La Donacion de Semen 3

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Ahora la enfermera, de 110 centímetros de senos (talla 36DD), recibe una grata sorpresa en el ascensor. Un sexo anal inesperado.

Otro día más termina en la clínica. La enfermera; de cabello negro corto, arrebatadora sonrisa y pechos generosos; se disponer a terminar su día de trabajo. Tras realizar un papeleo final en su escritorio se dispone a volver a su casa. Como no tiene, ni ganas, de hacer el camino por las escaleras, para bajar a la planta baja, decide usar el ascensor.

Sube en el tercer piso y comienza a bajar hasta la planta baja. Se detiene en el segundo piso y entra un hombre. Se para a su izquierda. Ella lo mira un instante, lo conoce, se llama Alberto. Es un hombre de unos treinta años, calvo y algo fornido. A la mujer le parece guapo. Más de una vez, le pareció, que él le miraba con atención.

El ascensor vuelve a ponerse en movimiento hacia abajo. Pocos metros después, cuando está a la altura del primer piso, Alberto, de repente, pasa un brazo por delante de ella y oprime el botón para detener el ascensor.

Ella lo mira extrañada mientras levanta una ceja. El gira la cabeza y le dice:

-¿Crees que no se de las “ayuditas” que les das a los voluntarios, para donar?-

-Esas son cosas que dicen las malas lenguas-.

-Mmm…Pues las malas lenguas dicen, también, que tienes una lengua traviesa- Ella no pudo evitar sonrojarse. El se dio cuenta.

-Creo que te atrape-

Acto seguido le paso la mano por la nuca, y mientras la bajaba por su cuello y espalda le decía:

-Si eres tan generosa con otros. ¿Por qué no serlo con tu buen, compañero de trabajo, Alberto?-.

Ella se limitó a no decir nada. Con lo que él se ubicó detrás y apoyó las manos en sus hombros.

-A que si-. Mientras bajaba sus manos por los brazos de la mujer.

Hizo que se girara para ubicar la de frente al espejo del ascensor. Ahora podía ver el rostro cargado de deseo y “travesura” del hombre.

-¿Veamos que tenemos aquí?-Preguntó, mientras le desabrochaba la camisa y bajaba el corpiño/sostén. La enfermera sintió el miembro del, endureciéndose, contra su trasero cuando sus senos quedaron a la vista. Dos generosos pechos, redondos, firmes y de 110 centímetros de talla

-Tienes lindas tetas. Pero lo que más te gusta es tu trasero-El hombre tomó un glúteo de ella con la mano, y comenzó a apretarlo con suavidad y erotismo. La mujer cerró los ojos por el gusto. Gimió cuando le tomo ambos y los acarició a la vez.

-Sí, sííí… Mmm, me encanta tocarte. ¿Te gusta?-La enfermera asintió.

Metió las manos debajo de su pantalón y continuó acariciándole los glúteos. Le dabas cosquillas con sus dedos tocándole las nalgas. Después le bajo el pantalón. La excitación, por la expectativa, aumento aún más cuando escuchó el sonido del cierre del pantalón de Alberto. Giró la cabeza y pudo ver su pene, firme y erecto al descubierto.

Comenzó a frotarle el miembro contra las nalgas. La mujer apoyóla frente en el espejo y lo empaño con su aliento mientras gemía. El pene erecto y firme pasando entre sus glúteos.

Cerró los ojos cuando él le bajó la bombacha/bragas. Sabía lo que venía. La empujó contra el espejo. Sus pechos se aplastaron contra el vidrio. Entre la espada y el.

Le rodeó la cintura con los brazos y la penetró… analmente. Primero lo introdujo, muy lentamente, hasta el glande y lo sacó. En la segunda introdujo un poco más antes de sacarlo. Recién en la tercera introdujo, casi, todo su miembro.

A partir de ese punto no se detuvo. Al principio lentamente, moviendo su cadera de adelante hacia atrás, y después más rápidamente. Para el hombre la sensación era del cálido ano envolviéndole el pene. Para la mujer eran dos cosas a la vez. Detrás el calor del pene dentro de ella y, delante, el frió vidrio sobre el que estaba apoyada. Enfriándole el rostro y endureciéndole los pezones.

La enfermera emitía un gemido con cada penetración. Con cada estocada de ese miembro duro y firme dentro de su trasero. Escuchaba su respiración y las cosas que le decía al oído (“Qué lindo culo”, “No puedo creerlo”, “Por fin eres mía”). El área del espejo, en torno a su boca, se empañaba con su respiración.

Ella solo hablo en tres momentos. La primera para, en modo de broma, advertirle que “Solo se… se puede do…donar semen en…reci…recipientes…mmm…recipientes estériles”. A lo que él respondió “Estoy donando…Pero directamente dentro de tu culito”. La segunda vez, muy a su pesar por que quería que ello durase por siempre, “Tienes que apu…apurarte o…o nos descu…o nos descubrirán”. Por lo cual aumento el ritmo mientras la tomaba de la cintura. Y la tercera vez:

“Más rápido…mas rápido…así…quiero sentir tu…tu pene dentro de mí… ¡Mas fuerte!… ¡No te detengas!… ¡Tu culo es mío!… Sí. ¡Sí! ¡Sííí!… ¡Rómpeme el culo!… ¡Soy tu perra!… ¡Así! ¡Así! ¡Así! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!”. Fue en ese momento cuando Alberto explotó y juntos gritaron de placer. Mientras derramaba su semen, cada gota, dentro de su culo.

Cuando se separaron, la enfermera se quedó por un momento con el rostro y el pecho apoyado sobre el espejo. Dio un paso atrás y contemplo el vidrio empañado y con gotas de saliva donde había apoyado el rostro. Sus tetas estaban frías y sus pezones duros. Ambos estaban algo agitados.

Se levanto la bombacha/braga y el pantalón y cerro su camisa. A Alberto, tras subirse él la ropa, decidió regalarle su corpiño/sostén (“Como recuerdo por haberla pasado tan bien”). Aunque al hombre se le había acabado la erección, tras eyacular, tuvo otra, pequeña, al ver los pezones marcados de ella bajo la ropa.

Rápidamente volvieron a poner en marcha el ascensor. Mientras bajaba hasta la planta baja la mujer tomo a su compañero con fuerza y lo besó. Lo besó con intensidad y hasta jugueteó con su lengua recorriendo su boca y tocándole la lengua.

Al salir a la planta baja volvieron a besarse con la promesa de otro encuentro, mas intimo.

La dama se dirigió rápidamente al baño de mujeres. Se contempló en el espejo. Por la excitación sexual, el nerviosismo de poder ser descubiertos, y el estar aprisionada entre un hombre y un espejo; estaba con el rostro empapado de sudor. Se lavó la cara. No dejaba de mirarse el rostro mientras lo recorría con sus dedos. Hasta estaba algo sonrojada.

No recordaba una sesión de sexo anal tan breve e intensa a la vez.

Se acomodo un poco mejor la camisa y se aliso el cabello con las manos. Dedico unos segundos, algo obsesiva, a sacarse cualquier pelusa o eliminar cualquier arruga de la ropa.

Al salir del baño, mientras se dirigía a la salida, no pudo evitar esbozar una gran sonrisa. Y, al salir a la calle, no pudo evitar, tampoco, comenzar a reír con ganas y alegría.

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Sexo intenso con Virgo

Era la fiesta de fin de año de la empresa, cerca de las 11 de la noche. Este año, los compañeros habían elegido un sitio para bailar, un viejo edificio en el centro de la ciudad con tres pisos. En cada piso un ritmo diferente y por todos lados corría el alcohol. Todos desquitaban las largas horas de trabajo con una borrachera épica a cuenta de la empresa.

Sentada en una mesa de la esquina más alejada que encontré, miraba a las parejas bailar. Conforme el alcohol iba haciendo efecto, las inhibiciones se iban perdiendo, así que vi cómo las parejas casuales desaparecían por la puerta después de calentar lo suficiente los motores en la pista de baile.

Mientras me debatía conmigo misma sobre sí llamar o no a un taxi, lo vi acercarse a mi con un par de vasos en la mano. Se sentó junto a mi y me ofreció uno de ellos.

-Sabes perfecto que no bebo alcohol.

-Lo sé linda, por eso nos traje unos refrescos.

Olí el contenido y era refresco de cola normal. Por detalles como esos me caía bien este hombre. Recordé la primera vez que lo vi cuando llegué a trabajar a la empresa, confieso que a pesar de que me gustó desde que lo vi, me caía muy mal. No cabía duda de que era un hombre muy inteligente y culto, pero sus aires de superioridad me provocaban querer darle un puñetazo en la cara. Pero era demasiado encantador y caballeroso, así que siempre terminaba perdonándolo y las horas extras, los proyectos bajo presión, la convivencia diaria, fueron limando las asperezas de nuestra relación hasta que nos hicimos buenos amigos. Nunca se le quitaron los aires de superioridad, pero ya podía burlarme de él con confianza cada vez que se pasaba de la raya. Pasábamos mucho tiempo juntos, más del que pasábamos en nuestras propias casas, así que llegamos a conocernos bastante bien.

Después de un tiempo empecé a coquetearle un poco, solo para saber cual sería su reacción. Al principio hacía como que no se daba cuenta de mis negras intenciones, pero jamás me dijo que no e incluso con el tiempo empezó a seguirme el juego, aunque nunca lo habíamos llevado más allá de eso. Cuando vi su mano agitarse frente a mi rostro salí de mi ensueño.

-¿Todo bien? Creo que te perdimos por un momento.

-Jajajajajajajajaja. Todo bien. Me estaba acordando de cuando te conocí y lo mal que me caías.

-Y cómo me lo recuerdas cada vez que puedes.

Me miró a los ojos y sonrió. Tomó mi vaso y lo dejó sobre la mesa al tiempo que se levantaba, ofreciéndome su mano.

-Ven, hay algo que quiero enseñarte.

Salimos a las escaleras y empezó a subir. Cuando llegamos al techo encontré que era una terraza arreglada con macetas que formaban pequeños privados con sillones y mesitas para fumar. Encontramos una mesa libre en la orilla, movió un par de macetas con plantas grandes para cubrirnos mejor y fue a sentarse junto a mí, viendo hacia el cielo.

-¿Te dije que de niño quería ser astrónomo? Me encantan las estrellas.

Empezó a decirme los nombres de las estrellas que alcanzábamos a ver en el cielo de la gran ciudad, las constelaciones, las historias. La música mezclada de las fiestas apenas llegaba a nosotros, perdiéndose en la noche. Pasó su brazo por mis hombros y me recargué en él mientras la clase seguía. Puse mi mano en su pecho, jugando entre los botones de la camisa, acariciando suavemente su piel, pegando más mi cuerpo al suyo. De pronto se quedó callado, levanté la cara para ver qué pasaba y cuando lo miré a los ojos, sentí cómo su brazo me acercaba más a él, mientras se aproximaba para besarme.

Sexo intenso bajo las estrellas

Instintivamente me acomodé sobre sus piernas, rodeando su cuello con mis brazos, sus manos recorriendo mi espalda, bajando hasta mis piernas y encontrando su camino por dentro de mi falda. Cuando sus dedos se toparon con la orilla de mis medias de red, dibujaron la línea entre el encaje y mi piel, haciendo que me estremeciera toda. Lentamente subió por la parte interna de mis muslos hasta la ingle, haciendo a un lado mi tanga, deslizándose en mi rajita para llegar al centro de mi humedad.

Metió su dedo en mi coño lentamente, ahogando mi gemido en su boca mientras me iba recostando en el sillón, levantando mi vestido para dejar al descubierto mis caderas, sus manos recorriendo la longitud de mis piernas mientras se acomodaba entre ellas, besándome el cuello, los hombros, bajando el escote para comerme los pechos. Se abrió el pantalón y dejó libre su verga, lista para empalarme hasta el fondo. Puso la punta en mi coño empapado y empezó a tallarla de arriba a abajo, haciéndome retorcer de placer mientras me masturbaba con su deliciosa polla. Empecé a gemir más fuerte y puso su mano sobre mi boca.

-Tratemos de no llamar la atención.

Una mano seguía la tarea de masturbarme, la otra aún sobre mi boca para tapar los gruñidos de placer que no lograba contener. Estallé con el primer orgasmo y justo en ese momento me metió de golpe la verga completa, montándome con fuerza mientras todo mi cuerpo se convulsionaba con sus embestidas que aumentaban mi placer. Levanté la cadera para que pudiera penetrarme más profundo y cambió el ritmo, haciendo círculos con su cadera mientras yo me retorcía en el sillón, sujeta por su enorme mano. Se detuvo, me soltó y me puso en cuatro patas, una pierna abajo del sillón como apoyo. Agarró mi cabello y me jaló para levantarme y volvió a taparme la boca con su mano. Sentí sus dedos buscar mi culo para acariciarlo, llevando jugos de mi coño para lubricarlo. Metía sus dedos en mi coño, los movía haciéndome levantar más las nalgas y los sacaba para acariciarme de nuevo el culo, haciendo suaves círculos, cada vez más profundos, hasta que me metió el primer dedo que se deslizó sin esfuerzo por lo excitada que estaba. Empezó a moverlo en círculos. Bajé mi mano para masturbarme mientras él me preparaba para llenarme el culo con su erección.

Sexo intenso anal

Cuando me pudo meter el segundo dedo sin problema, empezó a meterlos y sacarlos, haciendo que me abriera más y más. Primero me cogió por el coño para que su verga quedara bien lubricada, empujando con fuerza para hacerme venir otra vez, sus bolas rebotando contra mí, me tenía firmemente agarrada de la cara y el vientre, mis pechos al aire rebotaban al ritmo de sus embestidas.

-Tienes unos senos deliciosos, me voy a venir en ellos.

Sentí el orgasmo explotar, apretando su miembro dentro de mí. Siguió dándome sin parar hasta que acabé agotada, entonces se salió lentamente de mi coño y llevó su verga hasta mi culo.

-Quiero que sigas masturbándote mientras te rompo este culito tan rico que he deseado por tanto tiempo.

Metió primero la punta, suavemente, haciendo círculos para irme relajando. Cuando estuvo adentro todo su glande me tomo de la cadera y empujó hacia abajo, haciendo que me clavara toda la polla de golpe en el culo y levantándome de nuevo. Lo hizo varias veces, metiéndome su verga con fuerza por el culo mientras yo jugaba con mi clítoris. Cuando empezó a moverse con más ritmo pude sentir que aguantaba las ganas de venirse dentro de mí para cumplir su promesa de llenarme los senos de su leche.

-Vente otra vez, quiero sentirte venir dentro de tu culo.

No necesité mucho más para volver a correrme, y en cuanto sintió mi orgasmo, se salió, me bajó del sillón para quedar hincada frente a él, y eyaculó toda su leche sobre mis senos, acariciando mis pezones con las últimas gotas de semen caliente que salían de la punta de su verga.

Escuchamos las campanadas de una iglesia cercana anunciar la media noche. Sabíamos que teníamos que regresar a la fiesta para no levantar sospechas, pero sabiendo que este iba a ser tan sólo el primero de muchos encuentros de sexo intenso.

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Sexo anal con tres amigos II

¡Hola! Por fin he podido conectarme para subir la última parte de mi experiencia de sexo anal con tres amigos. Ha sido un verano muy…movidito! Jijij. Espero que os pongáis tan calientes leyéndolo como yo recordándolo y escribiéndooslo, ?

Noche de sexo anal brutal

Dejé de comerle la polla a sus amigos por un instante, pues necesitaba concentrarme en relajar el esfínter para que entrasen los primeros centímetros de una polla que podría medir unos 22 centímetros de largo por unos cinco y medio de ancho. Noté perfectamente cómo entraba el glande después de un pequeño embate que me sacó un breve gemido de dolor. Empezó a meter y sacar el glande morado de su enorme pene unas cuantas veces hasta que decidió, sin previo aviso, meterme gran parte del mismo. Casi me entraron ganas de vomitar al sentir toda aquella carne en mi recto, y al empezar el movimiento de salida, descubrí todo un mundo nuevo de placer.

Así, tras las primeras acometidas pude continuar comiéndoles la polla a los amigos de Iván, que se afanaba en meterme hasta el último centímetro de su lanza, notando sus huevos golpear contra mi mojado chochito. Jamás había empezado a follar por el culo antes que por mi rajita, pero sentía un placer indescriptible en mi ano, que se estaba dilatando de una forma que jamás en mi vida pude haber sospechado.

En ese momento me pregunté cómo iba a sentirme cuando Rubén me penetrase con aquél misil, más corto que el rabo de Iván, pero de unos seis centímetros o más. No podía abarcar su tronco con una mano, y pensar en eso me asustó un poco. Supuse que con más lubricante podría solucionarlo.

Iván me tenía bien agarrada por las caderas, atrayéndome hacia él casi con violencia y gimiendo como un poseso. Yo también gemía y casi gritaba, aunque me contenía para no dar el espectáculo.

-Tío, me toca ya, ¿no? –Sugirió Rubén-.

-No, no, ahora quiero esta polla –dije mientras movía el miembro de Darío, pues tenía un rabo durísimo y algo menos grueso que Rubén-.

-Toma tío, jódete colega, prefiere mi polla, jajajaja.

Rubén no dijo nada, pero hizo una mueca como de desaprobación. Por su parte, Iván salió de mí y, en lugar de venir a darme su polla, se sentó en el sillón de atrás.

Darío ocupó mi dilatado esfínter anal, y entró apretando, pero sin dificultad. Era maravilloso ver cómo tres tíos tan buenos, con esas pollas tan grandes y tanta experiencia en eso de follar, estaban tan  excitados con mi cuerpo y con mi manera de moverme. Miré hacia atrás, al sillón en el que estaba sentado Iván pajeándose, y me puso muy cachonda ver la cara de vicio que tenía mi amigo mientras miraba cómo Darío me empalaba. Rubén me cogió la cabeza y me hincó en su grueso miembro, cosa que me costó bastante debido al gran tamaño del mismo. Darío me dio una fuerte nalgada al mismo tiempo que aceleraba sus embestidas, pero yo apenas podía gemir por tener la boca ocupada y a Rubén empujándome hacia abajo, como queriendo traspasar mi garganta. Le daban igual mis arcadas, la gran cantidad de saliva que se me salía y mis ojos lagrimeantes, él solo quería que abarcase la mayor cantidad de rabo posible.

-Me vas a ahogar, cabrón –le reproché, una vez conseguí liberarme-.

-Toma, cómeme los huevos –y se cogió los dos huevos y me los ofreció-.

Empecé a lamerlos suavemente, pero en cuanto cerró los ojos por el placer, succioné uno de ellos con fuerza, metiéndolo y sacándomelo de la boca con la misma fuerza de succión. Él soltó un alarido, no sé si de placer o de dolor, pero al poco me levantó la cabeza y se levantó. Darío salió de mí y Rubén nos invitó a cambiar de postura. Él volvió a sentarse, y me pidió que  me subiera encima de él, cosa que hice.

No todo fue sexo anal

Coloqué su miembro en la entrada de mi vagina, empecé a frotarlo suavemente mientras él me comía los pezones, primero uno, luego otro y finalmente juntando mis tetas y comiéndoselas enteras al mismo tiempo. Logré meterme la cabeza de su polla en mi cuevita, y solo con eso noté cómo jamás había estado tan llena. Mi chochito no dejaba de lubricar, y un cosquilleo me subía por la barriga y por la espalda hacia arriba. Poco a poco fue entrando cada vez más en mi interior, hasta que me cogió por las caderas y, mientras me miraba a los ojos, me la metió toda del tirón. A mi grito de dolor y placer le siguió una serie de embestidas en mi coño que me hizo estallar en el primer orgasmo de la noche.

Fue el orgasmo más largo que nunca había tenido, pues Rubén no paró de follarme ni siquiera cuando me quedé sin fuerzas encima de él, pues me tenía bien agarrada por la cintura y bien penetrada por el coño. Frenó su ritmo al sentir que se corría y salió de mí. Enseguida ocupó su lugar Iván, pero al penetrarme se dio cuenta de que mi coñito ya estaba secándose y nos iba a doler a ambos, así que me colocó a cuatro patas de nuevo, me hincó la cabeza en el sofá para dejarle completamente servido el culo, se untó la polla con lubricante y empezó a follarme de nuevo el ano sin compasión. Yo ya solo podía gritar, aunque al tener la boca contra el sofá casi no se me oía.

Cuando ya no podía aguantar más, Iván salió de mi culo, sentí un chorrito de lubricante en mi agujero y, sin mediar palabra, sentí la enorme verga de Rubén penetrar de forma brutal en él. Iván se colocó debajo de mi boca ofreciéndome su verga. Mis gritos hicieron que Rubén me tratase con algo más de suavidad, cosa que aprovechó Iván para meterme su polla en la boca y no dejarme salir de ahí.

Me excitaba enormemente sentir cómo Rubén me atraía hacia él agarrándome por las caderas y penetrándome con suavidad. Cuando logró meter toda su polla hasta los huevos, empezó a masajearme el clítoris con una de sus manos, cosa que agradecí, pues mi vagina empezó a lubricar de nuevo. Mientras él me estimulaba mi botoncito, yo empecé a balancearme de adelante hacia atrás para sentir su virilidad en mi recto. El placer que sentía era indescriptible, tanto, que empecé a acelerar el ritmo hasta que fue Rubén quien volvió a cogerme de la cintura para aumentar la violencia de las acometidas. Así, dando un sonoro alarido de placer, me inundó el recto con su leche caliente, saliendo un poco de la misma debido a la gran cantidad de leche.

Iván seguía recibiendo mi mamada al tiempo que le pajeaba la polla y, cuando vi que no podía aguantar más, me la saqué de la boca y le pedí que se corriera dentro de mi culo. Se levantó como un resorte y me penetró con suma facilidad. Nada más comenzar el mete saca se corrió dentro de mí, cosa que agradecí, pues sentir esos fluidos calientes en mi recto me aliviaban mi dolorido ano.

Darío vino hacia mí, me ofreció su polla y la empecé a mamar con gusto, pasando la lengua por el glande hasta los huevos, los cuales succioné con placer mientras veía cómo se retorcía de gusto. Al mismo tiempo, empecé a sentir las caricias de Iván en mis nalgas, intercalando leves cachetazos en ellas que me excitaban muchísimo. Cuando la polla de Darío estuvo bien parada de nuevo, me tumbé bocarriba en el sofá para que me follara en la postura del misionero, lo cual aceptó de inmediato. Metió toda su verga en mi rajita y empezó un mete saca constante, rápido y delicioso, mmm, sentía de nuevo un hormigueo por todo mi cuerpo cuando de pronto Rubén me puso el glande de su polla morcillona en la boca. El placer que me estaba proporcionando Darío me hacía imposible concentrarme en mamarle la polla a Rubén, hasta que no pude más y, tras acariciarme yo misma el clítoris, estallé en un nuevo orgasmo. Sin embargo, esa polla no dejaba de taladrarme, mientras que Iván, sentado en el  otro sillón, mostraba una verga dura de nuevo, al igual que Rubén, al que tímidamente le comía la punta de su miembro.

Volvimos a cambiar de postura, esta vez Rubén se acostó debajo, metiéndome su gruesa polla en el coño; Iván se puso en mi retaguardia, para volver a taladrarme el ano, ese ano que tanto le gustaba y que tan dolorido tenía yo; por último, Darío me dio a mamar su polla, que estaba rojísima.

Al principio solo Iván arremetía contra mi culo, pues Rubén se limitó a meterme toda la polla dentro y Darío disfrutaba de la mamada de campeonato con la que le estaba obsequiando. De esta forma, pajeándole la polla al mismo tiempo que le comía los huevos, Darío no pudo contenerse más y me enchufó su rabo en la boca hasta casi rozarme la campanilla, donde descargó un enorme torrente de semen. Creo que a Rubén le tuvo que caer algo, pues se quejó y empezó a insultar a Darío mientras este se reía del otro, casi mareado por la enorme corrida que acaba de tener. Rubén empezó a  su vez a meter y sacar su polla en mi coño al mismo tiempo que Iván me empalaba por detrás.

-Aaahh, ya no puedo mááás…-gritaba Iván sin dejar sus acometidas-.

-¡Vamos, córrete dentro, dame tu leche…córrete dentro!

Así fue cómo se corrió por segunda vez en mi culito mi amigo Iván, quien al terminar de correrse vino hasta mí y me besó en la frente, pues aún tenía restos de semen de su amigo Darío en la comisura de los labios. Rubén me cogió del culo para fijar mi cuerpo contra el suyo, empezó a follarme con gran violencia por el coño con su gran polla gorda y yo sentí casi desfallecer cuando me sobrevino el tercer orgasmo. Él, al ver que me estaba corriendo de nuevo, siguió con su ritmo. Una vez paré de gemir, salió de mí, me tumbó bocabajo en el sofá, me abrió los cachetes del culo y me metió poco a poco la polla hasta quedar completamente enterrada en mi interior. Se tumbó encima de mí y empezó a follarme de menos a más al mismo tiempo que me mordía la nuca y me lamí la oreja. Me tenía abrazada con sus manos en mis tetas y su polla entrando y saliendo de mi dilatado ano hasta que, en un último empujón que me hizo sentir su polla casi en el estómago, volvió a inundarme el recto con su semen.

Al terminar de correrse me dio un beso en la nuca y me ayudó a sentarme. Luego, entre los tres me llevaron al baño, pues no podía ni andar. Tras orinar y expulsar casi todo el semen de mi ano, me ayudaron a ducharme, pues no solo no podía andar, sino que además no podía entrar en la bañera, ni agacharme.

Cuando vino mi pareja unos días después, le conté que me había caído. Menos mal que las nalgadas y embistes que recibí me dejaron algunos cardenales y gracias a eso me creyó.

Desde entonces tengo claro que nunca más voy a tener sexo anal con desconocidos. Al menos no la primera vez.

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