Oscura fantasía erótica. Primera Parte.

Es una cosa curiosa, tratar de mantener la atención de alguien que no conoces, de quien solo puedes ver sombras reflejadas en una pared… así o más platónico el asunto.

¿Acaso escribir una fantasía erótica para él? Nah. Demasiado simple, demasiado común. Además de que dudo mucho que haya algo que no haya leído, o visto, o vivido…

Y sin embargo, allí estaba yo. Sentada frente a una pantalla pensando en qué podría decirle a este hombre sin rostro, solo una fantasía erótica. Carajo, ¿qué puedes escribir cuando sabes perfectamente que te da la vuelta? Todos los trucos. Ya para este punto sabía perfectamente que no iban a funcionar. Eso solo lo hacía más interesante.

Solo pedazos de información que se borran cuando la pantalla se cierra, es todo lo que tengo. Este no era el plan original, ahora que recuerdo. Las cosas no iban a suceder así, no en mi cabeza. Curiosamente, el sexo es lo que menos me interesaba cuando envié ese mensaje preguntando si había algún problema con mi artículo… lo cual por supuesto no tiene ninguna lógica, teniendo en cuenta los temas tratados en el sitio. Pero mi angustia era sincera, nacida de una profunda ansiedad, problemas de autoestima, síndrome del impostor y muchos otros temas divertidos que mantienen a mi terapeuta en un constante estado de no-sé-sí-reír-o-llorar.

He de confesar que soy ñoña. Disfruto mucho siendo la chica que se sienta en la primera fila, justo frente al profesor o profesora, que participa en clase y entrega sus tareas bien hechas. Así que recibir una crítica positiva como la que recibí de parte de esta “figura de autoridad” era el equivalente a un orgasmo académico. Y de pronto coincidir… aunque suene a canción de trova… odio la trova. Esa ventana que se abrió de pronto me hizo brincar de felicidad. Allí estaba, y me estaba hablando a mí.

Estoy convencida de que la culpa de mi atracción hacia las figuras de autoridad la tiene mi profesor de Historia de la secundaria. Pobre hombre. De ser una tierna situación incómoda de la alumna evidentemente enamorada del profesor, pasó a convertirse en no poder cerrar la puerta de su oficina cuando estaba conmigo porque sabía que si me daba una sola oportunidad, me lo iba a comer vivo… y le iba a gustar. Sigo prefiriendo esa teoría al complejo de Electra.

Volviendo al asunto, conforme la plática avanzaba, más divertido era. Como un juego de ajedrez. Sería bueno recordarme a mí misma que apesto en el ajedrez. Pero mi instinto es bueno. Nunca me ha fallado. Que yo no le haga caso es otra cosa. Lo que no sé todavía es en qué momento perdí el control, o sí es que alguna vez lo tuve. De pronto hoy, tuve la sensación de que no iba a tener el control en mucho tiempo.

Esto no iba a suceder así. Iba a obtener mis estadísticas, me iba a divertir un rato con algún usuario agradable y mi vida iba a seguir tan tranquila como siempre. Entonces ¿por qué el corazón se me acelera de pensar en esta oscuridad que se cierne sobre mí? Casi no puedo respirar mientras una orgía de escenas pasa por mi cabeza, fantasías llenas de lujuria, de instinto, violencia, dolor y placer. Una tras otra entre sombras, como demonios susurrando historias de antiguas fiestas paganas y perversiones prohibidas.

Un secreto, aquello que me negué por años, regresa a mi cabeza. “Lo disfrutaste. Hace casi 20 años ya de eso pero no lo has olvidado”, susurran los demonios a mi oído. “Lo disfrutaste. No estabas enojada porque te violara. Estabas enojada porque te emborrachó para hacerlo. Era tu fantasía prohibida y la arruinó para ti… Y la quieres otra vez. Y no va a ser fácil. La sensación de no ser más que un juguete para el disfrute de alguien más no es algo fácil de lograr.”

El asunto va más allá de toda lógica. No voy a fingir que esta es la única conversación de este tipo que sostengo. Pero las reglas con él son diferentes. Siempre procuro mantener el control, con él tengo la impresión de que yo no tengo el control de absolutamente nada y la sensación es fascinante. Conscientemente sé que puedo simplemente cerrar mi cuenta, y sin embargo aquí estoy como perro junto a los pies de su amo esperando a que le den un hueso.

Quiero saber cómo sería, pero más quiero saber qué pasa por su cabeza, quiero vivirlo otra vez pero desde los dos puntos de vista. Quiero saber qué se siente al poder someter a alguien así, violentarla de tal forma que empiece a sentir placer dentro de este acto de profanación. Víctima y victimario a la vez. La “fantasía erótica prohibida“. Quiero dejar a mi mente disfrutar las historias mientras mi cuerpo se convierte en un objeto, perder el control por completo.

Tampoco es como si no hubiera suficiente material al respecto. Incluso he pensado qué pasaría si me encontrara de nuevo en una situación así y mi respuesta es siempre la misma: sin importar el victimario, sería una pésima víctima. En vez de pelear o quedarme tirada como pez muerto, diría alguna tontería como “a ver cuánto me duras”. Y las pocas veces que alguno se ha atrevido a medio insinuarlo, siempre pasa lo mismo. Ninguno me puede sostener la mirada. Podría jurar que he visto miedo en los ojos de más de un acosador.

Pero como no todo se puede en esta vida, el destino quiso que hubiera un océano de distancia separándome de aquel que me susurra ideas de oscuridad, haciendo que mi sangre corra desesperada por la anticipación de recibir el castigo insinuado.

Y el asunto es más complicado que solo ver un vídeo porno o leer algún relato erótico genérico que un desvelado Editor arregló para convertir en algo decente de leer.

Yo quiero más, mucho más que eso…

La prudencia me dice que este relato erótico no pasará el filtro de censura, pero las ganas me dicen que la continuación va a ser fascinante.

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