La primera vez de Ricky

Ricky estaba muy asustado cuando Maggie lo llamó aquella noche. No porque supiera que iban a pelear o porque hubiera hecho algo malo. No. Ricky estaba nervioso porque, esa noche, Maggie había decidido convertirlo en hombre. Esa iba a ser la primera vez de Ricky.

Recapituló antes de golpear la puerta:

Maggie le llevaba cinco años, era la hermana mayor de su mejor amigo y, ¡Dios! Él lo sabía muy bien: ¡La muchacha era una bomba!

De piel canela y piernas largas, llevaba el cabello castaño y largo y los ojos marrones cargados de placer. Sus pechos se dejaban imaginar grandes y turgentes, su vientre liso y bien marcado, y sus nalgas redondas y firmes. Completando lo que para él era una imagen divina.

Sí. Maggie era el sueño de todo chico y él estaba a punto de volverlo realidad la primera vez que iba a tener sexo. Tragó saliva.

Ya no recordaba cuántas veces se había masturbado viéndola. Pero si tenía grabado a fuego en su mente aquella vez que ella lo descubrió mientras tomaba sol tumbada de espaldas en el patio y, en lugar de escandalizarse y regañarle, se puso en cuatro patas levantando su culito y contoneándolo, como si se lo estuviera ofreciendo. Pero Rycky no pudo dejar de masturbarse y apuró el roce de su mano en su pene para largar su contenido. A partir de ese día, supo que solo era cuestión de tiempo. Por eso no se sintió para nada sorprendido cuando Maggie le escribió informándole de que sus padres y su hermano habían salido, que volverían tarde y que quería verlo cuanto antes. Al principio se sintió intrigado, pero su curiosidad se volvió una mezcla de miedo y excitación cuando le oyó decir:

-No te olvides de traer unos cuantos forros.

Así que ahí estaba él, el joven y virgen Ricky, a un golpe en la puerta de cambiar su vida y volverse hombre. Tocó tres veces.

Maggie lo recibió envuelta en una bata rosa clara y con una sonrisa por demás juguetona. Ricky entró tímidamente y fue conducido hasta la cocina.

-No tengas miedo, relájate. –le dijo Maggie al tiempo que le servía una copa de vino. –Créeme, nos vamos a divertir mucho.

La primera vez de Ricky, un sueño hecho realidad

Sin mayores preámbulos, Maggie tomó a Ricky de la mano y lo condujo hasta la habitación de sus padres. Rápidamente tiró al muchacho sobre la confortable y enorme cama. Se acostó a su lado y, sonriéndole abiertamente, comenzó a besarlo.

Sus labios y sus lenguas danzaban apasionadamente al tiempo que la muchacha lo tomaba por la espalda, acercándolo hacia su cuerpo. En su inexperiencia y desesperación, Ricky buscaba bruscamente acariciar cada centímetro de la muchacha, desde sus nalgas hasta su espalda y cabellos.

-Mmmmm, veo que alguien ya está preparado. –comentó grácilmente Maggie al tiempo que frotaba la pelvis de Rick por sobre su pantalón y notaba cómo su bulto iba creciendo y creciendo. –Abrí bien los ojos pendejo, que esto te va a encantar.- Añadió guiñándole un ojo.

Y ante la sorprendida y fogosa mirada de Ricky, Maggie se quitó la bata quedando completamente desnudo.

-¿Te gusta lo que ves? –le preguntó entre jadeos al tiempo que le acercaba los pechos a la cara y le tomaba las manos para que se los apretase. –Apriétalos y chúpalos, dale… Mmmm sí, así. –Comenzó a gemir cuando Ricky comenzó a apretar y masajear sus pechos mientras le daba largas lamidas y chupadas.

El éxtasis del joven comenzó a crecer cuando Maggie lo liberó de sus pantalones y dejó a la vista su pene totalmente duro y erguido.

-Mmmm qué grande es –comentó la joven tocándole la cabecita con la lengua y haciendo que se doblara de placer sobre la cama. Sonrió. –Despacito, que quiero saborearlo entero, entero.-Añadió dándole suaves lamidas y frotándolo con la mano lentamente.

Una fina capa de sudor comenzó a recorrer el cuerpo de Ricky mientras acariciaba a Maggie en las mejillas y esta se tragaba dispuesta y hambrienta todo su pene. No podía creer que se lo estaban chupando. Sentía el paladar de la muchacha en la punta de su miembro y una suave lengua recorriéndole por los costados. Sus huevitos duros y redondos, masajeados por finos y suaves dedos, amenazaban con descargarse.

-Llegó la hora de hacerte hombre. –Dijo Maggie a su oído, incorporándose y sentándose sobre él.

La muchacha comenzó a frotarle el pene mientras le ponía un preservativo y lentamente se sentó sobre él haciendo que su conchita se lo tragara por completo. Dejó escapar un gemido seco y comenzó a moverse lentamente.

Las manos de Ricky iban de las piernas de la muchacha a sus dulces nalgas. Su respiración se agitaba y se entrecortada al tiempo que una electricidad recorría su espalda y un leve hormigueo invadía sus caderas al sentir cómo Maggie lo rozaba con cada pequeño saltito que daba sobre su pene. Sus ojos estaban hipnotizados por el bailecito que hacían esos rebosantes pechos con cada sacudida y solo quería tenerlos en su boca. Pensamiento que Maggie debió adivinar, pues se agachó y le colocó los pechos en el rostro, moviéndolos de lado, al tiempo que aumentaba la velocidad de su cabalgada.

Ricky comenzó a mover su pelvis también, automáticamente, al tiempo que comenzaba a ser consciente de la sensación tan plácida de calor y humedad que invadía a su pene y de cómo este se iba pelando en el interior de la muchacha.

-¡Sí, sí, así! –gimió Maggie, al tiempo que Ricky se llevaba uno de sus pezones a la boca y apretaba el otro con dedos un poco más expertos.

La joven se incorporó un poco y lo besó apasionadamente, introduciéndole la lengua hasta la garganta, al tiempo que aumentaba la velocidad de sus movimientos y roce. Los gemidos de ambos comenzaron a entremezclarse. La muchacha dejó escapar un agudo grito en el mismo momento en el que Ricky sentía cómo su semen abandonaba su pene y se desparramaba, caliente y espeso, en el interior del condón. Era la primera vez que Ricky experimentaba aquella inolvidable sensación.

La muchacha le dio un cálido beso y se recostó a su lado.

 -¿Te gustó volverte hombre? –le preguntó besándole una oreja.

 Ricky no pudo responderle con palabras, solo atinó a volver a besarla.

 

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La Donacion de Semen 2

Capitulo anterior: La donacion

Nuevamente la mas explosiva enfermera, de 110 centímetros/36DD de senos, ayuda a un paciente a donar semen

Otro día en la clínica habilitada para donaciones de semen. Sentada en ante su mostrador esta la enfermera de senos generosos. Leyendo una revista, con algunos cheques por 50U$S sobre la mesa para los donantes y una lista de esto y la hora a la que debían arribar.

Desde hace varios días son pocos los voluntarios. Por lo que la enfermera no ha tenido mucho que hacer. Tras leer el mismo articulo por segunda vez, la señorita mira su reloj y la lista de donantes. Ya debería llegar uno…y así lo hace.

Es un hombre joven y bien parecido. Tras comprobar la identidad (siempre con el máximo de los respetos y preservando la privacidad) la mujer le da un frasquito y le pide que vaya al cuarto para donaciones. Inevitablemente el hombre no puede disimular su mirada clavada en el pecho de la enfermera que, ademas, gracias a su ajustada ropa hace que sus senos resalten mas. Ella se da cuenta de como el lo mira y lo observa con intereses mientras ingresa a la habitación para donaciones.

Lleva nada más que un minuto dentro del cuarto para donaciones, apenas ha destapado el frasco, y lo mira con curiosidad. Cuando de repente la tetona enfermera ingresa en el lugar. Ella lo mira con interés y levanta las cejas. El esta extrañado. La mujer dirige su mirada al frasco y dice “Puedo ayudarte a llenar eso”. El hombre se sorprende aún más y, ni hablar, cuando la mujer lo empuja recostándolo boca arriba. Acto seguido, y ras ponerse unos guantes de latex, le quita las prendas para dejar al descubierto su pene semi erecto…en un rato está completamente erecto. Primero lo acaricia un poco con su mano derecha. Después comienza a masturbarlo, tomándolo entre sus dedos y subiendo de arriba hacia abajo. El donante se recuesta y cierra los ojos. Durante unos dos minutos la masturbación es constante. La enfermera alterna entre una mano y otra. Cuando la mano se le “cansa”, ella le pide que, por favor, le avise cuando este a punto de eyacular.

Llegado el momento, coloca el pene en posición casi horizontal y el frasco debajo. Con la mano derecha de la mujer con el falo entre sus dedos y la otra tomando el frasco. El donante eyacula llenando el frasco. Mientras la mujer tapa el frasco y lo deja en el lavamanos, el hombre, suspirando, se dispone a vestirse y retirarse. Pero ella le advierte que “Aún no hemos terminado”.

Obediente, él se queda en su lugar y observa cómo ella tira los guantes de latex en un tacho para basura médica y saca un frasco de un bolsillo. Se da la vuelta y le dice:

Aún no hemos terminado señor. Primero es donar esperma para la institución y ahora…-se desabrocha la ropa y quita el corpiño- para mí.

Él se queda mirando absorto esos grandes, redondos y firmes senos, que parecen salidos del mejor de los sueños. Ella se arrodilla e introduce el miembro flácido (pues acaba de eyacular) en la boca. Lo recorre con la lengua, lo envuelve en el calor de su boca, lo llena de saliva. Lo quita de su boca, su lengua afuera, y lo toma con sus manos, lo vuelve a masturbar.

Cuando el pene vuelve a estar firme, después de unos minutos de sexo oral y masturbación, la mujer toma el frasco que llevaba consigo. En su interior hay lubricante sexual. Coloca bastante entre sus senos y le aclara:

Esto es para que la fricción con la piel no sea molesta. Y, en cambio, sea muy agradable.

Lo mira lascivamente, toma el pene con su mano derecha y lo apoya entre sus senos. Lleva amabas manos a sus pechos y presiona con ambas el pene. El hombre emite un largo gemido. Las tetas son suaves, y con el lubricante, la fricción es hiperplacentera. Con movimientos, de su torso y las manos, los senos se mueven de abajo hacia arriba masturbándolo.

Para él cada vez se pone mejor: Primero masturbación, ahora masturbación con senos. Una enfermera de ensueño en una situación de ensueño. A pesar de que no hace mucho que eyaculó, su pene vuelve a estar erecto y él (como en todo momento) muy excitado. Cierra los ojos y siente el calor de la piel de ella y la lubricada piel de su pecho.

Cada vez más excitado, cada vez más cerca de volver a eyacular. Y, más aún, cuando los labios de ella le rodean el glande. Y, es así, que la parte del miembro viril que no esta entre las tetas está dentro de la boca de la enfermera.

Él decide apoyar una mano en la nuca de ella, acompañando el ritmo de la felacion. Emite un largo gemido, está a punto de acabar…Otra vez. Por fin eyacula. Dentro de su boca entra semen. Cuando su orgasmo termina, la lasciva mujer lame de arriba a abajo todo el pene y se pone de pie. El hombre la observa: De pie ante él con el pecho descubierto y empapado en el lubricante. Nota el movimiento de la garganta cuando traga…el semen. Le sonríe y, tomando su corpiño, comienza a cubrir su desnudez. Él hace lo propio y se viste también.

La enfermera bebe algo de agua del lavamanos y se enjuaga la boca. Cuando acaba, y con ambos ya vestidos, se dirige al donante y le dice, con una forzada formalidad:

Gracias por su donación señor…-Le guiña un ojo- Por sus dos donaciones.

Él no puede evitar sonreír- Ha sido todo, todo, un placer.

No lo dudo…señor. Ahora le doy su cheque

La mujer se dirige a la puerta, pero se detiene un segundo antes de salir, y se da la vuelta para encararlo.

Quizás, más adelante, podría donar directamente…aquí. -Le dice mientras señala su propio y femenino vientre.

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