Masajes sensuales a mi cuñada

Me casé con mi novia, ella es una chica realmente hermosa, de piel blanca y cabello como de oro, sus ojos y todo lo de ella es hermoso, tomando en cuenta que tiene un trasero espectacular, grande y redondo, que se conjuga realmente bien con sus firmes piernas. Sus características son totalmente naturales, y es la razón por la cual sus hermanas también son así, muy parecidas, aunque sinceramente, la mayor tiene un trasero de mayor proporciones, que sinceramente creo que es perfecto. Hago estas descripciones, porque creo que la vida es un constante flujo de acontecimientos extraños que sin lógica suceden, y cuando pasan no hay justificación para las cosas que llegan a sentirse, es decir, ¿por qué mi cuñada tiene que ser tan atractiva a mis ojos si mi esposa es físicamente como ella y es mejor persona? Es increíble, ¿no? Pero así solemos ser los humanos, contradictorios en toda nuestra manera de vivir.
Cuando nos mudamos a nuestro nuevo hogar, había que hacer trabajos de pintura y cosas semejantes, detalles que harían de ese lugar un agradable espacio para comenzar a vivir. Mi esposa tenía un trabajo de tiempo completo y esos días le tocaban muchas más actividades hasta bien entrada la tarde, por eso mi cuñada se ofreció a ayudarme con algunas cosas, entre esas, pintar. Estábamos pintando el patio trasero con un sustituto de la pintura de buena calidad, era Cal, y la cal, al contacto con la piel tiende a lastimarla, resecándola. Mi cuñada por su inexperiencia pintando se manchó mucho, incluyendo la cara, el pecho y los hombros, le dije que al terminar se diera un baño para que no le hiciera daño y bueno, así fue, cuando terminó se duchó. Me había dicho que le dolía un poco la espalda antes de bañarse y por esa razón le dije que si quería al salir del baño le daba un masaje.
Así pues, salió y le dije que si quería el masaje y aceptó. Se fue a una habitación que teníamos al lado de donde dormiría con mi esposa y se acostó solo con un short y su brassier, comencé a masajear sus piernas, su espalda baja, de verdad que aunque tratara de evitarlo, ver ese trasero allí, tan cerca de mis manos era una real tortura, quería tocarlo desesperadamente, pero honorablemente me contenía. Desabotoné su brassier para poder masajear bien su espalda y ella no lo vio como algo inusual, pues no lo era, pero mi cabeza ya estaba entrando en la zona esa donde los hombres dejamos de pensar claramente, ¡qué bella era su espalda, con pequitas y de piel blanca!, ciertamente mi cuñada es muy hermosa.
Entonces, le dije que la cal había caído en su pecho, que se volteara para colocarle crema humectante, se dio la vuelta y se tapó los senos con un paño, mientras yo le aplicaba la crema muy pero muy cerca de esos lindos senos, ella con sus ojos cerrados estaba tranquila, no decía ninguna palabra, sus labios eran atractivos, provocaba darle un dulce beso, volví a pedirle que se diera la vuelta y comencé nuevamente a darle masajes sensuales en sus piernas. Le dije que la próxima vez tenía que ser sin short para poder llegar un poco más arriba, y ella contestó que estaba bien.
Todas esas pequeñas palabras que decíamos tendían a excitarme, y por esa razón mi pene bajo mi short estaba… puff, súper parado, queriendo salir de allí. Masajeé sus pies, y sin pensar mucho me saqué el pene, ya que ella estaba bocabajo y no veía, y lo coloqué en las plantas de sus pies, le eché crema y le daba masajes sensuales… con la punta de mi pene, ella no decía nada, pero a todas estas yo creo que no se estaba dando cuenta de lo que yo hacía, mi corazón temía que se explotara, palpitaba como desbocándose, era la segunda vez que hacía esto de ponerle mi pene en sus pies y ella creo que no lo notaba. Así estuve un rato y luego lo escondí, volví a masajearle un poco sus piernas y ella estaba súper relajada. Le dije que ya estaba listo, y me dio las gracias, se veía en su rostro que le había gustado. Claro, ella no sabía que mi pene había masajeado sus pies. Me salí de la habitación y se quedó sola, acomodó la cama de forma tal que no parecía que nadie se había recostado allí. Cuando llegó su hermana, pensé que le contaría que le había dado un masaje, como algo normal, pues otras veces lo había hecho incluso en presencia de mi esposa, (obvio sin lo del pene), pero esta vez mi cuñada no dijo nada, fue como si eso no hubiese sucedido.
Yo había tenido una serie de sueños con mi cuñada, que eran muy intensos, y un día me atreví a contárselos, escribiéndoselos en una hoja con lujo de detalles, pensando que luego de leerlos ni de broma se dejaría dar más masajes sensuales por mí ni nada parecido, pero me vi muy sorprendido cuando luego de leer semejante escrito acerca de mis sueños, donde la penetraba hasta por el culo, ella comenzó a escribirme con más regularidad por Whassap. Le pregunté qué había sentido cuando leyó eso y me dijo que le había dado rabia, pues nadie nunca se había enamorado de ella así. Y yo era el esposo de su hermana, que ya no quería volver a leer esos sueños… pero siempre me escribía, me hablaba incluso más que antes y hasta me pidió que le volviera a dar un masaje, o dos, ¡¡noooooo!!, no entiendo cómo no se daba cuenta de cuánto eso me torturaba.
Un día fuimos mi esposa y yo a visitarla junto con una tía y su primo, a donde ella vivía con su esposo, quien tuvo que irse de viaje, y nos quedamos en el apartamento solo 5 personas, su tía con su primo pequeño, mi cuñada, mi esposa y yo. A la tía le dijo que durmiera en su cama junto con el hijo, y mi esposa durmió con su hermana en dos colchones que juntaron y lanzaron en la sala de estar; yo me quedaría dormido en el sillón. Mi cuñada se colocó un mini short que dejaba al aire la mitad de sus nalgas ¡Dios santo!, bueno estaba en su casa, podía vestir como quisiera y yo no debía estar mirando más. Cuando podía dejaba escapar mis miradas a ese blanco trasero perfecto.
Nos fuimos a dormir, y en la madrugada no podía aguantar lo incomodo del sillón, así que fui, medio dormido y me lancé entre mi esposa y su hermana, de veras tenía sueño, pero ya al estar allí vi lo cerca que estaba de ese trasero y se me encendieron las ganas de tocarlo “dormido” … lo intenté, pero me ganaban los nervios, incluso levanté la sábana para verlo mejor y tuve una tremenda erección. ¡Qué problema, qué rabia que ella me pusiera así de cachondo y ni se lo imaginara! A eso de las cinco de la mañana ella se rodó y quedó muy pegadita a mí, y le coloqué una mano en el muslo, muy arriba, sonó el despertador y ella se despertó, yo medio miraba con los ojos entreabiertos, tomó su celular, lo revisó y se dio cuenta de mi mano, pero no se movió… se quedó inmóvil mientras yo la sentía. No sé si era porque no quería despertarme al moverse, pero sí sé que no se movió. Fue algo tonto, pero ese momento fue intenso para mí. Yo pensé “nada, ya con esto sí es verdad que me dejará de hablar o por lo menos no estará más con eso de que le de masajes sensuales o relajantes”.

Más que masajes sensuales

Sin embargo, estaba por pasar algo más confuso. Varias veces veíamos películas juntos, mi esposa mi cuñada y yo, y luego de estas cosas que habían pasado, volvimos a hacerlo, yo me recostaba entre ellas dos porque a mi esposa no le gusta sentirse apretada porque le da calor y mi cuñada no estaría en medio de los dos, así que me tocaba a mí estar en el medio. Así fue que un día, en medio de la película, sin que mi esposa se diera cuenta (que persona mala que soy 🙁 ) le empecé a hacer cariños a mi cuñada, en el brazo, o en la pierna, o en el pie, y ella se quedaba quieta, no me respondía ni me rechazaba, solo se quedaba quietecita. Bueno, no le paré a la situación, pensé que en vez de ella estar sintiendo rico quizás solo se quedó quieta para no hacerme sentir mal o no poner incómoda la situación, pero lo que más me ponía mal la cabeza es que se volvía a repetir la situación, varias veces, con otras películas.
Un día equis, me dijo que por favor le diera un masaje, que tenía dolor; yo le dije a mi esposa que viniera conmigo y ella estuvo un rato, pero luego bajó a la cocina con su mamá, estábamos en casa de mi suegra. Entonces, estaba yo allí otra vez solo dando masajes sensuales a mi cuñada, pero esta vez sí que estaba más decidido a que se diera cuenta de que mi pene se ponía duro por ella. Así, cuando le masajeé los pies mi pene se paró, no lo saqué de mi mono, pero sí se notaba bastante lo erecto que estaba y elevé uno de sus pies y recosté sus dedos en mi pene y lo pasaba de arriba abajo, hasta agarré sus dos pies y colocándolos a los lados de mi pene lo apretaba con ellos, pasándolo de un lado a otro, de muchas formas, lo único que faltaba era bajar hasta mis bolas, claro tenía el mono puesto pero tuvo que haberlo sentido. Ella ya no hablaba, solo respiraba relajada, me senté obre ella y le di masaje a sus hombros, metí mis manos por debajo de su pecho casi tocando sus senos y masajeaba intensamente abrieron de golpe la puerta y era un perrito pequeño que ellas tienen, mi cuñada dio un salto del susto, lo cual me dijo que si estaba sintiendo algo extraño, ¿por qué se iba a asustar…? Terminé de darle el masaje y me senté a un lado de la cama y comenzamos a conversar. Ella ni siquiera se puso el brassier y se elevó y casi podía ver el pezón de su seno. ¡Qué tortura! Será que no se daba cuenta de nada y me consideraba muy inofensivo, pero ya me estaba haciendo mal esta situación.
La última vez que vimos una película juntos, ella andaba con un vestido y sandalias, se tumbó en la cama con las sandalias puestas, y le dije en presencia de mi esposa que se las quitara para que no ensuciara la cama, y me dijo que era un pesado, eso lo dijo como en forma de broma, pero igual se las quitó. A media película extendí mi mano y le agarré el pie, duro, de forma que no pudiera decir que no se daba cuenta, esto lo hice por debajo de la sábana e intenté quitar la sábana con la que cubría su pie y durante el resto de la película no paré, solo me concentré en darle caricias a su pie y ella no lo quitaba, cuando la película terminó, mi esposa se fue al baño a orinar y entonces no me aguanté y le dije a mi cuñada que sus pies eran lindos, nunca he tenido ese tipo de fetiches por los pies, pero me gustaba acariciárselos a ella, me senté así recostado, ella extendió sus piernas, le quité la sabana de los pies y se los comencé a acariciar de arriba abajo, así de frente a ella, y solo dijo que no sabía si le olían mal sus patitas, a lo cual respondí que no, que olían muy bien y seguí dándole caricias hasta que escuché la puerta del baño, y me acosté de nuevo como estaba. Ya estaba claro, lo hice sin crema ni nada, mi cuñada tampoco es una tonta, tiene que saber que me gustaba acariciarla, ¡qué complicado es no saber qué es lo que siente!
Después de eso estuvimos de nuevo por su apartamento de visita y estábamos conversando. Ella decía que le dolían muchos sus pies, yo le dije a mi esposa “será que le doy masaje” y mi esposa le dijo a ella, “déjate dar masaje”, y bueno, estábamos los tres en la cama bocarriba, yo sentado, y me pasó la crema. Me coloqué sus pies en mis muslos, muy cerca de mi pene, al rato me puse duro, y como vestía una camisa manga larga por fuera del pantalón, en un movimiento súper arriesgado saqué mi pene casi hasta las bolas, lo escondí bajo mi camisa y coloqué el pie de mi cuñada pegando firme a mi pene desnudo. Ella se tapó la cara con una revista y hablaba como loca, no sé si disimulando o qué, pero fue muy excitante hacer eso mientra le daba masajes sensuales en sus lindos pies.
Actualmente, no le hablo mucho a ella, no por los masajes sensuales y demás, o quizás sí. A la larga estos masajes sensuales nos dieron remordimiento, pero bueno, fue excitante mientras duró. Que Dios nos perdone 🙁

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