La Aprendiz en busca de sexo intenso

Después de lo sucedido esa mañana de sexo intenso (en los dos relatos de sexo anteriores), estaba muy intranquila, casi alienada en mi mente.

Solo podía pensar en ese sexo intenso. Durante la clase de Economía solo veía ante mí imágenes cortadas, sus manos tocándome muy profundo, sus besos hambrientos y nuestros cuerpos sudorosos, refregándose el uno contra el otro… ¡¡¡ahhhh!!! Eso solo acrecentaba mi excitación. En eso estaba, cuando el profesor me pregunta por el Modelo Económico actual y su implicación en la política pública, esta demás decir que di una respuesta escueta y apenas acertada, muy fuera de mi estilo, que normalmente era muy florido y didáctico.

Llegué por la tarde a mi casa y entré derecha al baño, sin detenerme ni a saludar, abrí la llave del agua, mientras esta se atemperaba comencé a lavar mi pobre pantaleta que quedó hecha una pena. Justo en ese momento mi mamá golpea y me pregunta que si no se saludar… yo le respondí que venia que me hacía pipí y aprovecharía de tomar una ducha ya que por la tarde me iría donde Claudia a pasar la noche. La idea no le encantó, pero me dejó en paz. Así que al fin me metí bajo el agua y comencé a jabonar mi cuerpo, a pasar mis manos en los mismos lugares que él lo había hecho, a sentir las mismas reacciones de mi cuerpo caliente, en ese momento tome la ducha teléfono y comencé a enjuagar el jabón, dirigí el chorro a mi sexo ansioso de atención, para así poder limpiar los restos de mi intensa actividad sexual matutina (de la cual aún quedaban rastros), poco a poco  comencé a sentir nuevamente esa agradable sensación de aceleración, metí un dedo en mi interior aún apuntando el chorro de agua con mi otra mano… comencé a subir a mi pequeño cielo, jadeaba despacito, estaba a punto… y entonces mi mamá golpeó nuevamente,  diciéndome que saliera luego para comer algo. ¡QUE FRUS TRA CIÓN! Igual que siempre interrumpiendo el mejor momento.

Salí del baño envuelta en mi bata y con una toalla en el pelo, busqué en la cocina mi plato y lo lleve a mi cuarto, al llegar allí percibí el rico aroma de la comida, solo allí me di cuenta cuánta hambre tenía, yo creo que a causa del mismo sexo intenso y el hecho de mi fallido intento en la ducha. Me atiborré con ese rico plato de pasta… (Mmmm, ñam! qué rico estaba :P). Ahora, satisfecha una de mis hambres, tenía el pequeño problema de cómo prepararme para satisfacer la otra, en ese tiempo era solo una estudiante sin mucho dinero, de tal manera mi estilo se reducía a lo que mis papás quisieran comprarme, no tenía muchas cosas finas o provocativas en mi closet, el conjunto interior de la mañana era el más sexi de mi arsenal, así que decidí ponerme algo sencillo, un sostén negro de copa lisa, y una pantaleta de algodón a tono, sin grandes pretensiones, al fin que esa era mi verdad diaria y de seguro no duraría mucho puesto, arriba solo me puse un vestido de tirantes gruesos  despegado del cuerpo con un motivo floral en colores azules y rojos, unas sandalias de tiras  y por supuesto mi perfume de rosas frescas. (Todo muy fácil de quitar).

Al irme de mi casa repetí a mi madre la historia que ya había creado con mi querida amiga Claudia (quien sin cuestionarme el porqué del engaño, aceptó apoyarlo), solo le dije a mi incauta madre que quizá volvería al medio día del día siguiente y que yo le avisaría de cualquier cambio de plan. Salí casi corriendo por un par de cuadras con mi bolsito al hombro, casi desesperada por no llegar tarde, hasta que un par de esquinas mas allá me lo encontré, estacionado en su moto con ese porte y actitud relajada, me monte mientras él me ponía el casco, se acomodó, lo abracé y con un rugido salimos disparados a su casa. Al llegar vi un espacioso loft, moderno y austero… ahí recién nos saludamos:

Patricio – Es un placer tenerte aquí solo para mí, espero que esta noche sea la primera de muchas otras.- Eso lo dijo lentamente y marcando sus palabras con gran intensidad.

Yo – La verdad no se que esperar, pero sí es como lo de la mañana estoy dispuesta a aprender lo que me quieras enseñar.- Mi voz estaba cagada de ansiedad y lujuria.

P – No te preocupes, iremos de a poco, no quiero apurar el resultado, quiero darte placer sin restricciones, quiero disfrutarte y que me disfrutes.-

Y – Eso me preocupa, no sé si estaré a tú altura… En mi casa no puedo ni darme placer en paz.-

P – ¿A sí?… Bueno a eso le pondremos una solución, acá podrás hacer lo que tú quieras, y eso es a partir de ahora…

Continuando un día de sexo intenso…

Y solo así, me tomó de la mano y subimos por una escala angosta a un altillo que contenía su cama, una grande y blanca, sencilla pero se veía cómoda –haz lo que quieras- dijo con malicia en su mirada, yo al sentir el desafío lo acepté y comencé a desnudarlo, todo lo rápido que pude. Fuera camiseta, pantalones junto al bóxer y zapatillas. Yo solo quería admirar su cuerpo y ver todos los detalles de cerca, tocarlo a placer, sentir la tensión de su cuerpo, es que a pesar de no ser un adonis de belleza, tenía un cuerpo marcado, definido y bien tonificado que hacían de él un digno lienzo que admirar. Yo por mi parte, con mi metro sesenta y cinco, un cuerpo voluptuoso y pálido como una de esas pinturas barrocas, no sé bien qué me veía… bueno, si lo sospechaba, ya que más de una vez lo vi embobado en mi escote e hipnotizado viéndome caminar (siempre he sido muy femenina, o eso me dicen).

Él, de pie frente a mí ya expuesto, dijo que teníamos que estar en iguales condiciones, así que con un poco de pudor me quité el vestido dejándolo caer, siguiéndolo el sostén y la pantaleta de cerca, al ultimo las sandalias, así quedamos, frente a frente (yo incomoda y cohibida, él esplendoroso) me miró como si fuera la mismísima Venus de Milo y dijo: -no te cubras, todo lo que veo me gusta.- así que con mi nueva confianza, lo empujé a la cama y comencé a tomarlo suavemente por los hombros, mientras le comía la boca con las mismas ganas que en la tarde me comí la pasta, bajé a su pecho saboreando con mi lengua la sal de su sudor, seguí al abdomen con pequeños mordiscos, hasta llegar a su miembro que aún estaba en reposo, solo comenzando a moverse al sentir mis caricias y pequeñas lamidas. Pasé mi mano sobre él, le separé un poco las piernas, para así poder tomarlo desde abajo (nunca fui una asidua onanista, ni propia ni ajena, pero quería hacerlo bien), así que él separó sus piernas ayudándome a tener mejor acceso a su falo aún dormido. Al verme indecisa me preguntó qué pasaba, yo le dije que me avergonzaba ser vista en tan calurosa actividad, así que cerró los ojos y se limito a respirar pausadamente. Al fin cómoda, levanté su miembro con una mano, mientras con la otra presionaba su perineo y sus testículos, hasta que de a poco comenzó a crecer y engordar hasta ponerse duro como un palo.

Confieso que estaba fascinada, nunca había podido analizar así una erección, paso a paso, sin prisa, eso me tentó a experimentar con él, pasando mi mano de arriba abajo lentamente pero con firmeza, hasta que llegó a su tamaño final, el cual me pareció aún más grande que en la mañana, decidí lamerlo con mi lengua lánguida y tibia, de arriba a abajo, hasta los gemelos (él se retorcía y gruñía, moviendo un poco la cadera), mientras yo subía nuevamente para meter la cabeza en mi boca y succionar con fuerza, dejándolo a ratos para alternar con mis manos enroscándose en el tronco rítmicamente, pasé mi lengua en la punta, donde ya emanaban gotas de excitación y las esparcí con la lengua hasta el frenillo, con el dedo pulgar e índice amasé un poco la cabeza apretándola como queriendo exprimirlo. Él, ya loco de placer en un susurro dijo – ¡¡¡me voy!!!- Y con un bufido, lo dejó salir. Mis manos quedaron empapadas de su eyaculación, mientras su miembro aún se contraía y escupía hasta la última gota de placer… Yo que nunca hice algo así, y excitada como estaba por la sesión de sexo intenso, me chupé los dedos para averiguar cuál era su sabor, era algo que no podía definir… era más bien sui géneris, ni bueno, ni malo, solo distinto, algo viscoso, tibio y blanquecino… no noté que él me miraba, al darme cuenta me puse roja como un tomate, pero al ver que lo que veía le gustaba seguí lamiéndome y lamiendo su hombría hasta la última gota. Me dijo que había sido la mamada más dulce y ardiente de su vida  :3.

Me abalancé sobre él, lo besé con frenesí, como si hubiese estado perdida en el desierto y él fuera un manantial, entonces me tocó y comprobó que estaba preparada para seguir, así que se giró sobre mí en un rápido movimiento, quedando sobre mí cuerpo hirviente, con su mano agito un poco su adormilado miembro, este se despertó nuevamente cual militar listo a servir, lo coloco en la entrada de mi húmeda vulva y lo metió de una sola estocada, me provoco escalofrío, me llegó hasta el fondo en un bien calculado movimiento, comenzó a envestirme salvajemente mientras mi cadera se acompasaba a su ritmo, rápido y duro – siéntelo, así profundo y fuerte.-

Solo unos minutos más de desenfreno, de sexo intenso, bombeando en mi interior, con suaves mordidas en mi cuello y mis uñas clavadas en su espalda, comencé a gemir nuevamente, cayendo en una deliciosa espiral orgásmica. La mejor experiencia sexual que viví hasta ese instante, vendrían muchas más… y la noche aún no comenzaba.

Caí exhausta a su lado como una muñeca de trapo, él me abrazó y puso su cabeza en mis senos, como buscando un refugio donde descansar, en definitiva no estaba  nada preparada para tanto sexo intenso, pero sí estaba muy dispuesta a aprender lo que él me ofrecía en ese plano, quería experimentar ya que mis relaciones anteriores si bien no habían sido malas, siempre estuvieron coartadas, ya sea por locación, tiempo o simplemente que como adolescentes no disponíamos de la logística necesaria para experimentar a nuestras anchas. Mientras reposábamos hablamos de todo esto y de sus propias experiencias, así de alguna forma, nos estábamos conociendo mejor.

Más sexo intenso… con juguetes eróticos

Claro que después de tanto hablar de sexo intenso, preferencias, fantasías sexuales y demás, el ambiente se había vuelto a caldear entre nosotros, circulaba la excitación pura y espesa. Mi nuevo tutor me pidió que me acostara mirando hacia abajo y me relajara, así que sin dudar lo hice, de repente oí sus pasos alejarse y abrir un cajón, después lo cerro y volvió, de reojo vi que en su mano traía una pequeña bolsa de cartón, blanca y con las palabras secreto de a dos, escritas en rojo, me produjo gran curiosidad pero me pidió cerrar los ojos, así que en contra de mis deseos lo hice… Comenzó a darme un masaje fantástico en la espalda, untándome con alguna sustancia resbalosa y con aroma a chocolate, siguió bajando por mi espalda hasta llegar a mis nalgas, de ahí pasó inmediatamente a mis pies, subió por las piernas hasta llegar a las rodillas, desde ese punto comenzó a torturarme lentamente, subiendo justo hasta mis glúteos y volviendo a bajar, hasta que comenzó a masajear (como un verdadero profesional) mi trasero, el cual yo sin pensar subía, como ofreciéndolo en bandeja de plata, él se limitó a darme una sonora nalgada, para dejarme quieta, eso me hizo excitar aún más. Dentro de toda esa parafernalia  sentí un zumbido, así como así lo sentí  caer sobre mi piel ya erizada, Patricio comenzó a mover ese pequeño artilugio de placer en torno a mi hinchada vulva, lo movía con una mano y con la otra se introducía en mi, primero un dedo y luego otro, la sensación era celestial.

Yo podía sentir cómo todo se removía dentro de mí y esa sensación ya tan familiar de llegar a la gloria, me sobrecogía una vez más. Con mis manos tenía ya arrugada toda la ropa de cama, intentando agarrarme de algún lugar, como para no caer a ese abismo sin fin, no tan rápido… entonces él con un rápido movimiento me giró, quedando boca arriba mientras me volvía a meter los dos dedos dentro, en tanto con la palma de la otra mano comenzó a acariciar y presionar mi bajo vientre, la sensación era mucho más intensa, casi incontenible, yo me retorcía como una poseída, sentía cómo esa urgencia me apremiaba cada vez más. Él apuró el paso, sabiendo que ya no resistiría mucho más, presionó al mismo tiempo por última vez, fuera y dentro… – ¡aaahhhhhhh! Un grito como un relámpago me partió en dos, el placer salió acuífero de mí, como una cascada clara, dejando a su paso una interminable secuencia de espasmos y la sensación de haber corrido un maratón en solo 5 minutos… “¡oh, cansancio divino!”. Lo abracé, miré sus ojos y me dormí profunda, como una bendita, soñando con Dionisio, sus sátiros y Ninfas. Al despertar por la mañana tenia a mi propio Dios del Sexo, desnudo y erecto, enrollado en mí, ofreciéndome el mejor despertar de mi vida.

Sé que esta historia de sexo intenso es un poco larga, pero si les agrada seguiré con ella… espero los inspire 😉

 

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