzaron a tener problemas en sus casas.

Los castigos que resultaron para muchos, y afortunadamente no para todos, no la incluyeron a ella porque en su casa no notaron nada inusual, provocaron que ella, por las noches, sintiera urgencias que no sabía resolver, pero que resultaban en tremendas humedades en su intimidad y que accidentalmente descubriera algún alivio al tocarse…

Más que una jovencita, la protagonista de relatos XXX

Sin embargo, en poco tiempo aquellos juegos se reanudaron en aquel oculto rincón. Pero algo había cambiado. El hecho que ya todos tenían acceso a su vulva, sumado al hecho que todos debían apurarse para que no notaran sus ausencias, produjo que en algún momento, los demás se asomaran a invadir la privacidad que tenía cada uno para besarse con ella y con tocarla a discreción.

Así que por necesidad primero, empezaron a asomarse y a ver cómo el chico de turno la manoseaba y cómo ella se dejaba.

¿Consecuencia? Empezaron, primero dos o tres, a manosearla, todos al mismo tiempo, y ella respondió al estímulo de un ataque grupal de manera favorable al deseo que todos sentían.

Así que, todas las tardes, ella podía ser encontrada en las ruinas de un edificio cercanas a su casa, desnuda, con varios chicos de su edad semidesnudos y otros masturbándose en público, mientras todos la tocaban.

La inexperiencia y torpeza de todos ellos protegió de momento su virginidad, porque aunque hubo uno o dos que intentaron montarla, los nervios de todos impidió que se concretara la penetración que fallidamente intentaron.

De más está decir que semejantes cambios en aquellos juegos provocaron tremendos cambios en las urgencias y necesidades que sentía ella durante la oscura soledad del momento de dormir, todo un mundo con el que escribir miles de relatos XXX.

¿Cómo la llevaron esos juegos a ella hacia mi cama? Podrán saberlo si leen esta primera parte de esta serie de relatos XXX. ¡Espero vuestros comentarios!

 

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Le follé el culo a mi mejor amiga

Un día mi mejor amiga me habló, teníamos días sin vernos, sin hablar uno al otro debido a diferencias entre ambos, hasta que ella rompió el hielo y me marcó. Ese día, mis padres habían salido de viaje y me quedé solo en mi casa, observando en mi recámara, pensando en el motivo de mi separación con mi novia, cuando de repente ella marcó.

Citla: ¡hola! Ya no me quieres, ¿verdad?

Yo: por supuesto que te quiero.

Ella, riendo me dijo:

-Necesito verte, quiero abrazarte, acabo de terminar con el tarado de mi novio.

Yo: ¿en serio? Pues vamos a vernos.

Tras una conversación le follé el culo

Salí de mi casa en la madrugada, para que platicáramos, llegue a su casa y todos sus perros ladraban, nunca imagine que ella se escaparía de su casa, y corriendo me dijo, vámonos, caminamos unas cuadras hasta que encontramos un lugar solitario para platicar, mientras platicábamos ambos teníamos frío, así que nos abrazamos…

Al buen rato nos quedamos mirando fijamente y nos empezamos a besar, soy sincero: solo quería estar con alguien en ese momento queriendo olvidar, y arrancar el enojo que traía… ¡Lo mismo sucedía con ella! Pero no esperaba terminar desnudándola, viendo su cuerpo bajo la luz de la luna, y sentir cómo mi pene se ponía más y más duro.

Era mi amiga, pero la verdad tenía unas piernas, unas nalgas riquísimas. Sin duda alguna, tenía unas tetas que no pude resistirme, y me quité el pantalón y el de ella, y empezó a mamar mi verga.

Como no llevé condón, le follé el culo, su riquísimo culo. Aún recuerdo que la nalgueaba y mis manos quedaron pintadas en sus nalgas, me fascinó mamarle su sapito. En realidad nunca imaginé que mi amiga era toda una mujer, ni mucho menos que cogiera tan rico, y no importó el lugar, pero ella se movía que uffffffff…. solo sentía el calor de nuestros cuerpos jugando y el momento en que ella mojó mi pene, ¡fue lo más rico que un hombre puede experimentar!

Perdóname amiga, sabes que te quiero… pero me fascinó el sabor de tus senos, el color de tus nalgas y el ruido que hacías mientras te follé el culo con mi verga… aún recuerdo los rasguños en mi espalda….

 

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De cómo empecé dándole clases a una compañera y acabé metiéndosela por el culo

Era el verano de hace 4 años, una compañera de clase había suspendido una asignatura, la cual yo mismo había aprobado con bastante buena nota, así que me pidió que la ayudara a estudiar para los exámenes de septiembre. Yo estaba en mi pueblo pasando el verano, pero venía todos los días a Madrid porque trabajaba de verano de portero en una finca, así que como estaba de mañana llegué al acuerdo con ella de que después de comer me pasaría por su casa para darle clase.

Así lo hice, y así fueron pasando los días. Esta chica siempre había sido cariñosa conmigo, y cuando dábamos clase, a lo mejor me ponía una pierna encima mientras hacía algún ejercicio o me pasaba una mano por los hombros o alguna cosa así, hasta que un buen día, cuando llegué a su casa, me abrió la puerta vestida muy ligerita, tan solo una especie de top muy suelto que dejaba adivinar sus tetas, bastante grandes y apetecibles, y unos shorts de tela de estos que se ve la mitad del culo. Aquí ya empecé a sospechar, porque habíamos tenido nuestras confidencias y sabía que, aunque me parecía de guarras, me ponían muchísimos esos pantaloncillos enseñaculos. Como todos los días, me tenía preparada una botella de nestea bien fría, así que primero pasamos a su cocina para beberme un vaso rápido antes de empezar con los números. Cuando me puso el vaso, al cerrar la botella, se le cayó el tapón al suelo, y al agacharse a recogerlo, se le apretaron mucho los shorts en la piel y pude adivinar que llevaba un tanga de triangulito, que en alguna ocasión también había comentado que me gustaban. Aquí ya tuve que disimular para que no se me notara la polla, que se estaba empezando a hacer notar con un bulto serio. Me puse la mochila delante, terminamos con la bebida y nos fuimos a su cuarto a dar la clase, como siempre. Me di cuenta de que estaba sola, cosa que me extrañó, ya que sus padres son muy católicos y son de los de dejar la puerta abierta mientras está con un chico en casa y de no dejarla sola.

Dimos la clase, yo bastante cardíaco por su ropa y por la forma que estaba teniendo de tocarme y actuar ese día, que al principio no di importancia ya que las achaqué al calentón que tenía por la escenita de la cocina. Por fin terminamos la clase, yo estaba sentado en una silla en su cuarto de espaldas a la puerta esperándola, ya que ella había salido un momento al baño o algo así, estaba con los ojos cerrados abanicándome (hacía un calor horrible aquel año y ni con la ventana abierta de par en par hacíamos casi nada) y, de repente, noto que me empieza a tocar los hombros. Hasta aquí nada raro, porque la finca donde trabajaba era muy pija y yo muchas veces llegaba a su casa con mucha tensión en el cuerpo, y no era la primera vez que me daba un masaje. El susto me lo llevé cuando noto que me empieza a besar y a chupar muy sensualmente el cuello. Aquí abrí los ojos y dije en voz alta:

-“¿Qué haces Nunu?” (La muchacha se llama Nuria).

-“¿Qué pasa que no te gusta?”

Y según estaba diciendo esto, dio la vuelta hasta ponerse delante de mí. Dios, nunca me podré olvidar de esa imagen. Una chica pelirroja, con los ojos verdes más bonitos que yo he visto en mi vida, con unas tetas espectacularmente bien puestas y un cuerpazo alucinante, de pie delante de mí solo con un tanga rojo.

Me fui a levantar de la silla, pero ella se me adelantó y empujándome suavemente por los hombros me obligó a volver a sentarme, al tiempo que se ponía de rodillas delante de mí. A esas alturas no tenía fuerzas para resistirme a nada, y menos aún a lo que iba a pasar. Yo estaba con una erección de caballo y ella de rodillas casi entre mis piernas, me acariciaba la polla con la mano por encima del pantalón con una sonrisa pícara. Sin cambiar la expresión de su cara, me bajó la bragueta, metió la mano y esquivando mi bóxer me la sacó y se la metió en la boca entera. Qué mala es. Sabía que me encantaban esas mamadas profundas por nuestras interminables charlas sobre el sexo con nuestras respectivas parejas, igual que lo del tanga y los shorts culeros. Se metía mi polla en la boca y se la sacaba, subiendo y bajando la cabeza, rodeándomela con esos labios gruesos que tiene, masturbándome con su boca, de repente, empezó a subir el ritmo y a mover la cabeza cada vez más deprisa, se la sacó de la boca y me dijo:

-“No te corras aún, que tengo otra sorpresa para ti”.

Metiéndosela por el culo a petición propia

Y antes de que pudiese decir ni media palabra, se la volvió a tragar enterita moviendo la cabeza arriba y abajo como si le fuese la vida en ello. Yo estaba a punto de correrme y ella al darse cuenta, paró, se sacó mi polla de la boca brillante de su saliva, se puso de pie y cogiéndome de la mano, me hizo levantarme detrás de ella. Cuando llegamos a la puerta de su habitación, se bajó el tanga y se agachó diciéndome:

-“Nunca he follado por el culo, quiero que tú seas el primero que me la mete por ahí”

-“¿Estás segura?”. -Le pregunté muy cachondo, pero con cierta preocupación, porque no las tenía todas conmigo de no hacerla daño, debido al considerable grosor de mi pene.

-“Sí, sí. Métemela, despacio, pero hazlo”.

Después de decirme esto, la hice un breve masaje en el ano con mis dedos, metiéndole algunos para dilatárselo un poco, hasta que decidí acercar mi polla a su culo y, apoyando primero la punta, le oí decir:

-“Métemela ya”.

Empecé a metérsela, primero despacio, hasta que le entró la punta. Ahí me detuve un poco para que se le acostumbrase, porque aunque no se quejaba, notaba cómo su cuerpo se tensaba y sus manos se crispaban. Cuando se relajó, le metí otro poco y repetí el mismo proceso que antes, y así hasta que la tenía metida entera dentro de su precioso y caliente culo. Cuando la tenía toda dentro, giró un poco la cabeza y entre jadeos me dijo:

-“Ya no me duele, fóllame de una vez”.

Dicho esto, empecé a bombearla, suavemente pero con firmeza y noté cómo su cuerpo se tensaba ante mí y cómo gemía y se retorcía de placer, igual que yo, que apenas me tenía en pie, debido al placer de estar metiéndosela por el culo a una de las mejores chicas que conocía. Poco a poco, fuimos subiendo el ritmo, hasta que yo la dije:

-“Me voy a correr preciosa”.

Cuando le dije esto, se separó de mí sacándosela del culo y, girándose y mirándome con esa sonrisa otra vez, y su pelo rojo alborotado, se puso en cuclillas delante de mí y volvió a chupármela, esta vez usando las manos para empujársela mas dentro de la boca, hasta casi convertirlo en una garganta profunda. No tardé mucho en volver a estar a las puertas de la corrida, pero esta vez, después de decírselo no hubo ningún cambio, solamente subió el ritmo y me hizo correrme en su boca. Jamás había tenido un orgasmo tan sumamente devastador, ni me había corrido de una forma tan abundante. Recuerdo que se le llenó la boca y los últimos latigazos fueron a parar a su preciosa cara, que sonriente los recibía con los ojos cerrados y una expresión de satisfacción plena. Después de esto, fue al baño a escupir, porque nunca le ha gustado tragárselo, aunque siempre deja que se le corran en la boca. Cuando volvió, estuvimos un buen rato tumbados en la cama, desnudos, hasta que llegó la hora de que me fuese.

Estuvimos así todo el verano. Por suerte, ella aprobó el examen y yo pude seguir viéndola.

Este es mi relato erótico de cómo terminé metiéndosela por el culo a mi alumna. Es la primera vez que escribo algo en SexoEscrito.com. Agradezco las felicitaciones y también las críticas que estén dirigidas a ayudarme a mejorar mi forma de escribir. Espero que os guste.

 

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Ella

Cuando me encuentro con ella, siempre me besa de entrada, sube su mano hasta mi pelo recogido, y mete sus dedos hasta el fondo, por debajo del moño que forma mi pelo largo en la zona de la nuca. Luego presiona mi cráneo y mete su lengua hasta el fondo, lo hace con malicia moviendo la cabeza de un lado al otro. Con la otra mano sostiene mi hombro, siente mis músculos y se pega a mí… Eso es algo que ella hace apenas me ve; no le importa si estamos en un bus, en las calles, en la biblioteca, en su departamento, en lo de la Universidad, o en cualquier situación que nos una por más de treinta minutos.

Creo profundamente que, si ella hace eso, es porque cuando me clava su lengua, yo la rodeo por las caderas con mucha fuerza y la levanto hacia mí; luego acomodo mi rostro en su rostro, y la bajo suavemente, la arrincono a la primera pared o ventana que encuentro, y comienzo a atraerla hacia mí de la cadera e intento separarme, juego con su boca, juego a que la muerdo… luego, viene esa duda, esa cosa que nos hace dudar de todo aquello en lo que fuimos criados. Nos hace dudar del pudor, del sentido social de vergüenza, del porqué usamos ropa… pero la gente nos ve mal, los dos pensamos mutuamente: “envidiosos”.

Cuando estamos completamente solos y muy excitados, ella mueve el culo sobre mi pelvis desnuda con furia, de arriba abajo, utilizando solo sus braguitas, hasta que la detengo, la tumbo contra la cama, el sofá, el escritorio, o cualquier cosa horizontal, y nos ponemos a luchar por ver quién va primero. Cuando gano yo, me la mama de una forma intensa, cuando gana, le paso la lengua por toda la pelvis, chupando hasta el último pedazo de piel, entrando de esquina a esquina entre su vagina y ano; retorcerse es algo que a ella le gusta hacer cuando mi boca se dedica a su clítoris, y mis dedos a explorarla suavemente de izquierda a derecha…luego ya no nos aguantamos, ella trepa encima de mí, se arrodilla suavemente mientras los dos dirigimos mi pene a su vagina. Entonces entra al ritmo que deja caer sus caderas, y yo la tomo por los hombros y los pechos mientras empujo mi cadera hacia arriba, con todas mis fuerzas… por un breve instante no nos coordinamos, nos embestimos con gran fuerza; el instante precioso en el que nuestros cuerpos danzan siendo uno, en un mismo movimiento, ella toma mi pelo y lo atrapa con las dos manos apretándolo, yo estoy en Marte, no sé dónde está ella con su mente en ese momento, solo sé que ha aceptado chupar mi dedo pulgar con la intensidad de un bebé, cerrando los ojos y reprimiendo sus gemidos.

Luego, yo exploto en su interior, golpeando mi pelvis en su pelvis, levantándola, ella me muerde el dedo con malicia, luego se recuesta sobre mí, y me pide con voz de niña: “abrázame”.

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Sexo lésbico en la piscina

Aquel día, nuestra protagonista se levantó de muy buen rollo…No tenía motivo especial para ello, pero era uno de esos viernes de verano, en los que acabaría de trabajar a las tres, y se iría a la piscina a relajarse y seguramente a leer aquel libro que la tenía enganchada desde hacía unas semanas.

La mañana transcurrió más tranquila de lo normal, pues había mucha gente de vacaciones y, para colmo, era por fin viernes, con lo que la gente pensaba más en el finde que en el trabajo. Hacía mucho calor y tras tirar el bolso en el sofá, se dirigió a su habitación sacando un bikini rojo, y tras lavarse un poquito, coger una pieza de fruta, la toalla, una crema y por supuesto aquel libro, salió de su casa a la piscina de la urbanización en la que vivía. Normalmente era muy tranquila, pero aquellos días de verano, no había nadie, excepto el socorrista y algún vecino que como ella, no se iba a ningún lado.

Buscó un sitio en la pradera de césped y extendió su toalla. De ahí, a la ducha y al agua, fresca  reconfortante al principio y relajante minutos más tarde. Nadó como siempre unos largos, dejando que el agua se deslizara por su cuerpo y notando como avanzaba y como “rompía el agua”. Siempre la había  encantado nadar en piscinas en las que se encontraba a solas. Minutos más tarde, estaba tumbada, leyendo, mientras una de sus vecinas, se colocaba unos metros más allá, con la idea de desconectar del curro y tomarse una tarde de relax. El ruido de la ducha, hizo que nuestra protagonista (llamémosla…Alicia ) desviara la mirada por un momento, viendo cómo aquella vecina tomaba la correspondiente ducha antes de meterse en la piscina.

Tenía un cuerpo muy bonito, con una media melena morena, ahora empapada por el agua, y unos senos que si no estaban operados, sí daba la impresión de ello…No eran grandes, pero sí de una forma cuasi perfecta…..y siguiendo el curso del agua, ésta mojaba aquella braga del bikini, dando más forma a su impresionante culo, pues indudablemente, lo trabajaba en algún gimnasio, pues se notaba su dureza, y las formas eran de las que llaman la atención. Después de este minucioso repaso, Alicia volvió a subir su mirada y se posó en aquellos labios carnosos, que se entreabrían para dejar pasar algo de agua a la boca, y después echarla, como si de una fuente se tratar.

Aquello fue el detonante de que un calor fuera de lo normal surgiese de dentro de su cuerpo. Volvió la mirada al libro y siguió leyendo, pero en su cabeza seguían estando aquellos labios húmedos, y esa agua resbalando por ellos. Como si de una profecía se tratara, se juntaros todos los factores para darse aquel hecho. Nunca había tenido ninguna relación lésbica, aunque sí era cierto que alguna vez, con alguna de sus relaciones anteriores, había imaginado un trío con otra chica, e incluso, alguna vez que se había masturbado, sí se lo había montado con alguna amiga suya en alguna fiesta o en el baño de alguna discoteca.

Casualmente, y de ahí viene lo de la profecía, en aquel capítulo que leía, el protagonista del thriller miraba por una ventana cómo dos de sus mejores amigas empezaban a tener una relación en un sofá horas antes de que una segunda personalidad de aquel muchacho que miraba, las descuartizara a las dos. No entraba en detalles el libro, más bien eran frases escuetas, pero sí metía al lector en la situación…y vaya si metió a Alicia. Sin darse cuenta, una de sus manos empezó a rozar sutilmente uno de sus ya endurecidos pezones, sin preocuparse si su vecina la estaría mirando, pues el socorrista estaba en una posición en la que difícilmente la hubiese visto. Entreabriendo la boca, mojó uno de sus dedos con saliva, y volvió a recorrer sus senos, esta vez mojándolo y causando una mayor erección de los pezones. Miraba el libro, pero en su mente, estaba la boca de aquella chica joven, rozándole los pezones con su lengua, y soltando en ellos aquella agua de la ducha que minutos antes había estado viendo como entraba en la boca.

El sol le daba de lleno en todo el cuerpo, pues es sabido que las mujeres siempre se colocan para que el astro rey incida directamente sobre su cuerpo. Inconscientemente, entreabrió uno de sus muslos, y el sol hizo el resto…en cuestión de segundos, estaba lo suficientemente caliente por fuera….y por dentro.

La otra chica, después de llevar un rato en la misma posición, se volteó para dar color a su espalda, y fue cuando notó que aquella chica que estaba a escasos metros, mantenía un movimiento conocido también por ella. Lejos de apartar la mirada, se tumbó boca abajo, y disimuladamente, siguió mirando. No era una imagen obscena, pero sí muy sensual y muy, muy caliente. Alicia había dejado caer su mano hasta el ombligo, y ahora la metía por debajo del bikini, acariciando aquella fina línea púbica que se había dejado, en una obra exquisita de peluquería íntima. Uno de sus dedos, “el atrevido”, fue más allá, y bajó despacio hasta su sexo, mojándose por completo y turbando más si cabe, la mente de Ali. Desde la posición de su vecina, apenas se notaba e movimiento de la mano, de aquellos dedos, pero de sobra sabía ella lo que allí estaba pasando…y lo que también le estaba pasando a ella.

Alicia despertó un segundo antes de correrse allí mismo, y volvió a la realidad. Levantó la mirada, no vio nada extraño: el socorrista leyendo bajo la sombra de aquella gigantesca sombrilla, el agua como un plato de aceite y su vecina tumbada boca abajo, como si estuviese dormida. Pensó que el sofá sería un buen sitio para acabar el trabajito que había empezado, así que, cogió sus cosas y se levantó para irse. Al pasar al lado de la chica, la miró de reojo aquel culo, y notó como la calentura de su coño aumentaba sólo con mirarla.

-Joder…qué me está pasando?? Con lo que me gustan a mí las pollas y ahora estoy pensando en el culo de esta tía… – se dijo para sí misma.

El socorrista, aburrido de estar allí toda la mañana sólo, la abordó y le preguntó por su trabajo ( aunque lo único que quería era ligar con ella y ver más de cerca aquel cuerpo de escándalo que tenía Alicia).

Se tiraron casi 10 minutos charlando, tiempo en el que la otra chica, recogía sus cosas y se iba también para casa. Al pasar al lado de estos, un …- hasta luego!! Hizo que ambos volviesen la cara para contestar, y fijarse en aquel precioso culo. Alicia vio que se dirigía a su portal, y casi dejó al socorrista con la palabra en la boca, pues cuando su vecina abría ya la puerta, la gritó…. – espera, que yo también subo!!!

Amablemente, le sujetó la puerta, viendo cómo Alicia venía corriendo hacia ella. Era inevitable ver cómo aquellas tetas se movían, y aunque en otra circunstancia no se hubiese fijado, después de ver cómo se estaba masturbando frente a ella, era lógico que se fijase. Entraron al portal y Ali le dio las gracias, presentándose la una a la otra, pues aunque de vista se conocían, no sabían sus nombres.

– Hace calor, eh??

– Sí, mucho…y eso que en la pisci se está muy bien, verdad?

– Si, muy bien…Qué lees?

– Es una novela de terror…de uno que está medio chiflado y tiene doble personalidad…Se carga a casi todos!! Ja, ja, ja.

Sexo lésbico por primera vez

Alicia pensaba que de un momento a otro, se tiraría a los labios de aquella morena, y sólo pensar que las dos estaban en biquini, le ponía aun más cachonda. Pero se quedó de piedra cuando aquella chica, que parecía muy tímida, se acercó y, mirándole al cuello, y rozándola con un dedo, le dijo al oído:

– Y tú, no tienes miedo de estas historias??

Lejos de echarse atrás, Alicia, que se le puso la carne de gallina, la miró a los ojos primero, y luego a los labios, y le dijo:

– No, de estas historias, no. Lo que me asusta eres tú…

Y, entreabriendo sus labios, los posó con suavidad en los de su reciente amiga, que la aceptó con gusto, dándole su lengua húmeda y jugando con la de Alicia. En la cabeza de ésta estaba aquella boca de la ducha, jugando con el agua, hasta que notó cómo una mano se deslizaba por su cuerpo, bajando directamente a su sexo. Su respiración se aceleró y dejó que aquella chica, aparentemente inexperta en aquellos lances, tomara la iniciativa. Le estaba mordiendo el cuello, e iba bajando hasta sus pechos, mordiéndole muy suavemente los pezones uno y otro, volviéndola loca y mientras movía la otra mano por fuera de su bikini, desde el culo, hasta su clítoris, donde ejercía una suave presión, que hacía volar a Ali.

– Hija de puta, cómo me estás poniendo….

– Espera, que esto no es nada…

Y allí mismo, en el descansillo entre dos pisos, se agachó, y bajándole la braga, dejó su lengua trabajar donde más lo deseaba Ali. Esta, se sentó en las escaleras, y abriéndose de piernas, le dijo.

– Así mejor.

– Te va a gustar… He visto cómo te masturbabas en la piscina y ya veo lo caliente que estás.

Dicho esto, y como si de una experta se tratara, empezó a jugar con lengua, labios y dedos por todos los rincones de Alicia, sacando a ésta de sus casillas, y teniéndose que morder los labios varias veces para no gritar en las escaleras mientras alcanzaba múltiples orgasmos.

Ali, medio recuperada de aquel “ataque”, quería su venganza, y ella se la concedió. Acabó por desnudarse, y sin dejar que Ali cambiara de postura, se puso por encima de ella, justo para que su sexo cayese en la boca de Ali, mientras esta seguía sentada, ahora con la cabeza hacia atrás, y con una mano volviendo a masturbarse.

Así fue cómo se conocieron y cómo intimaron el primer día. Desde entonces, su trato no fue igual, y alguna vez coincidieron de nuevo en la piscina, aunque no de forma tan calurosa. Salieron un par de veces, y se conocieron más profundamente, hasta que igual que vinieron, se fueron…como pasa en la vida real….aunque esto ha sido una historia de sexo lésbico inventada a primera hora del día.

Hasta otra!

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La profesora y su alumno

Era un aula común y corriente, un escritorio y varios pupitres. En el escritorio la profesora una joven mujer de 25 años con la típica camisa y falda de muchas docentes jóvenes y, dando examen, un único alumno de 18 años llamado Axel. El año escolar estaba a punto de terminar y el chico era el único que debía hacer una prueba extra, recuperatoria, para aprobar una de las últimas materias y poder aprobar obtener su título secundario.

Sobre el escritorio de la profesora se hallaba un reloj contando a la inversa y con pocos minutos para llegar a cero. Con las manos sobre el escritorio y los dedos entrelazados a mujer observaba a su alumno completando el examen. De tanto en tanto el chico lanzaba un bufido o fruncía el ceño al detectar un error o encontraba algo que le bloqueaba.

Cuando faltaban cinco minutos la mujer le informó de ello y él, algo nervioso, se puso a revisar, escribir con rapidez y hacer tachones. Faltando un minuto escribió, ya con la mano cansada, su nombre en cada hoja y se dirigió al escritorio para entregarlas en mano con las palabras “Ya terminé señora”.

Mientras volvía a su pupitre para guardar sus cosas la profesora lo observaba. Hacía tiempo que notaba cómo él la miraba si cruzaba las piernas le miraba las piernas, si llevaba una prenda con escote el pecho y a veces el trasero. Ella mentiría si dijera que Axel no le parecía guapo y una o dos veces, por ello, no había podido evitar apoyar su mano sobre la de él solo para tocarlo, pero siempre justificando que era para acercarse cuando hacía alguna consulta o debía corregirla.

Que un alumno deseara eróticamente a un profesor era lo mas normal del mundo. Y que un profesor deseara eróticamente a un alumno, quizás, lo era un poco menos. Pero, en todo caso, era algo que pocos admitirían ante el objeto de su deseo y, menos aún, tratarían de hacer algo al respecto. Todo se quedaba en el ámbito de los deseos sin cumplir. Pero ella quería hacer la diferencia.

Como si los papeles estuvieran invertidos, siendo la profesora la alumna y el alumno el profesor, temía atreverse a avanzar. Se armó de valor y, una vez que Axel acabó de guardar sus cosas y disponerse a retirarse, tomó aire, exhaló y le habló:

-¿Axel?-

-Sí señora-

-…No hace falta tanta formalidad. Para ti las clases terminaron. Si no aprobaste quizás nos volvamos a ver en unas semanas, y si lo hiciste ya no volveré a ser tu profesora con toda seguridad. Además, el “señora” me hace sentir vieja. Soy tan joven como tú-

-Lo siento…¿Qué pasa?-

-Ehhh…¿Qué es lo que más deseas ahora?-

-Aprobar la materia-

-Es con respecto a la materia…pero no eso-

-A ver que piense…aprender-

-Esa no es la respuesta que busco…eh…¿Qué es..?, ¿Qué es lo que más te gusta de esta materia?-

-El tema que vimos hace unos meses de…-

-¡No!-Le interrumpió abruptamente pero tratando de no parecer grosera-…¿Qué es lo que te parece más lindo?-

-…-

-¿Lo más bello?-

-Qué…pregunta tan rara-

En ese momento Axel se percató de su profesora, que lo miraba fijamente con los ojos brillosos. Y tras sonreír y sonrojarse un poco finalmente contestó:

-Usted…usted que es bonita-

-Gracias. Pero recuerda obviar los formalismos- Tras lo cual se dirigió a la puerta del aula y la cerró con llave. Acto seguido volvió a acercarse al joven y le apoyó una mano en el hombro-Y tú también eres lindo. Eres guapo-

Ambos se sonrieron aunque Axel estaba nervioso. Mas lo estuvo cuando la mujer le acaricio la sien justo encima de su oreja y revolviéndole un poco el cabello. Ella se dirigió hasta su escritorio, se sentó en él y, con dulzura y tono seductor le dijo, “Ven acércate”.

Haciendo caso se acercó a su profesora. Quien le acarició el rostro y plantó un suave beso en los labios para, después, tomarle el rostro entre las manos, continuando con el beso.

Al separarse él suspiró y apoyó las manos en sus cadera sin saber muy bien cómo seguir. Al darse cuenta, ella le tomó las manos y las guió por su cuerpo. Deslizándole por su abdomen hasta llegar a su pecho “No seas tímido Axel”. Cerró los ojos mientras le tocaba los senos, a través de la ropa, eran suaves, era excitante.

-¿Te gusta Axel?-

-Mucho-

-Creo que esto te gustará mas- Acto seguido tomó las manos de él y las besó, para después, lentamente, desabrocharse la camisa (su alumno se embobó viendo su corpiño) y, para después, (embobándolo más) quitarse el corpiño, dejándolo a un lado sobre el escritorio.-Toda tuya cariño-Dijo mientras apoyaba las manos sobre el escritorio.

Axel contempló los desnudos senos de su profesora, redondos y algo generosos, para “atacarlos” con su boca. La mujer echó la cabeza hacia atrás y suspiró y gimió mientras el se los chupaba y mordía. Lo dejó hacer por un buen rato mientras le acariciaba el cabello.

Cuando por fin el alumno separó el rostro del pecho de su sexy profesora, ella le sonrió y le preguntó con picardía “¿Quieres pasar a la siguiente etapa?” él asintió con la cabeza.

Rápidamente, muy rápidamente, él se bajó un poco los pantalones y la ropa interior. Ella se quitó los zapatos y su bombacha dejándola a un costado prolijamente. Tras observar el miembro de su alumno y comentar “No hay duda de que estás excitado” se levantó la falda hasta la cintura.

Cuando por fin Axel penetró a la mujer ella lo abrazó y apoyó su cabeza en el hombro derecho de él, mientras la tomaba de las antepiernas. Al oído la profesora le preguntó:

-¿Te gusta?-

-Sí-

-¿Qué sientes?-

-Su calor…su…mmm…vagina. Es cálida…es húmeda…es…hermoso-

-Sí…me gusta esto. Sentir…sentirte…dentro mío-Tras decir eso bajó su mano derecha hasta su pubis para masturbarse.

Estuvieron así un rato con en pleno acto el penetrando y ella abrazando y masturbando. Cuando Axel aumentó el ritmo llevó las manos hasta el trasero de ella. Le tomó los glúteos con un algo demás de fuerza haciendo que ella cortara el abrazo y le dijera:

-Sin tanta fuerza, vas a hacerme doler-

-Ehhh…lo siento…Es que…es que estoy a punto…-

-Yo también…uhhh…-

-¿Dónde?-

-…-

-¿Dónde acabo?-

-Dentro de mí…date…date el gusto cariño-

Ella lo volvió a rodear con ambos brazos y el tomándole los glúteos, evitando pellizcarla o causarle dolor, siguió con el ritmo del coito. Cuando eyaculó, la mujer le pidió “Así…cada gota dentro de mí”.

Para Axel fue un placer indescriptible llegar al cenit de lo que siempre había soñado y nunca había imaginado posible. Y más placer cuando su tutora comenzó a gemir en su oído mientras llegaba al orgasmo.

Tras terminar el cenit de ambos se quedaron en esa posición unos momentos. Finalmente la profesora lo miró a los ojos, mientras le rodeaba los hombros con los brazos y Axel respiraba agitado, el corazón de ambos estaba a mil. “Estuvo bueno cariño…lo hiciste muy bien”. Lo abrazó con fuerza y lo besó. Apretujado entre sus brazos y sintiendo los desnudos senos de ella contra él se dejó hacer.

Finalmente cortaron el contacto físico. Él volvió a subirse sus prendas mientras miraba como ella volvió a ponerse la bombacha y el calzado (le era más rápido desvestirse que vestirse). Mientras se volvía a poner el corpiño y abrochar la camisa le preguntó a su pupilo:

-¿Te gustó, Axel?-

-¡Por supuesto! Fue inolvidable-

-A mí también me gustó. Hace tiempo que lo quería hacer-

-Yo desde la primera vez que la vía usted-

-Después de mucho, al final nos dimos el gusto-Se volteó y tomó el examen de Axel del escritorio-Para bien o para mal no me toca a mi corregir esto, si no a mi jefa. Así que no podría subirte un poco la nota por este placer, aunque sería ilegal además de no ético. Pero lo que sí puedo hacer es darte mi número de teléfono-Cosa que hizo al pasarle un papelito con el número anotado en una delicada manuscrita.

-Le voy a llamar apenas pueda señora-Exagerando el tono formal.

-Quizás te llame yo antes. Tengo para corregir muchos exámenes de otra clase y trabajo. Cosas rutinarias de las que tendré que distenderme…con tu compañía-

-Gracias-

Acto seguido la mujer rodeó los hombros de su alumno. Le plantó dos besos en cada mejilla y uno, más largo, en los labios y le dijo con dulzura: “Que estés bien corazón”.

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Sexo con un desconocido al que odiaba

Hola queridos amigos, me llamo Irma, soy nueva en Sexo Escrito y me he quedado encantada por todo lo que he leído, por lo que decidí contarles mi relato erótico de cuando tuve sexo con un desconocido que me caía muy mal.

Soy una estudiante y hace dos meses estuve de intercambio en Colombia, por lo cual estuve  en un departamento y tuve que compartirlo con Mateo, un compañero del colegio. Mateo y yo nunca nos llevamos bien; él me molestaba mucho, por lo que estaba inconforme al compartir el departamento con él, pero en fin, trataba de ignorarlo casi todo el tiempo.

Él empezó a salir por su lado y yo por el mío. Mateo solía llegar más tarde que yo cuando iba de fiesta, así que mientras él estaba fuera del departamento yo aprovechaba el tiempo para ducharme y a veces masturbarme viendo películas eróticas o con mi propio dildo.

Una de esas noches yo estaba tocándome y quería correrme antes de que Mateo llegar. Estaba sola, así que no contenía mis gemidos; antes de darme cuenta, Mateo esta viendo fijamente cómo me tocaba mientras se acariciaba el pene suavemente, a lo que yo di un salto tapándome y cerrándole la puerta en la cara. Me sentía avergonzada, pero a la vez no podía negar  que él me atraía  y no podía dejar de pensar en cómo acariciaba su miembro, el tamaño que tendría y cómo sería.

Al día siguiente salí con unas amigas a recorrer la ciudad y como de costumbre yo sabía que al llegar al departamento Mateo seguramente no estaría, pero me equivoqué, cuando entré vi su habitación con la luz prendida y supuse que estaría allí, así que fui a mi habitación, me puse cómoda, me quité el sostén y me puse una blusita de tirantes, (mis tetas son pequeñas pero mis pezones resaltan mucho), me puse un short, entré al baño para quitarme el maquillaje, abrí la puerta y él estaba ahí ¡Me estaba esperando totalmente ebrio!

Alzó la mano apretando uno de mis pezones, y con la otra sacó su verga totalmente erecta. Me humedecí de inmediato, no pude resistirme, así que me puse de rodillas, tomé su exquisita verga y empecé a lamerla y a chuparla. Estaba tan caliente… mientras él me guiaba la cabeza con sus manos, sus gemidos me excitaban más y más! Dejé que se corriera en mi boca porque quería probar su leche, se corrió y yo seguía lamiéndole. Cuando me levanté me quité la blusa y el short quedando totalmente desnuda; quería que me follara, lo quería dentro de mí, moría porque me penetrara.

Cuando me vio desnuda me tomó de las nalgas cargándome hasta su habitación, me tumbó en la cama abriéndome las piernas para chuparme el clítoris, me comió el coñito como nunca antes me lo habían comido, pero él no dejó que me corriera. Me distraje mientras me mordía los pezones, cuando de repente sin aviso y con un dolor placentero sentí su penetración, grité , y eso pareció excitarlo más porque empezó a hacerlo más y más fuerte, mientras que yo gemía. Ya no podía más, estaba a punto de correrme, él se dio cuenta y me puso a cuatro patas. Mientras me penetraba fuertemente, me daba unas ricas nalgadas, hasta que me corrí.

Antes no nos podíamos ver ni en pintura y, después de tener sexo con un desconocido, ahora es mi prometido. Tenemos sexo todos los días, lo más rico del mundo! Pronto les escribiré otra de mis aventuras con el hombre al que diario complazco!

Un beso!

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Mi novio y yo

Hola mi nombre es Ahomi y les voy a contar lo que me sucedió en la pasada navidad.

Era el 25 de diciembre de 2014 mis compañeros de la universidad organizaron una fiesta ala cual yo no pensaba faltar por que a la fiesta iría el chavo que me gusta. Recuerdo que ese día de la fiesta me había vestido muy sexy con un conjunto de ropa interior que constaba de una tanguita y un brazier color negro y un vestido igualmente de color negro muy escotado, pero en fin llegué a la fiesta y a la entrada estaban mis amigas Karla y Annie, las 2 muy guapas.

Empezamos a platicar sobre qué traían puesto debajo de sus vestidos porque sabíamos que esa noche iba a ser muy especial. Karla me dijo que llevaba una tanguita roja y un brazier negro y Annie llevaba una tanguita de hilo dental y justamente cuando acabamos de platicar llegaron los 3 chavos muy guapos que nos invitaron a bailar, a lo cual accedimos esa noche. Tomamos whisky como nunca habíamos tomado, pasó la noche y como a eso de las 3 de la madrugada Alonso, el chavo que me gustaba mucho, me llamó y me dijo que fuéramos a su habitación, a lo cual yo pensé que era el momento para que hiciéramos el amor.

Efectivamente, no me equivoqué y al entrar a su habitación nos besamos apasionadamente. Alonso me empezó a quitar el vestido mientras que yo le bajaba su pantalón hasta dejar al descubierto ese hermoso pene de 25 cm de largo y como 9 cm de ancho. Él me término de quitar el vestido y mi bragita. Al dejar al descubierto mi depilada vagina agarre la verga de Alonso y la empecé a acariciar y después me la llevé a la boca poco a poco lamiéndola desde la cabeza hasta los testículos para lubricarla bien y así no me doliera tanto al meterme ese hermoso pene. Alonso de igual manera me empezó a meter la lengua en la vagina e hizo que tuviera un órgasmo. Siguió así unos minutos y ya bien lubricada y le dije:

 -No aguanto más métemela, métemela.

- Tranquila putita, que cuando te la meta vas a correrte de gusto.
Cuando me di cuenta me la metió de un solo golpe, chillé de dolor me la dejaba un ratito la retiraba y de un golpetazo volvió a metermela,
-Más Alonso, más fuerte rómpeme el coño aayy así, así, ¡ay que gusto, esto es follar aaaayyaaaayyygggg!
-Me corro, me corro, no dejes de follarme uuffffffffffff me corrooooo.
-ooooohhhhhhhhhh y yo, y yo, ahí va la leche.

Sentí en mis entrañas cómo me entraba la leche caliente de Alonso, la follada duró bastante rato y como decía mi madre me quedo que no podía moverme,mi coño dilatado y escocido por aquel pollón.

¡Ya vi que te gustó, perra! ¿Ya ves? ¡solo tenías que acostumbrarte! – me dijo entre risas.

Pronto mis gemidos ya no eran de terror, ahora este se combinaba con un creciente placer, que aumentó sin que yo lo pudiera detener hasta hacerme estallar en un fortísimo orgasmo, como nunca había tenido uno.
¡¡¡MMMGGGGMMMMFFMFMMM!!!… ¡¡¡MMMGGGGMMMMFFMFMMM!!!… – gemía sin poder controlarme – ¡¡¡¡¡MMMMMMMMMGGGGGGMMRMRRRRRFFFFFFFFFF!!!! – dije al explotar, con ese grito ahogado por las sábanas en mi boca.
Me convulsioné en la cama, hasta que los fuertes espasmos dejaron de recorrerme, quedé tendida inerte, ya no recordaba nada, nada más venía a mi mente, nada, estaba en blanco, muy relajada. Y una extraña sensación de bienestar se posó sobre mí, por primera vez en mucho tiempo me sentía feliz.

Bueno, eso fue todo de mi experiencia con el que ahora es mi novio.

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Me follé a mi mejor amiga tras seducirla

¿Se puede tener sexo con tu mejor amigo(a) y seguir teniendo la misma amistad?…… Sí, sí se puede si ambos están en sintonía y piensan de la misma forma. Esto me sucedió hace algunos años, en aquel tiempo tenía una buena amiga Adriana* con la que compartía mucho tiempo.

El mayor atractivo de mi mejor amiga eran sus enormes tetas. No exagero, eran grandes, voluminosas y tan blancas como ella misma, con pezones rosados pequeños pero puntiagudos, que se marcaban en su camiseta atrayendo mis ojos y despertando mis más oscuros deseos por probarlos.
Pero a pesar de que hablábamos de todo sin tapujos y hasta en doble sentido, Adriana siempre me repetía que yo para ella era -en sus palabras- asexual, pues me veía como su hermano, que me quería con ternura y no le despertaba el más mínimo deseo. Eso claro, llegaba a herir mi orgullo de hombre pues a todos nos gusta sentirnos deseados, admirados, aunque sepas que eso no pasará a mayores.
Pues mis amigos, las afirmaciones de Adriana causaron que me obsesionara por hacerle comer sus palabras, aquello era una mezcla de mis deseos ocultos por su cuerpo y las ganas de verla tener un húmedo orgasmo provocado por mí, su “tierno hermano”. Así inicié mi perverso plan… la haría desearme hasta que a gritos me pidiera que la penetrara.
Pues bien, los dos nos utilizábamos comúnmente como acompañantes de rumba, así que en una de esas salidas decidí actuar. Eran las 2 am y ya de regreso ninguno de los dos teñía sueño, sugerí entonces “inocentemente” a Adriana que compráramos una botella de ron y nos la tomáramos en su casa. A ella le gusto la idea y paramos a comprarla.
Esa noche, mi mejor amiga llevaba puesta una camiseta de Mickey Mouse y les juro que las orejas del ratón parecían hechas en 3D, gracias a sus grandes y apetitosas tetas. Ya en la sala de su casa, los vasos de ron se desocupaban rápido mientras hablábamos, y yo le decía lo mucho que me gustaba cómo se le veía la camiseta.

 Tenía que follarme a mi mejor amiga

Adriana se reía socarronamente, pero le gustaba sentirse deseada por su mejor amigo, además sabía de sobra lo hipersexual que soy. Tal vez por los tragos o por el cansancio ella se acostó en el sofá y me pidió que le acercara el vaso, al acercárselo pasé rozando su teta derecha con el dorso de mi mano y no dijo nada, solo dejo salir sin intención un pequeño suspiro que la delató. La suerte estaba echada, nuestra conversación se fue al tema sexual y comencé a alabarle esas hermosas tetas. Ella me decía que se me notaba como quería comérmelas con los ojos y sin siquiera pensarlo le propuse que me dejara tocárselas sobre la camiseta. Seria el efecto de los tragos pero Adriana no dudó mucho antes de responderme que las acariciara suavemente. Al tacto me sorprendió cómo la calidez que desprendían sus tetas traspasaba la tela, por fin estaba sintiendo la redondez de sus senos, era todo un sueño hecho realidad. Mis manos viajaban deslizándose despacio sobre aquellas turgentes montañas que dibujaban una perfecta curva, apenas interrumpida por sus prominentes pezones que ya despiertos se alzaban tentadores, imponentes como deseando romper aquella tela. Los labios de Adriana se abrieron un poco y su respiración aumentó un poco, mis caricias causaban los efectos deseados en ella. Mi boca se acercó a la suya y sin arrebatos comencé a besarla lento, con sensualidad más que con pasión para no desentonar con mis caricias.
Cada beso se hacía más algo que el anterior, nuestras lenguas se fundían en una sola boca de labios entrelazados. Mi mejor amiga besaba delicioso. Pero yo no perdía de vista mi objetivo, así que mientras disfrutaba de sus besos las yemas de mis dedos se apoderaron de sus pezones y haciendo círculos los pellizcaba suavemente, crecían entre mis dedos. De pronto, siento cómo la mano derecha de mi mejor amiga acaricia mi pierna  casi sin quererlo, subiendo lento hacia el bulto que crecía bajo mi cremallera. No fue difícil para ella encontrarlo con sus ojos cerrados, pues bajo la tela de mi pantalón se marcaba el palpitante volumen de mi sexo, despierto ahora solo para ella. Las manos de Adriana liberaron con habilidad a mi pene de su prisión de tela. Su tacto era cálido y su mano abraza con descaro el tronco venoso y rosado de mi sexo, la humedad que fluía desde la punta roja de mi verga le mojaba los dedos y facilita el movimiento cadente de su caricia desde la base hasta la punta.
Esta es la primera vez que pensé: “conque no te despertaba ningún deseo” y me sonreía al besarla. Decidí entonces subir su camiseta y acariciar sus tetas directamente, al descubrirlas tan suaves y cálidas no pude mas que seguir con mi boca lo que mis manos habían empezado, y pasé a chupar sus pezones como el dulce más esperado. Primero uno, luego los uní para meterlos al tiempo en mi boca. La punta de mi lengua acariciaba sus pezones, giraba dibujando su forma, sintiendo su textura rugosa, succionando hasta ponerlos rojos. Ahora, los ojos de Adriana permanecían cerrados y su boca abierta respirando jadeante sin parar de masturbarme.
Yo seguía besando, lamiendo, chupando esas desbordantes tetas que tanto había deseado, era un niño en una dulcería, y tras no sé cuánto tiempo en esas, mi mejor amiga musita las primeras palabras desde que habíamos empezado… “espera un momento”.
Quedé congelado, ella se levantó para subir al segundo piso dejándome en la sala con una tremenda erección que apuntaba al techo y la idea de que se había arrepentido de tener sexo con su mejor amigo. Pero no, ella se fue a cambiar y llegó en un pantalón de sudadera y una camiseta suelta. Como me encontraba sentado en la mitad del sofá, al llegar no dudo en poner sus piernas una a cada lado y sentarse sobre mi. El sexo ardiendo de Adriana quedo sobre mi verga apenas separados por la tela de su pantalón, así que no demoré en subir su camiseta y volver a sentir la piel blanca de sus tetas en mi rostro.
Mientras ella subía y bajaba sintiendo la punta empujando la tela, que ya comenzaba a mojarse, dentro de tu interior.  Baje mi mano por su espalda hasta meterse en su pantalón y descubrir que no llevaba ropa interior y que mis dedos podía jugar entre sus nalgas, hasta llegar a su hirviente vagina.
En ese camino pasé despacio mis yemas por su rosado ano, dando Adriana un pequeño brinco, luego me dirigí hacia sus labios vaginales. Explore entonces el interior de la Cuquita de mi mejor amiga con dos dedos, y al hacerlo ella me quería arrancar la lengua con su boca.
La sala de la casa de Adriana no tenía cortinas y se encontraba en el primer piso de la casa, así que desde la calle a esa hora de la madrugada nos podían ver perfectamente. Pero por mi parte eso le ponía mas sabor a lo que hacíamos, mientras que ella no creo que hubiera caído en la cuenta.
Con la arrechera de ambos en su máxima expresión, mis caricias en su cuquita no bajaban en intensidad, es mas cada vez más eran profundas y ahí escuche esas palabras que tanto deseaba que Adriana dijera: “no aguanto más, métemela de una vez” y, quién dijo miedo, le bajé el pantalón de un solo jalón, con algo de su ayuda por aquello de su posición sobre mí.
Mi mejor amiga se volvió a subir sobre mí, lista para cabalgarme. Así que agarré mi verga y le puse la punta entre los labios abiertos de su cuquita. Ahora, Adriana se dejó caer, clavándosela sola y sintiendo cómo mi tronco venoso y brillante abría su vagina, introduciéndome lentamente dentro de ella, hasta que mi sexo quedó incrustado desde la base hasta la punta dentro del suyo.
Mi mejor amiga inició un salvaje mete y saca brincando sobre mi verga, tragándosela por completo y sacándola cada vez más mojada en su lubricación. Nos mirábamos con morbo a los ojos, y yo, claro, con la satisfacción de haberla hecho caer en la tentación.
Mis manos abrían las grandes nalgas de Adriana para facilitar que mi verga le llegara más profundo y para controlar la velocidad de sus clavadas. Fue fácil aprovechar el desorden para deslizar mi dedo anular hasta la entrada de su apretado ano, y así comenzar a penetrarla con la primera falange en un masaje circular al ritmo del movimiento. Cuando ya tenía la mitad del dedo dentro del culo de mi mejor amiga podía sentir mi verga entrando en ella y en mi rostro sus enormes tetas dándome golpes en las mejillas. Era el paraíso, era el mismo infierno, era mi sueño más morboso hecho realidad.
En medio de la culiada que nos estábamos dando, lo siguiente que le escuché decir a Adriana entre gemido y grito fue: “Me voy a venirrrr”. Las contracciones de su vagina que me apretaban la verga, como queriendo chuparla hacia su interior, junto con su cara de arrechera hicieron que también me viniera a chorros contra las paredes de su vagina.
Al recobrarnos de aquel devastador orgasmo simultáneo mi mejor amiga y yo nos miramos un largo rato sin decirnos nada. Ahí estábamos los dos desnudos en el sofá de su sala, ella empotrada sobre mi, con mi cara entre sus enormes tetas y mi dedo anular enterrado en su culo. Una imagen que nunca hubiera soñado.
Con la complicidad mas íntima que alguna vez haya tenido con cualquier otra mujer en mi vida, nos dimos un beso húmedo y cargado de lujuria que ninguno de los dos quería terminar.
Y así, sin vestirnos subimos a su habitación y dormimos en cucharita hasta el otro día, cuando nos despertaron unos fuertes golpes en la puerta, era la mamá de Adriana que preguntaba enojada por el reguero de ropa que había en la sala y la mancha que decoraba la mitad del sofá.
* Nombre cambiado

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