Sexo intenso con Leo

Sexo intenso después de años

Lo conocí en la fiesta de cumpleaños de una amiga, era su primo, y desde que nos vimos fue como encender una chispa. Esa noche bailamos, platicamos y nos divertimos, pero quiso el destino que no pudiéramos volver a vernos hasta años después.

Toparnos en ese café fue una de las coincidencias que nos llevó a tener el sexo más intenso de nuestras vidas. Nos sentamos en la terraza y después de las preguntas obligadas de la familia y el trabajo, nos quedamos callados. De la nada, rompió el silencio:

-Nunca dejé de pensar en ti.

Y así sin más se levantó y me jaló entre sus brazos para besarme. Era una orgía de sensaciones. Dejamos los cafés a la mitad, salimos rumbo a su auto sin decir una palabra y me llevó a su departamento.

Sexo intenso desde el primer momento

En cuanto cerró la puerta tras de él me volvió a tomar entre sus brazos, pero esta vez no solo me besó con unas ganas locas, sus manos bajaron lentamente hacia mi trasero, apretando mi cadera para dejarme sentir la enorme erección que se estaba formando bajo sus pantalones. Empecé a desabrochar su camisa mientras él se peleaba con el cierre de mi vestido. Fuimos aventando prendas de ropa por la casa en nuestro camino a la cama.

Me tiró sobre la cama y se quedó de pie, contemplando mi cuerpo desnudo en su cama. Empezó a acariciar suavemente desde mis pies, subiendo por las piernas, dibujando la línea de mi cadera. Hizo unos círculos en mi abdomen y pasó justo entre los senos hasta mi cuello. Puso su mano en mi nuca y me aceró a su verga. Acarició mis labios con la punta.

-No sabes cuántas veces he soñado con hacer esto.

Y metió su verga entera en mi boca, obligándome a quedarme allí, moviéndose suavemente. Podía sentirla en mi garganta, las lágrimas corrían por mis ojos y podía sentir mi coño mojarse. Me liberó un poco, lo suficiente para poder tragar y volvió a meterla hasta el fondo. Las piernas me temblaban y me aferré a su cadera para poder aguantar el delicioso castigo que me estaba dando. Acaricié sus piernas, sus nalgas y la parte baja de su espalda, escucharlo gruñir de placer me prendía todavía más.

Me tumbó de nuevo sobre la cama para abrir mis piernas, besando la parte interna de mis muslos, acercándose a mi entrepierna de una forma lenta, casi dolorosa. Se detuvo uno momento sobre mi rajita, dejándome sentir su respiración en mi humedad. Cuando su lengua por fin separó mis labios para buscar la dulzura de mi coño sentí cómo todo mi cuerpo se estremecía. Recorrió cada rincón, no dejó nada sin chupar o lamer, mordisqueó mi clítoris y dejó que me corriera mientras su lengua buscaba lo más profundo de mí para probarme toda. Temblando todavía por el orgasmo, lo hice acostarse a mi lado y me subí encima. Puse la punta de su verga justo abriendo mi coño, muy suavemente, me incliné y le susurré al oído:

-¿Acaso crees que yo no me he imaginado esto muchas veces? Eres mi fantasía favorita.

Con un solo movimiento bajé el cuerpo. Metí mi lengua en su oído siguiendo el ritmo de cómo iba metiendo su verga en mi coño, lo podía sentir retorcerse con las sensaciones cuando acaricié sus brazos para llegar a sus muñecas. Tomé ambas muñecas y levanté sus manos sobre su cabeza. Deteniéndolo así dejé que mi cadera marcara el ritmo que tantas veces me había imaginado, metiendo y sacando lentamente cada centímetro de ese miembro que había soñado tantas veces tener dentro de mí.

Se dejó hacer sin poner resistencia, cerrando los ojos y echando la cabeza para atrás, dejándose llevar por la cadencia de mi cuerpo contra el suyo. Me incliné un poco hacia delante para levantar más la cadera, fue cuando se soltó sin mucha dificultad de mis manos para tomarme por la cintura y levantarme.

-Lo siento muñeca, esto sí lo quiero ver.

Levantó mi cuerpo sin mucho esfuerzo y me guió para que quedara sobre él, pero de espaldas. Sus manos pasaron de mi cintura a mi espalda y empujándome hacia el frente para poder ver el espectáculo de su verga metiéndose en mi coño. Bajó lentamente, acariciando mis nalgas, abriéndolas para tener una mejor vista.

-Ahora sí, sigue moviéndote.

Comencé lentamente, para que pudiera ver cómo todo él entraba y salía de mí, pero no pasó mucho antes de que sintiera sus manos tomarme de la cadera para aumentar el ritmo. No podía resistir más, sentirlo así, estallé en un delicioso orgasmo que escurrió rápidamente sobre su vientre. Sin darme tiempo a recuperarme, me puso boca abajo y levantó mi trasero. Sentí como la punta de su verga acariciaba mi concha suavemente llevando la humedad hacia mi culo al tiempo que se empujaba suavemente para ir abriéndome poco a poco.

Al fin estaba bien lubricada, y se deslizó con fuerza hasta adentro, haciendo que levantara la cabeza en un gemido, mezcla de placer y dolor. Aprovechó para tomarme de los hombros y levantarme, arqueando mi espalda contra su pecho, dejándome con las piernas abiertas. Así, mientras me follaba por el culo, sus dedos me masturbaban. Empezó a moverse cada vez más fuerte, más profundo, con más ganas. Sentí como se vino dentro de mi, apretándome fuerte contra él, gimiendo de placer en mi oído. Casi al mismo tiempo mi propio cuerpo se dejó vencer por el placer. Caímos de lado sobre la cama, aún abrazados. Quitó el cabello de mi cuello para besarme, desde el hombro hasta la oreja, susurrando:

-Sabía que iba a ser increíble, pero nunca esperé que el sexo fuera tan intenso contigo.

Me volteé para verlo a los ojos, aún atrapada entre sus brazos, y con una sonrisa le contesté:

-Y eso que apenas vamos empezando…

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