La zorra de Karla cumplió mi fantasía erótica

En esta historia el protagonista no soy yo, es mi esposa. Para ponerles en contexto debo decirles que mi esposa Karla y yo somos una pareja, digámoslo así, muy liberal en cuestión de sexo. Cuando la conocí sabía que con ella el tema de la monogamia no iba a funcionar, así que me enamoré y me adapté. Sé que a ella le gusta el sexo con otros hombres y a mí encanta estar con otras mujeres, así que cada uno tiene su espacio y su tiempo. Por regla general no nos contamos las experiencias que tenemos fuera del matrimonio, pero a veces si la situación fue muy especial y vale la pena hablarlo… ¿Por qué no?

Un día Karla me oyó hablar con un amigo sobre una fantasía erótica que tenía yo. Mi fantasía es que una mujer me pague por tener sexo y me trate como a la más guarra de las zorras.

Karla, que está buscando experiencias interesantes, se quedó pensando en mi fantasía y pensó: ” Debe haber muchos hombres que tengan esa fantasía. De solo pensar en pagarle a un hombre para que sea zorra por primera vez, me pongo muy caliente… ¿Por qué no? ”

Así que un día se inscribió a un chat de sexo como el que tenemos en nuestra web, en busca del hombre perfecto para realizar su fantasía. Luego de una intensa búsqueda, según ella, fue difícil encontrar al hombre perfecto. Debía ser muy lindo, pues ella no se acuesta con cualquiera, debía ser muy creativo, inteligente y no tener límites en el sexo, pero al mismo tiempo debía ser un caballero, pues ella no se iba a arriesgar a que el hombre se saliera de su fantasía y se pusiera agresivo o algo peor.

-Hola Juan, estás entonces listo… La propuesta es así de sencilla: Quiero que seas mío por una noche, pero realmente mío, te voy a pagar 300 dólares, para que seas mío, estés para mí, hagas lo que yo quiera, te encargues de mis más sucios deseos y quiero aclararte que tus necesidades no me interesan, debes actuar como un profesional, eres una zorra a mi servicio. Si te interesa finalmente, te envío mi dirección, te espero hoy a las 9:00 pm.

-Acepto Karla, pero con una condición: No aceptaré nada con otro hombre o perversiones extrañas con animales ni nada por el estilo, solo tú y no podrás filmarme ni tomarme fotos.

-Te espero.

A las 9:00, llega a la puerta un hombre alto, de buen  cuerpo,  elegante, joven, de unos 25 años, cabello rubio y corto. Para ponerlos en el cuadro, Karla es una mujer de 40 años, muy hermosa, con unas tetas grandes y muy redondas, caderas anchas, pelo ondulado castaño, ojos café, de color trigueño, muy latina en sus facciones, labios anchos y carnosos. No es porque sea mi mujer, pero es una hembra como pocas.  Tiene una mirada y una voz muy sensual e imponente.

-Pasa Juan, toma asiento, sírvete un trago… bajo enseguida.

Al rato bajó Karla, con una levantadora de color rojo, con bordes negros, que dejaban ver una lencería muy sexi, en el mismo tono rojo con los calzones negros y unos ligueros que sostienen unas medias del mismo tono rojo y unos zapatos negros de tacón alto. Parecía que ella fuera la que estuviera a la venta y no el.

Sacó un billete de U$100, lo puso en la mesa y le dijo:

-El resto cuando termines…

Karla hizo realidad mi fantasía sexual con un esclavo

Él se levantó a saludarla con un beso y ella rápidamente lo detuvo, se recostó en el diván de la sala, prendió un cigarrillo, tomó su whisky y le dijo:

-Juan quiero que te desvistas para mí, ten cuidado, no quiero que te quites los calzoncillos, no quiero ver tu miembro… aún.

Juan se desvistió sensualmente, mientras ella reía, y se burlaba un poco, no de el sino de la situación… Cuando estaba terminando de desvestirse, ella le dijo: Juan ven para acá y desvísteme lentamente…

Él empezó por quitarle la levantadora y mientras le masajeaba los senos empezó a besarle el cuello y los hombros, luego la giró hacia él y empezó a besarla por el pecho, justamente encima de sus senos, mientras le acariciaba el culo. Luego le retiro le desabrocho el sostén por la espalda con una mano y la dejó caer al sofá…

Ella le dijo: Muy bien hermoso, ahora ven y chúpamelas. Se refería a sus tetas, ella le cogió la nuca con fuerza y le pegaba las tetas a su cara, casi sin dejarlo respirar, luego con su mano le indicaba que quería que le tragar su pezón.

Luego le dijo: Vas a chuparme toda mi vulva y lo harás hasta que yo diga, y mientras lo haces no te olvides que tengo tetas…

Juan le bajó sus bragas y como se le había ordenado abrió sus labios y empezó a chuparle esa hermosa vulva, que estaba jugosa y rosada, le besaba los muslos por la entre pierna, y de vez en cuando subía por su ombligo y le besaba las tetas, como ella se lo había recomendado. Ella no tenía ningún afán, él estaría en  esa situación hasta que ella se lo pidiera.

Y decidió probarlo haber que tan metido estaba en su papel. Abrió sus piernas, las levantó un poco, las puso en frente de su cara y le dijo:

-Juan, cariño, ¿ves mi cuca, ves el hueco de mi culo… ? Bien pues quiero que pases tu lengua y me la metas en mi cuca, luego bajes por el espacio entre los dos agujeros y me chupes esa zona y finalmente quiero que lamas el culo, metas tu lengua en mi ano…

Juan se sentía humillado como nunca, le dolía su verga de no poderla doblar pues su calzón no se lo permitía y ella no le dejaba sacar su miembro que seguía doblado, pero a la vez estaba excitado como nunca, sabía que esa noche no la iba a volver a tener en mucho tiempo y el era muy macho para ser coartado por ninguna hembra, y aunque era algo que no había hecho para ninguna mujer… aceptó humildemente su penitencia y empezó a chupar…  Ella así supo que su fantasía erótica iba como lo había imaginado.

-Juan ahora ven hermoso… bájate los calzoncillos y muéstrame tu cosa… Ven acércate miremos que es lo que traes…

Ella le tocó la verga y por primera vez Juan empezó a sentir algo de alivio a esta excitación.

Su glande estaba húmedo y ella lo tocó con la punta de los dedos, sintiendo los primeros líquidos de él, se unto sus dedos con la humedad del pene de Juan y luego tomó sus dedos se los acerco a la boca de Juan y le dijo: Chupa zorra, siente tu verga… Siente a lo que sabes… chúpate como la zorra que eres y eso mientras con la otra mano le apretaba los huevos con fuerza,

En ese momento aún sin venirse Juan expulsó un poco de semen de su pene.

Ella le dijo: Tú te vienes cuando yo te diga, ¿entiendes cariño? Ahora por perra me tocará castigarte.

Le amarró una cuerda de cuero con una cadena de las que se usan en las sesiones sado, al pene, y lo empezó a jalar guiándolo hacia la alcoba para finalmente acostarlo en la cama. Luego amarró sus manos a la cabecera de la cama con una pañoleta de satín y las piernas abiertas con otra pañoleta similar. Él yacía de espaldas en la cama y su pena parado a 90 grados, dejaba ver sus testículos expuestos, ella se acercó y empezó a chuparle las bolas, se las succionaba y apretaba con fuerza, luego empezó a chuparle la verga y le decía: -Si te llegas a venir te voy a poner a tragar toda tu leche…

Juan le decía: -No me importa pero no puedo más… Déjame… me tienes loco…

Ella le decía: – Cálmate cariño, acá estás solo para satisfacerme zorra -y le daba una pequeña cachetada en la punta del pene.

Él Jadeaba de la excitación y del dolor y ella lo golpeaba un poco…

Ella se abrió de piernas y se le acerco a la cara… y le dijo… Chúpame el ano, chúpamelo. Ella estaba sumamente excitada y mientras él la chupaba ella se tocaba con fuerza el clítoris. En ese momento ella no aguantó más…

Sacó un condón de su cartera… le puso el condón en su enorme verga, que estaba dura y a punto de estallar.

Luego se hizo en posición arriba clavándose todo el miembro de Juan, ella sentía que el pene que estaba entrando por su vagina iba a salir por la boca. Una verga como la de Juan que era poco mayor al promedio y en ese grado de excitación y dureza se sentía como una estaca clavada hasta lo más hondo.

Ella empezó a mover su pelvis con fuerza, luego con sus uñas le aruñaba el pecho a Juan hasta que le sacaba un poco de sangre, mientras ambos gritaban y jadeaban…

Finalmente ella le dio permiso y le dijo mientras estaba en el más intenso de los orgasmos: -Vente dentro de mí, siénteme zorra!!!

Juan se vino y ella cayó exhausta en su pecho…

A los pocos minutos, se levantó con una gran cara de satisfacción, lo soltó de sus amarras.

Sacó los $200 y le dijo: Te has ganado tu dinero cariño.

 

 

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La zorra de Karla cumplió mi fantasía erótica

En esta historia el protagonista no soy yo, es mi esposa. Para ponerles en contexto debo decirles que mi esposa Karla y yo somos una pareja, digámoslo así, muy liberal en cuestión de sexo. Cuando la conocí sabía que con ella el tema de la monogamia no iba a funcionar, así que me enamoré y me adapté. Sé que a ella le gusta el sexo con otros hombres y a mí encanta estar con otras mujeres, así que cada uno tiene su espacio y su tiempo. Por regla general no nos contamos las experiencias que tenemos fuera del matrimonio, pero a veces si la situación fue muy especial y vale la pena hablarlo… ¿Por qué no?

Un día Karla me oyó hablar con un amigo sobre una fantasía erótica que tenía yo. Mi fantasía es que una mujer me pague por tener sexo y me trate como a la más guarra de las zorras.

Karla, que está buscando experiencias interesantes, se quedó pensando en mi fantasía y pensó: ” Debe haber muchos hombres que tengan esa fantasía. De solo pensar en pagarle a un hombre para que sea zorra por primera vez, me pongo muy caliente… ¿Por qué no? ”

Así que un día se inscribió a un chat de sexo como el que tenemos en nuestra web, en busca del hombre perfecto para realizar su fantasía. Luego de una intensa búsqueda, según ella, fue difícil encontrar al hombre perfecto. Debía ser muy lindo, pues ella no se acuesta con cualquiera, debía ser muy creativo, inteligente y no tener límites en el sexo, pero al mismo tiempo debía ser un caballero, pues ella no se iba a arriesgar a que el hombre se saliera de su fantasía y se pusiera agresivo o algo peor.

-Hola Juan, estás entonces listo… La propuesta es así de sencilla: Quiero que seas mío por una noche, pero realmente mío, te voy a pagar 300 dólares, para que seas mío, estés para mí, hagas lo que yo quiera, te encargues de mis más sucios deseos y quiero aclararte que tus necesidades no me interesan, debes actuar como un profesional, eres una zorra a mi servicio. Si te interesa finalmente, te envío mi dirección, te espero hoy a las 9:00 pm.

-Acepto Karla, pero con una condición: No aceptaré nada con otro hombre o perversiones extrañas con animales ni nada por el estilo, solo tú y no podrás filmarme ni tomarme fotos.

-Te espero.

A las 9:00, llega a la puerta un hombre alto, de buen  cuerpo,  elegante, joven, de unos 25 años, cabello rubio y corto. Para ponerlos en el cuadro, Karla es una mujer de 40 años, muy hermosa, con unas tetas grandes y muy redondas, caderas anchas, pelo ondulado castaño, ojos café, de color trigueño, muy latina en sus facciones, labios anchos y carnosos. No es porque sea mi mujer, pero es una hembra como pocas.  Tiene una mirada y una voz muy sensual e imponente.

-Pasa Juan, toma asiento, sírvete un trago… bajo enseguida.

Al rato bajó Karla, con una levantadora de color rojo, con bordes negros, que dejaban ver una lencería muy sexi, en el mismo tono rojo con los calzones negros y unos ligueros que sostienen unas medias del mismo tono rojo y unos zapatos negros de tacón alto. Parecía que ella fuera la que estuviera a la venta y no el.

Sacó un billete de U$100, lo puso en la mesa y le dijo:

-El resto cuando termines…

Karla hizo realidad mi fantasía sexual con un esclavo

Él se levantó a saludarla con un beso y ella rápidamente lo detuvo, se recostó en el diván de la sala, prendió un cigarrillo, tomó su whisky y le dijo:

-Juan quiero que te desvistas para mí, ten cuidado, no quiero que te quites los calzoncillos, no quiero ver tu miembro… aún.

Juan se desvistió sensualmente, mientras ella reía, y se burlaba un poco, no de el sino de la situación… Cuando estaba terminando de desvestirse, ella le dijo: Juan ven para acá y desvísteme lentamente…

Él empezó por quitarle la levantadora y mientras le masajeaba los senos empezó a besarle el cuello y los hombros, luego la giró hacia él y empezó a besarla por el pecho, justamente encima de sus senos, mientras le acariciaba el culo. Luego le retiro le desabrocho el sostén por la espalda con una mano y la dejó caer al sofá…

Ella le dijo: Muy bien hermoso, ahora ven y chúpamelas. Se refería a sus tetas, ella le cogió la nuca con fuerza y le pegaba las tetas a su cara, casi sin dejarlo respirar, luego con su mano le indicaba que quería que le tragar su pezón.

Luego le dijo: Vas a chuparme toda mi vulva y lo harás hasta que yo diga, y mientras lo haces no te olvides que tengo tetas…

Juan le bajó sus bragas y como se le había ordenado abrió sus labios y empezó a chuparle esa hermosa vulva, que estaba jugosa y rosada, le besaba los muslos por la entre pierna, y de vez en cuando subía por su ombligo y le besaba las tetas, como ella se lo había recomendado. Ella no tenía ningún afán, él estaría en  esa situación hasta que ella se lo pidiera.

Y decidió probarlo haber que tan metido estaba en su papel. Abrió sus piernas, las levantó un poco, las puso en frente de su cara y le dijo:

-Juan, cariño, ¿ves mi cuca, ves el hueco de mi culo… ? Bien pues quiero que pases tu lengua y me la metas en mi cuca, luego bajes por el espacio entre los dos agujeros y me chupes esa zona y finalmente quiero que lamas el culo, metas tu lengua en mi ano…

Juan se sentía humillado como nunca, le dolía su verga de no poderla doblar pues su calzón no se lo permitía y ella no le dejaba sacar su miembro que seguía doblado, pero a la vez estaba excitado como nunca, sabía que esa noche no la iba a volver a tener en mucho tiempo y el era muy macho para ser coartado por ninguna hembra, y aunque era algo que no había hecho para ninguna mujer… aceptó humildemente su penitencia y empezó a chupar…  Ella así supo que su fantasía erótica iba como lo había imaginado.

-Juan ahora ven hermoso… bájate los calzoncillos y muéstrame tu cosa… Ven acércate miremos que es lo que traes…

Ella le tocó la verga y por primera vez Juan empezó a sentir algo de alivio a esta excitación.

Su glande estaba húmedo y ella lo tocó con la punta de los dedos, sintiendo los primeros líquidos de él, se unto sus dedos con la humedad del pene de Juan y luego tomó sus dedos se los acerco a la boca de Juan y le dijo: Chupa zorra, siente tu verga… Siente a lo que sabes… chúpate como la zorra que eres y eso mientras con la otra mano le apretaba los huevos con fuerza,

En ese momento aún sin venirse Juan expulsó un poco de semen de su pene.

Ella le dijo: Tú te vienes cuando yo te diga, ¿entiendes cariño? Ahora por perra me tocará castigarte.

Le amarró una cuerda de cuero con una cadena de las que se usan en las sesiones sado, al pene, y lo empezó a jalar guiándolo hacia la alcoba para finalmente acostarlo en la cama. Luego amarró sus manos a la cabecera de la cama con una pañoleta de satín y las piernas abiertas con otra pañoleta similar. Él yacía de espaldas en la cama y su pena parado a 90 grados, dejaba ver sus testículos expuestos, ella se acercó y empezó a chuparle las bolas, se las succionaba y apretaba con fuerza, luego empezó a chuparle la verga y le decía: -Si te llegas a venir te voy a poner a tragar toda tu leche…

Juan le decía: -No me importa pero no puedo más… Déjame… me tienes loco…

Ella le decía: – Cálmate cariño, acá estás solo para satisfacerme zorra -y le daba una pequeña cachetada en la punta del pene.

Él Jadeaba de la excitación y del dolor y ella lo golpeaba un poco…

Ella se abrió de piernas y se le acerco a la cara… y le dijo… Chúpame el ano, chúpamelo. Ella estaba sumamente excitada y mientras él la chupaba ella se tocaba con fuerza el clítoris. En ese momento ella no aguantó más…

Sacó un condón de su cartera… le puso el condón en su enorme verga, que estaba dura y a punto de estallar.

Luego se hizo en posición arriba clavándose todo el miembro de Juan, ella sentía que el pene que estaba entrando por su vagina iba a salir por la boca. Una verga como la de Juan que era poco mayor al promedio y en ese grado de excitación y dureza se sentía como una estaca clavada hasta lo más hondo.

Ella empezó a mover su pelvis con fuerza, luego con sus uñas le aruñaba el pecho a Juan hasta que le sacaba un poco de sangre, mientras ambos gritaban y jadeaban…

Finalmente ella le dio permiso y le dijo mientras estaba en el más intenso de los orgasmos: -Vente dentro de mí, siénteme zorra!!!

Juan se vino y ella cayó exhausta en su pecho…

A los pocos minutos, se levantó con una gran cara de satisfacción, lo soltó de sus amarras.

Sacó los $200 y le dijo: Te has ganado tu dinero cariño.

 

 

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