La primera vez que me masturbaba :P

Hola que tal… les quería compartir algunas experiencias que he tenido, lo hago solo por morbo pues es la primera vez que realizo este tipo de cosas, y la verdad es me excita mucho solo el echo de hacerlo, espero lo disfruten. Como dice el titulo les voy a contar sobre aquella vez en la que me masturbé por primeraContinuar leyendo »

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Primer relato erótico

Bueno, yo entré a esta página de relatos eróticos porque me gusta leer relatos XXX de experiencias reales. A veces hay quienes pueden ver lo que estoy viendo en mi computadora, y como me gusta ver vídeos porno, no puedo hacerlo a todas horas porque me daría vergüenza si se dan cuenta de lo que estoy viendo, pero leer historiasContinuar leyendo »

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La Primera vez de Loreto

Loreto había sido una niña con mucha confianza en sí misma, siempre el centro de su mundo, todos la querían y hacían su voluntad. Ella siempre fue más amiga de los niños que de las niñas y en definitiva siempre supo que le atraía una clase muy específica de hombre. Pasaron los años, Loreto se convertía día con día enContinuar leyendo »

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Relatos XXX: Evolución de mi Señora PRIMERA PARTE

Tengo muchos años de estar con mi mujer. De hecho, comenzamos desde que ella era bastante joven, siendo yo mayor que ella.
Yo no sabía que cuando todavía no era mi novia, salía con sus vecinos a la calle y en algún momento, debido a sus edades, dejaron de llegar a sus casas a la hora que sus padres querían, tardando más de lo habitual debido a la exploración de nuevos límites en su sexualidad.

Ahí, los juegos dejaron de ser simples besitos para pasar a ser algo más en los que ella era la protagonista. Primero se turnaban. Se iba uno de ellos con ella a un rincón de un desvencijado y abandonado edificio y al principio tan solo se besaban torpemente. Primero uno, y luego otro. Y así, todas las tardes, en un momento dado, dejaban sus juegos infantiles para ir a besarse con ella, complaciente para todos.

En algún momento, alguno de ellos la comenzó a tocar en sus infantiles pechos que apenas comenzaban a brotar. Aunque ella se resistía al principio, su resistencia no era muy efectiva ni era muy convencida, así que uno de ellos tuvo acceso a sus pechos.

Sin que ella lo supiese, ese chico lo comentó a los demás, y pronto todos buscaban tener acceso a sus pechos. Al igual que con el primero, ella se resistía un poco pero sin mucha convicción. En poco tiempo, tocar, manosear y besar sus pechitos ya era parte de la rutina y ella ni se oponía ya.

Después, uno de ellos, que pudo haber sido el primero en tocar sus pechos o quizá pudo haber sido otro, comenzó a tocarle el sexo. Aquí, la resistencia inicial fue más enérgica que cuando tocaban sus pechos las primeras veces, pero terminó siendo ineficaz. Al poco tiempo, todos la tocaban toda. Como esos juegos escondidos se comenzaron a dilatar un poco más, casi todos comenzaron a tener problemas en sus casas.

Los castigos que resultaron para muchos, y afortunadamente no para todos, no la incluyeron a ella porque en su casa no notaron nada inusual, provocaron que ella, por las noches, sintiera urgencias que no sabía resolver, pero que resultaban en tremendas humedades en su intimidad y que accidentalmente descubriera algún alivio al tocarse…

Más que una jovencita, la protagonista de relatos XXX

Sin embargo, en poco tiempo aquellos juegos se reanudaron en aquel oculto rincón. Pero algo había cambiado. El hecho que ya todos tenían acceso a su vulva, sumado al hecho que todos debían apurarse para que no notaran sus ausencias, produjo que en algún momento, los demás se asomaran a invadir la privacidad que tenía cada uno para besarse con ella y con tocarla a discreción.

Así que por necesidad primero, empezaron a asomarse y a ver cómo el chico de turno la manoseaba y cómo ella se dejaba.

¿Consecuencia? Empezaron, primero dos o tres, a manosearla, todos al mismo tiempo, y ella respondió al estímulo de un ataque grupal de manera favorable al deseo que todos sentían.

Así que, todas las tardes, ella podía ser encontrada en las ruinas de un edificio cercanas a su casa, desnuda, con varios chicos de su edad semidesnudos y otros masturbándose en público, mientras todos la tocaban.

La inexperiencia y torpeza de todos ellos protegió de momento su virginidad, porque aunque hubo uno o dos que intentaron montarla, los nervios de todos impidió que se concretara la penetración que fallidamente intentaron.

De más está decir que semejantes cambios en aquellos juegos provocaron tremendos cambios en las urgencias y necesidades que sentía ella durante la oscura soledad del momento de dormir, todo un mundo con el que escribir miles de relatos XXX.

¿Cómo la llevaron esos juegos a ella hacia mi cama? Podrán saberlo si leen esta primera parte de esta serie de relatos XXX. ¡Espero vuestros comentarios!

 

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Del placer de desvirgar

He podido acomodarme entre las piernas de mujeres jóvenes y vírgenes, y así desvirgar a muchas de ellas. Cuánto más joven, más crece la expectativa de una deliciosa velada.

La excitación que llevó a Carolina a mi cama se fue acumulando por causa de su sensualidad.

Ya la habían manoseado muchos desde hacía tiempo. Le habían metido la mano bajo su calzón y le habían restregado sus núbiles pechos en madrigueras improvisadas entre los arbustos de solares baldíos.

Había tenido la sensación de besarse, si bien torpemente, con enlace entre lenguas y la sensación de saliva ajena en la propia boca.

Había sentido los besos e inexpertas caricias de otra mujer en la intimidad.

Había invadido la santidad del dormitorio de su madrina para dejarse manosear por mí, y había sentido lo que se siente cuando un hombre experimentado besaba sus pechos. Esa excitación, poderosa, la llevó semidesnuda a mi cama, pero es el instante mismo de la penetración lo que queda grabado como placer sublime e inolvidable.

Poco placer existe tan delicioso, si acaso existe, como sentir el glande asomarse a la entrada de una gruta vaporosa y caliente, sudada de néctar de amor, la calidad espesa de ese jugo bendito y la sensación en el pene al frotarla recorriendo a lo largo aquel conducto destinado a albergar una verga dura y agrandada.

Sentir la resistencia a la presión inicial a esa cuevita inspira la mayor ternura y deseo por hacer las cosas bien. Entrar despacito mientras se siente la intensa agitación de su respiración y los jadeos acelerados en su voz; observar su rostro sin perder la concentración y encontrar sus ojos cerrados y una expresión que no indica con claridad si es placer, dolor, perdición… crea de por sí otra oleada de maravillosas sensaciones.

Sí, esa resistencia inicial al desvirgar es inolvidable.

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Del placer de desvirgar

He podido acomodarme entre las piernas de mujeres jóvenes y vírgenes, y así desvirgar a muchas de ellas. Cuánto más joven, más crece la expectativa de una deliciosa velada.

La excitación que llevó a Carolina a mi cama se fue acumulando por causa de su sensualidad.

Ya la habían manoseado muchos desde hacía tiempo. Le habían metido la mano bajo su calzón y le habían restregado sus núbiles pechos en madrigueras improvisadas entre los arbustos de solares baldíos.

Había tenido la sensación de besarse, si bien torpemente, con enlace entre lenguas y la sensación de saliva ajena en la propia boca.

Había sentido los besos e inexpertas caricias de otra mujer en la intimidad.

Había invadido la santidad del dormitorio de su madrina para dejarse manosear por mí, y había sentido lo que se siente cuando un hombre experimentado besaba sus pechos. Esa excitación, poderosa, la llevó semidesnuda a mi cama, pero es el instante mismo de la penetración lo que queda grabado como placer sublime e inolvidable.

Poco placer existe tan delicioso, si acaso existe, como sentir el glande asomarse a la entrada de una gruta vaporosa y caliente, sudada de néctar de amor, la calidad espesa de ese jugo bendito y la sensación en el pene al frotarla recorriendo a lo largo aquel conducto destinado a albergar una verga dura y agrandada.

Sentir la resistencia a la presión inicial a esa cuevita inspira la mayor ternura y deseo por hacer las cosas bien. Entrar despacito mientras se siente la intensa agitación de su respiración y los jadeos acelerados en su voz; observar su rostro sin perder la concentración y encontrar sus ojos cerrados y una expresión que no indica con claridad si es placer, dolor, perdición… crea de por sí otra oleada de maravillosas sensaciones.

Sí, esa resistencia inicial al desvirgar es inolvidable.

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Con la hija de mi novia 2

Hola de nuevo, después de la locura hecha cuando mi novia se bañaba -que os conté en este relato erótico-, ya era cuestión de tiempo hacer mía a Pao, sabía que ella deseaba lo mismo, y fue lo pronto de lo que esperaba, mi novia tuvo que salir de viaje y entonces no había nada que se opusiera a hacerla mía.
Esa noche, fuimos al aeropuerto a dejar a mi novia, y cuando veníamos de regreso, la hija de mi novia me dijo:
-Fer, tócame y mira cómo vengo, -y cuál fue mi sorpresa que no traía pantis, y además estaba mojadísima, y sin más empecé a acariciarle su sexo, y a decir verdad, tuve que parar el auto a un lado de la carretera, porque tenía que hacerle tener su orgasmo. Como pude, me acomodé y empecé a morder su clítoris mientras ella soltaba gritos cada vez más fuertes hasta que explotó entre mis labios y mis dedos dentro de su ano.
Quería mía a la hija de mi novia, pero debíamos llegar a casa, por lo que le quité el vestido y así desnuda fue en el coche. ¡Qué bueno que era de noche! Porque en el trayecto tuvo otro orgasmo, ya que iba masturbándose mientras me acariciaba el pene por encima del pantalón.
Al llegar a casa, nos desnudamos y solo alcanzó a decir, ¡SOY VIRGEN! POR FAVOR, HÁZMELO SUAVE, DESPACIO, Y SERÉ TUYA SIEMPRE, luego se agacho y me empezó a besar mi pene que ya sentía que me reventaba del bóxer, y cuando lo sacó, abrió los ojos y con sorpresa y miedo a la vez, me dijo:
-No me cabrá, me vas a lastimar. -La levanté y al voltearla dijo-, no, así de frente… quiero ver cómo lo metes y me desvirgas, porfi. –Así, ella misma se sentó encima de mí y se lo fue ensartando poco a poco mientras yo le besaba los senos y pezones, y empezaba a dedearle su ano, cosa que le hizo explotar 2 veces más y fue cuando aproveché y de golpe la dejé caer en mi tronco hasta el fondo.
Les puedo asegurar que su grito se escuchó en toda la calle, pero ya era mía y entre llanto y risas, obtuvo su orgasmo lleno de sanguaza, semen y su orina, porque no aguantó y se vino hasta en ello.
Esa noche obtuvo sus orgasmos vaginales y uno anal, porque ella misma se lo introdujo todo. FUERON 3 DÍAS DE SEXO, SEXO Y MÁS SEXO, y desde entonces ella dice cuándo le tengo que dar masaje en su pierna adolorida.

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La primera vez de Ricky

Ricky estaba muy asustado cuando Maggie lo llamó aquella noche. No porque supiera que iban a pelear o porque hubiera hecho algo malo. No. Ricky estaba nervioso porque, esa noche, Maggie había decidido convertirlo en hombre. Esa iba a ser la primera vez de Ricky.

Recapituló antes de golpear la puerta:

Maggie le llevaba cinco años, era la hermana mayor de su mejor amigo y, ¡Dios! Él lo sabía muy bien: ¡La muchacha era una bomba!

De piel canela y piernas largas, llevaba el cabello castaño y largo y los ojos marrones cargados de placer. Sus pechos se dejaban imaginar grandes y turgentes, su vientre liso y bien marcado, y sus nalgas redondas y firmes. Completando lo que para él era una imagen divina.

Sí. Maggie era el sueño de todo chico y él estaba a punto de volverlo realidad la primera vez que iba a tener sexo. Tragó saliva.

Ya no recordaba cuántas veces se había masturbado viéndola. Pero si tenía grabado a fuego en su mente aquella vez que ella lo descubrió mientras tomaba sol tumbada de espaldas en el patio y, en lugar de escandalizarse y regañarle, se puso en cuatro patas levantando su culito y contoneándolo, como si se lo estuviera ofreciendo. Pero Rycky no pudo dejar de masturbarse y apuró el roce de su mano en su pene para largar su contenido. A partir de ese día, supo que solo era cuestión de tiempo. Por eso no se sintió para nada sorprendido cuando Maggie le escribió informándole de que sus padres y su hermano habían salido, que volverían tarde y que quería verlo cuanto antes. Al principio se sintió intrigado, pero su curiosidad se volvió una mezcla de miedo y excitación cuando le oyó decir:

-No te olvides de traer unos cuantos forros.

Así que ahí estaba él, el joven y virgen Ricky, a un golpe en la puerta de cambiar su vida y volverse hombre. Tocó tres veces.

Maggie lo recibió envuelta en una bata rosa clara y con una sonrisa por demás juguetona. Ricky entró tímidamente y fue conducido hasta la cocina.

-No tengas miedo, relájate. –le dijo Maggie al tiempo que le servía una copa de vino. –Créeme, nos vamos a divertir mucho.

La primera vez de Ricky, un sueño hecho realidad

Sin mayores preámbulos, Maggie tomó a Ricky de la mano y lo condujo hasta la habitación de sus padres. Rápidamente tiró al muchacho sobre la confortable y enorme cama. Se acostó a su lado y, sonriéndole abiertamente, comenzó a besarlo.

Sus labios y sus lenguas danzaban apasionadamente al tiempo que la muchacha lo tomaba por la espalda, acercándolo hacia su cuerpo. En su inexperiencia y desesperación, Ricky buscaba bruscamente acariciar cada centímetro de la muchacha, desde sus nalgas hasta su espalda y cabellos.

-Mmmmm, veo que alguien ya está preparado. –comentó grácilmente Maggie al tiempo que frotaba la pelvis de Rick por sobre su pantalón y notaba cómo su bulto iba creciendo y creciendo. –Abrí bien los ojos pendejo, que esto te va a encantar.- Añadió guiñándole un ojo.

Y ante la sorprendida y fogosa mirada de Ricky, Maggie se quitó la bata quedando completamente desnudo.

-¿Te gusta lo que ves? –le preguntó entre jadeos al tiempo que le acercaba los pechos a la cara y le tomaba las manos para que se los apretase. –Apriétalos y chúpalos, dale… Mmmm sí, así. –Comenzó a gemir cuando Ricky comenzó a apretar y masajear sus pechos mientras le daba largas lamidas y chupadas.

El éxtasis del joven comenzó a crecer cuando Maggie lo liberó de sus pantalones y dejó a la vista su pene totalmente duro y erguido.

-Mmmm qué grande es –comentó la joven tocándole la cabecita con la lengua y haciendo que se doblara de placer sobre la cama. Sonrió. –Despacito, que quiero saborearlo entero, entero.-Añadió dándole suaves lamidas y frotándolo con la mano lentamente.

Una fina capa de sudor comenzó a recorrer el cuerpo de Ricky mientras acariciaba a Maggie en las mejillas y esta se tragaba dispuesta y hambrienta todo su pene. No podía creer que se lo estaban chupando. Sentía el paladar de la muchacha en la punta de su miembro y una suave lengua recorriéndole por los costados. Sus huevitos duros y redondos, masajeados por finos y suaves dedos, amenazaban con descargarse.

-Llegó la hora de hacerte hombre. –Dijo Maggie a su oído, incorporándose y sentándose sobre él.

La muchacha comenzó a frotarle el pene mientras le ponía un preservativo y lentamente se sentó sobre él haciendo que su conchita se lo tragara por completo. Dejó escapar un gemido seco y comenzó a moverse lentamente.

Las manos de Ricky iban de las piernas de la muchacha a sus dulces nalgas. Su respiración se agitaba y se entrecortada al tiempo que una electricidad recorría su espalda y un leve hormigueo invadía sus caderas al sentir cómo Maggie lo rozaba con cada pequeño saltito que daba sobre su pene. Sus ojos estaban hipnotizados por el bailecito que hacían esos rebosantes pechos con cada sacudida y solo quería tenerlos en su boca. Pensamiento que Maggie debió adivinar, pues se agachó y le colocó los pechos en el rostro, moviéndolos de lado, al tiempo que aumentaba la velocidad de su cabalgada.

Ricky comenzó a mover su pelvis también, automáticamente, al tiempo que comenzaba a ser consciente de la sensación tan plácida de calor y humedad que invadía a su pene y de cómo este se iba pelando en el interior de la muchacha.

-¡Sí, sí, así! –gimió Maggie, al tiempo que Ricky se llevaba uno de sus pezones a la boca y apretaba el otro con dedos un poco más expertos.

La joven se incorporó un poco y lo besó apasionadamente, introduciéndole la lengua hasta la garganta, al tiempo que aumentaba la velocidad de sus movimientos y roce. Los gemidos de ambos comenzaron a entremezclarse. La muchacha dejó escapar un agudo grito en el mismo momento en el que Ricky sentía cómo su semen abandonaba su pene y se desparramaba, caliente y espeso, en el interior del condón. Era la primera vez que Ricky experimentaba aquella inolvidable sensación.

La muchacha le dio un cálido beso y se recostó a su lado.

 -¿Te gustó volverte hombre? –le preguntó besándole una oreja.

 Ricky no pudo responderle con palabras, solo atinó a volver a besarla.

 

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