Calientes en el Autobus

Microrelato

Era un día de verano y mi esposa y yo nos fuimos con un grupo de excursión. Sin ninguna intención decidimos sentarnos en los últimos asientos del autobús.

Ya después de un día de playa, a la vuelta empezamos hablar de nuestras experiencias sexuales tras lo cual y casi sin darnos cuenta empezamos a tocarnos. Yo le metí la mano entre sus piernas y empecé a masturbarla metiéndole dos dedos en su raja. Pude notar que estaba bien mojada por lo que me entraron muchas ganas de chuparle todo su coño . Disimulando, todo lo que podíamos, me agaché entre sus piernas y empecé a chupárselo, mordiendo con mis labios su clítoris y metiéndole la lengua. Saboreando sus jugos hasta que logré llegar al orgasmo.

Fue una experiencia muy excitante, no sabemos si alguien se dio cuenta pero nosotros lo pasamos bien sabroso

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Sexo intenso con Tauro

Desde que lo vi en la cabina de DJ supe que tenía que cogerme a ese hombre a como diera lugar. Aún a metros de él y entre toda la gente que había en la disco esa noche, juraba que podía olerlo. Cerraba los ojos, pensaba en encerrarme con él en la cabina, abrirle los pantalones y darle la mamada de su vida.

Por fin logré acercarme, el profundo escote de la pequeña pieza de tela que decía ser un top era una clara invitación para que lo hiciera a un lado y pudiera chuparme las tetas. Solo pensarlo me ponía duros los pezones. Sé que hablábamos de algo pero no estoy segura de qué, solo podía pensar en abrir las piernas para que me empalara con su verga hasta el fondo, solo podía pensar en tener sexo intenso con él. Al terminar la noche, mi amiga y yo habíamos sido invitadas a su casa de playa para celebrar su cumpleaños el siguiente fin de semana.

Su amigo y él pasaron por nosotras y llegamos a la casa por la tarde de un viernes. Todo estaba listo para tres días de fiesta continuos. El lugar era enorme, frente a la playa y con un jardín trasero que se extendía hasta la selva. Era un paraíso para perderse y cumplir toda clase de fantasías  y en la recámara principal, un balcón con una alberca interior con vista al mar era como un sueño.

El lugar estaba a reventar para cuando llegamos así que aventamos las maletas en su cuarto, me puse un bikini negro minúsculo y un pareo rojo, él nada más se puso un traje de baño azul con grandes flores hawaianas blancas y salimos a la fiesta. Un grupo local tocaba música tropical y para mi sorpresa me invitó a bailar. Me tomó de la cintura, apretándome contra su cuerpo. Es un hombre enorme, a su lado me siento tan pequeña. Quiero sentirlo encima de mí, quiero sentir su peso mientras me la mete. Bailamos, fajamos, nos tocábamos al ritmo de la música. Su mano que había empezado en mi espalda ya estaba casi a media nalga. Al terminar una canción me apretó contra su pelvis, pude sentir su verga inflamada de ganas. Bajó más la mano y la metió entre mis nalgas, la punta de su dedo rozando mi coño húmedo.

Tallé mis senos contra su pecho, deseaba tanto meterme su verga entre los senos y lamerla. Me besó con ganas, su lengua seguía el suave movimiento de su dedo, me hizo gemir en sus labios.

“Quiero comerte toda, ahora.”

Me dejé llevar a la recámara y en cuanto cerró la puerta me puso de frente contra el espejo del tocador. Parado atrás de mi me hizo ver como hacía a un lado los pequeños triángulos que tapaban mis pezones. Los tomó entre sus dedos, apretándolos y acariciándolos hasta que se pusieron duros, entonces los pellizcó más fuerte hasta que me hizo gemir casi de dolor. Subió una mano y metió sus dedos a mi boca, me hizo chupárselos mientras con la otra mano me quitaba el pareo y deshacía los nudos de la parte de abajo de mi bikini, dejándome así frente al enorme espejo, atrapada con una mano en mi boca y otra en mi entrepierna.

Vi cómo iba abriendo mis labios exteriores para dejar expuesto mi clítoris. Me empujó la cadera y me abrió las piernas para que pudiera ver mejor cómo me masturbaba. Sacó sus dedos de mi boca y regresó a mis senos. Ni siquiera me había penetrado y ya me iba a venir. De pronto paró y me aventó sobre la cama.

“Mastúrbate para mí.”

Se sentó en un sillón a los pies de la cama, así que me acomodé en la orilla para que pudiera ver todo el espectáculo. Con una mano empecé a separar mis labios y con la otra, a acariciar la entrada de mi coño como él lo hizo mientras bailábamos. Estaba tan mojada que se escurría todo hasta mi culo, así que lo acaricié también, mientras me masturbaba con la otra mano.

Él estaba muy cerca, podía sentir su respiración, soplaba suavemente mientras yo me metía el dedo medio en el coño. Estaba tan caliente y apretado adentro, húmedo, ya estaba lista para su verga, pero me dijo que me metiera otro dedo. Acariciaba mis muslos y jugaba suavemente con mi culo, así que le obedecí. Podía escucharlo jadear mientras me veía meterme los dedos. “Otro más.” Tenía ya tres dedos metidos en mi coño, iba a estallarle en la cara, empezó a lamerme alrededor de los dedos y cuando no pude más, los saqué para que él metiera su lengua hasta el fondo, comiéndose todos mis jugos.

“Sabes delicioso. Podría estar aquí por siempre.”

Empezó a chuparme, metía la cara completa entre mis piernas, me lamía y me mordisqueaba el clítoris, haciéndome temblar de placer, haciéndome venir de nuevo en su boca. Cuando por fin me dejó ir me paré junto a él. “Es mi turno” le dije, y lo tiré sobre la cama. Le bajé el traje de baño y dejé expuesta su deliciosa verga. Tenía que lamerla, desde los testículos hasta la punta. Era como una deliciosa paleta y cada que daba un lenguetazo, podía escucharlo gemir de placer. Me la metí en la boca completa, hasta que toqué su vello y pude llenarme de su olor mientras lo hacía arquearse de placer. Agarró mi cabello y me bajó de la cama, haciéndome hincar, se sentó en la orilla con su verga frente a mí, me la talló en toda la cara y me la metió en la boca hasta el fondo. Mientras me hacía mamársela con fuerza levanté la vista y lo vi sonreír. “Me voy a venir en tu boca, preciosa. Y te lo vas a tragar todo.”

Fue cuando sentí como estallaba y me llenaba la boca de su leche, me la tragué toda y lo limpié con la lengua. Nos subimos a la cama y me hizo acostarme. Levantó mi cadera hasta que mis piernas quedaron en sus hombros y se volvió a meter entre mis piernas.

“Te dije que quería comerte toda.” Su lengua se movía suave entre mi coño y mi culo, acariciando mi clítoris y haciendo que me mojara de nuevo. Me metió la lengua suavemente, moviéndola dentro de mi.

“Necesito que me cojas.” suspiré. “Necesito tener sexo intenso contigo.”

Levantó la cabeza de mi concha, “Cómo gustes y mandes, preciosa.” Me acostó de nuevo y puso la punta en la entrada. “Voy a hacerte gritar.” Me empaló tan fuerte que solté un alarido de placer. Sentirlo encima, probar mi sabor en su boca mientras me tiene con las piernas en el aire, cogiéndome con fuerza, como un toro. Su verga ancha me abría, se deslizaba haciéndome gritar hasta venirme, las piernas me temblaban.

Me puso boca abajo, se acomodó entre mis nalgas y me la metió en el culo. Estaba tan excitada que gemí de placer. “Qué apretadita estás, preciosa. Vamos a abrirte un poquito más.”, y empezó a hacer círculos metido en mi, abriéndome y haciendo que parara más las nalgas de placer, para darle mejor acceso. Metió su mano bajo mi cadera y encontró la punta de mi clítoris excitado. “Vamos a venirnos juntos, ya te llené la boca, ahora te voy a llenar el culo.” Empezó a meterla y sacarla con más velocidad, yo sentía como sí me fuera a desgarrar pero al mismo tiempo como sí fuera a estallar de placer. Sentí como me pulsaba por dentro, me masturbaba, nos íbamos a correr los dos y fue cuando su leche empezó a escurrir por mis muslos.

“Qué sabrosa estás. Y qué rico coges, preciosa.”

Tomamos una pausa, abrimos otra botella y nos tiramos en la cama, pero pronto su mano empezó a acariciarme la pierna, el muslo. Sabía a dónde iba y abrí un poco más las piernas. Sus dedos fríos por el trago contra mi piel caliente. Tomó un hielo del vaso y lo pasó por mi rajita, me hizo sacudirme. Bajó a lamer el agua que había dejado el hielo y a ver que tan mojada estaba para volver a cogerme. Abrió más mis piernas para dejar mi coño expuesto y metió el hielo, lo empujó hasta el fondo con su dedo y empezó a moverlo para buscar mi punto G. Su lengua jugaba con mis pezones, los lamía, los mamaba. Eso me prendía aún más.

Cuando se puso boca arriba me monté en él. El agua fría del hielo derretido en mi coño escurría cuando me senté en su verga. Subía y bajaba lentamente para poder sentirla toda entrando en mi, para irlo prendiendo cada vez más. Casi estaba recargada en él y mis senos se mecían contra su pecho. Puso sus manos en mi cadera para empujarme más hasta el fondo, haciéndome arquear de placer. Fue llevándome así, primero suave, sintiéndolo bien adentro, en círculos. Luego me subía y bajaba muy despacio, bien profundo. No pude más y empecé a mover la cadera para sentirlo dentro de mí, él me apretó más, aumentó el ritmo, me fue llevando cada vez más al límite, me hacía gemir cada vez más fuerte.

“Grita, disfrútalo, quiero que grites y que te dejes sentir todo el placer del sexo intenso.”

Me vine con un casi alarido de placer, sus manos deteniendo mi cadera, arqueada sobre él. Todo mi cuerpo se sacudía en oleadas de placer y sentía cómo me corría. Justo en ese momento me levantó, me acostó a su lado y se vino sobre mi vientre.

La fiesta seguía, de pronto me di cuenta de la música, la gente. Podía escuchar gemidos provenientes de la alberca interior. Cuando volteé, encontré a mi amiga con el amigo y otra pareja viéndonos, se estaban tocando entre ellos.  Entonces se acercó a mi oído y susurró: “Preciosa, el sexo intenso apenas va a comenzar…”.

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