Diario de la Doctora Miss Love: ¡Ideas navideñas para una noche en pareja!

¿Por qué será que en Navidad nos damos más cuenta de la pareja? En la época previa a la Navidad mi consultorio siempre está lleno y siempre es por lo mismo: parejas que piensan que el otro no las quiere, o que se sienten que han despreciado a sus parejas y buscan que lo arregle.

Muchos me confunden con consejera matrimonial, cuando no lo soy, pero hay algunos casos que, después de ahondar, me doy cuenta que sí puedo resolverlos (a otros simplemente los desvío a un consultor matrimonial que es quien puede ayudar).

Pero, centrándonos en mis casos, os diré que todos ellos carecen de algo: información sexual. Si bien ahora en los colegios e institutos se habla de sexualidad, quizá sea porque los mayores tenemos dificultades de hablar de esos temas con los niños, hace que les expliquemos mal las cosas. Y claro, después pasa lo que pasa.

La sexualidad, aunque se diga que ahora es mucho más abierta, lo cierto es que no. Yo no lo veo así. Es verdad que se puede hablar de manera más libre que hace cincuenta años, pero aún nos queda mucho por aprender.

Por eso, de cara a esas navidades, si quieres regalar a tu pareja algo bonito, me he propuesto dejarte algunas ideas navideñas para una noche en pareja. Porque puede ser un bonito regalo para la pareja.

Si tu pareja es mujer

Si quieres sorprender a tu mujer, el romanticismo es lo más importante. Casi todas las mujeres somos románticas y que la pareja se preocupe por el detalle, que prepare el lugar donde va a hacernos disfrutar es lo mejor.

Intenta preparar el terreno, no sé, una cama con unas rosas encima, un olor agradable (dicen que la mezcla de vainilla y canela es muy afrodisiaca y además estimula), una iluminación adecuada… No te olvides de una buena cena, que puede ser dentro o fuera de casa.

Muchos dirán, sí, está bien, pero tengo hijos. Bueno, los niños se supone que se van a la cama y tu dormitorio puede ser tu santuario. Así que todo es cuestión de que lo prepares allí y que los niños no entren.

Después de eso, un bonito regalo para ellas son los preliminares bien hechos. Nada de cinco minutos y a mojar el churro. Presta atención a cómo se comporta el cuerpo femenino. ¿Sabías que para llegar al orgasmo necesitamos al menos quince minutos? Pues ya sabes lo mínimo que has de darnos de placer.

Que después haya penetración o no eso va a depender de la otra persona. Se supone que es un regalo navideño para ella, ¿no? Ya llegará tu turno.

Si tu pareja es hombre

Si quieres sorprender a tu hombre, el romanticismo puede que no sea lo mejor, aunque ya os digo que hay hombres muy románticos. De todas formas, esto lo dejo a elección y a gusto de la pareja pues cada una lo conoce mejor.

Lo que sí que puede ser una buena idea es sorprenderlo. Intenta hacer algo que no hagas a menudo. Por ejemplo, sexo oral, o dominación. Se trata de sorprenderlo y de hacer que se lo pase bien, y con esas ideas puedes descolocarlo pero, al mismo tiempo, también excitarlo aún más.

Ve poco a poco observando cómo reacciona y, ante cualquier duda, pregunta si se lo está pasando bien. También notarás el efecto en su cuerpo, porque si disfruta el pene te lo va a decir (estará excitado y erecto).

Si bien ellos tardan menos en llegar al orgasmo, puedes hacer que dure más tiempo si vas pausando los movimientos y los toques. Lo volverás loco, eso sí te lo puedo asegurar. Pero merecerá la pena.

Eso sí, cuidado con lo que haces porque muchas mujeres piensan que penetrarse ellas o dejar que vean cómo disfrutan con el cuerpo masculino para ellos es placentero pero hay hombres que pueden sentirse utilizados porque ven que, de preocuparte por su placer, has pasado a preocuparte por el tuyo.

Intenta centrarte en él todo el tiempo y solo cuando él haya disfrutado, puedes pensar en el tuyo. Masturbación, sexo oral, masajes eróticos, etc. son algunas ideas que te puedo dar.

Seguro que con todo esto la noche de Navidad será de las más apetecibles… ¿será Navidad todos los días después de eso? Si lo haces bien, no lo dudo.


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Diario de la Doctora Miss Love: Dime de qué presumes… y te diré lo idiota que eres

Uff, ahora mismo, si te digo la verdad, podría hacer arder a alguien con solo mirarlo. Estoy que trino y la rabia que me ha dado la persona que ha estado aquí ahora mismo ha hecho que hasta la persona que se encarga de coger las citas me pida diez minutos para salir corriendo de aquí. Y no es para menos.

Pero antes de que me digas que no entiendes nada, te lo voy a explicar. Como sabes, cada día recibo a diferentes pacientes. Algunos vienen con un motivo justificado. Otros no saben lo que les pasa e intentan que les digas o les asesores para saber qué hacer. Otros buscan ayuda. Y otros vienen parece que para tocar las “pelotas” y eso que no tengo.

Este paciente llevaba tres sesiones conmigo y, sinceramente, ahora entiendo por qué me lo había pasado mi compañera de trabajo. ¡Es insoportable! Ella tiene un problema en las relaciones de pareja. Lleva varios novios pero no consigue mantenerlos más de seis meses y claro, sus amigas empezaron a decirle que quizás era por algo que ella hacía, que intentara ir a un psicólogo a que le dijeran algo. Y ahí que fue.

Mi compañera declinó atenderla tras cinco sesiones y me pidió el favor a mí así que yo le hice un hueco y, el día que le tocaba, la vi aparecer. Iba, a mi entender, demasiado… diva. No sé, me dio una sensación de que era una mujer que sabía lo que quería y que el problema que tenía era que no lo encontraba. Pero no sospechaba nada más.

Tras pasarle el test y ver que tenía una vida sexual activa, que había practicado sexo y que no se escandalizaba por nada, quise saber cuál era el problema concreto. Creo que a estas alturas tú también te habrás percatado de que el problema era la actitud de ella.

Según me dijo: “quiero una pareja que esté a mi lado, que se case conmigo y con quien pueda vivir bien. No busco a cualquiera sino a alguien que esté a mi altura”. El problema es que “la altura” de ella es demasiado alta para la gente con la que estaba saliendo y, los que sí pueden llegar, o superar, la ven y descubren sus aires de personalidad.

Pero claro, ¿cómo hacerle entender eso? ¿Cómo enseñarle que el amor no es una tarjeta de crédito? Ese era el problema. Ella veía las relaciones de pareja como una cuenta del banco, solo los quería para que desembolsaran dinero para sus gastos. Y las relaciones de pareja no son así.

Muchas veces, cuando veo en los parques a las personas mayores caminando juntas sonrío porque ellos sí que conocen el verdadero amor, lo que de verdad importa: no es el dinero, ni los hijos, ni tampoco vivir. Es saber que, a tu lado, hay otra persona que te completa, que te entiende y te conoce lo suficiente para saber que, aunque ríes, por dentro estás llorando; o que solo con mirarte sabe cuándo necesitas un abrazo o un beso.

En mi primera sesión traté de que se leyera un libro donde se veía, más o menos, la historia que le estaba pasando a ella. ¡Y en la siguiente sesión me dijo de todo! Así que después de respirar varias veces, intenté explicarle y que se diera cuenta de que, lo que ella quería en una persona, no se podía llamar “amor” sino “interés”.

Y ya en la tercera sesión, cuando me dijo que había empezado a salir con alguien pero que iba a dejarlo porque no estaba a su altura, aunque lo quería mucho, me harté. Sé que no debí decirle todo eso, pero no entiendo cómo las personas desperdiciamos la vida con aquello que no nos sirve y no nos damos cuenta de lo que de verdad importa.

Obviamente, se fue muy ofuscada por cómo la había tratado, diciéndole verdades nada más, pero creo que es una de esas personas que tiene que caer más hondo para darse cuenta de que las cosas no son como ella las ve.

Quizá sea que estoy un poco irascible estos días pero yo creo que el amor va más allá de lo material, no sé qué opinarás tú. ¿Crees que el amor de una pareja se mide por la capacidad de adquisición?


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Diario de la Doctora Miss Love: Buscando al príncipe azul desesperadamente

¡Qué daño ha hecho Disney! Lo sigo diciendo aún a mis años, y porque en televisión, y en dvd, se siguen viendo y vendiendo las películas en las que las mujeres esperan a un príncipe azul. ¡Y de esos no hay!

Ainss, hoy estoy un poco cabreada porque hay una chica que viene a mi consulta. No tiene los treinta años y ya ha estado deprimida por culpa de las relaciones sexuales. ¿Y por qué? Porque busca al príncipe azul desesperadamente y no se da cuenta de que eso solo existen en las novelas y en las películas y series, la realidad es otra completamente distinta.

A ver, no estoy diciendo que no haya príncipes azules en la vida real. Pero hay poquísimos y lo que más te encuentras son sapos verdes. Por eso es que es imposible que una chica pueda encontrarlo tan fácilmente.

Y ahora me dirás, ¿qué pasa porque lo busque? Pues nada, y todo. Cuando eres una mujer que busca un ideal de hombre y ves que no lo hay, ¿qué haces? Te deprimes, piensas que no vas a encontrar el amor, piensas que el problema eres tú y, al final, a quien le echas la culpa de todo es a ti misma. Y eso no me gusta nada.

De hecho, me siento un poco reflejada en esa chica porque yo también me sentía así cuando era más joven. Siempre estaba ilusionada con encontrar a mi príncipe azul, con encontrar a un hombre caballeroso que me protegiera, que me quisiera y amara en cuanto me viera. ¿Y qué nos encontramos cuando salimos? Babosos que van a ver si meten su herramienta, a hombres que solo quieren el polvo de una noche, a hombres que te engañan con la primera de turno, a hombres que se toman su tiempo y te conocen. Pero de esos últimos no hay muchos. Como dice mi paciente: esos están ya cogidos y amarrados.

Me hace gracia saber que ella tiene claras sus metas y objetivos en otros temas pero, en cuestión de amor, decae por completo. No es fea, ni mucho menos. Pero el hecho de no encontrar el amor está haciendo que tire la toalla. Por eso digo que Disney ha hecho mucho daño.

Hace un tiempo quise preguntar entre mis amigas lo que ellas buscaban en un príncipe azul y, ¿sabéis qué? Todas respondieron que buscaban uno con las características de los príncipes de Disney. Pero me llamó la atención que, además, le daban unos calificativos más: chulo, algo machista, prepotente,… Vamos, que les gustaba el malo de la película, que no fuera un cachito de pan sino el malo. Y yo me pregunto, ¿realmente las mujeres nos sentimos atraídos por ese trasgresión de las normas? El resultado que saco es que sí.

Quizá sea una tontería mía pero, entre un hombre bueno con buen corazón, y un hombre malo, con buen corazón en el fondo, escogemos el segundo, quizá porque soltamos más adrenalina, quizá porque nos gusta más. No lo sé. Pero también ese segundo nos da más problemas en la vida real.

Sea como sea, mi paciente tiene un problema importante, aunque no lo creas. Y bajarle los pies a la tierra no es fácil porque sería hundirla más. Sé que muchas mujeres quieren que se hagan realidad muchas escenas de películas, de series o de libros. Pero hay que ser realista, eso solo ocurre en la ficción; pocas veces la realidad se acerca.

Mis consejos en este sentido son:

  • Intenta ser realista. No hay príncipes azules, y si los hay, intenta conocerlo, porque puede ser un sapo disfrazado.
  • Sé tú. No intentes ser otra persona. Muéstrate de manera natural. Si le interesas, se fijará en ti. Si no, ¿qué importa esperar? El amor no tiene edad.
  • No te deprimas. El amor tiene muchas manifestaciones, ¿por qué tiene que ser con un hombre? ¿No puede haber amor entre mujeres, en la familia, entre animales, etc.? ¡Si hasta puedes amar a los juguetes eróticos! Te contaré algo, hace un tiempo vi una frase que me hizo reír: “cuando mi consolador me diga “buenos días, cariño, espero que hayas dormido bien y que el día vaya genial”, los hombres lo tendrá difícil”. ¡Y es verdad! Un consolador hace muchas cosas que hace un hombre, y siempre está predispuesto, no te da pelea y tú lo quieres o lo apartas de la cama.
  • Olvídate de príncipes. Mira a las personas como son, no con ideales estúpidos. No te llevan a nada.

Recuerda que las fantasías no pueden hacerse realidad, así que mira con otros ojos (y no te estoy diciendo que te quedes con lo primero que pase, ojo).


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Diario de la Doctora Miss Love: Los miedos del sexo cuando se está embarazada

¿Sabéis lo que es tener de paciente a una embarazada? Hace unas semanas me dijo mi secretaria que tenía una cita con una mujer que había llamado algo desesperada. Al principio pensé que era algo habitual, porque muchas veces pasa, pero cuando llegué y vi que estaba embarazada de siete meses, me extrañó mucho.

No sé, el test que le pasé era correcto, a simple vista no venía qué problema podía tener pues había una relación sólida, iba a ser padres por primera vez, y además veía que ella lo quería, y que confiaba en que él también la amaba.

Así que, cuando se sentó, le pregunté directamente cuál era el problema. Y me quedé sin palabras.

El problema de esta mujer era el miedo que le tenía al sexo en su estado.

No sabía si echarme a reír o empatizar con ella y pensar que muchas mujeres pasan por esos miedos. Pero, claro, normalmente eso se trata con el médico que te ve cada poco tiempo para ver cómo evoluciona el embarazo. Fue después cuando descubrí que, la persona que revisaba su embarazo, era su suegro. ¿Cómo iba a preguntarle algo así al padre de su marido? Ja, ja, ja, por eso prefirió buscar a una psicóloga relacionada en el sexo, para aclarar dudas y miedos que tenía.

Los psicólogos somos expertos pero, en ciertas cuestiones, estamos más limitados. Y eso me pasaba en este aspecto. Yo no sabía si el médico aconsejaba o no el sexo, si había riesgo o no, si tenía el tapón mucoso intacto o no. Todo eso había que tenerlo en cuenta. Así que solo pude recomendarle que acudiera a otro médico y que expusiera el caso porque yo solo podía hablarle en términos generales, no concretos.

Aun con eso me pidió que la informara, y la verdad es que me pareció una mujer muy correcta. No porque fuera educada, sino porque buscó información en personas profesionales. Quería saber los riesgos que podía haber en el sexo durante el embarazo, y quería saber los beneficios que podía tener. Eso no lo hace cualquiera; la mayoría de mujeres tienen tres comportamientos: abstención de sexo durante todo el tiempo que dura el embarazo (e incluso después); sexo a destajo sin importar el bebé; o aquellas que se informan y que van con cuidado.

Ella era del tercer grupo y me encantó hablar de esos temas y poder comentarle que, en principio, no había problemas y sí muchos beneficios (empezando porque, en el momento del parto, si se han mantenido relaciones sexuales, se tarda menos).

Le di el teléfono de un médico amigo mío que estaba segura podría ayudarle y le dije que llevara todos los documentos que tuviera de su embarazo para que los revisara y pudiera darle algunos consejos si quería mantener relaciones sexuales. También yo le hablé de ciertas posturas sexuales que son muy cómodas para las embarazadas y de síntomas que podían decirle que no iba bien la cosa.

Creo que quedó bastante satisfecha y la vi salir más aliviada, al menos por ahí me sentí útil aunque no hubiera aclarado todas sus dudas.

El sexo en el embarazo es uno de los temas que más miedo da a muchas mujeres porque piensan que van a hacerle daño al pequeño. Pero hay que tener en cuenta que, salvo que la pareja tenga una herramienta muy larga, esta no suele llegar al útero que es donde está el bebé, y no se le va a dar con el pene al pequeño ni, en ocasiones, lo sentirá. Lo único que sí notará es la alegría y el placer de la madre, así como la unión con el padre. Y eso, loves, es muy bueno porque cierra el vínculo mucho más que cualquier otro gesto o regalo que se le haga.

Unos días después, llamé a mi amigo médico y le pregunté por esta paciente. Había pasado ya por su consulta y quise informarme de si estaba bien y si le había recomendado el sexo, solo eso puesto que más son datos personales y privados que sabía no podía compartir. Así que me alegré mucho de saber que el embarazo marchaba bien. Creo que, para el próximo, si está igual, el sexo será parte de su día a día sin ningún miedo.


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Diario de la Doctora Miss Love: Me pongo pero no me pone

¿Alguna vez te has sentido como el título? ¿Alguna vez te has sentido excitada por algo pero, a la hora de la verdad, has perdido la excitación? Esto, aunque no lo creas, es algo muy habitual. Y un motivo por el que las parejas rompen.

Hace unos meses tuve en mi consulta una pareja que me decía eso mismo. La mujer se excitaba rápidamente, ya fuera porque la tocara su marido, porque viera alguna escena, o simplemente porque imaginara algo. El problema venía cuando miraba a su marido y… ploff, se le iba la excitación, o ya no le apetecía seguir. Y claro, dejaba al pobre marido que no podía aguantarse.

Lo primero que pensé fue en compadecerme del marido. El pobre tenía que estar pasándolo mal porque hablamos de una relación que, por un motivo o por otro, no pueden consumar bien. Por eso les pedí que me dijeran en lo que pensaban cuando estaban manteniendo relaciones sexuales.

Al principio se sintieron incómodos. Lo noté sobre todo en ella así que los separé. Pedí que el marido saliera y le pregunté directamente a la mujer porque intuía que por ahí estaba el problema. Y ella me dijo: “mientras está haciéndome cosas yo pienso en él, o en una sombra, depende del momento, imagino lo que me hace, o lo que me gustaría que me hiciera, y disfruto mucho. Pero cuando me fijo en él entonces me vienen todos los problemas que tenemos”.

Y es que, cuando llevas tiempo con una persona, y además las cosas no van bien, ya sea en el trabajo, el hogar, etc. hace que, el sexo, se resienta. Ella se concentraba en su mente para no pensar en nada, pero al mirarlo, era como si volviera a la realidad y los problemas la atacaban hasta tal punto que perdía todo lo ganado.

Claro que está que eso tenía una consecuencia negativa: su marido pensaba que no disfrutaba, que no era suficiente para ella. Y las discusiones eran mayores. Así que tenía que actuar para conseguir solucionar el problema.

En el caso del hombre, pensar lo que se dice pensar no lo hacía. Solo se dejaba llevar porque su mujer ya lo excita bastante. Pero cuando llegaba el momento, ver que ella estaba incómoda le hacía sentir mal.

¿Qué hacía? Pues les pedí que se fueran un fin de semana de la ciudad. No me importaba el destino pero sí que no estuviera relacionado con su familia, amigos, trabajo, etc. Que se dejaran llevar y que olvidaran el tema del trabajo o de responsabilidades por dos días. Digamos que les insinué que se imaginaran que eran una pareja recién casada sin cargas familiares ni de trabajo.

Cuando volvieron a la siguiente cita estaban mucho más contentos, obviamente. Pero tenían que lidiar con el problema, sobre todo ella. Así que propuse que, su habitación, fuera una de las que quedaba libres de problemas. Tenía que entender que, de puertas para adentro, esa habitación era para verla como el lugar de una pareja recién casada, sin problemas, sin responsabilidades, solo para el disfrute.

No es que con ello haya solucionado las cosas, porque queda aún el hecho de que sepa asimilar los problemas y organizarse para que no le afecten en su vida social y amorosa, pero al menos es un comienzo. Por supuesto, la comunicación con su pareja es importante porque, aunque ella no se lo contara, él se daba cuenta de que algo pasaba. Y a veces, contando con la pareja, esta puede redirigir ese problema hacia una nueva solución. Es decir, que cuando nota que algo no va bien, o que se ha perdido la excitación, puede volver a empezar si sabe el motivo por el que ha pasado.

Me hace gracia el hecho de que, a menudo, creamos problemas cuando es más sencillo comentar lo que pasa y solucionarlo entre los dos. En este matrimonio fue tan sencillo como decirle al marido que el problema venía de las responsabilidades del hogar y el trabajo para que también se prestara a ayudar y, así, no cargarse ella demasiado. Pero es que los roles de hombre y mujer están tan interiorizados que se cometen fallos cuando un cambio solo puede hacer mucho bien.


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Diario de la Doctora Miss Love: Mi pareja quiere sexo estando con la regla, ¿qué hago?

El otro día una de mis amigas me llamó por teléfono apurada. Y claro, como vi que no había forma de sacarle nada a través de la línea de teléfono, le dije de quedar (cosa que aceptó). Y después de un par de cafés, me confesó lo que había pasado.

Su novio y ella habían quedado unos días atrás y habían estado en su casa. Pero como ella estaba con la regla, sabía que, lo del sexo, quedaba descartado. Hasta que la cosa subió un poco y su novio, cuando ella le dijo que no podía por el periodo, se puso aún más burro. ¡Y lo hicieron!

Ya, ya sé que no es para tanto, pero si viérais a mi amiga y lo colorada que estaba. Más cuando yo me eché a reír e hice que las demás mesas nos miraran como si estuviéramos poseídas. Pero bueno, me hizo gracia porque es una duda que tienen muchas mujeres.

Mantener relaciones sexuales con la regla no es malo. Tampoco es que sea una maravilla, pero bueno, hay quien disfruta más porque, al estar más sensible esa zona, se siente más. Por supuesto, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, ¿lo has planteado así?

Cosas buenas del sexo con la regla

Las terminaciones nerviosas y la zona están más sensibles con lo que puede disfrutarse más.

Estás más excitada.

Tienes lubricación extra (por la sangre).

Te ayuda con los dolores menstruales. De hecho sirve de alivio, sobre todo si sueles tener cólicos, porque hace que se mueva la zona.

Te ayuda a “vaciarte”. Con esto quiero decir que la sangre sale más rápido y se limpia mucho mejor la zona.

Cosas malas del sexo con la regla

Manchas. Por eso siempre es mejor hacerlo en la ducha, en el agua o en un lugar donde puedas limpiarte fácilmente después. Si usas la cama hay que protegerla con toallas o algo parecido.

Puede resultar vergonzoso, más que nada porque la sangre es muy escandalosa y asusta mucho.

Te puedes quedar embarazada. Aunque se piense que no, puede ocurrir. De hecho, algunos hombres opinan que esos días de regla es cuando no tienen por qué usar condones. Y, claro, después pasa lo que pasa.

Infecciones. Hay que tener más cuidado con la higiene y con las infecciones ya que hablamos de una zona que, en esos momentos, está muy receptiva.

Después de explicarle todo esto a mi amiga, tuve que hacerle algunas preguntas como si ella se había sentido bien haciéndolo, porque muchas veces haces las cosas solo porque a tu pareja le gusta pero a ti no. Y por lo que vi, creo que la pilló por sorpresa porque no lo había asimilado aún. Entonces le pregunté si lo había disfrutado y, cuando me dijo que sí, fue respuesta suficiente para quedarme tranquila.

Después de eso empezó a hacerme preguntas sobre sexo con la regla, supongo que porque le atrajo lo suficiente como para probar. Oye, que una le tiene que sacar algún beneficio a que nos visite la “señora de rojo” todos los meses, que encima de que es un engorro, vamos también a estar sin sexo esos días. Por ahí no paso, no señor.

No sé por qué muchas mujeres tienen miedo al sexo estando con la regla. No hay nada de malo, lo único que hay que tener más cuidado con la higiene pero, si los dos están sanos, y se toman precauciones, no pasa nada. De hecho, y como he dicho antes, tiene muchos beneficios.

Pero, claro, en un momento así, es difícil pensar en algo como eso. ¿A que sí? Pues os propongo algo: si os da miedo, grima o simplemente decís que no os gusta, ¿por qué no lo probáis antes de censurar un comportamiento? Estoy segura de que muchas disfrutaréis.

En fin, os digo esto porque sé que muchas tenéis miedo al sexo cuando tenéis la regla y en realidad no tiene por qué pasar nada. Si mancháis, pues ya sabéis, a la ducha, la bañera o la piscina. Quizás el primer día no sea el momento ideal, pero el segundo y tercero, que es cuando estáis más sensibles, mancháis más y además la excitación es mayor, ya veréis lo bueno que es un polvo.


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Diario de la Doctora Miss Love: Soy lesbiana, ¿y ahora?

De los muchos pacientes que tengo, un grupo al que me encanta ayudar es al que sale del armario. Da igual que sean gays o lesbianas, me encanta hacer que estas personas pierdan el miedo de ser como son, que no les importe que los miren o los tachen de una u otra forma porque en realidad no hacen daño a nadie con ello.

Y es que, en ocasiones, y por mucho que se diga, somos hipócritas porque decimos una cosa y pensamos otra, nos ponemos en la piel de ellos y, por detrás, les damos la cuchillada. Pues bien, en mi caso siempre trato de hacer lo correcto.

Uno de los pacientes que tuve, hará un par de años, me caló bastante. Era una chica que acudía por primera vez a mi consulta y me llamó la atención que, quien la acompañaba, era su madre. Al principio pensé que no era nada malo porque la madre habría notado algo, porque quería ayudar a su hija. Pero creo que era la hija la que estaba más perdida que ella.

Y es que, cuando se sentaron en el sillón y les pregunté cuál era el motivo de su visita, la hija no supo decirme nada y la madre se la quedó mirando y solo me respondió: eso mismo. Al principio pensé que era apatía, o algo por el estilo, pero conforme hablaba con ellas y sacaba información me di cuenta de lo que ocurría.

La hija no llegaba a saber que era lesbiana. Ella se sentía atraída por mujeres pero no pensaba que eso fuera algo que debiera sentir, de ahí que se censuraba y, claro, había algo que le faltaba, algo con lo que no se sentía feliz. Comenzó a salir con chicos y, aunque la cosa iba bien, al poco se cansaba de las relaciones.

La madre se había dado cuenta e intentado hablar con ella (en estas situaciones siempre es la familia la que censura, peor no la propia persona) pero no obtuvo buen resultado. De ahí venir a verme.

Y, sinceramente, la pregunta que le hice la dejó muy descolocada: ¿Por qué no te permites ser feliz? Creo que fue la primera vez que me miró directamente a los ojos de todo el tiempo que estuvo dentro. Y en ellos no encontró censura, ni miedo. Solo encontró a una persona que quería ayudarla, que quería que se sintiera bien siendo lo que le gustara ser, y que no pasaba nada por ser atraída por mujeres.

En las sesiones siguientes fue abriéndose un poco y descubrí que el problema venía por una maestra que tuvo en primaria. Era una mujer mayor y, cuando la pilló con, en esa época, su mejor amiga dándose un beso, la castigó y le dijo que las niñas no podían hacer eso, que no estaba bien y que las niñas a quien debían dar besos eran a los niños. Y de ahí venía todo.

Había interiorizado tanto ese “castigo” que pensaba que sentirse atraída por una mujer era algo muy malo y de lo que debía huir. Pero claro, cuando conseguí llegar al fondo del asunto, me asustó lo siguiente: ¿Y ahora qué?

Ella es una mujer valiente pero, como ella, hay muchas mujeres, y hombres, que se sienten perdidos, que no saben bien qué hacer o dónde buscar. Así que os doy un consejo: intentad buscar en vuestra ciudad alguna asociación, o algún grupo en el que se reúnan más personas con vuestros mismos gustos. Aunque os dé corte acudir, hacedlo porque os daréis cuenta que no estáis solos, que en realidad hay más personas con el mismo problema, con las mismas dudas y miedos que vosotros. Y a lo mejor también encontráis allí mismo a personas que os entienden y que os completan.

Por supuesto, siempre tenéis un apoyo en la familia o en profesionales que no os censuran. Porque no importa lo que nos atraiga, sino lo de dentro, el ser.

Cada vez que llega a mi consulta una persona con este problema me acuerdo de este caso y sé que, si ella ahora es muy feliz con su pareja, y que además tienen una niña estupenda, cualquiera que tenga ovarios o cojones, va a ser capaz de encontrar su final feliz.


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Diario de la Doctora Miss Love: Ese desconocido dolor en el momento más incómodo

Hoy os quiero contar algo que me pasó hace algunos años. Es algo personal pero que he vivido también con pacientes y, obviamente, su caso era más difícil.

Veréis, hubo un tiempo en que el sexo para mí no era algo tan habitual en mi vida. Digamos que me tiré varios años sin relaciones sexuales. Y, cuando por fin volvió a dar guerra, en ese sentido, el dolor también llegó.

Me explico. Cuando tienes relaciones sexuales, después de un tiempo sin hacer nada, la zona está más estrecha y eso hace que, a la hora de la penetración, duela. Yo lo sabía, así que el dolor no me vino por sorpresa, sino que intenté manejar la situación y predisponer a mi pareja en ese momento para que me diera tiempo y asimilara que necesitaba ir con más cuidado. Pero, ¿y si ocurre cuando una persona empieza a dar rienda suelta a su sexualidad?

Aunque no lo creas, hay mujeres con este problema. Y es tan sencillo de explicar como sentir dolor a la hora de la penetración. Da igual que la pareja lo haga suave, y despacio; o sea un bruto. El dolor se mantiene porque no se hace nada por aliviarlo. De hecho, eso lo único que provoca es que cada vez se tengan menos ganas de sexo. Y menos ganas de querer estar con la pareja porque se sufre con ella.

Por la consulta han pasado mujeres con este problema, algunas desesperadas porque realmente estaban enamoradas y temían perder a sus parejas. Y siempre les he contado mi caso. Porque pueden identificarse, no al cien por cien, pero al menos sí en un cuarenta por ciento.

¿Qué se hace cuando se siente dolor en la penetración? Pues lo primero es hablar con la persona. Normalmente, cuando pasa, se deja el sexo y cada uno por su lado, pero como es una situación incómoda y de la que no quieres hablar, pues haces como que no ha pasado. Pero si se repite, empiezas a pensar que tu cuerpo te está diciendo algo. Y que quizá no estéis hechos el uno para el otro. Cuando el realidad el problema es más tuyo que de otra persona. Se trata de un mecanismo que tiene tu cuerpo para “protegerse” de algo que puede darte miedo.

De hecho, el dolor a menudo suele ser la manifestación del miedo al sexo (sí, eso que os expliqué en otra ocasión). E igual que ocurre, también se puede curar. En este caso, la curación podríamos decir que es muy placentera porque, para ayudar a que no se sienta dolor en la penetración, se utilizan diferentes consoladores, de varios tamaños, para ir acostumbrando a la vagina a sentirse abierta. Y aunque pienses que es fácil eso, en realidad no, porque no tienes que lidiar solo con lo que sientes ahí abajo, sino también con lo que sientes arriba.

En este caso, contar con la pareja para mí es imprescindible. Tiene que entender lo que te pasa y ser paciente ya que, en ocasiones, para nosotros la pareja se convierte en un pilar y, si nos rechaza, se puede crear un trauma peor (hasta tal punto de no querer mantener relaciones sexuales nunca).

Junto a eso, y el uso de consoladores, el hecho de los masajes entre la pareja ayuda un poco a desinhibirse y a hacer que se sienta mejor esa persona. Además, se consigue que se relaje porque la relación sexual se basa más en caricias, besos y abrazos, en conocer el cuerpo de la otra persona o en satisfacerlo de otro modo (oral, anal en algunas ocasiones). Porque a menudo pensamos que solo el sexo vaginal es sexo de verdad.

Pero para que os hagáis una idea, si a mí, que soy profesional de esto, sé lo que es sentir ese “dolor”, imaginad multiplicado por lo que sería una disfunción sexual. Lo que sí os puedo decir es que se cura, y que no tenéis que vivir atormentadas. Solo hay que ponerse en contacto con alguien experto y tener fuerza de voluntad para lograr ese objetivo: disfrutar del sexo sin dolor. Porque no debe doler (algo que muchas veces se piensa de manera errónea).


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Diario de la Doctora Miss Love: ¡Hey, Speedy! No explotes tan rápido

Ay, Dios… En serio. Hay ocasiones en las que una prefiere quedarse en la cama y que el adonis que tiene al lado le haga el desayuno. Pero hoy tenía que ver a uno de mis pacientes y, claro, una se debe a ellos (mentira, me debo a mi dinero que es el que paga mi vida, pero como queda muy mal, mejor lo obviamos).

El caso es que, después de remolonear un poco y disfrutar de las mieles de un buen despertar, en todos los sentidos, lo que menos quería era lidiar con una persona que tenía problemas. Pero si podía solucionarlos, genial. Y claro, fue verme mientras esperaba en la sala y… Bueno, no sé cómo explicarlo de una manera educada, porque lo que se dice educada, educada… Digamos que el pobre hombre, al verme cómo iba, y destilando las feromonas y la satisfacción de estar bien… servida, se encendió. Y este hombre no puede hacer eso, que se me calienta demasiado.

Total, que el pobre tenía cita y tuve que esperar diez minutos a que fuera al baño y arreglara el problema. Mira que los hombres lo tienen difícil; eso de que sean capaces de excitarse en diez segundos y solo con mirar lo va a matar.

Y es que ese es el problema que tiene, que es un eyaculador precoz, mucho, y eso le hace tener una vida sexual prácticamente nula porque no es capaz de controlarse.

 

No es la primera sesión a la que asistía, ya me conoce y sabe que siempre voy bien vestida y provocadora. Pero supongo que esa mañana iba demasiado para él, eso o que empezar el día de una forma tan placentera hace que una vaya al trabajo de otra manera.

El caso es que entró en el despacho y, después de pedirme perdón no se cuántas veces, empezamos a hablar de sus ejercicios. Le había pedido que intentara masturbarse él solo mirando algunas fotografías o vídeos y que estuviera pendiente del tiempo. Y los tiempos no eran buenos. Bueno, si era para presentarse a una maratón, sí, pero no precisamente para lo relacionado con el sexo.

No esta saliendo bien esa terapia porque el problema residía en que duraba menos de cinco minutos, en ocasiones menos de dos, lo cual era grave. Y aunque le había pedido que intentara resistirse, no había forma de que parara una vez estaba muy excitado. Así que tuve que pedirle que acudiera también a un médico para tomar medicación.

Días después volvió a venir, más desesperado si cabe. Él está soltero ahora mismo pero hay una mujer que le gusta y con la que querría tener algo más. Pero, ¡cómo si no podía mantener su bragueta seca! Ojo, que son palabras de él, no mías.

Pensar en ayudar a que una persona no sea eyaculador precoz no es fácil pero yo soy la de los imposibles. Así que, teniendo la baza de una mujer que le gustaba, le dije que intentara centrarse en ella, que la imaginara y que, cuando notara que estaba muy excitado, pensara en otra cosa. Al principio le costó, pero oye, de pensar en una mujer en ropa interior a decirle, de golpe y porrazo, que esa mujer tiene bigote y se transforma en un hombre con su herramienta lista para penetrarle… Digamos que le bajé toda la excitación. ¡Pero en mi defensa diré que conseguí lo que quería!

Mi objetivo era que se diera cuenta que, si podía controlar su mente y la imaginación que tenía, podía controlar su cuerpo. Lo que necesitaba era salir de esa zona que era la excitación para aguantar. Obviamente, no iba a ser nada fácil, pero oye, tenía por dónde empezar. Y además, era una forma de hacer ejercicio para él y de controlar su cuerpo.

Ahora llevamos más sesiones pero, ¿sabes lo mejor? Pues que ahora viene con esa mujer, que también ayuda a conseguirlo. Eso sí, ninguno de los dos le hemos dicho que los ejercicios que le proponía eran con ella como protagonista (porque cualquiera desvela eso). Pero sé que él sigue pensando en esa imagen que le puse de primeras cuando se nota demasiado “apurado”.

Y ahora yo me voy a casa, que a veces las consultas se vuelven demasiado agotadoras… Ya te contaré, ya…


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Diario de la Doctora Miss Love: Cuando una persona tiene miedo al sexo

A mi consulta suelen llegar muchos tipos de personas. Personas con problemas, por supuesto. Aunque a veces tiendo a pensar que los problemas los creamos nosotros mismos. O que nos los crean otros cuando nos educan.

A esa misma conclusión llegué después de tratar a cierto paciente. ¿Quieres que te lo cuente?

Verás, era la primera vez que tenía a esta paciente. Normalmente suelo pedir que hagan un pequeño test previo a la primera sesión para hacerme una idea del tipo de persona con la que voy a hablar, más que nada porque cada persona es un mundo y eso quiere decir que hay que intentar amoldarse.

En este caso, me lo devolvió en blanco, y me extrañó mucho. Pero más cuando la llamé por teléfono y no me lo cogió. Juro que pensaba que, ese día, no iba a venir. Pero cuando llegué al consultorio y vi que estaba esperándome, y que era esa persona, me dejó trastocada. Y eso que como psicóloga pocas cosas me dejan así.

El caso es que, bueno, ya estaba allí. Como no había querido hacer el test, lo primero que haría sería eso. Y es lo que le puse sobre la mesa. Y por la forma en que lo miró, creo que lo reconoció. Y la cara de pavor dio paso al llanto.

De verdad que no estaba preparada para eso. Pero después de serenarla e intentar aclarar las cosas, supe lo que pasaba: miedo al sexo.

Muchas de las preguntas del test están relacionadas con las relaciones sexuales. Y una persona que se enfrenta al sexo y a su miedo más interno, hace que no reaccione. Pues eso mismo pasó.

Ahora te preguntarás cómo hay personas que tienen miedo al sexo. Pues no es algo tan de extrañar, las hay, y aunque no lo creas, muchas más que las que contarías con los dedos de las manos, y de los pies. Y esto a menudo, según los expertos, es decir, nosotros, pasa por varios motivos pero, el principal, la educación.

Muchas veces, de niños, los padres tienden a decir a sus hijos que no se toquen, bien porque se les caerá la “pilila”, porque le saldrán hongos, o vete a saber qué. Otras veces se dice que no se miren cosas “guarras” que el sexo es pecado, que el sexo es malo, que… bla, bla, bla. Son muchas las personas que piensan de ese modo y lo inculcan a los hijos. Y luego estos, cuando empiezan una relación y la pareja les dice de mantener relaciones sexuales, huyen.

Eso le pasaba a mi paciente. Había tenido tres relaciones y, en dos de ellas, cuando el otro había querido “tema”, había salido corriendo y, aunque quería a esa persona, el miedo era aún mayor. Con su tercera pareja, a sabiendas de lo que pasaba, consiguió que pidiera cita (aún no sé bien si agradecérselo o decirle de todo por las sesiones que pasamos). El caso es que dio el paso, y si supiérais la de cosas que me ha dicho del sexo y de lo malo que es… Dios, creo que yo estaría excomulgada por su familia por varios siglos.

Pero es una realidad. Hay personas que tienen miedo del sexo. Y es algo que no pueden evitar. Se sienten cohibidos, piensan que están haciendo algo malo, algo que no debería hacerse. Y aunque sucumban finalmente, después se sienten como las peores personas del mundo. Llegan incluso a hacerse daño por haber hecho algo así.

¿Y qué se hace? Pues hablar con esas personas, darles información y, sobre todo, convencerles de que, lo que hacen, o lo que piensan, no es malo sino algo natural de la vida misma. No pueden considerar que el sexo sea algo bueno; no, ellos piensan que solo ha de existir para tener hijos y, desde luego, no como algo lúdico, sino como si fuera un trabajo.

Afortunadamente con mi paciente vamos poco a poco. No es que lo haya conseguido, pero al menos ya logro que no pegue un grito si le pongo un vídeo con una escena erótica. Ni que se desmaye si le enseño algún juguete erótico (y eso que me estoy portando y solo le enseño los más suaves).

Y es que, en los años que vivimos y todavía con esos pensamientos. Desde luego, todavía siguen existiendo mentalidades cerradas.


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Relato erótico: Habitación 129 (III Concurso Dolce Love)

127Un trío, fantasía que todo hombre tiene y que ansía hacerla realidad y como no, su marido no iba a ser menos.
Pero, ¿estaría ella dispuesta a ceder a dicha fantasía por su marido?
-¿Un trío? – preguntó Angélica
-Si, ya sabes…podíamos probar, te lo he dejado caer alguna vez.- dijo distraídamente Diego.
-Si si, pero pensaba que me lo decías cómo algo así de pasada no se..no creía que me lo propusieras en serio.-
-Bueno, no se…es que imaginarte con otra mujer me pone mucho, ya lo sabes- dijo mirándola con ojos deseosos.
-Ah…¿pero que el trío seria con una mujer?- rió Angélica
– Jaja si, podíamos empezar probando con una mujer ¿ no?-
– Claro claro – dijo Angélica sonriendo.


Un trío, dos mujeres y un hombre,¿seria capaz de hacerlo?¿ Verle con otra mujer en la cama? .Ver como se tocaban, como se besaban y como la penetraba delante de ella. No estaba segura, pero tenía que reconocer que tampoco estaba negada al 100%.
Así es que cedió a la fantasía de Diego con unas reglas:
– La mujer la escogería ella.
– Tendría que ser desconocida para ambos, seguramente no quería verla en futuras ocasiones en el súper o de visita en casa.
– Se haría en un hotel, nada de hacerlo en casa.
– Si durante el trío, alguno se encontraba incomodo o no quisiera seguir, se lo diría al otro y se daba por finalizado el encuentro.
Diego accedió a las reglas puestas por Angélica, estaba de acuerdo con ella en todo lo pactado.
Llegó la noche, habían estado mirando anuncios, webs dedicadas a esto y parece que habían dado con un chica simpática, llamada Julia, con algo de experiencia en ser la tercera en este tipo de encuentros con matrimonios. Acordada las reglas, se daría el encuentro en el Hotel Ambassador, habitación 129. Un hotel discreto, económico y con aspecto limpio.
Llegaron pronto, querían conocer el terreno antes de que llegara Julia.
Diego y Angélica lo tenían todo preparado, unas copas de vino, un piscolabis y ella, un conjunto burdeos de encaje que había comprado para la ocasión. Hablando de todo y nada esperaban que sonase la puerta para hacer pasar a Julia.
Toc toc..
– Es ella- dijeron a la par mirándose.
Suspiraron y con la mirada se dijeron mutuamente “adelante” con aquello.
Diego abrió la puerta, Angélica esperaba detrás de manera que al abrir, ella fuese la primera imagen que viese Julia. Una tontería, pero quería que fuese así.
Allí estaba, joven pero con madurez, bella, más bella de lo que mostraba las fotos e imágenes que habían compartido. Iba con un vestido blanco ceñido pero sin llamar mucho la atención. Dibujaba sus curvas perfectamente definidas en pecho y caderas. Un cuerpo perfecto.
Angélica dudó, ¿y si Diego prefería a Julia y se olvidaba de ella? Era más joven y guapa…
– Hola, soy Julia- dijo con voz alegre.
– Pasa pasa,- invitó Diego- bueno ella es Angélica y yo soy Diego, encantados. Debo reconocer que estoy un poco nervioso la verdad..
– Y yo- dijo Angélica.
-Tranquilos, es normal, no os preocupéis, vamos a dejar que todo surja, sin forzar nada que es la mejor manera de disfrutar de esto.
-Vale vale,¿quieres tomar algo?- dijo Diego mientras la acompañaba al centro de la habitación donde tenían el vino.
Y poco a poco comenzaron a hablar, a conocerse, las miradas empezaron a volverse pícaras, culpa o no del alcohol, de la comodidad del ambiente que Julia estaba consiguiendo crear.
Angélica notó una mano en su pierna, miró a Julia, parecía distraída mientras escuchaba a Diego.
¿Seguro?. Daba igual, no le incomodaba, miró a Diego, éste la sonreía de manera cariñosa, le calmó.
Risas, roces accidentales o no, el caso es que habían conectado muy bien y la cosa iba fluyendo. En una de las carcajadas Angélica noto como Julia se acercaba a su cuello, notaba su respiración y se hizo el silencio. Diego dejo su copa en la mesa y comenzó a acariciarla la pierna, subiendo la falda delicadamente y con dulzura. Angélica noto como sus pechos se endurecían, quería dejarse llevar, cerrar los ojos y disfrutad y sentir cada segundo de aquel encuentro.
Su respiración se agitó, Julia le besaba delicadamente el cuello y empezó a acariciarle el pecho por encima de la ropa. Diego ya había llegado a su pubis, de manera que separó las piernas para dejarle hacer con más comodidad. Sus dedos empezaron a jugar con su vello, y notaba como se mojaba cada vez más, con los ojos cerrados, estaba disfrutando de todas las sensaciones.
Julia se levantó y cogió de la mano a Angélica y a Diego, les llevaba hacia la cama de aquel hotel. Una cama amplia, King size solicitada adrede para la ocasión. Sentó a Angélica en el borde y Diego se quedó detrás.
-¿Puedes desabrocharme el vestido Diego?- pidió Julia sin dejar de mirar a Angélica.
Diego bajó la cremallera del vestido y soltó los tirantes de los hombros, el vestido resbaló por el cuerpo escultural de Julia dejando tan solo el tanga y el sujetador a juego.
Angélica miraba la escena, pensó que sentiría celos, pero para nada, estaba cada vez más excitada.
Diego empezó a acariciar los hombros de Julia por detrás, se acercó a ella, le sujetó la barbilla hacia atrás y empezó a besarle el cuello, Julia pidió las manos de Angélica, ésta se las tendió y las dirigió al vientre. Angélica empezó a acariciar aquel vientre suave, plano, olía bien, decidió probarlo.
Julia le desabrochó el vestido mientras. Poco a poco se fueron tumbando en la cama, inmersos en caricias, besos, miradas cómplices y deseosas de más.
Diego besaba a Angélica y mientras ésta le empezaba a acariciar el pene, duro como una roca, erecto y listo. Julia mientras acariciaba y lamía los pezones de Angélica. Con un leve pero dominante gesto, hizo que Angélica se pusiera encima de Diego de manera que la penetrase sin compasión, profundamente. Julia se tumbó al lado y empezó a besar a Diego mientras acariciaba a la vez a Angélica.
Estaban compenetrados, los 3 eran uno. Gemidos, sudores y placer era lo que desprendía aquella cama.
Angélica subía y bajaba, notando como el pene de Diego estaba dentro, cada vez más cachondos, miró a Julia que la miraba con ojos deseosos y la invitó a subir y ser penetrada, pero ésta cogió el pene de Diego y se lo introdujo en la boca profundamente, una y otra vez, ayudada por la mano que iba al compás de cada lamida. Angélica se colocó encima de Diego, de manera que pudiese chuparle el clítoris y darle aún más placer.
Así estuvieron un rato. Julia dejó el pene de Diego y empezó a besar a Angélica apasionadamente, ambas se tocaban, parecía que faltaban manos para alcanzar todos los rincones de sus cuerpos, sus dedos se penetraban, la una a la otra. Gemidos, gritos de placer y Diego no dejaba de observar y tocarse. Aquello era la fantasía hecha realidad.
No aguantaba más, necesitaba penetrarlas, aquella situación era tremendamente excitante, así es que cogió a Angélica por detrás y la penetró fuertemente, gimiendo sin disimulo.
Julia se tumbó con las piernas abiertas delante de Angélica y le dirigió la cabeza a su clítoris, pronto notó la lengua húmeda de ésta en su vulva, ardiendo, palpitante. Empezó a acariciarse los pechos, mirando como Diego penetraba a Angélica y como ésta le lamía su clítoris, el orgasmo hizo su aparición, espasmos de placer recorrieron su cuerpo.
Diego estaba cada vez más excitado y las sacudidas que le daba a Angélica eran cada vez mas intensas, Julia empezó a acariciarse su clítoris, mojado por la excitación, bastó pocos minutos para alcanzar el climax más intenso jamás vivido. El corazón se le salía del pecho.
Diego aguantaba, entrando y saliendo, sintiendo los espasmos de Angélica, Julia se acercó de nuevo y empezó a besarle intensamente, las lenguas se entrelazaban, jugaban. Angélica se dio la vuelta y ahora fue ella quien se introdujo el pene en su boca, lamiéndolo, esta ardiendo, duro, muy deseable. Dentro fuera, una y otra vez, levantaba la vista y observaba como se besaban y cómo estaban disfrutando ambos. Notó como su boca se llenaba de semen, rebosaba por las comisuras y lo lamió más y más…
Tumbados los tres sobre la king size intentaron recuperar el aliento, mirándose aun con ojos deseosos, los pezones aun erectos, duros, estaba el olor a sexo en la habitación, una caricia de Angélica a Diego…y el placer volvió a la habitación 129.
Escrito por “Marilyn”


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Diario de la Doctora Miss Love: ¡A participar en el concurso de relato erótico de Dolce Love!

concurso-literario-2014-dolcelove¿Qué tal el día, Loves? Espero que bien y que lo estéis disfrutando mucho, tanto como yo. Hoy os quiero avisar, por si aún no lo sabéis, del concurso que los amigos de Dolce Love han lanzado y que están relacionados conmigo de alguna forma porque se trata de un concurso de relato erótico en el que podéis participar y ganar un premio en metálico junto con un lujazo como es el aparecer tu relato en el blog Eros de El País, ¿a que es suculento?

oharaMe avisaron el otro día pero sabéis, queridos, que no puedo participar porque, entre unas cosas y otras me considero parte de Dolce Love y no sería justo así que he pensado que lo mejor es avisaros a todos los que tenéis esas dotes de escribir un poco ocultas aún para que os animéis e intentéis hacer algo (cuanto antes mejor porque así tendréis más tiempo de promocionarlo y que os den muchos votos que la primera criba se hace así antes de pasar los relatos para que un jurado, que este año me he enterado que será Venus O’hara, se los lea y decida cuál es el vencedor).

Pero voy a ser mala… Os voy a dar algunos consejos para esos relatos que queráis presentar a Dolce Love para que sean más votados, que seguro eso os ayuda a obtener más oportunidades… A ver… os diré lo siguiente:

  • Tratad de escribir una historia que tenga principio, mitad y final. No es algo que puedas hacer en muchas páginas pero si cuentas una pequeña historia en pocas páginas llenará más que una simple escena. Esto os lo digo, queridos, porque no es lo mismo leer una historia que tiene pies y cabeza que una que no lo tiene.
  • No vayas a solo relatar lo que es un encuentro sexual, sexo puro y duro. Eso no es un relato erótico, es solo descripción sexual y con eso no ganarás. Tienes que intentar hacer un relato lo más sensual posible, que evoque eso que estás escribiendo (en definitiva, que al leerlo te haga pensar que eso se puede hacer realidad y que tu mente se lo esté imaginando conforme avances en la lectura).
  • Puedes personalizar, a veces los relatos con nombres hacen que sean más fáciles de seguir que si no los usas. El problema es que, a menudo, puede ocurrir que la gente no se identifique con ese nombre o que no le guste. Si eso pasa hay una solución: no dar descripciones o decir que ese es su nombre porque quiere ocultar el verdadero. Así os podéis librar de eso.
  • Nunca pienses en las páginas que tienes que escribir, piensa solo en la historia y escribe sin más. Si ves que te quedas corto, relee después de haberla escrito por si hay algo que puedas ampliar y si te quedó larga también habrá cosas que puedas quitar. Pero siempre escribirlo de un tirón y luego retocar, no pensar en nada más ni en lo que los demás relatos enviados a Dolce Love puedan decir (mejor escribir sin leer antes los otros).
  • Antes de enviarlo, comprueba que está bien escrito, sin faltas de ortografía, con todos los guiones donde deben estar, párrafos, etc. No es que vayas a ser corrector de tu texto pero debe quedarte bien para que la gente lo entienda y le guste. Las faltas de ortografía harán que la gente deje de leerlo si tiene muchas porque es una falta de respeto presentar un texto así.
  • Procura ser original. La originalidad hará que la gente se sorprenda más de tu relato y lo votarán más si está bien escrito y les gusta. Además, harás que nadie te copie ni se puedan presentar varios relatos con la misma trama…

Bueno, creo que con esos consejos tenéis de sobra y yo espero poder ir echándoles un vistazo a todos los relatos de Dolce Love que seguro habrá algunos que sean de mis favoritos… Y si queréis,… yo soy un bonito persona femenino del que escribir, ¿a que sí, queridos? Podríais pensar en escribir algo sobre mí, o con una pareja, o… Vaya, ya empecé a echar rienda suelta a mi imaginación y pensar varios relatos donde sería la protagonista y haría (y me harían) muchas cositas. ¿Qué cositas le haréis vosotros a vuestros protagonistas?

Recordad que el concurso de Dolce Love finaliza en 2 meses, pero no es para dormirse en los laureles, que necesitáis muchos votos para conseguir ser finalistas para el concurso Dolce Love. Os jugáis 150 euros y aparecer en el blog Eros de El País. ¡A por ellos!


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Diario de la Doctora Miss Love: Un experimento disparatado

camara-sexoAy, querid@s, qué día es el que llevo hoy… Acabo de llegar a casa después de una sesión un tanto disparatada, o mejor dicho, increíble, porque a quien se la cuente no se lo van a creer. Pero oye, que una esperaba dar una solución y vamos si la dio… Os lo explico.

Hace un par de meses me llegó una pareja que tenía problemas para intimar porque nunca les apetecía cuando ellos solían ser muy activos sexualmente, es decir, que les gustaba el sexo. No tienen hijos ni tampoco los están buscando, les va bien en el trabajo y además tienen un buen colchón económico. Así que no había una razón que pudiera pensar que no quisieran tener sexo con la pareja (salvo el hecho de que pensaba que quizás ya no se sentían atraídos el uno por el otro).

De hecho, lo primero que pensé fue eso, que hubieran perdido las ganas por la otra persona. Así que les propuse que hicieran un viaje a algún sitio que no conocieran y solo ellos dos, sin compras, sin nada más que quedarse en el hotel. De esa manera podía comprobar si ellos realmente se sentían atraídos y sí, funcionó, pero no llegaron a culminarlo y claro, no valía para devolverles la pasión que estaban buscado. ¡Y es que se veían más como amigos que como pareja!

Recuerdo que él un día me dijo que parecía que, de tanto usarlo, el amor se le había acabado porque, si bien quería a su mujer, las ganas de sexo parecían más un segundo o tercer plano, ya no pensaba en eso sino en llegar a casa y estar tranquilo al lado de ella, hacer cosas juntos, disfrutar de ese rato después del trabajo. Y ella igual, decía que no le importaba tanto el sexo. Claro, yo no sabía qué decirles porque, si bien eran felices, siempre les faltaba algo y el sexo por obligación ya sabéis, Loves, que no compensa.

Así que ideé un experimento muy muy raro pero que… tuvo resultado. Les pedí algo extraño, lo reconozco, porque les dije que se grabaran en vídeo teniendo sexo y olvidándose de la cámara. Lo hicieron, y les pedí que trajeran la cinta a la sesión. Así que hoy los dejé un momento a solas viendo su propio vídeo en el que ellos hacían “cositas”. Quería que vieran la forma que tenían de hacer el amor e intentar saber si es que hacían algún gesto que pudiera hacerles pensar que no tenían ganas de estar con la pareja. Pero no, lo que vi (lo poquito), parecía que estaba bien. No quise ver mucho más y salí del despacho para dejarles pidiéndoles que me avisaran cuando lo hubieron visto.

Lo hicieron, al final entré un rato después y hablamos sobre ese tipo de sexo que habían presenciado y les pedí que lo calificaran. Como esperaba, dijeron que era frío y parecía más algo que haces por obligación que disfrutándolo.

Al menos ya había conseguido algo. Les pedí que se miraran a los ojos y cada uno dijera una palabra del otro, algo que los definiera. Lo hicieron (no diré lo que dijeron…) y luego fui subiendo el tono de la conversación. Mirándose, sin apartarse el uno del otro nunca, les iba preguntando una y otra vez sobre su color favorito de ropa interior, la zona que querían que fuera besada en ese momento, la ropa que quitarían primero… Era un juego tonto y estúpido pero parecía que les llamaba la atención.

De hecho, llegó un momento en que las preguntas eran ya algo más subidas y ellos estaba muy receptivos, tanto que tuve que salir a por un vaso de agua para ellos a fin de continuar la sesión… Pero cuando volví…

¿Os imagináis recuperar las ganas de sexo de golpe? Pues ahora imaginad lo que pasó cuando abrí la puerta del despacho, dos personas en el sofá, medio desnudos y sin darse cuenta siquiera de que estaba allí.

¿Qué hice? Pues cerré la puerta lo más despacio posible y me senté con otro paciente en la sala de espera mientras “esperábamos”. Menos mal que mi despacho está insonorizado que si no…

Al cabo del rato, un largo rato por cierto, salieron y me buscaron, arrepentidos, pero con una sonrisa de oreja a oreja que me hizo echarme a reír. Al menos he conseguido a otra pareja feliz pero no sabéis la calentura que me dejaron y ahora no voy a ver el sofá como lo veía antes… A ver qué le digo yo a mi jefe ahora para que me lo cambie… ¡¡Que ya van 3 en este año!!


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