RESTAURANTE EXCLUSIVO

Estaba ciertamente nerviosa, cuando su amiga Jackie le invitó a comer no pudo imaginar el tipo de restaurante que se iba a encontrar. Ambas eran amigas desde hace muchísimo tiempo y las dos eran solteras con un elevado poder adquisitivo. Dyanna era directora ejecutiva de una importantísima empresa electrónica, y a sus 37 años podía permitirse cualquier capricho que se le antojase. Su larga melena rubia y sus voluptuosos pechos no dejaban indiferentes a los hombres, pero Dyanna había decidido conservar su independencia manteniéndose soltera......


RESTAURANTE EXCLUSIVO.
Estaba ciertamente nerviosa, cuando su amiga Jackie le invitó a comer no pudo imaginar el tipo de restaurante que se iba a encontrar. Ambas eran amigas desde hace muchísimo tiempo y las dos eran solteras con un elevado poder adquisitivo. Dyanna era directora ejecutiva de una importantísima empresa electrónica, y a sus 37 años podía permitirse cualquier capricho que se le antojase. Su larga melena rubia y sus voluptuosos pechos no dejaban indiferentes a los hombres, pero Dyanna había decidido conservar su independencia manteniéndose soltera.

[HETERO] [CASTRACIÓN] [FANTASÍA] [PENECTOMIA] [NULIFICACIÓN] [GORE] [CANIBALISMO]


Categoria: Hetero      Autor: Miguel




Estaba ciertamente nerviosa, cuando su amiga Jackie le invitó a comer no pudo imaginar el tipo de restaurante que se iba a encontrar. Ambas eran amigas desde hace muchísimo tiempo y las dos eran solteras con un elevado poder adquisitivo. Dyanna era directora ejecutiva de una importantísima empresa electrónica, y a sus 37 años podía permitirse cualquier capricho que se le antojase. Su larga melena rubia y sus voluptuosos pechos no dejaban indiferentes a los hombres, pero Dyanna había decidido conservar su independencia manteniéndose soltera.

Jackie por el contrario era una mujer divorciada de 27 años con cabello moreno y rasgos asiáticos. El divorcio de su ex marido le había reportado una considerable fortuna y gracias a ello su tren de vida era la de una mujer sin complejos respecto al dinero. Jackie era más alta que Dyanna pero al contrario, sus pechos eran más pequeños.

Ambas se encontraron en el gimnasio como de costumbre, y fue entonces cuando Jackie le dijo a Dyanna que la invitaría a comer tras los ejercicios del gimnasio.

-“Espero que vengas con hambre, porque el sitio donde voy a llevarte es ciertamente exclusivo y selecto”. Le dijo Jackie a Dyanna con aire misterioso.

Dyanna le aseguró que así sería con una sonrisa, pero durante toda la hora del gimnasio Dyanna se preguntaba a qué clase de sitio la llevaría Jackie. Una vez terminados los ejercicios del gimnasio, ambas de ducharon y se subieron en la limusina de Jackie que las llevaría al restaurante.

-“He de confesar que estoy ciertamente intrigada”. Reconoció Dyanna una vez dentro del coche.
-“Te garantizo que disfrutarás de la comida”. Le aseguró Jackie con una sonrisa en los labios.

Descubrí el restaurante por una amiga y procuro ir un mínimo de dos veces por semana. Incluso hay veces que me paso el día entero allí combinando comida y cena. Dyanna se sentía más y más intrigada cada vez mientras la limusina de Jackie se adentraba en los barrios más pobres de la ciudad. Tras varios minutos recorriendo oscuras y desconocidas calles para Dyanna, finalmente el coche se detuvo en un callejón sin iluminación y ambas mujeres se bajaron del coche. Jackie despidió a su chófer diciéndole que le llamaría cuando le necesitase, y con aire seguro se dirigió a una destartalada puerta sin ningún rótulo exterior visible. A Dyanna le extrañó que ese fuese un restaurante de alta categoría como los que Jackie solía frecuentar, pero decidió no decir nada.

Jackie tocó un disimulado timbre tres veces, y tras unos minutos de espera la puerta se abrió automáticamente. Jackie y Dyanna entraron en una lujosa sala de espera que nada tenía que ver con el exterior. Carísimos cuadros y esculturas decoraban la estancia mientras ambas mujeres esperaron sentadas en unos lujosos sofás de piel. Tras unos minutos de espera, apareció en la estancia un hombre que se dirigió hacia Jackie de manera afectuosa.

-“Mi querida Jackie”. Dijo el desconocido mientras se dirigía a ella con una amplia sonrisa en la boca. –“Siempre es un placer verte por aquí”. Añadió poco después.
-“¡André!” Le respondió Jackie sonriendo mientras se daban un beso en la mejilla.
-“Te presento a Dyanna, una muy buena amiga que viene conmigo por primera vez va a disfrutar de las delicias del restaurante”. Añadió Jackie.

-“”Ohhh… Qué alegría”. dijo André dirigiéndose a Dyanna.
-“Espero disfrute de la comida. Las amigas de Jackie siempre son bienvenidas”.
-“Mi amiga no sabe el tipo de manjares que aquí se disfrutan”. Dijo Jackie,
-“Así que espero que no le defraudes, André”.
-“Nadie se ha quejado jamás”. Respondió André,
-“Seguro que nuestros menús agradaran a tu amiga. Hoy tenemos un género magnífico”.

Los tres se dirigieron hacia el comedor principal con Dyanna más intrigada que nunca después de las palabras de André. El comedor era inmenso y estaba casi lleno a pesar de ser un día entre semana. A Dyanna le sorprendió que casi la mayoría de clientes, por no decir casi todos, eran mujeres. La mayoría de mediana, pero también grupos de chicas adolescentes e incluso madres con sus hijas de 6 o 7 años. También le sorprendió a Dyanna el olor. Era un olor agradable el que salía de las cocinas, mezcla de carne asada y especias que abrió el apetito de Dyanna.

André las condujo por el amplio comedor hasta la mejor mesa del local, no en vano Jackie era una de las mejores clientas.

-“Enseguida les traigo la carta”. Dijo André.
-“Mientras tanto disfruten de este aperitivos. Están recién tomados”. Añadio.

Un camarero había dejado sobre la mesa una pequeña bandeja con dos pequeñas bolitas del tamaño de nueces y dos copas llenas de un líquido blanco.

-“¿Qué son?” Preguntó Dyanna sorprendida. Nunca había visto nada parecido.
-“Cómetelo y no preguntes”. Respondió Jackie mientras tomaba una bolita con los dedos y se lo introducía en la boca.

-“Saboréalo primero y muerde después”. Añadió.

Dyanna obedeció y se introdujo una bola en la boca. Tenía un cierto sabor ácido pero agradable. Tras un cierto tiempo sacándole todo el jugo, finalmente Dyanna mordió la bola y de ella salió un líquido templado que hizo las delicias de Dyanna.

-“¡Delicioso!” Reconoció Dyanna.
-“Brindemos ahora”. Le dijo Jackie mientras tomaba la copa de líquido blanco con aire de satisfacción.

-“¿Qué es?” Quiso saber Dyanna mientras alzaba su copa con aire divertido.
-“Parece semen”.
-“Lo es cariño”. Le respondió Jackie mientras sonreía a su amiga.
-“¿Cómo?” La cara de Dyanna era de sorpresa total.

-“¿Amiga, qué clase de restaurante crees que es éste?” El rostro de Jackie era diversión absoluta apenas pudiendo evitar reírse.

-“¿Pero… Pero... Semen de qué animal?” Quiso saber Dyanna.
-“De hombre, por supuesto. Yo sólo como lo mejor” Le informó Jackie con total tranquilidad.

Las bolitas que acabas de comer y que tanto has disfrutado son los testículos de un joven recién castrado. Dyanna aún estaba asimilando lo que Jackie acababa de decirle. Era un restaurante donde se comía carne humana sin ningún rubor. Trató de no pensar en eso y ante la insistencia de Jackie bebió el contenido de su copa hasta dejarla vacía. El sabor le resultó exquisito para su sorpresa. El semen le gustó como nunca antes imaginó, y pasó su lengua por los labios para rebañar los restos que allí habían quedado. Jackie por el contrario bebió su copa a pequeños sorbos, saboreando cada gota de aquel delicioso néctar masculino.

-“¿Pero esto es legal?” Ppreguntó Dyanna intrigada -.
-“Por supuesto que sí” Le tranquilizó Jackie.
-“Aquí solo se cocinan genitales masculinos. En todas sus variedades. El restaurante tiene un gran surtido de muchachos listos para ser castrados”.  

-“¿Los mantienen aquí de forma consentida?” Preguntó Dyanna inocentemente.
-“Los hombres cobran grandes cantidades de dinero a cambio de sus genitales”. Le informó Jackie.

Y nunca faltan candidatos, por lo cual el restaurante se permite escoger los mejores sementales. Cada día son castrados más de 100 jóvenes y para el día siguiente ya tienen preparados otros 100. Hay una gran lista de espera, créeme. Y luego están los menores de edad. Los testículos que acabamos de disfrutar serán probablemente de un menor de edad. Yo ya he aprendido a diferenciarlos. Al ser menores de edad necesitan autorización de sus progenitores, pero como en los adultos, nunca faltan los candidatos. Sus genitales suelen ser usados como aperitivos o para menús infantiles.

Mientras Dyanna aun trataba de asimilar todo lo que estaba oyendo y su temperatura interior subía rápidamente. Antes de que pudiera decir nada apareció André con dos enormes cartas que dio a cada una de las chicas.

-“Espero que hayan disfrutado del aperitivo”. Les dijo mientras recogía las copas vacías y la bandeja sin restos de los testículos.

-“Mucho André” Le dijo Jackie.
-“Yo no necesitaré carta, he probado casi todo ya y vengo con las ideas claras”.
-“Perfecto” Respondió André mientras recogía la carta.
-“¿Y que va a ser?

-“Quiero un pene relleno de mucho semen bien hecho a la parrilla con mucha salsa de semen y fresas. El glande jugoso, André, que sangre un poquito”. Dijo Jackie.
-“¿Los huevos cómo los quiere?” Preguntó André -.
-“Los quiero cocidos en su bolsa escrotal y con abundante salsa de semen y especies picantes”.
-“¿Y su amiga?” Preguntó André dirigiéndose a Dyanna.
Dyanna estaba obnubilada leyendo la amplísima carta que había ante ella. Más de 200 platos todos con el ingrediente básico de genitales masculinos. La verdad es que todos tenían un aspecto delicioso y Dyanna no supo por cuál decidirse.

-“¿Permites que te aconseje?” Le ayudó Jackie.
-“Sí, por favor”. Dyanna agradeció la ayuda de su amiga.
-“André” – le dijo Jackie al maitre,
-“A mi amiga tráigale una brocheta de pene bien jugosa y unos testículos rebozados.
-“¿Te parece bien Dyanna?
-“Sí, claro” Dijo la rubia sonrojándose ligeramente.
-“Magnífica elección señoritas” Les dijo André mientras apuntaba el pedido.
-“¿Ahora quieren acompañarme a escoger la carne?”
-“¡Claro!” Respondió Jackie mientras se levantaba.

Los tres bajaron unas escaleras que conducían a una amplia galería con cristaleras a ambos lados. En su interior había decenas de hombres desnudos de todas las razas posibles. La mayoría de ellos estaban magníficamente dotados, con enormes penes venosos e inmensos huevos que colgaban entre sus piernas.

-“Escoge tu semental, cariño”. Le dijo Jackie a Dyanna entre risas.

A cualquier parte que Dyanna mirara había hermosos muchachos. Cuerpos espectaculares bien formados y unos genitales que a Dyanna le parecieron todos exquisitos, más pensando que dentro de un rato estarían en su plato. Tuvo de admitir que eso la excitó mucho, aunque no supo porque macho decidirse.

-“¡Quiero aquél!” La voz que sonó a su espalda era la de Jackie, que ya había elegido su comida.

Era un hermoso joven de unos 20 años, rubio y ojos azules, con un musculado cuerpo y un pene tamaño medio pero muy ancho, y unos grandes huevos que se veían muy apetecibles. André llamó a un camarero que se introdujo en la vidriera y se llevó al joven rubio a la cocina.

Mientras, Dyanna se veía incapaz de decidirse por alguno. Todos se veían tan adorables. A su lado había una madre con su hija de apenas 15 años que también estaban buscando la que sería su comida. La niña se había empeñado en un hermoso hombre negro con un pene de más de 30 centímetros. Un ejemplar espectacular con unos huevos del tamaño de naranjas.

-“¿Estás segura de que podrás con todo eso, hija?” Le decía la madre -.
-“Sí mamá” Le respondía la niña con voz infantil.
-“Además es mi cumpleaños y me lo prometiste”.
-“Esta bien hija”. La madre avisó a un camarero que se llevó al hombre negro a la cocina.

Dyanna enseguida pensó en lo afortunada que era aquella niña, pero volvió a centrarse en su tarea de buscar el que sería su cena. Como había pedido brocheta, decidió que debía tener un miembro considerablemente largo, así que finalmente se decidió por un jovencito más bien delgado, de cabello castaño y unos bonitos ojos verdes, además de un pene que casi le llegaba a la rodilla. Su escroto también era generoso, y a Dyanna se le empezó a hacer agua la boca.

-“¡Ése!” Dijo Dyanna señalando al joven.

Inmediatamente un camarero se lo llevó a la cocina para ser preparado.

-“Ahora si quieren acompañarme a la bodega”. Les dijo André.
-“La comida aún tardará un rato en prepararse”.
-“Queremos ver cómo los cocinan” Le interrumpió Jackie.
-“¿Cómo?” La pregunta tomo a André por sorpresa.
-“Queremos estar en la cocina mientras los preparan”. Insistió Jackie.
-“Pero eso no se puede Jackie.…” Respondió André un tanto apurado.
-“No sé si los cocineros estarán de acuerdo”.
-“Estarán de acuerdo, ¿verdad André?” Las palabras de Jackie sonaron casi a amenaza.

Tras unos momentos de duda, finalmente André asintió con la cabeza y les aseguró que estarían presentes durante el cocinado.

-“Genial” Gritó Jackie satisfecha.
-“Ahora vamos a las bodegas”.

Los tres se dirigieron a otra estancia donde se preparaban los caldos del local. Otra vez Dyanna volvió a asombrarse cuando entraron en una estancia donde decenas de hombres atados eran literalmente ordeñados por succionadores conectados a sus penes. Los hombres eran estimulados mediante descargas eléctricas en su escroto que aceleraban la secreción de esperma. Aproximadamente cada 30 segundos un chorro de semen salía del pene de cada uno de los hombres y caía en un enorme cuenco con capacidad para 2 litros puesto delante de cada hombre.

André les dio a las chicas unas cucharillas a cada una para que probaran de cada cuenco y escogiesen el que más les gustase. Jackie y Dyanna empezaron con el primero y tras varios agradables minutos habían probado de todos los cuencos. A Dyanna todos le parecieron deliciosos. Los había más espesos, más líquidos, con diferentes sabores (frutas, licor…), que se conseguía, como les explicó André, inyectando el producto deseado en el escroto del hombre.

Finalmente, Jackie y Dyanna se decidieron por un semen espeso y de sabor afrutado para las salsas con las que cocinarían sus platos, y por uno un poco más líquido con cierto sabor a vino para sus copas. En total, 2 litros del primero, y 1 litro del segundo. André tomó nota y enviaron el primero a cocina y el segundo a su mesa.

Tras aquello los tres se dirigieron a la cocina del restaurante. A Dyanna le llamó la atención lo grande que era. El ritmo era frenético con camareros entrando y saliendo de la cocina mientras los chefs preparaban manjares genitales que desprendían un embriagador aroma. Había ayudantes que limpiaban a los hombres que iban a ser cercenados, o les ponían unas mordazas y vendas en los ojos para que no gritaran o vieran lo que se les avecinaba. Había por lo menos más de 50 puestos de cocina individuales donde un chef se encargaba de su respectivo pedido. Por lo tanto 50 hermosos jóvenes dispuestos a ser castrados adornaban cada cocina. Algunos estaban empezando a ser cocinados lentamente, mientras que otras elaboraciones estaban a punto de acabar.

Era fácil saber cuáles eran los últimos, ya que en ellas el chico se retorcía de dolor, sudaba copiosamente o alaba a través de la mordaza. Todo acababa con un violento corte donde el hombre se desmayaba y era retirado por dos camareros mientras sus miembros cocinados salían en una bandeja rumbo al comedor.

Cuando Jackie, Dyanna  y André entraron, este último preguntó por el jefe de cocina, y al rato apareció un hombre sudoroso que resultó ser el jefe de cocina. Se le veía muy atareado por la cantidad de trabajo que había, pero decidió atender a André.

-“¿Quién se encarga del relleno y la brocheta de la mesa 4? – le preguntó André -.
-“¿La 4?… Carol”. Le respondió el jefe de cocina.

Los tres se dirigieron al puesto de cocina de Carol. Al llegar allí, tanto el chico que había escogido Dyanna, como el que había escogido Jackie, se encontraban bien atados y preparados para pasar por la cocina, así como la jarra de 2 litros de semen para las salsas que previamente habían escogido.

-“Carol, hoy tendrás espectadoras”. Se limitó a decir André.
-“Las propias comensales”. Añadio.

Tras estas palabras André se retiró para continuar con su trabajo dejando a Carol en compañía de Jackie y Dyanna.  

-“Prometemos no molestarte ni interrumpirte mientras trabajas”. Le dijo Jackie medio en broma. 
-“Me llamo Jackie y mi amiga es Dyanna”. Dijo Jackie.
-“Al contrario”. Respondió Carol con una amplia sonrisa,
-“Será un placer tener compañía mientras trabajo y poder explicaros las elaboraciones. me llamo Carol”. Añadio la Chef.

Carol era una atractiva mujer de unos 22 años. Pese a su juventud ya llevaba varios años trabajando allí, y era la mano derecha del jefe de cocina.

-“Pongámonos manos a la obra”. Sentenció Carol.

Empezaremos con el rubio que es el que más trabajo va a llevar.  Carol tomo una amplia tira de cuero y la pasó bajo el escroto del rubio y luego la ató sobre el pene del chico. Estiró lo más fuerte que pudo, lo que provocó que el chico rubio se estremeciese, dejando que tanto el escroto como el pene quedasen aprisionados. Repitió la misma operación con el chico de Dyanna, provocando en él, el mismo dolor que había causado con el otro.

-“Con esto conseguimos que a la hora del corte evitemos el sangrado”. Explicó Carol satisfecha.

Casi al mismo tiempo los penes de ambos hombres se elevaron en una poderosa erección que entusiasmó tanto a Dyanna como a Jackie. Carol puso un tapón en la punta del pene del hombre rubio, y seguidamente le aplicó un tubo estimulador en el pene que comenzó a masturbarle con rápidos movimientos. El chico rubio no tardó en alcanzar el éxtasis ni unos segundos, pero el tapón evitó que se perdiese su preciado líquido, quedando atrapado dentro del pene.

Carol puso dos parrillas en marcha para que fuesen tomando calor mientras el chico rubio continuaba sufriendo espasmos debido a las continuas sacudidas del tubo succionador. En apenas 3 minutos eyaculó 5 veces por lo menos, lo que hizo que su pene se fuese hinchando por minutos.

-“Dejaremos que eyacule unas veces más hasta que el interior del pene quede bien relleno”. Explicó Carol a sus dos atentas oyentes.
-“Mientras hacemos tiempo para que se calienten las parrillas. Vamos ahora a por el otro”. Dijo Carol.

Carol abrió un cajón donde había numerosas varillas de diferentes tamaños y grosores. Echo una mirada al enorme pene del hombre castaño, y finalmente sacó una varilla de medio metro de bastante grosor. Luego la depositó en la segunda parrilla mientras metía una cuchara en la jarra de dos litros de semen y rociaba la varilla de aquel lubricante líquido. Los rostros de Jackie y Dyanna no podían aparentar más que una enorme satisfacción.

Carol volvió su atención hacia el primer chico que seguía sufriendo constantes espasmos. Su pene inflado era tal, que a Carol le costó quitarle el succionador. Una vez liberado, el hombre pareció aliviarse por momentos, dando suspiros de alivio. Carol palpó el miembro inflado y erecto para comprobar su estado, y quedó satisfecha. También comprobó si el tapón de la punta del pene tenía alguna fuga, y viendo que no había ninguna, sonrió complacida.

-“Ya podemos ponerlo a fuego lento para que se vaya cocinando”. Les dijo Carol mientras con una palanca las brasas de la parrilla subían hasta quedar casi pegadas al pene.

Inmediatamente el joven rubio comenzó a retorcerse de dolor, pero al estar completamente inmovilizado, nada pudo hacer excepto resignarse a su suerte. Su pene inflado y relleno de semen casi tocaba las brasas, así que se esforzaba en mantener la erección para alejarla de las brasas.

Carol fue a la segunda parrilla, donde la varilla había adquirido un color rojizo una vez que estaba al rojo vivo. Carol volvió a echarle otra abundante cucharada de semen, que provocó que las brasas chisporrotearan al contacto con el semen.

-“Por estas cosas adoro mi trabajo”. Les dijo Carol con una sonrisa mientras comprobaba que la varilla estaba suficientemente caliente, tocándola levemente con la punta del dedo.

Sin ningún miramiento introdujo la varilla al rojo vivo por la punta del pene del chico castaño. Nada más sentir la varilla ardiente, el chico soltó un grito de dolor, apenas amortiguado por la mordaza.

-“Hay que hacerlo muy lentamente, para que la varilla vaya cauterizando el interior, y al mismo tiempo conseguimos que la carne interior no quede cruda, sino sabrosa”. Les dijo Carol

Mientras introducía la varilla muy lentamente en el pene, ajena a los increíbles dolores que estaba sufriendo aquel chico. La varilla fue lentamente desapareciendo en el interior del pene del chico. A pesar de medir medio metro, prácticamente había sido totalmente engullida por aquel enorme pene, lo que decía mucho del tamaño de aquel miembro.

Tanto Jackie como Dyanna permanecían absortas viendo como Carol hacía tope con la varilla en la ingle del muchacho. Los espasmos del chico no hicieron más que acrecentar aquella excitación que ambas sentían en ese momento. Aquél hombre sudaba a raudales y daba muestras de sufrir unos dolores inimaginables, pero su pene no disminuyó de tamaño en ningún momento. Al igual que con el primer chico, Carol subió la parrilla hasta dejarla a la altura del pene, y para que se cocinara de forma uniforme.

“Ahora vamos a dejar los penes a fuego lento y nos ponemos a trabajar los escrotos”. Dijo Carol mientras aplicaba una cucharada de semen de la jarra en cada miembro.

Carol llenó de agua dos cuencos y los colocó sobre sendos hornillos individuales. Los encendió y los colocó exactamente bajo los escrotos de ambos hombres. Mediante unos ajustes, los escrotos quedaron sumergidos en los cuencos en su totalidad, y Carol subió la llama al máximo posible. Si el dolor que padecían ambos chicos ya era indescriptible, con sus penes en las brasas, a eso se sumó que en breve sus testículos serian escaldados.

-“Mientras cocinamos la carne, nos dedicaremos a preparar las salsas”. Explicó Carol.

Tomo un enorme bol en el que introdujo aceite, fresas, sal y un cuarto de litro del exquisito semen que Jackie y Dyanna habían escogido. Después sacó una gran jarra transparente de la nevera que contenían las mismas deliciosas bolas que tanto Dyanna como Jackie habían degustado como aperitivo al llegar al restaurante.

“El testículo machacado da un toque de acidez a la salsa”. Dijo Carol mientras extraía cuatro bolas y las metía en el bol.

-“Parece que se me están acabando los huevos”.  Exclamó Carol mientras observaba la gran jarra casi vacía, y necesitaré más para la segunda salsa.

Con total tranquilidad pulsó un intercomunicador y simplemente dijo:

-“Soy Carol, subirme más testículos”. Dijo ella.

Tras decir eso, se puso a machacar la mezcla resultante del bol con un mortero, mientras con la mirada no perdía de vista el estado de los genitales de los hombres, comprobando que no se quemaran demasiado.  En apenas unos minutos, un camarero se acercó al puesto de Carol acompañado de unos 10 muchachos jóvenes y completamente desnudos.

-“Perfectos”. Se limitó a decir Carol al verlos llegar.

Los muchachos apenas tendrían 14 o 15 años, lo que no evitó que Carol sacase un afilado cutter y en diez rápidos y expertos movimientos obtuviese 20 nuevos testículos para sus salsas, que introdujo en la jarra que antes estaba casi vacía. Los diez mareados muchachos fueron retirados para aplicarles curas en su bolsa escrotal, pero ya vacíos para siempre.

Dyanna se preguntó cuánta cantidad de testículos usarían en el restaurante cada día, ya que cada puesto de cocina (y eran 50 puestos) tenía una jarra similar a la de Carol, pero todas llenas.

-“Usamos escrotos de jóvenes adolescentes porque apenas están desarrollados”. Explicó Carol.
-“Y no interfieren con el sabor principal, además de ser más baratos”. Añadio-
-“¿Cuántos escrotos cortan a diario?” Quiso saber Dyanna.
-“Bufff… Depende del día”. Respondió Carol.
-“Hoy castraremos unos 150 ejemplares adultos, aunque quizás ese número suba ya que esta noche tenemos una despedida de soltera con más de 30 chicas hambrientas y eso puede ser una locura”.

-“Desconozco el número exacto de adolescentes que castramos, pero yo más o menos uso 50 escrotos juveniles al día. Los días de mucho trabajo podemos llegar a castrar 300 adultos, pero afortunadamente nuestro almacén está siempre lleno”. Añadió Carol.

Los jadeos del chico rubio interrumpieron la conversación. No paraba de moverse ante el dolor que estaba padeciendo. Su pene completamente hinchado y lleno de semen parecía a punto de explotar, y el tapón también parecía a punto de salir disparado. Trataba de separar su pene de las brasas, pero Carol lo volvía a empujar hacia abajo con fuerza haciendo que aquel trozo de carne se tostase bien y expulsase un agradable aroma. Además, el cuenco con agua donde reposaba su escroto ya hervía furiosamente multiplicando el dolor que ya de por sí sufría.

Carol retiró el cuenco hirviendo para inspeccionar la bolsa escrotal, que se encontraba muy dilatada. Tocó ligeramente ambos testículos con los dedos y con una amplia sonrisa decidió que era el momento para insertar la salsa. Retiró la mezcla del bol y la introdujo en una jeringuilla de tamaño considerable hasta que quedó llena del líquido. Con lentitud, acercó la jeringuilla hacia el humeante y escaldado escroto del joven rubio e introdujo la punta. Al bajar el émbolo poco a poco, el arrugado y colgante escroto empezó a hincharse a causa del líquido. A medida que el contenido de la jeringuilla disminuía, el tamaño del escroto aumentaba enormemente hasta alcanzar el asombroso tamaño de un coco. Parecía a punto de estallar, lo mismo que su pene, pero Carol expertamente lo volvió a introducir en el cuenco hirviendo.

-“En unos minutos ya estará listo”. Les dijo Carol. Provocando en Jackie un escalofrío.

Carol se volvió hacia el chico castaño, ensartado como estaba con la varilla en su pene. Carol volvió a rellenar la jeringuilla con la misma mezcla que el anterior, pero en vez de inyectarla en el escroto, la vació lentamente en aquel pene ensartado. Este se hinchó ligeramente en las brasas, pero luego volvió a su posición original. También gemía a causa del dolor, y el agua de su cuenco burbujeaba abundantemente. Carol bajó el cuenco y también a este le dio el visto bueno.

Tomó un pequeño pero afiladísimo cuchillo y lentamente hizo un amplio corte entre ambos testículos. Cortó desde la base del pene (con sumo cuidado porque éste estaba sobre las brasas) hasta casi el ano. Con unas pinzas, ya que la piel estaba ardiendo, separó la piel a ambos lados liberando unos huevos colgantes humeantes y escaldados solo unidos a su dueño por unas finas venas que estaban a punto de desaparecer por el calor.  Los volvió a cubrir con la bolsa escrotal para mantenerlos calientes, pero ya no los acercó más al cuenco hirviendo. Estaban ya en su punto.

-“En unos minutos estarán degustando estas maravillas, chicas”. Les informó Carol ante la alegría de ambas chicas.

Carol se esmeró en la salsa del chico de Dyanna. Sobre una mesa esparció harina, semen de la jarra, y cuatro testículos de los chicos que le acababan de traer. Rápidamente lo machacó todo hasta quedar una masa semi sólida y lo dejo así.

-“Hora de emplatar chicas”. Anunció eufórica Carol.
-“Empezaremos con el tuyo, Dyanna,  ya que Jackie lo quiere bien cocido”.

Dicho esto, Carol agarró un enorme cuchillo y retiró la parrilla sobre el la que estaba puesto el pene del chico castaño. Tenía un agradable color dorado ensartado en la varilla, y el olor que desprendía era embriagador. Carol se agachó y se puso a la altura del miembro en la brocheta. Acercó el cuchillo lo máximo que pudo al vientre del hombre, justo antes de las tiras de cuero, y lentamente empezó a cortar el pene.

Al primer corte cayó un abundante líquido transparente, que no era otra cosa que el semen que antes había inyectado, pero nada de sangre, lo cual era una buena noticia. Carol se acercó más para ver el interior, y satisfecha comprobó que el interior estaba bien hecho y la carne jugosa. Entonces continuó moviendo el cuchillo hasta que esté chocó con la varilla.  Repitió la operación por la parte de abajo del pene hasta que ya nada lo unía a su antiguo dueño. Retiró la varilla con el pene insertado y lo depositó en una bandeja. Del extremo recién cortado fluía abundante semen caliente que pronto inundó la bandeja y dándole un aspecto realmente apetecible. Después lo roció con más semen templado de la jarra de 2 litros y el plato ya estaba listo.

-“Vamos a por el segundo plato de Dyanna”. Anunció Carol. testículos rebozados.

Se volvió a acercar al hombre al que acababa de cortarle su más preciada hombría, pero esta vez se dirigió al escroto. Afortunadamente para el chico, hacía ya bastante tiempo que había perdido el conocimiento, lo que le evitó mayores dolores. Volvió a abrir la bolsa escrotal con las pinzas y allí estaban aquellos testículos aun humeantes.

-“¿Quieres cortarlas tú?” Dijo Carol dirigiéndose a Dyanna.

Dyanna no tuvo que responder. Simplemente agarró unas tijeras y se puso al lado de Carol.

-“Corta por aquí y por aquí”. Le indicó Carol a una emocionadísima Dyanna que obedeció sus instrucciones.

Dyanna cortó el fino conducto que mantenía aun unido al testículo, y al hacerlo este cayó en una bandeja. Luego repitió la operación con el otro, que también cayó en la bandeja.

-“Ahora retiraremos la bolsa escrotal, que acompañará a los testículos en el plato. Córtala sin miedo, Dyanna”. Le dijo Carol.

Dyanna pasó las tijeras por todo el borde de la bolsa escrotal, que se fue desprendiendo poco a poco hasta acabar en la bandeja. Carol ordenó a unos camareros que ya podían llevarse al hombre, ya que nada más podía conseguirse de él. Hace apenas una hora era un hombre con un poderosísimo miembro viril de más de 35 centímetros y unos huevos grandes y jugosos. Ahora tenía un muñón donde antes estaba el pene y apenas se vislumbraban dos pequeños conductos rojos que colgaban donde antes estaban los testículos.

Carol tomo ambos testículos, los rebozó con la masa sólida que había hecho antes, y los introdujo en una sartén a fuego lento.

-“Vamos ahora con el plato de Jackie mientras los testículos de Dyanna se van haciendo”. Anunció Carol.

Carol se volvió hacia el chico rubio que aún estaba consciente, pero sus movimientos ya no eran tan acelerados. Suda copiosamente y su pene y escroto completamente hinchados aun reposaban sobre el fuego. Carol retiró la parrilla y el cuenco de agua hirviendo y tomo de un cajón un alambre de 1 metro aproximadamente con dos asas en sus extremos.

-“Esta es la parte más complicada”. Explicó Carol mientras pasaba el alambre por sus testículos, rodeándolos totalmente justo al lado de las tiras de cuero.

-“Debemos procurar seccionar todo el conjunto sin que se escape el relleno”. Añadió Carol.

Dicho esto, Carol apretó el alambre con fuerza y tras unos segundos todo el aparato genital del chico rubio se desprendió sobre una bandeja. Sorprendentemente el conjunto se mantuvo intacto y no perdió nada de su relleno para satisfacción de las tres chicas. Las tiras de cuero evitaban que el relleno saliese, mientras que la entrepierna del chico quedó completamente vacía a excepción del corte que no sangró debido al calor que cauterizó la herida. Los camareros se llevaron al joven rubio casi desmayado convertido para siempre en un eunuco nulo.

Sobre la bandeja reposaban los genitales humeantes y muy dorados que tenían un aspecto delicioso. Carol pinchó levemente el inflado glande a punto de estallar y súbitamente unas gotas de semen caliente salieron del interior.

-“Pueden ir a su mesa, chicas. En breve les llevarán los platos”. Les dijo Carol con aire de satisfacción.

Dyanna y Jackie obedecieron no sin antes agradecerle a Carol su trabajo y dedicación y prometiendo que cuando volviesen sería ella quien preparase sus platos. Se sentaron en su mesa a esperar sus platos mientras degustaban el delicioso semen que habían escogido antes, y que reposaba en una cubitera de hielo. Mientras lo hacían podían disfrutar de los numerosos y sabrosos platos que los camareros llevaban a las diferentes mesas. Penes y escrotos en multitud de cocciones surcaban las mesas, incluido el gigantesco pene y escroto del hombre negro que la chica del cumpleaños había escogido.

Se veía delicioso mientras un camarero lo llevaba a la mesa de madre e hija, adornado con una vela de cumpleaños mientras semen fluía de su glande bañando todo el plato. La niña no cabía en sí de gozo. Aquél pene apenas cabía en la bandeja de lo grande que era, y sus huevos eran de un tamaño descomunal.

Dyanna y Jackie se miraron con complicidad mientras tomaban su tercera copa de semen, y casi inmediatamente dos camareros llegaron a su mesa trayendo su comida. Dyanna pensó que ambos platos tenían un aspecto espectacular, aún humeantes y bañados en salsa blanca. Dyanna empezó con la brocheta. Nada más darle el primer bocado, el semen de su interior resbaló por sus labios. Aquella combinación de la carne que se deshacía con el semen caliente de su interior hizo las delicias de Dyanna. Combinó el sabor de la brocheta caliente con el espeso semen templado que hacía de salsa y consiguió una mezcla de sabores increíble. En apenas unos minutos la varilla estaba completamente vacía, y su plato reluciente sin ningún rastro de semen.

A continuación, Dyanna fue por sus testículos rebozados. Partió un huevo con un cuchillo, lo que indicaba que estaba en su punto. Se llevó a la boca una mitad bien humedecida en salsa de semen que encantó a Dyanna. El testículo se rompía cuando Dyanna lo mordía ligeramente, liberando multitud de sabores hasta entonces desconocidos para ella. Dio cuenta de ambos testículos en apenas unos minutos, diciéndose a sí misma que era la mejor comida que había degustado en su vida.

Mientras Jackie también daba cuenta de su pene relleno. Lentamente cortó el pene con un cuchillo y todo el semen acumulado en su interior salió a borbotones. Aquél humeante líquido se mezcló con el semen tibio del plato dando al conjunto un aspecto muy apetecible. Jackie seccionó el grande y tras untarlo en semen se lo introdujo en la boca. Tenía una textura y una cocción inmejorable. Tras saborearlo unos instantes, Jackie lo mordió, haciendo que de su interior saliese más semen caliente, llevando a Jackie a sensaciones indescriptibles. El resto del pene era un poco más duro, pero igualmente muy sabroso, más aún si estaba bien bañado en semen, como era el caso.

Tras acabar con aquel delicioso pene, Jackie se dirigió hacia el escroto. La bolsa escrotal tenía forma de cuenco, por lo que Jackie cogió una cuchara y la introdujo en el interior lleno de semen donde flotaban dos grandes testículos cocidos. Jackie dio cuenta de ellos saboreando cada bocado. Estaban en su punto, y la mezcla de semen con fresas de su interior le resultó delicioso. Tras vaciarla con frenesí, la bolsa escrotal quedó arrugada y flácida, por lo que Jackie decidió comérsela mientras aún conservaba semen en sus bordes.

Ambas mujeres dieron buena cuenta de sus platos acompañadas de grandes dosis de semen que repetidamente vertieron en sus copas. Al cabo de una media hora, la botella de semen estaba completamente vacía, así como los platos.

-“Creo que ha sido la mejor comida que he comido nunca”. Reconoció Dyanna con una sonrisa.

-“Creo que tendré que venir más a menudo”. Aseguro.
-“Sabía que te gustaría”. Respondió Jackie.
-“Además, aún hay infinidad de platos que debes probar. ¡Qué te parece si repetimos mañana?

Tras unos segundos de duda Dyanna le respondió con una sonrisa.

-“¿Y qué te parece si aprovechamos y nos quedamos a cenar?” Jackie la miró divertida, llamó a un camarero con la mano, y le dijo.

-“Camarero, tráiganos otra botella de semen y la carta”. Dijo Jackie.


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Autor: Miguel       Mail: mikelsasi23@gmail.com